Si Sócrates viviese hoy moriría de tristeza

Vivimos el tiempo de los pos: pos-moderno, pos-capitalista, pos-neoliberal, pos-comunismo, pos socialismo, pos-democracia, pos-religioso, pos-cristiano, pos-humano y recientemente pos-verdad. Prácticamente todo tiene su pos. Tal hecho denota solamente que no hemos encontrado todavía el nombre que defina a nuestro tiempo, y estamos viviendo rehenes del viejo. Sin embargo, aquí y allá asoman señales de que algún nombre adecuado está por llegar. En otras palabras, no sabemos aún cómo definir la identidad de nuestro tiempo.

Así ocurre con la expresión posverdad. Esta fue acuñada por un dramaturgo serbio-norteamericano, Steve Tesich, en un artículo de la revista The Nation de 1992 y retomada después por él al referirse irónicamente al escándalo de la Guerra del Golfo. El presidente Bush hijo, reunido con todo el Gabinete, pidió permiso para retirarse algunos minutos. Fundamentalista como era, iba a consultar al buen Señor. Dice, “de rodillas pedí al Buen Señor luces para la decisión que iba a tomar; tuve claro que debíamos ir a la guerra contra Saddam Hussein”. Las informaciones más seguras afirmaban que no había armas de destrucción masiva. Era una posverdad. Pero gracias al “Buen Señor”, contra todas las evidencias, reafirmó: “Vamos a la guerra”. Y, bárbaros, fueron y destruyeron una de las civilizaciones más antiguas del mundo.

El diccionario Oxford de 2016 la escogió la posverdad como la palabra del año. La define así: “Lo que es relativo a la circunstancia en la cual los hechos objetivos influyen menos en la opinión pública que las emociones y creencias personales”. No importa la verdad; sólo cuenta la mía. El periodista británico Matthew D’Ancona le dedicó un libro entero titulado “Pos-verdad: la nueva guerra contra los hechos en tiempos de fake news (Faro Editorial 2018). En él muestra como se da el predominio de la creencia y de la convicción personal sobre el hecho bruto de la realidad.

Es doloroso verificar que toda la tradición filosófica de Occidente y de Oriente, que significó un esfuerzo exhaustivo en la búsqueda de la verdad de las cosas, está siendo ahora invalidada por un inaudito movimiento histórico que afirma que la verdad de la realidad y la dureza de los hechos es algo irrelevante. Lo que cuenta son mis creencias y convicciones: sólo serán acogidos aquellos hechos y aquellas versiones, sean verdaderas o falsas, que encajan con estas creencias y convicciones mías. Ellas representarán para mí la verdad. Esto funcionó ampliamente en las campañas presidenciales de Donald Trump y de Jair Bolsonaro.

Si Sócrates, que dialogaba incansablemente con sus interlocutores sobre la verdad de la justicia, de la belleza y del amor, constatase el predominio de la posverdad, seguramente no necesitaría tomar la cicuta: Moriría de tristeza.

La posverdad denota la profundidad de la crisis de nuestra civilización. Representa la cobardía del espíritu que no consigue ver y convivir con aquello que es. Tiene que deformarlo y acomodarlo al gusto subjetivo de las personas y de los grupos, generalmente políticos.

Aquí son oportunas las palabras del poeta español, Antonio Machado, huido de la persecución de Franco: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. Ahora vergonzosamente ya no es necesario buscar juntos la verdad. Educados como individualistas por la cultura del capital, cada uno asume como verdad la que le sirve. Pocos se enfrentan con la verdad “verdadera” y se dejan medir por ella. Pero la realidad resiste y se impone y nos da duras lecciones.

Bien observaba Ilya Prigogine, premio Nobel de termodinámica en su libro “El fin de las certidumbres” (1996): vivimos el tiempo de las posibilidades más que de las certidumbres, lo que no impide buscar la verdad de las leyes de la naturaleza. Zygmunt Bauman prefería hablar “de las realidades líquidas” como una de las características de nuestro tiempo. Lo decía más bien con ironía, pues de este modo se sacrificaba la verdad de las cosas (de la vida, del amor etc). Sería el imperio del everything goes: del todo vale. Pero sabemos que no todo vale, como violar a un niño o ser caumniado por alguien.

