La ética de un capitalismo salvaje: la corrupción de las Americanas

El agujero de 20 mil millones de reales en la cadena gigante minorista de las Lojas Americanas acumulado durante años y aumentado con deudas de 43 mil millones de reales tiene muchas facetas. 

La más explícita y vergonzosa es calificar la corrupción que se esconde tras estas cifras con el eufemismo “incoherencias contables”.

El mercado, siempre sensible ante cualquier pequeño movimiento del Estado de orientación social que favorezca a los desposeídos, reacciona con rapidez de modo crítico. Ante estos miles de millones no hamostrado ninguna reacción. Claro, se trata de la complicidad de las mismas mafias financieras, especialmente las especulativas, que ganan sin producir nada.

Los nombres de los principales “socios de referencia” (los verdaderos dueños) son los conocidos multimillonarios Jorge Paulo Lemann, Marcel Telles y Carlos Alberto Sucupira que, con otros bienes que poseen como Burger King, Kraft Henz y particularmente el control del mercado cervecero con InBev, suman 185 mil millones de reales.

En la nota publicada por el trío el día 11 de enero de 2023 se eximen de cualquier conocimiento, tratando a los lectores, que conocen como funciona el capitalismo brasilero, como tontos. 

No me corresponde profundizar en esta cuestión, cosa que ya han hecho los especialistas. Me atengo a lo que me toca como professor de ética y teología que he sido durante muchos años. Pero no quiero olvidar lo que dijo uno de los milionarios, Abilio Diniz que ve razón para no pagar impestos,por que dice, damos trabajo mucha gente. Pero se olvida que esta gente ellos que hace su riqueza milionaria pagando bajos salarios. Para nuestra verguenza las grandes empresas son isentas de impuestos.

Lo que ha occurrido aquí confirma lo que el añorado Darcy Ribeiro afirmaba frecuentemente: el capitalismo brasilero nunca fue civilizado; es uno de los más salvajes del mundo y profundamente egoísta e individualista. Esto nos remite a lo que uno de los mayores pensadores de la actualidad, el filósofo y lingüista Noam Chomsky, amigo de Brasil (su esposa es brasilera), dijo con tristeza: “nunca en mi vida vi a nadie tener tanto desprecio por los pobres y negros de la periferia como a una parte de la élite brasileña”. 

Esto mismo lo confirma en su vasta obra el sociólogo Jessé Souza, especialmente en el clásico La élite del atraso: esta élite marginó vergonzosamente a gran parte de la población pobre y negra, les negó sus derechos, desconoció que son humanos como ella e hijos e hijas de Dios. Cuando se levantaron fueron rápidamente reprimidos e incluso asesinados. 

En otro pasaje enfatiza Noam Chomsky algo que nos ayuda a entender a nuestros corruptos (especialmente a este trío, siempre sonriente): “La idea básica que atraviesa la historia moderna y el liberalismo moderno es la de que el público debe ser marginado. El público, en general, es visto nada más que como ignorantes que interfieren como el ganado desorientado”. Lo que le interesa al capitalismo es tener consumidores, no ciudadanos. No ama a las personas, solo su fuerza de trabajo y la eventual capacidad de consumir.

Ya Aristóteles, uno de los padres de la ética occidental, decía que la primera señal de la falta de ética es la “falta de vergüenza”. Etimológicamente vergüenza viene del latín vereor, que significa respeto, temor reverencial. Cuando falta ese valor de respeto y reverencia fente al semejante, se abre la puerta a cualquier tipo de desvergüenza. 

Los corruptos de los 20 mil millones de las Americanas no muestran la menor vergüenza: se presentan como bienhechores de la sociedad, apoyando a algunas personas (las más dotadas) para estudiar en las mejores universidades del mundo (por ej: Harvard), para ser educados en el espíritu del capitalismo y llevar adelante sus proyectos. No se trata, como es el caso de muchas universidades norteamericanas que son apoyadas por grandes corporaciones que favorecen su mantenimiento e investigación. Nuestros opulentos practican solo ayudas puntuales a personas distinguidas, no ayuda a a los grandes proyectos educativos que benefician a toda la nación por avanzar rumbo al conocimiento y la autonomía. 

