Situación del mundo: ¿crisis civilizacional, drama o tragedia?

Síganme en este pensamiento: ¿alguien puede decir hacia dónde vamos? Ni el Dalai Lama, ni el Papa Francisco ni ninguna autoridad lo podrá decir. Sin embargo tenemos tres advertencias serias: una del Papa Francisco en su última encíclica, Fratelli tutti de 2020: «Estamos en el mismo barco: o nos salvamos todos o no se salva nadie» (n.32). Otra también de la mayor autoridad, la Carta de la Tierra de 2003: «la humanidad debe elegir su futuro y la elección es esta: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida» (Preámbulo). La tercera viene del Secretario General de la ONU António Guterres a mediados de julio de este año de 2022 en una conferencia en Berlín sobre el cambio climático: «Nosotros tenemos esta elección: acción colectiva o suicidio colectivo. En nuestras manos está». La mayoría no se siente en el mismo barco ni cultiva el cuidado y no elabora acciones colectivas.

Consideremos algunos fenómenos: Brasil está atravesado por una ola de odio, de mentiras y de violencia contra una gama inmensa de personas, cobardemente despreciadas y difamadas, ola incentivada por el presidente que elogia la tortura, las dictaduras, viola constantemente la Constitución. Sin ninguna prueba  cuestiona la seguridad de las urnas. Convoca a todos los embajadores para hablar mal de nuestras instituciones jurídicas y da a entender que, si no es reelegido, dará un golpe de estado. Comete un crimen de lesa patria, motivo para impugnar su candidatura. Y no nos referimos al hambre y al desempleo de millones de personas que campea en el país. Además los incendios en la Amazonia y en el Pantanal.

La situación ecológica del mundo no es menos preocupante: en pleno verano europeo el clima ha llegado a los 40 grados o más. Hay incendios prácticamente en todos los países del mundo. Son los eventos extremos agravados por el calentamiento global. En el presente año en nuestro país hemos tenido grandes inundaciones en el sur de Bahía, norte de Minas, del Río Tocantins y del Amazonas y trágicos deslizamientos de laderas en Petrópolis y Angra dos Reis, con innumerables víctimas, y simultáneamente sequía prolongada en el sur.

Hay 17 focos de guerra en el mundo, el más visible de todos en Ucrania atacada por Rusia con alto poder de destrucción. La decisión de los países occidentales, englobados en la OTAN, que tiene como principal actor a Estados Unidos, al establecer “un nuevo compromiso estratégico” y pasar de un pacto defensivo a un pacto ofensivo, ha sido gravísima. Declara ipsis litteris a Rusia como enemigo presente, y más adelante a China. No se trata de un concurrente o adversario, sino de enemigo, al que en la perspectiva del jurista de Hitler Carl Schmitt, cabe combatir y destruir usando todos los medios, inclusive los militares y, en el límite, los nucleares. Como señaló el reconocido economista ecologista Jeffrey Sachs, reforzado por Noam Chomsky: si ocurriera eso, sería el fin de la  especie. Esto sería la gran tragedia.

Tal vez la amenaza más grave nos viene del ya citado calentamiento global acelerado. Con el esfuerzo conjugado de todo los países hasta 2030 se debería limitar el calentamiento a 1,5 grados Celsius. Ahora constamos que se ha acelerado; con la entrada masiva de metano debido al deshielo de los cascos polares y del permafrost se ha anticipado al 2027. El último informe en tres volúmenes del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (conocido por el acrónimo inglés IPCC) publicado hace pocos meses advertía que podría llegar mucho antes. Existe el peligro, apuntado ya anteriormente por la Academia Norteamericana de Ciencias, de un “salto abrupto”, que puede elevar la temperatura 2,7 o más grados Celsius. La conclusión a la que llega el IPCC es «que los impactos en todo el mundo son una amenaza para la humanidad». Gran parte de los organismos vivos no consigue adaptarse y acaba desapareciendo.

De igual manera, multitudes humanas pueden sufrir terriblemente y también morir antes de tiempo. Tal evento puede ocurrir en los próximos 3-4 años. No parece que los analistas y planificadores estén tomando en cuenta esta eventualidad.

De ahí se entiende que algunos científicos del clima, sean tecnofatalistas y escépticos. Afirman que con los miles de millones de toneladas de CO2 y de otros gases de efecto invernadero ya acumulados en la atmósfera (en la que permanecen cerca de 100 años) no estamos en condiciones de impedir el calentamiento global. Hemos llegado demasiado tarde. Los eventos extremos vendrán fatalmente, cada vez más frecuentes y dañinos, devastando partes de los biomas terrestres y de las costas marítimas. Por el hecho de disponer de ciencia y de tecnología podemos solo mitigar los efectos nocivos pero no evitarlos. Es una crisis de nuestro tipo de civilización que se construyó sobre la depredación de los recursos naturales.

