El perdón: la grandeza y la dignidad de las víctima de violencia extrema

Leonardo Boff*

Por iniciativa del obispo don Vicente Ferreira, pastor de la región de la tragedia de Brumadino-MG, y del profesor y psicoanalista René Dentz se ha organizado un libro que recoge excelentes estudios sobre el perdón: “Horizontes de Perdón” (Editora Ideias &Letras 2020, pp.180). Su singularidad reside en el hecho de haber recogido ejemplos de perdón de diferentes países con sus culturas y tradiciones propias.

Queremos comentar esta obra por su gran calidad y por abordar un tema de gran actualidad, abordado  también ampliamente por el  Papa Francisco en su encíclica social Fratelli tutti (2020).

El libro “Horizontes de Perdón” tiene como objetivo pensar el perdón a partir del sufrimiento concreto y terrible soportado por víctimas humanas inocentes o por todo un pueblo que ha sido víctima durante siglos. Aquí reside su gran fuerza y también su poder de convencimiento.

Un ejemplo, descrito y analizado por el obispo don Vicente Ferreira y René Dentz, organizador también de esta obra, viene de Brasil, de las tragedias criminales causadas por la ruptura de dos presas de la compañía minera Vale, en Mariana-MG el día 5 de mayo de 2015, que mató a 19 personas y destruyó la cuenca del Rio Doce con 55 millones de metros cúbicos de residuos mineros, y en Brumadinho-MG, el 25 de enero de 2019, con la ruptura de la presa de la misma compañía minera Vale, que causó que 272 personas quedarán enterradas bajo 12,7 millones de metros cúbicos de lodo y residuos.

El libro comienza con un minucioso estudio del obispo don Vicente Ferreira, pastor, poeta, músico y profeta: “Brumadinho: el perdón a partir de las víctimas de crímenes socioambientales”. Le precede un pertinente análisis de coyuntura global, bajo la hegemonía del capital, una máquina de causar  víctimas en todo el mundo. La compañía minera Vale representa la lógica del capital que prefiere el lucro a la vida, y acepta el riesgo de causar centenares de víctimas y de damnificar profundamente la naturaleza. Aun siendo consciente de los daños perpetrados, es reacia a compensar con justicia y equidad a las familias de las personas afectadas. Don Vicente busca comprender el proceso victimador de la globalización del capital mediante las categorías del sociólogo portugués, Boaventura de Souza Santos y la violencia con el psicoanálisis de Sigmund Freud, que frente a nuestra capacidad de superar  la violencia se muestra, en cierta forma, escéptico y resignado.

Don Vicente supera esta resignación con la contribución del mensaje cristiano muy en el espíritu de la Fratelli tutti del Papa Francisco. Esta testimonia el sacrificio de la víctima inocente, del Crucificado, que rompió el círculo de la venganza y del resentimiento perdonando a sus verdugos. Esta visión fue también desarrollada por el pensador René Girard, mencionado en el estudio. Este pensador francés emerge como uno de los que mejor han estudiado la dinámica de la violencia, que se origina por el deseo mimético excluyente (alguien quiere solo para sí un objeto excluyendo a terceros), pero que la propuesta cristiana mostró que este deseo mimético puede ser transformado en incluyente (deseamos juntos y compartimos el mismo objeto) por el perdón incondicional.

Este perdón plantea la exigencia de justicia a ser practicada por aquellos que provocaron el desastre criminal, en este caso los responsables de la compañía minera Vale. Esa lucha, la lleva el obispo con determinación y ternura, con canto, poesía y oración, junto con la comunidad de los sufrientes, que él acompaña incansablemente con un generoso equipo. Cabe citar nuevamente lo que dice la Fratelli tutti: “No se trata de proponer un perdón renunciando a los propios derechos ante un poderoso corrupto… Quien sufre injusticia tiene que defender vigorosamente sus derechos, los de su familia, precisamente porque debe guardar la dignidad que les fue dada, una dignidad que Dios ama” (n.241).

Para entender mejor la dinámica de la violencia y del perdón, algunos autores de avanzadillla fueron: el filósofo francés Paul Ricoeur con su libro La memoria, la historia, el olvido (Paris, Seuil 2000) y Frantz Fanon, Los condenados de la Tierra (1961).

