Ecología en fragmentos: todo está relacionado con todo

La ecología se ha transformado en el contexto general de todos los problemas, proyectos oficiales y privados. A ella esta ligado el futuro de nuestro planeta y de nuestra civilización. De donde se deriva sua importancia ineludible. O cambiamos de manera de habitar la Casa Común o podemos conocer situaciones ecologicas y sociales dramáticas, dentro de no mucho tiempo. Aquí van fragmentos de un discurso ecológico, parte de un Todo más grande y vasto.

1. La irracionalidad de nuestro estilo de vivir

El modelo de sociedad y el sentido de la vida que los seres humanos han proyectado para sí, por lo menos en los últimos 400 años, están en crisis.
Este modelo nos hacía creer que lo importante es acumular gran número de medios de vida, de riqueza material, de bienes y servicios a fin de poder disfrutar de nuestro corto paso por este planeta.
Para realizar este propósito nos ayudan la ciencia que conoce los mecanismos de la naturaleza y la técnica que hace intervenciones en ella para beneficio humano. Se ha procurado hacer eso con la máxima velocidad posible.
En definitiva se busca el máximo beneficio con el mínimo de inversión y en el tiempo más breve posible.
El ser humano, en esta práctica cultural, se entiende como un ser sobre las cosas, disponiendo de ellas a su gusto, nunca como alguien que está con las cosas, conviviendo con ellas como miembro de una comunidad mayor, planetaria y cósmica.
El efecto final y triste, solamente ahora visible de forma innegable, es el que se expresa en esta frase atribuida a Gandhi: “la Tierra es suficiente para todos, pero no para los consumistas”.
Nuestro modelo civilizatorio es tan absurdo que si los beneficios acumulados por los países ricos se generalizaran a los demás países, necesitaríamos otras cuatro Tierras iguales a la que tenemos.
Ello muestra la irracionalidad que este modo de vivir implica. Por eso el Papa Francisco en su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común” pide una radical conversión ecológica y un consumo sobrio y solidario.

2. La naturaleza es maestra

En momentos de crisis civilizatoria como nuestra es imperioso consultar a la fuente originaria de todo: la naturaleza, la gran maestra. ¿Qué nos enseña?
Ella nos enseña que la ley básica de la naturaleza, del universo y de la vida no es la competición, que divide y excluye, sino la cooperación, que suma e incluye.
Todas las energías, todos los elementos, todos los seres vivos, desde las bacterias y los virus hasta los seres más complejos, estamos todos inter-retro-relacionados y, por eso, somos interdependientes. Uno coopera con el otro para vivir.
Una red de conexiones nos envuelve por todos los lados, haciéndonos seres cooperativos y solidarios. Queramos o no, esta es la ley de la naturaleza y del universo. Y gracias a esta red de interdependencias hemos llegado hasta aquí.
Esa suma de energías y de conexiones nos ayuda a salir de las crisis y a fundar un nuevo ensayo civilizatorio. Pero nos preguntamos: ¿somos suficientemente sabios para hacer frente a situaciones críticas y responder a los nuevos desafíos?

3. Todo está relacionado con todo

La realidad que nos rodea y de la cual somos parte no debe ser pensada como una máquina sino como un organismo vivo, no como constituida de partes estancas, sino como sistemas abiertos, formando redes de relaciones.
En cada ser y en el universo entero prevalecen dos tendencias básicas: una es la de autoafirmarse individualmente y otra la de integrarse en un todo mayor. Si no se autoafirma corre el riesgo de desaparecer. Si no se integra en un todo mayor, corta la fuente de energía, se debilita y puede también desaparecer. Es importante equilibrar estas dos tendencias. En caso contrario caemos en el individualismo más feroz – la autoafirmación – o en el colectivismo más homogeneizador – la integración en el todo.
Por eso siempre tenemos que ir y venir de las partes al todo, de los objetos a las redes, de las estructuras a los procesos, de las posiciones a las relaciones.
La naturaleza es, pues, siempre co-creativa, co-participativa, ligada y re-ligada a todo y a todos y principalmente a la Fuente Originaria de donde se originan todos los seres.