A este cuadro dramático hay que añadir la Sobrecarga de la Tierra: consumimos más de lo que ella nos puede ofrecer, pues necesitamos más de una Tierra y media (1,7) para cubrir las demandas del consumo humano, especialmente el suntuoso de las clases opulentas.

Ante este escenario innegablemente dramático, ¿qué pensar? ¿que tal vez ha llegado nuestro turno de ser excluidos de la faz de la Tierra? Dada la voracidad del proceso productivista mundializado que no conoce moderación, cada año están desapareciendo,según el biologo E.Wilson, cerca de 100 mil especies de organismos vivos. Aquí cabe recoger las palabras del eminente naturalista francés Théodore Monod, que hemos citado algunas veces: «somos capaces de una conducta insensata y demente; a partir de ahora podemos temer todo, inclusive la aniquilación de la raza humana: sería el justo precio de nuestras locuras y de nuestra crueldad». Esta opinión es compartida por otras notables personalidades como Toynbee, Lovelock, Rees, Jacquard, y Chomsky entre otros.

No podemos saber cómo será nuestro futuro. Pero no puede ser una prolongación del presente. La naturaleza de la lógica capitalista no cambiará, si no, tendría que renunciar a ser lo que  es y quiere ser: acumular ilimitadamente sin cuidar las externalidades.

Como mostró Hans Jonas en su libro El Principio Responsabilidad, el factor miedo y pavor puede ser decisivo. Al darse cuenta de que puede desaparecer, el ser humano hará todo para sobrevivir, como los navíos antiguos que, en peligro de naufragar, tiraban toda la carga al mar. Habría introducir cambios radicales especialmente en el modo de producción y en el consumo frugal y  solidario.

Existe todavía el principio de lo imponderable y de lo inesperado de la mecánica cuántica. La evolución no es lineal. En momentos de alta complejidad y de gran caos puede dar un salto hacia un nuevo orden y conquistar otro equilibrio. En nuestro caso no es imposible. Pero se hará seguramente con el sacrificio de muchas vidas también humanas. Es nuestro drama.

Finalmente, tenemos la esperanza teologal, el legado judeocristiano, que debe ser entendido también como una emergencia del proceso evolutivo y no como algo exógeno. Ella afirma el principio de la vida y del Dios vivo y dador de vida que creó todo por amor. Él podrá crear condiciones para que los seres humanos cambien hacia otro rumbo de su destino y así puedan salvarse. Pero “chi lo sa”? A nosotros nos cabe el esperanzarse de Paulo Freire, es decir, crear las condiciones para la utopía viable, la esperanza, de que lo inesperado sucederá y que la vida siempre tendrá futuro y está destinada a cambiar para seguir y seguir brillando.

*Leonardo Boff ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra: una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amor universal, Vozes 2021 y Habitar la Tierra, Vozes 2022.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

Stato del mondo: crisi di civiltà, dramma o tragedia?

                     Leonardo Boff

Seguitemi in questo pensiero: qualcuno sa dire dove stiamo andando? Né il Dalai Lama, né papa Francesco, né alcuna autorità potranno dirlo. Nel frattempo abbiamo tre seri avvertimenti: uno di papa Francesco nella sua ultima enciclica ‘Fratelli tutti’ (2020): «Siamo sulla stessa barca: o ci salviamo tutti o non si salva nessuno» (n.32). Un’altra, anche con la massima autorevolezza, la Carta della Terra del 2003: “L’umanità deve scegliere il suo futuro; la scelta è questa: o formare un’alleanza globale per prendersi cura della Terra e degli altri o rischiare la nostra distruzione e la diversità della vita” (Preambolo). Il terzo è arrivato dal segretario generale dell’ONU, António Guterres a metà luglio di quest’anno 2022 in una conferenza a Berlino sui cambiamenti climatici: “Non abbiamo scelta. Azione collettiva o suicidio collettivo. È nelle nostre mani”. La maggior parte non si sente nella stessa barca, né coltiva la cura e nemmeno elabora azioni collettive.

