Preocupación por las víctimas en la sociedad y en la Iglesia

Estamos viviendo a nivel mundial y nacional una extraña paradoja. Por una parte constatamos, como en ningún periodo histórico anterior, una creciente preocupación por las víctimas de crímenes cometidos personal o colectivamente. Por otro lado, verificamos una clamorosa indiferencia hacia las víctimas, ya sean de crímenes de feminicidio sobreviviente, o de  conflictos de alta letalidad y hacia los millones de refugiados e inmigrantes, que buscan huir de guerras o del hambre, principalmente en Europa y en Estados Unidos. Estos últimos especialmente son los más rechazados.  

En 1985 la ONU publicó la “Declaración sobre los principios fundamentales de justicia para las víctimas de delitos y del abuso de poder”. Fue un paso decisivo en defensa de las víctimas siempre olvidadas por la justicia en regímenes autoritarios o en democracias de baja intensidad, controladas por los poderosos,  principales causantes de víctimas.

Curiosamente en Brasil, la visión de los derechos humanos concernía prioritariamente a la defensa de los autores de los delitos, cuando su preocupación central fue siempre la protección de la dignidad de toda persona humana, de sus derechos en todas sus dimensiones.

A pesar de haber en Brasil, por lo general, un déficit normativo acerca del incentivo a los derechos de las víctimas, cabe constatar que en el Derecho Penal Contemporáneo esta preocupación ha adquirido últimamente cierta importancia. Se introdujeron   modificaciones en el Código del Proceso Penal determinando como requisito para la fijación de sentencia criminal por parte del juez, los daños por el crimen realizado. El juez impone indemnizaciones y la obligación al  condenado de resarcir a la víctima.

En suma, hay que enfatizar cierto giro jurídico: antes la responsabilidad civil se centraba en el criminal, ahora se vuelve hacia la  víctima y la compensación del daño sufrido por esta: “de una deuda de responsabilidad se ha pasado a una reparación  de indemnización”.

Esta preocupación por las víctimas adquirió resonancia mundial, cuando la Iglesia Católica (pero también otras iglesias), tras mucha vacilación despertó a la exigencia ética y moral de oír a las víctimas y compensar el daño psicológico y espiritual causado. Al principio no era así.  Un decreto de autoridades del Vaticano exigía, bajo pena canónica, que los sacerdotes pederastas no fuesen denunciados a las  autoridades civiles.

Todo quedaba ocultado dentro del mundo eclesial. Al pedófilo se le transfería a otra parroquia o diócesis, sin tener en cuenta que también allí continuaban los abusos. Este vicio afectaba a sacerdotes, obispos y hasta cardenales. Se alegaba que el silencio (nada obsequioso) era para no desmoralizar a la institución Iglesia Universal, y preservar su buen nombre como la guardiana de la moralidad y de los valores occidentales.

Esto nos remite al farisaísmo, tan combatido por el Jesús histórico, ya que los fariseos predicaban una cosa y vivían otra, dándose por piadosos (Lucas 11,45-46). Ese fariseísmo prevaleció un buen tiempo en el interior de la Iglesia Católica.

La versión predominante de las autoridades vaticanas era moralista: la pedofilia se juzgaba como un pecado; bastaba confesarlo y todo quedaba resuelto. Pero encubierto. Doble error fatal: no era solo un pecado; era un crimen horrendo y vergonzoso. El tribunal adecuado para juzgar tal crimen no era el derecho canónico sino la justicia civil del estado. Así que sacerdotes, obispos y hasta cardenales tuvieron que enfrentarse a tribunales civiles, reconocer el delito y someterse a la pena. Para otros, el propio Papa se anticipaba y mandaba a un cardenal pedófilo a un convento para que, recogido, se redimiese de sus crímenes.

El segundo error fatal: solo se tenía en cuenta al  eclesiástico pederasta. Pocos pensaban en las víctimas. Inicialmente así era como se trataba el problema de la pedofilia, inclusive dentro de la Curia Romana.

Fue necesario que interviniesen los papas,  especialmente el Papa Francisco para dar centralidad a las víctimas de los abusos sexuales. Él se reunió con muchas de ellas.  Varias veces pidió perdón en nombre de toda Iglesia por los crímenes cometidos. Ha habido diócesis en Estados Unidos que casi fueron a la quiebra por las indemnizaciones que tuvieron que pagar a las víctimas, impuestas por los tribunales civiles.

