La alegria del Papa Francisco por la Carta de Apoyo que recibió de los latinoamericanos

Querido Papa Francisco:

En América Latina, en Brasil y en el Caribe y en otras partes del mundo somos muchos los que seguimos con preocupación la cerrada oposición y los ataques que le hacen minorías conservadoras, pero poderosas, desde dentro y fuera de la Iglesia. Perplejos, hemos presenciado algo inusitado en los últimos siglos: la rebelión de cardenales conservadores contra su modo de conducir el Sínodo y, sobre todo, la Iglesia Universal.

Una carta estrictamente personal, dirigida a Usted, fué pasada a la prensa como anticipadamente se hizo con la encíclica Laudato Si’ en clara violación de los principios de un periodismo ético.

Tales grupos conservadores postulan una vuelta al modelo de Iglesia del pasado, concebida como una fortaleza cerrada más que como «un hospital de campaña con las puertas abiertas para acoger a quien llama»; Iglesia que deberá «buscar y acompañar a la humanidad de hoy, con las puertas abiertas, ya que con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión y, en vez de ser puente, se convierte en barrera». Estas fueron sus valientes palabras.

Las actitudes pastorales del tipo de Iglesia propuesto en sus discursos y en sus gestos simbólicos se caracterizan por el amor cálido, por el encuentro vivo entre las personas y con Cristo presente entre nosotros, por la misericordia sin límites, por la “revolución de la ternura” y por la conversión pastoral. Esto implica que el pastor tenga “olor a oveja”, porque convive con ella y la acompaña a lo largo del camino.

Lamentamos que tales grupos conservadores, lo que más hacen, es decir no. No a la comunión de los divorciados vueltos a casar; no al reconocimiento de los homoafectivos; no a cualquier apertura al mundo que implique cambios sustantivos.

Tenemos que recordar a estos hermanos las cosas más obvias del mensaje de Jesús. Él no vino a decir no. Al contrario, él vino a decir sí. San Pablo, en la segunda epístola a los Corintios,nos recuerda que “en el Hijo de Dios todo ha sido sí… porque todas las promesas de Dios son sí en Jesús” (2Cor 1,20).

En el Evangelio de San Juan, Jesús dice explícitamente: “Si alguno viene a mí yo no le rechazaré nunca” (Jn 6,37). Podía ser una prostituta, un leproso, un teólogo temeroso como Nicodemo: a todos acogió con su amor y su misericordia.

La característica fundamental del Dios de Jesús, “Abba”, es su misericordia sin límites (Lc 6,36) y su amor preferencial por los pobres, los enfermos y los pecadores (Lc 5,32; 6,21). Más que fundar una nueva religión con feligreses piadosos, Jesús vino a enseñarnos a vivir y a realizar los bienes de su mensaje central, el Reino de Dios, que son: el amor, la compasión, el perdón, la solidaridad, el hambre y sed de justicia y el hacernos sentir hijos e hijas amados de Dios.

Los intentos de deslegitimar su modo de ser Obispo de Roma y Papa de la Iglesia universal serán vanos, porque nada se resiste a la bondad y a la ternura de las que Usted nos da un ejemplo espléndido. Por la historia sabemos que cuando prevalece el poder, como a ellos les gustaría que prevaleciese, desaparece el amor y se extingue la misericordia, valores centrales de su predicación y de la de Jesús.

En este contexto, nosotros cristianos abiertos a los desafíos del mundo actual, ante la nueva fase planetaria de la historia y las amenazas que pesan sobre el sistema-vida y el sistema-Tierra, valientemente señaladas en su encíclica Laudato Si’ sobre “el cuidado de la Casa Común”, queremos cerrar filas a su alrededor y mostrar nuestro total apoyo a su persona y a su ministerio, a su visión pastoral y abierta de Iglesia y a la forma carismática por la cual hace que sintamos nuevamente a la Iglesia como nuestro hogar espiritual. Y tanta gente de otras Iglesias y religiones y del mundo secular lo apoyan y lo admiran por su manera de hablar y de actuar.