Consideriamo alcuni fenomeni: il Brasile è permeato da un’ondata di odio, di menzogne ​​e di violenze contro una vasta gamma di persone, vilmente disprezzati e diffamati, un’ondata incoraggiata dal Presidente che elogia la tortura, le dittature e viola costantemente la Costituzione. Senza alcuna prova mette in dubbio la sicurezza del voto elettorale. Convoca tutti gli ambasciatori per parlare male delle nostre istituzioni giuridiche e fa capire che se non verrà rieletto, effettuerà un colpo di stato. Commette un crimine di lesa-patria, motivo per impugnare la sua candidatura. Né ci riferiamo alla fame e alla disoccupazione di milioni che imperversano nel paese.

La situazione ecologica mondiale non è meno preoccupante: in piena estate europea il clima ha raggiunto i 40 gradi o più. Ci sono incendi praticamente in tutti i paesi del mondo. Questi sono eventi estremi aggravati dal riscaldamento globale. Nel nostro paese abbiamo assistito quest’anno a: grandi inondazioni nel sud di Bahia, nel nord di Minas, del Rio Tocantins e del Rio delle Amazzoni e tragiche frane a Petrópolis e Angra dos Reis, con numerose vittime e una prolungata siccità nel sud.

Ci sono 17 focolai di guerra nel mondo, il più visibile di tutti in Ucraina attaccata dalla Russia con un alto potere distruttivo. Gravissima è stata la decisione dei paesi occidentali, inglobati nella Nato che ha gli Usa come attore principale, quando hanno stabilito “un nuovo impegno strategico” per passare da un patto difensivo a un patto offensivo. Dichiara ipsis litteris la Russia come il nemico attuale, e più avanti la Cina. Non si tratta di un concorrente o un avversario, ma di un nemico che, dal punto di vista del giurista hitleriano Carl Schmitt, deve essere combattuto e distrutto, con ogni mezzo, compresi quelli militari e, al limite, quelli nucleari. Come ha evidenziato il riconosciuto economista Jeffrey Sachs, rafforzato da Noam Chomsky: se ciò accadesse, sarebbe la fine della specie. Questo significherebbe la grande tragedia.

Forse la minaccia più eminente viene dal suddetto riscaldamento globale accelerato. Con lo sforzo congiunto di tutti i paesi si dovrebbe limitare il riscaldamento a 1,5 gradi Celsius entro il 2030. Ora constatiamo che si è accelerato con il massiccio afflusso di metano dovuto allo scongelamento delle calotte polari e del parmafrost. Si è anticipato rispetto a quanto previsto per il 2027. L’ultimo rapporto in tre volumi dell’IPCC pubblicato pochi mesi fa avvertiva che poteva arrivare molto prima. C’è il rischio, notato in precedenza dall’Accademia Nord-Americana delle Scienze, di un “salto brusco” che può innalzare il clima di 2,7 gradi Celsius o più. La conclusione a cui è giunto l’IPCC è “che gli impatti nel mondo costituiscono una minaccia per l’umanità”. La maggior parte degli organismi viventi non può adattarsi e finisce per scomparire. Allo stesso modo, moltitudini di esseri umani possono soffrire terribilmente e anche morire prima del tempo. Un evento del genere può verificarsi entro i prossimi 3-4 anni. Non sembra che analisti e pianificatori tengano conto di questa eventualità.

Quindi è chiaro che alcuni scienziati del clima siano tecnofatalisti e scettici. Affermano che con i miliardi di tonnellate di CO2 e altri gas serra già accumulati nell’atmosfera (rimangono circa 100 anni) non siamo in grado d’impedire il riscaldamento globale. Siamo arrivati ​​troppo tardi. Gli eventi estremi fatalmente arriveranno, sempre più frequenti e dannosi, devastando parti dei biomi terrestri e delle coste marine. Poiché disponiamo di scienza e tecnologia, possiamo solo mitigare gli effetti dannosi, ma non evitarli. Ecco una crisi del nostro tipo di civiltà.

A questo quadro drammatico si aggiunge il Sovraccarico della Terra: consumiamo più di quello che può offrirci, poiché abbiamo bisogno di più di una Terra e mezza (1,7) per soddisfare le esigenze del consumo umano, soprattutto quello sontuoso delle classi opulente.

Di fronte a questo scenario innegabilmente drammatico, cosa pensare? Forse è arrivata la nostra ora di essere esclusi dalla faccia della Terra? Data la voracità del processo produttivista globalizzato che non conosce moderazione, ogni anno stanno scomparendo circa 100 mila specie di organismi viventi. Qui si adattano le parole dell’eminente naturalista francese Théodore Monod, da noi citato alcune volte: siamo capaci di una condotta insensata e demenziale; d‘ora in poi si può temere tutto, tutto, compreso l’annientamento del genere umano: sarebbe il giusto prezzo della nostra follia e della nostra crudeltà”. Questa opinione è condivisa da altre personalità importanti come Toynbee, Lovelock, Rees, Jacquard, Chomsky tra gli altri.

