El principio compasión y las victimas del Covid-19

Leonardo Boff*

A través de la Covid-19 la Madre Tierra está llevando a cabo un contraataque sobre la humanidad como reacción al ataque avasallador que ella viene sufriendo desde hace siglos. La Covid-19 es igualmente una señal y una advertencia que nos envía: no podemos hacerle una guerra como hemos hecho hasta ahora, pues está destruyendo las bases biológicas que la sustentan y sustentan también todas las demás formas de vida, especialmente, la humana. Tenemos que cambiar, de lo contrario podrá enviarnos virus más letales todavía, quien sabe, hasta un virus invencible contra el cual nada podríamos hacer. Entonces estaríamospodía decirseriamente amenazados como especie. No sin razón que la Covid-19 ha atacado solo a los seres humanos, como aviso y lección. Ha llevado ya a la muerte a millones de personas, dejando un viacrucis de sufrimientos a otros millones y una amenaza letal que puede alcanzar a todos los demás.

Los números fríos esconden un mar de padecimientos por vidas perdidas, por amores destrozados, por proyectos destruidos. No hay suficientes pañuelos para enjugar las lágrimas de los familiares queridos o de los amigos muertos, a los cuales no pudieron darles un último adiós, hacerles el duelo y acompañarlos a la sepultura.

Como si no bastase el sufrimiento producido a gran parte de la humanidad por el sistema capitalista y neoliberal imperante, ferozmente competitivo y nada cooperativo. Él ha permitidoque el 1% de los más ricos posea a título personal el 45% de toda la riqueza global mientras que el 50% más pobre queda con menos del 1%, según un informe reciente del Crédit Suisse. Oigamos a quien más entiende de capitalismo en el siglo XXI, el francés Thomas Piketty, refiriéndose al caso brasilero. Aquí, afirma, se verifica la mayor concentración de renta del mundo; los millonarios brasileros, entre el 1% de los más ricos, están por delante de los millonarios del petróleo de Oriente Medio. No sorprende los millones de marginados y excluidos que esta nefasta desigualdad produce.

Nuevamente los números fríos no pueden esconder el hambre, la miseria, la alta mortandad de niños y la devastación de la naturaleza, especialmente en la Amazonia y en otros biomas, implicadas en este proceso de saqueo de las riquezas naturales.

Pero en este momento, debido a la irrupción del coronavirus, la humanidad está crucificada y mal sabemos cómo bajarla de la cruz. Es ahora cuando debemos activar en todos nosotros una de las virtudes más sagradas del ser humano: la compasión. Ella está atestiguada en todos los pueblos y culturas: la capacidad de situarse en el lugar del otro, compartir su dolor y, así, aliviarlo. 

El mayor teólogo cristiano, Tomás de Aquino, señala en su Suma Teológica que la compasión es la más elevada de todas las virtudes, pues no solamente abre la persona a otra persona sino que la abre hacia la más débil y necesitada de ayuda. En este sentido, concluía, es una característica esencial de Dios.

Nos estamos refiriendo al principio compasión, no simplemente a la compasión. El principio, en sentido más profundo (filosófico), significa una disposición originaria y esencial, generadora de una actitud permanente que se traduce en actos pero nunca se agota en ellos. Está siempre abierta a nuevos actos. En otras palabras, el principio tiene que ver con algo que es propio de la naturaleza humana. Porque es así, el economista y filósofo inglés, Adam Smith (1723-1790) en su libro sobre la Teoría de los Sentimientos Éticos pudo decir: hasta la persona más brutal y anticomunitaria no es inmune a la fuerza de la compasión.

La reflexión moderna nos ha ayudado a rescatar el principio compasión. Para el pensamiento crítico va quedando cada vez más claro que el ser humano no se estructura solamente sobre la razón intelectual-analítica, necesaria para darnos cuenta de la complejidad de nuestro mundo. Existe en nosotros algo más profundo y ancestral, surgido hace más de 200 millones de años cuando irrumpieron en la evolución los mamíferos: la razón sensible y cordial, que es la capacidad de sentir, de afectar y ser afectado, de tener empatía, sensibilidad y amor. 