Prácticamente en todos los países y diócesis se ha investigado a clérigos pedófilos, algunas de forma dramática como en el caso de Chile que ocasionó la renuncia de gran parte del episcopado. No menos dramática fue la investigación en Alemania,  involucrando al Papa Benedicto XVI, en el tiempo en que era cardenal-arzobispo de Múnich. Tuvo que admitir delante de un tribunal civil haber sido indulgente con un sacerdote pederasta,  transfiriéndolo simplemente a otra parroquia.

Lo grave de los abusos sexuales por parte de personas del clero es la profunda escisión que crea en la mente de las víctimas. Por su naturaleza, un clérigo está rodeado de respeto por ser portador de lo sagrado y, eventualmente, es considerado como representante de Dios. Mediante el abuso criminal se rompe espiritualmente el camino de la víctima a Dios. ¿Cómo se puede pensar y amar a un Dios cuyo representante comete esos crímenes? Ese daño espiritual, además  del psicológico, está poco señalado en los análisis que se han hecho y se hacen.

Millones y millones de personas en todo el mundo son víctimas de discriminación, desprecio, odio y hasta de muerte por el color de su piel, por ser de otra creencia o de otra ideología política, de otra opción sexual o simplemente por ser pobres. Fueron los países europeos cristianizados los que hicieron más víctimas con la Inquisición, con guerras de 100 millones de muertos. Fueron ellos quienes comercializaban con personas arrancadas de África y las vendían como esclavas en las Américas y otras partes. Impusieron a sangre y fuego el colonialismo, el capitalismo depredador, el uso sistemático de la violencia para imponer en el mundo sus supuestos valores cristianos.

Desde el justo Abel hasta el último elegido, las víctimas tendrán el derecho de gritar hasta el juicio final contra las injusticias que les han sido impuestas. En el lenguaje de una víctima indígena del siglo XVI, refiriéndose-a los brutales colonizadores: “ellos fueron el anticristo sobre la tierra, el tigre de los pueblos, el chupador del indio”. Habrá un día en que toda la verdad saldrá  a la luz, a pesar de que en el tiempo presente, en las palabras de San Pablo “la verdad está aprisionada por la injusticia” (Romanos 1,18). Pero la verdad y no la violencia creadora de víctimas, escribirá la última palabra del libro de la historia.

*Leonardo Boff ha escrito Teología del cautiverio y de la liberación, Ed. San Pablo 1985.

Traducción de María José Gavito Milano

A preocupação com as vítimas na sociedade e na Igreja

Estamos vivendo a nível mundial  e nacional um estranho paradoxo. Por um lado constatamos, como em nenhum período histórico anterior, uma crescente preocupação pelas vítimas de crimes cometidos pessoal ou coletivamente. Por outro lado, verificamos uma clamorosa indiferença pelas vítimas seja por crimes  de feminicídio sobrevivente, por conflitos de alta letalidade e pelos milhões de refugiados e imigrantes, procurando fugir de guerras ou da fome, principalmente na Europa e nos USA. Especialmente estes últimos são os mais rejeitados.

Em 1985  a ONU publicou a “Declaração dos Princípios Básicos de Justiça relativos às Vítimas de Criminalidade e de Abuso do de poder”. Isso foi um passo decisivo em defesa das vítimas sempre olvidadas pela justiça em regimes autoritários ou em democracias de baixa intensidade, controladas pelos poderosos, os principais causadores de vítimas.

Curiosamente no Brasil, a visão dos direitos humanos  concernia prioritariamente na defesa dos autores dos crime, quando a sua preocupação central sempre foi a proteção da dignidade de toda pessoa humana, de seus direitos em todas as suas dimensões.

Apesar de haver, no Brasil, no geral, um déficit normativo acerca do incentivo aos direitos das vítimas, cabe constatar que no Direito Penal Contemporâneo esta preocupação ganhou ultimamente alguma importância. Foram introduzidas modificações no Código do Processo Penal determinando como requisito da fixação de sentença criminal pelo juiz, os danos pelo crime realizado. Ele impõe indenizações e a obrigação do condenado de ressarcir a vítima.

Em suma, vale enfatizar certa virada jurídica: antes a respirabilidade civil era centrada no criminoso, agora volta-se para a vítima e a compensação do dano por ela sofrido: “de uma dívida de responsabilidade evoluiu-se para um crédito de indenização”.