Lo más doloroso, sin embargo, es la absoluta falta de sensibilidad de la élite del atraso, que al decir de nuestro mayor historiador mulato Capistrano de Abreu “capó y recapó, sangró y resangró” a la población que salía del régimen colonial, pero mantenía la esclavitud.

Esta ausencia culposa de sensibilidad fue denunciada frecuentemente por uno de los brasileros más beneméritos de los proyectos contra el hambre, por la vida y por la democracia, el siempre recordado Betinho:

“Nuestro mayor problema no es económico, no es político, no es ideológico ni religioso. Nuestro mayor problema es una falta de sensibilidad hacia nuestros semejantes, al que está a nuestro lado”. No oímos su grito de dolor, no vemos su mano extendida esperando algo de comida, ni siquiera vemos sus ojos suplicantes. Pasamos de largo al lado del caído al borde del camino como hicieron bíblicamente el levita y el sacerdote en la parábola del Buen Samaritano. Fue necesario que un despreciado hereje samaritano interrumpiese su viaje, curase sus heridas y lo llevara al sanatorio, dejando todo pagado y si fuese necesario más lo pagaría a la vuelta.

¿Quién es aquí el prójimo?, preguntaba el Maestro: es aquel a quien me aproximo, sin reparar en su condición moral, su religión o el color de su piel. Es un hermano herido que necesita que otro hermano le socorra. 

En Brasil, los cristianos son solo cristianos culturales que no han aprendido nada del Jesús histórico que estaba siempre del lado de la vida, del pobre, del ciego, del cojo y del despreciado. Por eso hay tanta desigualdad social, una de las mayores del mundo. Porque falta sensibilidad, solidaridad, sentido humano, el de tratar humanamente a otro ser humano, su hermano y hermana.

El trío milmillonario y los 318 millonarios (según la revista Forbes) no oyen el clamor que viene de las periferias, de los indígenas que están siendo diezmados por gente del agronegecio, como en Dourados-MT, ni de los miles de yanomamis violentados por la minería ilegal, a los queoficialmente se les negó agua, vacunas, asistencia médica y nutrición básica por parte del gobierno genocida.

En el caso de Brasil, pero sirve también para gran parte de la humanidad, faltó ética y faltó moral. Faltó ética si entendemos por ética la promoción de una vida buena y decente para todos. Faltó moral si entendemos por moral la observancia de las normas y leyes que la sociedad estableció para sí misma para garantizar una vida buena y decente.

Pues bien, faltó ética y moral en los causantes del desfalcomultimillonario de las Americanas. No sabían de los 33 millones de personas con hambre en nuestro país ni de los más de cien millones con insuficiencia nutricional. Si tuviesen un mínimo de sensibilidad ética y moral tratarían de disminuir esta tragedia humana con ayuda de sus fortunas. Pero seguimos así, con el salvajismo de nuestra cultura capitalista, que a través del mercado intenta controlar la economía del país, especialmente si esta se orienta hacia los que más necesitan. 

Recuerdo la clásica frase del filósofo Heráclito (500 aC) que bien decía: “el ethos es el ángel bueno del ser humano”. Entre nosotros, el ethos se mostró demoníaco.

*Leonardo Boff, filósofo y teólogo ha escrito Etica de la vida, Record 2009; Ética y moral: en busca de los fundamentos. Vozes 2003.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

Un Brasile in divenire

“Che Brasile vogliamo” non esce mai dall’agenda delle nostre discussioni, soprattutto nelle basi che subiscono il peso di un tipo di Brasile segnato da immense disuguaglianze e dissanguato dal più perverso governante della nostra storia: Jair Bolsonaro.

Per dare consistenza al progetto-Brasile è importante lavorare su tre assi dialetticamente intrecciati: l’educazione liberatrice, la democrazia integrale e lo sviluppo socio-ecologico. In breve, è necessario sviluppare un’educazione liberatrice che ci apra a una democrazia integrale, capace di produrre un tipo di sviluppo socialmente giusto ed ecologicamente sostenibile.

Partiamo dal presupposto che la Terra non è più in grado di resistere alla spoliazione prodotta dalla voracità produttivistica e consumistica dell’ethos del capitale. Questo ordine nel disordine dura solo perché si utilizza la forza dura e morbida per mantenere le grandi maggioranze in uno stato di deprivazione cronica. Il 18% della popolazione mondiale consuma irresponsabilmente l’80% delle risorse non rinnovabili senza alcun senso di solidarietà generazionale e di rispetto per il patrimonio naturale di tutta la vita.