Non possiamo verificare come sarà il nostro futuro. Ma esso non potrà essere un’estensione del presente. La natura della logica capitalista non cambierà, altrimenti sarebbe obbligato a rinunciare di essere ciò che è e vuole: accumulare illimitatamente senza curarsi delle esternalità.

Come ha mostrato Hans Jonas nel suo libro The Responsibility Principle, il fattore paura e spavento può essere decisivo. Rendendosi conto che può scomparire, l’essere umano farà di tutto per sopravvivere, come le vecchie navi che, rischiando di affondare, gettavano fuori bordo tutto il loro carico. Ci sarebbero cambiamenti radicali soprattutto nei consumi frugali e solidali.

Esiste anche il principio dell’imponderabile e dell’imprevisto della meccanica quantistica. L’evoluzione non è lineare. Nei momenti di grande complessità e di grande caos, puoi fare un salto verso un nuovo ordine e raggiungere un altro equilibrio. Nel nostro caso non è impossibile. Ma sarà sicuramente fatto anche con il sacrificio di vite umane. Questo è il nostro dramma.

Infine, c’è la speranza teologica, l’eredità giudaico-cristiana, che va intesa anche come un’emergenza del processo evolutivo e non come qualcosa di esogeno. Essa afferma il principio della vita e del Dio vivo e donatore della vita che ha creato tutto per amore. Essa sarà in grado di creare le condizioni affinché gli esseri umani si convertano a un altro corso del loro destino e possano così salvarsi. Ma “chi lo sa”? Sta a noi ‘o esperençar’ di Paulo Freire, cioè creare le condizioni per un’utopia praticabile, la speranza che l’insperato accadrà e che la vita sempre avrà un futuro ed è destinata a cambiare per continuare e continuare splendente.

Leonardo boff ha scritto Forse la Terra si salverà, Terra Santa, Roma 2022.

(Traduzione al portoghese per Gianni Alioti)

CONCLAMAÇÃO PELA VIDA E PELA DEMOCRACIA

Este texto, CONCLAMAÇÃO Pela Vida e pela Democracia, nasceu como expressão de amor à pátria, ao povo brasileiro, especialmente, aos milhões de empobrecidos e marginalizadso que passam fome ou se encontram em grave insuficiência nutricional e às famílias que choram as mais de 676 mil vítimas do Coronavírus, a maioria delas, evitáveis.

Nasceu também como protestação contra os verdadeiros crimes cometidos pelo atual presidente contra o povo, os pobres, os povos indígenas, negros,quilombolas,  mulheres, de outra opção sexual e jovens, contra a natureza e a própria humanidade. Especialmente a forma torpe como enxovalhou membros do STF e do TSE e a segurança das urnas eletrônicas diante de 40 embaixadores estrangeiros convocados ao palácio presidencial.

O grande desafio consiste na reconstrução do que foi literalmente destruído e na criação de uma atmosfera de civilidade, de dignidade e de irmandade entre todas as pessoas.

Esse é o sentido desta CONCLAMAÇÃO Pela Vida e pela Democracia ssubscrita principalmente por pessoas ligadas aos direitos humanos, ao trabalho com comunidades de base, por professores universitários, psicólogas, por teólogos e teólogas de várias igrejas, filósofos, por intelectuais e pessoas do meio popular.

               CONCLAMAÇÃO PELA VIDA E PELA DEMOCRACIA

Vivemos tempos dramáticos, como mundo e como país, tempos que nos obrigam a fazer uma opção, especialmente pela forma como o presidente enxovalhou instituições nacionais e pôs em dúvida a segurança das urnas eletrônicas diante de 40 embaixadores de países estrangerios. Somamo-nos à indignação que veio das principais instâncias do país. Por imperativo humano, ético e também espiritual afirmamos:

Somos pela vida, em toda a sua diversidade, especialmente pela vida humana a partir daqueles que menos vida têm, condenados a morrer antes do tempo.

Somos contra a morte produzida pela violência secularmente praticada contra pobres, negros, indígenas, mulheres e LGBTIQ+, e hoje agravada, pois insuflada a partir de cima e naturalizada. Nos insurgimos contra a morte das mais de 676 mil pessoas vitimadas pela Covid-19 que, em grande parte, poderia ter sido evitada se não fosse a irresponsabilidade do governo.