Esta preocupação pelas vítimas ganhou ressonância mundial, quando, a Igreja Católica (mas também outras igrejas), depois de muito hesitar, despertou pela exigência ética e moral de ouvir as vítimas e de ressarcir os danos psicológicos e espirituais causados. No início não foi assim. Um decreto de autoridades do Vaticano exigia, sob pena canônica, de não se denunciar os padres pedófilos às autoridades civis.

Tudo ficava ocultado dentro do mundo eclesial. Transferia-se o pedófilo para outra paróquia ou diocese, sem dar-se conta que mesmo lá, continuavam os abusos. Esse vício atingiu padres, bispos e até cardeais. O silêncio (nada obsequioso) era alegado para não desmoralizar a instituição Igreja Universal, preservar seu bom nome, como a guardiã da moralidade e dos valores ocidentais.

Isso nos remete ao farisaísmo, tão combatido pelo Jesus histórico, pois os fariseus pregavam uma coisa e viviam outra, dando-se por piedosos (Lucas 11,45-46). Esse farisaísmo vigorou por um bom tempo, no interior da Igreja Católica.

A versão predominante das autoridades vaticanas era moralista: a pedofilia era julgada como  um pecado; bastava confessá-lo e tudo ficava resolvido mas encoberto.Duplo erro fatal: não era apenas um pecado. Era um crime horrendo e vergonhoso. O tribunal adequado para julgar tal crime não era o direito canônico mas a justiça civil do estado. Assim que padres, bispos e até cardeais tiveram que enfrentar os tribunais civis, reconhecer o crime e submeter-se à pena. Para outros, o próprio Papa se antecipava a mandava um Cardeal pedófilo para um convento para, recolhido, redimir-se de seus crimes. O segundo erro fatal: considerava-se apenas o eclesiástico pedófilo. Poucos pensavam nas vítimas. Inicialmente, era assim que se tratava o problema da pedofilia, inclusive dentro da Cúria Romana.

Foi preciso que os Papas interviessem, especialmente, o Papa Francisco para conferir centralidade às vítimas dos abusos sexuais. Ele se encontrou com muitas delas. Várias vezes pediu perdão em nome de toda Igreja pelos crimes cometidos. Houve dioceses nos Estados Unidos que quase foram à falência econômica pelos ressarcimentos que tiveram que pagar às vítimas, impostas pelos tribunais civis.

Praticamente. em todas os países e dioceses se fizeram devassas de clérigos pedófilos, algumas de forma dramática como foi no Chile que ocasionou a renúncia de grande parte do episcopado. Não menos dramática foi a investigação na Alemanha, envolvendo o Papa Bento XVI, ao tempo em que era cardeal-arcebispo de Munique. Teve que admitir diante de um tribunal civil ter sido leniente para um padre pedófilo,transferido-o simplesmente para outra paróquia.

O grave dos abusos sexuais por parte de pessoas do clero é a profunda cisão que  cria na mente das vítimas. Por sua natureza, um clérigo vem cercado de respeito por ser portador do sagrado e, eventualmente, tido como representante de Deus. Pelo abuso criminoso se quebra espiritualmente o caminho da vítima a Deus. Como pode pensar e amar um Deus, cujo representante comete estes crimes? Esse dano espiritual, além do psicológico, é pouco enfatizado nas análises que se fizeram e ainda se fazem.

São milhões e milhões de pessoas no mundo inteiro, feitas vítimas de discriminação,desprezo, ódio e até de morte em razão da cor de sua pele, de ser de outra crença ou ideologia política, de outra opção sexual ou simplesmente por serem pobres. A saber que foram os  países europeus, cristianizados que fizeram mais vítimas, com a Inquisição, com guerras com de 100 milhões de mortos. Foram eles que comercializavam com pessoas arrancadas de África e vendidas como escravas nas Américas e alhures. Eles, a ferro e fogo, introduziram o colonialismo, o capitalismo depredador, o uso sistemático da violência para impor no mundo seus valores ditos cristãos.

Desde o justo Abel até o último eleito, até o juízo final as vítimas terão o direito de gritar contra as injustiças que lhes foram impostas. Na linguagem de uma vítima indígena do século XVI, referindo-se aos brutais colonizadores:”eles foram o anticristo sobre a terra, o tigre dos povos, o sugador do índio”. Haverá um dia em que toda verdade virá à luz, apesar de no tempo presente, nas palavras de São Paulo “a verdade está aprisionada pela injustiça”(Romanos 1,18). Mas a verdade e não a violência criadora de vítimas, escreverá a última palavra do livro da história.