Celso Furtado giustamente evidenziava: “La sfida alle soglie del XXI secolo non è altro che cambiare il corso della civiltà, spostando il suo asse dalla logica dei mezzi al servizio dell’accumulazione, in un orizzonte temporale breve, a una logica dei fini in funzione del benessere sociale, dell’esercizio della libertà e della cooperazione tra i popoli” (Brasil, A construção Interrompida, Paz e Terra 1993, p.76).

Nuovo paradigma di sviluppo

Ciò che qui viene postulato è un cambiamento nel paradigma dello sviluppo, essenziale per salvaguardare la natura, salvare l’umanità e rendere possibile un progetto-Brasile alternativo. La Dichiarazione delle Nazioni Unite sul diritto dei popoli allo sviluppo del 18 ottobre 1993 già assimilava questa necessità,  definendo che lo sviluppo è “un processo economico, sociale, culturale e politico globale, che mira al costante miglioramento del benessere di tutta la popolazione e di ciascun individuo sulla base della loro partecipazione attiva, libera e significativa e dell’equa distribuzione dei benefici che ne derivano” (Dichiarazione sul Diritto allo Sviluppo, ECOSOC 18.10.1993). Aggiungiamo anche, in senso di completezza, la dimensione psicologica e spirituale.

Pertanto, si postula che l’economia, in quanto produzione di beni materiali, sia un mezzo per consentire lo sviluppo culturale, sociale e spirituale dell’essere umano. Erronea e dalle funeste conseguenze è la visione che intende l’essere umano appena come un essere bisognoso e desideroso di accumulazione illimitata e, quindi, dell’economia come crescita illimitata, come se fosse solo un animale affamato e non un essere creativo, con fame di bellezza, di comunione e di spiritualità. Papa Francesco, nell’enciclica Laudato Si, chiama questo presupposto una “menzogna” (n.106).

È necessario produrre e consumare ciò che è necessario e decente e non produrre e consumare ciò che è superfluo, eccessivo e abusivo. Abbiamo bisogno di passare da un’economia di produzione illimitata a un’economia multidimensionale di produzione sufficientemente generosa, per tutti gli esseri umani e anche per gli altri esseri della comunità di vita a cui apparteniamo.

Il soggetto centrale dello sviluppo, pertanto, non è la merce, il mercato, il capitale, il settore privato e lo Stato, ma l’essere umano e gli altri esseri viventi, come lo enfatizzano i principali documenti sull’ecologia.

Costruzione della democrazia integrale

È in questo contesto che si pone la questione della democrazia integrale. In primo luogo, come valore universale da essere vissuto in tutti gli ambiti in cui gli esseri umani incontrano altri esseri umani, nelle relazioni familiari, comunitarie, produttive e sociali. In seguito come forma di organizzazione politica. Sarebbe il sistema che garantisce a ciascuno e a tutti i cittadini la partecipazione attiva e creativa in tutte le sfere del potere e della conoscenza della società. Questa democrazia sarebbe per definizione popolare (più ampia della democrazia borghese e liberale), solidale (non escluderebbe nessuno, in ragione del genere, della razza e ideologia), rispettosa delle differenze (pluralista ed ecumenica), socio-ecologica perché includerebbe come cittadini e soggetti di diritti anche l’ambiente, i paesaggi, i fiumi, le piante e gli animali, in una parola una democrazia veramente integrale.

Per essere cittadino-soggetto sono necessari tre processi: il primo, l’empowerment, cioè la conquista del potere per essere soggetto personale e collettivo di tutti i processi relativi al proprio sviluppo personale e collettivo; il secondo è la cooperazione andando oltre alla competizione e alla concorrenza, motore della cultura del capitale, che rende i cittadini protagonisti del bene comune. Il terzo, l’autoeducazione continua per esercitare la propria cittadinanza e con-cittadinanza insieme ad altri soggetti. Come affermava Hannah Arendt: alcuni possono conoscere la vita intera senza auto-educarsi.