4.Desde el comienzo está presente el fin

El fin está ya presente en el comienzo. Cuando los primeros elementos materiales después del big bang empezaron a formarse y a vibrar juntos, ahí se anunciaba ya un fin: el surgimiento del universo, uno y diverso, ordenado y caótico, la aparición de la vida y el irrumpir de la conciencia.
Todo se movió y se interconectó para dar inicio a la gestación de un cielo futuro, que empezó ya aquí abajo, como una semillita, y fue creciendo y creciendo hasta acabar de nacer en la consumación de los tiempos. Ese cielo, desde el comienzo, es el propio universo y la humanidad llegados a su plenitud y consumación.
No hay cielo sin Tierra, ni Tierra sin cielo.
Si es así, en lugar de hablar de fin del mundo, deberíamos hablar de un futuro del mundo, de la Tierra y de la Humanidad que entonces serán el cielo de todos y de todo.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo y ha escrito: ¿De dónde viene? Mar de Ideias, Rio 2017.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Amore in tempi d’ira e odio

Viviamo nel Brasile di Bolsonaro e in tutto il mondo tempi di rabbia e odio, risultato del fondamentalismo e dell’intolleranza, come abbiamo visto in Sri Lanka dove centinaia di cristiani sono stati uccisi nel momento in cui celebravano la vittoria dell’amore sulla morte nella festa della risurrezione.
Questo macabro scenario ci porta a rinnovare la speranza che, nonostante tutto, l’amore sia più forte della morte.

La parola amore è stata banalizzata. C’è amore di qui e amore di là, amore in tutte le pubblicità indirizzate più alle tasche che ai cuori. Dobbiamo riscattare la sacralità dell’amore. Non abbiamo un nome migliore o più grande per immaginare l’Ultima Realtà, Dio, ma dicendo che essa è amore.

Dobbiamo innovare il nostro discorso sull’amore in modo che la sua natura e ampiezza risplenda e ci riscaldi. Per questo è importante incorporare i contributi che provengono dalle diverse scienze della Terra (Fritjof Capra), in particolare dalla biologia (Humberto Maturana) e dagli studi sul processo cosmogenico (Brian Swimme). È sempre più chiaro che l’amore è un fatto oggettivo della realtà globale, un evento felice della natura stessa di cui facciamo parte.

Due movimenti, tra gli altri, presiedono il processo cosmogenico e biogenico: la necessità e la spontaneità. La necessità è in funzione della sopravvivenza di ogni essere; è per questo che uno aiuta l’altro, in una rete di relazioni inclusive. La sinergia e la cooperazione di tutti con tutti costituiscono le forze fondamentali dell’universo, specialmente tra gli esseri animati. È la dinamica oggettiva del cosmo stesso.
Insieme a questa forza della necessità appare anche la spontaneità. Gli esseri si relazionano e interagiscono per pura gratuità e gioia di convivere. Tale relazione non risponde a una necessità. Si stabilisce per creare nuovi legami a causa di una certa affinità che sorge spontaneamente e che produce gioia. È l’universo della sorpresa, del fascino, di qualcosa di imponderabile. È l’avvento dell’amore.
Questo amore è dato dai primissimi elementi di base, i quarks, che erano legati oltre la necessità, spontaneamente, attratti l’uno dall’altro. Un mondo libero sorge, non necessario ma possibile, spontaneo e reale.

