La espiritualidad natural, la ética, el cuidado:como protelar el fin del mundo

Leonardo Boff*

La crisis de nuestro modo de vivir en este único planeta nos envuelve a todos, hasta a las naciones imperiales. ¿Quién iba a decir que en Estados Unidos iba a haber una severa erosión de los valores democráticos? El sueño original americano, repiten sus mejores, «implicaba un nuevo mundo en el cual el pueblo vivía libre para realizar sus sueños, dentro de un ambiente social que generaba ciudadanos ilustrados, responsables y comprometidos, con una preocupación apasionada por la dignidad y los derechos  individuales y de los otros en la perspectiva del bien común». Evidentemente ese era el sueño de la población, no de los órganos gubernamentales y del aparato militar de seguridad que buscaban y siguen buscando por todos los medios, incluso bélicos, el monopolio del poder mundial.   Para estos el sueño era y es otro.

Lo que está ocurriendo desde los años 60, nos dice Steven Rockefeller, de la familia de los multimillonarios Rockefeller, uno de los ideadores de la Carta de la Tierra, de opción budista, una de las personas más dialogales con quien pude convivir en los trabajos de la redacción de dicha Carta, es que la juventud actual ha olvidado los valores mencionados, vive centrada en su propio yo, desprecia a su propio país y ha perdido el sentido de la solidaridad. Concluye  diciendo: “América es una nación en busca de su propia alma” (Spiritual Democracy and our Schools, N.York 2022, p.15).

Lo que se dice de Estados Unidos vale prácticamente para todos o para los principales países, también para el nuestro, ya que somos todos interdependientes y rehenes de la cultura del capital, acumulador, materialista, consumista, excluyente e insensible al destino de las mayorías pobres. Como profesor y pedagogo, Steven Rockefeller escribió el referido libro «para renovar el espíritu americano a través de la educación desde la más tierna infancia».

Maneja tres categorías con las cuales me identifico y con las cuales he trabajado desde hace años con vistas a un nuevo paradigma y otro estilo de educación: la espiritualidad, la ética y el cuidado de la Casa Común.

Steven ve la espiritualidad como una dimensión esencial del ser humano con el mismo derecho de ciudadanía que el cuerpo, la inteligencia, la voluntad, la psique. Por eso es natural. No se trata de identificar la espiritualidad con la religión, aunque pueda haber interrelaciones entre ellas. La espiritualidad natural es innata. De ella nacen las religiones como canalizaciones culturales de esta dimensión espiritual originaria.

Como nos lo han mostrado, dice Steven, la filosofía, la psicología de lo profundo y las neurociencias, la «espiritualidad es una capacidad innata en el ser humano que, cuando se alimenta y se desarrolla genera un modo de ser hecho de relaciones consigo mismo y con el mundo, promueve la libertad personal, el bienestar, y el florecimiento del bien colectivo» (p.10). La espiritualidad natural plantea las preguntas inevitables del ser humano: por qué estamos en este mundo, qué nos espera más allá de esta vida y la percepción de una Realidad Suprema. Ella se expresa por el amor incondicional, por la reverencia ante el Universo, por la solidaridad, por el cuidado hacia todo lo que existe y vive y por la compasión por quien sufre.

Esta comprensión me hace recordar las palabras de Mijaíl Gorbachev al cerrar la redacción de la Carta de la Tierra en la sede de la UNESCO en París en el año 2000: “Si queremos salvar la vida en el planeta necesitamos valores nuevos y otra  espiritualidad”. Es decir, no son suficientes nuestros bienes materiales ni la tecnociencia. Todo esto debe venir impregnado de los valores del corazón, sede del amor, del afecto, de la empatía, de la ética, del cuidado y de la espiritualidad. Sólo así se consigue establecer un lazo afectivo y solidario con todos los seres y con la Tierra y así salvarlos. Todo ser posee un valor en sí mismo, más allá del uso humano. La espiritualidad natural nos permite sentir todo esto, es una especie de órgano natural de nuestra vida que ninguna otra parte de nuestra  naturaleza puede desempeñar adecuadamente. La física cuántica Danah Zohar y su marido neurólogo, I. Marshall, demostraron que tenemos dentro de nosotros lo que llamaron “el punto Dios en el cerebro”. Siempre que de forma existencial se abordan lo Sagrado y lo Espiritual se verifica una aceleración de las neuronas de una parte del cerebro. Es una especie de órgano interior por el cual la espiritualidad natural e innata capta aquella Energía poderosa y amorosa que sustenta todo y que obra también en nuestro interior (D.Zohar, O ser quântico, Rio 1991).

