El Espíritu llega antes que el misionero en la Panamazonia

El Sínodo Panamazónico que se ha celebrado en Roma en el mes de octubre ha suscitado una gran discusión, especialmente entre católicos ligados a ciertas tradiciones y doctrinas, involucrando hasta a cardenales y obispos europeos, acerca de la evangelización de las culturas de los pueblos originarios. En este punto ha habido un cambio real de orientación, fruto de la apertura teológica del Concilio Vaticano II (1962-1965) y del diálogo interreligioso e intercultural, provocado por el proceso de mundialización. Este ha propiciado el encuentro de culturas y de religiones que antes apenas se conocían. Se ha desarrollado un rico diálogo y la exigencia de ver la presencia del Espíritu en aquellas culturas y religiones.

La cuestión se agudizó al tratar de la evangelización de los pueblos amazónicos que habitan en 9 países de nuestro Continente. Evangelizar sus culturas o evangelizar en sus culturas, se preguntaban. La evangelización tradicional buscaba evangelizar sus culturas, convirtiéndolas al cristianismo, moldeado según la cultura occidental. El índio, al hacerse cristiano, prácticamente dejaba de ser indio y se incorporaba a la cultura dominante occidental. Así fue siempre durante siglos. El cristianismo fue impuesto por la cruz y por la espada, ocasionando no raramente grandes matanzas de indígenas por causa de su resistencia.

Cómo olvidar aquella voz doliente del profeta maya Chilam Balam de Chumayel : “Ay! Entristezcámonos porque llegaron los españoles … vinieron a marchitar nuestras flores para que solo sus flores viviesen … vinieron a castrar el sol”. Y su lamento continúa: ”Entre nosotros se introdujo la tristeza, se introdujo el cristianismo… Ese fue el principio de nuestra miseria, el principio de nuestra esclavitud”.

A la Iglesia le cuesta admitir que el proyecto de colonización y el proyecto misionero son en realidad un único proyecto. Así ella se hizo cómplice del exterminio de millares de indígenas con la oposición de un Bartolomé de las Casas, Sahagún, Padre Vieira y otros.

Fue preciso que viniera el Papa Francisco, del gran Sur del mundo para reconocer en la apertura del Sínodo Panamazónico: ”Cuántas veces el don de Dios no fue ofrecido sino impuesto. Cuántas veces hubo colonización en vez de evangelización”. Más enfático fue en Puerto Maldonado (Perú), cuando dijo:”Pido humildemente perdón no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino también por los crímenes contra los pueblos originarios cometidos durante la conquista de América”.

Ahora lo que se propone es evangelizar en las culturas. La Iglesia no escoge la cultura en la cual quiere encarnarse. Toda cultura es apta para asumir el mensaje evangélico y expresarlo con los recursos lingüísticos y simbólicos de que dispone. Por tanto, se trata de evangelizar en y a partir de la cultura propia de los indígenas. Eso parece una obviedad. Pero no lo es en muchos círculos hasta el día de hoy. Reina todavía cierto exclusivismo cristiano y católico, en la convicción de que la única forma de Iglesia de Cristo es esta que existe actualmente, con el Papa, toda la jerarquía eclesiástica y la multitud de fieles. Esta sería la única válida y legítima.

Olvidan que Jesús no era un romano ni un griego. Era un hebreo medio-oriental, más próximo a la cultura de aquellos pueblos que a la grecolatina. Concretamente, el cristianismo actual es fruto de un gran sincretismo, tomado positivamente, con elementos judaicos, griegos, romanos, germánicos y modernos. No es una religión revelada sino un producto de la fe de convertidos, que, con los instrumentos de sus respectivas culturas, dieron cuerpo a las Iglesias históricas, y en particular a la Iglesia católica romana con sus teologías, liturgias y símbolos.

Lo que fue derecho de los cristianos europeos vale también para los pueblos originarios panamazónicos. Dice con razón el texto preparatorio: “Una Iglesia con rostro amazónico deja atrás una tradición colonial, monocultural, clerical e impositiva, y sabe discernir y asumir sin miedo las diversas expresiones culturales de los pueblos”. Aquí se presenta la oportunidad de una eclesiogénesis, es decir, de la génesis de otro tipo de Iglesia católica, no romana, sino en comunión con ella.

