Quinta-feira conforme o cartaz haverá um grande encontro com membros das CEBs, bem populares e pobres para discutir a teologia que eles mesmos fazem a partir de suas práticas de solidariedade. Assistam! É gente que não fala palavras mas coisas, os que nunca contam nem são escutados. Mas tem muitas experiências e dão seu testemunho. Pelo ZOOM lboff
Categoria: Espiritualidade
El principio de autodestrucción y el combate contra la Covid-19
Desde que se lanzaron dos bombas atómicas primarias en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, la humanidad ha creado para sí una pesadilla de la que no ha podido liberarse. Por el contrario, se ha transformado en una realidad que amenaza la vida sobre este planeta y la destrucción de gran parte del sistema-vida. Se han creado armas nucleares mucho más destructivas, químicas y biológicas que pueden acabar con nuestra civilización y afectan profundamente a la Tierra viva.
Aún peor, hemos diseñado la inteligencia artificial autónoma. Con su algoritmo que combina miles de millones de informaciones recogidas en todos los países, puede tomar decisiones sin que nosotros lo sepamos. Eventualmente puede, en una combinación enloquecida, como hemos señalado anteriormente, penetrar en los arsenales de armas nucleares o en otros de igual o mayor poder letal y lanzar una guerra total de destrucción de todo lo que existe, incluso de sí misma. Es el principio de autodestrucción. Es decir, está en manos del ser humano poner fin a la vida visible que conocemos (ella es solo el 5%, el 95% son vidas microscópicas invisibles).
Debemos enseñorearnos de la muerte. Ella puede ocurrir en cualquier momento.
Se ha creado ya una expresión para nombrar esta fase nueva de la historia humana, una verdadera era geológica: el antropoceno, es decir, el ser humano como la gran amenaza al sistema-vida y al sistema-Tierra. El ser humano es el gran satán de la Tierra, que puede diezmar, como un anticristo, a sí mismo y a los otros, a sus semejantes, y liquidar los fundamentos que sostienen la vida.
La intensidad del proceso letal es tan grande que ya se habla de la era del necroceno, es decir, la era de la producción en masa de la muerte. Ya estamos dentro de la sexta extinción masiva. Ahora se ha acelerado irrevocablemente, dada la voluntad de dominación de la naturaleza y de sus mecanismos de agresión directa a la vida y a Gaia, la Tierra viva, en función de un crecimiento ilimitado, de una acumulación absurda de bienes materiales hasta el punto de crear la sobrecarga de la Tierra.
En otras palabras, hemos llegado a un punto en el que la Tierra no consigue reponer los bienes y servicios naturales que le fueron extraídos y comienza a mostrar un proceso avanzado de degeneración a través de tsunamis, tifones, descongelación de los casquetes polares y del permafrost, sequías prolongadas,tormentas de nieve aterradoras y la aparición de bacterias y virus difíciles de controlar. Algunos de ellos como el coronavirus actual pueden llevar a la muerte a millones de personas.
Tales eventos son reacciones y puede que represalias de la Tierra ante la guerra que realizamos contra ella en todos sus frentes. Esa muerte en masa ocurre en la naturaleza, millares de especies vivas desaparecen definitivamente cada año, y en las sociedades humanas, donde millones pasan hambre sed y toda suerte de enfermedades mortales.
Crece cada vez más la percepción general de que la situación de la humanidad no es sostenible. De continuar con esta lógica perversa se va a construir un camino que lleva a nuestra propia sepultura. Demos un ejemplo: en Brasil vivimos bajo la dictadura de la economía ultra neoliberal, con una política de extrema derecha, violenta y cruel para las grandes mayorías pobres
Perplejos, hemos visto las maldades que se han hecho, anulando los derechos de los trabajadores e internacionalizando riquezas nacionales que sostienen nuestra soberanía como pueblo.
Los que en 2016 dieron el golpe contra la presidenta Dilma Rousseff aceptaron la recolonización del país, convertido en vasallo del poder dominante, Estados Unidos, condenado a ser solo un exportador de commodities y un aliado menor y subordinado del proyecto imperial.
Lo que se está haciendo en Europa contra los refugiados, rechazando su presencia en Italia e Inglaterra y peor aún en Hungría y en la muy católica Polonia, alcanza niveles de inhumanidad de gran crueldad. Las medidas del presidente de Estados Unidos, Trump, arrancando a los hijos de sus padres inmigrantes y colocándolos en jaulas, denotan barbarie y ausencia de todo sentido humanitario.