Somos seres racionales pero esencialmente sensibles. A decir verdad, construimos el mundo a partir de lazos afectivos. Tales lazos hacen que las personas y las situaciones sean preciosas y portadoras de valor. No solo habitamos el mundo por medio del trabajo sino por la empatía, el cuidado y la amorosidad. Este es el lugar de la compasión.

Quien ha trabajado esto mejor que nosotros los occidentales ha sido el budismo. La compasión (Karuná) se articula en dos movimientos distintos y complementarios: el desapego total y el cuidado esencial. Desapego significa dejar al otro ser, no encuadrarlo, respetar su vida y su destino. Cuidar de él implica no dejarlo nunca solo en su sufrimiento, envolverse afectivamente con él para que pueda vivir mejor haciendo más leve su dolor. 

Lo terrible del sufrimiento no es el sufrimiento en sí, sino sufrirlo en soledad. La compasión consiste en no dejar al otro solo. Es estar a su lado, sentir sus padecimientos y angustias, decirle palabras de consuelo y darle un abrazo cargado de afecto.

Hoy los que están sufriendo, llorando y desanimados con el destino trágico de la vida necesitan esta compasión y esta profunda sensibilidad humanitaria que nace de la razón sensible y cordial. Palabras que parecen comunes adquieren otro sonido, resuenan dentro del corazón, dan serenidad y suscitan un pequeño rayo de esperanza de que todo va a pasar. La partida fue trágica pero la llegada a Dios es bienaventurada. 

La tradición judeocristiana testimonia la grandeza de la compasión. En hebreo es “rahamim” que significa “tener entrañas”, sentir al otro con sentimiento profundo. Más que sentir es identificarse con el otro. El Dios de Jesús y Jesús mismo se muestran especialmente misericordiosos, como se revela en las parábolas del buen samaritano (Lc 10,30-37) y del hijo pródigo (Lc 15,11-32). Curiosamente en esta parábola, el cambio no está tanto en el hijo que vuelve, sino en el padre que se vuelve hacia el hijo pródigo.

Ante la devastación causada por la Covid-19 en toda la población, sin excepción, es más urgente que nunca vivir la compasión con los que sufren, como nuestro lado más humano, sensible y solidario.

*Leonardo Boff ha escrito con Werner Müller el libro Principio compasión&cuidado, Vozes 2009; Covid-19: la Madre Tierra contraataca a la humanidad, Vozes 2020.

Traducción de Mª José Gavito Milano

    &The reunion of the Eagle and the Condor

                                           Leonardo Boff

Planet Earth, due to the systematic aggression of the last centuries, is in a clear and dangerous decline. The intrusion of Covid-19, directly affecting the entire planet and exclusively the human species, is one of the severe signs that the living Earth is sending us: our way of life is too destructive, leading to the death of millions of human beings and nature beings. We have to change our way of producing, consuming, and living in the only Common House, otherwise we may experience an ecological-social armageddon.

Curiously, in the opposite of this process that some see as the inauguration of a new geological era – the Anthropocene and the Necrocene – that is, the systematic destruction of lives perpetrated by the human being itself, the native peoples are emerging, bearers of a new consciousness and a vitality that has been repressed for centuries. They are biologically remaking themselves and emerging as historical subjects. Their way of relating amicably with nature and Mother Earth has become our masters and doctors. They feel so united to these realities that by defending them they are defending themselves.

The European invaders made a big mistake by calling them “Indians” as if they were inhabitants of a region in India that everyone was looking for, but in fact they called themselves by several names: Tawantinsuyo, Anauhuac, Pindorama, among others. The name Abya Yala prevailed, given by the Kuna people of northern Colombia and Panama, which meant “mature land, living land, land that flourishes”. There were peoples with their names such as Taínos, Tikunas, Zapotecs, Aztecs, Mayas, Olmecs, Toltecs, Mexicans, Aymara, Incas, Quechua Tapajos, Tupis, Guaranis, Mapuches, and hundreds of others.