No es destituido de significación el hecho de que la gran mayoría de los católicos viva en las Américas, en África y en Asia, donde se constata una gran vitalidad y creatividad en diálogo con las distintas culturas, mostrando múltiples rostros de la misma Iglesia de Cristo. La Iglesia católica es hoy una Iglesia del Tercer Mundo, pues sólo el 25% de católicos vive en Europa. El futuro de la Iglesia se juega en estas regiones donde el Espíritu sopla con fuerza. No darse cuenta de este hecho es seguir siendo eurocéntrico y vaticanocéntrico.

La Iglesia Católica no puede ser rehén de la cultura occidental, que es una cultura regional, por grandes que sean los méritos que haya acumulado. Es necesario que se desoccidentalice, abriéndose al proceso de mundialización que favorece el encuentro de culturas y caminos espirituales.

Querido Papa Francisco: Usted participa del destino del Maestro y de los apóstoles, que también fueron malentendidos, calumniados y perseguidos. Pero estamos tranquilos porque sabemos que Usted asume tales tribulaciones según el espíritu de las bienaventuranzas. Las soporta con humildad. Pide perdón por los pecados de la Iglesia y sigue los pasos del Nazareno.

Queremos estar a su lado, apoyarle en su visión evangélicay liberadora de la Iglesia, darle coraje y fuerza interior para actualizarnos, con palabras y gestos, la tradición de Jesús hecha de amor, de misericordia, de compasión, de intimidad con Dios y de solidaridad con la humanidad que sufre.

En fin, querido Papa Francisco, siga mostrándonos a todos que el evangelio es una propuesta buena para toda la humanidad, que el mensaje cristiano es una fuerza inspiradora en el “cuidado de la Casa Común” y generadora de una pequeña anticipación de una Tierra reconciliada consigo misma, con todos los seres humanos, con la naturaleza, y en especial con el Padre que mostró tener características de Madre de infinita bondad y ternura.

Al final, juntos podremos decir: “todo es muy bueno” (Gn 1,31).

Fuentes del Vaticano nos comunicaron que el Papa se mostró muy contento y agradecido por este apoyo

Il bioregionalismo come alternativa ecológica

Il modello ancora predominante nelle discussioni ecologiche privilegia, nell’ordine: lo Stato e il mondo; in economia lo sfruttamento della natura, la crescita/sviluppo illimitato a livello mondiale la competizione; in politica, prevale la centralizzazione, la gerarchizzazione, il controllo e il governo della maggioranza; nella cultura, la quantità più che la qualità; uniformazione dei costumi, il consumismo, l’individualismo e il pensiero tecnocratico.

Questo paradigma soggiace, in grande parte all’attuale crisi della Terra, perché considera questa come un tutto uniforme e non valorizza la singolarità dei suoi numerosi ecosistemi e la diversità delle culture. Per questo, genera squilibri nel sistema della vita e nella dinamica naturale della Terra. Era la critica che Chico Mendes faceva quando abbordava il tema dello sviluppo dell’Amazzonia: quella di volere applicare a questa regione in modo uniforme le stesse tecnologie e gli stessi metodi come alle altre regioni della Terra. Un simile procedimento comporterebbe la devastazione dell’Amazzonia, come di fatto sta avvenendo. Da qui il suo suggerimento dell’attività estrattivistica come adeguato a quell’ecosistema: tu estrai quello che occorre anche per il commercio, ma preservando la ricchezza di quella foresta, fondamentale per i climi e per l’equilibrio generale del pianeta.

Oggi si fa strada un’altra proposta più amica della natura e con la possibilità di tirarci fuori dall’attuale crisi: il bioregionalismo. La bio-regione si iscrive in un’area, normalmente definita dai fiumi, e da catene di monti. È ricoperta da un certo tipo di vegetazione, ha una sua geografia del terreno, con flora e fauna e mostra una cultura locale propria, con abitudini, tradizioni, valori, religione e storie nate e cresciute in loco.