Ya se ha dicho, “ningún ser humano es una isla… no preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti, por mí, por toda la humanidad“. Si grandes son las tinieblas que abaten nuestros espíritus, aún mayores son nuestras ansias de luz. No dejemos que la demencia antes mencionada tenga la última palabra.
La palabra mayor y última que grita en nosotros y nos une a toda la humanidad es de solidaridad y compasión por las víctimas, es por paz y sensatez en las relaciones entre los pueblos. Las tragedias nos dan la dimensión de la inhumanidad de la que somos capaces, pero también dejan surgir lo verdaderamente humano que habita en nosotros, más allá de las diferencias de etnia, ideología y religión. Lo humano en nosotros hace que nos cuidemos juntos, nos solidaricemos juntos, lloremos juntos, nos enjuguemos las lágrimas juntos, recemos juntos, busquemos juntos la justicia social mundial, construyamos juntos la paz y renunciemos juntos a la venganza y a todo tipo de violencia y guerra.
La sabiduría de los pueblos y la voz de nuestros corazones lo confirman: no es un estado convertido en terrorista, como los Estados Unidos bajo el presidente estadounidense Bush, el que vencerá el terrorismo. Ni el odio a los inmigrantes latinos, difundido por Trump, el que traerá la paz. El dialogo incansable, la negociación abierta y el trato justo eliminan las bases de cualquier terrorismo y fundan la paz. Las tragedias que nos golpearon en lo más hondo de nuestros corazones, particularmente la pandemia viral que ha afectado a todo el planeta, nos invita a repensar los fundamentos de la convivencia humana en la nueva fase planetaria, y cómo cuidar la Casa Común, la Tierra, como pide el Papa Francisco en su encíclica sobre ecología integral “sobre el cuidado de la Casa Común” (2015).
El tiempo apremia. Y esta vez no hay un plan B que pueda salvarnos. Tenemos que salvarnos todos, pues formamos una comunidad de destino Tierra-Humanidad. Para eso necesitamos abolir la palabra enemigo. El miedo crea al enemigo. Exorcizamos miedo cuando hacemos del distante un próximo y del próximo, un hermano y una hermana. Alejamos el miedo y al enemigo cuando comenzamos a dialogar, a conocernos, a aceptarnos, a respetarnos, a amarnos, en una palabra, a cuidarnos.
Cuidar nuestras formas de convivir en paz, solidaridad y justicia; cuidar nuestro medio ambiente para que sea un ambiente completo, sin destruir los hábitats de los virus que provienen de animales o de los arborovirus que se sitúan en los bosques, un ambiente en el que sea posible el reconocimiento del valor intrínseco de cada ser; cuidar de nuestra querida y generosa Madre Tierra.
Si nos cuidamos como hermanos y hermanas, las causas del miedo desaparecen. Nadie necesita amenazar a nadie. Podemos caminar de noche por nuestras calles sin miedo a ser asaltados y robados. Este cuidado solo será efectivo si viene acompañado de la justicia necesaria para satisfacer las necesidades de los más vulnerables, si el Estado está presente con medidas sanitarias (lo importante que fue el SUS frente a la Covid-19), con escuelas, con seguridad y con espacios de convivencia, cultura y ocio.
Sólo así disfrutaremos de una paz posible de ser alcanzada cuando hay un mínimo de buena voluntad general y un sentido de solidaridad y benevolencia en las relaciones humanas. Ese es el deseo inquebrantable de la mayoría de los humanos. Esta es la lección que la intrusión de la Covid-19 en nosotros nos está dando y que tenemos que incorporar en nuestros hábitos en los tiempos pos-coronavirus.
*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y ha escrito La Madre Tierra contraataca a la humanidad: advertencias de la Covid-19, que saldrá publicado en breve por la Editorial Vozes.
Traducción de Mª José Gavito Milano
Frei Betto: a international Call against the Bolsonaro’s humanitarian crimes
LETTER TO OUR FRIENDS ABROAD
Frei Betto
Dear Friends,
A genocide is taking place in Brazil! As I write, on 16 July 2020, COVID-19, first detected here in February this year, has already killed 76,000 people. There are already almost two million people affected. By Sunday 19 July we shall reach a total of 80,000 fatalities. It is possible that when you read this dramatic appeal, we shall already have reached 100,000.