The adoption of the common name Abya Yala is part of the construction of a common identity, in the diversity of their cultures and expression of the joints that unite them in an immense movement that goes from the north to the south of the American continent. In 2007 they created the Abya Yala Peoples’ Summit.

But over them weighs a vast shadow that was the extermination inflicted by the European invaders. One of the greatest genocides in history took place. About 70 million representatives of these peoples were killed by wars of extermination or by diseases brought by the whites against which they had no immunity, by forced labor and forced crossbreeding.

The most reliable data were gathered by sociologist and educator Moema Viezzer and Canadian sociologist and historian living in Brazil Marcelo Grondin. The book, with preface by Ailton Krenak, is entitled Abya Yala: genocide, resistance and survival of the original peoples of the Americas (Editora Bambual, Rio de Janeiro 2021). They collect the data on the genocide of the two Americas. We have given a short summary:                                                                                                 

In the Caribbean in 1492 when the colonizers arrived, there were four million indigenous people. Years later there were none left. They were all killed, especially in Haiti.

In Mexico in 1500, there were 25 million indigenous people (Aztecs, Toltecs and others).

In the Andes in 1532 there were 15 million Indians, in a few years only one million remained.

In Central America in 1492 in Guatemala, Honduras, Belize, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica and Panama there were between 5.6-13 million indigenous people, of which 90% were killed.

In Argentina, Chile, Colombia and Paraguay, on average about one million Indians died, in some countries more, in others less.

In the Lesser Antilles such as in the Bahamas, Barbados, Curaçao, Grenada, Guadeloupe, Trinidad and Tobago, and the Virgin Islands, they experienced the same almost total extermination.

In Brazil when the Portuguese arrived in these lands, there were about 6 million original peoples of dozens of ethnic groups with their languages. The violent mismatch reduced them to less than a million. Today, unfortunately, due to the carelessness of the authorities, this process of death continues, victims of the coronavirus. A wise man of the Yanomami nation, the shaman Davi Kopenawa Yanomamy relates in his book The Fall of Heaven what the shamans of his people are glimpsing: the race of humanity is heading toward its end.

In the United States of America there were about 18 million native peoples in 1607, and soon after only two million survived.

In Canada in 1492 there were two million native inhabitants, and in 1933 there were only 120,000.

The book tells not only of the immeasurable tragedy, but especially of the resistance and, in modern times, of the various organized summits between these native peoples, from the south and the north of the Americas. In doing so, they reinforce each other, rescue the ancestral wisdom of the shamans, the traditions, and the memories.

A legend-prophecy expresses the reunion of these peoples: the one between the Eagle, representing North America, and the Condor, representing South America. Both were generated by the Sun and the Moon. They lived happily flying together. But fate separated them. The Eagle dominated the spaces and almost led to the Condor’s extermination.

However, this same destiny willed that in the 1990s, when the great summits began to take place between the different native peoples, from the south and the north, the Condor and the Eagle met again and began to fly together. From their love was born the Central American Quetzal, one of the most beautiful birds in nature, a bird from the Mayan cosmovision that expresses the union of heart and mind, art and science, masculine and feminine. It is the beginning of a new time, of the great reconciliation of human beings with each other, as brothers and sisters, caretakers in nature, united by the same beating heart and dwelling in the same generous Pachamama, Mother Earth.

Who knows, in the midst of the tribulations of the present time in which our culture has found its insurmountable limits and feels urged to change course, this prophecy may be the anticipation of a good end for us all. We will still fly together, the Eagle of the North with the Condor of the South under the beneficent light of the Sun that will show us the best path.

Leonardo Boff wrote The Marriage between Heaven and Earth: tales of the indigenous peoples of Brazil, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2014.