La reconciliación y el perdón no terminan en sí mismos. La Fratelli tutti es inspiradora: “Como enseñaron los obispos de Sudáfrica  la verdadera reconciliación se alcanza de manera proactiva, «formando una nueva sociedad basada en el servicio a los otros, y no en el deseo de dominar; una sociedad basada en compartir con los otros lo que se tiene y no en la lucha egoísta de cada uno por la mayor riqueza posible; una sociedad en la cual el valor de estar juntos como seres humanos es, en último análisis, más importante que cualquier grupo menor, sea la familia, la nación, la etnia o la cultura» (n.213). Y los obispos de Corea del Sur destacaron que una verdadera paz «sólo se puede alcanzar cuando luchamos por la justicia a través del diálogo, buscando la reconciliación y el desarrollo mutuo” (n.229).

Conviene destacar que cada pueblo y cada grupo ha encontrado caminos propios para llegar al perdón. Así, por ejemplo, para los afrodescendientes brasileros es imprescindible para un perdón real que los blancos que los victimaron por la esclavitud, reconozcan la inhumanidad que cometieron, refuercen la identidad africana y les restauren en su dignidad ofendida. Bien se ha dicho: “el perdón es más que una justa justicia, antes es más bien una donación donada a los otros”.

En el Congo Brazzaville, país marcado por sangrientas guerras civiles, el concepto-clave ha sido “palaver”, recurrente en los países al sur del Sáhara. “Palaver” implica buscar la verdad por el diálogo, por la libertad de hablar todos, independientemente de su lugar social y de género, hasta que se elabore un consenso en función de la paz social; todos se perdonan  mutuamente, sin castigar a nadie, pero todos se proponen corregir los errores. El texto muestra cómo ese pacto por la ganancia de poder de grupos y por la vasta corrupción que asola al país, no consiguió prevalecer y tener su sustentabilidad garantizada. Pero valió la pena el intento.

En Sudáfrica, el concepto-clave en el proceso de reconciliación y de perdón, conducido por el arzobispo anglicano Desmond Tutu, ha sido la categoría “Ubuntu”, que expresa fundamentalmente esta profunda verdad antropológica: “yo soy yo a través de ti”. Todos se sienten interligados. La estrategia era: el victimador confiesa su crimen con toda sinceridad; la víctima escucha atentamente y narra su dolor; se restaura la justicia reparadora y restaurativa, eventualmente se acepta una pena curativa, excepto para los crímenes más hediondos de lesa-humanidad, que son enviados al tribunal competente.

Otra contribución trabaja en estudios avanzados de mereología (cómo las partes se relacionan con otras partes, cómo se sitúan en el todo y cómo se mueven dentro de él). Los dos autores del libro articulan los datos con una cierta armonía, base para el perdón, así definido por ellos:

“La superación del afecto negativo y del juicio en relación al ofensor, no negándonos a nosotros mismos el derecho a tal afecto y juicio, pero esforzándonos en ver al ofensor con compasión, benevolencia y amor”.

El presupuesto antropológico es que por más criminal que sea alguien, nunca es solo criminal, jamás deja de ser humano con muchas otras virtualidades también positivas. De la misma manera, por más que la población fuese traída violentamente de África a Brasil para ser esclava, nunca los señores de esclavos consiguieron matarles la libertad. Ellos resistieron y buscaron siempre conservar su identidad cultural y religiosa. El quilombolismo es una prueba de ello, visible todavía hoy en los cientos de quilombos existentes, donde se vive una vida más comunitaria, igualitaria, en la línea del “Ubuntu”.

Sin embargo, hasta que no se abandone el resentimiento y el espíritu de venganza, no se abrirá el camino al verdadero perdón. No se trata de olvidar, sino de no ser más rehén de un interminable ciclo de amargura y de tristeza.

