El ascenso del fascismo en el mundo

Leonardo Boff*

En el mundo entero y también en Brasil se observa el ascenso de ideas fascistas o de actitudes autoritarias que se saltan todas las leyes y rompen los acuerdos como se nota claramente en la política del presidente de USA Donald Trump con su ufanismo MAGA (Make America Great Again). Las promesas hechas por las grandes narrativas modernas han fracasado. Produjeron una enorme insatisfacción y depresión más o menos generalizadas y olas de rabia y de odio. Crece la convicción, debida especialmente al clamor ecológico, de que el mundo no puede continuar así como está. O cambiamos de rumbo o vamos al encuentro de una catástrofe bíblica. En este contexto veo el siniestro fenómeno del fascismo y autoritarismo imponiéndose en nuestra historia.

La palabra fascismo fue usada por primera vez por Benito Mussolini en 1915 al crear el grupo “Fasci d’Azione Revolucionaria”. Fascismo se deriva de un haz (fasci) de varas, fuertemente atadas, con un hacha sujeta a un lado. Una vara puede romperse, un haz es casi imposible. En 1922/23 fundó el Partido Nacional Fascista que perduró hasta su derrocamiento en 1945. En Alemania se estableció a partir desde 1933 con Adolf Hitler que al ser canciller creó el Nacionalsocialismo, el partido nazi que impuso al país fuerte disciplina, vigilancia y el terror de las SS.

La vigilancia, la violencia directa, el terror y el exterminio de los opositores son características del fascismo histórico de Mussolini y de Hitler y entre nosotros de Pinochet en Chile, de Videla en Argentina y en el gobierno de Figueiredo, de Médici y como tendencia, de Bolsonaro en Brasil.

            El fascismo originario es una derivación extrema del fundamentalismo que tiene larga tradición en casi todas las culturas. S. Huntington en su discutida obra Choque de civilizaciones (1997) denuncia a Occidente como uno de los más virulentos fundamentalistas, que en las guerras coloniales mostró claras señales fascismo. Occidente se imagina como el mejor de los mundos, junto con USA, lo que le conferiría, según ellos, su excepcionalidad. Cuando el presidente Trump afirma “America first” está entendiendo “sólo América” y el resto del mundo que se fastidie.

Conocemos el fundamentalismo islámico con sus innumerables atentados y crímenes, y otros, también de grupos de la Iglesia Católica actual. Estos todavía creen ser la única y exclusiva Iglesia de Cristo, fuera de la cual no hay salvación. Tal visión errónea y medieval, publicada todavía oficialmente en el año 2000 por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, después Papa Benedicto XVI, en el documento “Dominus Jesus”, humilló a todas las iglesias, negándoles el título de iglesias, considerándolas solamente comunidades con elementos eclesiales. Gracias a Dios el Papa Francisco, lleno de razonabilidad y de sentido común, invalidó tales distorsiones y favoreció el reconocimiento mutuo de las iglesias, todas unidas al servicio de la humanidad y de la salvaguarda del planeta seriamente amenazado.

Todo aquel que pretende ser portador exclusivo de la verdad está condenado a ser fundamentalista, con mentalidad fascistoide y sin diálogo con los otros. Bien dijo el Dalai Lama: no insistas en dialogar con un fundamentalista. Solo ten compasión de él.

Aquí viene bien recordar las palabras del gran poeta español Antonio Machado, víctima de la dictadura franquista en España: “La verdad, no tu verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. Si la buscamos juntos, entonces será más plena.

El fascismo nunca desapareció totalmente, pues siempre hay grupos que, movidos por un arquetipo fundamental desintegrado de la totalidad, buscan el orden de cualquier modo. Es el protofascismo actual.

En Brasil hubo una figura más hilarante que ideológica que propuso el fascismo en nombre del cual justificaba la violencia, la exaltación de la tortura y de los torturadores, de la homofobia, de la misoginia y de los LGBTQ+1. Siempre en nombre de un orden a ser forjado contra el pretendido desorden vigente, usando de violencia simbólica y real.

Bajo el ahora condenado Jair M.Bolsonaro el fascismo adquirió una forma asesina y trágica: se opuso a la vacuna contra el Covid-19, estimuló las aglomeraciones y ridiculizó el uso de la mascarilla y, lo que es peor, dejó morir a más de 300 mil de las 716.626 víctimas, sin el menor sentido de empatía hacia los familiares y próximos. Fue la expresión criminal de desprecio por la vida de sus compatriotas. Dejó un legado siniestro.

