Dios: Padre maternal y Madre paternal

Existencialmente hablando. Dios es el nombre que simboliza aquella tiernísima Realidad y aquel Sentido amoroso capaz de llenar la incompletitud del ser humano. Dios sólo tiene sentido si emerge de nuestro radical deseo que para Aristóteles y Freud es infinito.

Esa Suprema Realidad (el Reale realissimum de los pensadores medievales) fue expresada en el contexto de la cultura del patriarcado: Dios se presenta como masculino. Como consecuencia, todas las grandes religiones históricas se estructuraron en el código patriarcal. Por eso, tales lenguajes necesitan ser hoy despatriarcalizados si queremos tener una experiencia totalizadora de lo Sagrado. En eso las mujeres pueden ser nuestras maestras y doctoras.

Todos hemos sido ayudados por el descubrimiento de la existencia, antes puesta en duda, de una fase matriarcal de la humanidad, ocurrida hace unos 20 mil años. Las divinidades eran todas femeninas. Esto significó un giro en la reflexión teológica. Hoy sólo hacemos justicia a nuestra experiencia de lo Divino si la traducimos en términos masculinos y femeninos simultáneamente. En un lenguaje inclusivo Dios emerge como Padre maternal y como Madre paternal. Como Dios-Él y Dios-Ella, en el decir de muchas feministas.

Obviamente “Dios” sobrepasa las determinaciones sexuales; sin embargo, hay valores positivos presentes en esta forma de nombrar a Dios. Masculino (animus) y femenino (anima) son principios estructuradores de nuestra identidad.

Todas las palabras del diccionario no pueden definir a Dios, pues Él sobrepasa a todas. Vive en la dimensión de lo inefable. Ante él más vale callar que hablar y vivir una actitud de respeto y de devoción.

Estimo, sin embargo, que no podemos renunciar a la palabra “Dios” en razón del rico significado semántico de su origen sánscrito (di) y griego (theós): la luminosidad que se irradia en nuestra vida (el significado de di en sánscrito) o la solicitud para con todos los seres, quemando con su bondad toda malicia cual fuego purificador (el sentido originario del theós griego).

Las mujeres se impusieron a sí mismas la tarea: como pensar lo divino, la revelación, la salvación, la gracia, el pecado, a partir de la experiencia de las mujeres mismas, es decir, a partir de lo femenino. En el contexto de la teología de la liberación, la pregunta es: ¿cómo pensar a Dios a partir de la mujer pobre, negra y oprimida?

En este campo ha habido contribuciones notables. En primer lugar, las mujeres mostraron cuán patriarcal y machista es el discurso considerado normal y oficial que penetró en la catequesis, en los discursos oficiales e incluso en la teología erudita. Rara vez los teólogos-hombres han tomado conciencia de su lugar social-sexual-patriarcal.

La teología todavía dominante constituye una elaboración que los hombres, como hombres, hacen de lo Divino. Es una teología poco espiritual, a diferencia de la teología femenina que es más narrativa, marcada por la inteligencia cordial y la espiritualidad.

A partir de la experiencia de lo femenino, el discurso teológico se volvió más existencial, inclusivo e integrador de lo cotidiano. Una cosa es decir Dios-Padre. En esta palabra resuenan arquetipos ancestrales ligados al orden, al poder, a la justicia y a un plan divino. Y otra cosa es decir Dios-Madre. Esta palabra evoca experiencias originarias y deseos arcaicos de protección, de útero acogedor, de misericordia y de amor incondicional.

Mientras la religión del Padre introduce el infierno, la religión de la Madre hace prevalecer la misericordia y el perdón.

Finalmente, cabe preguntar: ¿en qué medida lo femenino/masculino son caminos de la humanidad hacia Dios y en qué medida lo femenino/masculino son caminos de Dios hacia la humanidad? Sólo tenemos acceso integral a Dios mediante lo femenino y lo masculino, pues “son a su imagen y semejanza”.

Ya C. G. Jung y Paul Ricoeur observaron que lo masculino y lo femenino sobrepasan el ámbito de la razón. Entran en la dimensión de lo Profundo incognoscible, es decir, del misterio. Hay, por lo tanto, cierta afinidad entre la realidad Dios y la realidad femenino/masculino, porque ambas son misterio, aunque Dios es siempre mayor (semper maior).

Si lo femenino/masculino son perfecciones, entonces se anclan en Dios. Si es así, lo femenino/masculino adquieren dimensiones divinas.

La teología plantea todavía una pregunta radical: ¿a qué están llamados, en el plan último de Dios, lo femenino y lo masculino? Es una cuestión irrenunciable.

