El perdón: la grandeza y la dignidad de las víctima de violencia extrema

Leonardo Boff*

Por iniciativa del obispo don Vicente Ferreira, pastor de la región de la tragedia de Brumadino-MG, y del profesor y psicoanalista René Dentz se ha organizado un libro que recoge excelentes estudios sobre el perdón: “Horizontes de Perdón” (Editora Ideias &Letras 2020, pp.180). Su singularidad reside en el hecho de haber recogido ejemplos de perdón de diferentes países con sus culturas y tradiciones propias.

Queremos comentar esta obra por su gran calidad y por abordar un tema de gran actualidad, abordado  también ampliamente por el  Papa Francisco en su encíclica social Fratelli tutti (2020).

El libro “Horizontes de Perdón” tiene como objetivo pensar el perdón a partir del sufrimiento concreto y terrible soportado por víctimas humanas inocentes o por todo un pueblo que ha sido víctima durante siglos. Aquí reside su gran fuerza y también su poder de convencimiento.

Un ejemplo, descrito y analizado por el obispo don Vicente Ferreira y René Dentz, organizador también de esta obra, viene de Brasil, de las tragedias criminales causadas por la ruptura de dos presas de la compañía minera Vale, en Mariana-MG el día 5 de mayo de 2015, que mató a 19 personas y destruyó la cuenca del Rio Doce con 55 millones de metros cúbicos de residuos mineros, y en Brumadinho-MG, el 25 de enero de 2019, con la ruptura de la presa de la misma compañía minera Vale, que causó que 272 personas quedarán enterradas bajo 12,7 millones de metros cúbicos de lodo y residuos.

El libro comienza con un minucioso estudio del obispo don Vicente Ferreira, pastor, poeta, músico y profeta: “Brumadinho: el perdón a partir de las víctimas de crímenes socioambientales”. Le precede un pertinente análisis de coyuntura global, bajo la hegemonía del capital, una máquina de causar  víctimas en todo el mundo. La compañía minera Vale representa la lógica del capital que prefiere el lucro a la vida, y acepta el riesgo de causar centenares de víctimas y de damnificar profundamente la naturaleza. Aun siendo consciente de los daños perpetrados, es reacia a compensar con justicia y equidad a las familias de las personas afectadas. Don Vicente busca comprender el proceso victimador de la globalización del capital mediante las categorías del sociólogo portugués, Boaventura de Souza Santos y la violencia con el psicoanálisis de Sigmund Freud, que frente a nuestra capacidad de superar  la violencia se muestra, en cierta forma, escéptico y resignado.

Don Vicente supera esta resignación con la contribución del mensaje cristiano muy en el espíritu de la Fratelli tutti del Papa Francisco. Esta testimonia el sacrificio de la víctima inocente, del Crucificado, que rompió el círculo de la venganza y del resentimiento perdonando a sus verdugos. Esta visión fue también desarrollada por el pensador René Girard, mencionado en el estudio. Este pensador francés emerge como uno de los que mejor han estudiado la dinámica de la violencia, que se origina por el deseo mimético excluyente (alguien quiere solo para sí un objeto excluyendo a terceros), pero que la propuesta cristiana mostró que este deseo mimético puede ser transformado en incluyente (deseamos juntos y compartimos el mismo objeto) por el perdón incondicional.

Este perdón plantea la exigencia de justicia a ser practicada por aquellos que provocaron el desastre criminal, en este caso los responsables de la compañía minera Vale. Esa lucha, la lleva el obispo con determinación y ternura, con canto, poesía y oración, junto con la comunidad de los sufrientes, que él acompaña incansablemente con un generoso equipo. Cabe citar nuevamente lo que dice la Fratelli tutti: “No se trata de proponer un perdón renunciando a los propios derechos ante un poderoso corrupto… Quien sufre injusticia tiene que defender vigorosamente sus derechos, los de su familia, precisamente porque debe guardar la dignidad que les fue dada, una dignidad que Dios ama” (n.241).

