El pueblo brasilero: un pueblo místico y religioso

El pueblo brasilero es espiritual y místico, le guste o no a la intelectualidad secularizada, en general con poca o ninguna organicidad con los movimientos populares y sociales.

El pueblo no ha pasado por la escuela de los maestros modernos de la sospecha que, en vano, han intentado deslegitimar la religión. Para el pueblo, Dios no es un problema sino la solución de sus problemas y el sentido último de su vivir y de su morir. Siente a Dios acompañando sus pasos, lo celebra en las expresiones de lo cotidiano, como “mi Dios”, “gracias a Dios”, “Dios le pague”, “Dios lo acompañe”, “Dios lo quiera” y “Dios lo bendiga”. Habitualmente mucha gente se despide por teléfono diciendo “queda con Dios”. Si no tuviese a Dios en su vida, ciertamente no habría resistido con tanta fortaleza, humor y sentido de lucha a tantos siglos de ostracismo social.

El cristianismo ayudó a formar la identidad de los brasileros. En el tiempo de la Colonia y del Imperio entró por la vía de la misión (iglesia institucional) y de la devoción a los santos y santas (cristianismo popular). Modernamente está entrando por la vía de la liberación (círculos bíblicos, comunidades de base y pastorales sociales) y por el carismatismo (encuentros de oración y de curación, grandes celebraciones-espectáculo de curas mediáticos). Fundamentalmente el cristianismo colonial e imperial educó a las clases señoriales sin cuestionarles su proyecto de dominación y domesticó a las clases populares para que se ajustasen al lugar que les cabía en la marginalidad. Por eso la función del cristianismo fue extremadamente ambigua pero siempre funcional al statu quo desigual e injusto. Raramente fue profético. En el caso de la esclavitud fue claramente legitimador de un orden inicuo.

Solamente a partir de los años 50 del siglo pasado, sectores importantes de la institucionalidad (obispos, curas, religiosos y religiosas, laicos y laicas) comenzaron un proceso de desplazamiento de su lugar social desde el centro hacia la periferia donde vivía el pueblo. Surgió el discurso de la promoción humana integral y de la liberación socio-histórica cuya centralidad es ocupada por los oprimidos que ya no aceptan su condición de oprimidos. Por el hecho de ser simultáneamente pobres y religiosos, sacaron de su religión las inspiraciones para la resistencia y para la liberación rumbo a una sociedad con más participación popular y más justicia. Y surgió un cristianismo nuevo, profético, liberador y comprometido con los cambios necesarios.

Pero la mayor creación cultural hecha en Brasil está representada por el cristianismo popular. Puestos al margen del sistema político y religioso, los pobres, indígenas y negros dieron cuerpo a su experiencia espiritual en el código de la cultura popular, que se rige más por la lógica del inconsciente y de lo emocional que por lo racional y lo doctrinario. Elaboraron así una rica simbología, en las fiestas de sus santos y santa importantes, un arte lleno de colorido y una música cargada de sentimiento asociada a la noble tristesse. Este cristianismo popular no es decadencia del cristianismo oficial, sino una forma diferente, popular y sincrética de expresar lo esencial del mensaje cristiano.

Las religiones afrobrasileñas, el sincretismo urdido de elementos cristianos, afrobrasileros e indígenas, representan otra creación relevante de la cultura popular. Con excepción de algún fundamentalismo evangélico, el pueblo en general no es dogmático ni obcecado en sus creencias. Es tolerante, pues cree que Dios está en todos los caminos y todos los caminos terminan en Él. Por eso es multiconfesional y no se avergüenza de tener varias pertenencias religiosas. La síntesis se have dentro de su corazón, en su espiritualidad profunda. A partir de ahí compone el rico tejido religioso. El antropólogo Roberto da Matta lo expresó acertadamente: «En el camino hacia Dios puedo juntar muchas cosas. Puedo ser católico y umbandista, devoto de Ogum y de San Jorge. El lenguaje religioso de nuestro país es, pues, un lenguaje de relación y de religación. Un idioma que busca el término medio, el camino medio, la posibilidad de salvar a todo el mundo y de encontrar en todos los lugares alguna cosa buena y digna» (O que faz o brasil Brasil, Rocco, Rio de Janeiro 1984, 117).