La evangelización convencional incurre en un reduccionismo: predica al Cristo encarnado, limitado al espacio palestino. Pero el Cristo real es el resucitado que llena el universo, el mundo, las personas y las Iglesias, como enseña la teología de San Pablo y de San Juan.Es el Cristo cósmico. Esta visión cristocéntrica olvidó al Dios-comunión de Personas divinas, la Santísima Trinidad, fundamento de la comunión entre los seres humanos y las culturas. Olvidó al Espíritu Santo que estuvo presente en el acto de la creación, que hizo engendrar a Jesús en el seno de María y continúa y actualiza siempre su mensaje. Este Espíritu está siempre presente en la creación, en las culturas y en el corazón de las personas. Donde reina el amor, se hace fuerte la solidaridad, se actualiza la misericordia y se abre el corazón en la veneración y en la unción a Dios, ahí estaba y está el Espíritu. Él siempre llega antes que el misionero en la Panamazonia. Este acoge el don del Espíritu en el pueblo, lo abraza y enriquece con la buena noticia de vida eterna de Jesús.

Bellamente dice el texto preparatorio: “Tenemos que captar lo que el Espíritu del Señor ha enseñado a estos pueblos a lo largo de los siglos: la fe en Dios Padre-Madre Creador, el sentido de comunión y de armonía con la tierra, el sentido de solidaridad con sus compañeros, el proyecto del buen vivir… Necesitamos que los pueblos originarios modelen culturalmente las Iglesias amazónicas locales”.

Seguramente en el contexto de la vieja cristiandad europea sería imposible dar ese paso adelante. Pero estamos en el nuevo mundo, donde somos mayoría de católicos y tenemos condiciones para gestar un rostro nuevo de la Iglesia de Cristo.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito: Eclesiogénesis: la reinvención de la Iglesia a partir de las bases, Record, Rio 2010.

Traducción de María José Gavito Milano

PS. El presente artículo fué leydo por el Papa Francisco que escribió a su autor:

“Querido hermano:

Gracias por tu correo y tu reflexiòn sobre el reduccionismo cristocentrico y la presencia del Espìritu. Me sirve mucho.
Rezo por vos. Por favor, no te olvides de hacerlo por mì.
Que Jesùs te bendiga y la Virgen Santa te cuide. Fraternalmente.

Francisco”

 

 

O Espírito chega antes do missionário na Panamazônia

      O Espírito chega antes do missionário na Panamazônia

O Sínodo Panamazônico, celebrado-se em outubro em Roma, suscitou grande discussão, especialmente, entre católicos ligados a certas tradições e doutrinas, envolvendo até cardeais e bispos europeus acerca da evangelização das culturas dos povos originários. Neste ponto houve uma real mudança de orientação, fruto da abertura teológica do Concílio Vaticano II (1962-1965) e do diálogo interreligioso e intercultural, provocado pelo processo de mundialização. Este propiciou o encontro de culturas e de religiões que antes mal se conheciam. Desenvolveu-se rico diálogo e a exigência de ver a presença do Espírito naquelas culturas e religiões.

A questão tornou-se aguda quando se tratou da evangelização dos povos amazônicos que habitam em 9 países de nosso Continente. Evangelizar suas culturas ou evangelizar nas suas culturas, perguntava-se. A evangelização tradicional buscava evangelizar suas culturas, convertendo-as ao cristianismo, vazado na cultura ocidental. O índio, ao fazer-se cristão, praticamente deixava de ser índio e vinha incorporar-se à cultura dominante ocidental. Sempre foi assim por séculos. O cristianismo foi imposto pela cruz e pela espada, ocasionando, não raro, por causa de sua resistência, grandes matanças de indígenas.

Como esquecer aquela voz dolorida do profeta maia Chilam Balam de ChumayelAi! Entristeçamo-nos porque os espanhóis chegaram…vieram fazer nossas flores murchar para que somente a sua flor vivesse…vieram castrar o sol”. E sua lamúria continua:”Entre nós se introduziu a tristeza, se introduziu o cristianismo…Esse foi o princípio de nossa miséria, o princípio de nossa escravidão”.

A Igreja tem dificuldade em admitir que o projeto de colonização e o projeto missionário era, na verdade, um único projeto. Ela fez-se, destarte, cúmplice do extermínio de milhares de indígenas com a oposição de um Bartolomeu de las Casas, Sahagún, o Pe.Vieira e outros.