In questo modo, irrompe la forza dell’amore che attraversa tutte le fasi dell’evoluzione e lega tutti gli esseri dando loro profondo affetto e bellezza. Non c’è ragione che li induca a combinarsi con legami spontanei e liberi. Lo fanno per puro piacere e la gioia di stare insieme.
Si trata dell’amore cosmico che realizza ciò che il misticismo ha sempre intuito: la validità della pura gratuità. Il mistico Angelus Silesius dice: “La rosa non ha una ragione. Fiorisce per fiorire. Non si preoccupa se l’ammirano o no. Lei sboccia per fiorire”.
Non diciamo che il senso profondo della vita è semplicemente vivere? Così l’amore fiorisce in noi come frutto di una relazione libera tra esseri liberi e con tutti gli altri esseri.

Ma come umani e autocoscienti possiamo fare dell’amore, che appartiene alla natura delle cose, un progetto personale e civilizzante: viverlo coscientemente, creare le condizioni perche sia possibile l’amorizzazione tra gli esseri inerti e viventi. Possiamo innamorarci di una stella lontana e stabilire una storia di affetto con lei.
L’amore è urgente nei giorni attuali, dove la forza del negativo, dell’anti-amore, sembra prevalere. Più che chiedere chi pratica atti di terrore, bisogna chiedersi perché sono stati praticati. Sicuramente il terrore sorse perché mancava l’amore come relazione che lega gli esseri umani nell’esperienza beata di aprirsi e accogliersi cordialmente l’un l’altro.

Diciamolo con tutte le parole: il sistema mondiale prevalente non ama le persone. Ama i beni materiali, ama la forza lavoro del lavoratore, i suoi muscoli, le sue conoscenze, la sua produzione artistica e la sua capacità di consumo. Ma non ama gratuitamente le persone come persone.

Predicare l’amore e gridare: “Amiamoci l’un l’altro come ci amiamo noi stessi” significa essere rivoluzionari. È essere assolutamente anti-cultura dominante.
Facciamo dell’amore quello che il grande fiorentino Dante Alighieri ha testimoniato: “amor che muove il sole e le altre stelle”, e noi aggiungiamo: l’amore che muove le nostre vite, l’amore che è il nome sacrosanto della Fonte Originale di tutto l’Essere, Dio.

*Leonardo Boff, filosofo e teólogo, ha scritto: Reflexões de um velho teólogo e pensador, Vozes 2019.

Traduzione di M Gavito e S. Toppi.

Amor en tiempos de ira y de odio

Vivimos en el Brasil bolsonariano y en todo el mundo tiempos de ira y de odio, fruto del fundamentalismo y de la intolerancia, como se vio en Sri Lanka donde cientos de cristianos fueron asesinados en el momento en que celebraban la victoria del amor sobre la muerte en la fiesta de resurrección.
Este escenario macabro nos lleva a renovar la esperanza de que, a pesar de todo, el amor es más fuerte que la muerte.

La palabra amor se ha banalizado. Es amor de aquí y amor de allí, amor en todos los anuncios que se dirigen más a los bolsillos que a los corazones. Tenemos que rescatar la sacralidad del amor. No disponemos de un nombre mejor o mayor para imaginar la Última Realidad, Dios, sino diciendo que ella es amor.

Tenemos que innovar nuestro discurso sobre el amor para que su naturaleza y amplitud resplandezca y nos caliente. Para eso es importante incorporar las contribuciones que nos vienen de las distintas ciencias de la Tierra (Fritjof Capra), especialmente de la biología (Humberto Maturana) y de los estudios sobre el proceso cosmogénico (Brian Swimme). Cada vez está más claro que el amor es un dato objetivo de la realidad global, un evento feliz de la propia naturaleza de la cual somos parte.
Dos movimientos, entre otros, presiden el proceso cosmogénico y biogénico: la necesidad y la espontaneidad. La necesidad está en función de la supervivencia de cada ser; por eso uno ayuda al otro, en una red de relaciones incluyentes. La sinergia y la cooperación de todos con todos constituyen las fuerzas más fundamentales del universo, especialmente, entre los seres orgánicos. Es la dinámica objetiva del propio cosmos.