Somos pelo ato de amar que move o céu, as estrelas e nossos corações.

Somos contra armar a população, o que fez disparar o número de mortes violentas na rua, no trânsito e nas casas, como claramente ocorreu em Foz do Iguaçu-PR.

Somos contra o ódio, a difamação, os maus hábitos e a violência simbólica, difundidos pelas redes sociais, Rádios, TVs e imprensa.

Somos pela verdade contra toda a mentira, as fake news e o ocultamento da realidade, como políticas de estado. Consequentemente condemos  orçamento secreto  parlamentar  sem transparência nem indicação clara da aplicção dos bilhões de reais  liberados.

Somos pelo cuidado e pela preservação de nossas riquezas naturais, de nossas florestas e biomas, Amazônia, Mata Atlântica, Cerrado, Caatinga e Pantanal, cada vez mais agredidos e devastados; de nossas águas e solos contaminados pelo excesso de adubação química e dos agrotóxicos.

Somos contra a sistemática devastação de nossos ecossistemas, via mineração, garimpos ilegais em terras indígenas, madeireiras, avanço das pastagens e do gado, da soja, algodão e outras monoculturas do agronegócio, voltadas para a exportação em detrimento da produção de alimentos para a população. Com a disparada dos preços, a fome voltou a rondar a mesa das famílias.

Somos pela defesa de nosso rico patrimônio cultural, pelo incentivo à educação de qualidade para todos, à ciência e à tecnologia para estarmos à altura da complexidade e das demandas de nossa sociedade.

Por esta razão, somos contra e condenamos veementemente a desmonte oficialmente conduzido de nosso  sistema educacional, de nossas instituições científico-técnicas, das universidades públicase do menosprezo de nossas  tradições populares, afro e indígenas.

Somos contra a privatização dos bens que pertencem a todo o povo, como a água, as terras públicas, as áreas de proteção ambiental, a energia, a Eletrobrás e a Petrobrás.

Somos contra um chefe de estado que não pratica as virtudes que deveriam ser abraçadas pelos cidadãos e pelas cidadãs, que é deseducado, usa palavras de baixo calão, exalta a violência e até mesmo a tortura e está permanentemente em conflito com as instituições que regem um estado democrático de direito.

Somos contra as constantes ameaças de uma ruptura institucional, por parte do chefe de estado, ao arrepio da constituição e no desrespeito às leis.

Somos pela democracia como valor universal a ser vivido em todas as instâncias e como forma de organização social, que busca representar os interesses gerais da população e não os interesses dos poderosos, com privilégios acobertados pelo orçamento secreto. Toda destinação de dinheiro público deve ser transparente, acompanhada pelos cidadãos, e auditada pelos Tribunais de Conta e controlada pelo parlamento e por uma imprensa livre.

Somos pela plena liberdade democrática na manifestação das opiniões, no direito de frequentar todos os espaços públicos e de ter acesso aos bens comuns.

Cultivamos a esperança de que a verdade triunfará sobre a falsidade e de que a convivência pacífica entre todos e todas corresponda ao anelo mais profundo do nosso ser.

Estimamos que a democracia representa uma das melhores formas de as pessoas participarem na construção do bem comum e construir relações que propiciem uma vida mais humana e espiritual e que torne mais fácil o amor, a solidariedade e o cuidado recíproco de uns pelos outros e pela Mãe Terra.

Estamos, finalmente, seguros de que a Vida seguirá abrindo uma senda de esperança no caminhar de nossa atribulada sociedade brasileira.

Petrópolis, 21 de julho de 2022.

Maria Helena Arrochellas– Diretora do Centro Alceu Amoroso Lima para a Liberdade/CAALL, Coordenadora Editorial do Boletim REDE de Cristãos e membro do grupo Emaús.

Leonardo Boff – Teólogo,filósofo e Membro da Iniciativa Internacional da Carta da Terra, do Centro de Defesa dos Direitos Humanos/CDDH de Petrópolis, escritor  e  do grupo Emaús.

Márcia Maria Monteiro de Miranda – Educadora popular, Teóloga, Co-fundadora do CDDH de Petrópolis e membro do grupo Emaús.
José Oscar Beozzo– Historiador, Coordenador Geral do Centro Ecumênico de Serviços à Evangelização e Educação Popular/CESEEP e membro do grupo Emaús.

Celso Carias –  professor universitário e do grupo Emaús.