Precisou vir o Papa Francisco, do grande Sul do mundo, para, na abertura do Sínodo Panamazônico, reconhecer: ”Quantas vezes o dom de Deus não foi oferecido mas imposto.Quantas vezes houve uma colonização em vez de evangelização”. Mais enfático foi em Puerto Maldonado no Peru, quando disse:”Peço humildemente perdão não só pelas ofensas da própria Igreja, mas também pelos crimes contra os povos originários cometidos durante a conquista da América”.

Agora se propõe evangelizar nas culturas. A Igreja não escolhe a cultura na qual quer encarnar-se. Toda cultura é apta a assumir a mensagem evangélica e a expressá-la com os recursos linguísticos e simbólicos de que dispõe. Portanto, trata-se de evangelizar na e a partir da cultura própria dos indígenas. Isso parece uma obviedade. Mas não o é, em muitos círculos, até os dias de hoje. Reina ainda certo exclusivismo cristão e católico, na convicção de que a única forma de Igreja de Cristo é esta que existe atualmente, com o Papa, toda a hierarquia eclesiástica e a multidão de fiéis. Esta seria a única válida e legítima

Esquecem que Jesus não era um romano ou grego. Era um hebreu médio-oriental, mais próximo da cultura daqueles povos do que daquele grego-latino. O atual cristianismo, concretamente, é fruto de um grande sincretismo, tomado positivamente, com elementos judaicos, gregos, romanos, germânicos e modernos. Ele não constitui uma religião revelada, mas um produto da fé de convertidos que com os instrumentos de suas respectivas culturas deram corpo às Igrejas históricas, máxime, à Igreja católica romana com suas teologias, liturgias e símbolos.

O que foi direito dos cristãos europeus vale também para os povos originários panamazônicos.Diz com razão o texto preparatório: “Uma Igreja com rosto amazônico deixa para trás uma tradição colonial, monocultural, clerical e impositiva, e sabe discernir e assumir sem medo as diversas expressões culturais dos povos”. Aqui há a chance de uma eclesiogênese, vale dizer,da gênese de um outro tipo de Igreja católica, não romana, mas em comunhão com ela.

A evangelização convencional incorre num reducionismo: só prega o Cristo encarnado, limitado ao espaço palestinense. Mas o Cristo real é o ressuscitado que enche o universo, o mundo, as pessoas e as Igrejas como ensina a teologia de São Paulo e de São João.Esta visão cristocêntrica esqueceu o Deus-comunhão de divinas Pessoas,a Santíssima Trindade, fundamento da comunhão entre os seres humanos e as culturas. Esqueceu o Espírito Santo que esteve presente no ato da criação, que fez gerar Jesus no seio de Maria e em seguida, continua e atualiza sempre sua mensagem. Este Espírito está sempre presente na criação, nas culturas e no coração das pessoas. Lá onde reina o amor, vigora a solidariedade, triunfa o perdão, se atualiza a misericórdia e o coração se abre, na veneração e na unção, a Deus, lá estava e está o Espírito. Ele sempre vem antes do missionário na Panamazônia. Este acolhe o dom do Espírito no povo, o abraça e enriquece com a boa nova de vida eterna de Jesus.

Belamente diz o texto preparatório: “Temos que captar o que o Espírito do Senhor tem ensinado a estes povos ao longo dos séculos: a fé em Deus Pai-Mãe Criador, o sentido de comunhão e harmonia com a terra, o sentido de solidariedade com seus companheiros, o projeto do bem viver… Necessitamos que os povos originários moldem culturalmente as Igrejas amazônicas locais”.

Seguramente num contexto da velha cristandade europeia seria impossível dar esse passo avante. Mas estamos no novo mundo, onde somos maioria de católicos e temos condições de gestar um rosto novo da Igreja de Cristo.

Leonardo Boff é teólogo e filósofo e escreveu: Eclesiogênese: a reinvenção da Igreja a partir das bases, Record, Rio 2010.