En este punto de perdón generoso, el cristianismo mostró su capital humanístico. Como lo muestra el texto de don Vicente y especialmente el de Colombia que lo expresa así: perdonar lo imperdonable no es solo una muestra de cómo el espíritu humano puede revelar su transcendencia, su capacidad de ir más allá de cualquier situación por inhumana que se presente, es sobre todo un don de la gracia divina. Perdonamos porque fuimos perdonados por Dios y por Cristo cuya misericordia no sufre ninguna limitación.

La justicia es irrenunciable, pero no es ella quien escribe la última página de la historia de la humanidad. El filósofo Roger Icar respondió excelentemente a Wiesenthal, que buscaba por todo el mundo a los criminales nazis: “El perdón sin justicia revela debilidad, pero la justicia sin perdón representa una fuerza inhumana”.

Estos textos revelan la excelencia de las reflexiones sobre el perdón, uno de los mejores publicado en los últimos tiempos. La parte inhumana del ser humano puede, mediante el perdón y la reconciliación, ser rescatada y transformada. Esta es la gran lección que quiere trasmitir esta notable obra Horizontes de perdón, tan bien organizada por el obispo-pastor don Vicente de Brumadinho y por el erudito psicoanalista René Dentz.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y a propósito del tema ha escrito Pasión de Cristo-Pasión del mundo, Vozes 1977; Principio de compasión y de cuidado, Vozes 2009; Reflexiones de un viejo teólogo y pensador,

Vozes 2018.

Traducción de María José Gavito Milano

En medio de la pandemia:la urgencia del Espíritu de vida

Leonardo Boff*

En plena pandemia, con miles de muertos cada día, celebramos la fiesta de Pentecostés, del Espíritu dador de vida y sanador. Su actuación junto a todos los que están en primera línea del combate a la Covid-19 es urgente para mantenerlos vivos, protegidos y con el ánimo heroico de continuar  en su misión de salvar vidas, poniendo en peligro las suyas propias. El himno litúrgico de la fiesta de hoy dice que es el “consolador óptimo y el dulce refrigerio”. Más que nunca debe mostrarse con estos dones a todos los que trabajan en los hospitales.

Reflexionemos un poco sobre la naturaleza del Espíritu Santo y su relevancia para la vida y para el dramático momento actual.

En primer lugar es importante decir que el Espíritu fue el primero en llegar a este mundo, y sigue llegando todavía.Vino y armó su tienda sobre María de Nazaret. Es decir, fijó su morada permanente en ella (Lc 1,35) y elevó lo femenino a la altura de lo Divino.

De esta presencia suya se originó la santa humanidad del Hijo de Dios. El Verbo armó su tienda (Jn 1,14) en el hombre Jesús, engendrado por María. En un momento de la historia, ella, la simple mujer de Nazaret, es el templo de Dios vivo: en ella habitan dos Personas divinas: el Espíritu que la hace “bendita entre todas las mujeres” (Lc 1,42) y el Hijo de Dios, creciendo dentro de ella, de quien es verdaderamente madre.

Después, el Espíritu descendió sobre Jesús cuando fue bautizado por Juan Batista (Mt 3,16) y lo inflamó para su misión liberadora. Descendió sobre la primera comunidad reunida en Jerusalén (Hch 2,1-3), en la fiesta de Pentecostés, haciendo nacer la Iglesia. Continuó descendiendo, independientemente de si las personas eran cristianas y bautizadas o no, como ocurrió con el oficial romano Cornelio, pagano todavía (Hch 11,45). Y en toda la historia ha venido siempre antes que los misioneros, haciendo que en el corazón de los pueblos prevalezca el amor, se cultive lajusticia y se viva la compasión, todos señales de la presencia del Espíritu. Una vez entrado en la historia nunca más la dejó. Toma lo que es de Jesús, lo pasa adelante, pero también “anuncia cosas nuevas que han de venir” (Jn 16,13).

Por el Espíritu irrumpen los profetas, cantan los poetas, crean los artistas, y las personas practican el bien, lo justo y lo verdadero. Del Espíritu se moldean los santos y santas, especialmente aquellos que entregan su propia vida para la vida de los otros, como ahora los que trabajan, casi hasta la extenuación, en los hospitales de todoslos paises y del mundo.