Especialmente importante es la contribución civilizatoria traída por las religiones afro (nagô, camdonblé, macumba, umbanda y otras) que a partir de sus propias matrices africanas elaboraron aquí un rico sincretismo. Cada ser humano puede ser un incorporador eventual de la divinidad en beneficio de los otros. Negada socialmente, despreciada políticamente, perseguida religiosamente, las religiones afrobrasileñas devolvieron autoestima a la población negra, al afirmar que los orixás africanos los enviaron a estas tierras para ayudar a los necesitados y para impregnar de axé (energía cósmica y sagrada) los aires de Brasil. A pesar de ser esclavos cumplían una misión transcendente y de gran significado histórico.

Fueron los negros y los indígenas quienes confirieron y confieren una marca mística al alma brasilera. Todos se saben acompañados por los santos y santas importantes, por los orixás por el Preto Velho (umbanda) y por la mano providente de Dios que no deja que todo se pierda y se frustre definitivamente. Para todo existe solución y una salida buena. Por eso hay levedad, humor, sentido de fiesta en todas las manifestaciones populares.

El futuro religioso de Brasil no será probablemente su pasado católico. Será, posiblemente, la creación sincrética original de una nueva espiritualidad ecuménica que convivirá con las diferencias (la tradición evangélica en ascenso, el pentecostalismo, el kardecismo, las religiones orientales) pero en la unidad de la misma percepción de lo Divino y de lo Sagrado que impregna el cosmos, la historia humana y la vida de cada persona.
Traducción de María Gavito Milano

Reintegrar-se no espaço e no tempo

A partir dos anos 70 do século passado ficou clara para grande parte da comunidade científica que a Terra não é apenas um planeta sobre o qual existe vida. A Terra se apresenta com tal dosagem de elementos, de temperatura, de composição química da atmosfera e do mar que somente um organismo vivo pode fazer o que ela faz. A Terra não contem simplesmente vida. Ela é viva, um super-organismo vivente, denominado pelos andinos de Pacha Mama e pelos modernos de Gaia, o nome grego para a Terra viva.

A espécie humana representa a capacidade de Gaia de ter um pensamento reflexo e uma consciência sintetizadora e amorosa. Nós humanos, homens e mulheres, possibilitamos à Terra a apreciar a sua luxuriante beleza, a contemplar a sua intrincada complexidade e a descobrir espiritualmente o Mistério que a penetra.

O que os seres humanos são em relação à Terra é a Terra em relação ao cosmos por nós conhecido. O cosmos não é um objeto sobre o qual descobrimos a vida. O cosmos é, segundo muitos cosmólogos contemporâneos, (Goswami, Swimme e outros) um sujeito vivente que se encontra num processo permanente de gênese. Caminhou 13,7 bilhões de anos, se enovelou sobre si mesmo e madurou de tal forma que num canto dele, na Via láctea, no sistema solar, no planeta Terra emergiu a consciência reflexa de si mesmo, de donde veio, para onde vai e qual é a Energia poderosa que tudo sustenta.

Quando um eco-agrônomo estuda a composição química de um solo é a própria Terra que estuda a si mesma. Quando um astrônomo dirige o telescópio para as estrelas, é o próprio universo que olha para si mesmo.
A mudança que esta leitura deve produzir nas mentalidades e nas instituições só é comparável com aquela que se realizou no século XVI ao se comprovar que a Terra era redonda e girava ao redor do sol. Especialmente a transformação de que as coisas ainda não estão prontas, estão continuamente nascendo, abertas a novas formas de auto-realização. Consequentemente a verdade se dá numa referência aberta e não num código fechado e estabelecido. Só está na verdade quem caminha com o processo de manifestação da verdade.