Para entender mejor la dinámica de la violencia y del perdón, algunos autores de avanzadillla fueron: el filósofo francés Paul Ricoeur con su libro La memoria, la historia, el olvido (Paris, Seuil 2000) y Frantz Fanon, Los condenados de la Tierra (1961).

La reconciliación y el perdón no terminan en sí mismos. La Fratelli tutti es inspiradora: “Como enseñaron los obispos de Sudáfrica  la verdadera reconciliación se alcanza de manera proactiva, «formando una nueva sociedad basada en el servicio a los otros, y no en el deseo de dominar; una sociedad basada en compartir con los otros lo que se tiene y no en la lucha egoísta de cada uno por la mayor riqueza posible; una sociedad en la cual el valor de estar juntos como seres humanos es, en último análisis, más importante que cualquier grupo menor, sea la familia, la nación, la etnia o la cultura» (n.213). Y los obispos de Corea del Sur destacaron que una verdadera paz «sólo se puede alcanzar cuando luchamos por la justicia a través del diálogo, buscando la reconciliación y el desarrollo mutuo” (n.229).

Conviene destacar que cada pueblo y cada grupo ha encontrado caminos propios para llegar al perdón. Así, por ejemplo, para los afrodescendientes brasileros es imprescindible para un perdón real que los blancos que los victimaron por la esclavitud, reconozcan la inhumanidad que cometieron, refuercen la identidad africana y les restauren en su dignidad ofendida. Bien se ha dicho: “el perdón es más que una justa justicia, antes es más bien una donación donada a los otros”.

En el Congo Brazzaville, país marcado por sangrientas guerras civiles, el concepto-clave ha sido “palaver”, recurrente en los países al sur del Sáhara. “Palaver” implica buscar la verdad por el diálogo, por la libertad de hablar todos, independientemente de su lugar social y de género, hasta que se elabore un consenso en función de la paz social; todos se perdonan  mutuamente, sin castigar a nadie, pero todos se proponen corregir los errores. El texto muestra cómo ese pacto por la ganancia de poder de grupos y por la vasta corrupción que asola al país, no consiguió prevalecer y tener su sustentabilidad garantizada. Pero valió la pena el intento.

En Sudáfrica, el concepto-clave en el proceso de reconciliación y de perdón, conducido por el arzobispo anglicano Desmond Tutu, ha sido la categoría “Ubuntu”, que expresa fundamentalmente esta profunda verdad antropológica: “yo soy yo a través de ti”. Todos se sienten interligados. La estrategia era: el victimador confiesa su crimen con toda sinceridad; la víctima escucha atentamente y narra su dolor; se restaura la justicia reparadora y restaurativa, eventualmente se acepta una pena curativa, excepto para los crímenes más hediondos de lesa-humanidad, que son enviados al tribunal competente.

Otra contribución trabaja en estudios avanzados de mereología (cómo las partes se relacionan con otras partes, cómo se sitúan en el todo y cómo se mueven dentro de él). Los dos autores del libro articulan los datos con una cierta armonía, base para el perdón, así definido por ellos:

“La superación del afecto negativo y del juicio en relación al ofensor, no negándonos a nosotros mismos el derecho a tal afecto y juicio, pero esforzándonos en ver al ofensor con compasión, benevolencia y amor”.

El presupuesto antropológico es que por más criminal que sea alguien, nunca es solo criminal, jamás deja de ser humano con muchas otras virtualidades también positivas. De la misma manera, por más que la población fuese traída violentamente de África a Brasil para ser esclava, nunca los señores de esclavos consiguieron matarles la libertad. Ellos resistieron y buscaron siempre conservar su identidad cultural y religiosa. El quilombolismo es una prueba de ello, visible todavía hoy en los cientos de quilombos existentes, donde se vive una vida más comunitaria, igualitaria, en la línea del “Ubuntu”.

Sin embargo, hasta que no se abandone el resentimiento y el espíritu de venganza, no se abrirá el camino al verdadero perdón. No se trata de olvidar, sino de no ser más rehén de un interminable ciclo de amargura y de tristeza.