Leonardo Boff escreveu Teologia do cativeiro e da libertação, Vozes 1998.

Un “razzismo amatoriale” o un razzismo culturale

La questione del razzismo contro i neri è ancestrale. Negli ultimi tempi ha assunto particolare rilevanza per i crimini commessi nei confronti di alcuni di loro, in modo crudele, negli USA e per i massacri avvenuti soprattutto nella zona nord e nella Baixada di Rio de Janeiro: giovani neri di età tra i 18-20 anni sono, non di rado, “macellati” (c’era persino la crudele “legge sulla macellazione” introdotta dal Governatore destituito di Rio, Witzel) come se fossero animali. Con il pretesto di sentirsi spaventato o minacciato un agente di polizia poteva “sparare” alle persone, specialmente, nere.

Un fenomeno simile si sta verificando in diversi paesi dell’Europa. Ho tra le mani uno studio meticoloso di un nero della Guinea Bissau, Filomeno Lopes, giornalista laureato in un’università italiana e che lavora a Roma come conduttore radiofonico per l’Africa nella radio del Vaticano. Impegnato nel superamento del razzismo, ha scritto una sorta di lettera aperta ai giovani italiani, non in linguaggio accademico, ma ad alta diffusione. Manda loro un messaggio, spiegando le tante ragioni, tutte false, per cui è sorto il razzismo secolare contro i neri africani. Dà un titolo curioso: “un razzismo amatoriale e non complesso”. Con ciò, ha voluto chiarire che il razzismo anti-neri-africani è culturalmente così radicato che i giovani non ne sono consapevoli delle ragioni, motivo per cui è “amatoriale, semplice” e legittimato. Senza rendersene conto, sono razzisti nel loro linguaggio, nelle metafore dispregiative, nelle battute e nei comportamenti discriminatori, al punto da non rendersi conto di quello che stanno facendo e della sofferenza e dell’umiliazione che producono nelle loro vittime nere-africane. Questo fatto è avvenuto di recente in Spagna contro un bravissimo calciatore nero brasiliano, Vinicius Junior giocatore del Valencia.

Per molti europei i neri africani sono come “Lazzaro”, i dannati della Terra, i maledetti discendenti del biblico Cam, scartati dal sistema mondo.

In Brasile abbiamo coniato l’espressione “razzismo culturale” o “strutturale”, vale a dire, i tre secoli di barbara schiavitù, di maltrattamenti, di disprezzo e di odio verso milioni di afro-discendenti hanno impregnato la nostra cultura in un modo disumano e, talvolta, crudele. Solo per il semplice fatto che sono neri e, soprattutto, se sono poveri e vivono nelle favelas che circondano quasi tutte le nostre città.

Guardate fino a che punto è arrivata la barbarie nei Paesi cosiddetti “civilizzati” d’Europa. Recentemente hanno deciso, su delibera dei Governi e all’unanimità, di omettere i soccorsi in mare, sia per chi viene dal Medio Oriente, ma particolarmente per chi arriva dall’Africa. Hanno messo sulle spalle dell’Italia il fardello del riscatto. Ma in quanto stanno arrivando moltitudini, anche l’Italia ha aderito a questa politica, un crimine contro l’umanità e contro tutta l’etica tradizionale della “legge del mare”, osservata scrupolosamente da tutti nel salvare e soccorrere le persone in pericolo o naufragate.

Il Mediterraneo sta diventando la tomba di centinaia e centinaia di persone, relegate, considerate indesiderabili e “spazzatura del mondo”. Ha detto bene Papa Francesco: «loro adesso sono qui in Europa, perché prima noi europei eravamo là, in Africa, ben accolti, ma allo scopo di dominarli e derubarli delle loro ricchezze; adesso loro vengono qui e sono respinti e non accolti». Se riescono a varcare le frontiere, la prima domanda certamente fatta, senza neanche salutarli, è: «documenti»; non chi sei? Come ti chiami? Da dove vieni e cosa cerchi in questo paese? La maggior parte fugge da guerre e fame e cerca solo di vivere con un minimo di pace.