La espiritualidad natural nos remite directamente a la ética, en el sentido clásico de los griegos: la Casa (ethos) bien cuidada, ahora la Casa Común, la Tierra. El “ethos” busca el bien vivir. La “ética”, las formas y maneras de concretar el bien vivir, por las virtudes del amor, de la justicia, de la justa medida, de la belleza y demás virtudes, según el sentir de la distintas culturas. Desde la más tierna edad y en el proceso educativo se debe esclarecer la espiritualidad natural que viene siempre acolitada por la ética del bien vivir.

Hoy más que nunca se hace urgente el cuidado, entendido como la esencia de todos los vivientes, especialmente del ser humano, según el mito romano de Higino, explorado por la filosofía y la antropología (cf.L. Boff. Saber cuidar: ética de lo humano-compaixão pela Terra,  Vozes 2023). Dejado a sí mismo, ningún organismo vivo sobrevive sin cuidado.

En la actualidad se están confrontando dos paradigmas: el del poder y el del cuidado. El del poder actual como dominación caracteriza la modernidad. Con este poder se sometieron pueblos, muchos esclavizados, se explotó despiadadamente la naturaleza, la materia, la vida y la propia Tierra, hoy en busca de sostenibilidad. El paradigma del cuidado renuncia al poder como dominación, establece una relación amistosa con la naturaleza y respeta a la Tierra como la Gran Madre y Gaia. Actualmente ante la devastación al modo de la modernidad, se impone el paradigma del cuidado si queremos asegurar las condiciones ecológicas para nuestra supervivencia.

La humanidad se encuentra en una encrucijada: o sigue el camino del poder que implica una explotación ilimitada de los recursos naturales hasta el punto de haber afectado al equilibrio de la Tierra, visto el cambio climático irreversible; camino que puede llevarnos a un armagedón ecológico. O sigue el camino del cuidado: la humanidad para, reflexiona sobre los peligros para sobrevivir y define un rumbo más benevolente, marcado por el cuidado de la naturaleza, de unos a otros y de la Tierra. En caso contrario, dice la Carta de la Tierra, «nos arriesgamos a nuestra destrucción y a la destrucción de la diversidad de la vida» (Preámbulo). No dice otra cosa el Papa Francisco en la Fratelli tutti: «estamos en el mismo barco, o nos salvamos todos o nadie se salva» (n.24)

Queda poco tiempo para dar un viraje a nuestro destino común con la Tierra, vamos a sobrevivir y a inaugurar otra forma de habitar el planeta, con sentimiento de pertenencia y con la conciencia de ser sus fieles guardianes.

La educación posee esta misión mesiánica de desentrañar desde el nacimiento la espiritualidad natural, la ética de la Tierra y el cuidado de la creación. Por ese camino habrá salvación.

*Leonardo Boff ha escrito Cuidar de la Casa Común: cómo retrasar el fin del mundo,Vozes 2024.