Junto con esa fuerza de la necesidad aparece también la espontaneidad. Los seres se relacionan e interactúan por pura gratuidad y alegría de convivir. Tal relación no responde a una necesidad. Ella se instaura para crear lazos nuevos en razón de cierta afinidad que surge espontáneamente y que produce deleite. Es el universo de lo sorprendente, de la fascinación, de algo imponderable. Es el adviento del amor.
Ese amor se da desde los primerísimos elementos basales, los quarks, que se relacionaron más allá de la necesidad, espontáneamente, atraídos unos por los otros. Surge un mundo gratuito, no necesario pero posible, espontáneo y real.

De esta forma, irrumpe la fuerza del amor que atraviesa todos los estadios de la evolución y enlaza a todos los seres dándoles afecto profundo y belleza. No hay una razón que los lleve a combinarse en lazos de espontaneidad y de libertad. Lo hacen por puro placer y por la alegría de estar juntos.

Se trata del amor cósmico que realiza lo que la mística siempre intuyó: la vigencia de la pura gratuidad. El místico Angelus Silesius dice: “La rosa no tiene un porqué. Florece por florecer. No se preocupa de si la admiran o no. Ella florece por florecer”.

¿No decimos que el sentido profundo de la vida es simplemente vivir? Así el amor florece en nosotros como fruto de una relación libre entre seres libres y con todos los demás seres.

Pero como humanos y autoconscientes podemos hacer del amor, que pertenece a la naturaleza de las cosas, un proyecto personal y civilizatorio: vivirlo conscientemente, crear las condiciones para que ocurra la amorización entre los seres inertes y vivos. Podemos enamorarnos de una estrella distante y establecer una historia de afecto con ella.

El amor es urgente en los días actuales, donde la fuerza de lo negativo, del anti-amor, parece prevalecer. Más que preguntar quién practica actos de terror hay que preguntar por qué fueron practicados. Seguramente el terror surgió porque faltó amor como relación que enlaza a los seres humanos en la bienaventurada experiencia de abrirse y acogerse jovialmente uno al otro.

Digámoslo con todas las palabras: el sistema social y económico mundial imperante no ama a las personas. Ama los bienes materiales, ama la fuerza de trabajo del trabajador, sus músculos, su saber, su producción artística y su capacidad de consumo. Pero no ama gratuitamente a las personas como personas.

Predicar el amor y gritar: “amémonos los unos a los otros como nosotros mismos nos amamos” es ser revolucionario. Es ser absolutamente anticultura dominante.

Hagamos del amor aquello que el gran florentino, Dante Alighieri, testimoniaba: “el amor que mueve el cielo y todas las estrellas”, y nosotros añadimos: el amor que mueve nuestras vidas, amor que es el nombre sacrosanto de la Fuente Originaria de todo Ser, Dios.

*Leonardo Boff es filósofo y teólogo y ha escrito: Reflexiones de un viejo teólogo y pensador, Vozes 2019.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Una niña en el Parlamento inglés: nos están robando el futuro

Publicamos aquí el texto completo del discurso de Greta Thunberg ante los representantes del Parlamento británico. El discurso fue publicado por The Guardian el 23-04-2019 y en Brasil por la IHU el 25/4/19.

El texto no necesita comentarios. Por la voz de una niña de 16 años habla la humanidad entera, preocupada por el futuro que nos está siendo robado o por la civilización que puede terminar miserablemente debido a la irresponsabilidad humana de no cuidar las condiciones que hacen habitable la Casa Común, la Madre Tierra. En este espacio del blog abordamos muchas veces el riesgo de una catástrofe ecológico-social de dimensiones amenazadoras para el sistema-Tierra y el sistema-Vida. Usamos las fuentes científicas más seguras, por formar parte de la Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra (2000), uno de los primeros documentos en lanzar la alarma ecológica. Tal vez los niños sean los protagonistas de un nuevo despertar de la humanidad. Si ya no escuchamos a los niños, nuestros hijos e hijas y nuestros nietos y nietas, perderemos la capacidad de movilizarnos para salvar lo que podemos y debemos salvar. Debemos hacerlo al menos por amor a nuestros familiares a los que no queremos entregarles una Casa Común arruinada y a punto de caer. Lboff.