La posverdad no se identifica con las fake news: estas son mentiras y calumnias difundidas a millones por los medios digitales en contra de personas o partidos. Tuvieron un papel decisivo en la victoria de Bolsonaro así como en la de Trump. Aquí se da por válido el descaro, la falta de carácter y una total falta de compromiso con los hechos. En la posverdad predomina la selección de aquello, verdadero o falso, que se adecúa a mi visión de las cosas o a mis intereses. Su defecto es la falta de crítica y de discernimiento para buscar lo que es realmente verdadero o falso.

No creo que estemos ante una era de la “posverdad”. Lo que es perverso no tiene cómo sustentarse por sí mismo para fundar una nueva era. La palabra decisiva la tiene siempre a la verdad cuya luz nunca se apaga.

*Leonardo Boff es filósofo y ha escrito Tiempo de Transcendencia: el ser humano como proyecto infinito, Mar de Ideias, Rio 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

 

 

 

 

L.Boff:La agonía de una civilización tan globalizada como excluyente

 

Sergio Ferrari é um jornalista argentino, vevendo na Suiça e se notabilizou por entrevistas importantes sobre a realidade latino-americana, política e eclesial. É reconhecido por sua competência e compromisso pelos que são vítimas do sistema imperante.Pertence a organizações de ajuda no Brasil e na Africa. Publicamos aqui uma entrevista que lhe dei recentemente. Lboff

elmercuriodigital.- diciembre 12, 2019

Leonardo Boff, defensor de derechos humanos
* 40 años del Centro de Defensa de Derechos Humanos de Petrópolis
* “Un retorno al Brasil dictatorial”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Leonardo BOff. Foto Sergio Ferrari

 

Sergio Ferrari*.- Las señales que lanza la sociedad planetaria son preocupantes. “Estamos en medio de una crisis fundamental, ingresando en una era de barbarie, donde los derechos esenciales se desvanecen”, reflexiona Leonardo Boff. Militante social, co-iniciador de la Teología de la Liberación, uno de los impulsores de la Carta de la Tierra en el año 2000, premio Nobel alternativo en el 2001, Boff sintetiza las más variadas facetas de hombre de reflexión y acción. Aportando en esta reflexión la impronta del defensor de derechos humanos, una de los más marcantes en su Brasil natal, aunque de las menos conocidas en el exterior. Entrevista exclusiva realizada a los 40 años del nacimiento del Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis, en el Estado de Río de Janeiro, que Boff contribuyó a fundar en 1979 y del cual, en la actualidad, sigue siendo su presidente.

Pregunta: El Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis (CDDH) nació durante la última dictadura brasilera. ¿Qué significaba entonces, en concreto, defender los derechos esenciales de los brasileros?

Leonardo Boff: Nació como respuesta a la agresión sistemática de los derechos humanos de parte del gobierno militar, que consideraba como subversivos a todos los que eran opositores. En ese momento fue esencial la lucha por la democracia, ya que constituía una reivindicación esencial, prohibida por los militares. Sin embargo, desde el principio, tuvimos como lema “Servir a la vida”. Que expresaba el deseo de ir más allá de una visión meramente jurídica de los derechos, poniendo en el centro la vida amenazada. Este Centro fue esencial en la ciudad de Petrópolis, donde todavía habito, que, dada su topografía montañosa, era escenario de continuos deslizamientos de tierras que provocaban numerosas víctimas. El CDDH ayudó a mucha gente -con la cooperación entre todos-, a reconstruir sus casas o hacerlas nuevas. Pensábamos, ya entonces, en la vida como concepto integral, incorporando también la vida de la naturaleza. Desde el principio las luchas se centraron en la defensa de los derechos de los más pobres que viven en las periferias. Empezando por crear conciencia sobre sus derechos de tal forma que pudiesen ser protagonistas de sus propias reivindicaciones.