O reencontro entre a Águia e o Condor

O planeta Terra devido à sistemática agressão nos últimos séculos está num franco e perigoso declínio. A intrusão do Covid-19 afetando diretamente  todo o planeta e exclusivamente a espécie humana é um entre os sevros sinais de que a Terra viva nos está enviando: nosso modo de vida é demasiadamente destrutivo levando à morte a milhões de seres humanos e a seres da natureza. Temos que mudar nosso modo produzir,de consumir e de morar na única Casa Comum, caso contrário podemos conhecer um armagedon ecológico-social.

Curiosamente, na contramão desse processo que alguns o veem como  a inauguração de uma nova era geológica – o antropoceno e o necroceno – quer dizer, a sistemática destruição de vidas perpetradas pelo próprio ser humano, irrompem os povos originários, portadores de uma nova consciência e de uma vitalidade, reprimida por séculos. Estão se refazendo biologicamente e surgindo como sujeitos históricos. Sua maneira de se relacionar amigavelmente com a natureza e a Mãe Terra fazem-se nossos mestres e doutores. Sentem-se tão unidos a estas realidades que defendendo-as estão se defendendo a si próprios.

Foi grande o equívoco dos invasores europeus de chamá-los de “indios” como se fossem habitantes de uma região da Índia que todos buscavam.Eles, na verdade,  se chamavam por vários nomes:Tawantinsuyo, Anauhuac, Pindorama entre outros. Prevaleceu o nome de Abya Yala  dada pelo povo Kuna do norte da Colômbia e do Panamá que significava “terra madura, terra viva, terra que floresce”. Eram povos com seus nomes como taínos, tikunas, zapotecas, astecas, maias, olmecas, toltecas, mexicas, aimaras,incas quíchuas tapajós, tupis, guaranis, mapuches e centenas de outros. A adoção de nome comum Abya Yala faz parte da construção de uma identidade comum, na diversidade de suas culturas e  expressão das articulações que os unem num imenso movimento que vai do norte o sul do continente americano. Em 2007 criaram a Cúpula dos Povos de Abya Yala.

Mas sobre eles pesa uma vasta sombra que foi o extermínio infligido pelos invasores europeus. Ocorreu um dos maiores genocídios da história. Foram mortos por guerras de extermínio ou por doenças trazidas pelos brancos contra as quais não possuíam imunidade, por trabalhos forçados e mestiçagem forçada, cerca de 70 milhões de representantes destes povos. Os dados mais seguros foram levantados pela socióloga e educadora Moema Viezzer e pelo sociólogo e historiador canadense radicado no Brasil Marcelo Grondin. O livro, impressionnte, com prefácio de Ailton Krenak leva como título Abya Yala: genocídio, resistência e sobrevivência dos povos originários das Américas (Editora Bambual, Rio de Janeiro 2021). Recolhem os dados do genocídio das duas Américas. Demos um pequeno resumo:                                                                                                  

No Caribe em 1492 quando chegaram os colonizadores, havia quatro milhoes  de indígenas. Anos após não havia mais nenhum. Todos foram mortos especialmente no Haiti.

No México em 1500 havia 25 milhões de indígenas (Astecas, toltecas e outros) depois de 70 anos restaram apenas dois milhões.

Nos Andes existiam em 1532 15 milhões de indígenas, em poucos anos restou apenas um milhão.

Na América  Central em 1492 na Guatemala, Honduras, Belize, Nicarágua, El Salvador, Costa rica e Panamá havia entre 5,6-13 milhões de indígenas, dos quais 90% foram mortos.

Na Argentina, no Chile, na Colômbia e no Paraguai morreram em média, em alguns países mais em outros menos, cerca cerca de um milhão de indígenas.

Nas Antilhas menores como nas Bahamas, Barbados.Curaçao,Granada, Guadalupe, Trinidad- Tobago e Ilhas Virgens conheceram o mesmo extermínio quase total.

