El Papa Francisco no es solo un nombre sino un proyecto de Iglesia y de mundo

Leonardo Boff

Todo punto de vista es la *vista desde un punto, afirmé una vez. Mi punto de vista sobre el Papa Francisco es el latinoamericano. El mismo Papa Francisco se presentó como “aquel que viene del fin del mundo”, es decir, de Argentina, del extremo Sur del mundo. Este hecho no carece de relevancia, pues nos ofrece una lectura distinta de otras, de otros puntos de vista.

         La elección del nombre Francisco, sin antecedentes, no es fortuita. Francisco de Asís representa otro proyecto de Iglesia cuya centralidad reside en el Jesús histórico, pobre, amigo de los despreciados y humillados, como los leprosos, con los cuales fue a vivir. Pues esta es la perspectiva asumida por Bergoglio al ser elegido Papa. Quiere una Iglesia pobre para los pobres. Consecuentemente se despoja de las vestiduras honoríficas, de la tradición de los emperadores romanos, bien representadas por la mozzeta, pequeña capa blanca adornada de joyas, símbolo del poder absoluto de los emperadores e incorporada a las vestimentas papales. La rechazó y se la dio al secretario como recuerdo. Viste un traje blanco sencillo con la cruz de hierro que siempre usó. Vivió en la mayor sencillez (el Papa no viste prada) y sin ceremonia, rompió ritos para poder estar cerca de los fieles. Eso seguramente escandalizó a muchos de la vieja cristiandad europea, acostumbrada a la pompa y gloria de las vestimentas papales y en general de los prelados de la Iglesia. Cabe recordar que tales tradiciones se remontan a los emperadores romanos, pero no tienen nada que ver con el pobre artesano y campesino mediterráneo de Nazaret.

         Sorprendentemente se presentó, primero como obispo local de Roma, después como Papa para animar la Iglesia universal y, como enfatizó, no con el derecho canónico sino con el amor.

         Escogió el nombre de Francisco porque San Francisco de Asís es el “ejemplo por excelencia del cuidado y por una ecología integral vivida con alegría y autenticidad (Laudato Sì, n.10), que llamaba a todos los seres con el dulce nombre de hermano y hermana”.

         No quiso vivir en un palacio pontificio, sino en una casa de huéspedes, Santa Marta. Guardaba la fila para comer, como todos los demás, y con humor comentaba: así es más difícil que me envenenen.

         Puso en el centro de su misión la preferencia y el cuidado de los pobres, especialmente de los migrantes. Dijo con honradez: “ustedes europeos estuvieron primero allí, ocuparon sus tierras y riquezas y fueron bien recibidos. Ahora ellos están aquí y no están dispuestos a recibirlos”. Con tristeza constataba la globalización de la indiferencia.

Por primera vez en la historia del papado, el Papa Francisco recibió varias veces a los movimientos sociales mundiales. Veía en ellos la esperanza de un futuro para la Tierra, porque la tratan con cuidado, cultivan la agroecología, viven una democracia popular y participativa. Les repitió muchas veces el derecho que les es negado, las famosas tres T: Tierra, Techo y Trabajo. Deben comenzar ahí donde están, en la región, pues es ahí donde se puede construir una comunidad sostenible. Con eso legitimó todo un movimiento mundial, el biorregionalismo, como forma de superación de la explotación y la acumulación de pocos y con más participación y justicia social para muchos.

         En este contexto escribió dos extraordinarias encíclicas: “Laudato sì: sobre el cuidado de la casa común” (2020), presentando una ecología integral que implica el medio ambiente, la política, la economía, la cultura, la vida cotidiana y la espiritualidad ecológica. En la otra, Fratelli tutti (2025), frente a la degradación generalizada de los ecosistemas, hace una seria advertencia: “estamos en el mismo barco: o nos salvamos todos o no se salva nadie” (n.34). Con estos textos, el Papa se sitúa a la cabeza de la discusión ecológica mundial que va más allá de la simple ecología verde y de otras formas de producción sin cuestionar nunca el sistema capitalista que, por su lógica, crea acumulación por un lado, a costa de la explotación, por el otro, de las grandes mayorías.