Educazione alla prassi

È a questo punto che lo sviluppo centrato sull’essere umano e nella democrazia integrale si articolano con l’educazione integrale. L’educazione integrale è un processo pedagogico permanente che coinvolge tutti i cittadini nelle loro diverse dimensioni e mira ad educarli all’esercizio sempre più pieno del potere, sia nell’ambito della loro soggettività sia in quello delle loro relazioni sociali. Senza questo esercizio di potere solidale e cooperativo, non ci sarà democrazia integrale né sviluppo centrato sulla persona e sulla natura e, per questo, l’unico veramente sostenibile.

La pratica, quindi, è la fonte originaria dell’apprendimento e della conoscenza umana, poiché l’essere umano è per sua natura, un essere pratico. La sua esistenza non è riducibile a un dato, ma costituisce un fatto, un compito che richiede una pratica di costruzione permanente. Non avendo un organo specializzato, lui deve continuamente costruire se stesso e il suo habitat attraverso pratiche culturali, sociali, tecniche e spirituali. L’economista ed educatore popolare Marcos Arruda, discepolo di Paulo Freire, lo ha sottolineato a fondo nel suo libro Tornar o real possível (Vozes 2003).

Vale la pena riconoscere che la conoscenza da sola non trasforma la realtà; trasforma la realtà solo la conversione della conoscenza in azione. Per prassi intendiamo proprio questo movimento dialettico tra la conversione della conoscenza in azione trasformatrice e la conversione dell’azione trasformatrice in conoscenza. Questa conversione non solo cambia la realtà, ma cambia anche il soggetto.

La prassi, pertanto, è il cammino di tutti nella costruzione della coscienza umana e universale. È accessibile a tutti gli esseri umani che hanno una pratica. Il lavoratore manuale per apprendere non ha, quindi, bisogno di memorizzare una quantità illimitata di contenuti. L’essenziale è che impari a pensare alla sua pratica individuale e sociale, articolando il locale con il globale e viceversa.

L’educazione alla prassi mira a raggiungere questi tre obiettivi principali:

  1. L’appropriazione di strumenti adeguati per pensare alla propria pratica individuale.
  2. L’appropriazione della conoscenza scientifica, politica, culturale e spirituale accumulata dall’umanità nel corso della storia per garantirgli la soddisfazione dei suoi bisogni e realizzare le sue aspirazioni.
  3. L’appropriazione di strumenti per la valutazione critica della conoscenza accumulata, riciclandola e aggiungendole nuovi saperi che comprendono l’affettività, l’intuizione, la memoria biologica e storica contenuta nel proprio corpo e nella psiche, i sensi spirituali come l’etica o l’unità del Tutto, la bellezza, la trascendenza e l’amore.

Educazione: la più grande rivoluzione

Investire nell’educazione, come ripeteva sempre Darcy Ribeiro, è inaugurare la più grande rivoluzione che possa mai realizzarsi nella storia, la rivoluzione della coscienza che si apre al mondo, alla sua complessità e alle sfide di ordine che esso presenta. Investire nell’educazione è fondare l’autonomia di un popolo e garantirgli le basi permanenti per la sua ripresa di fronte a crisi che possono scuoterlo o disgregarlo, come è avvenuto attualmente dopo la devastazione dell’ignobile governo Bolsonaro. Investire nell’educazione è investire nella qualità della vita sociale e spirituale delle persone. Investire nell’educazione significa investire in manodopera qualificata. Investire nell’educazione garantisce una maggiore produttività.

Lo stato brasiliano non ha mai promosso la rivoluzione educativa. È un ostaggio storico delle élite proprietarie che hanno bisogno di mantenere il popolo nell’ignoranza e nella mancanza di cultura per nascondere la perversità del loro progetto sociale, che è quello di riprodurre i propri privilegi e perpetuarsi nel potere.

Il progetto-Brasile, del Brasile in divenire, farà della rivoluzione educativa la sua più grande leva, creando lo spazio affinché le persone possano esprimere la loro alta capacità di creazione artistica e inventiva pratica, finalmente, per modellarsi come vorrebbero dare forma a se stessi.

Arruda, M., e Boff L., Globalização: desafios socioeconômicos, éticos e educativos, Vozes 2000; L. Boff, Brasil: concluir a refundação ou prologar a dependência, Vozes 2018.

(traduzione dal portoghese di Gianni Alioti)

       Um Brasil em fazimento

                              Leonardo Boff

“Que Brasil queremos” nunca sai da pauta de nossas discussões, especialmente na bases que sofrem o peso de um tipo de Brasil marcado por imensas desigualdades e sangrado pelo perverso governnante de nossa história:Jair Bolsonaro.