No Brasil quando os portugueses aportaram  nestas terras, havia cerca de  6 milhões de povos originários de dezenas de etnias com suas línguas. O desencontro violento os reduziu a menos de um milhão. Hoje, infelizmente, devido ao descuido por parte das autoridades, esse processo de morte continua, vítimas do coronavírus. Um sábio da nação yanomami, o pajé Davi Kopenawa Yanomamy relata no livro A Queda do Céu o que os xamãs de seu povo estão entrevendo:a corrida  da humanidade está rumando  na direção de seu fim.

Nos Estados Unidos da América viviam  em 1607 cerca de 18 milhões de povos originários e tempos depois sobreviveram apenas dois milhões.

No Canadá havia em 1492 dois milhões de habitantes originários e em 1933 se contavam apenas 120 mil.

O livro não narra apenas a incomensurável tragédia, mas especialmente as resistências e modernamente as várias cúpulas organizadas entre esses povos originários, do sul e do norte das Américas. Com isso se reforçarem mutuamente, resgatam a sabedoria ancestral dos xamãs, as tradições e as memórias.

Uma lenda-profecia expressa o reencontro desses povos: aquela entre a Águia, representando a América do Norte  e o Condor a América do Sul. Ambos foram gerados pelo Sol e pela Lua. Viviam felizes voando juntos. Mas o destino os separou. A Águia dominou os espaços e quase levou ao extermínio o Condor.

No entanto, quis esse mesmo destino que a partir da década de 1990, ao se iniciarem as grandes cúpulas entre os distintos povos originários, do sul e do norte, o Condor  e a Águia se reencontraram e começaram  a voar juntos. Do amor de ambos, nasceu o Quetzal da América Central, uma das mais belas aves da natureza, ave da cosmovisão maia  que expressa a união do coração com a mente, da arte com a ciência, do masculino com o feminino. É o começo do novo tempo, da grande reconciliação dos seres humanos entre si, como irmãos e irmãs, cuidadores na natureza, unidos por um mesmo coração pulsante e habitando na mesma e generosa Pachamama, a Mãe Terra.

Quem sabe, no meio das tribulações do tempo presente em que nossa cultura encontrou seus limites intransponíveis e se sente urgida a mudar de rumo, esta profecia possa ser a antecipação de um fim bom para todos nós. Ainda voaremos juntos, a Águia do Norte com o Condor do Sul sob a luz benfazeja do Sol que nos mostrará o melhor caminho.

Leonardo Boff escreveu O Casamento entre o Céu e a Terra: contos dos povos indígenas do Brasil, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2014.

El perdón: la grandeza y la dignidad de las víctima de violencia extrema

Leonardo Boff*

Por iniciativa del obispo don Vicente Ferreira, pastor de la región de la tragedia de Brumadino-MG, y del profesor y psicoanalista René Dentz se ha organizado un libro que recoge excelentes estudios sobre el perdón: “Horizontes de Perdón” (Editora Ideias &Letras 2020, pp.180). Su singularidad reside en el hecho de haber recogido ejemplos de perdón de diferentes países con sus culturas y tradiciones propias.

Queremos comentar esta obra por su gran calidad y por abordar un tema de gran actualidad, abordado  también ampliamente por el  Papa Francisco en su encíclica social Fratelli tutti (2020).

El libro “Horizontes de Perdón” tiene como objetivo pensar el perdón a partir del sufrimiento concreto y terrible soportado por víctimas humanas inocentes o por todo un pueblo que ha sido víctima durante siglos. Aquí reside su gran fuerza y también su poder de convencimiento.

Un ejemplo, descrito y analizado por el obispo don Vicente Ferreira y René Dentz, organizador también de esta obra, viene de Brasil, de las tragedias criminales causadas por la ruptura de dos presas de la compañía minera Vale, en Mariana-MG el día 5 de mayo de 2015, que mató a 19 personas y destruyó la cuenca del Rio Doce con 55 millones de metros cúbicos de residuos mineros, y en Brumadinho-MG, el 25 de enero de 2019, con la ruptura de la presa de la misma compañía minera Vale, que causó que 272 personas quedarán enterradas bajo 12,7 millones de metros cúbicos de lodo y residuos.