P: Es decir, la defensa de los derechos humanos desde la perspectiva y la centralidad de los actores sociales marginados…

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Leonardo Boff.
Foto Douglas Mansur

LB: En efecto. En estos años se dio una intensa tarea de concientización y educación sobre los derechos, siempre, insisto, en la perspectiva de los pobres. Era para nosotros claro que el primer derecho es a la vida y a los medios de subsistencia. Luego, los demás, como, los de expresión, de ciudadanía etc. Siempre con la preocupación de crear comunidades, en las cuales los pobres pudieran discutir sus problemas y con nuestro apoyo, buscar ellos mismos soluciones viables. Como la ciudad de Petrópolis es política y socialmente muy conservadora – Ndr. fue la sede del Emperador Pedro II, de donde deriva su nombre- casi no existían organizaciones comprometidas con la justicia social. Con encuentros y cursos sobre derechos sociales, logramos promover una visión liberadora más crítica al sistema imperante. Priorizando desde siempre el trabajo con los jóvenes.

P: Nos podría dar un ejemplo de alguno de los proyectos emblemáticos…

LB: Para mí el proyecto más significativo fue el que denominamos “Pan y Belleza”. Se aseguraba el alimento básico de cerca de 300 personas que vivían en la calle.
Podían llegar, ducharse, vestir ropas limpias – recogidas gracias a donaciones- y contar con una comida abundante y muy buena. Después, por la tarde, era el momento de la belleza. Consistía en rescatar su identidad, empezando por el uso de sus nombres, ya que la gran mayoría solo tenía apodos. Se les apoyaba en mantener su salud; se alfabetizó a muchos; se socializaban testimonios; se compartían actividades culturales; y, si era posible, tratábamos de proponerles un trabajo para promover su autonomía.

Bolsonaro se aprovechó de las debilidades del PT

P: 40 años después, Brasil vuelve a vivir una realidad compleja e incierta, incluso de la perspectiva de la defensa de los derechos humanos. ¿Cómo analiza hoy, casi un año después, la victoria de Jair Bolsonaro que reivindica, incluso, a la dictadura militar brasilera? ¿Qué falló en la pedagogía popular como para facilitar este tropezón histórico?

LB: Es una pregunta muy complicada. Hay que comenzar analizando el hecho que las oligarquías dominantes nunca han aceptado que un hijo de la pobreza, sobreviviente del hambre, llegara a ser presidente. Esos grupos de poder solo toleraron a Lula siempre y cuando respetara sus mecanismos de acumulación, la que desde siempre estuvo entre las más altas y concentrada del mundo. Lula, por su parte, en los años de Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), logró sacar de la miseria a cerca de 40 millones de personas. Implementando programas sociales como “Mi casa, mi vida”, que aseguró a millones una vivienda digna, o “Luz para todos”, que iluminó aun los rincones más alejados del país. Permitió, además, a jóvenes negros y empobrecidos, realizar estudios, incluso universitarios. Sin embargo, hubo un problema estratégico del PT de negociar alianzas en el parlamento -donde era minoría- con partidos sin ninguna sensibilidad social. Y perdió una parte del contacto con las bases populares que habían llevado a Lula al gobierno. También hubo corrupción que contaminó a miembros importante del equipo de Lula y de su sucesora Dilma Rousseff. Se les convirtió en chivo expiatorio de la corrupción cuando en realidad, el PT ocupaba solo el décimo lugar en el ranking entre los partidos políticos brasileros corruptos.

Hay que agregar al análisis, además, que, en los últimos años, en muchas partes del mundo, la derecha ha ganado fuerza, especialmente a partir del apoyo explícito del presidente norteamericano Donald Trump.

En Brasil, todos esos elementos, promovieron una atmósfera anti-PT. Y desde los mismos Estados Unidos se promovió una estrategia que instrumentó jueces, parlamentarios y policías, para atacar al Estado acusándole de ineficiente y descalificar a liderazgos populares como al mismo Lula. Incluso enviándole a la cárcel mediante un procedimiento jurídico totalmente irregular, condenado por “una acción indeterminada”, elemento que no existe en ningún código penal en el mundo. Lula fue un prisionero político. En la campaña electoral se difundieron millones de fakes news, de tal forma que Brasil fue contaminado por una ola de odio, rabia y disgregación social. Y en ese contexto, la consigna simplista, fue “hay que cambiar”, abriéndole la puerta a Jair Bolsonaro.