En este punto de perdón generoso, el cristianismo mostró su capital humanístico. Como lo muestra el texto de don Vicente y especialmente el de Colombia que lo expresa así: perdonar lo imperdonable no es solo una muestra de cómo el espíritu humano puede revelar su transcendencia, su capacidad de ir más allá de cualquier situación por inhumana que se presente, es sobre todo un don de la gracia divina. Perdonamos porque fuimos perdonados por Dios y por Cristo cuya misericordia no sufre ninguna limitación.

La justicia es irrenunciable, pero no es ella quien escribe la última página de la historia de la humanidad. El filósofo Roger Icar respondió excelentemente a Wiesenthal, que buscaba por todo el mundo a los criminales nazis: “El perdón sin justicia revela debilidad, pero la justicia sin perdón representa una fuerza inhumana”.

Estos textos revelan la excelencia de las reflexiones sobre el perdón, uno de los mejores publicado en los últimos tiempos. La parte inhumana del ser humano puede, mediante el perdón y la reconciliación, ser rescatada y transformada. Esta es la gran lección que quiere trasmitir esta notable obra Horizontes de perdón, tan bien organizada por el obispo-pastor don Vicente de Brumadinho y por el erudito psicoanalista René Dentz.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y a propósito del tema ha escrito Pasión de Cristo-Pasión del mundo, Vozes 1977; Principio de compasión y de cuidado, Vozes 2009; Reflexiones de un viejo teólogo y pensador,

Vozes 2018.

Traducción de María José Gavito Milano

En medio de la pandemia:la urgencia del Espíritu de vida

Leonardo Boff*

En plena pandemia, con miles de muertos cada día, celebramos la fiesta de Pentecostés, del Espíritu dador de vida y sanador. Su actuación junto a todos los que están en primera línea del combate a la Covid-19 es urgente para mantenerlos vivos, protegidos y con el ánimo heroico de continuar  en su misión de salvar vidas, poniendo en peligro las suyas propias. El himno litúrgico de la fiesta de hoy dice que es el “consolador óptimo y el dulce refrigerio”. Más que nunca debe mostrarse con estos dones a todos los que trabajan en los hospitales.

Reflexionemos un poco sobre la naturaleza del Espíritu Santo y su relevancia para la vida y para el dramático momento actual.

En primer lugar es importante decir que el Espíritu fue el primero en llegar a este mundo, y sigue llegando todavía.Vino y armó su tienda sobre María de Nazaret. Es decir, fijó su morada permanente en ella (Lc 1,35) y elevó lo femenino a la altura de lo Divino.

De esta presencia suya se originó la santa humanidad del Hijo de Dios. El Verbo armó su tienda (Jn 1,14) en el hombre Jesús, engendrado por María. En un momento de la historia, ella, la simple mujer de Nazaret, es el templo de Dios vivo: en ella habitan dos Personas divinas: el Espíritu que la hace “bendita entre todas las mujeres” (Lc 1,42) y el Hijo de Dios, creciendo dentro de ella, de quien es verdaderamente madre.

Después, el Espíritu descendió sobre Jesús cuando fue bautizado por Juan Batista (Mt 3,16) y lo inflamó para su misión liberadora. Descendió sobre la primera comunidad reunida en Jerusalén (Hch 2,1-3), en la fiesta de Pentecostés, haciendo nacer la Iglesia. Continuó descendiendo, independientemente de si las personas eran cristianas y bautizadas o no, como ocurrió con el oficial romano Cornelio, pagano todavía (Hch 11,45). Y en toda la historia ha venido siempre antes que los misioneros, haciendo que en el corazón de los pueblos prevalezca el amor, se cultive lajusticia y se viva la compasión, todos señales de la presencia del Espíritu. Una vez entrado en la historia nunca más la dejó. Toma lo que es de Jesús, lo pasa adelante, pero también “anuncia cosas nuevas que han de venir” (Jn 16,13).