         El Papa Francisco viene de la teología de la liberación de vertiente argentina que enfatiza la opresión del pueblo y el silenciamiento de la cultura popular. Fue discípulo del teólogo de la liberación Juan Carlos Scannone, al que cita a pie de página en Laudato Si. Ya como estudiante e inspirado en esta  teología se hizo a sí mismo una promesa: hacer todas las semanas una visita a las “villas miseria”. Entraba en las casas, se informaba de los problemas de los pobres y suscitaba esperanza en todos. Mantuvo durante años una polémica con el gobierno que hacía asistencialismo y paternalismo como políticas de estado. Reclamaba diciendo: así jamás se sacará a los pobres de la dependencia. Lo que necesitamos es justicia social, raíz de la real liberación de los pobres. En solidaridad con los pobres, vivía en un pequeño apartamento, cocinaba su comida, iba a buscar su periódico. Rechazó vivir en palacio y usar un automóvil especial.

         Esta inspiración libertadora iluminó el modelo de Iglesia que se dispuso a construir. No una Iglesia cerrada cual castillo, imaginándola rodeada por todos lados de enemigos venidos de la modernidad con sus conquistas y libertades. A esta Iglesia cerrada opuso una Iglesia en salida hacia las carencias existenciales, una Iglesia cual hospital de campaña que acoge a todos los heridos, sin preguntarles su tendencia sexual, religión o ideología: basta que sean humanos necesitados.

         El Papa Francisco no se presenta como un doctor de la fe sino como un pastor que acompaña a los fieles. Pide a los pastores que tengan olor a oveja por su proximidad y compromiso con los fieles, ejerciendo la pastoral de la ternura y de la amorosidad.

         Tal vez ningún papa en la historia de la Iglesia haya mostrado tanto valor como él al criticar el sistema vigente que mata y que produce dos feroces injusticias: la injusticia ecológica devastando los ecosistemas y la injusticia social explotando la humanidad hasta la sangre. Nunca en la historia ha habido tanta acumulación de riqueza en tan pocas manos como ahora. Ocho personas individualmente poseen más riqueza que 4,7 mil millones de personas. Es un crimen que clama al cielo, ofende al Creador y sacrifica a sus hijos e hijas.

         Como pastor más que como doctor, su mensaje se fundaba especialmente en el Jesús histórico, amigo de los pobres, de los enfermos, de los marginados y de los oprimidos. Fue asesinado en la cruz por un doble proceso, uno religioso (ofensas a la religión de la época y su afirmación de sentirse Hijo de Dios) y otro político, por las fuerzas de ocupación romana.

No ponía mucho acento en las doctrinas, en los dogmas y en los ritos, que siempre respetó, pues reconocía que con tales cosas no se llega al corazón humano. Para esto se necesita amor, ternura y misericordia. Una vez dijo una de las frases más importantes de su magisterio: Cristo vino a enseñarnos a vivir el amor incondicional, la solidaridad, la compasión y el perdón, valores que componen el proyecto del Padre que es el centro del anuncio de Jesús: el Reino de Dios. Prefiere un ateo sensible a la justicia social que un fiel que asiste a la iglesia pero no tiene una mirada para su semejante que sufre.

         Tema recurrente en sus predicaciones es el de la misericordia. Para el Papa Francisco la misericordia es esencial. La condenación es solo para este mundo. Dios no puede perder a ningún hijo o hija que ha creado por amor. La misericordia vence a la justicia y nadie puede imponer un límite a la misericordia divina. Alertaba a los predicadores a no hacer lo que se hizo durante siglos: predicar el miedo e infundir en la gente el pavor del infierno. Todos, por peores que hayan sido, están bajo el arcoíris de la gracia y la misericordia divina.

         Lógicamente no todo vale en este mundo. Los que vivieron una vida sacrificando otras vidas y preocupándose poco o incluso negando a Dios pasarán por la clínica curadora de la gracia, en la cual reconocerán sus maldades y aprenderán lo que es el amor, el perdón y la misericordia. Sólo entonces la clínica de Dios, que no es la antesala del infierno sino la antesala del cielo, se abrirá para que participen también ellos de las promesas divinas.