La teologia del dominio: confutazione di una fallacia

       Leonardo Boff

Si sta discutendo tra gli analisti politici il passaggio, all’interno dei gruppi neo-pentecostali, in gran parte bolsonaristi, dalla teologia della prosperità alla teologia del dominio. Ritengo che l’attuale conflitto tra lo Stato sionista di Israele e la Striscia di Gaza abbia caratteristiche di carneficina e persino di genocidio dei palestinesi abbia rafforzato in Brasile questo passaggio. È noto da molto tempo che Benjamin Netanyahu è un sionista radicale di estrema destra che ha espresso il suo progetto di riportare l’Israele alle dimensioni che possedeva, al suo apice, ai tempi di Davide e Salomone. Da qui il suo sostegno senza riserve di espulsione e colonizzazione dei territori della Cisgiordania, con popolazione araba musulmana.

La teologia del dominio o il dominionismo è nata negli USA intorno agli anni ’70 in un contesto di ricostruzionismo cristiano calvinista. Come è noto, Calvino nel XVI secolo instaurò a Ginevra un governo religioso estremamente severo e violento, che prevedeva persino la pena di morte. Sarebbe un modello per il mondo intero.

Il dominionismo raggruppa varie tendenze cristiane fondamentaliste, tra cui gli integralisti cattolici che postulano una politica esclusivamente religiosa, con base biblica, da applicare a tutta l’umanità, escludendo ogni altra espressione, considerata falsa e quindi senza diritto di esistere. È l’ideologia totalizzante centrale per la destra cristiana nel campo della politica e dei costumi.

Vediamo qual è la base biblica fondamentale su cui poggia questa teologia. Si basa sul primo capitolo della Genesi. Esistono in realtà due versioni della Genesi della creazione. Ma viene utilizzata solo la prima che si riferisce direttamente al dominio. Ecco il testo?

«Dio disse: facciamo l’uomo a nostra immagine e somiglianza affinché domini sui pesci del mare, sugli uccelli del cielo, sugli animali domestici e su tutti gli animali selvatici e su tutti i rettili che strisciano sulla terra. Dio creò l’uomo a sua immagine, a immagine di Dio li creò, maschio e femmina li creò. E Dio li benedisse e disse loro: Siate fecondi e moltiplicatevi, riempite e soggiogate la terra, sugli uccelli del cielo e su tutto ciò che vive e si muove sulla terra» (Genesi 1,26-29).

Questo testo, così com’è, legittima tutti i tipi di dominio ed è servito agli sviluppisti come argomento a sostegno del loro progetto di crescita illimitata.

Ciò nonostante, è stato letto in modo fondamentalista e letteralista, senza tenere conto che tra noi oggi e il racconto biblico ci sono almeno 3-4mila anni. Il significato delle parole cambia. Questi gruppi non considerano cosa significassero quando furono scritte migliaia di anni fa. Sveliamo il suo significato in ebraico. Vedremo che il testo, interpretato ermeneuticamente come deve essere, mostra l’errore della teologia del dominio. Essa rappresenta un delirio paranoico, irrealizzabile nel mondo plurale e globalizzato in cui ci troviamo.

Il testo va interpretato nell’ottica dell’affermazione dell’essere umano creato “a immagine e somiglianza di Dio”. Con questa espressione, in ebraico non si vuole definire che cosa sia l’essere umano (la sua natura); al contrario, si vuole determinare quello che, operativamente, dovrebbe fare. Come Dio ha tratto tutto dal nulla, così l’essere umano, creatore creato, deve portare avanti ciò che Dio ha creato con benevolenza: «Dio vide che tutto era buono» (Genesi 1,25). Il significato originario in ebraico di “immagine e somiglianza” (selem e demût) fa dell’essere umano il rappresentante e il luogotenente del Creatore.

Le espressioni “sottomettere” e “dominare” devono essere intese, semplicemente, come “coltivare e curare”. Ma entriamo nei dettagli. Per “dominare” usa la parola ebraica radash (Genesi 1,26) che significa governare proprio come il Creatore governa la sua creazione. Per “sottomettere” usa il termine ebraico kabash (Genesi 1,28), che significa comportarsi come un buon re, non dominatore, che guarda saggiamente i suoi sudditi.

