Cómo el Sínodo Panamazónico puede sorprendernos

Hasta el 27 de octubre se celebra en Roma el Sínodo Panamazónico. Ya en 1974 el Papa Pablo VI instituyó la firgura del Sínodo, primero ell Sínodo de los obispos, con representantes de todos los continentes y también los Sínodos regionales, como el Sínodo de los obspos holandeses en 1980 y el Sínodo de los obispos alemanes que se está realizando en 2019 y otros.

El sínodo, cuyo significado etimológico significa “hacer un camino juntos” representa una ocasión para que las Iglesias locales o regionales tomen el pulso del caminhar de sus iglesias, analizando los problemas, identificando los desafios y buscando juntos caminos de implementación y actualización del evangelio.

El Sínodo Panamazónico tiene una especial relevancia, dado el doble grado de conciencia revelado en el propio tema básico: “Nuevos caminos para la Iglesia y para la Ecología integral”. Se trata de definir otro tipo de presencia de la Iglesia en las Américas y especificamente en esta vasta región amazónica que abarca 9 países en una extensión de más de 8 millones de kilómetros cuadrados. El otro grado de conciencia se revela en la importancia que tiene la Amazonia para el equilíbrio de la Tierra y para el futuro de la vida y de la humanidad.

La Iglesia romano-católica en América Latina y en la Amazonia era una Iglesia-espejo de la Iglesia-madre de Europa. Después de cinco siglos se ha transformado en una Iglesia-fuente, con un rostro afro-índio-europeo. En la homilia de apertura del Sínodo, el día 4 de octubre, el Papa Francisco dijo claramente: ”Cuantas veces el don de Dios ha sido, no ofrecido, sino impuesto! Cuantas veces ha habido colonización en vez de evangelización! Dios nos preserve de la ganancia de los nuevos colonialismos”. En otra ocasión, en Puerto Maldonado (Perú), pidió perdón, cosa nunca hecha antes por un Papa: ”Pido humildemente perdón, no solo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la conquista de América”.

En el Instrumento de Trabajo para preparar el Sínodo, se pide que sejan ordenados “viri probati”, es decir, hombres casados, comprobamente honrados, especialmente indígenas, para ser ordenados sacerdotes. El obispo emérito de Xingú, la diócesis mayor del mundo, Don Erwin Kräutler, sugirió al Papa que en vez de decir “viri probati”(hombres) se diga “personae probatae (perdonas comprobadas), lo que incluye también a las mujeres. Dice él: en las comunidades ellas hacen todo lo que hace el sacerdote menos consagrar el pan y el vino. Por que no concederles también esta misióm? Maria dio a luz a Jesús, el Hijo de Dios. Sus herrmanas, las mujeres, por qué no van a poder representarlo? Además el texto dice que se dará a las mujeres una misión especial. Bien podría ser, como se hace en todas las demás iglesias cristianas, que las mujeres sean, a su manera, también sacerdotes.

Este Papa es innovador y valiente. Dicen los mejores teólogos que no hay ningún dogma o doctrina que impida a las mujeres representar a Cristo. Teológicamente hablando, sacerdote no es el que consagra. Es Cristo quien consagra. El sacerdote solo le da visibilidad. Sólo el patriarcalismo todavia reinante lo impide.

La cuestiónn más aguda e importante es la salvaguarda del bioma amazónico. Esa vasta región ha sido objeto de investigación por parte de grandes científicos desde hace por lo menos dos siglos. Decía Euclides da Cunha en sus ensayos amazónicos:”La inteligencia humana no soportaría el peso de la realidad portentosa de la Amazonia; tendrá que crecer con ella, adaptándose a ella, para dominarla (Vozes 1976,p.15). Ella es el gran filtro del mundo que secuestra dióxido de carbono, mitiga el calentamiento global y nos entrega oxígeno. La biodiversidad en ella es tanta que “en pocas hectáreas de la selva amazónica existe un número de especies de plantas y de insectos mayor que toda la flora y fauna de Europa”, nos dice el gran especialista E.Salati.

Pero su significado principal reside en la inmensidad de las aguas, sea de los rios volantes (humedad de los árboles) sea de la superficie del río, sea del inmenso acuífero Alter do Chão. Si no se preserva la floresta en pie, el Amazonas puede transformarse en un desierto como el Sahara, que hace 15 mil años era una especie de Amazonia, con el rio Nilo desaguando en el Atlántico. Si la Amazonia furese deforestada cincuenta mil millones de toneladas de dióxido de carbono serían lanzadas al cielo, haciendo imposible la vida en el sur del Continente.