Importa, antes de mais nada, realizar a reintegração do tempo. Nós não temos a idade que se conta a partir do dia do nosso nascimento. Nós temos a idade do cosmos. Começamos a nascer há 13,7 bilhões de anos quando principiaram a se organizar todas aquelas energias e materiais que entram na constituição de nosso corpo e de nossa psiqué. Quando isso madurou então nascemos de verdade e sempre abertos a outros aperfeiçoamentos futuros.

Se sintetizarmos o relógio cósmico de 13,7 bilhões de anos no espaço de um ano solar, como o fez ingeniosamente Carl Sagan no seu livro Os Dragões do Eden (N.York 1977, 14-16) e querendo apenas realçar algumas datas que nos interessam, teríamos o seguinte quadro:

A primeiro de janeiro ocorreu o big bang. A primeiro de maio o surgimento da Via-Láctea. A nove de setembro, a origem do sistema solar. A 14 de setembro, a formação da Terra. A 25 de setembro, a origem da vida. A 30 de dezembro, o aparecimento dos primeiros hominídeos, avós ancestrais dos humanos. A 31 de dezembro, irromperam os primeiros homens e mulheres. Os últimos 10 segundos de 31 de dezembro inauguraram a história do homo sapiens/demens do qual descendemos diretamente. O nascimento de Cristo ter-se-ia dado precisamente às 23 horas 59 minutos e 56 segundos. O mundo moderno teria surgido no 58º segundo do último minuto do ano. E nós individualmente? Na última fracção de segundo antes de completar meia-noite.

Em outras palavras, somente há 24 horas que o universo e a Terra têm consciência reflexa de si mesmos. Se Deus dissesse a um anjo: “procure no espaço e identifique no tempo a Denise ou o Edson ou a Silvia”, certamente não o conseguiria porque eles são menos que um pó de areia vagando no vácuo interstelar e começaram a existir a menos de um segundo atrás. Mas Deus sim, porque Ele escuta o pulsar do coração de cada filho e filha seus, porque neles o universo converge em autoconsciência, em amorização e em celebração.

Uma pedagogia adequada à nova cosmologia nos deveria introduzir nestas dimensões que nos evocam o sagrado do universo e o milagre de nossa própria existência. Isso em todo o processo educativo, da escola primária à universidade.

Em seguida faz-se mister reintegrar o espaço dentro do qual nos encontramos. Vendo a Terra de fora da Terra, nos descobrimos um elo de uma imensa cadeia de seres celestes. Estamos numa das 100 bilhões de galáxias, a Via Láctea. Numa distância de 28 mil anos luz de seu centro; pertencemos ao sistema solar que é um entre bilhões e bilhões de outras estrelas, num planeta pequeno mas extremamente aquinhoado de fatores favoráveis à evolução de formas cada vez complexas e conscientizadas de vida: a Terra.

Na Terra nos encontramos num Continente que se independizou há cerca de 210 milhões de anos atrás quando a Pangea (o continente único da Terra) se fraturou e que ganhou a configuração atual. Estamos nesta cidade, nesta rua nesta casa, neste quarto, e nesta mesa diante do computador partir donde me relaciono e me sinto ligado à totalidade de todos os espaços do universo.

Reintegrados no espaço e no tempo nos sentimos como Pascal diria: um nada diante do Todo e um Todo diante do nada. E nossa grandeza resie em pensar e celebrar tudo isso.

Brazilians: a mystical and religious people

Brazilians are a spiritual and mystic people, whether or not that pleases the secularized intelligentsia, which generally has little or no relationship with the popular and social movements.

The Brazilian people did not pass through the modern school of the purveyors of suspicion, who have tried in vain to de-legitimize religion. To the people, God is not a problem, but the solution to their problems and the ultimate meaning of their living and dying. The people sense God accompanying them in their journey, they celebrate God in their everyday expressions, such as, “My God”, “Thanks be to God”, “God will repay you”, “Go with God”, “God willing” and “May God bless you”. Many are accustomed to ending a telephone conversation by saying, “Be with God”. If the Brazilians did not have God in their lives, they certainly would not have endured so many centuries of social ostracism with so much strength, humor and sense of struggle.