En una formulación extremadamente abstracta y generalista, pero verdadera, podemos decir: todas las religiones, por los caminos más diversos, prometen una plenitud y una eternización de la existencia humana, masculino/femenina. Serán Dios por participación, al decir del místico san Juan de la Cruz. Será una fusión con la Suprema Realidad que es amor y juego de relaciones recíprocas. El Cristianismo se suma a esta comprensión bienaventurada llamándola el Reino de la Trinidad.

Leonardo Boff escribió El rostro materno de Dios, Paulinas, Vozes 2012.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Boaventura: Mensagem aos democratas brasileiros

Que fazer? A democracia brasileira está em perigo, e só as forças políticas de esquerda e de centro-esquerda a podem salvar. Mas só podem ter êxito nesta exigente tarefa caso se unam.

Por Boaventura de Sousa Santos.

Em momentos sombrios como os nossos é imperativo escutar vozes de lucidez de pessoas que conhecem nosso país. Entre tantas, sobressai o sociólogo português Boaventura de Souza Santo.É considerado uma das melhores cabeças que pensam o mundo, a globalização, a partir do Grande Sul. Fez sua tese morando numa favela do Brasil, para conhecer por dentro o mundo da pobreza. Professor em Colimbra e em Wisconsin-Madison nos USA, ganhou fama mundial por ter introduzido várias categorias sociológicas novas para entender o mundo novo que está nascendo. Publicamos aqui seu apelo aos democratas do Brasil pelo amor que tem por nosso país e por seu povo. Lboff

Dirijo-me aos democratas brasileiros porque só eles podem estar interessados no teor desta mensagem. Vivemos um tempo de emoções fortes. Para alguém, como eu e tantos outros que nestes anos acompanhamos as lutas e iniciativas de todos os brasileiros no sentido de consolidar e aprofundar a democracia brasileira e contribuir para uma sociedade mais justa e menos racista e menos preconceituosa, este não é um momento de júbilo. Para alguém, como eu e tantos outros que nas últimas décadas se dedicaram a estudar o sistema judicial brasileiro e a promover uma cultura de independência democrática e de responsabilidade social entre os magistrados e os jovens estudantes de direito, este é um momento de grande frustração. Para alguém, como eu e tantos outros que estiveram atentos aos objetivos das forças reacionárias brasileiras e do imperialismo norte-americano no sentido de voltarem a controlar os destinos do país, como sempre fizeram mas pensaram que desta vez as forças populares e democratas tinham prevalecido sobre eles, este é um momento de algum desalento.

As emoções fortes são preciosas se forem parte da razão quente que nos impele a continuar, se a indignação, longe de nos fazer desistir, reforçar o inconformismo e municiar a resistência, se a raiva ante sonhos injustamente destroçados não liquidar a vontade de sonhar. É com estes pressupostos que me dirijo a vós. Uma palavra de análise e outra de princípios da ação.

Porque estamos aqui? Este não é lugar nem o momento para analisar os últimos quinze anos da história do Brasil. Concentro-me nos últimos tempos. A grande maioria dos brasileiros saudou o surgimento da operação Lava Jato como um instrumento que contribuiria para fortalecer a democracia brasileira pela via da luta contra a corrupção. No entanto, em face das chocantes irregularidades processuais e da grosseira seletividade das investigações, cedo nos demos conta de que não se tratava disso mas antes de liquidar, pela via judicial, não só as conquistas sociais da última década como também as forças políticas que as tornaram possíveis. Acontece que as classes dominantes perdem frequentemente em lucidez o que ganham em arrogância.

A destituição de Dilma Rousseff, a Presidente que foi talvez o Presidente mais honesto da história do Brasil, foi o sinal que a arrogância era o outro lado da quase desesperada impaciência em liquidar o passado recente. Foi tudo tão grotescamente óbvio que os brasileiros conseguiram afastar momentaneamente a cortina de fumo do monopólio mediático. O sinal mais visível da sua reação foi o modo como se entusiasmaram com a campanha pelo direito do ex-Presidente Lula da Silva a ser candidato às eleições de 2018, um entusiasmo que contagiou mesmo aqueles que não votariam nele, caso ele fosse candidato. Tratou-se pois de um exercício de democracia de alta intensidade.