When I think that in the Vietnam war, over twenty years, 58,000 lives of US-American military personnel were sacrificed, I grasp the scale and seriousness of what is taking place in my country. This horror causes anger and revulsion. And we all know that precautionary and restrictive measures that have been adopted in so many other countries could have avoided slaughter on such a scale.
This genocide is not the result of the Bolsonaro government’s indifference. It is intentional. Bolsonaro delights in the deaths of others. When he was a member of Congress, he said in a TV interview in 1999: ‘Voting won’t change anything in this country, nothing, absolutely nothing! Change will only come, unfortunately, if one day we engage in a civil war here in Brazil, and do the work the military regime didn’t do: kill 30,000.’
When he voted for the impeachment of President Dilma Rousseff, he dedicated his vote to the memory of the Brazilian army’s most notorious torturer, Colonel Brilhante Ustra.
Because of this great obsession with death, one of his main government policies is allowing the sale of weapons and ammunition. When asked at the entrance to the presidential palace if he wasn’t concerned about the victims of the pandemic, he replied, ‘I don’t believe in these figures (27 March, 92 deaths); ‘We’re all going to die one day’ (29 March, 136 deaths); ‘So what? What do you want me to do?’ (28 April, 5,017 deaths).
Why this necrophiliac policy? From the beginning he stated that the important thing was not to save lives, but to save the economy. That is why he refuses to order a lockdown, follow the guidance of the World Health Organisation and import respirators and personal protection equipment. The Supreme Court had to delegate this responsibility to state governors and city mayors.
Bolsonaro did not even respect the authority of his own ministers of health. Since February Brazil has had two, both sacked for refusing to take the same attitude as the President. Now the ministry is headed by General Pazuello, who has no knowledge of health matters; he had tried to hide the data about the increasing numbers of victims; he has employed 1.249 military personnel in important posts in the ministry, without the necessary qualifications; and he has cancelled the daily interviews from which the population received guidance.
It would take too long to list all the measures to release resources to aid low-income victims and families (over 100 million Brazilians) that were never taken.
The reasons behind the criminal decisions of the Bolsonaro government are clear. Letting the elderly die saves the resources of the Department of National Insurance. Letting those with pre-existing conditions die saves the resources of the national health service, the SUS. Letting the poor die saves the resources of the Family Welfare programme and other social programmes targeting the 52.5 million Brazilians who live in poverty and the 13.5 million that live in extreme poverty (Federal government figures).
Not satisfied with such lethal measures, now, on 3 July the President has vetoed the section of a law that made obligatory the use of masks in shops, places of worship and educational institutions. He has also vetoed the imposition of fines on those who failed to keep the rules and the government’s obligation to distribute masks to the poorest sections of the population, the main victims of COVID-19, and prisoners (750,000). These vetoes, however, do not overturn local legislation that has already made the use of masks obligatory.
On 8 July Bolsonaro overturned three sections of a law approved by the Senate, that obliged the government to supply drinking water and health and cleaning materials, to install internet connections and distribute basic food supplies, seeds and agricultural implements to indigenous villages. He also vetoed emergency funds intended for indigenous health services, and to give indigenous and members of Afro-Brazilian ex-slave quilombola communities emergency aid of R$600 (120 Euros or US$120) for three months. He also vetoed the obligation on the government to provide more hospital beds, ventilators and oxygenation machines to indigenous and ex-slave communities.
Indigenous and ex-slave communities have been decimated by the increasing socio-environmental devastation, especially in the Amazon region.
Please give as much publicity as possible to this crime against humanity. Condemnation of what is happening in Brazil must reach your country’s media, social networks, the UN Human Rights Council in Geneva, and the banks and companies that represent the investors the Bolsonaro government so greedily wants.
Long before The Economist did so, on social media I have been calling the President BolsoNero – while Rome burned he played the fiddle and promoted hydrochloroquine, a drug scientifically shown to have no effect on the new coronavirus. But its manufacturers are political allies of the President…
Thank you for your solidarity in publicising this letter. Only pressure from abroad can halt the genocide that is devastating our dear, wonderful Brazil.
Yours fraternally
Frei Betto
Frei Betto is a Dominican brother and writer, an adviser to the FAO and to social movements.