También por el Espíritu viejas y crepusculares instituciones de repente se renuevan y prestan el servicio necesario a las comunidades, como lo está haciendo el Papa Francisco y también otras Iglesias cristianas.

El mundo está grávido del Espíritu incluso cuando el espíritu de la iniquidad persevera en su obra, hostil a la vida y atodo lo que es sagrado y divino. Eso está ocurriendo en nuestro país con un gobernante más amigo de la muerte que de la vida. 

Quien se siente más perjudicado en este momento, sin casa adecuada para morar, sin saber lo que va a comer el día siguiente, sin trabajo y sin ninguna seguridad contra los ataques del virus letal es el pobre. Hoy son millones. Los pobres gritan. Y Dios, que es el Dios del grito, es decir, aquel que escucha el grito del oprimido, deja su transcendenciay baja para escucharlos y liberarlos, como en el caso del cautiverio en Egipto (cf. Ex 4,3). Es el Espíritu quien nos hace gritar Abba, Papá (Rm 8,15; Gal 4,6). Por eso el Espíritu es el padre y el padrino de los pobres (pater pauperum)como la Iglesia canta en esta fiesta .

Seguramente no lo hace milagrosamente, pero les da ánimo y resistencia, voluntad de lucha y de conquista. No deja que sus brazos decaigan. Él envió la luz a los corazones de los pobres para descubrir las iniciativas apropiadas, para resistir y de hecho han llegado vivos hasta hoy. Si los indígenas no pudieron ser totalmente exterminados y ahora, por negligencia de las autoridades brasileras están en grave peligro, si los afrodescendientes no sucumbieron bajo el peso de la esclavitud, fue porque dentro de ellos había una energía de resistencia y de liberación (axé) aquello que el himno llama dones y luz de los corazones: el Espíritu Santo, poco importa el nombre que le demos.

A los desesperados Él se muestra como un consolador sin igual. No los asiste desde afuera. Viene a morar dentro de ellos como huésped para auxiliarlos y aconsejarlos, pues esta es su misión. En los grandes aprietos y crisis, Él se anuncia como una referencia de paz, de calma: un refrigerio. Así lo dice el himno de Pentecostés, que estoy citando literalmente.

Él surge como el gran consolador. Cuántas veces en estos tiempos sombríos de epidemia, las amarguras de la vida nos llenan los ojos de lágrimas. Cuando perdemos a un ser querido sin poder despedirnos de él y guardar el luto necesario o cuando vivimos profundas frustraciones, afectivas o profesionales, como desempleados/as parece que caemos en unabismo. En estos momentos es cuando debemos suplicar: “Ven Espíritu, confórtanos, enjuga nuestras lágrimas y calma nuestros sollozos”.

El Espíritu Santo vino una vez y sigue viniendo permanentemente. Pero en momentos dramáticos como los nuestros,bajo la Covid-19, necesitamos clamar: ”Ven Espíritu Santo, renueva la faz de la Tierra y salva a nuestros pueblos”. 

Si el Espíritu no viene, estaremos condenados a ver el paisaje descrito por el profeta Ezequiel (c.37): la Tierra cubierta de cadáveres y huesos por todas partes. Y eso no lo queremos de manera alguna. Pero cuando Él viene, los cadáveres se revisten de vida y el desierto se vuelve un vergel. Los pobres recibirán su justicia, los enfermos conseguirán salud y los pecadores, que somos todos nosotros, recibiremos el perdón y la gracia. Ojalá eso suceda pronto.

Esta es nuestra fe, y más aún, nuestra inquebrantable esperanza, unida a una profunda solidaridad con todas las víctimas de la Covid-19 de nuestro pais y del mundo.

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito: El Espíritu Santo: fuego interior, dador de vida y padre de los pobres, Managua, Pavsa 2014.

Traducción de Mª José Gavito Milano

No meio da pandemia: a urgência do Espírito de vida

                           Leonardo Boff

Em plena pandemia com milhares de mortos cada dia, celebramos a festa de Pentecostes, do Espírito doador de vida e curador. Sua atuação junto a todos os que estão na linha de frente no combate ao Covid-19 é urgente para mantê-los vivos, protegidos e com o ânimo heroico de continuarem em sua missão de salvar vidas, pondo as suas próprias em risco. O hino litúrgico da festa de hoje fala que ele é o “consolador ótimo e o doce refrigério”.Mais do que nunca deve se mostrar com estes dons a todos os que trabalham nos hospitais.