Aurelina de Jesus Cruz Carias (Leu Cruz) Educadora, liturgista, animadora da Comunidade Batismo do Senhor – Duque de Caxias, RJ e membro do grupo Emaús.

Francisco Assis Dias de Araujo

Dayse de Paula Silva

Vilma Baptista

Márcia Cristina Ferreira

Marlene Bartolomeu de Oliveira Silva

Mariana Freire Lopes – Raiz Orgânica Agricultura

Valmira Freire Lopes

Maria Amélia Clemente Coelho

Jorge Luiz de Souza

Jorge Manoel Coelho

Wagner Jorge Clemente Coelho

Tatiana Coelho Gomes da Silva

Vera Neves Pereira

Roberto Martins Gomes da Silva

Umbandistas de Duque de Caxias, RJ

Maria de Lourdes Cruz

Anna Maria Hassel

Marta Aparecida Batista da Silva

Ildete Ferreira Neto

Flavio Luiz Oliva

Rafael Cruz Carias

Marcelo Barros – Monge, escritor, Teólogo niilista e membro do Grupo de Emaus.

Sarah Silva Telles – Socióloga, PUC Rio.

Ivo Lesbaupin -Sociólogo, coordenador do Iser Assessoria e do Gruupo Emaús.
Cesar Kuzma – Teólogo, professor da PUC-Rio, presidente da SOTER e membro do Grupo Emaús.

Rosemary Fernandes da Costa – Professora, assessora do MEL (Movimento de Juventudes e Espiritualidade Libertadora), membro do Grupo Emaús e da Comunidade Batismo do Senhor
Maria Clara Bingemer – Teóloga, Professora do Dpto. Teologia da PUC-Rio.

Cláudio Ribeiro – Pastor Metodista, teólogo, membro do grupo Emaús
Edward Guimarães – Teólogo e Professor Universitário PUC MG
Luiz Carlos Suzin – Teólogo e Professor Universitário PUC Rio Grande do Sul. Professor permanente e pesquisador do programa de pós-graduação em Teologia.
Edson Fernando de Almeida – Teólogo, Pastor da Igreja Cristã de Ipanema, professor universitário e membro do Grupo de Emaús

Anna Paula Florenzano de Almeida – pela Universidade Estadual de Londrina – PR e Pesquisadora Graduada em do Laboratório Interdisciplinar de Pesquisa em Atenção Primária à Saúde (LIPAPS/UERJ).

Rosi Schwantes – Doutora em Ciências da Religião e psicóloga.
Maurício Abdala -Professor de filosofia da UFES e membro da rede nacional de Assessores do Cefep.

Maria Tereza Sartorio – Pedagoga, membro da coordenação do Movimento Nacional Fé e Política, Juiz de Fora – MG

Pedro A. Ribeiro de Oliveira – Sociólogo, professor aposentado da UFJF e PUC-Minas, membro da coordenação do Movimento Nacional Fé e Política, de Juiz de Fora – MG.

Pastora Romi Márcia Bencke – Pastora da IECLB – Conselho Nacional de Igrejas Cristãs.

.

God Will Not Be Mocked

The Rev. Dr. Walter Brueggemann
Organization: Columbia Theological Seminary, Decatur, GA
Denomination: United Church of Christ

Church Anew
Organization: Church Anew – A Ministry of St. Andrew Lutheran Church, Eden Prairie, MN
Denomination: Evangelical Lutheran Church in America

Those who mock the poor insult their Maker;

Those who are glad at calamity will not go unpunished

(Proverbs 17:5; see 14:21, 22:9, 28:3).

The claims and contours of liberation theology are now clearly articulated. In the 1960s and 1970s Roman Catholic theologians, priests, and bishops in Latin America freshly articulated a way to think, speak, and act about social power, social access, and social resources according to the claims of the gospel. That formulation orbits around the phrase, “God’s Preferential Option for the Poor.” That phrase voices the then scandalous, and still scandalous claim that God is partial to poor people, takes poor people as the object of special care and compassion, and sides with poor people in the class war that the powerful constantly wage against the powerless and resourceless. This interpretive stance, reiterated in many variations, causes scripture to be read very differently, and the mission of the church to be understood and practiced very differently.