Este es el texto de la niña en el Parlamento:

Mi nombre es Greta Thunberg. Tengo 16 años. Vengo de Suecia. Y hablo en nombre de las futuras generaciones. Sé que muchos de ustedes no quieren oírnos, dicen que somos sólo niños. Pero sólo estamos repitiendo el mensaje de la ciencia climática unida.

Muchos de ustedes parecen preocupados porque estamos desperdiciando un valioso tiempo de clase, pero les garantizamos que regresaremos a la escuela tan pronto como ustedes comiencen a escuchar a la ciencia y a darnos un futuro. ¿Es realmente pedir mucho?

En el año 2030 tendré 26 años. Mi hermanita Beata tendrá 23. Así como muchos de sus hijos o nietos. Esa es una gran edad, fue lo que nos dijeron. Cuando tienes toda tu vida por delante. Pero no estoy tan segura de que sea tan buena para nosotros.

Tuve la suerte de nacer en un tiempo y lugar donde todos nos hablaban de soñar alto. Yo podría ser lo que quisiera. Podría vivir donde quisiera. Las personas como yo tenían todo lo que necesitábamos y mucho más. Cosas con las que nuestros abuelos no podían soñar. Teníamos todo lo que podríamos desear y, sin embargo, ahora podemos no tener nada.

Ahora, probablemente, ni siquiera tendremos un futuro.

Porque ese futuro fue vendido para que un pequeño número de personas pudieran ganar cantidades inimaginables de dinero. Nos ha sido robado cada vez que ustedes dijeron que el cielo era el límite y que sólo se vive una vez.

Ustedes nos mintieron. Nos dieron falsas esperanzas. Nos dijeron que el futuro era algo para esperar. Y lo más triste es que la mayoría de los niños ni siquiera tienen conciencia del destino que nos espera. No vamos a entender esto hasta que sea demasiado tarde. Y, sin embargo, somos los afortunados. Aquellos que serán más afectados ya están sufriendo las consecuencias. Pero sus voces no serán escuchadas.

¿Está conectado mi micrófono? ¿Pueden oírme?

En el año 2030, dentro de 10 años, 252 días y 10 horas, estaremos en una posición en que se desencadenará una reacción en cadena irreversible más allá del control humano, que probablemente llevará al final de nuestra civilización tal como la conocemos. Es decir, a menos que, en este momento, ocurran cambios permanentes y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad, incluyendo una reducción de las emisiones de CO2 de al menos el 50%.

Noten, por favor, que esos cálculos dependen de invenciones que aún no se han inventado a escala, invenciones que deberían limpiar la atmósfera de cantidades astronómicas de dióxido de carbono.

Además, estos cálculos no incluyen puntos de inflexión imprevisibles y ciclos de realimentación, como el extremadamente poderoso gas metano que escapa del permafrost ártico en rápido derretimiento.

Estos cálculos científicos tampoco incluyen el calentamiento oculto atrapado ya por la contaminación atmosférica tóxica. Ni el aspecto de la equidad –o de la justicia climática– claramente expresado en el Acuerdo de París, que es absolutamente necesario para que esto funcione a escala global.

También debemos tener en cuenta que estos son sólo cálculos. Estimaciones. Esto significa que estos “puntos de no retorno” pueden ocurrir un poco más temprano o más tarde de 2030. Nadie puede estar seguro. Sin embargo, podemos estar seguros de que ocurrirán aproximadamente en esos plazos, porque estos cálculos no son opiniones o suposiciones salvajes.