El papa se refirió a la situación de la Amazonia al analizar la situación actual mundial: “la Tierra cada vez está más interconectada y habitada por pueblos que forman parte de una comunidad global; por ejemplo, el problema de los incendios en la Amazonia, no es solo de esa región. Es un problema mundial, así como el fenómeno migratorio”.

Cada vez crece más la conciencia de que el bioma amazónico es un Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. El llamamiento a la soberanía de cada país se mueve todavía dentro del viejo paradigma que dividía el planeta en partes. Ahora se trata de reunir las partes y construir la Casa Común para nosotros y para toda la comunidad de vida. Brasil no es dueño de la Amazonia (63%), es solo su administrador, ahora bajo el nuevo gobierno de forma altamente irresponsable, al hacer poco caso de los incendios y en función de los minerales, del petróleo y de otras riquezas incentivar grandes proyectos que amenazan a los pueblos originarios – los que saben cuidar y preservar la selva– y al equilibrio ecológico de toda la Casa Común.

Existe un proyecto, suscrito por decenas de caciques, obispos, autoridades, científicos y otros, para ser presentado en el Sínodo de declarar a la “Amazonia, santuario intangible de la Casa Común”!

La UNESCO ya ha registrado varios biomas en varios países, por qué no hacerlo con la Amazonia, en la cual se juega en parte el futuro de la vitalidad de la Tierra y de nuestra civilización?

* Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

 

El Sínodo de la Amazonia,“una posibilidad única de cambio en la Iglesia Católica Romana”

Así lo espera Leonardo Boff, pensador y militante social brasilero de la Teología de la Liberación. Hasta el 27, el Sínodo reunirá en el Vaticano a 300 personalidades. La interna católica contra el Papa Francisco, la posibilidad de abrir el sacerdocio a mujeres y la preocupación por la ecología.

Por Sergio Ferrari

El Vaticano reunirá hasta el 27 de octubre cerca de 300 personalidades –entre las cuales, 110 obispos latinoamericanos, de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela- para participar en el Sínodo “Amazonía, Nuevos Caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral”. Una convocatoria trascendente para el futuro de la Iglesia, tal como lo señala el pensador y militante social brasilero Leonardo Boff, uno de los padres fundadores de la Teología de la Liberación.

Como lo analiza en esta entrevista exclusiva, Boff percibe la posibilidad, como resultado de este cónclave, de un reforzamiento de la postura de la Iglesia frente al cada día más vigente tema ecológico. Y, al mismo tiempo, la oportunidad para incorporar cambios importantes al interior mismo de la institución.

APU: Hasta el 27 de octubre se realizará en Roma, el Sínodo para la Amazonia, ¿cuál es su visión sobre la importancia que puede tener esta convocatoria vaticana?

Leonardo Boff: La percibo como una oportunidad única que tiene el Papa Francisco para hacer cambios. Los que desde el centro del poder religioso en el Vaticano no podría hacer jamás. En primer lugar, subraya el carácter sinodal del encuentro, es decir, las decisiones dependen de todos los participantes, incluso de los pueblos originarios. El texto es claro: no se trata de convertir a las culturas, sino de evangelizar en las culturas, de forma que pueda nacer una Iglesia nueva con rostro indígena, con su sabiduría ancestral, con sus ritos y hábitos. En este contexto promueve la discusión sobre la oportunidad de consagrar para el ministerio laico, a casados e indígenas que van a convivir en esas comunidades lejanas. Y, también, sobre un ministerio oficial de las mujeres. Hay obispos que proponen no referirse a “viri probati” (NdR: hombres de carácter probado) sino a “personae probatae” (NdR: persona de carácter probado), con la posibilidad de ampliar el sacerdocio a las mujeres.

APU: No faltan sectores en la Iglesia jerárquica conservadora que, desde antes de comenzar el Sínodo, ya han comenzado a alzar sus voces contra ciertos contenidos propuestos para el debate…

LB: Aquellos que, en Europa y Estados Unidos, a raíz de las afirmaciones del texto básico, acusan al Papa de herejía, son los mismos que viven como rehenes del paradigma europeo, olvidándose que el cristianismo actual nació de la incorporación de la cultura griega, romana y germánica. ¿Por qué no permitir que hoy nuestros pueblos puedan hacer lo mismo? Por detrás de las acusaciones al Papa se esconde una cuestión de poder. Los que le acusan, no aceptan la emergencia de otro tipo de Iglesia, de iglesias más vitales y más numerosas, con sus teologías y liturgias. Finalmente, es importante recordar que los católicos en las Américas somos mayoría con 62 por ciento, mientras los europeos son solamente 25 de todos los católicos en el mundo.