El libro comienza con un minucioso estudio del obispo don Vicente Ferreira, pastor, poeta, músico y profeta: “Brumadinho: el perdón a partir de las víctimas de crímenes socioambientales”. Le precede un pertinente análisis de coyuntura global, bajo la hegemonía del capital, una máquina de causar  víctimas en todo el mundo. La compañía minera Vale representa la lógica del capital que prefiere el lucro a la vida, y acepta el riesgo de causar centenares de víctimas y de damnificar profundamente la naturaleza. Aun siendo consciente de los daños perpetrados, es reacia a compensar con justicia y equidad a las familias de las personas afectadas. Don Vicente busca comprender el proceso victimador de la globalización del capital mediante las categorías del sociólogo portugués, Boaventura de Souza Santos y la violencia con el psicoanálisis de Sigmund Freud, que frente a nuestra capacidad de superar  la violencia se muestra, en cierta forma, escéptico y resignado.

Don Vicente supera esta resignación con la contribución del mensaje cristiano muy en el espíritu de la Fratelli tutti del Papa Francisco. Esta testimonia el sacrificio de la víctima inocente, del Crucificado, que rompió el círculo de la venganza y del resentimiento perdonando a sus verdugos. Esta visión fue también desarrollada por el pensador René Girard, mencionado en el estudio. Este pensador francés emerge como uno de los que mejor han estudiado la dinámica de la violencia, que se origina por el deseo mimético excluyente (alguien quiere solo para sí un objeto excluyendo a terceros), pero que la propuesta cristiana mostró que este deseo mimético puede ser transformado en incluyente (deseamos juntos y compartimos el mismo objeto) por el perdón incondicional.

Este perdón plantea la exigencia de justicia a ser practicada por aquellos que provocaron el desastre criminal, en este caso los responsables de la compañía minera Vale. Esa lucha, la lleva el obispo con determinación y ternura, con canto, poesía y oración, junto con la comunidad de los sufrientes, que él acompaña incansablemente con un generoso equipo. Cabe citar nuevamente lo que dice la Fratelli tutti: “No se trata de proponer un perdón renunciando a los propios derechos ante un poderoso corrupto… Quien sufre injusticia tiene que defender vigorosamente sus derechos, los de su familia, precisamente porque debe guardar la dignidad que les fue dada, una dignidad que Dios ama” (n.241).

Para entender mejor la dinámica de la violencia y del perdón, algunos autores de avanzadillla fueron: el filósofo francés Paul Ricoeur con su libro La memoria, la historia, el olvido (Paris, Seuil 2000) y Frantz Fanon, Los condenados de la Tierra (1961).

La reconciliación y el perdón no terminan en sí mismos. La Fratelli tutti es inspiradora: “Como enseñaron los obispos de Sudáfrica  la verdadera reconciliación se alcanza de manera proactiva, «formando una nueva sociedad basada en el servicio a los otros, y no en el deseo de dominar; una sociedad basada en compartir con los otros lo que se tiene y no en la lucha egoísta de cada uno por la mayor riqueza posible; una sociedad en la cual el valor de estar juntos como seres humanos es, en último análisis, más importante que cualquier grupo menor, sea la familia, la nación, la etnia o la cultura» (n.213). Y los obispos de Corea del Sur destacaron que una verdadera paz «sólo se puede alcanzar cuando luchamos por la justicia a través del diálogo, buscando la reconciliación y el desarrollo mutuo” (n.229).

Conviene destacar que cada pueblo y cada grupo ha encontrado caminos propios para llegar al perdón. Así, por ejemplo, para los afrodescendientes brasileros es imprescindible para un perdón real que los blancos que los victimaron por la esclavitud, reconozcan la inhumanidad que cometieron, refuercen la identidad africana y les restauren en su dignidad ofendida. Bien se ha dicho: “el perdón es más que una justa justicia, antes es más bien una donación donada a los otros”.