In termini di scala il bioregionalismo è centrato nella regione e nella comunità; in economia, nella conservazione, adattamento, autosufficienza e cooperazione; in politica, nel decentramento e nella sussidiarietà, sulla partecipazione e sulla ricerca di consenso: nella cultura, favorisce la simbiosi, la diversità e la crescita qualitativa e inclusiva.

Il bioregionalismo non è cosa nuova, perché si ispira a stili di vita millenari, anteriori alla comparsa degli imperi e della loro burocrazia, gerarchie e eserciti, base degli Stati moderni.

Il compito-base del regionalismo e di far sì che gli abitanti capiscano l’importanza di valorizzare il luogo in cui vivono. Occorre far loro conoscere i tipi di suoli, di foreste, di animali, di sorgenti d’acqua, la direzione dei venti, climi e microclimi, i cicli delle stagioni, quello che la natura può offrirci in fatto di paesaggi, alimentazione, beni e servizi per noi e per tutta la comunità di vita. È necessario inserire le persone nella cultura locale, nelle strutture sociali, urbane e rurali, imparando dalle figure esemplari della storia locale. Insomma, sentirsi figlio e figlia della Terra.

È nella bioregione che la sostenibilità si fa reale e non retorica a servizio del mercato; si può trasformare in un processo dinamico che approfitta razionalmente delle capacità offerte dall’ecosistema locale, creando maggiore uguaglianza, diminuendo la povertà entro parametri ragionevoli, facilitando la partecipazione delle comunità quando si discute di progetti e priorità.

Pur rimanendo la comunità locale l’unità di base, questo non toglie importanza alle unità sistemiche maggiori (inter-regionali, nazionali, internazionali).

che interessano tutti (per esempio, il riscaldamento globale). L’idea del GLOCAL, vale a dire pensare e agire localmente e globalmente, ci aiuta ad articolare le due dimensioni. Sarà sempre necessario informarsi sull’esperienza di altre regioni e sullo stato generale del pianeta Terra.

Il bioregionalismo rende possibile alle merci la circolazione locale, evitando le grandi distanze; favorisce il sorgere di cooperative comunitarie. L’economia di mercato persiste, ma è composta soprattutto, anche se non esclusivamente di imprese familiari, iniziative i cui proprietari sono i lavoratori stessi, e una cooperazione aperta tra villaggi e municipi, come avviene tra i vari Comuni della valle del fiume Itajai, nello Stato di S. Catarina e in altre regioni.

Il bioregionalismo permette di lasciare in second’ordine l’obiettivo di “vivere meglio” (Etica dell’accumulazione illimitata) per dare il posto “al ben vivere e al convivere” (Etica della sufficienza) degli Andini, che implica sempre il benessere di tutta la comunità e entrare in armonia con la Madre Terra, con i suoli, le acque e gli altri elementi che sono alla base della nostra vita, con tutti gli altri esseri vivi dell’ecosistema.

Questo sentiero è percorso in molte parti del mondo. Rappresenta per noi il seme della speranza in questa mancanza di prospettive dei giorni attuali.

Leonardo Boff, scrittore, ecólogo, columnist del JB on line

Traduzione di Romano Baraglia e Lidia Arato

El biorregionalismo como alternativa ecológica

El modelo aún dominante en las discusiones ecológicas se centra en el ámbito estatal y en el mundo; en economía la explotación de la naturaleza, el crecimiento / desarrollo ilimitado a nivel mundial y la competencia; en política prevalece la centralización, la jerarquización, el control y el gobierno de la mayoría; en la cultura lo cuantitativo sobre lo cualitativo, la uniformización de las costumbres, el consumismo y el individualismo y el pensamiento tecnocrático.