Aquí se da una verdadera eclesiogenesis (NdR: remite a su libro Eclesiogenesis, las comunidades de base reinventan la Iglesia), el nacimiento de una verdadera Iglesia, católica y con otro rostro. Hay algunos cardenales –como los dos alemanes y un norteamericano que se pronunciaron públicamente- que no aceptan tal visión, tal nacimiento. Quieren mantener la hegemonía del tipo de Iglesia romano-católica, ahora agónica y con poca irradiación en el mundo.

El Papa Francisco representa este tipo nuevo de Iglesia con otra visión del ejercicio del poder sagrado, sencillo, evangélico, sin hacer hincapié en doctrinas y dogmas sino en el encuentro vivo con Jesús. Asumiendo su ejemplo porque, dijo, vino para enseñarnos a vivir el amor incondicional, la solidaridad, la compasión, la apertura total a Dios-Papaíto (NdR: Dios Papi, Tata).

APU: Visión de proximidad, de camino común, que se refuerza además en el hecho que este Sínodo prioriza la Amazonía, una región hoy muy sensible para todo el equilibrio ecológico planetario y hoy, sumamente amenazada…

LB: Sí… El Papa eligió la Amazonía como temática porque sabe de su importancia para el equilibrio de la Tierra y para el destino común Tierra-Humanidad. Ella tiene un rol decisivo para el futuro de la vida. Por eso que quiso que el Sínodo se celebrara en Roma, para que toda la humanidad pudiera acompañar las discusiones y tomar conciencia de la grave crisis por que pasa el sistema-Tierra y el sistema-vida.

APU: ¿Participará usted en dicho Sínodo?

LB: No fui invitado. Hay que reconocer que soy una figura polémica para muchos obispos, a pesar de todo el apoyo que le di al Papa Francisco y del apoyo que yo personalmente recibí de su parte. Pero colaboro con textos, algunos enviados directamente al Papa y otros al grupo Amerindia (una articulación de muchos grupos de la Iglesia Latinoamericana), que estará presente en Roma.

APU: ¿El Sínodo es un paso inteligente, oportunista, de la Iglesia Católica Romana ante la gravedad de la situación ambiental o, sobre todo, una manera de recuperar tiempo perdido en la defensa ecológica de la Tierra?

LB: La Iglesia Católica, finalmente, despertó para abrirse al problema ecológico integral, lo que ya el Consejo Mundial de Iglesias había asumido muchos años atrás con el lema: Justicia, Paz y Preservación de la Creación. La encíclica Laudato si del 2015 sobre el cuidado de la Casa Común representa este viraje de la Iglesia Católica. No se trata de un texto para los cristianos, sino para toda la humanidad. Ni se reduce a una ecología verde, sino integral, cubriendo lo ambiental, lo social, lo político, lo cultural, lo cotidiano y lo espiritual. Con este texto el Papa se pone en la punta de la discusión mundial sobre la ecología. Hasta ahora la Iglesias eras más un problema que una solución para la situación de la Tierra. Ahora ofrecen, desde su riqueza espiritual, una contribución de gran calidad.

(*) Fotos. Principal y foto 2, de Sergio Ferrari. Foto 3 de Douglas Mansur.

Amazonia: santuario intangible de la Casa Común

A FUNDACIÓN PUEBLO INDIO DEL ECUADOR coordenada pela Diretora Executiva Nidia Arrobo Rodas, é uma fundação criada já há mais de 30 anos pelo famoso bispo indígena Leonidas Proaño de Riobamba no Equador. Esta fundacão enviou ao Papa Francisco em razão do Sínodo Panamazônico uma petição arrojada: declarar toda a região amazônica “Santuário Intangivel da Casa Comum”. Não é sem razão, pois o bioma amazônico que recobre 9 países é fundamental para o equilíbrio de nossa Casa Comum. Reconhecidamente vivemos uma emergência climática e ecológica. Não vamos ao encontro do aquecimento global. Estamos já dentro dele e de forma crescente. A Amazônia como um todo é o grande filtro de absorção do CO2 e de outros gazes de efeito estufa. A abundância de suas águas. da biodiversidade, de tantas outras riquezas e de muitíssimos bens e serviços naturais, poderão garantir o futuro da vida no planeta e de nossa civilização. Mas à condição de cuidarmos dela, de sustarmos sua devastação e de valorizarmos a sabedoria ancestral dos povos originários que nela habitam há milhares de anos.Num outro momento solicitaremos subscrições a este documento para que seja enviado ao Papa Francisco e aos participantes do Sínodo Panamazônico em outubro poróximo. Consideremos atentamente o conteúdo desta proclamação. LBoff