P: Con un programa elitista en lo económico, pero con promesas populistas…

LB: En efecto. Un ex militar, apoyado por los grandes grupos de poder. De extrema derecha, sin ninguna educación, buscando siempre la confrontación, alabando a los torturadores de antaño y las dictaduras militares, tanto de Brasil, como de Chile y Paraguay. Confrontando con palabras ofensivas a la canciller alemana Angela Merkel o al presidente francés Emmanuel Macron y a los candidatos del Frente de Todos de Argentina. Apoyándose en las iglesias neo pentecostales y en sus programas televisivos masivos que manipulan a millones de personas con todo tipo de mensajes mentirosos y distorsionadores. En este ambiente irrumpió Bolsonaro, quien está desmantelando aceleradamente todos los programas de inclusión social de los gobiernos de Lula y Dilma y quitando derechos esenciales a los trabajadores. Hay mucha desesperanza en el país. Incluso hay analistas que piensan que no terminará su mandato ya que las propias oligarquías que lo apoyaron ya no creen en su persona ni en el tipo de economía extremadamente neoliberal, sin ningún crecimiento y restringiendo las inversiones productivas.

“Sociedad posdemocrática, sin leyes”

P: A nivel de derechos humanos: ¿qué representa el Gobierno Bolsonaro?

LB: Es explícitamente homofóbico, se manifiesta contra la población LGBT, contra los negros e indígenas. Tiene un estilo vulgar de comunicación, “a la Trump”, vía Internet, actuando de forma autoritaria por encima de la constitución. Vivimos la realidad de una sociedad posdemocrática y sin leyes. Debido a que defiende la tortura, el acceso de la población a las armas de fuego, y la violencia, ésta ha aumentado considerablemente en el país. Solo el año pasado se registraron más de 65 mil asesinatos.

 

P: ¿Cuáles son las prioridades para los defensores de DDHH y organizaciones sociales?

LB: En esta coyuntura, la lucha es por la defensa de los derechos esenciales de los trabajadores, de las minorías sometidas y de los más pobres, de los cuales Bolsonaro nunca habla y a los que desprecia. En cuanto a derechos humanos, estamos volviendo al tiempo de la dictadura militar, cuando se trataba de salvar vidas secuestradas, torturadas…Ahora, la ola de violencia es animada por un presidente que en tanto candidato alabó la represión y a los torturadores. Los que usan la violencia, en particular contra los pobres y negros, se sienten respaldados por la máxima autoridad del país. Bolsonaro vive una paranoia que le lleva a ver en cualquier oposición la presencia “comunista” y que le lleva a sentirse víctima de una conspiración mundial. Ha estimulado la deforestación de la Amazonía, abierta completamente a las empresas mineras de USA y de China y promueve una visión claramente anti indígena. Los grandes incendios de extensos territorios amazónicos cuentan con el beneplácito del presidente, lo que está provocando un enorme escándalo nacional e internacional.

P: ¿Es decir, es de nuevo el momento de la defensa de los derechos humanos en su sentido más tradicional?

LB: En la etapa precedente muy diversos actores de base habían avanzado mucho en conceptualizar y promover los derechos sociales, los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra. Siento que ahora estos temas han perdido centralidad. Se trata hoy de salvaguardar los derechos humanos básicos, profundamente afectados. Sin embargo, se mantiene abierta la reflexión, especialmente la que se dio previa al Sínodo para la Amazonía, en torno a los derechos de la naturaleza. Brasil puede ofrecer un aporte significativo al conjunto del planeta a través de sus selvas y grandes ríos que sirven como filtros de absorción de CO2.

“Seres humanos que no reconocen a otros como humanos”

P: El repliegue nacionalista que promueve el gobierno brasilero coincide con proyectos xenofóbicos y con los muros antinmigrantes que se refuerzan en otras regiones del mundo, ya sea en Europa o en los mismos Estados Unidos de Norteamérica …

