Frei Betto:una conclamación internacional contra los crimines de lesa-humanidad del Presidente Bolsonaro

CARTA A AMIGOS Y AMIGAS  DE  TODO EL MUNDO

 

Frei Betto

Queridos amigos y amigas:

¡En Brasil hay un genocidio! Al momento de escribir, 16 de julio de 2020, el Covid-19, que surgió aquí en febrero de este año, ya habrá matado 76 mil personas. Ya hay más de 2 millones de infectados. Para el domingo 19 de julio, alcanzaremos 80 miertes muertes. Es posible que ahora que lees este llamamiento dramático, las muertes hayan llegado a 100 mil.

Cuando recuerdo que en la Guerra de Vietnam, durante más de 20 años, se sacrificaron 58 mil vidas del personal militar de EE. UU., tengo la medida de la seriedad de lo que está sucediendo en mi país. Este horror causa indignación y molestia. Todos sabemos que las medidas preventivas y restrictivas, adoptadas en tantos otros países, podrían haber evitado tal número de muertos.

Este genocidio no es el resultado de la indiferencia del gobierno de Bolsonaro. Es intencional. Bolsonaro está satisfecho con la muerte de otros. Cuando era diputado federal, en una entrevista televisiva en 1999, declaró: “¡Al votar no cambiarás nada en este país, nada, absolutamente nada! Desafortunadamente, solo cambiará si un día vamos a una guerra civil aquí, y hacemos el trabajo que el régimen militar no hizo: matar a unos 30 mil”.

Al votar a favor del juicio político contra presidenta Dilma, ofreció su voto en memoria del torturador más notorio del ejército: el coronel Carlos Brilhante Ustra.

Debido a que está tan obsesionado con la muerte, una de sus principales políticas gubernamentales es liberar el comercio de armas y municiones. Cuando se le preguntó en la puerta del palacio presidencial si no le importaban las víctimas de la pandemia, respondió: “No creo en esos números” (27 de marzo, 92 muertes); “Todos moriremos algún día” (29 de marzo, 136 muertes); “¿Y qué? ¿Qué quieres que haga?” (28 de abril, 5,017 muertes).

¿Por qué esta política necrofílica? Desde el principio, declaró que lo importante no era salvar vidas, sino la economía. De ahí su negativa a declarar un cierre, cumplir con las pautas de la OMS e importar respiradores y equipos de protección personal. La Corte Suprema tuvo que delegar esta responsabilidad a los gobernadores y alcaldes.

Bolsonaro ni siquiera respetó la autoridad de sus propios ministros de Salud. Desde febrero, Brasil ha tenido dos, ambos despedidos por negarse a adoptar la misma actitud que el presidente. Ahora, al frente del ministerio, está el general Pazuello, que no entiende nada sobre temas de salud; trató de ocultar los datos sobre la evolución del número de víctimas del coronavirus; empleó a 1.249 militares en funciones clave del ministerio, sin que estos tuvieran las calificaciones requeridas; y canceló las conferencias de prensa que eran la vía para que la población recibiera orientaciones.

Sería exhaustivo enumerar aquí cuántas medidas para liberar recursos para ayudar a las víctimas y las familias de bajos ingresos (más de 100 millones de brasileños) nunca se han implementado.

Las razones de la intencionalidad criminal del gobierno de Bolsonaro son evidentes. Dejar morir a los ancianos para ahorrar recursos de la Seguridad Social. Dejar morir las enfermedades preexistentes para ahorrar recursos del SUS (Sistema Unico de Salud), el sistema nacional de salud. Permitir que los pobres mueran para ahorrar recursos del Renta Familia y otros programas sociales para los 52.5 millones de brasileños que viven en la pobreza y los 13.5 millones que están en la pobreza extrema. (Datos del Gobierno federal).

Mucho antes de que lo hiciera el periódico The Economist, en las redes digitales trato al presidente como BolsoNero, mientras Roma arde, él toca la lira y anuncia cloroquina, un medicamento sin eficacia científica contra el nuevo coronavirus. Sin embargo, sus fabricantes son aliados políticos del presidente…

Le agradezco su amable interés en difundir esta carta. Solo la presión del exterior podrá detener el genocidio que está asolando a nuestro amado y maravilloso Brasil.