         Con su llamamiento en favor de los empobrecidos, con su crítica valiente al sistema vigente que produce muerte y amenaza las bases ecológicas que sustentan la vida, por su apasionado amor y cuidado de la naturaleza y de la Casa Común, por sus incansables esfuerzos para mediar en guerras en función de la paz, emergió como un gran profeta que anunció y denunció, pero suscitando siempre la esperanza de que podemos construir un mundo diferente y mejor. Con eso se mostró como un líder religioso y político respetado y admirado por todos.

         Es inolvidable aquella imagen del Papa caminando solitario bajo la lluvia fina por la plaza de San Pedro hacia la capilla de oraciones para que Dios salvase a la humanidad del coronavirus y tuviese misericordia de los más vulnerables.

         El Papa Francisco honra a la humanidad y quedará en la memoria como una persona santa, amable, cariñosa y extremadamente humana. Gracias a figuras así Dios todavía se apiada de nuestras maldades y locuras y nos mantiene vivos sobre este pequeño y bello planeta.

*Leonardo Boff ha escrito Francisco de Asís y Francisco de Roma: una nueva primavera en la Iglesia, Trotta 2013; A amorosidade do Deus-Abba e Jesus de Nazaré, Vozes 2025.

Traducción de Mª José Gavito Milano

La economía para niños de John Maynard Keynes

Leonardo Boff

Actualmente debido a la subversión hecha por Donald Trump en todos los mercados mundiales, el asunto dominante es la economía y los efectos de las políticas arancelarias impuestas que ha impuesto. Son medidas descabelladas, aplicadas a toda la humanidad, a 180 países, que desestructuran las economías nacionales y perjudican particularmente a la población pobre. Sólo alguien sin corazón y sin sentido de humanidad puede tomar medidas de esta naturaleza.

En este contexto quiero referirme al padre de la macroeconomía, John Maynard Keynes (1883-1946). Considerado uno de los mayores economistas de los últimos tiempos, para quien la función del Estado es la de ser promotor del desarrollo, ayudó a sacar a Europa de la devastación de la segunda-guerra mundial y dio rumbo a la economía mundial. No veía la economía como algo absoluto en sí sino en el conjunto de las actividades humanas. Se mostró muchas veces como un humanista radical y como tal con fuerte carga utópica.

Voy a citar un texto muy poco conocido. En 1926 decía en una conferencia: «Las divinidades que presiden la vida económica sólo pueden ser genios del mal; un mal necesario que hasta dentro de un siglo (hasta 2028) nos obligará a hacer creer a los demás y a nosotros mismos que la lealtad es una infamia y que la infamia es lealtad, pues la infamia nos es útil y la lealtad no». En otras palabras –añadía– la humanidad llegará al consenso de considerar la avaricia, la usura y la prudencia como indispensables para sacarnos del túnel de la necesidad económica y llevarnos a la luz del día».

«Sólo entonces se alcanzará el bienestar general y será el momento en que nuestros niños, y ese es el sentido de mi ensayo Perspectivas económicas para nuestros niños*, finalmente comprenderán que lo bueno es siempre mejor que lo útil».

«Entonces ya no necesitarán recordar ciertos principios, los más seguros y menos ambiguos de la religión y la virtud tradicionales: que la avaricia es un vicio, que es una maldad obtener beneficios prestando con usura, que el amor al dinero es execrable».

«Los que caminan con seguridad por la senda de la virtud y la sabiduría serán los que menos se preocupen por el mañana. Y una vez más llegaremos a valorar más los fines que los medios y a preferir lo bueno a lo útil».

«Honraremos a aquellos que nos enseñaron a acoger el momento presente de manera virtuosa y placentera, personas excepcionales que saben saborear las cosas inmediatas, como los lirios del campo que no tejen ni hilan».

Aunque esta propuesta humanista del eminente economista no se haya realizado aún (¿se realizará?) pues vivimos bajo la dictadura del vil metal y de la economía especulativa que no produce nada a no ser más dinero todavía, dejando a gran parte de la humanidad en la pobreza y la miseria, él percibió, y esto sigue siendo válido, que la esencia de la vida no está en acumular ilimitadamente y en consumir desmedidamente. El sentido da vida consiste en vivir la vida, gozarla, reproducirla, celebrarla, compartirla con otros. Esto no nos lo da la economía vigente. En una palabra, es lo inútil lo que cuenta, no lo que es económicamente útil.