Pertanto, il Salmo 8 loda Dio per aver creato gli esseri umani come re:

“Lo hai reso un po’ dedotto a un essere divino, lo hai coronato di gloria e di onore, gli hai dato il dominio (kabash) sulle opere delle tue mani, hai sottoposto (radah) ogni cosa ai suoi piedi; le pecore, tutto il bestiame e anche gli animali selvatici, gli uccelli del cielo e i pesci del mare, tutto ciò che scorre verso il mare» (Salmo 8,6-9).

Qui, come nella Genesi 1, non c’è nulla di violenza e di dominio: dobbiamo agire come il Creatore che agisce con amore, al punto che Egli dice nel libro della Sapienza che «ha creato tutti gli esseri con amore e nessuno con odio altrimenti non avrebbe creato… perché Egli è l’appassionato amante della vita” (Sapienza 1,24.26). Qui scompare il fondamento di ogni teologia del dominio.

Esiste una seconda versione della Genesi (2,4-25) che diverge dalla prima, mai menzionata dai rappresentanti della teologia del dominio. In questa seconda, Dio ricava dalla polvere della terra tutti gli esseri, compresi gli esseri umani, stabilendo tra tutti un legame di profonda fraternità. Creò l’uomo che viveva nella solitudine. Gli diede, allora una donna, non perché procreasse, ma perché fosse sua compagna (Genesi 2,23). Li collocò nel Giardino dell’Eden, non per dominarlo ma per «coltivarlo e custodirlo» (2,15), usando le parole ebraiche abad per arare-coltivare e shamar per custodire o curare.

Questa comprensione che pone tutti gli esseri ricavati dalla stessa origine, dalla polvere della terra, e affidando alla coppia umana la missione di coltivare e custodire, fornirebbe un altro tipo di fondamento per la convivenza tra tutti gli esseri umani insieme agli altri esseri della natura. Qui non esiste alcuna base per il dominio, al contrario, lo nega a favore di una convivenza armoniosa tra tutti.

Questa analisi, basata sull’ebraico, è decisiva per mettere da parte un’interpretazione fuori dal tempo, fondamentalista, al servizio di un senso politico, totalitario ed escludente di dominio sui popoli e sulla Terra, come se fosse progetto di Dio. Niente di più distorto e falso. Per quanto il fondamentalismo e l’orientamento di estrema destra in politica crescano nel mondo, questa tendenza non offre le reali condizioni oggettive per prevalere e costituire un’unica forma religiosa di organizzare la politica di una e diversa umanità.

Leonardo Boff, professore di teologia sistematica con particolare attenzione alla teologia biblica. Vedere alcune fonti tra le tante: Aubrey Rose (org.) Judaism and Ecology, N.York 1992; Ronald A. Simkins, Criador e Criação: a natureza da mundividência do Antigo Israel, Vozes 1994 pp.158-160; James B.Martin-Schramm&Robert L.Stivers, Christian environmental Ethics, N.York 2003 esp. pp.102-104; von Rad, Das erste Buch Mose, Genesis, Göttingen 1967

Die Theologie der Dominanz: Widerlegung eines Trugschlusses

Leonardo Boff*

Der Übergang von der Theologie des Wohlstands zur Theologie der Herrschaft (dominium)wird unter politischen Analysten und in neupfingstlichen Gruppen, in USA und auch vor allem in denen um Bolsonaro, diskutiert. Ich glaube, dass der gegenwärtige Konflikt zwischen dem zionistischen Staat Israel und dem Gazastreifen mit seinem Gemetzel und sogar Völkermord an den Palästinensern diesen Wandel in Brasilien verstärkt hat. Es ist seit langem bekannt, dass Benjamin Netanjahu ein radikaler Zionist der extremen Rechten ist, der sein Projekt zum Ausdruck gebracht hat, Israel zu den Dimensionen zurückzubringen, die es in seiner Blütezeit zur Zeit Davids und Salomons hatte. Sie machten sich die Tatsache zunutze, dass es in Ägypten interne Konflikte zwischen den mesopotamischen Mächten gab und sie deshalb nicht gegeneinander Krieg führen konnten, um das Gebiet Israels zu erobern. Aber es dauerte nicht lange, denn die Assyrer kamen und vertrieben sie ins Exil. Daher die uneingeschränkte Unterstützung Netanjahus für die Vertreibung und Kolonisierung der arabisch-muslimischen Bevölkerung in den Gebieten der Westbank.