Temos, no entanto, de convir que, da perspectiva das forças conservadoras e do imperialismo norte-americano, a vitória deste movimento popular era algo inaceitável. Dada a popularidade de Lula da Silva, era bem possível que ganhasse as eleições, caso fosse candidato. Isso significaria que o processo de contra-reforma que tinha sido iniciado com a destituição de Dilma Rousseff e a condução política da Lava Jato tinha sido em vão. Todo o investimento político, financeiro e mediático teria sido desperdiçado, todos os ganhos econômicos já obtidos postos em perigo ou perdidos. Do ponto de vista destas forças, Lula da Silva não poderia voltar ao poder. Se o Judiciário não tivesse cumprido a sua função, talvez Lula da Silva viesse a ser vítima de um acidente de aviação, ou algo semelhante. Mas o investimento imperial no Judiciário (muito maior do que se pode imaginar) permitiu que não se chegasse a tais extremos.

Que fazer? A democracia brasileira está em perigo, e só as forças políticas de esquerda e de centro-esquerda a podem salvar. Para muitos, talvez seja triste constatar que neste momento não é possível confiar nas forças de direita para colaborar na defesa da democracia. Mas esta é a verdade. Não excluo que haja grupos de direita que apenas se revejam nos modos democráticos de lutar pelo poder. Apesar disso, não estão dispostos a colaborar genuinamente com as forças de esquerda. Por quê? Porque se vêem como parte de uma elite que sempre governou o país e que ainda não se curou da ferida caótica que os governos lulistas lhe infligiram, uma ferida profunda que advém do facto de um grupo social estranho à elite ter ousado governar o país, e ainda por cima ter cometido o grave erro (e foi realmente grave) de querer governar como se fosse elite.

Neste momento, a sobrevivência da democracia brasileira está nas mãos da esquerda e do centro-esquerda. Só podem ter êxito nesta exigente tarefa se se unirem. São diversas as forças de esquerda e a diversidade deve ser saudada. Acresce que uma delas, o PT, sofre do desgaste da governação, um desgaste que foi omitido durante a campanha pelo direito de Lula a ser candidato. Mas à medida que entrarmos no período pós-Lula (por mais que custe a muitos), o desgaste cobrará o seu preço e a melhor forma de o estabelecer democraticamente é através de um regresso às bases e de uma discussão interna que leve a mudanças de fundo. Continuar a evitar essa discussão sob o pretexto do apoio unitário a um outro candidato é um convite ao desastre. O patrimônio simbólico e histórico de Lula saiu intacto das mãos dos justiceiros de Curitiba & Co. É um patrimônio a preservar para o futuro. Seria um erro desperdiçá-lo, instrumentalizando-o para indicar novos candidatos. Uma coisa é o candidato Lula, outra, muito diferente, são os candidatos de Lula. Lula equivocou-se muitas vezes, e as nomeações para o Supremo Tribunal Federal aí estão a mostrá-lo.

A unidade das forças de esquerda deve ser pragmática, mas feita com princípios e compromissos detalhados. Pragmática, porque o que está em causa é algo básico: a sobrevivência da democracia. Mas com princípios e compromissos, pois o tempo dos cheques em branco causou muito mal ao país em todos estes anos. Sei que, para algumas forças, a política de classe deve ser privilegiada, enquanto para outras, as políticas de inclusão devem ser mais amplas e diversas. A verdade é que a sociedade brasileira é uma sociedade capitalista, racista e sexista. E é extremamente desigual e violenta. Entre 2012 e 2016 foram assassinadas mais pessoas no Brasil do que na Síria (279.000/256.000), apesar de este último país estar em guerra e o Brasil estar em “paz”. A esquerda que pensar que só existe política de classe está equivocada, a que pensar que não há política de classe está desarmada.

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boaventura_01
@Metabolic Rifts, Porto

Boaventura de Sousa Santos nasceu em Coimbra, 15 de Novembro de 1940. É doutor em Sociologia do Direito pela Universidade de Yale (1973), além de professor catedrático jubilado da Faculdade de Economia da Universidade de Coimbra e distinguished legal scholar da Universidade de Wisconsin-Madison. Foi também global legal scholar da Universidade de Warwick e professor visitante do Birkbeck College da Universidade de Londres. Seu livro mais recente é A difícil democracia: reinventar as esquerdas (Boitempo, 2016). Pela Boitempo, publicou também Renovar a teoria crítica e reinventar a emancipação social (2007). Colabora com o Blog da Boitempo esporadicamente.

Animals: endowed with rights

Whether one acknowledges the dignity of animals depends on that person’s paradigm (vision of the world and values). Two paradigms have been handed down to us since the most remote antiquity, and still endure today.