 

 

 

Pacto das Catacumbas pela Casa Comum

Nunca faltou na Igreja,não obstante sua estrutura hierarquizada e assentada sobre a categoria do “poder sagrado”(sacra potestas), a presença constante do  carisma. Este contrabalança o poder necessário para ordenar a comunidade eclesial, trazendo-lhe inovações que nascem da força do Espírito Santo e do Ressuscitado que penetram a Igreja e o mundo. Estas inovações conferem permanente atualidade à mensagem de Jesus, o Nazareno, trabalhador, camponês mediterrâneo, que veio para nos ensinar a viver os bens que são o conteúdo de sua mensagem do Reino de Deus: o amor incondicional,a misericórdia, a solidariedade, a plena irmandade e especialmente a abertura confiada no Deus que é Pai com características de Mãe. Uma vez mais, bispos da América e do Caribe junto com outros  que com eles se associaram, foram às Catacumbas de Santa Domitila, onde se viveu um Cristianismo martirial,humilde, igualitário, jovial mesmo dentro de uma situação de perseguição. Essa Igreja das Catacumbas é sempre visitada por milhares de cristãos que lá vão alimentar sua fé e se inspirar para viver o sonho inarredável de Jesus, crucificado e agora ressuscitado entre nós. Ele é a esperança de vida plenamente humana, já neste mundo e de vida eterna,no novo mundo, no coração do Deus Trindade. No final do Concílio Vaticano II (1962-1965) muitos bispos do mundo inteiro inauguraram seu compromisso de uma igreja pobre, servidora e profética. Agora,em 2019 se renova este gesto profético e messiânico de uma “Igreja com rosto amazônico, pobre, servidora,profética e samaritana”.  É a partir de tais gestos simbólicos e sacramentais que se consolida um caminho novo da Igreja em nosso Continente no meio da Amazônia, o filtro do mundo e a reserva de vida para a nossa e todas as futuras gerações, privilegiando os povos originários que, com referência ao cuidado para com a floresta, são nossos mestres e doutores, como na Igreja dos primórdios se dizia dos pobres. Todos estes qua fizeram esta Pacto das Catacumbas pela Casa Comum  comparecem como nossos Padres e Madres, com o mesmo valor e dignidade daqueles Padres e Madres da Igreja dos primeiros séculos, que conservaram e nos entregaram até hoje o legado de Cristo e de seu Espírito. L.Boff

              Pacto das Catacumbas pela Casa Comum

Por uma Igreja com rosto amazônico, pobre e servidora, profética e samaritana

Nós, participantes do Sínodo Pan-amazônico, partilhamos a alegria de habitar em meio a numerosos povos indígenas, quilombolas, ribeirinhos, migrantes, comunidades na periferia das cidades desse imenso território do Planeta. Com eles temos experimentado a força do Evangelho que atua nos pequenos. O encontro com esses povos nos interpela e nos convida a uma vida mais simples de partilha e gratuidade. Marcados pela escuta dos seus clamores e lágrimas, acolhemos de coração as palavras do Papa Francisco:

“Muitos irmãos e irmãs na Amazônia carregam cruzes pesadas e aguardam pela consolação libertadora do Evangelho, pela carícia de amor da Igreja.

Por eles, com eles, caminhemos juntos”.

Evocamos com gratidão aqueles bispos que, nas Catacumbas de Santa Domitila, ao término do Concílio Vaticano II, firmaram o Pacto por uma Igreja servidora e pobre. Recordamos com veneração todos os mártires membros das comunidades eclesiais de base, de pastorais e movimentos populares; lideranças indígenas, missionárias e missionários, leigas e leigos, padres e bispos, que derramaram seu sangue, por causa desta opção pelos pobres, por defender a vida e lutar pela salvaguarda da nossa Casa Comum. À gratidão por seu heroísmo unimos nossa decisão de continuar sua luta com firmeza e coragem. É um sentimento de urgência que se impõe ante as agressões que hoje devastam o território amazônico, ameaçado pela violência de um sistema econômico predatório e consumista.