Por el Espíritu irrumpen los profetas, cantan los poetas, crean los artistas, y las personas practican el bien, lo justo y lo verdadero. Del Espíritu se moldean los santos y santas, especialmente aquellos que entregan su propia vida para la vida de los otros, como ahora los que trabajan, casi hasta la extenuación, en los hospitales de todoslos paises y del mundo.

También por el Espíritu viejas y crepusculares instituciones de repente se renuevan y prestan el servicio necesario a las comunidades, como lo está haciendo el Papa Francisco y también otras Iglesias cristianas.

El mundo está grávido del Espíritu incluso cuando el espíritu de la iniquidad persevera en su obra, hostil a la vida y atodo lo que es sagrado y divino. Eso está ocurriendo en nuestro país con un gobernante más amigo de la muerte que de la vida. 

Quien se siente más perjudicado en este momento, sin casa adecuada para morar, sin saber lo que va a comer el día siguiente, sin trabajo y sin ninguna seguridad contra los ataques del virus letal es el pobre. Hoy son millones. Los pobres gritan. Y Dios, que es el Dios del grito, es decir, aquel que escucha el grito del oprimido, deja su transcendenciay baja para escucharlos y liberarlos, como en el caso del cautiverio en Egipto (cf. Ex 4,3). Es el Espíritu quien nos hace gritar Abba, Papá (Rm 8,15; Gal 4,6). Por eso el Espíritu es el padre y el padrino de los pobres (pater pauperum)como la Iglesia canta en esta fiesta .

Seguramente no lo hace milagrosamente, pero les da ánimo y resistencia, voluntad de lucha y de conquista. No deja que sus brazos decaigan. Él envió la luz a los corazones de los pobres para descubrir las iniciativas apropiadas, para resistir y de hecho han llegado vivos hasta hoy. Si los indígenas no pudieron ser totalmente exterminados y ahora, por negligencia de las autoridades brasileras están en grave peligro, si los afrodescendientes no sucumbieron bajo el peso de la esclavitud, fue porque dentro de ellos había una energía de resistencia y de liberación (axé) aquello que el himno llama dones y luz de los corazones: el Espíritu Santo, poco importa el nombre que le demos.

A los desesperados Él se muestra como un consolador sin igual. No los asiste desde afuera. Viene a morar dentro de ellos como huésped para auxiliarlos y aconsejarlos, pues esta es su misión. En los grandes aprietos y crisis, Él se anuncia como una referencia de paz, de calma: un refrigerio. Así lo dice el himno de Pentecostés, que estoy citando literalmente.

Él surge como el gran consolador. Cuántas veces en estos tiempos sombríos de epidemia, las amarguras de la vida nos llenan los ojos de lágrimas. Cuando perdemos a un ser querido sin poder despedirnos de él y guardar el luto necesario o cuando vivimos profundas frustraciones, afectivas o profesionales, como desempleados/as parece que caemos en unabismo. En estos momentos es cuando debemos suplicar: “Ven Espíritu, confórtanos, enjuga nuestras lágrimas y calma nuestros sollozos”.

El Espíritu Santo vino una vez y sigue viniendo permanentemente. Pero en momentos dramáticos como los nuestros,bajo la Covid-19, necesitamos clamar: ”Ven Espíritu Santo, renueva la faz de la Tierra y salva a nuestros pueblos”. 

Si el Espíritu no viene, estaremos condenados a ver el paisaje descrito por el profeta Ezequiel (c.37): la Tierra cubierta de cadáveres y huesos por todas partes. Y eso no lo queremos de manera alguna. Pero cuando Él viene, los cadáveres se revisten de vida y el desierto se vuelve un vergel. Los pobres recibirán su justicia, los enfermos conseguirán salud y los pecadores, que somos todos nosotros, recibiremos el perdón y la gracia. Ojalá eso suceda pronto.

Esta es nuestra fe, y más aún, nuestra inquebrantable esperanza, unida a una profunda solidaridad con todas las víctimas de la Covid-19 de nuestro pais y del mundo.

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito: El Espíritu Santo: fuego interior, dador de vida y padre de los pobres, Managua, Pavsa 2014.