Y finalmente el líder de ese protofascismo rudo, Jair Messias Bolsonaro, forjó una organización golpista con militares de alto rango y otros, para intentar dar un golpe de estado junto con el eventual asesinato de las más altas autoridades, a fin de imponer su tosca visión del mundo. Pero fueron denunciados, juzgados y condenados, y nos libramos así de un tiempo de tinieblas y de crímenes atroces. 

El fascismo siempre ha sido criminal como se ha visto recientemente en Utah con el asesinato de un fundamentalista Charlie Kirk, supremacista, antislámico y homofóbico, proclamado falsamente como mártir. Bajo Hitler se llevó a cabo la Schoah (eliminación de millones de judíos y de otros). El fundamentalismo usó la violencia como forma de relacionarse con la sociedad, por eso nunca pudo ni podrá consolidarse por largo tiempo. Es la mayor perversión de la sociabilidad esencial de los seres humanos.

El fascismo se combate con más democracia y con el pueblo en la calle. Hay que enfrentarse a las razones de los fascistas con la razón sensata y con el valor de reafirmar los peligros que todos corremos. Debemos combatir duramente a quien usa la libertad para eliminar la libertad. Y tenemos que unirnos pues no tenemos otro planeta ni otra Arca de Noé.

*Leonardo Boff ha escrito: Fundamentalismo y terrorismo,Vozes 2009.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

A ascensão do fascismo no mundo e no Brasil

Leonardo Boff

         Nota-se no mundo inteiro e também no Brasil a ascensão de ideias fascistas ou de atitudes autoritárias que rompem todas as leis e acordos como se nota claramente na política do presidente dos EUA Donald Trump com seu ufanismo MAGA (Make Amerika Great Again). As promessas feitas pelas grandes narrativas modernas fracassaram. Produziram uma enrome insatisfação e depressão mais ou menos generalizadas e ondas de raiva e de ódio.Cresce a convicção,especialmente devido ao clamor ecológico, que assim como o mundo está não pode continuar. Ou mudamos de rumo ou vamos ao encontro de uma catástrofe bíblica.É neste contexto que vejo o fenômeno sinistro do fascismo e autoritarismo se impondo em nossa história.

A palavra fascismo  foi usada pela primeira vez por Benito Mussolini em 1915 ao criar o grupo “Fasci d’Azione Revolucionaria”. Fascismo se deriva do feixe (fasci) de varas, fortemente amarradas, com um machado preso ao lado. Uma vara pode ser quebrada, um feixe, é quase impossível. Em 1922/23 fundou o Partido Nacional Fascista que perdurou até sua derrocada em 1945. Na Alemanha  se estabeleceu a partir de 1933 com Adolf Hitler que ao ser feito chanceler criou o Nacionalsocialismo, o partido nazista que impôs ao país dura disciplina, vigilância e o terror dos SS.

A vigilância, a violência direta, o terror  e o extermínio dos opositores são características do fascismo histórico de Mussolini e de Hitler  e entre nós de Pinochet no Chile, de Videla na Argentina e no governo de Figueiredo, de Médici e como tendência, de Bolsonaro no Brasil.

         O fascismo originário é derivação extremada do fundamentalismo que tem larga tradição em quase todas as culturas. S. Huntington em sua discutida obra Choque de civilizações(1997) denuncia o  Ocidente como um dos mais virulentos fundamentalistas e nas guerras coloniais mostrou  claros sinais de fascismo. Imagina-se o melhor dos mundos, junto com os EUA, o que lhe confereria,segundo eles, a sua excepcionalidade. Quando o presidente Donald Trump afirma “America first” está entendendo “só a América” e o resto do mundo que se lasque.

Conhecemos o fundamentalismo islâmico com seus inúmeros atentados e crimes e outros, também de grupos da Igreja Católica atual.Estes creem ainda ser ela a única e exclusiva Igreja de Cristo, fora da qual não há salvação. Tal visão errônea e medieval, oficialmente publicada ainda no ano 2000 pelo então Card. Joseph Ratzinger, depois Papa Bento XVI, num documento “Dominus Jesus”, humilhou todas as igrejas,negando-lhes o título de igrejas, sendo apenas comunidades com elementos eclesiais.Graças a Deus  o Papa Francisco, cheio de razoabilidade e de bom senso, invalidou tais distorções e favoreceu o mútuo reconhecimento das igrejas, todas unidas, no serviço da humanidade e na salvaguarda do planeta seriamente ameaçado.