The first partadigm understands the human being as part of nature and, with her, another inhabitant participating in the immense community of life that has existed for 3.8 billion years. When the Earth was nearly complete, with all her biodiversity, we arose on the evolutionary scene as one more member of nature, one endowed with a singular characteristic; that of having the capacity to feel, think, love and care. This does not give us the right to consider ourselves masters of the reality that preceded us and that created the conditions for us to emerge. The culmination of evolution occurred with the appearance of life, not with the human being. Human life is a sub-chapter in the main chapter of life.

The second paradigm starts with the idea that the human being is the apex of evolution, and that all things are at his disposal to dominate and use as the human being pleases. He forgets that to emerge, humans needed all the natural factors that preceded us. Humans joined everything already in existence; he was not placed above everything else.

The two positions have had representatives throughout the centuries, who exhibited very different behavior. The first position finds its best manifestation in the Orient, with Buddhism and the religions of India. Among us, besides Bentham, Schopenhauer and Schweitzer, its main proponent was Francis of Assisi, considered by Pope Francis in his Encyclical letter “On the caring for the Common Home” as someone «who lived a marvelous harmony with God, with others and with himself… an example of integral ecology» (n. 10). But this tender and fraternal behavior of fusion with nature is not the vision that prevailed.

In the second paradigm, the human being is the “master and lord of nature”, as Descartes put it, who made himself hegemonic. It sees nature from the outside, not part of nature, but as her master. This is the root of modern anthropocentrism. Humans dominated nature, subjugated peoples and exploited all the Earth’s resources, such that we now have reached a critical point of insustainability. Its representatives are the founding fathers of the modern paradigm, such as Newton, Francis Bacon and others, and contemporary industrialism, which views nature merely as a collection of resources for its enrichment.

The first paradigm –the human being as part of nature– enjoys a fraternal and amicable relationship with all beings. The Kantian principle must be widened: not only is the human being an end in itself, but so are all living beings, which therefore must be respected. There is scientific data favoring this position. When Drick and Dawson decoded the genetic code in the 1950’s, it was shown that all living beings, from the most ancient amoeba, through the great jungles and the dinosaurs, and down to us, the human beings, possess the same basic genetic code: the 20 amino acids and four phosphoric bases. This led The Earthcharter, one of UNESCOS’ principal documents on modern ecology, to affirm that «we have a kinship spirit with all life» (Introduction). Pope Francis is more emphatic: «we walk together as brothers and sisters, and a link binds us with tender affection to Brother Sun, Sister Moon, to Brother River and Mother Earth» (n. 92). From this perspective, all beings, since they are our cousins and bothers and sisters, and possess their own form of sensibility and intelligence, are endowed with dignity and rights. If Mother Earth has rights, as the United Nations has affirmed, they, as living parts of the Earth, participate in those rights.

The second paradigm –the human being as the master of nature– has a utilitarian relationship with other beings and animals. On learning how cattle and poultry are slaughtered, we are terrified by the suffering to which they are subjected. The Earthcharter warns us: «wild animals must be protected from hunting methods, traps and fishing that cause extreme, prolonged and avoidable suffering» (n. 15b). Here we remember the wise words of the Suquamish-Duwamish Elder Grandfather Si’aul, aka, Seattle, (1854): «What is man without the other animals? If all the animals disappeared, man would die of spiritual loneliness. Because what happens to the animals will also happen to man. We all are related».

If we do not convert to the first paradigm, we will continue with the barbarity against our brothers and sisters in the community of life, the animals. As ecological consciousness grows, we become ever more aware that we are related, and as such we should treat each other as Saint Francis treated the brother wolf of Gubbio, and the simpler beings of nature.

Leonardo Boff Eco-Theologian-Philosopher Earthcharter Commission

Free translation from the Spanish sent by
Melina Alfaro, alfaro_melina@yahoo.com.ar.
Done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.

En Porto Alegre:no es ser petista,es ser justo y defender la democracia

El juicio de Lula por el juez de primera instancia, Sergio Moro, y su argumentación final están llenos de vacío de pruebas concretas. Abundan las deducciones y convicciones subjetivas, inapropiadas al ethos de un juez imparcial. No se acusa a Lula de tener cuentas en el exterior, que nunca tuvo, ni de haber desviado fortunas del erario en beneficio propio. Nada de eso. Se trata de un apartamento de tres pisos en Guarujá sin mayores calificaciones y de una finca en Atibaia, modesta, como modesta era la vida de su esposa Marisa Leticia que, hija de agricultores, le gustaba cultivar la tierra.