Traducción de Mª José Gavito Milano

No meio da pandemia: a urgência do Espírito de vida

                           Leonardo Boff

Em plena pandemia com milhares de mortos cada dia, celebramos a festa de Pentecostes, do Espírito doador de vida e curador. Sua atuação junto a todos os que estão na linha de frente no combate ao Covid-19 é urgente para mantê-los vivos, protegidos e com o ânimo heroico de continuarem em sua missão de salvar vidas, pondo as suas próprias em risco. O hino litúrgico da festa de hoje fala que ele é o “consolador ótimo e o doce refrigério”.Mais do que nunca deve se mostrar com estes dons a todos os que trabalham nos hospitais.

Reflitamos um pouco sobre a natureza do Espírito Santo e sua relevância para a vida e para o dramático momento atual.

Em primeiro lugar importa dizer que o Espírito foi o primeiro a chegar a este mundo e ainda está chegando. Veio e armou sua tenda sobre Maria de Nazaré. Quer dizer, fixou nela sua morada permanente (Lc 1,35) e elevou o feminino à altura do Divino.

Desta sua presença, se originou a santa humanidade do Filho de Deus. O Verbo armou sua tenda (Jo 1,14) no homem Jesus gerado por Maria. Num momento da história, ela, a simples mulher de Nazaré, é o templo de Deus vivo: nela habitam duas divinas Pessoas: o Espírito  que a faz “bendita entre todas as mulheres” (Lc 1,42) e o Filho de Deus, crescendo dentro dela, de quem é verdadeiramente mãe.     

Depois,  o Espírito desceu sobre Jesus na ocasião do batismo por João Batista e o inflamou para a sua missão libertadora. Desceu sobre a primeira comunidade reunida em Jerusalém, na festa de Pentecostes que agora celebramos, fazendo nascer a Igreja. Continuou descendo, independentemente, se as pessoas eram cristãs e batizadas ou não como ocorreu com o oficial romano Cornélio, ainda pagão (At 11,45). E em toda a história sempre veio antes dos missionários, fazendo com que no coração dos povos vigorasse o amor, se cultivasse a justiça e se vivesse a compaixão.Esses valores mostram a ação do Espírito Santo. Uma vez entrado na história, nunca mais a deixou. Toma o que é de Jesus, passa-o adiante mas também “anuncia coisas novas que hão de vir”(Jo 16,13).

É pelo Espírito que irrompem os profetas, cantam os poetas, criam os artistas, e pessoas praticam o bem, o justo e o verdadeiro. Do Espírito se moldam os santos e santas, especialmente aqueles que entregam a própria vida para a vida dos outros, como agora os que trabalham,quase à exaustão, nos hospitais do Brasil e do mundo.

É também pelo Espírito que velhas e  crepusculares instituições, de repente, se renovam e prestam o serviço necessário para as comunidades como o Papa Francisco está fazendo e também outras igrejas cristãs.

O mundo está grávido do Espírito mesmo quando o espírito da iniquidade persevera na sua obra, hostil à vida e a tudo o que é sagrado e divino. Isso está ocorrendo em nosso país com um governante mais amigo da morte do que da vida.

Quem se sente mais penalizado nesse momento, sem casa adequada para morar, sem saber o que vai comer no dia seguinte, sem trabalho e sem nenhuma segurança contra os ataques do vírus letal é o pobre. Hoje são milhões. Os pobres gritam. E Deus é o Deus do grito, quer dizer, aquele que escuta o grito do oprimido. Deixa sua transcendência e desce para escutá-los e libertá-los, como no caso do cativeiro no Egito (cf. Ex 4,3). É o Espírito que nos faz gritar Abba, Paizinho querido (Rm 8,15; Gal 4,6). Por isso o Espírito é o pai  e o padrinho dos pobres (pater pauperum) como a Igreja canta hoje nesta festa.