Todo aquele que pretende ser portador exclusivo da verdade está condenado a ser fundamentalista, com mentalidade fascistoide e sem diálogo com os outros.Dalai Lama bem disse: não insista em dialogar com um fundamentalista. Apenas tenha compaixão dele.

Aqui vale recordar as palavras do grande poeta espanhol António Machado, vítima da ditadura de Franco na Espanha:”Não a tua verdade. Mas a verdade.Vem comigo buscá-la. A tua guarde-a para ti mesmo”. Se juntos a procurarmos, ela  será então mais plena.

O fascismo nunca desapareceu totalmente, pois sempre há grupos que, movidos por um arquétipo fundamental desintegrado da totalidade,  buscam a ordem de qualquer forma. É o proto fascismo atual.

No Brasil houve uma figura mais hilária que ideológica que propôs o fascismo em nome do qual justificava a violência, a exaltação da tortura e de torturadores, da homofobia,da misogenia e dos LGBTQ+1. Sempre em nome de uma ordem a ser forjada contra a pretensa  desordem vigente, usando de violência simbólica e real.

Sob o condenado Jair M.Bolsonaro o fascismo ganhou uma forma assassina e trágica: se opôs à vacina contra o Covid-19,estimulou as conglomerações e ridicularizou o uso da máscara e, o que é pior, deixou morrer mais de 300 mil dentre os 716.626 vitimados, sem qualquer sentido de empatia pelos familiares e próximos.Foi a expressão criminosa de desprezo pela vida de seus compatriotas. Deixou um legado sinistro.

Mas finalmente o líder desse proto fascismo rude, Jair Messias Bolsonaro, forjou uma organização criminosa com militares de alta patente e outros, tentando dar um golpe de estado com o eventual assassinato das mais altas autoridades a fim de impor sua visão tosca do mundo. Mas foram denunciados, julgados e condenados e assim nos livramos de um tempo de trevas e de crimes hediondos.

O fascismo sempre foi criminal como se viu recentemente  em Utah nos EUA com o assassinato de um fundamentalista Charlie Kirk,supremacista, antiislâmico e   homofóbico, proclamado falsamente de mártir. Sob Hitler criou-se a Schoah (eliminação de milhões de judeus e de outros). Usou a violência como forma de se relacionar com a sociedade, por isso nunca pode nem poderá se consolidar por longo tempo. É a perversão maior da sociabilidade essencial nos seres   humanos.

Combate-se o fascismo com mais democracia e povo na rua. Deve-se enfrentar as razões dos fascistas com a razão sensata e com a coragem de reafirmar os riscos que todos corremos. Deve-se combater duramente quem usa da liberdade para eliminar a liberdade.Devemos unirmo-nos pois não temos um outro planeta nem um outra Arca de Noé.

Leonardo Boff escreveu: Fundamentalismo e terrorismo,Vozes 2009.

El caso Bolsonaro: a nosotros la justicia, a Dios la venganza

Leonardo Boff*

De mi recordado padre, maestro de escuela, con un método semejante al de Paulo Freire,

 educaba a los alumnos y alumnas de Planalto-Concórdia-SC siempre con este consejo: “nunca se venguen; la venganza pertenece a Dios; y confíen siempre en la divina Providencia”. Esa enseñanza permanece como legado permanente en sus alumnos, sus alumnas y sus once hijos. Las Escrituras afirman: “A Dios cabe la venganza”. Es el juicio último de quien juzga definitivamente nuestro proyecto de vida. A nosotros no nos corresponde juzgar a las personas, pues poseen algo del misterio que sólo Dios penetra. Lo que nos corresponde es juzgar los actos concretos pues estos tienen objetividad y pueden ser enjuiciados. Esto se aplica al sonado caso del juicio de la organización criminal que tramó un golpe de Estado teniendo como cabeza al expresidente Jair Messias Bolsonaro. Han sido procesados y juzgados. No ha habido espíritu de venganza por parte de los magistrados, que han aplicado estrictamente las leyes y la Constitución: 27 años y tres meses de prisión en régimen cerrado. Ha sido condenado solo por 5 delitos, objetivamente comprobados, entre los muchos que cometió.