The gains for the church in this articulation are immense. At the same time, however, it appears to me that this hermeneutical stance has not much penetrated the thinking, talk, or action of the church, including the Protestant denominations that I know best. It certainly has not impinged upon so-called evangelical churches that continue in their privatistic, other-worldly ways. And it has not much influenced progressive churches that mostly remain adamantly “liberal” in practice, something very different from “liberationist.” Because of the slowness of the church’s embrace of a liberationist perspective (and in some cases downright resistance), my simple intent here is to call attention to a new book written by Leonardo Boff in his old age, Thoughts and Dreams of an Old Theologian (Orbis Books, 2022). The book is readily readable and accessible, and will serve well as a study guide for a congregation. Boff, a Brazilian, from the outset has been among the earliest and most important voices in calling the church to liberationist perspective and practice. That perspective inevitably has led to a critical stance against the imperial propensity of the Roman Catholic Church, a stance that Boff labels “institutional arrogance.”

That critical stance has caused Boff (and his brother Clodovis, also a theologian) to be twice silenced by the Vatican under John Paul II. Nonetheless, Boff has continued his courageous work as a theologian and a teacher, who now counts Pope Francis as an ally in the work of liberation.

The book, in nine accessible succinct chapters, sums up a lifetime of research, teaching, and testimony. The outline of the book exhibits Boff following the contours of orthodox Trinitarianism, while he unpacks the tradition in fresh and telling ways. In his brief statement on the intention of Jesus, Boff appeals to “Our Father” and its petition for “our bread” (45). He identifies “three fundamental and inevitable hungers”:

The first hunger is for a meeting with Someone good…our kind Daddy (Abba).

The second hunger is the infinite hunger that is never satisfied, the dream of a full meaning for life… This comes with the name Kingdom of God.

There is yet another hunger… This is our daily bread. Without this material basis, talking about our Father and the Kingdom loses its meaning.

Boff summarizes his view of the church that has gotten him into so much trouble with the hierarchy. He pairs the “The Pauline Dimension (Charism) and the Petrine Dimension (Power)” (62). He distinguishes between “power as service” in Jesus and power “as control” in the Petrine Roman model of the church (65). He critiques the self-absorbed power-seeking of the Petrine Church and contrasts it to “the “Christianity of Popular Culture” in which the practical faith of the church, with its compassion and social awareness, does not linger over the perspective of the clergy elite. For good reason, Boff welcomes the great Dogmatic Constitution of the Church (Lumen Gentium) in Vatican II that saw “the people of God” as moving on in faith without excessive respect for the hierarchical structures of the church (71).

The church is not first and foremost a priestly body that creates communities, but the community of those who responded with faith to the call of God in Jesus through his Spirit. The network of these communities forms the People of God because this is the result of a communal, participatory process… Others arise that are more sporadic, but equally important for maintaining the life of the communities; the service of charity, concern for the poor, the promotion of social justice, particularly human, individual, and social rights, and the rights of nature and Mother Earth (74).

By contrast,

In an ecclesiology that regards the church as a hierarchical society (Petrine), there is no salvation for women in the sense of integration into community services and gifts (Pauline). They are forever marginalized, if not excluded. This state of affairs is incompatible with an ecclesiology that is minimally based on the gospel, which has to incorporate human values because they are also divine values. This is the fundamental reason why we should abandon an exclusively Petrine ecclesiology based on society and hierarchy and build up a Pauline ecclesiology, of community and the People of God (75).

Another recurring, crucial accent in Boff’s work is his deep concern for the earth in his “ecotheology.” He sees in our current thinking and practice two “cosmologies in conflict.” One is a “cosmology of conquest, of power as domination” (83). The alternative is a cosmology “gaining strength, the cosmology of transformation and liberation.” This latter option has received compelling articulation in the encyclical of Pope Francis, Laudato Si, “On Care for our Common Home” (2015). Boff pays attention to the processes of living organisms that grow and are transformed at death:

Behind all beings acts Fundamental Energy, also called the Nurturing Abyss of all being, which gave origin to the universe and keeps it in being, bringing into existence new beings. The most spectacular of these is the living Earth and we human beings with our component of consciousness and intelligence and the mission to care for the Earth (85).

Boff’s critique of the cosmology of domination is acute:

It started from a false premise that we could produce and consume without limit on a limited planet. The premise also assumes that the fictitious abstraction known as money represents the highest value and that competition and the pursuit of individual interest will result in general well-being. As I described earlier, it takes the form of a cosmology of domination. This cosmology has brought the crisis into the sphere of ecology, politics, ethics, and now economics. The eco-feminists have pointed out the close connection between anthropocentrism and patriarchy, which since Neolithic times has been doing violence to women and nature (86-87).