Seguramente el sabio humanista y economista Keynes nos haya revelado la verdadera naturaleza de la economía, más comprensible por los niños que por los adultos.

Hoy hemos perdido esta perspectiva y somos todos rehenes de la cultura del capital que nos obliga a gastar nuestras vidas y nuestro tiempo trabajando, produciendo y consumiendo en el contexto de una sociedad perversa, cuyo ideal es la acumulación sin límite y el consumismo, sociedad que ha transformado todo en mercancía, hasta las cosas más sagradas o vitales como los órganos humanos.

De seguir por este camino, por más aranceles que el que el descontrolado Donald Trump imponga a la humanidad entera, iremos, probablemente, al encuentro de una gran tragedia, eventualmente de nuestro propio fin. Merecidamente, pues no hemos cumplido el fin para el cual hemos sido creados: vivir la vida y agradecerla.

*John Maynard Keynes, “Perspectives économiques pour nos petits-enfants”, en Essais sur la monnaie et l’économie: les cris de Cassandre, Paris, Payot 1971, p.140; L.Boff, Ecologia, mundialização e espiritualidade, Ática, SP 1996.

Traducción de Maria Jose Gavito Milano

Donald Trump, Caín de la Tierra

Leonardo Boff*

Las Escrituras hablan del primer asesinato, el de Caín, que por envidia mató a su hermano Abel. El Señor preguntó a Caín: “¿dónde está tu hermano Abel?”, a lo que él respondió: “no sé, ¿acaso soy el guardián de mi hermano?” Y Dios dijo: “clama desde la tierra la voz de la sangre de tu hermano. En adelante serás maldito por la propia tierra, que se ha abierto para recibir la sangre de tu hermano, que tu mano ha derramado” (Génesis 4,9-12).

A lo largo de la historia ha habido toda una genealogía de caínes, que asesinaron, degollaron y exterminaron naciones enteras. Hoy la humanidad está presenciando la acción de un descendiente de Caín, Donald Trump. Pocos definieron mejor el propósito de nuestro Caín que el periodista nacional/internacional brasilero Jamil Chade cuyas palabras tuvieron eco en una retrasmisión en directo en Alemania. Afirma Jamil Chade: Donald Trump lo ha dejado claro: no va a hacer diplomacia. Actuará con la FUERZA, tanto bélica como económica y comercial. Su construcción de un nuevo orden no pasa por la PAZ sino por la CAPITULACIÓN del adversario”.

Efectivamente, Trump ha puesto patas arriba el orden mundial existente “regido por reglas” (que interesaban a los poderosos), pero que de alguna forma mantenía cierto equilibrio/desequilibrio en el planeta, dominado por el capital especulativo en manos de un pequeño grupo de multimillonarios.

En la disputa entre unipolaridad y multipolaridad (Rusia y China) entró de lleno en defensa de la unipolaridad de Estados Unidos: quieren ser los únicos que dominen el mundo. Para mantener el  monopolio del poder rompió con aliados, especialmente europeos, salió de casi todos los organismos de la ONU. Tal vez el más perjudicial ha sido el tratado de París de 2015 que preveía un esfuerzo colectivo en la reducción de los gases de efecto invernadero para estabilizar la Tierra en 1,5ºC por encima de la era industrial hasta 2030. Ya hemos sobrepasado 1,5ºC, estamos cerca de 2ºC o más.

Pero lo que mostró su carácter de Caín en la Tierra fue ser el único país que votó en contra del proyecto de la ONU contra el hambre en el mundo. Cortó las ayudas humanitarias, especialmente contra el hambre, como la USAIDS. En África han muerto muchos niños de hambre. La supresión del vale de comida en Bangladesh ha causado una devastación entre la población pobre. Continúa apoyando el genocidio en Gaza, cosa que hizo también el genocida expresidente católico Joe Biden. Según Ali Jemeney los niños asesinados en Gaza y Cisjordania son casi 20 mil por los bombardeos israelies. Es un crimen contra la humanidad que clama al cielo. Trump sigue apoyando el genocidio.