Para dar consistência ao projeto-Brasil importa trabalhar  sobre três eixos dialeticamente imbricados: a educação libertadora, a democracia integral e o desenvolvimento socio-ecológico. Resumidamente, mister se faz  desenvolver  uma educação libertadora que nos abra para uma democracia integral, capaz de produzir um tipo de desenvolvimento socialmente justo e ecologicamente sustentado.

Partimos do pressuposto de que a Terra não tem mais condições de aguentar a depredação produzida pela voracidade produtivista e consumista do ethos do capital. Esta ordem na desordem somente perdura porque se utiliza a força dura e doce  para manter as grandes maiorias  em estado de penúria crônica. 18% da população mundial consome irresponsavelmente 80% dos recursos não-renováveis com nenhum  sentido de solidariedade generacional e de respeito ao patrimônio natural de toda a vida.

       Com acerto assinalava Celso Furtado: “O  desafio que se coloca no umbral do século XXI é nada menos do que mudar o curso da civilização, deslocar o seu eixo da lógica dos meios a serviço da acumulação, num curto horizonte de  tempo, para uma lógica dos fins em função do bem-estar social, do exercício da liberdade e da cooperação entre os povos” (Brasil, A construção interrompida, Paz e Terra 1993. p.76).

Novo paradigma de desenvolvimento

O que se aqui se postula é uma mudança no paradigma do desenvolvimento, indispensável para resguardar a natureza, salvar a humanidade e possibilitar um projeto-Brasil alternativo. A Declaração sobre o Direito dos Povos ao Desenvolvimento da ONU de 18 de outubro de 1993 assimilava já esta necessidade ao definir que o desenvolvimento é “um processo econômico, social, cultural e político abrangente, que visa o constante melhoramento do bem-estar de toda a população e de cada indivíduo na base de sua participação ativa, livre e significtiva e na justa distribuição dos benefícios resultantes dele”(Declaration on the Right to Development, ECOSOC  18.10.1993). Nos acrescentaríamos ainda, no sentido da integralidade, a dimensão psicológica e espiritual.

Portanto, postula-se que a economia, como produção dos bens materiais é meio para a possibilitar o desenvolvimento cultural, social e espiritual do ser humano. Errônea e com funestas consequências  é a visão que entende o ser humano apenas como um ser de necessidades e de desejo de acumulação ilimitada e por isso da economia como crescimento ilimitado, como se ele fosse meramente um animal faminto e não um ser criativo, com fome de beleza, de comunhão e de espiritualidade. O Papa Francisco na encíclica Laudato Si,chama este pressuposição de “mentira”(n.106).

Faz-se mister produzir e consumir o que é necessário e decente e não produzir e consumir o que é supérfluo, excessivo e abusivo. Precisamos passar de um economia da produção ilimitada para uma economia multidimensional da produção do suficiente generoso, para todos os humanos  e também para os demais seres da comunidade de vida à qual pertencemos.

O sujeito central do desenvolvimento, portanto, não  é a mercadoria, o mercado, o capital, o setor privado e o estado, mas o ser humano e os demais seres vivos como os principais documentos sobre a ecologia o enfatiazam

Construção da democracia integral

É dentro deste  contexto que se planteia a questão da democracia integral. Primeiro como valor universal a ser vivido em todos os âmbitos onde o ser humano se encontra com outro ser humano, nas relações familiares, comunitárias, produtivas e sociais. Em seguida como forma de organização política. Seria o sistema  que garante a cada um e a todos os cidadãos a participação  ativa e criativa em todas as esferas de poder e de saber da sociedade. Essa democracia seria por definição popular (mais ampia que a democracia burguesa e liberal), solidária (não excluiria ninguém, em razão de gênero, de  raça e ideologia), respeitadora das diferenças (pluralista e ecumênica), sócio-ecológica porque incluiria como cidadãos e sujeitos de direitos também o meio-ambiente, as paisagens, os rios, as plantas e os animais,  numa palavra, uma democracia verdadeiramente integral. 