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               AMAZONÍA: SANTUARIO INTANGIBLE DE LA CASA COMÚN

“Busco en todas partes luchadores por la PAZ y por la VIDA, debemos actuar antes de que sea demasiado tarde, antes de que la ambición y lalocura de unos hombres conviertan a nuestro planeta en una luna muerta, en un cementerio del espacio” (Mons. Leonidas Proaño).

Saludamos la próxima realización del Sínodo de la Panmazonía,una extraordinaria iniciativa del Papa Francisco, por la cual esta importante asamblea colegial podrá ver la problemática, analizar y valorar la realidad a la luz de la Palabra y diseñar cursos de acción. La iniciativa es signo de esperanza en medio de los peligros que amenazan la subsistencia de nuestra Casa Común.

Pedimos al Papa Francisco y a los padres sinodales la declaratoria de la Amazonía como Santuario Intangible de la Casa Común.

Esta declaratoria sería un llamado espiritual y profético a los hombres y mujeres de buena voluntad para que se reconozca a la Amazonía que recubre 9 paises, como tierra santa, tan sagrada como la de la zarza ardiente del Sinaí donde Moisés escuchó las palabras de Dios: “el lugar donde estás parado es tierra santa.”

La declaratoria sería un llamado a la consciencia universal y particularmente una demanda a los organismos mundiales y a los estados responsables para que tomen las medidas urgentes y profundas que se necesitan para salvar la vida en el planeta.

Las medidas deberían diseñarse y aplicarse con sentido de emergencia, considerando la velocidad y la profundidad de los cambios adversos que vienen afectando cada vez más al clima, al hábitat y a la vida los pueblos amazónicos. Los objetivos deben enfocar el problema como un todo, pues la afectación es sistémica: impacta la flora y la fauna, el clima, el aire y el régimen de lluvias, comprometiendo el delicado equilibrio de todos los ecosistemas y la vida misma de los pueblos amazónicos, cuyo exterminio está cada vez más cercano. Pero los pueblos no son una especie más del sistema. Son la obra magnífica de Dios; Su imagen y semejanza. Ellos recibieron de las manos del creador ese paraíso natural, lo disfrutan y lo protegen. Sabiéndose y sintiéndose uno con su mundo saben cómo vivir sin afectar su equilibrio.

Las medidas, en consecuencia, tendrían que estar encaminadas a

  1. Que se asignen legalmente territorios suficientes para cada una de las diversas nacionalidades indígenasque habitan en la Amazonía, tomando en cuenta su forma de vivir e interactuar con la naturaleza.
  2. Que la delimitación y ubicación de los territorios sea tal que cada uno constituya refugio seguro y base de sustento y nutrición para los pueblos indígenas, y la Vida de la Amazonía.
  3. Que se aplique para esos territorios una larga moratoria de las actividades extractivistas que dañan la foresta, las petroleras y mineras; así como se discuta seriamente la implementación de plantaciones y explotaciones ganaderas que implican la deforestación. Especialmente que se garantiza la sostebilidad para la eventual apertura de carreteras y centrales hidroeléctricas; en fin, el cese de las intervenciones predatorias tanto de los gobiernos como de los grupos económicos interesados, nacionales e internacionales.
  4. Que los pueblos indígenas puedan ejercer en esos territorios su autoridad, en el marco de la autodeterminación, el autogobierno, la justicia ancestral de acuerdo a sus usos y costumbres, y su vida política, cultural y espiritual en plenitud, sentiendose parte de la entera nación.

Los acuerdos y pactos internacionales han carecido de eficacia porque no son mandatorios para los países. No se han establecido consecuencias para su incumplimiento. Aspiramos a que este Sínodo pueda instar a los organismos internacionales para procurar la aplicación efectiva y eficaz de las resoluciones adoptadas.