In his penultimate chapter Boff returns to his most elemental insistence:

The supreme and absolute principle of ethics is “Liberate the poor.” The principle is absolute because it governs actions always, in every place and for all. “Free the poor” presupposes (a) the condemnation of a social totality, of a closed system that excludes and produces poor people; (b) an oppressor who produces poor and excluded people; (c) poor people unjustly made poor and so impoverished; (d) taking into account the mechanisms that reproduce impoverishment; (e) the ethical duty to dismantle such mechanisms; (f) the urgency to build an escape route from the system that excludes people; and, finally (g) the obligation to bring about the new system in which all in principle have a role in participation, in justice and solidarity, including nature.

This ethics starts from the poor, but it is not just for the poor. It is for all, since no one looking at the face of an impoverished person can feel indifferent; everyone feels concerned. This ethics is fundamentally an ethics of justice, in the sense of restoring the recognition denied to the vast majority and including them in the society from which they feel—and indeed are—excluded (109).

At the outset of this piece I have placed a proverb that, well ahead of contemporary ecclesial formulation, had already seen the truth of God’s “preferential option for the poor.” The proverb asserts that God is particularly attached to and attentive to the poor, those who do not and cannot participate effectively in the production-consumption benefits of the economy.

I noticed the term “mock” in the proverb. The “mocking” of the poor is equivalent to insulting or scorning the creator who is the God of the poor. The equation is a remarkable formulation of a deep conviction of the gospel. We will do well to notice, in the context of this proverb, how it is that much church theology and practice have assumed that God and poor have no connection, as we have fashioned a faith that is individualized and privatized, or that is other-worldly in its escapism. The proverb insists otherwise. It affirms the inevitable, inescapable linkage of God to the economic realities of society, to the political reality that acknowledges not only the presence of the poor, but the production of the poor through the management and manipulation of the economy. This simple equation in the proverb amounts to a critical principle that contradicts our systemic arrangements and summons us to an alternative practice and policy.

The term “mock” in the proverb has led me, perhaps inevitably, to the assertion of the apostle Paul in a quite different context:

Do not be deceived; God is not mocked, for you reap whatever you sow _(Galatians 6:7).

Paul’s assertion is an insistence that God’s world is morally coherent, that it is a network of causes and effects, of deeds and consequences that are connected and guaranteed by the ordering of the creator. Thus “sow…reap.” Paul affirms that this linkage, guaranteed by the creator God, cannot be outflanked because it embodies the will of the creator God. God’s intention cannot be avoided, and God’s will cannot be mocked, either through neglect or defiance.

Consider for a moment this juxtaposition of texts:

God is not mocked;

God is insulted by the mocking of the poor.

So yes, God is mocked:

God is mocked whenever poor people lack food;

God is mocked whenever the children of poor people must attend inadequate schools;

God is mocked whenever poor people cannot receive adequate or reliable health care;

God is mocked whenever poor people are left homeless and without safe shelter; God is mocked whenever some in our society lack the security and dignity for full humanness among us.

God is mocked by an economic system of greed that does not notice the poor, or the poor are excluded from the wellbeing of the economy. But God will not finally be mocked, because God is in resolved solidarity with poor people. It only remains for us to devise social perspectives, policies, and practices that are congruent with the holy God who is alive, well, and active in the world.

Boff has seen all of this with courageous clarity. Because he is a Roman Catholic teacher and theologian, he has been preoccupied with the way the Roman Catholic Church has colluded in this grotesque distortion of creaturely reality. But of course Boff’s concern runs well beyond the Roman Catholic Church. His insistence and anticipation
is that the “peoples church” cannot be contained in any fearful ideology and that the church may indeed impact the body politic in transformative ways.

Boff concludes his final chapter on spirituality with an appeal to the Eucharist:

And now, beloved Earth, I perform the action Jesus performed in the power of his Spirit. Like him, filled with spiritual power, I take you in my impure hands and pronounce over you the sacred words the universe was hiding and which you longed to hear: “Hoc est enim corpus meum: This is my Body. Hic est sanguis meus. This is my blood.” And then I felt it: what was earth was transformed into Paradise, and what was human life was transformed into divine life. What was bread became God’s body, and what was wine became sacred blood. Finally, Earth, with your sons and daughters, you came to God. You became God by participation. At home, at last. (172).

Boff’s book is well worth sustained attentiveness. It is a fierce wake-up call to the reality of God in whom we trust and to whom we respond; it is this God who will, in the end, not be mocked.

Walter Brueggemann

May 20, 2022

……

Walter Brueggemann is one of the most influential Bible interpreters of our time. He is the author of over one hundred books and numerous scholarly articles. He continues to be a highly sought-after speaker.