Estas proyecciones están sostenidas por determinaciones científicas, llevadas a cabo en todas las naciones a través del IPCC. Casi todos los principales órganos científicos nacionales del mundo entero apoyan sin reservas el trabajo y las conclusiones del IPCC.

¿Han oído lo que acabo de decir? ¿Estoy hablando claro? ¿Está conectado el micrófono? Porque estoy empezando a cuestionarme sobre esto.

En los últimos seis meses he viajado por toda Europa durante cientos de horas en trenes, coches y autobuses eléctricos, repitiendo una y otra vez estas palabras que cambian la vida. Pero nadie parece estar hablando de eso, y nada ha cambiado.

Cuando viajo para hablar en diferentes países, siempre me ofrecen ayuda para escribir sobre las políticas climáticas específicas en países específicos. Pero eso no es realmente necesario, porque el problema básico es el mismo en todas partes. Y el problema básico es que básicamente no se está haciendo nada para detener –o incluso retrasar– el colapso climático y ecológico, a pesar de todas las bellas palabras y promesas.

El Reino Unido, sin embargo, es muy especial. No sólo por su impresionante deuda histórica de carbono, sino también por su actual y muy creativa contabilidad de carbono.

Desde 1990, el Reino Unido ha alcanzado una reducción del 37% en sus emisiones territoriales de CO2, según el Global Carbon Project. Y eso suena muy impresionante. Pero esas cifras no incluyen las emisiones de la aviación, las de la navegación ni las asociadas a las importaciones y exportaciones. Si se incluyen estos números, la reducción es alrededor del 10% desde 1990, o una media del 0,4% al año, según el Tyndall Manchester.

La principal razón para esta reducción no es una consecuencia de las políticas climáticas, sino una directriz de la Unión Europea de 2001 sobre la calidad del aire, que esencialmente obligó al Reino Unido a cerrar sus antiguas y extremadamente contaminantes centrales de carbón y sustituirlas por centrales de gas menos contaminantes. Y cambiar de una fuente de energía desastrosa a otra menos desastrosa, por supuesto resultará en una reducción de las emisiones.

Pero el equívoco más peligroso sobre la crisis climática tal vez sea que tenemos que “reducir” nuestras emisiones. Porque eso está lejos de ser suficiente. Nuestras emisiones deben detenerse si queremos no superar de 1,5-2 ºC de calentamiento. La “reducción de las emisiones” es obviamente necesaria, pero es sólo el comienzo de un proceso rápido que debe llevar a parar dentro de unas décadas, o menos. Y por “parar” me refiero a cero líquido y luego rápidamente pasar a números negativos. Esto excluye a la mayoría de las políticas de hoy.

El hecho de estar hablando de “reducir” en vez de “parar” las emisiones tal vez sea la mayor fuerza detrás del continuo “business as usual”. El actual apoyo activo del Reino Unido a la nueva explotación de combustibles fósiles –por ejemplo, la industria del fracking de gas de esquisto en el Reino Unido, la expansión de sus campos de gas y petróleo del Mar del Norte, la expansión de los aeropuertos, así como el permiso para planear una nueva mina de carbón– sobrepasa el absurdo.

Este comportamiento continuado irresponsable, sin duda será recordado en la historia como uno de los mayores fracasos de la humanidad.

La gente siempre me dice a mí y a otros millones de escolares en huelga que debemos estar orgullosos de nosotros mismos por lo que conseguimos. Pero lo único que necesitamos es mirar la curva de emisiones. Y, lo siento, pero esa curva todavía está subiendo. Esa curva es lo único a lo que debemos mirar.