Reflitamos um pouco sobre a natureza do Espírito Santo e sua relevância para a vida e para o dramático momento atual.

Em primeiro lugar importa dizer que o Espírito foi o primeiro a chegar a este mundo e ainda está chegando. Veio e armou sua tenda sobre Maria de Nazaré. Quer dizer, fixou nela sua morada permanente (Lc 1,35) e elevou o feminino à altura do Divino.

Desta sua presença, se originou a santa humanidade do Filho de Deus. O Verbo armou sua tenda (Jo 1,14) no homem Jesus gerado por Maria. Num momento da história, ela, a simples mulher de Nazaré, é o templo de Deus vivo: nela habitam duas divinas Pessoas: o Espírito  que a faz “bendita entre todas as mulheres” (Lc 1,42) e o Filho de Deus, crescendo dentro dela, de quem é verdadeiramente mãe.     

Depois,  o Espírito desceu sobre Jesus na ocasião do batismo por João Batista e o inflamou para a sua missão libertadora. Desceu sobre a primeira comunidade reunida em Jerusalém, na festa de Pentecostes que agora celebramos, fazendo nascer a Igreja. Continuou descendo, independentemente, se as pessoas eram cristãs e batizadas ou não como ocorreu com o oficial romano Cornélio, ainda pagão (At 11,45). E em toda a história sempre veio antes dos missionários, fazendo com que no coração dos povos vigorasse o amor, se cultivasse a justiça e se vivesse a compaixão.Esses valores mostram a ação do Espírito Santo. Uma vez entrado na história, nunca mais a deixou. Toma o que é de Jesus, passa-o adiante mas também “anuncia coisas novas que hão de vir”(Jo 16,13).

É pelo Espírito que irrompem os profetas, cantam os poetas, criam os artistas, e pessoas praticam o bem, o justo e o verdadeiro. Do Espírito se moldam os santos e santas, especialmente aqueles que entregam a própria vida para a vida dos outros, como agora os que trabalham,quase à exaustão, nos hospitais do Brasil e do mundo.

É também pelo Espírito que velhas e  crepusculares instituições, de repente, se renovam e prestam o serviço necessário para as comunidades como o Papa Francisco está fazendo e também outras igrejas cristãs.

O mundo está grávido do Espírito mesmo quando o espírito da iniquidade persevera na sua obra, hostil à vida e a tudo o que é sagrado e divino. Isso está ocorrendo em nosso país com um governante mais amigo da morte do que da vida.

Quem se sente mais penalizado nesse momento, sem casa adequada para morar, sem saber o que vai comer no dia seguinte, sem trabalho e sem nenhuma segurança contra os ataques do vírus letal é o pobre. Hoje são milhões. Os pobres gritam. E Deus é o Deus do grito, quer dizer, aquele que escuta o grito do oprimido. Deixa sua transcendência e desce para escutá-los e libertá-los, como no caso do cativeiro no Egito (cf. Ex 4,3). É o Espírito que nos faz gritar Abba, Paizinho querido (Rm 8,15; Gal 4,6). Por isso o Espírito é o pai  e o padrinho dos pobres (pater pauperum) como a Igreja canta hoje nesta festa.

Seguramente não o faz miraculosamente, mas lhe confere ânimo e resistência, vontade de luta e de conquista. Não deixa que seus braços se abaixem. Ele enviou a luz aos corações dos pobres para descobrirem as iniciativas certas, persistirem e de fato chegaram vivos  até hoje; se os indígenas não puderam ser totalmente exterminados e agora, por incúria das autoridades brasileiros estão sob grave risco, se os afrodescendentes não puderam sucumbir ao peso da escravidão, foi porque dentro deles havia uma energia de resistência e de libertação, aquilo que o hino chama de dons e luz dos corações: o Espírito Santo, pouco importa o nome que dermos.