LB: Siento que estamos en medio de una crisis fundamental de civilización e ingresando en una era de barbarie. Donde se debilita la solidaridad entre los seres humanos y aumentan los oídos sordos hacia los gritos de la naturaleza y la Tierra. Nos estamos dando cuenta que no tenemos soluciones para los problemas que nosotros mismos hemos creado. En verdad, hemos convertido el Jardín del Edén en un matadero y el ser un humano en vez de ser su cuidador se transforma en el Satán de la Tierra. Cuando una civilización globalizada como la nuestra no logra incluir a todos, expresa que está agónica y camina rumbo a un desastre ecológico-social sin precedentes. Vivimos en una emergencia humanitaria, en la que seres humanos no reconocen a otros como humanos. Me refiero a seres que merecerían respeto y afirmación de sus derechos. Su negación constituye una especie de condena a muerte. De hecho, muchos mueren diariamente sea en las aguas del Mediterráneo, tratando de llegar a Europa, o en los senderos latinoamericanos rumbo a los Estados Unidos.

*Sergio Ferrari, en colaboración con la Fundación solidaria suiza COOPERAXION, con proyectos de apoyo a los movimientos sociales en Brasil y Liberia

 

El complot para derribar al Papa Francisco

                      El complot para derribar al Papa Francisco

07/12/2019
Es importante que los católicos, los cristianos y las personas interesadas en asuntos religiosos sepan de la enorme e incluso perversa campaña articulada por multimillonarios estadounidenses, ultraconservadores, junto con personas que ocupan altos cargos de dentro del Vaticano, interesados en distorsionar sus doctrinas, criticar sus prácticas pastorales y difamar directamente a la persona del Papa Francisco. Hay una razón manifiesta para esta campaña (que suponemos tenga también representantes en Brasil) porque por primera vez un Papa se opone directamente al sistema económico que, en su afán por acumular de forma ilimitada, explota naciones, manipula mercados, crea millones de pobres y agrede gravemente los ecosistemas, poniendo en peligro el futuro de la vida en la Tierra. Su encíclica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015) dirigida a toda la humanidad, recibe gran rechazo de estos grupos radicales de ultaderecha que se presentan como piadosos. Frustrados por no conseguir hacerlo renunciar (son demasiadamente ingenuos y confiados en su poder financiero), se proponen elaborar dossiers detallados con el auxilio de ex-agentes del FBI sobre los futuros cardenales, favoreciendo todo lo que pueden a aquellos que pueden servir a sus intereses y atacando duramente a aquellos que tal vez prolongarían la agenda del Papa Francisco, sometiéndoles a grandes presiones con fake news, mentiras y calumnias. Estos opositores radicales saben del reconocido liderazgo moral y también ético-político del Papa Francisco sobre la opinión pública mundial y sobre otros jefes de Estado que aprecian su valentía, su sinceridad, su carisma y su entrañable amor a los pobres y a los inmigrados de África y del Medio Oriente, que huyen del hambre y de las guerras hacia Europa. De su círculo próximo pudimos personalmente saber que el Papa se comporta de forma soberana, duerme como un tronco de las 9,30 de la noche a las 5,30 de la mañana y vive el espíritu de las bienaventuranzas evangélicas de la persecución y difamación. Confiamos en el Espíritu que conduce la historia, también la Iglesia de Dios, y en las oraciones de las personas de mente pura para que las maquinaciones maliciosas de estos grupos poderosos sean totalmente frustradas. Ellas no vienen de Dios sino de un espíritu impuro y malo. Lboff

                 El complot en USA para derribar al Papa Francisco

Un periodista francés denuncia el círculo de promotores de una conspiración que llega hasta el Vaticano, compuesto por el sector de los mega millonarios ultraconservadores, que usa su influencia y poder económico para asediar al sumo pontífice.

Por Eduardo Febbro

Carta Maior del 17/09/2019, 18:45

“Para mí es un honor que me ataquen los norteamericanos”, dijo el Papa Francisco cuando el periodista francés Nicolas Senèze, corresponsal del diario católico La Croix en Roma, mostró al papa el libro-reportaje sobre el complot estadunidense contra su papado, durante el vuelo que los llevaba a Mozambique. El título de la obra es Cómo quiere América cambiar de Papa (Comment l’Amérique veut changer de Pape).