Para ser cidadão-sujeito são exigidos três processos: o primeiro, o empoderamento, isto  é, a conquista de poder  para ser sujeito pessoal e coletivo de todos os processos relacionados com o seu desenvolvimento pessoal e coletivo; o segundo  é  a cooperação para além da competição  e da concorrência, motor da cultura do capital, que faz dos cidadãos protagonistas do bem comum. O terceiro, a auto-educação continua para exercer sua cidadania e con-cidadania junto com outros sujeitos. Como asseverava Hannah Arendt: alguem pode  conhecer a vida inteira sem se auto-educar.

 Educação da práxis

É nesse ponto que o desenvolvimento centrado no ser humano e na democracia integral   se articula com  a educação integral. A educação integral é um processo pedagógico permanente que abrange a todos os cidadãos em suas várias dimensões e que visa educá-los no exercício sempre mais pleno do poder, tanto na esfera de sua subjetividade quanto na de suas relações sociais.  Sem esse exercício de poder solidário e cooperativo não surgirá uma democracia integral nem um desenvolvimento centrado na pessoa e na natureza e por isso  o único verdadeiramte sustentado.

A prática, portanto, é a fonte originária do aprendizado e do conhecimento humano, pois o ser humano é por natureza constitutiva, um ser prático. Ele não tem a existência como um dado, mas como um feito, como uma tarefa que exige uma prática de permanente construção. Não tendo nenhum órgão especialiado, ele tem que continuamente se construir a si mesmo e o seu habitat pela prática cultural, social, técnica e espiritual. Isso o sublinhou com profundidade o economista e educador popular Marcos Arruda,discípulo de Paulo  Freire, em seu  livro Tornar o real possível (Vozes 2003). 

Cabe reconhecer que  cohecimento sozinho não transforma a realidade; transforma a realidade somente  a conversão do conhecimento em ação.     Entendemos por práxis exatamente esse movimento dialético entre  a conversão do conhecimento em ação transformadora e a conversão da ação transformadora em conhecimento. Essa conversão não apenas muda a realidade, mas muda também o sujeito.

Práxis, portanto, é o caminho de todos na construção da consciência humana e universal. É acessível a todos os humanos que têm uma prática. O trabalhador manual, portanto, não precisa,  para aprender,  memorizar uma quantidade ilimitadada de conteúdos. O essencial é que aprenda a pensar a sua prática individual e social, articulando o local com o global e vice-versa.

A educação da práxis visa atingir esses três objetivos principais:

A  apropriação dos instrumentos adequados para pensar a sua prática individual.

Apropriação do conhecimento científico, político, cultural e espiritual acumulado pela humanidade ao longo da história para garantir-lhe a satisfação de suas necessidades e realizar suas aspirações.

       Apropriação dos instrumentos de avaliação crítica do conhecimento acumulado, reciclá-lo e acrescentar-lhe novos conhecimentos que incluam a afetividade, a intuição, a memória biológica e histórica contida no próprio corpo e na psiqué, os sentidos espirituais como da ética, o da unidade do Todo, da beleza, da transcendência e do amor.

       Educação: a maior revolução

Investir em educação, como sempre repetia Darcy Ribeiro, é inaugurar a maior revolução que se poderá realizar na história, a revolução da consciência que se abre ao mundo, à sua complexidade e aos desafios de ordenação que apresenta. Investir na educação é fundar a autonomia de um povo e garantir-lhe as bases permanentes de seu refazimento face a crises que o podem abalar  ou desestruturar como atualmente ocorreu após a devastação do ignóbil governo Bolsonaro. Investir em educação é investir na qualidade de vida social e espiritual do povo. Investir em educação é investir em mão de obra qualificada. Investir em educação é garantir uma produtividade maior.

O estado brasileiro nunca promoveu a revolução educacional. É refém histórico das elites proprietárias que pecisam manter o povo na ignorância e na incultura para ocultar a perversidade de seu projeto social que é reproduzir seus privilégios e perpetuar-se no poder.

O projeto-Brasil, do Brasil em fazimento, fará da revolução educacional sua alavanca maior, criando o espaço para o povo poder expressar sua alta capacidade de criação artística e inventividade prática, finalmente, para plasmar-se a si mesmo como gostaria de se plasmar.

Arruda, M., e Boff, L.,Globalização: desafios socioeconômicos, éticos e educativos, Vozes 2000; L.Boff, Brasil: concluir a refundação ou prologar a dependência, Vozes 2018.