Aos desesperados Ele se mostra como um consolador sem igual. Não os assiste a partir de fora. Foi morar dentro deles com hóspede para auxiliá-los e aconselhá-los, pois esta é sua missão. Nos grandes apertos e crises, Ele se anuncia como uma referência de paz, de calma: um refrigério. Pois assim diz o hino de Pentecostes que estou citando literalmente.

Ele surge como o grande consolador. Quantas vezes,nestes tempos sombrios de epidemia as agruras da vida nos fazem encher os olhos de lágrimas. Quando perdemos um ente querido, sem poder se despedir dele e fazer o luto necessário, ou vivemos profundas frustrações, afetivas ou profissionais como desempregados/as parece que caímos num abismo. É nestes momentos em que devemos suplicar: “Vem Espírito, sede nosso  conforto; enxugue nossas lágrimas e alivie nossos soluços.

O Espírito Santo  veio uma vez e continua vindo permanentemente. Mas em momentos dramáticos como os nossos, sob o Covid-19 precisamos clamar:”Vem Espírito Santo e renova a face da Terra, salve o nosso país, livre-nos dos que não cuidam da vida”.

Se o Espírito não vier, seremos condenados a ver a paisagem descrita pelo profeta Ezequiel (c.37):  a Terra coberta de cadáveres e ossos por todos os lados. Isso jamais queremos de jeito nenhum. Mas quando ele vem, os cadáveres se revestem de vida e o deserto se faz um vergel. Os pobres receberão sua justiça, os enfermos ganharão  saúde e os pecadores que somos todos nós, receberemos o perdão e a graça. Oxalá isso aconteça logo.

Essa é a nossa fé e mais ainda, a nossa imorredoura esperança, unida a um profunda solidariedade com todas as vítimas do Covid-19 de nosso país e do mundo.

Leonardo Boff é teólogo e esceveu O Espírito Santo: fogo interior, doador de vida e pai dos pobres, Vozes 2013.

A oração particular do Papa Francisco a São José

                                             Leonardo Boff

Durante o ano 2019-2020 foi declarado pelo Papa Francisco o ano “josefino”, vale dizer, um ano dedicado à devoção e ao aprofundamento da figura de São José. Ela é oportuna nesse momento da pandemia do Coronavírus que é impiedosa para com os mais vulneráveis que são os pobres e destituídos dos necessários cuidados. São José mais que ser o Patrono da Igreja Universal é antes de tudo o patrono da igreja doméstica, dos trabalhadores, dos anônimos,dos que vivem submetidos ao silêncio social. Ora, São José vem deste mundo. Ele não nos deixou nenhuma palavra. Falou pelas mãos de trabalhador. Teve apenas sonhos. Foi esposo terno de Maria,pai provedor de Jesus, protegeu o filhinho recém nascido,ameaçado de morte por Herodes, se refugiou no estrangeiro, no Egito, introduziu Jesus nas tradições da piedade judaica. Cumpriu sua missão e  desapareceu sem deixar nenhum sinal.

Pertence à teologia atualizar as reflexões já existentes, mas mais que tudo aprofundar o significado de São José para os dias atuais, como tenho tentado fazer por um alentado livro sobre “São José, a personificação do Pai (Vozes 2005) e por vários artigos reproduzidos em diferentes meios.

Propus-me levar até as últimas consequências a reflexão sobre São José, pois essa ousadia (permitida pois sempre temos a ver com os mistério divinos) pertence ao ofício da teologia. Ele nos deve ajudar a entender melhor o Deus adorado pelos cristãos.

Não é sem significado que São José se tenha mantido sempre na dimensão do mistério que nenhuma palavra pode exprimir, nem que seu meio de comunicação tenham sido os sonhos e, por fim, que não foi um rabino que fala e ensina mas um trabalhador que silencia enquanto trabalha. Sabemos hoje pela psicologia do profundo à la C.G.Jung e discípulos que os sonhos são a linguagem da radicalidade humana e de seu mistério último. Parece que o próprio Deus ou o universo tivessem preparado a pessoa com as precondições adequadas para acolher o Pai, caso decidisse  sair de seu mistério e auto comunicar-se a alguém.