Los detalles de ese complot y los nombres de los protagonistas y de los grupos implicados están claramente expuestos en las páginas del libro, que describen desde su inicio la mecánica de la hostilidad contra el papado actual. El operativo tiene hasta nombre “Informe Sombrero Rojo” (“The Red Hat Report”). Un círculo preciso que mueve dinero e influencia, organizado por los sectores ultraconservadores y de mega millonarios de Estados Unidos. Las piezas de este juego de calumnias y de poder se encajan en un complejo rompecabezas que los adversarios del pontífice vienen armando en los últimos años. El golpe empezó a ser fomentado en Washington en 2018. El grupo de ultraconservadores se reunió en la capital norteamericana para fijar dos metas: alcanzar la figura de Francisco de la forma más destructiva posible y adelantar su sucesión para escoger, entre los cardenales actuales, el más adecuado a los intereses conservadores.

El “Informe Sombrero Rojo” fue organizado por un grupo de expolicías, exmiembros del FBI (Departamento Federal de Investigaciones de Estados Unidos), abogados, políticos, periodistas y académicos que han estudiado la vida y las ideas de cada uno de los cardenales, con la finalidad de destruir las carreras de los que no les interesan o beneficiar las de aquellos que pretenden imponer como sustituto de Francisco, cuando llegue el momento oportuno. Y mientras llega ese momento, el grupo busca preparar el terreno para lo que Senèze llama “un golpe de Estado contra el Papa Francisco”.

Una mañana de 2017, Roma amaneció cubierta de carteles contra el Papa. Fue el primer acto de la ofensiva. El segundo, y ciertamente el más espectacular, sucedió en agosto de 2018, cuando por primera vez en la historia del Vaticano, un cardenal hizo pública una carta exigiendo la renuncia de Francisco. El autor fue monseñor Carlo Maria Viganò, exnuncio del Vaticano en Estados Unidos. El corresponsal de La Croix en el Vaticano detalla la odisea maligna de este grupo de poder en su misión por sacar del camino a un Papa, que con sus posiciones contra el neoliberalismo, contra la pena de muerte, a favor de los inmigrantes y su inédita defensa del medio ambiente a través de la encíclica Laudato Si promueve una corriente contraria a la de esos empresarios. Los conspiradores no tienen nada de santos: son adeptos a la teología de la prosperidad, poseen empresas ligadas al mercado financiero y de seguros, y están implicados hasta en la explotación de la Amazonia. Francisco es una piedra en sus zapatos, una cruz sobre sus ambiciones.

Según Senèze, organizaciones de caridad como “Los Caballeros de Colón” (que poseen cerca de 100 mil millones de dólares, gracias a las compañías de seguros que administran), el banquero Frank Hanna, la red de medios de comunicación Eternal World Television Network (EWTN), cuyo promotor, el abogado Timothy Busch, es también el creador del Instituto Napa, que tiene la misión de difundir “una visión conservadora y favorable a la libertad económica”, están entre los miembros más activos del complot. Pero hay también otros, como George Weigel y su famoso think tank, el Centro de Ética y Política Pública. En diálogo con el periódico argentino Página/12, Senèze habla sobre la trama que, a pesar del poder de sus componentes, todavía no ha sido capaz de derribar al Papa.

Pregunta: Parece una historia de novela, pero es una historia real. El Papa Francisco fue y es objeto de una de las campañas más intensas vistas contra un sumo pontífice.

Nicolas Senèze: El Papa Francisco no sirve a los intereses de ese grupo de empresarios ultraconservadores, y por eso decidieron atacarlo. Actúan como si fuese el consejo de administración de una empresa, cuando se despide al director porque no alcanzó los objetivos deseados. Esa gente cuenta con enormes recursos financieros, e incluso así, durante el mandato de Francisco, no consiguieron influenciar su línea de pensamiento. Por eso empezaron a acercarse a personas de dentro de la Iglesia que también están en contra de Francisco. Algunas de ellas, como monseñor Viganò, llegaron a exigir públicamente su renuncia. Creo que ese grupo de ultraconservadores sobrestimaron sus fuerzas. Monseñor Carlo Maria Viganò, por ejemplo, no calculó la lealtad de las personas dentro del Vaticano que no estaban dispuestas a traicionar al Papa, incluso las que son críticas con Francisco.

Pregunta: La operación que organiza el “Informe Sombrero Rojo” tenía dos objetivos, uno para ahora y otro para el futuro.