Die Dominion-Theologie oder der Dominionismus entstand in den 70er Jahren des letzten Jahrhunderts in den USA im Kontext des calvinistischen christlichen Wiederaufbaus. Bekanntlich errichtete Calvin im 16. Jahrhundert in Genf eine äußerst strenge und gewalttätige religiöse Regierung, die sogar die Todesstrafe vorsah. Dies sollte ein Modell für die ganze Welt sein.

Der Dominionismus vereint verschiedene christlich-fundamentalistische Strömungen, darunter auch katholische Fundamentalisten, die eine ausschließlich religiöse, auf die Bibel gestützte Politik postulieren, die auf die gesamte Menschheit anzuwenden ist, unter Ausschluss aller anderen Ausdrucksformen, die als falsch und daher ohne Existenzberechtigung angesehen werden. Sie ist die zentrale, allumfassende Ideologie der christlichen Rechten auf dem Gebiet der Politik und der Sitten.

Schauen wir uns die grundlegende biblische Basis für diese Theologie an. Sie stützt sich auf das erste Kapitel der Genesis. In der Tat gibt es zwei Versionen der Schöpfung in der Genesis, aber nur die erste, die sich direkt auf die Herrschaft bezieht, wird verwendet. Schauen wir uns den Text an:

“Gott sprach: ‘Lasst uns den Menschen machen als unser Abbild, uns ähnlich, dass er herrsche über die Fische des Meeres und über die Vögel des Himmels und über die Haustiere und über alle wilden Tiere und über alles Gewürm, das auf Erden kriecht. Gott schuf den Menschen zu seinem Bilde, zum Bilde Gottes schuf er ihn, als Mann und Frau schuf er sie. Und Gott segnete sie und sprach zu ihnen: Seid fruchtbar und mehret euch und füllet die Erde und machet sie euch untertan und herrschet über die Fische im Meer und über die Vögel unter dem Himmel und über alles, was auf Erden lebt und sich regt” (Genesis 1,26-29).

Dieser Text legitimiert in seiner jetzigen Form alle Arten von Herrschaft und diente den Entwicklungspolitikern als Argument für ihr Projekt des unbegrenzten Wachstums.

Sie wurde jedoch auf fundamentalistische und buchstabengetreue Weise gelesen, ohne zu berücksichtigen, dass zwischen uns heute und dem biblischen Bericht eine Lücke von mindestens 3000 – 4000 Jahren liegt. Die Bedeutung der Worte ändert sich. Diese Gruppen berücksichtigen nicht, was sie zu der Zeit bedeuteten, als sie vor Tausenden von Jahren geschrieben wurden. Wir wollen ihre Bedeutung im Hebräischen aufdecken. Wir werden sehen, dass der Text, hermeneutisch interpretiert, wie man an ihn herangehen sollte, den Irrtum der Herrschaftstheologie aufzeigt. Sie stellt eine paranoide Wahnvorstellung dar, die in der pluralistischen und globalisierten Welt, in der wir uns befinden, nicht realisierbar ist.

Der Text ist im Lichte der Behauptung zu interpretieren, dass der Mensch “nach dem Bilde und Gleichnis Gottes” geschaffen ist. Mit diesem Ausdruck will das Hebräische nicht definieren, was der Mensch ist (sein Wesen), sondern es will bestimmen, was er operativ zu tun hat. So wie Gott alles aus dem Nichts geschaffen hat, soll der Mensch, der Geschaffene, das, was Gott geschaffen hat, mit Güte weiterführen: “Gott sah, dass alles gut war” (Genesis 1,25). Die ursprüngliche hebräische Bedeutung von “Bild und Gleichnis” (selem und demût) bedeutet, dass der Mensch der Stellvertreter und Stellvertreterin des Schöpfers ist.