Fraternalmente,

Frei Betto

 

Frei Betto es un fraile dominico y escritor, asesor de la FAO y los movimientos sociales. (www.freibetto.org)

 

 

Risco de genocídio indígena na Amazônia:alertam centenas de entidades

O Coronavírus que está afetando toda a humanidade chegou também às nações indígenas da Amazônia. 600 mil indígenas de 170 povos foram afetados. Mortos já somam 28 mil. As políticas governamentais são inadequadas. Ao invés de mandar médicos, o governo Bolsonaro manda tropas do exército, como se elas pudessem  matar o virus. Teme-se um verdadeiro genocídio, quer dizer, quando um povo, com poucos membros, é infectado e todos se infectam e morrem. Morre junto uma cultura, uma língua, uma visão de mundo, morrem irmãos e irmãs nossas.Toda a humanidade perde um valor inestimável e irrecuperável. Responsáveis por genocído, como já ocorreu, há poucos anos, são levados ao Tribunal Penal  Internacional de Crimes contra a Humanidade.E são condenados, geralmente, à prisão perpétua.

No desespero da situação se auto-convocou uma Assembléia Geral, tendo à frente a REPAM (Rede Eclesial Panamazônica), uma articulação de igrejas e entidades que cobre toda a América Latina e que se organiza para implementar a nova inculturação da fé nas culturas indígenas, proposta pelo Papa Francisco com seu documento “Querida Amazônia”, fruto do Sínodo Panamazônico de 2019 realizado em Roma. Publicamos aqui um texto que é um chamamento para defender vidas de indígenas e a vida da floresta que é fundamental para a vida da Mãe Terra  e para todos. Lboff

**********

La REPAM se suma a la Asamblea Mundial por la Amazonía, ante “una situación de vulnerabilidad que nunca antes habíamos vividaAsamblea se da en “un momento crucial en la historia, estamos ante una situación sin precedentes, esta pandemia nos ha puesto en una situación de vulnerabilidad que nunca antes habíamos vivido”

“Este es un momento en el que defendemos la vida, en clave de justicia, de Reino, de Evangelio para la Iglesia”

El Papa Francisco “nos invitaba firmemente a buscar alternativas y caminos que puedan liberar a la Amazonía de todos los males que la afectan”

La pasividad de los diferentes gobiernos ante el sufrimiento de los pueblos amazónicos en este momento de pandemia es una constante que ultrapasa las fronteras. Ante esta falta de compromiso, denunciada repetidas veces por las organizaciones indígenas y sociales, así como por la propia Iglesia católica, que se han expresado a través de diferentes comunicados, ha sido convocada la Asamblea Mundial por la Amazonía.

La auto convocatoria, que este miércoles, 15 de julio, ya contaba con más de 700 adhesiones, entre ellas más de 300 organizaciones provenientes de diferentes países del mundo, es una tentativa de parar el etnocidio, el ecocidio y el extractivismo en la Amazonía que se agrava con la pandemia del COVID – 19. La asamblea tendrá lugar de forma virtual los días 18 y 19 de julio, aunque desde el día 16 ya se llevarán a cabo webinars para contextualizar y dialogar sobre las campañas que pretenden ser construidas en común.

En el Sínodo para la Amazonía, la Iglesia católica se comprometió a ser aliada de los pueblos amazónicos, especialmente de los pueblos indígenas. Fruto de esa alianza, la Red Eclesial Panamazónica – REPAM, a través de su secretario ejecutivo, Mauricio López, hacía un convite a sumarse a la Asamblea Mundial por la Amazonía. El define la coyuntura actual como “un momento crucial en la historia, estamos ante una situación sin precedentes, esta pandemia nos ha puesto en una situación de vulnerabilidad que nunca antes habíamos vivido”. Lo que se está viviendo, según Mauricio, “desnuda y revela todas las situaciones de exclusión, desigualdad e injusticia que habíamos estado viviendo, sobretodo en los pueblos originarios y comunidades de la Amazonía”.

Para una Iglesia que es aliada de los pueblos amazónicos, “es imposible no hacer un levantamiento de voz ante esta situación, donde estos territorios han contribuido para el supuesto desarrollo de nuestras sociedades y de nuestros países, y estén viviendo una situación de la magnitud que estamos viviendo ahora”, insiste el secretario ejecutivo de la REPAM. De hecho, como recogen los datos levantados por la propia REPAM, “estamos llegando cerca de 600 mil contagiados en el contagiados y cerca de 20 mil muertos, con más de 170 pueblos originarios afectados por esta pandemia”, constata Mauricio López.