Además de imponer fuertes aranceles a las importaciones de todos los países, amigos o “enemigos”, internamente cerró a partir del 3 de abril el Departamento de Educación, donde se forma el espíritu creativo y crítico, recortó los fondos para la sanidad, para la investigacuón científica y para los subsidios a las universidades. Sus decretos pasan por encima de las leyes y de la propia Constitución, lo que ha provocado ya varios procesos judiciales.

Lo que está haciendo con los emigrantes indocumentados, deportados por miles, con violencia, encadenados, a sus países de origen, o lo que es peor a la prisión de Guantánamo, famosa por sus malos tratos y torturas, o a las prisiones en El Salvador del presidente tirano Nayib Bukele, notorio violador de los derechos humanos, con torturas y asesinatos en las prisiones, no tiene nombre.

La paz es impuesta por la fuerza lo que significa una pacificación violenta. La diplomacia y el eventual diálogo son solo una  estratagema para imponer su voluntad. Como él mismo dijo, según el país hace el diálogo con el revolver sobre la mesa. Con los débiles habla alto y a gritos, con los fuertes bajo y moderado. Las únicas potencias que respeta, por limitar sus propósitos hegemónicos, son China y Rusia.

“Hacer a América grande otra vez” (MAGA) o “América en primer lugar” (entendido como “solo América”) jamás podrá alcanzarse con los métodos perversos, violentos y humillantes que está usando, métodos asumidos por toda su administración. Sospecho que hará China grande outra vez. ¿Desde cuándo la historia ha mostrado que los métodos violentos crean una paz duradera? Sólo métodos pacíficos generan paz. La paz es fin y al mismo tiempo medio.

No es improbable que para derrotar a China, que ya ha superado en muchos aspectos a Estados Unidos, utilice armas nucleares. El hambre de poder es insaciable y, en el fondo, cuando la potencia se siente a punto de ser superada, inicia una guerra suicida, lo que significaría un desastre incalculable para la biosfera y para la supervivencia de la especie humana. Ahí se consumiría el carácter de Caín de Trump, un ángel malo de la muerte, y de los que le aconsejan. Así se cumplirían las palabras de la Escritura: “Clama desde la tierra la voz de la SANGRE de tus hermanos. En adelante serás MALDITO por la propia tierra, que recibió la sangre de tus hermanos derramada por tu mano, Caín (Génesis 4,9-12).

Que el Señor de los tiempos y de la historia nos libre de semejante desgracia, cometida por un Caín moderno, enemigo de la vida.

Leonardo Boff escribió con Jürgen Moltmann, ¿Hay esperanza para la creación amenazada?  Vozes 2014; Hombre: satán o ángel bueno, Record, Rio de Janeiro 2008.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

El descubrimiento de la Tierra

Leonardo Boff*

El ser humano es un ser curioso e insaciable. Está siempre inventando cosas y descubriendo nuevos seres. Desde que salió de África, hace algunos millones de años, fue descubriendo nuevas tierras, plantas, animales, ríos y lagos. Estaba especialmente interesado en metales, como los europeos del siglo XVI con hambre de oro y plata, igual que hoy día busca tierras ricas en litio y otros materiales para la alta tecnología. Descubrieron cómo se compone la materia, identificaron los elementos básicos de la vida, los genes, buscan descubrir la galaxia más distante para comprender cómo comenzó nuestro universo. No hay cosa que no quieran descubrir y darle un nombre. Y aún así no todos se descubrieron a sí mismos.

Una cosa, sin embargo, tardaron en descubrir: la propia Tierra. Sólo el 15 de septiembre de 1519 Fernando de Magallanes descubrió que la Tierra era redonda, cosa que los terraplanistas niegan. Pero la Tierra misma como planeta todavía no había sido descubierta. Fue necesario que los astronautas saliesen de la Tierra y desde afuera, desde sus naves espaciales o desde la Luna descubriesen, maravillados, la Tierra.