Diante da Trindade Santa, de nossas Igrejas particulares, das Igrejas da América Latina e do Caribe e daquelas que nos são solidárias na África, Ásia, Oceania, Europa e no norte do continente americano, aos pés dos apóstolos Pedro e Paulo e da multidão dos mártires de Roma, da América Latina e em especial da nossa Amazônia, em profunda comunhão com o sucessor de Pedro, invocamos o Espírito Santo,   e nos comprometemos pessoal e comunitariamente com o que se segue:

  • Assumir, diante da extrema ameaça do aquecimento global e da exaustão dos recursos naturais, o compromisso de defender em nossos territórios e com nossas atitudes a floresta amazônica em pé. Dela vêm as dádivas das águas para grande parte do território sul-americano, a contribuição para o ciclo do carbono e regulação do clima global, uma incalculável biodiversidade e rica socio diversidade para a humanidade e a Terra inteira.
  • Reconhecer que não somos donos da mãe terra, mas seus filhos e filhas, formados do pó da terra (Gn 2, 7-8), hóspedes e peregrinos (1 Pd 1, 17b e 1 Pd 2, 11), chamados a ser seus zelosos cuidadores e cuidadoras (Gn 1, 26). Para tanto, comprometemo-nos com uma ecologia integral, na qual tudo está interligado, o gênero humano e toda a criação porque a totalidade dos seres são filhas e filhos da terra e sobre eles paira o Espírito de Deus (Gn 1, 2).
  • Acolher e renovar a cada dia a aliança de Deus com todo o criado: “De minha parte, vou estabelecer minha aliança convosco e com vossa descendência, com todos os seres vivos que estão convosco, aves, animais domésticos e selvagens, enfim, com todos os animais da terra que convosco saíram da arca (Gn 9, 9-10 e Gn 9, 12-17).
  • Renovar em nossas igrejas a opção preferencial pelos pobres, em especial pelos povos originários, e junto com eles garantir o direito de serem protagonistas na sociedade e na Igreja. Ajudá-los a preservar suas terras, culturas, línguas, histórias, identidades e espiritualidades. Crescer na consciência de que estas devem ser respeitadas local e globalmente e, consequentemente favorecer, por todos os meios ao nosso alcance, que sejam acolhidas em pé de igualdade no concerto mundial dos demais povos e culturas.
  • Abandonar, como decorrência, em nossas paróquias, dioceses e grupos toda espécie de mentalidade e postura colonialista, acolhendo e valorizando a diversidade cultural, étnica e linguística num diálogo respeitoso com todas as tradições espirituais.
  • Denunciar todas as formas de violência e agressão à autonomia e direitos dos povos originários, à sua identidade, aos seus territórios e às suas formas de vida.
  • Anunciar a novidade libertadora do evangelho de Jesus Cristo, na acolhida ao outro e ao diferente, como sucedeu com Pedro na casa de Cornélio: “Vós bem sabeis que a um judeu é proibido relacionar-se com um estrangeiro ou entrar em sua casa. Ora, Deus me mostrou que não se deve dizer que algum homem é profano ou impuro” (At 10, 28).
  • Caminhar ecumenicamente com outras comunidades cristãs no anúncio inculturado e libertador do evangelho, e com as outras religiões e pessoas de boa vontade, na solidariedade com os povos originários, com os pobres e pequenos, na defesa dos seus direitos e na preservação da Casa Comum
  • Instaurar em nossas igrejas particulares um estilo de vida sinodal, onde representantes dos povos originários, missionários e missionárias, leigos e leigas, em razão do seu batismo, e em comunhão com seus pastores, tenham voz e voto nas assembleias diocesanas, nos conselhos pastorais e paroquiais, enfim em tudo que lhes compete no governo das comunidades.
  • Empenhar-nos no urgente reconhecimento dos ministérios eclesiais já existentes nas comunidades, exercidos por agentes de pastoral, catequistas indígenas, ministras e ministros e da Palavra, valorizando em especial seu cuidado em relação aos mais vulneráveis e excluídos.
  • Tornar efetiva nas comunidades a nós confiadas a passagem de uma pastoral de visita a uma pastoral de presença, assegurando que o direito à Mesa da Palavra e à Mesa de Eucaristia se torne efetivo em todas as comunidades.
  • Reconhecer os serviços e a real diaconia do grande número de mulheres que hoje dirigem comunidades na Amazônia e procurar consolidá-los com um ministério adequado de mulheres dirigentes de comunidade.
  • Buscar novos caminhos de ação pastoral nas cidades onde atuamos, com protagonismo de leigos e jovens, com atenção às suas periferias e aos migrantes, aos trabalhadores e aos desempregados, aos estudantes, educadores, pesquisadores e ao mundo da cultura e da comunicação.
  • Assumir diante da avalanche do consumismo um estilo de vida alegremente sóbrio, simples e solidário com os que pouco ou nada tem; reduzir a produção de lixo e o uso de plásticos, favorecer a produção e comercialização de produtos agroecológicos, utilizar sempre que possível o transporte público.
  • Colocar-nos ao lado dos que são perseguidos pelo profético serviço de denúncia e reparação de injustiças, de defesa da terra e dos direitos dos pequenos, de acolhida e apoio a migrantes e refugiados. Cultivar amizades verdadeiras com os pobres, visitar as pessoas mais simples e os enfermos, exercitando o ministério da escuta, da consolação e do apoio que trazem alento e renovam a esperança.