Cada vez que tomamos una decisión deberíamos preguntarnos: ¿cómo afectará esta decisión a esa curva? No deberíamos medir nuestra riqueza y nuestro éxito en el gráfico que muestra el crecimiento económico, sino en la curva que muestra las emisiones de gases de efecto invernadero. No deberíamos simplemente preguntar: “¿Tenemos suficiente dinero para continuar con eso?”, sino también: ¿Ya hemos ahorrado lo suficiente del presupuesto de carbono para gastar en eso?”. Esto debería y debe convertirse en el centro de nuestra nueva moneda.

Muchas personas dicen que no tenemos soluciones a la crisis climática. Y tienen razón. ¿Cómo podríamos tenerlas? ¿Cómo “solucionan” ustedes la mayor crisis que ha enfrentado la humanidad? ¿Cómo “solucionan” ustedes una guerra? ¿Cómo “solucionan” una ida a la Luna por primera vez? ¿Cómo “solucionan” la invención de nuevas invenciones?

La crisis climática es tanto la cuestión más fácil como la más difícil que enfrentamos. La más fácil, porque sabemos lo que debemos hacer. Tenemos que parar las emisiones de gases de efecto invernadero. La más difícil, porque nuestra economía actual todavía depende totalmente de la quema de combustibles fósiles y, con ello, de la destrucción de los ecosistemas, a fin de crear un crecimiento económico duradero.

“Entonces, exactamente, ¿cómo solucionamos eso?” Nos preguntan ustedes a nosotros, los niños y niñas de escuelas que estamos en huelga por el clima.

Y nosotros decimos: “Nadie lo sabe con seguridad, pero tenemos que dejar de quemar combustibles fósiles y restaurar la naturaleza y muchas otras cosas que tal vez no hayamos descubierto.

Entonces, ustedes dicen: “¡Eso no es una respuesta!”

Y nosotros les decimos: “Tenemos que empezar a tratar la crisis como una crisis y a actuar aunque no tengamos todas las soluciones”.

“Eso todavía no es una respuesta”, dicen ustedes

Entonces empezamos a hablar sobre la economía circular y la recuperación de la naturaleza y la necesidad de una transición justa. Y ustedes no entienden de lo que estamos hablando.

Nosotros decimos que todas estas soluciones necesarias no las conoce nadie y por lo tanto debemos unirnos siguiendo a la ciencia y encontrarlas juntos a lo largo del camino. Pero ustedes no escuchan, porque estas respuestas sirven para resolver una crisis que la mayoría de ustedes no entiende completamente. O no quiere entender.

Ustedes no escuchan a la ciencia porque están interesados sólo en soluciones que les permitan seguir adelante como antes. Como ahora. Y esas respuestas ya no existen. Porque ustedes no actuaron a tiempo.

Evitar el colapso del clima exigirá un “pensamiento de catedral”. Debemos echar los cimientos aunque todavía no podamos saber exactamente cómo construir el techo.

A veces simplemente tenemos que encontrar un camino. En el momento en que decidimos realizar algo, podemos hacer cualquier cosa. Y estoy segura de que en el momento en que empecemos a comportarnos como si estuviéramos en una emergencia, podremos evitar la catástrofe climática y ecológica. Los humanos somos muy adaptables: todavía podemos arreglar eso. Pero la oportunidad de hacerlo no durará mucho tiempo. Debemos empezar hoy. No tenemos más excusas.

Nosotros, los niños y niñas, no estamos sacrificando nuestra educación y nuestra infancia para que ustedes nos digan lo que ustedes consideran como políticamente posible en la sociedad que ustedes crearon. Nosotros no hemos venido a las calles para que ustedes se hagan selfies con nosotros y nos digan que admiran verdaderamente lo que hacemos.

Nosotros estamos haciendo esto para despertar a los adultos. Nosotros, los niños y niñas, estamos haciendo esto para que ustedes pongan sus diferencias a un lado y comiencen a actuar como si estuvieran en una crisis. Nosotros estamos haciendo esto porque queremos que vuelvan nuestras esperanzas y nuestros sueños.

Espero que mi micrófono esté conectado. Espero que todos ustedes me hayan oído.