Christianity helped form the Brazilian identity. In Colonial and Imperial times, Christianity arrived with the missions (the institutional Church) and the devotion of the saints (popular Christianity). In modern times, it comes through liberation (Biblical circles, base communities and social pastorals) and the charismatics (gatherings for prayer and healing, great celebration-spectacles of healing through the media). Fundamentally, Colonial and Imperial Christianity educated the higher classes without questioning their goal of dominating and domesticating the popular classes to accept their place on the margins. Therefore, the role of Christianity was extremely ambiguous but always in function of the unequal and unjust status quo. Christianity was rarely prophetic. In the case of slavery, it clearly legitimated an evil order.

Only starting with the 1950s did important sectors of the institution (Bishops, curates, men and women religious and the lay) begin a process of reorienting their social class from the center towards the periphery where the people lived. Talk began of integral human promotion and of a socio-historical liberation whose center is occupied by the oppressed who no longer accept their oppressed condition. Simultaneously poor and religious, they were inspired by their religion to resistance and liberation, towards a society with greater popular participation and more justice. And a new Christianity emerged, prophetic, liberating and committed to the necessary changes.

But the main cultural creation in Brazil is represented by popular Christianity. Left on the margins of the political and religious system, the poor, the Indigenous and the Blacks shaped their spiritual experience by using the code of the popular culture, one that follows the logic of the unconscious and the emotional more than the rational and doctrinaire. This way they developed a rich system of symbols, in the feasts of their important saints, an art form filled with color and music charged with the feelings associated with the noble tristesse. This popular Christianity does not represent the decay of official Christianity, but is a different, popular and synthesizing form of expressing the essence of the Christian message.

The Afro-Brazilian religions, the synthesis of Christian, Afro-Brazilian and Indigenous elements, represent a relevant creation of popular culture. With the exception of some evangelical fundamentalism, the people generally are neither dogmatic nor stubborn in their beliefs. The people are tolerant, because they believe that God is found on every path and that all paths end with God. Therefore the people are multi-confessional and are not ashamed of belonging to several religions. The synthesis is born within the heart of the people, in their profound spirituality. From there the people are weaving a rich religious fabric. Anthropologist Roberto da Matta clearly expresses this: «In the path towards God I can gather many things. I can be a Catholic and umbandista, devout of Ogum and of Saint George. The religious language of our country is, consequently, a language of relation and of re-linking. A language that seeks the middle term, the medium path, the possibility of saving the whole world and of encountering in all places something good and dignified.» (O que faz o brasil Brasil, Rocco, Rio de Janeiro 1984, 117).

Especially important is the contribution of the Afro religions (nago, camdonble, macumba, umbanda and others) that, starting from their own African matrix, elaborated here a rich syncretism. Each human being can be an eventual incorporator of the divinity to benefit the others. Socially denied, politically rejected, religiously persecuted, the Afro-Brazilian religions gave self-esteem back to the Black people, by affirming that the African orixas sent them to these lands to help the needy and to fill with axe (cosmic and sacred energy)the winds of Brazil. Despite being slaves, they fulfilled a transcendental mission of great historical significance.

The Blacks and the Indigenous lent and are lending a mystical mark to the Brazilian soul. The Blacks and Indigenous all know that they are accompanied by important saints, by the orixas, by the Preto Velho (umbanda) and the provident hand of God ,who does not allow everything to be lost and forever frustrated. There is solution to everything and a good way out. This is why there is levity, humor, and a sense of festivity in all the popular demonstrations.

The religious future of Brazil will probably not be its Catholic past. It possibly will be an original, synthesized creation, with a new ecumenical spirituality, that will coexist with the differences (the growing evangelical tradition, the Pentecostals, the kardecismo, the oriental religions) but in unity with the same perception of the Divine and of the Sacred that impregnates the cosmos, human history, and the life of each and every person.