Por más que busquemos, no ha dejado ningún legado positivo. En su gobierno irrumpió el imperio de la maldad oficializada y popularizada. Su lema fue expresado claramente en una reunión con un grupo ultra-conservador de Estados Unidos, el Tea-Party: “no pretendo construir nada, sino destruir todo para recomenzar otra historia”. Y de hecho así lo hizo, destruyó todo lo que pudo sin construir nada de positivo en favor del pueblo.

       Diría que las varias sombras que maculan nuestra historia ganaron con sus prácticas malévolas plena densidad. (1) La mácula del genocidio indígena: dejó morir, entre otros, a cientos de yanomami. (2) La mancha de la esclavitud de 350 años, sus palabras fueron: “las personas negras fueron legalmente esclavizadas en función de su masa corporal”; los quilombolas “no sirven para nada, ni para procreador sirven”. (3) La marca del colonialismo: el Brasil que Bolsonaro venera es el Brasil colonia, servil y sumiso, que saluda la bandera estadounidense, que exalta la tortura y el fusilamiento de enemigos, que descuidó totalmente nuestro mayor patrimonio natural, la Amazonia y el Pantanal. (4) El estigma de la ocupación del Estado por la clase dominante: Bolsonaro, no sabiendo administrar nada, entregó a la Cámara Legislativa funciones que serían del Ejecutivo, como la gestión del Presupuesto; no solo favoreció la acumulación de las clases acomodadas en el campo y la ciudad sino que militarizó gran parte de los aparatos de Estado. (5) Los actos de negacionismo de la vacuna contra la Covid-19 fueron ignominiosos, haciéndole reponsable de 430 mil muertes evitables del total de las 716.626 víctimas; ofendió a las víctimas imitando la muerte de una de ellas, con la boca abierta en busca desesperada de oxígeno; consideró la pandemia “una gripecita” y trataba el dolor de quienes perdían a seres queridos como un lloriqueo inútil, un “mero mimimi”; se burló de los familiares que no podían acompañar a sus muertos a los cementerios improvisados. (6) Tuvo un desprecio soberanos por los pobres, “sólo tienen una utilidad, la de tener el título de elector y el diploma de burro… no valen para nada, en su gran mayoría no sirven para el futuro de nuestro país”. (7) Se mostró enemigo de la ciencia, de la educación, de los derechos humanos, de la investigación científica, haciendo retroceder al país a los tiempos anteriores al iluminismo. (8) Actos de los más perversos fueron los que deseducaron al pueblo, con palabrotas vulgares, con odio manifesto a los LGBTQ+1 y con clara misoginia, hasta el punto de avergonzarse por haber tenido una hija, “fruto de una debilidad”; difundió noticias falsas y una ola de odio que dividió familias y volvió tóxicas las relaciones sociales. (9) Cometió manipulación explícita del discurso religioso, contradiciendo el mensaje religioso por sus actitudes verdaderamente farisaicas y para fines directamente electoralistas, lo que contradice la naturaleza laica del Estado. (10) Finalmente, algo inaudito y de suma atrocidad en nuestra historia de 135 años de república, fue el propósito de asesinar al ministro del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, de envenenar al presidente Lula y a su vice, Geraldo Alckmin. 

Estos actos merecen la repulsa de una mente mínimamente humana y sensible. Aquí es donde entra la justicia que juzga según el Contrato Social firmado por la Constitución de 1988 y por la ley del Código Penal. Sé que el concepto de justicia, desde los clásicos griegos con Sócrates, Platón y Aristóteles hasta los modernos John Rawls y Macintyre, está cargado de discusiones. No cabe en este lugar asumir una de sus versiones o definiciones. Para el caso de Bolsonaro nos basta la aplicación de la Constitución y del Código Penal que definen como delitos los actos que él y la organización delictiva perpetraron. Cabe enfatizar que no se trata de una cuestión de cálculo sino principio, de pura y simple aplicación de las penas penales.

      La Constitución de 1988 es límpida cuando define la

      “Abolición violenta del Estado Democrático de Derecho

      Art. 359-L. Intentar, con empleo de violencia o grave amenaza, abolir el Estado Democrático de Derecho, impidiendo o restringiendo el ejercicio de los poderes constitucionales:

      Golpe de Estado

       Art. 359-M. Intentar deponer, por medio de violencia o grave amenaza, el gobierno legítimamente constituido”.