Por eso, Mauricio no duda en afirma que “este es un momento de sumar fuerzas, como Red Eclesial Panamazónica – REPAM, queremos suscribir esta iniciativa, sumarnos a los hermanos y hermanas indígenas de la COICA, al Foro Social Panamazónico – FOSPA, y a todos los que están sumando en esta convocatoria para levantar la voz, para buscar caminos juntos y sobretodo para hacer propuestas de futuro posible”.

Las palabras del Secretario Ejecutivo de la REPAM son un eco de lo afirmado por el Papa Francisco en el Sínodo para la Amazonía, donde “nos invitaba firmemente a buscar alternativas y caminos que puedan liberar a la Amazonía de todos los males que la afectan”. Mauricio recuerda en su mensaje los cuatro sueños recogidos en la exhortación postsinodal, Querida Amazonía. En primer lugar habla de “un sueño social, en defensa de los derechos de los pueblos originarios, de sus territorios, de su identidad”. Junto con eso, “un sueño cultural, en el respeto profundo de sus culturas, de su historia, de sus cosmovisiones, para un intercambio que nos enriquezca mutuamente y que le permita al mundo tener esa diversidad, esa pluriformidad que le enriquece.

Un tercer sueño, al que se refiere Mauricio López, es el “sueño ecológico, que es poder proteger la vida, la belleza, el misterio de la Amazonía, que es fuente de vida para el mundo”. Finalmente habla de “un sueño eclesial, con una Iglesia mucho más encarnada, que pueda acompañar y vivir en esta realidad, para dar nuevas perspectivas de futuro junto con todos los que ahí habitan”. Movidos por todo eso, desde la REPAM se afirma que “este es un momento en el que defendemos la vida, en clave de justicia, de Reino, de Evangelio para la Iglesia”, invitando a todos y todas, y pidiendo a los miembros de la REPAM sumarse este 18 y 19 de julio a esta Asamblea Mundial por la Amazonía.

Se trata de “marcar, de la misma manera que esta pandemia está marcando un antes y un después, poder marcar también, juntos y juntas, un antes y un después en la respuesta para defender la vida, para defender el futuro, para acompañar a los pueblos y comunidades más amenazados en este territorio”, enfatiza Mauricio López. Sin duda una nueva oportunidad de seguir avanzando en la construcción de un futuro mejor para la Amazonía y sus pueblos.

Fonte: 16.07.2020 Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil do Site Religión Digital

 

 

 

 

 

O princípio da auto-destruição e o combate ao Covid-19

Depois que se lançaram duas bombas atômicas primárias sobre as cidades de Hieroshima e Nagasakiem 1945, a humanidade criou para si um pesadelo do qual não consegue mais se libertar. Ao contrário, ele se transformou numa realidade ameaçadora de nossa vida sobre este planeta e a destruição de grande parte do sistema-vida.

Criaram-se armas nucleares muito mais destrutivas, químicas e biológicas que podem destruir nossa civilização e afetar profundamente a Terra viva. Pior ainda, projetamos a inteligência artificial autônoma. Com seu algoritmo que combina bilhões de informações, recolhidas de todos os países e de cada pessoa, até da pasta de dente que uso, pode tomar decisões sem que nós saibamos. Pode eventualmente, numa combinação enlouquecida penetrar nos arsenais das armas nucleares ou de igual ou maior potência letal e deslanchar uma guerra de grande destruição até de toda vida. É o princípio da auto-destruição. Vale dizer, está nas mãos do ser humano pôr fim à vida visível que conhecemos (ela é só 5% as 95% são vidas microscópicas invisíveis). Assenhoreamo-nos da morte. E ela pode ocorrer a qualquer momento. E agora em razão da inteligência artificial autônoma, escapa até de nossas decisões.

Ja se criou uma expressão para nomear esta fase nova da história humana, uma verdadeira era geológica: o antropoceno, vale dizer, o ser humano como a grande ameaça ao sistema-vida e ao sistema-Terra.

O ser humano é o grande satã da Terra, aquele que pode dizimar,como um anti-cristo, a si mesmo e os outros, seus semelhantes, além de liquidar com as bases que sustentam a vida.

A intensidade do processo letal é de tal ordem que já se fala da era do necroceno. Quer dizer, a era da produção em massa da morte. Já estamos dentro da sexta extinção em massa. Agora é acelerada de forma irrefreável, dada a vontade de dominação da natureza e de seus mecanismos, da agressão direta à vida e à Gaia, a Terra viva, em função de um crescimento ilimitado, de uma acumulação absurda bens materiais a ponto de criar a Sobrecarga da Terra (The  Earth Overshoot).