Free translation from the Spanish sent by
Melina Alfaro, alfaro_melina@yahoo.com.ar,
done at REFUGIO DEL RIO GRANDE, Texas, EE.UU.

Die Brasilianer: ein mystisches und religiöses Volk

Das brasilianische Volk ist ein spirituelles und mystisches Volk, ob dies den weltlichen Intellektuellen, die in kaum oder gar keiner organischen Beziehung zu den sozialen Bewegungen und den Volksbewegungen stehen, gefällt oder nicht.

Das Volk durchlief nicht die Schule der modernen, kritischen Lehrmeister, die vergeblich versuchten, die Religion zu diskreditieren. Für das Volk stellt Gott nicht das Problem dar, sondern die Lösung seiner Probleme und den ultimativen Sinn des Lebens und Sterbens. Es fühlt, dass Gott mit ihm auf dem Weg ist, und zelebriert dies in seinen alltäglichen Ausdrucksweisen wie „Mein Gott!“, „Gott sei Dank“, „Vergelt’s Gott“, „Möge Gott mit dir sein“, „So Gott will“ und „Gott segne dich“. Im allgemeinen beenden die Leute ein Telefongespräch mit den Worten „Geh mit Gott“. Gäbe es keinen Gott im Leben des Volkes, hätte es nicht mit so viel Kraft, Humor und Kampflust in den Jahrhunderten der sozialen Ächtung widerstanden.

Das Christentum trug bei zur Herausbildung der Identität der Brasilianer. In den Zeiten des Kolonialismus und des König- und Kaiserreichs betrat es den Pfad der Mission (institutionelle Kirche) und der Heiligenverehrung (Volkschristentum). Zurzeit befindet es sich auf dem Weg der Befreiung (Bibelkreise, Basisgemeinden und Sozialpastoral) und der charismatischen Bewegung (Gebets- und Heilungskreise, große Show-Zelebrationen der Medien-Priester). Im wesentlichen wurden die herrschenden Klassen im Sinn des kolonialistischen und imperialen Christentums erzogen, ohne deren Domination in Frage zu stellen, und die unteren Schichten des Volkes wurden so domestiziert, dass sie sich mit dem ihnen zugewiesenen Platz am Rande der Gesellschaft zufrieden geben. Aus diesem Grund blieb die Funktion des Christentums äußerst zwiespältig, jedoch immer funktionell für den Status quo der Ungleichheit und Ungerechtigkeit. Nur selten war es prophetisch. Im Fall der Sklaverei hat es diese abscheuliche Ordnung klar legitimiert.

Erst seit den 50er Jahren des vergangenen Jahrhunderts, begannen wichtige Teile der Institution (Bischöfe, Priester, Ordensleute, Laien) sich vom Zentrum weg und hin zur Peripherie zu bewegen, wo die armen Schichten des Volks leben. Nun kamen Diskussionen auf über einen integralen humanen Fortschritt und über die historische Befreiung, in deren Mittelpunkt die Unterdrückten stehen, die ihren Zustand des Unterdrücktwerdens nicht mehr akzeptieren. Dadurch, dass sie sowohl arm als auch religiös waren, zogen sie aus der Religion Inspirationen für ihren Widerstand und für die Befreiung hin zu einer gerechteren Gesellschaft mit mehr Partizipation des Volkes. Und ein neues prophetisches und befreiendes Christentum kam auf, das sich für die notwendigen Veränderungen einsetzt.

Das größte kulturelle Werk jedoch, das es je in Brasilien gab, zeigt sich im Volkschristentum. Vom politischen und religiösen System an den Rand gedrängt, verkörpert die arme, indigene und schwarze Bevölkerung ihre spirituelle Erfahrung im Kulturcodex des Volkes, der sich mehr an die Logik des Unbewussten und Emotionalen hält als an die der Ratio und der Lehre. Auf diese Weise entstand eine reiche Symbolik für die wichtigsten Gedenktage der Heiligen, eine farbenfrohe Kunst und eine Musik, die voller Gefühl ist und voll nobler Tristesse. Dieses Volkschristentum ist kein Verfall des offiziellen Christentums, sondern eine andere Form, die volksnah ist und synkretistisch, um die wesentliche Botschaft des Christentums zum Ausdruck zu bringen.