      El veredicto de la Primera Sala del STF fue clara frente a los actos praticados por Jair Messias Bolsonaro y por la organización criminal.

      Todo eso fue organizado y planeado como un intento frustrado que, de por sí, ya constituye un delito. La sentencia es adecuada a los delitos y por eso justa:

      “Condeno al reo JAIR MESSIAS BOLSONARO por los delitos de organización delictiva armada, intento de abolición violenta del Estado Democrático de Derecho, golpe de Estado, daño contra el patrimonio de la Unión y deterioro del patrimonio destruido a la pena de 27 años y 3 meses de reclusión” (Supremo Tribunal Federal, 11/09/2025).

      Por primera vez en nuestra historia de golpes y contragolpes se ha llevado a los tribunales a un expresidente, varios militares de alto rango y otros cómplices.

      Como ha sido comentado por periódicos extranjeros especialmente de USA: la democracia brasilera y sus instituciones se han mostrado más sólidas que la norteamericana, considerada siempre como realidad de referencia.

      Para la comunidad jurídica y la más alta corte ha quedado claro que “no puede tener indulto, no puede tener amnistía, no puede tener perdón judicial alguien que intentó destruir  la democracia”. El país ha dado un salto decisivo hacia su solidez y madurez. La gran mayoría de la población ha dado un profundo suspiro de alivio. ¡Por fin se hace justicia!

*Leonardo Boff, teólogo, filósofo y escritor ha publicado Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

O caso Bolsonaro: a nós cabe a justiça, a Deus a vingança

Leonardo Boff

De meu saudoso pai, mestre de escola, com um método semelhante ao de Paulo Freire, educava os alunos e alunas de Planalto-Concórdia-SC, sempre com esse conselho: “nunca se vinguem; a vingança pertence a Deus; e confiem sempre na divina Providência”. Esse ensinamando permance como  legado imorredouro de seus alunos,suas alunas e de seus onze filhos. As Escrituras sempre afirmam: “A Deus cabe a vingança”. É o juízo derradeiro de quem, de fato, definitivamente julga o nosso projeto de vida. Não nos cabe julgar as pessoas, pois possuem algo do mistério que só Deus penetra. A nós cabe julgar os atos concretos pois estes têm objetividade e  podem ser ajuizados. Isso se aplica ao caso rumoroso do julgamento da organização criminosa que tramou um golpe de Estado tendo como cabeça o ex-presidente Jair Messias Bolsonaro. Foram processados e julgados. Não houve espírito de vingança por parte dos magistrados, mas a aplicação estrita  das leis e da Constituição: 27 anos e três meses de prisão em regime fechado. Fora condenado apenas por 5 crimes,objetivamente comprovados, entre tantos que cometeu.

Por mais que procuremos, não deixou legado positivo nenhum. Em seu governo irrompeu o império da maldade oficializada e popularizada.Seu lema foi claramente expresso num reunião com o grupo ultra-conservador dos EUA, o Tea-Party: “não pretendo construir nada,mas destruir tudo para recomeçar outra história”. E de fato assim fez, destruiu tudo o que pôde sem nada construir de positivo em favor do povo.