Die Ausdrücke “unterwerfen” und “beherrschen” sollten einfach als “kultivieren und pflegen” verstanden werden. Aber lassen Sie uns ins Detail gehen. Für “unterwerfen” verwendet er das hebräische Wort radash (1. Mose 1,26), was soviel bedeutet wie “herrschen”, wie der gute Schöpfer über seine Schöpfung herrscht. Für “unterwerfen” verwendet er das hebräische Wort kabasch (1. Mose 1,28), was bedeutet, wie ein guter, nicht herrschender König zu handeln, der weise auf seine Untertanen achtet. Psalm 8 preist also Gott dafür, dass er den Menschen als König geschaffen hat:

“Du hast ihn so geschaffen, dass er einem göttlichen Wesen in kaum etwas nachsteht, du hast ihn mit Herrlichkeit und Ehre gekrönt, du hast ihm die Herrschaft (kabasch) über die Werke deiner Hände gegeben, du hast alles seinen Füßen unterworfen (radasch): die Schafe und alle Rinder und auch die wilden Tiere, die Vögel des Himmels und die Fische des Meeres, alles, was sich im Meer bewegt” (Psalm 8,6-9).

Hier, wie in Genesis 1, gibt es keine Gewalt oder Herrschaft: Wir müssen wie der Schöpfer handeln, der mit Liebe arbeitet, so dass er im Buch der Weisheit sagt: “Er hat alle Wesen mit Liebe geschaffen und keines mit Hass, sonst hätte er sie nicht geschaffen… Er ist der leidenschaftliche Liebhaber des Lebens” (Weisheit 1,24.26). Hier entfällt die Grundlage für jede Theologie der Herrschaft.

Es gibt eine zweite Version der Schöpfungsgeschichte im Buch Genesis (2,4-25), die sich von der ersten unterscheidet und von den Vertretern der Herrschaftstheologie nie erwähnt wurde. In dieser zweiten Version erschafft Gott alle Lebewesen aus dem Staub der Erde, einschließlich des Menschen, und schafft damit ein Band tiefer Geschwisterlichkeit zwischen ihnen allen. Er schuf den Menschen, der in Einsamkeit lebte. Dann gab er ihm eine Frau, nicht um sich fortzupflanzen, sondern um seine Gefährtin zu sein (Genesis 2,23). Er setzte sie in den Garten Eden, nicht um diesen zu beherrschen, sondern um ihn “zu bebauen und zu bewahren” (2,15), wobei er die hebräischen Wörter abad für pflügen und bebauen und schamar für bewahren oder pflegen verwendete.

Dieses Verständnis, das alle Wesen aus dem gleichen Ursprung, aus dem Staub der Erde, nimmt und dem Menschenpaar die Aufgabe des Pflegens und Bewahrens anvertraut, würde eine andere Art von Grundlage für das Zusammenleben aller Menschen mit allen anderen Wesen in der Natur bieten. Hier gibt es keine Grundlage für Herrschaft, im Gegenteil, sie verneint sie zugunsten eines harmonischen Zusammenlebens aller.

Diese Analyse, die sich auf das Hebräische stützt, ist entscheidend, um nicht länger eine unzeitgemäße, fundamentalistische Interpretation zu unterstützen, die einem politischen, ausgrenzenden und totalitären Sinn der Herrschaft über die Völker und die Erde dient, als ob es sich um ein Projekt Gottes handeln würde. Nichts könnte verzerrter und falscher sein. Auch wenn der Fundamentalismus und die rechtsextreme Orientierung in der Politik in der Welt zunehmen, bietet dieser Trend nicht die wirklichen objektiven Bedingungen, um sich durchzusetzen und eine einzige religiöse Art der Organisation der Politik der Menschheit zu bilden, die einheitlich und vielfältig ist. Diese zweite Version der Schöpfung bildet eine ganz andere Gestalt des Zusammenlebens der Menchheit, in Harmonie und in Achsamkeit der Natur. Aber sie dient dem politischen Interesse dieser radikalen Fundamentalisten gar nicht. Deswegen wird nie referiert, was widersprüchlich wäre.