Conscientes de nossas fragilidades, de nossa pobreza e pequenez diante de tão grandes e graves desafios, confiamo-nos à oração da Igreja. Que sobretudo nossas Comunidades Eclesiais nos socorram com sua intercessão, afeto no Senhor e, sempre que necessário, com a caridade da correção fraterna.

Acolhemos de coração aberto o convite do Cardeal Cláudio Hummes para nos deixarmos guiar pelo Espírito Santo nestes dias do Sínodo e no retorno às nossas igrejas:

“Deixem-se envolver no manto da Mãe de Deus e Rainha da Amazônia. Não deixemos que nos vença a auto-referencialidade, mas sim a misericórdia diante do grito dos pobres e da terra. Será necessária muita oração, meditação e discernimento, além de uma prática concreta de comunhão eclesial e espírito sinodal. Este sínodo é como uma mesa que Deus preparou para os seus pobres e nos pede a nós que sejamos aqueles que servem à mesa”.

Celebramos esta Eucaristia do Pacto como “um ato de amor cósmico. “Sim, cósmico! Porque mesmo quando tem lugar no pequeno altar duma igreja de aldeia, a Eucaristia é sempre celebrada, de certo modo, sobre o altar do mundo”. A Eucaristia une o céu e a terra, abraça e penetra toda a criação. O mundo saído das mãos de Deus, volta a Ele em feliz e plena adoração: no Pão Eucarístico “a criação propende para a divinização, para as santas núpcias, para a unificação com o próprio Criador”. “Por isso, a Eucaristia é também fonte de luz e motivação para as nossas preocupações pelo meio ambiente, e leva-nos a ser guardiões da criação inteira”.

Catacumbas de Santa Domitila

Roma, 20 de outubro de 2019

 

“Amazônia, santuário intangível da Casa Comum”

Nestes tempos em que se está realizando em Roma o Sínodo Panamazônico, muitos grupos se manifestam e enviam suas petições ou comentários ao grupo central, responsável pela redação do documento final. Um desses, creio, dos mais impressionantes vem de grupos indígenas sul-americanos com mais de 400 subscrições de lideranças indígenas, de bispos e outros expertos do bioma amazônico. O texto chegou às mãos do Papa pelo bispo Dom Evaristo Spengler da ilha do Marajó que se notabilizou, anteriormente, por uma extraordinária intervenção na fase preparatória.Lboff

Este é o texto

               “Amazônia, santuário intangível da Casa Comum”

“Saudamos a realização do Sínodo Panamazônico, uma extraordinária iniciativa do Papa Francisco pela qual esta importante asembléia colegial pode ver a problemática, analizar e avaliar a realidade a luz da Palavra e desenhar propostas de ação. A iniciativa é um sinal de esperança no meio dos perigos que ameaçam a subsistência da Casa Comum.

Pedimos ao Papa Francisco e a todos os padres sinodais uma declaração da Amazônia como Santuario da Casa Común.

Esta declaratória seria um chamado espiritual e profético a todos os homens e mulheres de boa vontade para que se reconheça a Amazônia, que cobre 9 países, como terra santa, tão sagrada como a da sarça ardente de Moisés que escutou as palavras de Deus, “o lugar em que estás é terra santa”.

A declaratória seria um chamado à consciência universal e particularmente um pedido aos organismos mundiais e aos estados responsáveis para que tomem as medidas urgentes e profundas que se fazem necessárias para salvar a vida no planeta.