Em outras palavras, chegamos a um ponto em que a Terra não consegue repor os bens e serviços naturais que lhe foram sequestrados e começa a mostrar um avançado processo de degeneração através dos tsunamis, tufões, como recentemente no Sul do Brasil, degelo das calotas polares e do parmafrost, as secas prolongadas e as nevascas aterradoras e o surgimento de bactérias e vírus de difícil controle. Alguns deles como o Covid-19 que está levando  à morte milhões de pessoas.

Tais eventos são reações e até represálias da Terra face à guerra secular que conduzimos contra ela em todas as suas frentes. Essa morte em massa ocorre na natureza, com milhares de espécies vivas que desaparecem definitivamente, ano após ano, e também nas sociedades humanas com milhões que padecem fome, sede e toda sorte de doenças mortais.

Cresce mais e mais a percepção geral de que a situação da humanidade não é sustentável. A continuar nessa lógica perversa, vai construindo um caminho na direção da própria sepultura.

Demos um exemplo: no Brasil vivemos sob a ditadura da economia ultra neoliberal com uma política de extrema direita, violenta e cruel para com as grandes maiorias pobres Perplexos, assistimos as maldades que foram feitas, anulando direitos dos trabalhadores e internacionalizando riquezas nacionais que sustentam nossa soberania como povo.

Os que deram o golpe contra a Presidenta Dilma Rousseff em 2016 aceitam a recolonização do país, feito vassalo da potência dominante, os USA, condenado a ser apenas um exportador de commodities e um aliado menor e subalterno do projeto imperial.

O que se está fazendo na Europa contra os refugiados, rejeitando sua presença na Itália e na Inglaterra e pior ainda na Hungria e na catolicíssima Polônia, alcança níveis de desumanidade extremamente cruel. As medidas do Presidente norte-americano Trump arrancando os filhos de seus pais imigrantes e colocando-os em jaulas, denota barbárie e ausência de qualquer senso humanitário.

Já se disse, “nenhum ser humano é uma ilha… por isso não perguntem por quem os sinos dobram. Eles dobram por cada um, por cada uma, por toda a humanidade”.E como dobram face aos milhares de brasileiros ceifados pelo Covid-19 pela incúria,impiedade e desprezo de nosso presidente.

Se grandes são as trevas que se abatem sobre nossos espíritos, maiores ainda são as nossas ânsias por luz. Não deixemos que essa demência acima referida detenha a última palavra.

A palavra maior e última que clama em nós e nos une a toda a humanidade é por solidariedade e por com-paixão pelas vítimas, especialmente nesse tempo atroz sob o Covid-19,  é por paz e sensatez nas relações entre as pessoas,livres do ódio, dos fake news que envenenaram a atmosfera social.

As tragédias dão-nos a dimensão da inumanidade de que somos capazes. Mas também deixam vir à tona o verdadeiramente humano que habita em nós, para além das diferenças étnicas, ideológicas e religiosas. Esse humano em nós faz com que juntos nos cuidemos, juntos nos solidarizemos, juntos choremos, juntos nos enxuguemos as lágrimas, juntos oremos, juntos busquemos a justiça social mundial, juntos construamos a paz e juntos renunciemos à vingança e todo tipo de violência e guerra.

A sabedoria dos povos e a voz de nosso coração nos testemunham:Não será o descaso de nosso Presidente face às milhares de mortes pelo Coronavírus que nos fará desanimar e exigir a sua interdição por não saber governar e cuidar da vida de seu povo. Não é um Estado que se fez terrorista como os Estados Unidos sob o Presidente norte-americano Bush e continuado até Trump que irá vencer terrorismo. Nem é ódio aos imigrantes latinos difundido por Trump que trará a paz.  É o diálogo incansável, a negociação aberta e o acordo justo que tiram as bases de qualquer terrorismo e fundam a paz.

As tragédias que nos atingiram no mais fundo de nossos corações, particularmente a pandemia viral que afetou todo o planeta, nos convidam a repensarmos os fundamentos da convivência humana na nova fase, a planetária, e como cuidar da Casa Comum, a Terra como o pede o Papa Francisco em sua encíclica  “sobre o cuidado da Casa Comum”(2015).Temos que reaprender a sermos humanos, porque já naturalizamos as desumanidades, particularmente perpetradas contra os pobres, os negros, os indígenas, os quilombolas, as mulheres, os LGBT e outros.