  • Leonardo Boff, Professor für Systematische Theologie mit dem Schwerpunkt Biblische Theologie. Siehe einige Quellen unter vielen: Aubrey Rose (org.) Judaism and Ecology, N.York 1992; Ronald A.Simkins, Criador e Criação:a natureza da mundividência do Antigo Israel, Vozes1994 pp.158-160; James B.Martin-Schramm&Robert L.Stivers, Christian environmental Ethics, N.York 2003 esp.pp.102-104; von Rad. Das erste Buch Mose, Genesis, Göttingen 1967.

La teología del dominio: refutando una falacia

Leonardo Boff*

Está siendo discutido entre analistas políticos, en el seno de grupos neopentecostales, en gran parte bolsonaristas, el paso de la teología de la prosperidad a la teología del dominio. Estimo que el actual conflicto entre el Estado sionista de Israel y la Franja de Gaza con características de carnicería e incluso de genocidio de palestinos haya reforzado en Brasil este paso. Se sabe desde hace mucho tiempo que Benjamín Netanyahu es un sionista radical de extrema derecha que expresó su proyecto de restaurar Israel con las dimensiones que tenía, en su auge, en tiempos de David y de Salomón. Estos aprovecharan que sea em Agyto se en las potencias mesopotamicas habia conflictos internos y por eso no podian guerrearse, par exapndir el territorio de israel. Pero duró poco por que vinieron los asirios y los llevaran al exilio. De ahí el apoyo de Netanyhau sin restricciones a la expulsión y a la colonización de los territorios de la Cisjordania, de población árabe musulmana.

La teología del dominio o el dominionismo nació en los USA en los años 70 del siglo pasado, en un contexto de reconstrucción cristiano calvinista. Como es sabido Calvino en el siglo XVI instauró en Ginebra un gobierno religioso extremadamente riguroso y violento hasta con pena de muerte. Sería un modelo para todo el mundo.

El dominionismo agrupa varias tendencias cristianas fundamentalistas, inclusive integristas católicos que postulan una política exclusivamente religiosa, de base bíblica, a ser aplicada en toda la humanidad con exclusión de cualquier otra expresión, considerada como falsa y por eso sin derecho a existir. Es la ideología totalizadora central para la derecha cristiana en el campo de la política y de las costumbres.

Veamos cuál es la base bíblica fundamental que sustenta esta teología. Se basa en el primer capítulo del Génesis. A decir verdad en el Génesis hay dos versiones de la creación, pero se aprovecha solo la primera, que se refiere directamente al dominio. Veamos el texto:

“Dios dijo: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza para que domine sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los animales salvajes y todos los reptiles que se arrastran sobre la tierra. Dios creó el hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó, macho y hembra los creó. Y Dios los bendijo y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y subyugadla, mandad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo lo que vive y se mueve sobre la tierra” (Génesis 1,26-29).

Este texto así como está legitima todo tipo de dominación y ha servido a los desarrollistas de argumento para su proyecto de crecimiento ilimitado.

Sin embargo, ha sido leído de forma fundamentalista y literalista, sin tener en cuenta que entre nosotros hoy y el relato bíblico distan por lo menos 3-4 mil años. El sentido de las palabras cambia. Esos grupos no consideran lo que ellas significaban en la época en que fueron escritas hace miles de años. Desvelemos su significado en hebreo. Veremos que el texto, interpretado hermenéuticamente como debe ser, muestra la falacia de la teología del dominio. Ella representa un delirio paranóico, irrealizable en la fase del mundo plural y globalizado en el que nos encontramos.