Frei Betto:una conclamación internacional contra los crimines de lesa-humanidad del Presidente Bolsonaro
CARTA A AMIGOS Y AMIGAS DE TODO EL MUNDO
Frei Betto
Queridos amigos y amigas:
¡En Brasil hay un genocidio! Al momento de escribir, 16 de julio de 2020, el Covid-19, que surgió aquí en febrero de este año, ya habrá matado 76 mil personas. Ya hay más de 2 millones de infectados. Para el domingo 19 de julio, alcanzaremos 80 miertes muertes. Es posible que ahora que lees este llamamiento dramático, las muertes hayan llegado a 100 mil.
Cuando recuerdo que en la Guerra de Vietnam, durante más de 20 años, se sacrificaron 58 mil vidas del personal militar de EE. UU., tengo la medida de la seriedad de lo que está sucediendo en mi país. Este horror causa indignación y molestia. Todos sabemos que las medidas preventivas y restrictivas, adoptadas en tantos otros países, podrían haber evitado tal número de muertos.
Este genocidio no es el resultado de la indiferencia del gobierno de Bolsonaro. Es intencional. Bolsonaro está satisfecho con la muerte de otros. Cuando era diputado federal, en una entrevista televisiva en 1999, declaró: “¡Al votar no cambiarás nada en este país, nada, absolutamente nada! Desafortunadamente, solo cambiará si un día vamos a una guerra civil aquí, y hacemos el trabajo que el régimen militar no hizo: matar a unos 30 mil”.
Al votar a favor del juicio político contra presidenta Dilma, ofreció su voto en memoria del torturador más notorio del ejército: el coronel Carlos Brilhante Ustra.
Debido a que está tan obsesionado con la muerte, una de sus principales políticas gubernamentales es liberar el comercio de armas y municiones. Cuando se le preguntó en la puerta del palacio presidencial si no le importaban las víctimas de la pandemia, respondió: “No creo en esos números” (27 de marzo, 92 muertes); “Todos moriremos algún día” (29 de marzo, 136 muertes); “¿Y qué? ¿Qué quieres que haga?” (28 de abril, 5,017 muertes).
¿Por qué esta política necrofílica? Desde el principio, declaró que lo importante no era salvar vidas, sino la economía. De ahí su negativa a declarar un cierre, cumplir con las pautas de la OMS e importar respiradores y equipos de protección personal. La Corte Suprema tuvo que delegar esta responsabilidad a los gobernadores y alcaldes.
Bolsonaro ni siquiera respetó la autoridad de sus propios ministros de Salud. Desde febrero, Brasil ha tenido dos, ambos despedidos por negarse a adoptar la misma actitud que el presidente. Ahora, al frente del ministerio, está el general Pazuello, que no entiende nada sobre temas de salud; trató de ocultar los datos sobre la evolución del número de víctimas del coronavirus; empleó a 1.249 militares en funciones clave del ministerio, sin que estos tuvieran las calificaciones requeridas; y canceló las conferencias de prensa que eran la vía para que la población recibiera orientaciones.
Sería exhaustivo enumerar aquí cuántas medidas para liberar recursos para ayudar a las víctimas y las familias de bajos ingresos (más de 100 millones de brasileños) nunca se han implementado.
Las razones de la intencionalidad criminal del gobierno de Bolsonaro son evidentes. Dejar morir a los ancianos para ahorrar recursos de la Seguridad Social. Dejar morir las enfermedades preexistentes para ahorrar recursos del SUS (Sistema Unico de Salud), el sistema nacional de salud. Permitir que los pobres mueran para ahorrar recursos del Renta Familia y otros programas sociales para los 52.5 millones de brasileños que viven en la pobreza y los 13.5 millones que están en la pobreza extrema. (Datos del Gobierno federal).
Mucho antes de que lo hiciera el periódico The Economist, en las redes digitales trato al presidente como BolsoNero, mientras Roma arde, él toca la lira y anuncia cloroquina, un medicamento sin eficacia científica contra el nuevo coronavirus. Sin embargo, sus fabricantes son aliados políticos del presidente…
Le agradezco su amable interés en difundir esta carta. Solo la presión del exterior podrá detener el genocidio que está asolando a nuestro amado y maravilloso Brasil.
Fraternalmente,
Frei Betto
Frei Betto es un fraile dominico y escritor, asesor de la FAO y los movimientos sociales. (www.freibetto.org)