Un Brasil en construcción

Leonardo Boff

“Qué Brasil queremos” nunca sale del orden del día de nuestras discusiones, especialmente en las bases que sufren el peso de un tipo de Brasil marcado por inmensas desigualdades y sangrado por el perverso gobernante de nuestra historia: Jair Bolsonaro.

Para dar consistencia al proyecto-Brasil es importante trabajar sobre tres ejes dialécticamente imbricados: la educación liberadora, la democracia integral y el desarrollo socio-ecológico.

Resumiendo, es preciso desarrollar una educación liberadora que nos abra a una democracia integral, capaz de producir un tipo de desarrollo socialmente justo y ecológicamente sostenible.

Partimos del supuesto de que la Tierra ya no tiene condiciones para soportar la depredación producida por la voracidad productivista y consumista del ethos del capital. Este orden en el desorden perdura solamente porque se utiliza la fuerza pura y dura para mantener a las grandes mayorías en estado de penuria crónica. El 18% de la población mundial consume irresponsablemente el 80% de los recursos no renovables sin sentido de solidaridad generacional ni de respeto por el patrimonio natural de toda la vida.

Con acierto señalaba Celso Furtado: «El desafío que se plantea en el umbral del siglo XXI es nada menos que cambiar el curso de la civilización, desplazar en un corto horizonte de tiempo su eje desde la lógica de los medios el servicio de la acumulación hacia una lógica de los fines en función del bienestar social, del ejercicio de la libertad y de la cooperación entre los pueblos» (Brasil, A construção interrompida, Paz e Terra 1993. p.76).

Nuevo paradigma de desarrollo

Lo que se postula aquí es un cambio del paradigma de desarrollo, indispensable para resguardar la naturaleza, salvar a la humanidad y hacer posible un proyecto-Brasil alternativo.

La Declaración de la ONU sobre el Derecho de los Pueblos al Desarrollo, del 18 de octubre de 1993, asimilaba ya esta necesidad al definir que el desarrollo es «un proceso económico, social, cultural y político abarcador, que busca la mejoría constante del bienestar de toda la población y de cada individuo en base a su participación activa, libre y significativa y en la justa distribución de los beneficios resultantes del mismo» (Declaration on the Right to Development, ECOSOC 18.10.1993). Nosotros añadiríamos, con sentido de integralidad, la dimensión psicológica y espiritual.

Por lo tanto, se postula que la economía, como producción de los bienes materiales, es un medio para posibilitar el desarrollo social, cultural y espiritual del ser humano. Es errónea y de funestas consecuencias la visión que entiende al ser humano solo como un ser de necesidades y de deseo de acumulación ilimitada, y por eso la economía como crecimiento ilimitado, como si fuese meramente un animal hambriento y no un ser creativo con hambre de belleza, de comunión y de espiritualidad. El Papa Francisco en la encíclica Laudato Si, llama a este supuesto “mentira” (n.106).

Es necesario producir y consumir lo que es necesario y decente y no producir ni consumir lo que es superfluo, excesivo y abusivo. 

Es necesario pasar de una economía de producción ilimitada a una economía multidimensional de producción de lo suficiente generoso para todos los humanos y también para todos los demás seres de la comunidad de vida a la cual pertenecemos. 

El sujeto central del desarrollo no es por lo tanto la mercancía, el mercado, el capital, el sector privado y el estado, sino el ser humano y los demás seres vivos como resaltan los principales documentos sobre ecología.

Construcción de la democracia integral

Dentro de este contexto se plantea la cuestión de la democracia integral. Primero como valor universal a ser vivido en todos los ámbitos donde el ser humano se encuentra con otro ser humano, en las relaciones familiares, comunitarias, productivas y sociales.

Después, como forma de organización política. Sería el sistema que garantiza a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas la participación activa y creativa en todas las esferas de poder y de saber de la sociedad. Esa democracia sería por definición popular (más amplia que la democracia burguesa y liberal), solidaria (no excluiría a nadie por razón de género, de raza ni de ideología), respetuosa de las diferencias (pluralista y ecuménica), socio-ecológica porque incluiría también como ciudadanos y sujeto de derechos al medio-ambiente, los paisajes, los ríos, las plantas y los animales, en una palabra, sería una democracia verdaderamente integral.