Tal vez el sentido secreto de los viajes al espacio exterior haya sido ese significado profundo expresado con fina intuición por el astronauta J. P. Allen: “Se discutió mucho los pros y los contras con referencia a los viajes a la Luna; no oí a nadie argumentar que deberíamos ir a la Luna para poder ver la Tierra desde allí. Después de todo, esta fue seguramente la verdadera razón de haber ido a la Luna”.

Traigo aquí los testimonios de otros astronautas, contenidos en un riquísimo libro de Frank White, The Overview Effect: space exploration and human evolution, Boston 1987.

Sigmund Jähn, otro astronauta, al regresar a la Tierra expresó así la modificación de su conciencia: “Ya se han superado las fronteras políticas y también las fronteras de las naciones. Somos un único pueblo y cada uno es responsable del mantenimiento del frágil equilibrio de la Tierra. Somos sus guardianes y debemos cuidar del futuro común”.

Impresionante y lleno de reverencia es el testimonio del astronauta Gene Cernan: “Yo fui el último hombre en pisar la Luna en  diciembre de l972. Desde la superficie lunar miraba con temor reverencial hacia la Tierra en un transfondo de azul muy oscuro. Lo que yo veía era demasiado hermoso para ser comprendido, demasiado lógico, lleno de propósito para ser fruto de un mero accidente cósmico. Me sentía, interiormente, obligado a alabar a Dios. Dios debe existir por haber creado aquello que yo tenía el privilegio de contemplar”.

Esa percepción de haber contemplado la Tierra desde fuera de la Tierra, “un pálido punto azul”, “que se esconde detrás de nuestro pulgar” circulando alrededor de un sol de suburbio, de quinta grandeza, en la inmensidad oscura del universo, suscitó en los astronautas un sentimiento de sacralidad y de responsabilidad: la Tierra es pequeña y frágil, agraciada con una naturaleza exuberante y con una inmensidad de formas de vida, superpoblada por seres inteligentes, los humanos, que infelizmente viven litigando entre sí y no consiguen ponerse de acuerdo como lo hacen los tres billones de células de su cuerpo. Viven disputando espacios y pedazos de la Tierra, sabiendo que ella es de todos y que desde allá arriba no se notan los límites de las naciones, trazados arbitrariamente por los seres humanos. Tierra y humanidad forman una única entidad, con el mismo destino. Somos Tierra que siente, piensa y ama.

Hoy estamos descubriendo que nosotros somos los principales responsables de la devastación que está ocurriendo en los principales biomas. Hasta hemos inventado un nombre para esa agresividad, la era del antropoceno que lentamente está cambiando a la era del necroceno (matanza de especies) y, finalmente, del piroceno (los grandes incendios forestales). Nos cuesta aceptar nuestra responsabilidad colectiva, especialmente a algunos CEOs de grandes empresas e incluso al demencial presidente de la mayor potencia devastadora de la Tierra, el angel de la muerte, que se declara un negacionista asumido.

Depués de haber hecho el descubrimiento de la Tierra, tenemos que descubrir nuestra responsabilidad y el imperativo ético que nos fue impuesto, expresado claramente e la Escrituras: el de ser “los cuidadores y guardas del Jardín del Edén” (Gn 2,15). Pero como reconoció el gran biólogo E.Wilson nos hemos vuelto el “Satán de la Tierra” y transformamos el Jardín del Edén “en un matadero”.

¿Hasta dónde puede llegar nuestra locura? Hasta la autodestrucción, ya que hemos creado todos los medios para eso? ¿O nos salvará el principio esperanza que suscita en nosotros nuevas utopías y cambios de dirección? Estas han ocurrido en la historia. Quien sabe, tal vez descubramos nuestro lugar en el conjunto de los seres, como regeneradores y salvadores de la Casa Común, que nos garantizarían aún otro tipo de futuro, distinto de este, sombrío y ultra-calentado.

Creemos en San Pablo: “la esperanza nunca nos defraudará (Romanos 5,5)”. Lo que nos queda es el esperanzar de Paulo Freire, usar todos los medios para volver lo posible imposible, y lo probable, improbable. Entonces tendríamos todavía futuro. Y lo habrá.

*Leonardo Boff ha escrito La Tierra en la palma de la mano, Vozes 2016; Cuidar de la Casa Común, Vozes 2024.