As medidas deveriam ser feitas e aplicadas com sentido de emergência, considerando a velocidade e a profundidade das mudanças adversas que vêm afetando cada vez mais o clima, o habitat e a vida dos povos amazônicos. Os objetivos devem enfocar o problema como um todo, pois tudo é afetado sistematicamente. A flora é impactada e a fauna, o clima, o ar, e o regime de chuvas, comprometendo o delicado equilíbrio de todos os ecossistemas e mesmo a vida dos povos amazônicos, cujo extermínio está cada vez mais próximo. Os povos não são uma espécie a mais do sistema. São uma obra magnífica de Deus, sua imagem e semelhança. Eles receberam do Criador esse paraíso natural, o desfrutam e o protegem. Sabendo-se e sentindo-se um com seu mundo, sabem como viver sem afetar seu equilíbrio.

Consequentemente as medidas deveriam ser assim implementadas.

1.Que se determinem legalmente os territórios suficientes para cada uma das diversas nacionalidades indígenas que habitam na Amazônia, considerando sua forma de viver e de interagir com a natureza.

2.Que a delimitação e a localização dos territórios seja tal que cada um constitua um refúgio seguro e a base de sustento e nutrição dos povos indígenas e a vida da Amazônia.

Que se aplique a estes territórios uma significativa moratória das atividades extrativistas que prejudicam a floresta, também das petroleiras e das mineradoras. Da mesma forma se discuta seriamente a implementação de plantações e de criação de gado que implicam desflorestação. Especialmente que se garanta a sustentabilidade para uma eventual abertura de estradas e de centrais hidrelétricas. Em fim, que cessem as intervenções predatórias tanto por parte dos governos quanto dos grupos econômicos interessados, nacionais e internacionais.
Que os povos indígenas possam exercer nestes territórios sua autoridade, no marco da autodeterminação, do autogoverno, da justiça ancestral de acordo com os usos e costumes e sua vida política, cultural e espiritual em plenitude, sentido-se parte da nação.
Os acordos e pactos internacionais ficaram sem eficácia porque não são obrigatórios para os países. Não se estabeleceram consequências para a sua não implementação. Aspiramos que o Sínodo possa demandar aos organismos internacionais para que peçam a aplicação efetiva e eficaz das resoluções tomadas.

Pedimos aos padres sinodais que atuem com energia para pedir que os estados que se comprometeram com seus compromissos em favor da Amazônia mediante a adoção de mecanismos idôneos, independentes do vai- e- vem das conjunturas políticas.

Desta forma, a Declaratória de Santuário, será um instrumento idôneo para salvaguardar os povos indígenas em isolamento voluntário. Eles constituem grupos humanos mais vulneráveis da Amazônia e do mundo, vítimas da violência do modelo econômico global, depredador, imposto. Ao mesmo tempo comparecem como um testemunho de resistência a esta globocolonização que uniformiza e mata a diversidade e a vida da humanidade e do planeta.

“Para o indígena, a terra é mãe. Não se trata de uma maneira de falar, não é um puro sentimentalismo. O povo indígena considera, dentro de seu núcleo cultural, dentro de seu pensamento, a terra como sua mãe… pensamento que, por outra parte, se identifica com o pensamento das Sagradas Escrituras, em outras palavras, com o pensamento de Deus”(Dom Leônidas Proaño, bispo de Riobamba, Equador). E acrescenta ainda o Papa Francisco em sua encíclica Laudato Si sobre o cuidado da Casa Comum. “Para os indígenas a Terra não é um bem econômico, senão é um dom de Deus e de seus antepassados que descansam nela, um espaço sagrado pois o nessecitam para interagir e para sustentar sua identidade e seus valores; quando permanecem em seus territórios, são precisamente eles que melhor os cuidam”(n.146).

Queremos finalizar com as palavras de Bernardo Alves, do povo indígena Sateré-Mawé. “Os povos indígenas são bibliotecas vivas. São guardiães, cuidadores e jardineiros da Amazônia e do planeta. Cada vez que um povo indígena é exterminado ou desaparece, um rosto de Tupãna (Deus),morre e o cosmos, e o planeta e toda a humanidade se empobrecem”.

Articulação- Pueblo Indio del Ecuador, Quito.

e-mail fpie@fundaciónpuebloindio.org

Seguem mais de 400 subscrições de lídres indígenas, de muitos bispos, especialistas, militantes, missionários e missionárias e representantes de povos da floresta.

 

 

 

 

Dom Evaristo Spengler entregando ao Papa o Documento Amazônia Santuário intangível da Casa Comum