Senèze: Efectivamente. Como no pudieron derribar al Papa, intentan ahora una nueva estrategia. Francisco tiene 84 años y podemos pensar que estamos cerca del fin de su pontificado. Lo que están haciendo es preparar el próximo cónclave. Para eso, están invirtiendo mucho dinero, contratando a exmiembros del FBI, para preparar dossiers sobre los cardenales que participarán en la elección. El primer objetivo es destruir a aquellos que tienen la intención de continuar las reformas aplicadas por el Papa Francisco. Y después, buscar un sustituto adecuado a sus intereses. El problema de esta meta es que, por lo menos hasta ahora, no cuentan con un candidato verosímil. No les será fácil. Entre tanto, les puede ir bien en el trabajo de arañar la credibilidad de los candidatos reformistas, y de esta forma pueden conseguir la elección de un reformista débil y manipulable, que ceda a la presión en favor de desmontar las reformas de Francisco. Para eso cuentan con mucho poder económico e influencias. Creo profundamente que la mayoría de los católicos norteamericanos respaldan al Papa Francisco. Pero en Estados Unidos la cantidad no basta. Lo que habla más alto es el factor dinero.

Pregunta: Esos grupos ya existían antes, pero nunca actuaron con tanta fuerza.

Senèze: Son empresarios que disponen de enormes medios. Cada uno de ellos ha ido creando su grupo de reflexión dentro de la Iglesia, su escuela de teología, su universidad católica, su equipo de abogados para defender la libertad religiosa. Es una operación nebulosa, que funciona mediante una red de instituciones privadas, y que llegó para dominar el catolicismo norteamericano. Son, por ejemplo, los que donaron mucho dinero para ayudar a las diócesis estadounidenses que tuvieron que pagar enormes indemnizaciones tras la revelación de los casos de abuso sexual. Por eso pueden imponer una dirección ideológica a esas diócesis. Tim Busch, por ejemplo, está presente en todas las etapas de ese montaje. Para proteger poderosos intereses económicos en la Amazonia, esos grupos usan toda su fuerza a fin de desviar la atención y evitar así la promoción de ideas en defensa de la ecología. Trabajan siempre para distraer la atención de los debates fundamentales. Por ejemplo, en los sínodos buscan imponer sus puntos de vista, o sea, sus intereses.

Pregunta: ¿Y cómo un grupo tan poderoso pudo dejar que Francisco fuese elegido Papa?

Senèze: No se dieron cuenta de que ocurriría eso, porque la elección de Francisco fue el resultado de una dinámica que envolvía otras necesidades: este Papa fue elegido debido a la crisis en el seno de la institución, gracias a la voluntad de recuperación de los obispos de todo el mundo tras años de problemas generados por errores del pasado, que llevaron, por ejemplo, a la omisión ante los casos de abuso sexual. Bergoglio se impuso porque era el más dispuesto a reformar esa Iglesia. Pero su ideología choca con la visión que los católicos ultraconservadores de Estados Unidos tienen sobre cuál es el papel de la Iglesia. Además, otro ingrediente propio del catolicismo estadounidense es el desprecio de los católicos blancos hacia los latinos. El sector conocido por la sigla WASC (“white anglo saxon catholics” o “católicos blancos anglosajones”) odia a los latinos, los considera pobres fracasados. Los WASC están muy influenciados por la teología de la prosperidad difundida por los evangélicos.

Pregunta: ¿Donald Trump actúa en ese juego?

Senèze: No creo que Trump tenga muchas convicciones propias. Él ciertamente los escucha, pero quien tiene más proximidad con ese sector es el vicepresidente Mike Pence. Las diferencias entre Washington y el Vaticano son muchas: el tema de la pena de muerte, la postura de Francisco contraria a un liberalismo fuera de control, entre otras. El Papa es hoy uno de los opositores principales a los fundamentos del poder económico de los Estados Unidos.

*Publicado originalmente en Página/12 |

Traducción al portugués de Victor Farinelli, véase Carta Maior del 17/9/2019 y para el español por María José Gavito.