Para ser ciudadano-sujeto se exigen tres procesos: 

primero, el empoderamiento, es decir, la conquista de poder para ser sujeto personal y colectivo de todos los procesos relacionados con su desarrollo personal y colectivo; 

segundo, la cooperación que, más allá de la competición y la competitividad, el motor de la cultura del capital, hace a los ciudadanos protagonistas del bien común; 

tercero, la auto-educación continua para ejercer su ciudadanía y con-ciudadanía con otros sujetos. Como afirmaba Hannah Arendt: uno puede conocer toda la vida sin autoeducarse. 

Educación de la praxis

En este punto el desarrollo centrado en el ser humano y en la democracia integral se articula con la educación integral. La educación integral es un proceso pedagógico permanente que abarca a todos los ciudadanos en todas sus dimensiones y que tiene como objetivo educarlos en el ejercicio siempre más pleno del poder, tanto en la esfera de su subjetividad como en la de sus relaciones sociales. Sin ese ejercicio de poder solidario y cooperativo no surgirá una democracia integral ni un desarrollo centrado en la persona y en la naturaleza y por eso el único verdaderamente sostenible.

La práctica, por lo tanto, es la fuente originaria del aprendizaje y del conocimiento humano, pues el ser humano es, por naturaleza constitutiva, un ser práctico. Él no tiene la existencia como algo acabado, sino como algo a realizar, como una tarea que exige una práctica de construcción permanente. Sin tener ningún órgano especializado, él tiene que construirse continuamente a sí mismo y su hábitat mediante la práctica cultural, social, técnica y espiritual. Esto lo subrayó con profundidad el economista y educador popular Marcos Arruda, discípulo de Paulo Freire, en su libro Tornar o real possível (Vozes 2003).

Cabe reconocer que el conocimiento por sí solo no transforma la realidad; solo transforma la realidad la conversión del conocimiento en acción. Entendemos por praxis exactamente ese movimiento dialéctico entre la conversión del conocimiento en acción transformadora y la conversión de la acción transformadora en conocimiento.

Esa conversión no solo cambia la realidad, cambia también al sujeto. 

La praxis, por lo tanto, es el camino de todos en la construcción de la conciencia humana y universal. Es accesible a todos los humanos que tienen una práctica. El trabajador manual, por lo tanto, no necesita para aprender memorizar una cantidad de contenidos ilimitada. Lo esencial es que aprenda a pensar su práctica individual y social, articulando lo local con lo global y viceversa.

La educación de la praxis tiene como objetivo alcanzar esos tres objetivos principales:

La apropiación de los instrumentos adecuados para pensar su práctica individual.

La apropiación del conocimiento científico, político, cultural y espiritual acumulado por la humanidad a lo largo de la historia para garantizarle la satisfacción de sus necesidades y realizar sus aspiraciones.

La apropiación de los instrumentos de evaluación crítica del conocimiento acumulado, reciclarlo y aumentarlo con nuevos conocimientos que incluyan la afectividad, la intuición, la memoria biológica e histórica contenida en el propio cuerpo y en la psique, los sentidos espirituales como el de la ética, de la unidad del Todo, de la belleza, de la transcendencia y del amor.

Educación: la mayor revolución

Invertir en educación, como repetía siempre Darcy Ribeiro, es inaugurar la mayor revolución que podrá realizarse en la historia, la revolución de la conciencia que se abre al mundo, a su complejidad y a los desafíos de ordenación que presenta. Invertir en educación es fundar la autonomía de un pueblo y garantizarle las bases permanentes para rehacerse ante crisis que pueden destruirlo o desestructurarlo, como ha ocurrido actualmente tras la devastación del innoble gobierno Bolsonaro. Invertir en educación es invertir en calidad de vida social y espiritual de un pueblo. Invertir en educación es asegurar una productividad mayor. 

El estado brasilero nunca promovió la revolución educativa. Es rehén histórico de las élites propietarias que necesitan mantener al pueblo en la ignorancia y en la incultura para ocultar la perversidad de su proyecto social que es reproducir sus privilegios, perpetuarse en el poder.

El proyecto-Brasil, del Brasil que se está construyendo, hará de la revolución educativa su mayor instrumento, creando espacio para que el pueblo pueda expresar su alta capacidad de creación artística e inventiva práctica, en fin, para plasmarse a sí mismo como le gustaría.

*Arruda, M., y Boff, L., Globalização: desafios socioeconômicos, éticos e educativos, Vozes 2000; L.Boff, Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.