Seguramente não o faz miraculosamente, mas lhe confere ânimo e resistência, vontade de luta e de conquista. Não deixa que seus braços se abaixem. Ele enviou a luz aos corações dos pobres para descobrirem as iniciativas certas, persistirem e de fato chegaram vivos  até hoje; se os indígenas não puderam ser totalmente exterminados e agora, por incúria das autoridades brasileiros estão sob grave risco, se os afrodescendentes não puderam sucumbir ao peso da escravidão, foi porque dentro deles havia uma energia de resistência e de libertação, aquilo que o hino chama de dons e luz dos corações: o Espírito Santo, pouco importa o nome que dermos.

Aos desesperados Ele se mostra como um consolador sem igual. Não os assiste a partir de fora. Foi morar dentro deles com hóspede para auxiliá-los e aconselhá-los, pois esta é sua missão. Nos grandes apertos e crises, Ele se anuncia como uma referência de paz, de calma: um refrigério. Pois assim diz o hino de Pentecostes que estou citando literalmente.

Ele surge como o grande consolador. Quantas vezes,nestes tempos sombrios de epidemia as agruras da vida nos fazem encher os olhos de lágrimas. Quando perdemos um ente querido, sem poder se despedir dele e fazer o luto necessário, ou vivemos profundas frustrações, afetivas ou profissionais como desempregados/as parece que caímos num abismo. É nestes momentos em que devemos suplicar: “Vem Espírito, sede nosso  conforto; enxugue nossas lágrimas e alivie nossos soluços.

O Espírito Santo  veio uma vez e continua vindo permanentemente. Mas em momentos dramáticos como os nossos, sob o Covid-19 precisamos clamar:”Vem Espírito Santo e renova a face da Terra, salve o nosso país, livre-nos dos que não cuidam da vida”.

Se o Espírito não vier, seremos condenados a ver a paisagem descrita pelo profeta Ezequiel (c.37):  a Terra coberta de cadáveres e ossos por todos os lados. Isso jamais queremos de jeito nenhum. Mas quando ele vem, os cadáveres se revestem de vida e o deserto se faz um vergel. Os pobres receberão sua justiça, os enfermos ganharão  saúde e os pecadores que somos todos nós, receberemos o perdão e a graça. Oxalá isso aconteça logo.

Essa é a nossa fé e mais ainda, a nossa imorredoura esperança, unida a um profunda solidariedade com todas as vítimas do Covid-19 de nosso país e do mundo.

Leonardo Boff é teólogo e esceveu O Espírito Santo: fogo interior, doador de vida e pai dos pobres, Vozes 2013.

O perdão: a grandeza e a dignidade das vítimas de extrema violência

                                    Leonardo Boff*

Por iniciativa do bispo Dom Vicente Ferreira, pastor da região da tragédia de Brumadino-MG e do professor e psicanalista René Dentz, foi organizado um livro que recolhe  excelentes estudos sobre o perdão:”Horizontes de Perdão” (Editora Ideias & Letras 2020,pp.180). Sua singularidade reside no fato de  terem sido escolhidos exemplos de perdão de  diferentes países com suas culturas e tradições próprias.

Queremos comentar esta obra por sua alta qualidade e por abordar um tema de grande atualidade, também largamente abordada pelo Papa Francisco na sua encíclica social Fratelli tutti (2020).

O livro “Horizontes de Perdão” tem como foco  pensar o perdão a partir do sofrimento concreto e terrível, suportado por vítimas humanas inocentes ou por todo um povo vitimado durante séculos. Aqui reside sua grande força e também o seu poder de convencimento.

Um exemplo, descrito e analisado pelo bispo Dom Vicente Ferreira e de René Dentz, também organizador desta obra, vem do Brasil, das tragédias criminosas do rompimento de duas barragens da mineradora Vale, em Mariana-MG no dia 05 de maio de 2015, matando 19 pessoas e destruindo a bacia do Rio Doce, com 55 milhões de metros cúbicos de rejeitos de minério e Brumadinho-MG, no dia 25 de janeiro de 2019, com a ruptura da barragem da mesma mineradora Vale, vitimando 272 pessoas, soterradas  sob 12,7 milhões de metros cúbicos de lama e detritos.