Pedimos a los padres sinodales obrar con energía para pedir que los estados se comprometan a cumplir con sus compromisos en favor de la Amazonía mediante la adopción de mecanismos idóneos, independientes del vaivén de las coyunturas políticas.

La declaratoria debe enviar un mensaje claro de la Iglesia y de todos presenes en el Sínodo, para toda la humanidad y no solamente a los fieles; para las organizaciones de la sociedad comprometidas con la conservación del planeta y de la especie y para cada uno de los hogares. Todos tenemos algo que hacer en favor del planeta vigilando nuestros hábitos de consumo y nuestras interacciones con los recursos naturales.

Así, la Declaratoria de Santuario, será el instrumento idóneo para salvaguardar a los Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario, que constituyen los grupos humanos más vulnerables de la Amazonia y del mundo, víctimas de la violencia del modelo económico global depredador impuesto; pero al mismo tiempo, testimonio vivo de resistencia a esta globocolonización que uniformiza, y mata la diversidad y la vida de la humanidad y del planeta.

“…Para el indígena, la tierra es la madre. No es una manera de hablar, no es un puro sentimentalismo; el pueblo indígena considera, dentro de su núcleo cultural, dentro de su pensamiento, a la tierra  como su madre… pensamiento que, por otra parte, se identifica con el pensamiento de la Sagrada Escritura, en otras palabras, con el pensamiento de  Dios”. (Mons. Proaño) Y añade el Papa Francisco en su encíclica “Laudato si: sobre el cuidado de la Casa Común”: “Para los indígenas la Tierra no es un bien económico, sino don de Dios, y de sus antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores. Cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan”(n.146).

Queremos finalizar con las palabras de Bernardo Alves, del pueblo indígena Sateré-Mawé: “Los pueblos indígenas son bibliotecas vivas. Son los guardianes, cuidadores y jardineros de la Amazonia y del Planeta. Cada vez que un pueblo indígena es exterminado y desaparece, un rostro de Tupãna (Dios) muere, el cosmos, el planeta y toda la humanidad se empobrecen”.

Fundación Pueblo Indio del Ecuador

Ruiz de Castilla N26-92 y Sosaya

Telfs. 593-2-2529 361; 593-2-3200-968

Email: fpie@fundacionpuebloindio.org; fundacionpuebloindiodelecuador@gmail.com

170520 Quito – Ecuador

 

 

Brevísima relación de la destrucción de las “Indias Brasileras”

En función del Sínodo panamazónico de octubre vale la pena recordar cuál fue la destrucción de las Indias brasileñas, en el lenguaje de Bartolomé de las Casas que escribió en 1542 su “Brevisima Relación de las Destrucción de las Indias”, referiendose a America Central.

La primera reunión, el 21 de abril de 1500, narrada idílicamente por el cronista Pero Vaz de Caminha, pronto se convirtió en un desencuentro profundo. Debido a la voracidad de los colonizadores, no hubo reciprocidad entre los portugueses y los indios, sino una confrontación, desigual y violenta, con consecuencias desastrosas para el futuro de todas las naciones indígenas.

Como en el resto de América Latina se les negó la condición de seres humanos. Todavía en 1704 la Cámara de Aguiras, en Ceará, escribía en una carta al rey de Portugal que “las misiones con estos bárbaros están excusadas, porque de humanos solo tienen la forma, y quien diga algo más es un error conocido”. El papa Pablo III, con la bula Sublimis Deus del 9 de julio de 1537, tuvo que intervenir y proclamar la dignidad eminente de los indígenas como verdaderos seres humanos, libres y dueños de sus tierras.

Por las enfermedades de los blancos contra los cuales no tenían inmunidad: la gripe, la varicela, el sarampión, la malaria y la sífilis. Por la cruz, por la espada, por la degradación de sus tierras, imposibilitando la caza y la siembra, por la esclavitud, por guerras declaradas oficialmente por Don João VI el 13 de mayo de 1808 contra los Krenak en el Valle del río Dulce. Por la humillación sistemática y la negación de su identidad, los cinco millones se redujeron al número actual de 930,000. En lo que refiere a los pueblos indígenas, se hizo presente el propósito político de su erradicación, ya fuera por aculturación forzada, miscigenación espontánea y planificada, o por exterminio puro y simple, como hizo el Gobernador General de Brasil, Mendes Sá, con los Tupiniquim de Ihéus: “los cuerpos fueron colocados a lo largo de la playa, alineados en la extensión de una legua” Modernamente, cuando se abrieron las grandes carreteras y las presas hidroeléctricas en el Amazonas, se utilizaron contra ellos defoliantes químicos, ataques con helicópteros y vuelos rasantes de aviones, incluso bacterias introducidas intencionadamente.