Las alegadas intervenciones de Lula junto a Petrobrás en favor de la constructora OAS, que a cambio le habría dado un triplex en Guarujá-SP, no se confirmaron. La solución fue entonces la invención de una justificación esdrújula y hasta vergonzosa para un juez mínimamente serio. Escribió: «si no hubo intervención de Lula, hubo sí un acto de oficio indeterminado». Esto vale decir: un acto no conocido y por eso inexistente. ¿Cómo puede un juez decidir sobre algo que él mismo no conoce? La situación colocó al juez Moro en dificultades cuando se hizo público que la OAS en negocios hechos en Brasilia empeñó el apartamento de Guarujá, signo de posesión y dominio del inmueble. Por lo tanto, no podía ser de Lula.
El hecho es que no se ha identificado ningún crimen de Lula, mucho menos cuentas en offshores.

Lo que quedó claro como la luz del sol es la voluntad condenatoria del juez Sergio Moro y de aquellos en cuyo nombre está actuando: las clases adineradas, el PSDB y parte significativa del PMDB con Temer al frente.

No se puede usar metáforas y ocultar el discurso con malabarismos. Tenemos que decir abiertamente que hubo un golpe parlamentario-jurídico-mediático, hegemonizado por los grupos altamente adinerados (0,05% de la población) que controlan gran parte del área económica y mantiene al Estado rehén de los altos intereses que le cobra para que pueda cerrar sus cuentas.

La verdad cristalina es que la elite dominante (según L.G.Belluzzo, no es élite, sólo hay ricos) comenzó a darse cuenta de que el poder proveniente del piso de abajo, con Lula, el PT y aliados, podría consolidarse y cambiar el rumbo del país con políticas sociales de inclusión de millones de pobres, amenazando así sus privilegios. Organizaron un golpe como siempre han hecho en la historia.

No hay que olvidar la afirmación muchas veces repetida de Darcy Ribeiro que nuestras clases opulentas y dominantes son las más reaccionarias y antisociales del mundo. Nunca pensaron un Brasil para todos; ni siquiera tienen un proyecto de nación. Están contentos con lo que el Pentágono (que también está implicado en el golpe, según fuentes fidedignas) y las grandes corporaciones mundiales están imponiendo: la recolonización de toda América Latina, particularmente de Brasil.

A estos, en la división mundial del trabajo, les cabe ser sólo exportadores de commodities. Este proyecto asumido por los que dieron el golpe no está sólo privatizando los bienes públicos. Están desnacionalizando nuestro parque industrial, el petróleo y otros commons brasileros. Están desmontando el país. El objetivo es abrir espacio a las grandes corporaciones a costa de la disminución del Estado, para que ocupen nuestro mercado de 200 millones de consumidores y puedan acumular excesivamente a costa nuestra.

Alguien con más autoridad que yo, el economista Luiz Gonzaga Belluzzo, en una entrevista, fue al núcleo de la cuestión: El crimen de Lula en realidad fue dirigir un gobierno vuelto hacia los más pobres, un gobierno más popular y soberano, y eso, amigos y amigas, jamás será aceptado por la Casa Grande. Defender a Lula es defender la historia, es defender la justicia. No es ser petista, es ser justo.

Lo que se juega el 24 de enero en Porto Alegre con los tres jueces de segunda instancia que van a juzgar a Lula es la definición del futuro de nuestro país: si aceptamos ser nuevamente colonia o si rechazamos ese proyecto indigno y llevamos adelante el sueño de tantos años y ahora reforzado de refundar en el Atlántico Sur un país robusto, autónomo, social y justo que se propone sanar la herida que sangra hasta el día de hoy: millones y millones de personas, víctimas de la Casa Grande de ayer y de hoy, los abandonados por ser considerados ceros económicos, en su mayoría hijos e hijas de la senzala, ante los cuales tenemos una deuda humanitaria hasta hoy nunca saldada.

El pueblo está callado, pero está atento. Conoce los derechos que le han sido secuestrados y la carga que se le quiere poner en la espalda. Dependiendo de la decisión de los jueces de segunda instancia en Porto Alegre puede haber una especie de desbordamiento imparable.

A los jueces les recuerdo sólo las palabras de la Revelación: “La ira de Dios vendrá sobre aquellos que en la injusticia aprisionan la verdad” (Romanos 1,18). El instrumento de la ira de Dios será, esta vez, la acción indignada del pueblo.

Por lo tanto, señores jueces, traten de juzgar según la justicia para escapar de la ira de Dios y del furor del pueblo indignado.

*Leonardo Boff ha escrito: Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, que saldrá publicado por la editorial Vozes a finales de febrero.

Traducción de Maria José Gavito