O livro abre com um minucioso estudo do bispo Dom Vicente Ferreira, pastor, poeta, músico e profeta: “Brumadinho: o perdão a partir das vítimas de crimes socioambientais”. Precede-o uma pertinente  análise de conjuntura global, sob a hegemonia do capital, uma máquina de fazer vítimas no mundo inteiro. A mineradora Vale representa a lógica do capital que prefere o lucro à vida, aceitando o risco de dizimar centenas pessoas e de danificar profundamente a natureza.Mesmo consciente dos danos perpetrados, reluta  em compensar com justiça e equidade as famílias e pessoas afetas.

Dom Vicente procura entender o processo vitimatório da globalização do capital com as categorias do sociólogo português, Boaventura de Souza Santos e a compreensão da violência com a psicanálise de Sigmund Freud que face à nossa capacidade de superar a violência  se mostra, de certa forma, cético e  resignado.

Dom Vicente supera esta resignação com a contribuição da mensagem cristã bem no espírito da Fratelli tutti do Papa Francisco. Esta testemunha o sacrifício da vítima inocente, do Crucificado que rompeu o círculo da vingança e do ressentimento com o perdão a seus algozes. Esta visão foi bem desenvolvida pelo pensador René Girard referido no estudo. Este pensador francês emerge como um dos que melhor estudou a dinâmica da  violência que se origina pelo desejo mimético excludente (alguém quer só para si um objeto excluindo a terceiros), mas que a proposta cristã mostrou que este desejo mimético pode ser transformado em includente (desejamos juntos  e compartilhamos o mesmo objeto) pelo perdão incondicional.

Mas esse perdão coloca a exigência de justiça a ser praticada por aqueles que provocaram o desastre criminoso, no caso os responsáveis da mineradora Vale. Essa luta, o bispo a leva com determinação e ternura, com canto, poesia e oração junto com a comunidade dos sofredores que ele incansavelmente, com uma  generosa equipe, acompanha. Cabe citar novamente o que diz a Fratelli tutti:.”Não se trata de propor um perdão renunciando aos próprios direitos perante um poderoso corrupto… Quem sofre injustiça tem de defender vigorosamente os seus direitos e os da sua família, precisamente porque deve guardar a dignidade que lhes foi dada, uma dignidade que Deus ama”(n.241)

Para entender melhor a dinâmica da violência e do perdão, alguns autores foram seminais: o filósofo francês Paul Ricoeur com seu livro “La mémoire, l’histoire, l’oubli” (Paris, Seuil 2000) e Franz Fanon, “Os condenados da Terra” (Rio de Janeiro, Civilização Brasileira 1968).

A reconciliação e o perdão não terminam em si mesmos. Novamente  a Fratelli tutti  é inspiradora:

Como ensinaram os bispos da África do Sul, a verdadeira reconciliação alcança-se de maneira proativa, «formando uma nova sociedade baseada no serviço aos outros, e não no desejo de dominar; uma sociedade baseada na partilha do que se possui com os outros, e não na luta egoísta de cada um pela maior riqueza possível; uma sociedade na qual o valor de estar juntos como seres humanos é, em última análise, mais importante do que qualquer grupo menor, seja ele a família, a nação, a etnia ou a cultura» (n.213). E os bispos da Coreia do Sul destacaram que uma verdadeira paz «só se pode alcançar quando lutamos pela justiça através do diálogo, buscando a reconciliação e o desenvolvimento mútuo”(n.229)

Releva enfatizar: cada povo e cada grupo encontraram caminhos próprios para chegar ao perdão. Assim, por exemplo, para os afrodescendentes brasileiros é imprescindível para um perdão real que os brancos que os vitimizaram pela escravidão, reconheçam a desumanidade que cometerem, reforcem a identidade africana e os restaurem na sua dignidade ofendida. Bem se disse: “o perdão é mais que uma justa justiça, antes é da ordem da doação- doação aos outros”.