En el Congo Brazzaville, país marcado por sangrientas guerras civiles, el concepto-clave ha sido “palaver”, recurrente en los países al sur del Sáhara. “Palaver” implica buscar la verdad por el diálogo, por la libertad de hablar todos, independientemente de su lugar social y de género, hasta que se elabore un consenso en función de la paz social; todos se perdonan  mutuamente, sin castigar a nadie, pero todos se proponen corregir los errores. El texto muestra cómo ese pacto por la ganancia de poder de grupos y por la vasta corrupción que asola al país, no consiguió prevalecer y tener su sustentabilidad garantizada. Pero valió la pena el intento.

En Sudáfrica, el concepto-clave en el proceso de reconciliación y de perdón, conducido por el arzobispo anglicano Desmond Tutu, ha sido la categoría “Ubuntu”, que expresa fundamentalmente esta profunda verdad antropológica: “yo soy yo a través de ti”. Todos se sienten interligados. La estrategia era: el victimador confiesa su crimen con toda sinceridad; la víctima escucha atentamente y narra su dolor; se restaura la justicia reparadora y restaurativa, eventualmente se acepta una pena curativa, excepto para los crímenes más hediondos de lesa-humanidad, que son enviados al tribunal competente.

Otra contribución trabaja en estudios avanzados de mereología (cómo las partes se relacionan con otras partes, cómo se sitúan en el todo y cómo se mueven dentro de él). Los dos autores del libro articulan los datos con una cierta armonía, base para el perdón, así definido por ellos:

“La superación del afecto negativo y del juicio en relación al ofensor, no negándonos a nosotros mismos el derecho a tal afecto y juicio, pero esforzándonos en ver al ofensor con compasión, benevolencia y amor”.

El presupuesto antropológico es que por más criminal que sea alguien, nunca es solo criminal, jamás deja de ser humano con muchas otras virtualidades también positivas. De la misma manera, por más que la población fuese traída violentamente de África a Brasil para ser esclava, nunca los señores de esclavos consiguieron matarles la libertad. Ellos resistieron y buscaron siempre conservar su identidad cultural y religiosa. El quilombolismo es una prueba de ello, visible todavía hoy en los cientos de quilombos existentes, donde se vive una vida más comunitaria, igualitaria, en la línea del “Ubuntu”.

Sin embargo, hasta que no se abandone el resentimiento y el espíritu de venganza, no se abrirá el camino al verdadero perdón. No se trata de olvidar, sino de no ser más rehén de un interminable ciclo de amargura y de tristeza.

En este punto de perdón generoso, el cristianismo mostró su capital humanístico. Como lo muestra el texto de don Vicente y especialmente el de Colombia que lo expresa así: perdonar lo imperdonable no es solo una muestra de cómo el espíritu humano puede revelar su transcendencia, su capacidad de ir más allá de cualquier situación por inhumana que se presente, es sobre todo un don de la gracia divina. Perdonamos porque fuimos perdonados por Dios y por Cristo cuya misericordia no sufre ninguna limitación.

La justicia es irrenunciable, pero no es ella quien escribe la última página de la historia de la humanidad. El filósofo Roger Icar respondió excelentemente a Wiesenthal, que buscaba por todo el mundo a los criminales nazis: “El perdón sin justicia revela debilidad, pero la justicia sin perdón representa una fuerza inhumana”.

Estos textos revelan la excelencia de las reflexiones sobre el perdón, uno de los mejores publicado en los últimos tiempos. La parte inhumana del ser humano puede, mediante el perdón y la reconciliación, ser rescatada y transformada. Esta es la gran lección que quiere trasmitir esta notable obra Horizontes de perdón, tan bien organizada por el obispo-pastor don Vicente de Brumadinho y por el erudito psicoanalista René Dentz.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y a propósito del tema ha escrito Pasión de Cristo-Pasión del mundo, Vozes 1977; Principio de compasión y de cuidado, Vozes 2009; Reflexiones de un viejo teólogo y pensador,

Vozes 2018.

Traducción de María José Gavito Milano