O tempo é urgente. Desta vez não haverá um plano B, capaz de salvar-nos. Temos que nos salvar todos, pois formamos uma comunidade de destino Terra-Humanidade.

Para isso precisamos abolir a palavra inimigo, tão presente no debate político em nosso país que não reconhece a legitimidade do adversário e logo o transforma em inimigo que cabe difamar e destruir. É o medo que cria o inimigo. Exorcizamos o medo quando fazemos do distante um próximo e do próximo, um irmão e uma irmã.

Afastamos o medo e o inimigo quando começamos a dialogar, a nos conhecer, a nos aceitar, a nos respeitar, a aprender uns dos outros, a  nos amar, enfim, numa palavra, a nos cuidar; cuidar nas nossas doenças, agora sob a intrusão perigosa do coronavírs, cuidar de nossas formas de convívio na paz, na solidariedade e na justiça; cuidar de nosso meio ambiente para que seja um ambiente inteiro, sem destruir os habitats dos vírus que nos vêm dos animais ou dos arborovírus que se situam nas florestas e que fazem uma devastadora intrusão na humanidade, um ambiente este no qual seja possível o reconhecimento do valor intrínseco de cada ser; cuidar de nossa querida e generosa Mãe Terra.

Se nos cuidamos como a irmãos e a irmãs, desaparecem as causas do medo. Ninguém precisa ameaçar ninguém. Podemos caminhar à noite por nossas ruas sem medo de sermos assaltados e roubados e até mortos.

Esse cuidado será somente efetivo se vier acolitado pela justiça necessária, pelo atendimento às necessidades básicas dos mais vulneráveis, se o Estado se fizer presente com saúde (a importância que o SUS mostrou face ao Covid-19), com escolas, com segurança e com espaços de convivência, de cultura e de lazer.

Só assim gozaremos de uma paz possível de ser alcançada quando houver um mínimo de boa vontade geral e um sentido de solidariedade e de benquerença nas relações humanas. Esse é o desejo inarredável da maioria dos humanos. É essa lição que a intrusão do Covid-19 nos está dando e que temos que incorporá-la nos nossos hábitos no pos pós-coronavírus.

Leonardo Boff é ecoteólogo,filósofo e escreveu:”A Mãe Terra contra-ataca a humanidade: advertências do Covid-19″ a sair brevemente pela Vozes.

tangerinas do meu jardim.

 

En homenaje a los indígenas muertos por la Covid-19

Son muchos nuestros hermanos y hermanas indígenas que están muriendo por causa de la Covid-19 por y la falta de atención de las políticas genocida y etnocida del actual gobierno.

Quiero dedicarles este bello mito-historia de los pueblos amazónicos sobre el sentido de la muerte y la entrada en la suprema Felicidad. Es también para los familiares de los miles de fallecidos a causa del coronavirus. Para todos nuestra solidaridad y nuestras palabras de consuelo.

Siempre nos preguntamos: ¿cómo llegan al cielo las personas fallecidas? Existe la convicción entre los pueblos de que todos deben hacer un viaje. Y en ese viaje hay que pasar pruebas. Según este relato de los pueblos amazónicos, cada uno debe purificarse, volverse leve para poder sumergirse dentro de ese mundo de alegría y de fiesta donde están todos los antepasados y los parientes fallecidos.

Por causa de la falta de atención de las autoridades que desprecian e incluso odian a los pueblos originarios, muchos pajés están muriendo, víctimas de la Covid-19. Con ellos desaparece una biblioteca completa de conocimientos que ellos heredaron, enriquecieron y pasan siempre a las nuevas generaciones. Con su muerte se produce una ruptura dolorosa de esa tradición. Ellos y nosotros sufrimos y quedamos más pobres. Para todos ellos nuestra profunda solidaridad y compasión, sufrimos el dolor que ellos sufren: LBoff

En muchas tribus de la Amazonia se cree que los muertos se transforman en mariposas. Durante el tiempo necesario para la purificación, cada cual adquiere una forma adecuada. Las que se purifican pronto, son albísimas, con pocas horas de vida y con colores blancos. Penetran directamente en el mundo de la felicidad.

Las que necesitan más tiempo son más pequeñas, ligeras y multicolores. Y las que necesitan mucho tiempo son más grandes, pesadas y de colores oscuros.