Este paradigma subyace en gran parte a la crisis actual de la tierra, pues la considera como un todo uniforme sin valorar la singularidad de sus muchos ecosistemas y la diversidad de las culturas. Por eso, genera desequilibrios en el sistema de la vida y en la dinámica natural de la Tierra viva. Era la crítica que Chico Mendes hacía al abordar el desarrollo de la Amazonía: querer aplicar uniformemente las mismas tecnologías y métodos de otras regiones de la Tierra. Tal procedimiento daría lugar a la devastación de la Amazonia, como de hecho está ocurriendo. De ahí su propuesta del extractivismo como adecuado a ese ecosistema: Extrae lo que se necesita para el comercio, pero preservando la riqueza de esa selva, fundamental para los climas y el equilibrio general del planeta.

Hoy se está imponiendo otra vertiente más amiga de la naturaleza y con posibilidades para sacarnos de la crisis actual: el biorregionalismo. La biorregión se circunscribe a un área normalmente definida por los ríos y el macizo de montañas. Tiene un cierto tipo de vegetación, de geografía del terreno, de fauna y flora y muestra su propia cultura local con sus hábitos, tradiciones, valores, religión y la historia hecha en el lugar.

En cuanto a términos de escala se centra en la región y en la comunidad; en economía, en la conservación, la adaptación, la autosuficiencia y la cooperación; en política, en la descentralización, la subsidiariedad, la participación y la búsqueda de consenso; en cultura favorece la simbiosis, la diversidad y el crecimiento cualitativo e incluyente.

El biorregionalismo no es nuevo, ya que está inspirado en los antiguos modos de vida, antes de la aparición de los imperios con su burocracia, jerarquía y ejércitos, base de los estados modernos.

La tarea básica de biorregionalismo es hacer que las gentes entiendan y aprecien el lugar donde viven. Es importante que conozcan el tipo de suelos, los bosques, los animales, las fuentes de agua, la dirección de los vientos, los climas y microclimas, los ciclos de las estaciones, lo que la naturaleza nos puede ofrecer en términos de paisaje, alimentos y bienes y servicios para nosotros y para toda la comunidad de vida. Es necesario que la gente se impliquen en la cultura local, en las estructuras sociales, urbanas y rurales, aprenda de las figuras ejemplares de la historia local. Y, finalmente, se sienta hijo e hija de la Tierra.

En la biorregión la sostenibilidad se hace real y no retórica al servicio del marketing; puede convertirse en un proceso dinámico que aprovecha racionalmente las capacidades que ofrece el ecosistema local, creando más igualdad, disminuyendo la pobreza hasta niveles razonables, facilitando la participación de las comunidades en la creación de los proyectos y en las prioridades.

Aun siendo la comunidad local la unidad básica, esto no invalida las unidades sistémicas más grandes (inter-regionales, nacionales e internacionales) que afectan a todo el mundo (por ejemplo, el calentamiento global). La idea de lo glocal, es decir, pensar y actuar local y globalmente nos ayuda a articular las dos dimensiones. Siempre es necesario informarse sobre las experiencias de otras regiones y cómo va el estado general del planeta Tierra.

El biorregionalismo posibilita que las mercancías circulen localmente, evitando las largas distancias; favorece el surgimiento de cooperativas comunitarias; persiste la economía de mercado, pero compuesta principalmente, aunque no exclusivamente, de empresas familiares, iniciativas cuyos propietarios son los propios trabajadores y una cooperación abierta entre barrios y municipios, como ocurre entre varios municipios del valle del río Itajaí en Santa Catarina y en otros lugares.Se puede pensar también en una rede de bancos regionales.

El biorregionalismo permite dejar atrás el objetivo de “vivir mejor” (ética de la acumulación ilimitada) para dar espacio al “buen vivir y convivir” (ética de la suficiencia) de los andinos, que implica siempre el bienestar de toda la comunidad y entrar en armonía con la Madre Tierra, con los suelos, con las aguas y con los demás elementos que garantizan nuestra vida en común con los otros seres vivos del ecosistema.

Este es un camino que se está abriendo en muchos lugares del mundo. Establece una semilla de esperanza en medio de la falta de alternativas de hoy en día.

*Leonardo Boff escribió con Mark Hathaway, El Tao de la liberación: explorando la ecología de la transformación, 2012.

Traducción de MJ Gavito Milano