No Congo Brazzaville, país marcado por sangrentas guerras civis, o conceito chave foi “palaver”, recorrente nos países do sul do Saara. “Palaver” implica buscar a verdade pelo diálogo, pela liberdade de todos falarem, independemente de seu lugar social e de gênero, até se elaborar um consenso em função da paz social; todos se perdoam mutuamente, sem penalizar ninguém mas todos se propõem corrigir os erros. O texto mostra como esse pacto pela ganância do poder de grupos e pela vasta corrupção que assola o  país, não conseguiu prevalecer e ter sua sustentabilidade garantida. Mas velu a tentativa.

Na Africa do Sul, o conceito-chave no processo de reconciliação e de perdão, conduzido pelo arcebispo anglicano Desmod Tutu, foi a categoria “Ubuntu”. Ela fundamentalmente expressa essa profunda verdade antropológica: “eu só sou eu através de você”. Todos se sentem interligados. A estratégia era: o vitimador confessa seu crime com toda sinceridade; a vítima escuta atentamente e narra a sua dor; restaura-se a justiça  reparadora e restaurativa, eventualmente aceita-se uma punição curativa, exceto para os crimes mais hediondos de  lesa-humanidade que são encaminhados ao tribunal competente.

Outra contribuição trabalha estudos avançados de mereologia (como as partes se relacionam com outras partes, como elas se situam no todo e como dentro dele se movem). Os dois autores articulam os dados numa certa harmonia, base para o perdão, assim definido por eles: 

A superação do afeto negativo e do julgamento em relação ao ofensor, não negando a nós mesmos o direito a tal afeto e julgamento, mas se esforçar em ver o ofensor com compaixão, benevolência e amor.

O pressuposto antropológico é que por mais criminoso que alguém seja, nunca é só criminoso, jamais deixa de ser humano com muitas outras virtualidades também positivas. Da mesma forma, por mais que a população trazida violentamente de Africa para ser escrava no Brasil, nunca os senhores de escravos conseguiram matar-lhes a liberdade. Eles resistiram e procuraram sempre conservar sua identidade cultural e religiosa. O quilombolismo é disso uma prova ainda hoje visível nas centenas de quilombos existentes, onde se vive uma vida mais comunitária, igualitária, na linha do “Ubuntu”.

 Entretanto, enquanto não se parar de dar um dowload do ressentimento e do espírito de vendetta, nunca se rasgará o caminho para um verdadeiro perdão. Não se trata de esquecimento, mas de não deixar de ser refém de um interminável ciclo de amargura e de mágoa.

Nesse ponto do perdão generoso, o cristianismo mostrou seu capital humanístico. Como o texto de Dom Vicente o mostra e especialmente o da Colôambia que assim o expressa: perdoar o  imperdoável não é só uma amostra como o expírito humano pode revelar a sua transcendência, a sua capacidade de estar para além de qualquer situação por mais desumana que se apresente, mas é acima de tudo o dom da graça divina. Perdoamos porque fomos perdoados por Deus e por Cristo cuja misericórdia não sofre nenhuma limitação.

A justiça é irrenunciável. Mas não é ela que escreve a última página da história humana. Excelentemente respondeu um filósofo Roger Icar a Wiesenthal, aquele que  buscava no mundo todo criminosos nazistas: “O perdão sem justiça revela fraqueza, mas uma justiça sem perdão representa uma força desumana”.

Estes textos revelam a excelência das reflexões sobre o perdão, dos melhores publicados nos últimos tempos. A parte desumana no ser humano, pode pelo perdão e pela reconciliação ser resgatada e transformada. Essa é a grande lição que esta notável obra “Horizontes de Perdão” nos quer transmitir, tão bem organizada pelo bispo-pastor Dom Vicente de Brumadinho e pelo erudito  psicanalista Renê Dentz.

*Leonardo Boff é teólogo e filósofo e a propósito do tema Paixão de Cristo-Paixão do mundo, Vozes 1977; Princípio de compaixão e cuidado,Vozes 2009; Reflexões de um velho teólogo e pensador, Vozes 2018.