 

 

 

Ecología y Teología de la Liberación

La Ecología integral y la Teología de la Liberación tienen algo en común: ambas parten de un grito. La Ecología del grito de la Tierra, de los seres vivos, de los ecosistemas agredidos por el tipo de crecimiento material ilimitado que no respeta los recursos limitados de la Tierra.
La Teología de la Liberación nació al escuchar el grito de los pobres económicos, de las clases explotadas, de las culturas humilladas, de los negros discriminados, de las mujeres oprimidas por la cultura patriarcal, de los LGBT y portadores de necesidades especiales. Todos gritan por liberación. De esta escucha nacieron las distintas tendencias de la Teología de la Liberación: la feminista, la indígena, la negra, la histórica entre otras. En todas ellas el respectivo oprimido es siempre el sujeto y protagonista principal de su correspondiente liberación.

Es importante recordar que ya en los años 80 del siglo pasado quedó claro que la misma lógica que explota a los oprimidos y a las clases empobrecidas, explota también la naturaleza y la Tierra. La marca registrada de la Teología de la Liberación es la opción por los pobres, contra la pobreza y en favor de su liberación.

Dentro de la categoría pobre debe ser incluido el Gran Pobre que es la Tierra, pues al decir del papa Francisco en su encíclica ecológica “nunca hemos maltratado y herido a la Madre Tierra como en los dos últimos siglos” (n.53). Por lo tanto, no fue por factores extrínsecos que la Teología de la Liberación incorporó el discurso ecológico, sino que la deriva de su propia lógica interna que da centralidad al pobre y al oprimido.

También quedó muy claro que el modo de producción capitalista es el causante del grito de la Tierra y del grito del pobre. Si queremos la liberación de ambos, necesitamos superar históricamente este sistema. Aquí se trata de contraponer otro modo de habitar la Casa Común, que sea amigable con la Tierra y liberador.

El paradigma del mundo moderno, el poder como dominación sobre todo y sobre todos, alcanzó su máxima expresión en la cultura del capital, generador de desigualdades: una injusticia social y otra ecológica. Es individualista, competitivo y excluyente.

Debemos, entonces, contraponerle otro paradigma. Este será el cuidado. Más que una virtud, el cuidado comparece como un nuevo paradigma de relación con la naturaleza y con la Tierra: no agresivo, amigo de la vida y respetuoso con los demás seres. Si el paradigma dominante es de puño cerrado para someter, el del cuidado es de la mano extendida para entrelazarse con otras manos y proteger la naturaleza y la Tierra.

Según el antiguo mito del cuidado que adquirió su mejor elaboración filosófica con Martin Heidegger en Ser y Tiempo (&41-43), el cuidado pertenece a la esencia del ser humano. Según el mito, el cuidado viene primero, pues significa el presupuesto que debe existir para que cualquier ser pueda irrumpir en la existencia. Sin cuidado ningún ser emerge ni se mantiene en la existencia. Languidece y muere.

Hoy más que nunca necesitamos cultivar el paradigma del cuidado, puesto que todo en cierta forma está des-cuidado. El cuidado da origen a una cultura de la solidaridad contra la competición, del compartir contra el individualismo, de la autolimitación contra los excesos del poder, del consumo sobrio contra el consumismo.

Solamente la incorporación del cuidado, como paradigma, como ética y como cultura, nos puede, según la encíclica papal “Sobre el cuidado de la Casa Común”, “alimentar una pasión por el cuidado del mundo… una mística que nos anima, nos alienta y da sentido a la acción personal y comunitaria” (n. 216).

Para realizar esta diligencia la Eco-teología de la Liberación ha tenido que dialogar y aprender con los nuevos saberes de las ciencias de la Tierra y de la vida. Especialmente está llamada a contribuir con los valores del respeto, de la veneración y del cuidado, propios de la fe, valores fundamentales para una ecología integral. Finalmente, una Eco-teología de la Liberación testimonia, contra todas las amenazas, la esperanza de que “Dios, el soberano amante de la vida” (Sab 11,26) no permitirá que nuestra humanidad, un día asumida por el Verbo de la vida, vaya a desaparecer de la faz de la Tierra.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo, y ha escrito El Tao de la liberación con el cosmólogo Mark Hathaway, Trotta 2012.

Traducción de Mª José Gavito Milano