Citemos solo un ejemplo paradigmático que representa la lógica de la “destrucción de las Indias brasileñas”. A principios de siglo, cuando los frailes dominicanos comenzaron una misión a orillas del río Araguaia, había 6-8.000 Kaiapó en conflicto con los recolectores de caucho de la región. En 1918 se habían reducido a 500. En 1927 a 27. En 1958 a un solo sobreviviente. En 1962 fueron declarados extintos en toda la región.

Con la aniquilación de más de mil pueblos, en 500 años de historia brasileña desapareció para siempre una herencia humana, construida en miles de años de trabajo cultural, de diálogo con la naturaleza, de invención de lenguas y de construcción de una visión del mundo, amiga de la vida y respetuosa de la naturaleza. Sin ellos, todos nos empobrecemos.

El sueño de un indio Terena, recogido por un buen conocedor del alma brasileña e indígena, muestra el impacto de esta devastación demográfica en personas y pueblos: “Fui al antiguo cementerio guaraní en la Reserva y vi una gran cruz allí. Vinieron hombres blancos y me clavaron boca abajo en la cruz. Se fueron y yo me quedé allí clavado y desesperado. Me desperté con mucho miedo” (Roberto Gambini, El espejo indio, Río de Janeiro 1980. p. 9).

Este miedo, por la continua agresión del hombre blanco y bárbaro (que arrogantemente se llama a sí mismo civilizado), se ha convertido en los pueblos indígenas en el temor de ser exterminados para siempre de la faz de la Tierra.

Gracias a las organizaciones indígenas, a las nuevas legislaciones proteccionistas estatales, al apoyo de la sociedad civil y de las iglesias, y a la presión internacional, los pueblos indígenas se están fortaleciendo y creciendo numéricamente. Sus organizaciones revelan el alto nivel de conciencia y articulación que han logrado. Se sienten ciudadanos adultos que quieren participar en los destinos de la comunidad nacional, sin renunciar a su identidad, colaborando con otros sujetos históricos con su riqueza cultural, ética y espiritual.

Por lo tanto, es extremadamente ofensivo para su dignidad la forma en que el estado brasileño, especialmente bajo el gobierno de Bolsonaro, los trata y maltrata con sus políticas indigenistas, como si fueran primitivos e infantiles. En realidad, ellos tienen una integralidad que nosotros los occidentales hemos perdido, rehenes de un paradigma de civilización que divide, atomiza y contrapone para dominar más. Son guardianes de la unidad sagrada y compleja del ser humano, inmersos con otros en la naturaleza de la cual somos parte y parcela. Conservan la feliz conciencia de nuestra pertenencia al Todo y de la alianza eterna entre el cielo y la tierra, origen de todas las cosas.

Cuando en octubre de 1999 me encontré con los indígenas noruegos -los samis-, en Umeo, me hicieron una primera pregunta antes de la conversación:

– ¿Los indios brasileños conservan o no el matrimonio entre el cielo y la tierra?

Inmediatamente entendí la pregunta y respondí resueltamente:

– Por supuesto, mantienen este matrimonio. Porque del matrimonio entre el cielo y la tierra nacen todas las cosas.

Ellos felices respondieron:

– “Entonces todavía son verdaderamente indios como nosotros. No son como nuestros hermanos de Estocolmo que olvidaron el cielo y se quedaron solo con la tierra. Por eso se sienten infelices y muchos se suicidan. Si mantenemos unidos el cielo y la tierra, el espíritu y la materia, el Gran Espíritu y el espíritu humano entonces salvaremos a la humanidad y a nuestra Gran Madre Tierra”.

Esta, seguramente, es la gran misión de los pueblos originales y su mayor desafío: ayudarnos a salvar la Tierra, nuestra Madre, que nos genera y nos sostiene a todos, y sin la cual nada en este mundo es posible.

Necesitamos escuchar su mensaje e incorporarnos a su compromiso, para hacernos como ellos testigos de la belleza, la riqueza y la vitalidad de la Madre Tierra.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y ha escrito: El Casamiento entre el cielo y la Tierra, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2012.

Traducción de Mª José Gavito Milano