Para os cristão é uma verdade aceita de que o Espírito Santo foi a primeira pessoa divina a vir a este mundo e armar sua tenda (morar definitivamente) sobre Maria (Lc 1,35). Da mesma forma é uma convicção de fé que o Filho do Pai veio em seguida, gerado por Maria e que também armou sua tenda entre nós (se encarnou: Jo 1,14). Por que o Pai ficou de fora? Por que somente duas pessoas divinas se estabeleceram entre nós? A essas perguntas tento buscar razões bem fundadas.

Parto da tese oficial, confirmada pelo Concílio Vaticano II (1962-1965) na “Constituição Dogmática Dei Verbum” que a revelação é mais que comunicação de verdades. É a intercomunicação de Deus assim como é (n.2). Ora, se isso é verdade, significa que revelação é sempre autocomunicação  das três pessoas divinas, Pai, Filho e Espírito Santo. Não pode ser apenas do Espírito Santo e do Filho. O Pai deve entrar também, até por um efeito sinfônico e harmonioso de toda a revelação divina.

Ora, diz-se em teologia que o Pai é o mistério absoluto sem-nome, que continuamente está trabalhando  ao fazer surgir e ao sustentar a criação dizendo, a cada momento, o seu “fiat” (faça-se!), caso contrário ela voltaria ao nada. Note-se, São José apresenta características adequadas à a natureza do Pai celeste. Ele, São José não fala, quem fala é o Verbo, ele vive no silêncio abissal e sua principal atividade é trabalhar, como atesta Jesus:”Meu Pai trabalha até agora (Jo 5,17) como José também o faz. Se há alguém a quem o Pai poderia armar sua tenda e morar entre nós, José de Nazaré, seria essa pessoa. O Papa João Paulo II em sua Exortação Apostólica sobre São José, Redemptoris Custos (1989) acenou para o fato de que “a paternidade humana de José” foi assumida no ato da encarnação de Deus (n.21).

Diz um clássico ditado da teologia: “Deus potuit, decuit, ergo fecit”:” Deus podia,era conveniente e, portanto, fez”. Assim que o Pai celeste podia se personificar em José, era conveniente que o fizesse e, portanto, assim o fez. Efetivamente,nesta compreensão minha, o Pai se personificou no pai terrestre, tomou forma humana em José. Faltava essa peça arquitetônica para a plena radiocomunicação de Deus  assim como é, quer dizer, como Trindade, no caso incluindo o Pai.  Esta é a tese fundamental, logicamente, urdida com argumentos da própria teologia que não cabe aqui referir.

A grande lição que tiramos e nisso aprendemos algo a mais de Deus é essa: A Família divina, num momento preciso da história, assumiu a família humana. O Pai se personalizou em José, o Filho em Jesus e o Espírito Santo em Maria.

O Papa Francisco recebeu meu livro em tradução espanhola “São José, a personificação do Pai” e agradeceu transmitindo-me a oração que ele todos os dias faz. Literalmente escreveu e isso pode auxiliar a muitos devotos de São José:

“Quero partilhar com você a oração que, há quarenta nos, recito depois das Laudes:

 Glorioso Patriarca São José, cujo poder consegue tornar possíveis as coisas impossíveis, vinde em minha ajuda nestes momentos de angústia e de dificuldade. Tomais sob a vossa proteção as situações tão graves e difíceis que Vos confio,para que obtenham uma solução feliz. Meu amado Pai, toda a minha confiança está colocada em Vós. Que não se diga que eu Vos invoquei em vão, e dado que tudo podeis junto a Jesus e a Maria, mostrai-me que a vossa bondade é tão grande como o vosso poder. Amém.

Esta oração de já 40 anos, parece adequada para os dias sombrios vividos e sofridos por toda a humanidade. Junto com a ciência, a técnica e todos os demais  cuidados, a oração vale como um supplément d’ame  que nos pode valer muito, pelo menos, alimentar a esperança esperante.

Leonardo Boff é teólogo e escreveu: São José, a personificação do Pai” Editora Vozes, Petrópolis  2005.