Diria que as várias sombras que maculam nossa história ganharam com suas práticas malévolas, plena densidade: (1) a mácula do genocídio indígena: deixou morrer centenas de yanomami entre outros;(2) a nódoa do escravismo de 350 anos: suas palavras foram:”pessoas negras foram legalmente escravizadas em função de sua massa corporal”;os quilombolas “não servem para nada, nem para procriador servem”; (3) a mancha do colonialialismo:o Brasil que Bolsonaro venera é o Brasil colônia, subserviente e submisso, que bate continência para a bandeira americana, que exalta a tortura e o fuzilamento de inimigos, que descuidou totalmente de nosso maior patrimônio natural, a Amazônia e o Pantanal;(4) o estigma da ocupação do Estado pela classe dominante: Bolsonaro,não sabendo administrar nada, entregou à Câmara Legislativa funções que seriam do Executivo,como a gestão do Orçamento; não apenas deu rédeas à acumulação das classes abastadas no campo e na cidade como militarizou grande parte dos aparatos de Estado;(5) ignominiosos foram os atos  de  negacionismo da vacina contra o Covid-19, tornando-se responsável por 430 mil mortos evitáveis dos 716.626 vítimados; ofendeu as vítimas imitando a morte de uma delas, com boca aberta em busca, desesperada, de oxigênio; considerou a pandemia “uma gripezinha” e tratava a dor dos que perdiam entes queridos como “mero mimimi”; debochou dos familiares que não podiam acompanhar seus mortos aos cemitérios improvisados; (6) teve um desprezo soberano dos pobres,”só têm uma utilidade, a de ter o título de eleitor e o  diploma de burro…não prestam para nada, na sua grande maioria não servem para  futuro de nosso país”; (7) mostrou-se inimigo da ciência, da educação,dos direitos humanos, da pesquisa científica, regredindo o país aos tempos anteriores ao iluminismo;(8) atos  dos mais perversos foram aqueles que deseducaram o povo, com palavrões de baixo calão, com manifesto ódio aos LGBTQ+1 e com clara misoginia, a ponto de se envergonhar por ter tido uma filha, “fruto de uma fraquejada”; difundiu fake news e uma onda de ódio que dividiu famílias e tornou tóxicas as relações sociais; (9) cometeu explícita manipulação do discurso religioso, contradizendo a mensagem religiosa por suas atitudes verdadeiramente farisaicas e  para fins diretamente eleitoreiros, o que contradiz a natureza laica do Estado; (10) por fim, algo inaudito e de suma atrocidade em nossa história de 135 de república, foi o propósito de assassinar o ministro do STF Alexandre de Moraes, de envenenar o presidente Lula e de seu vice, Geraldo Alckmin.  

Estes atos merecem a repulsa de uma mente minimamente humana e sensível. É aqui que entra a justiça que julga consoante o Contrato Social firmado pela Constituição de 1988 e pela leis do Código Penal. Sei que o conceito de justiça, desde os clássicos gregos com Sócrates, Platão e Aristóteles até aos modernos John Rowls e MacIntyre, é carregado de discussões. Não cabe neste lugar assumir uma de suas versões ou definições. Para o caso de Bolsonaro basta-nos a aplicação da Constituição e do Código Penal que definem como crimes os atos que por ele e pela organização criminosa perpetraram. Cabe enfatizar que não se trata de uma questão de cálculo mas de princípio, de pura e simples aplicação das penas penais.

         A Constitução de 1988 é límpida quando define a

Abolição violenta do Estado Democrático de Direito

         Art. 359-L. Tentar, com emprego de violência ou grave ameaça, abolir o Estado Democrático de Direito, impedindo ou restringindo o exercício dos poderes constitucionais:

         Golpe de Estado

          Art. 359-M. Tentar depor, por meio de violência ou grave ameaça, o governo legitimamente constituído”.

         O veredito da Primeira Turma do STF foi clara face aos atos praticados por Jair Messias Bolsonaro e pela organização criminosa.

         Tudo isso foi organizado e planejado como tentativa frustrada que,de por si, já constitui crime. A sentença foi adequada aos crimes e por isso justa:

         “Condeno o réu JAIR MESSIAS BOLSONARO pelos crimes de  organização criminosa armada, tentativa de abolição violenta do Estado Democrático de Direito, golpe de Estado, dano contra o patrimônio da União e deterioração de patrimônio tombado às penas de 27 e 3 meses de reclusão“(Supremo Tribunal Federal, 11/09/2025).

         Pela primeira vez em nossa história de golpes e contragolpes que se levou às barras dos tribunais,um ex-presidente, vários militares de alta patente e outros da organização criminosa.

         Como foi comentado por jornais estrangeiros especialmente dos EUA:a democracia brasileira e suas instituições se mostraram mais sólidas daquela norte-americana, sempre tida como realidade de referência.

         Ficou claro para a comunidade jurídica e pela mais alta corte:”Não pode ter indulto, não pode ter anistia, não pode ter perdão judicial para alguém que tentou derrubar a democracia”. O país deu um salto de qualidade rumo à sua solidez e à sua maturidade. A grande maioria da população deu um profundo suspiro de alívio. Em fim fez-se justiça!

Leonardo Boff, teólogo, filósofo e escritor e publicou:Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência, Vozes 2018.