Todas ellas vuelan de flor en flor, chupando el néctar y fortaleciéndose para cargar su propio peso cuando se alcen al cielo, donde vivirán felices con todos los antepasados y parientes, que están solo en el otro lado de la vida.

En aquella selva se cuenta la siguiente historia:

Coaciaba, era una joven india, esbelta y de rara belleza. Había quedado viuda muy pronto, pues su marido, valiente guerrero, cayó bajo una flecha enemiga. Cuidaba con extremo cariño de su única hijita, Guanambi.

Para aliviar la saudade interminable del marido, paseaba cuando podía por la orilla del río, mirando las mariposas, o por el campo, cerca del sembrado, donde también revoloteaban colibrís y muchos insectos.

De tanta tristeza, Coaciaba acabó muriendo. No sólo se muere de enfermedad, de vejez o por un virus maligno de la naturaleza. También se muere de saudade de la persona amada.

Guanambi, su hija, quedó completamente sola. Inconsolable, lloraba mucho, especialmente a la hora en que su madre solía llevarla de paseo. Aun siendo pequeña, sólo quería visitar el túmulo de su madre. No quería vivir más. Le pedía a ella y a los espíritus que viniesen a buscarla y la llevasen donde estuviese su madre.

De tanta tristeza, Guanambi fue languideciendo día tras día hasta que también ella murió. Sus parientes estaban muy apenados con tanta desgracia sobrevenida sobre la misma familia.

Pero curiosamente su espíritu no se volvió mariposa como en los demás indios de la tribu. Quedó aprisionado dentro de una linda flor de lila, muy cerca de la sepultura de su madre. Así podía estar junto a su madre, como había pedido a los espíritus.

La madre, Coaciaba, cuyo espíritu sí se había trasformado en mariposa, volaba de flor en flor chupando el néctar para fortalecerse y preparar su viaje al cielo.

Cierto día, al atardecer, zigzagueando de flor en flor, se posó sobre una linda flor de lila. Al chupar el néctar, oyó un lloriqueo triste y dulce. Su corazón se estremeció y casi desfalleció de emoción. Había reconocido dentro de ella la vocecita de su querida hija Guanambi. ¿Cómo podía estar aprisionada allí? Se rehízo de la emoción y dijo:

-Hija querida, mamá está aquí contigo. Estate tranquila que voy a liberarte para que podamos volar juntas al cielo.

Pero pronto se dio cuenta de que era una levísima mariposa y no tenía fuerzas para abrir los pétalos, romper la flor y libertar a su hijita querida. Entonces se recogió en un rincón y, entre lágrimas, suplicó al Espíritu creador y a todos los ancestros de la tribu:

-Por amor a mi marido, valiente guerrero, muerto en defensa de todos los parientes, por compasión de mi hija huérfana, Guanambi, presa en el corazón de la flor de lila, os imploro, Espíritu de bondad y a todos vosotros ancianos de nuestra tribu: transfórmenme en un pajarillo veloz y ágil, dotado de un pico puntiagudo para romper la flor de lila y liberar a mi querida hijita.

Tanta fue la compasión despertada por Coaciaba que el Espíritu creador y los ancianos de la tribu atendieron sin tardanza su súplica. La transformaron en un bellísimo colibrí, ligero, ágil, que se posó inmediatamente sobre la flor de lila. Le susurró con voz cargada de ternura:

-Hijita, soy yo, tu mamá. No te asustes. He sido transformada en un colibrí para venir a liberarte.

Con el pico puntiagudo fue sacando con cuidado un pétalo tras otro hasta abrir el corazón de la flor. Allí estaba Guanambi sonriente, tendiendo los bracitos hacia su madre.

Purificadas y abrazadas volaron hacia lo alto, cada vez más alto hasta llegar juntas al cielo.

Desde entonces existe entre muchos indígenas amazónicos la siguiente costumbre: siempre que muere una criatura huérfana, se cubre su cuerpecito con flores de lila, como si estuviese dentro de una gran flor, en la certeza de que su madre, en forma de colibrí, vendrá a buscarla para volar abrazadas al cielo, donde estarán eternamente juntas y felices con todos los antepasados y todos sus demás parientes.

*Leonardo Boff reescribió mitos-historias de nuestros pueblos indígenas: El casamiento entre el cielo y la Tierra, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2014.
Traducción de Mª José Gavito Milano