Die afro-brasilianischen Religionen, der Synkretismus, der sich aus christlichen, afro-brasilianischen und indigenen Elementen zusammensetzt, repräsentiert ein weiteres Werk, das der Volkskultur entstammt. Mit der Ausnahme eines evangelikalen Fundamentalismus ist das Volk im allgemeinen weder dogmatisch noch besessen von seinen Glaubensinhalten. Es ist tolerant, denn es glaubt, dass Gott sich auf allen Wegen findet und dass alle Wege zu Ihm führen. Darum ist es multikonfessionell und schämt sich nicht, von unterschiedlichen religiösen Strömungen abzustammen. Die Synthese findet im Herzen statt, in seiner tiefen Spiritualität. Von dort aus wird das reiche religiöse Gewebe komponiert. Der Anthropologe Roberto da Matta sagt: „Auf dem Weg zu Gott kann ich viele Dinge miteinander verknüpfen. Ich kann katholisch sein und der Umbanda-Religion angehören, sowohl Ogum als auch den Hl. Georg verehren. Die religiöse Sprache unseres Landes ist daher eine Sprache der Beziehungen und der Vereinigung. Eine Sprache, die die Mitte sucht, den Mittelweg, die Möglichkeit, die ganze Welt zu retten, und überall etwas Gutes und Würdevolles zu finden.“ (O que faz de brasil Brasil, Rocco, Rio de Janeiro 1984,117).

Von besonderer Wichtigkeit ist der zivilisatorische Beitrag, den die afrikanischen Religionen leisten (Nagô, Camdonblé, Macumba, Umbanda u. a.), die, ausgehend von ihren eigenen afrikanischen Matrizen, einen reichen Synkretismus erarbeiteten. Jeder Mensch kann eine mögliche Verkörperung des Göttlichen im Dienste der anderen sein. Gesellschaftlich abgelehnt, politisch verachtet, religiös verfolgt gaben Die afro-brasilianischen Religionen gaben der gesellschaftlich abgelehnten, politisch verachteten und religiös verfolgten schwarzen Bevölkerung ihre Selbstachtung zurück, indem sie behaupteten, von den afrikanischen Orixás auf die Erde geschickt worden zu sein, um den Bedürftigen zu helfen und um die Luft Brasiliens mit Axé (der kosmischen und heiligen Energie) zu tränken. Obwohl sie einst Sklaven waren, vollbrachten sie eine transzendente Mission von großer historischer Tragweite.

Es waren die Schwarzen und Indigenen, die der brasilianischen Seele einen mystischen Stempel aufdrückten. Jeder weiß sich von den starken Heiligen begleitet, von den Orixás, vom Preto Velho (Umbanda) und von der vorsehenden Hand Gottes, die nicht zulässt, dass alles verloren geht und zum Scheitern verurteilt ist. Für alles gibt es eine Lösung und einen gutes Ende. Deshalb gibt es eine solche Leichtigkeit, Humor und Freude am Feiern in allen Volksveranstaltungen.

Die religiöse Zukunft Brasiliens wird sicherlich nicht aus seiner katholischen Vergangenheit bestehen. Möglicherweise wird es die synkretistische, neuartige Kreation einer neuen ökumenischen Spiritualität sein, die mit den Unterschieden (wachsende evangelische Tradition, Pfingstbewegung, Kardezismus, orientalische Religionen) leben kann, sich aber in der Einheit derselben Wahrnehmung des Göttlichen und des Heiligen befindet, wovon der Kosmos, die Menschheitsgeschichte und das Leben jedes und jeder Einzelnen durchzogen sind.

Übersetzt von Bettina Gold-Hartnack