El texto debe ser interpretado en la óptica de la afirmación del ser humano creado “a imagen y semejaza de Dios”. Con esta expresión, no se quiere en hebreo definir lo que es el ser humano (su naturaleza); al contrario, se quiere determinar lo que él, operativamente, debe hacer. Así como Dios sacó todo de la nada, el ser humano, creado creador, debe llevar adelante lo que Dios creó con benevolencia: “Dios vio que todo era bueno” (Génesis1,25). El significado original en hebreo de “imagen y semejanza” (selem y demût) quiere decir que el ser humano es el representante y el lugarteniente del Creador.

Las expresiones “subyugar” y “dominar” deben ser entendidas, simplemente, como “cultivar y cuidar”. Pero vamos a los detalles. Para “dominar” usa la palabra hebrea radash (Génesis 1,26) que significa gobernar bien como el Creador gobierna su creación. Para subyugar emplea en hebreo el término kabash (Génesis 1,28), que significa actuar como un rey bueno, no dominador, que sabiamente mira hacia sus súbditos. Por eso el salmo 8 alaba a Dios por haber creado al ser humano como rey:

Tú lo hiciste apenas inferior a un ser divino, tú lo coronaste de gloria y honra, le diste el dominio (kabash) sobre las obras de tus manos, sometiste (radash) todo a sus pies; las ovejas y todos los bueyes y hasta los animales salvajes, las aves del cielo y los peces del mar, todo lo que se abre camino por el mar” (Salmo 8,6-9).

Aquí, como en el Génesis 1, no hay nada de violencia ni de dominación: hay que actuar como el Creador, que obra con amor hasta el punto de decir en el libro de la Sabiduría que “creó todos los seres con amor y ninguno con odio, si no, no los habría creado… Él es el apasionado amante de la vida” (Sabiduría 1,24.26). Aquí se desvanece la base para cualquier teología del dominio.

Hay una segunda versión del Génesis (2,4-25) que es distinta de la primera y nunca ha sido referida por los representantes de la teología del dominio. En esta segunda, Dios saca a todos los seres del polvo de la tierra, también al ser humano, estableciendo con eso un lazo de profunda hermandad entre todos. Creó al hombre, que vivía en soledad. Entonces le dio una mujer, no para procrear, sino para ser su compañera (Génesis 2,23). Los puso en el Jardín del  Edén, no para dominarlo, sino para “cultivarlo y guardarlo” (2,15), usando las palabras hebrea abad para arar-cultivar y shamar para guardar o cuidar.

Esta comprensión que pone a todos los seres sacados del mismo origen, del polvo de la tierra, y confía a la pareja humana la misión de cultivar y guardar, proporcionaría otro tipo de fundamento para la convivencia de todos los seres humanos con todos los demás seres de la naturaleza. Aquí no existe ninguna base para el dominio, al contrario, lo niega en favor de una convivencia armoniosa entre todos.

Este análisis, basado en el hebreo, es decisivo para dejar de apoyar una interpretación fuera de tiempo, fundamentalista, al servicio de un sentido político, excluyente y totalitario del dominio sobre los pueblos y sobre la Tierra, como si fuera el proyecto de Dios. Nada más distorsionado y falso. Por más que el fundamentalismo y la orientación de extrema derecha en política esté creciendo en el mundo, esta tendencia no ofrece las condiciones objetivas reales para prevalecer y constituir una única forma religiosa de organizar la política de la humanidad, una y diversa.

*Leonardo Boff, profesor de teología sistemática con acento en la teología bíblica. Véanse algunas fuentes entre tantas: Aubrey Rose (org.) Judaism and Ecology., N.York 1992; Ronald A.Simkins, Criador e Criação:a natureza da mundividência do Antigo Israel, Vozes1994 pp.158-160; James B.Martin-Schramm&Robert L.Stivers, Christian environmental Ethics, N.York 2003 esp.pp. 102-104; von Rad. Das erste Buch Mose, Genesis, Göttingen 1967.

Traducción de MªJosé Gavito Milano