Dietro il razzismo contro i neri c’è l’arroganza dei suprematisti bianchi europei e nordamericani. Si credono al vertice della piramide dell’evoluzione della specie umana, considerando i neri, per il colore della loro pelle, la scala intermedia tra la scimmia antropoide e l’uomo bianco. Come è stato possibile che queste persone, cristianizzate, abbiano negato totalmente il messaggio del Maestro di Nazareth, non bianco ma semita, il quale ha rivelato che tutti gli esseri umani sono figli e figlie di Dio e quindi rispettabili e amabili? Anche i più grandi filosofi e geni non sono sfuggiti dal vizio razzista, il che conferma la tesi secondo cui la testa pensa a partire da dove si mettono i piedi, in questo caso, in un suolo culturale razzista, anti-nero africano.

Kant, il più grande critico della ragion pura e della ragion pratica, non è stato abbastanza critico. È sua l’affermazione: “I neri d’Africa non hanno ricevuto dalla natura alcun sentimento che si elevasse al di sopra della stupidità […]. I neri […] sono così rumorosi che per calmarli si ricorre alle percosse”. Hegel va più lontano ancora: “Il nero incarna l’uomo nello stato di natura in tutta la sua ferocia e sfrenatezza”. Pertanto, “se vogliamo avere un’idea corretta di lui, dobbiamo astrarci da ogni nozione di rispetto, moralità, da tutto ciò che va sotto il nome di sentimento: in questo personaggio non troviamo nulla che contenga anche solo un’eco di umanità. I resoconti dettagliati dei missionari confermano pienamente la nostra affermazione e sembra che solo la religione di Maometto sia ancora capace per avvicinare i neri alla cultura”. Gramsci ha giustamente riconosciuto: “La storia è maestra ma non ha discepoli”. Questi cattivi discepoli hanno forgiato l’ideologia che legittimasse la schiavitù e la supremazia dei bianchi.

L’intero sforzo dell’autore è mostrare ai giovani i grandi valori delle culture africane, in particolare attorno al concetto di Ubuntu: “io sono solo me stesso attraverso e con te; io sono perché noi siamo; la vita è sempre con gli altri; l’essere umano è la medicina dell’altro essere umano”. È lo stare insieme, la comunione del “noi siamo” che fonda la “comunità di destino”.

Se questo si vive non c’è motivo di segregare, già per tanti secoli, milioni e milioni di africani. È importante ricordare che siamo tutti africani, poiché i primi esseri umani sono comparsi ​​in Africa e da lì si sono diffusi nel mondo. Oggi ci incontriamo nella stessa Casa Comune. Coloro che furono i primi non si possono considerare gli ultimi. Al contrario, dovremmo ringraziarli perché in loro si sono formate le prime strutture psichiche, mentali, sentimentali e razionali che ci caratterizzano in quanto esseri umani. In questo senso Mamma Africa è perenne e vivrà sempre in noi, perché con lei formiamo una comunità di destino insieme all’altra Madre, la Terra.

Um “racismo amador”ou um racismo cultural

A questão do racismo contra os negros é ancestral. Nos últimos tempos ganhou especial relevância por causa dos crimes cometidos contra alguns deles, de forma cruel, nos USA e das chacinas ocorridas especialmente na zona norte e na Baixada do Rio de Janeiro: jovens negros na idade entre 18-20 anos são, não raro, “abatidos” (havia até a cruel “lei do abate”introduzida pelo governador do Rio,  cassado, Witzel) como se fossem animais. Sob o pretexto de um policial se sentir com medo ou ameaçado podia “abater” as pessoas, especialmente, negras.

Fenômeno semelhante está ocorrendo em vários países da Europa. Tenho em mãos um minucioso estudo de um negro de Guiné Bissau,Filomeno Lopes, jornalista bem formado numa universidade italiana e que trabalha em Roma como radialista na rádio do Vaticano para a África. Engajado na superação do racismo escreveu uma espécie de carta aberta aos jovens italianos, não no dialeto acadêmico, mas de alta divulgação.  A eles dirige uma mensagem, explicando-lhes as muitas razões, todas elas falsas, do porquê surgiu o racismo secular contra os negros-africanos. Dá um título curioso: “um racismo amador e descomplexado”. Com isso quis aclarar que o racismo antinegro-africano está culturalmente tão arraigado que os jovens lhes desconhecem as razões, por isso, é “amador, descomplexado” e legitimado. Sem dar-se conta são racistas na linguagem, nas metáforas despectivas, nos chistes e nos comportamentos discriminatórios, a ponto de não se darem conta do que fazem e do sofrimento e da humilhação que produzem nas vítimas negro-africanas. Esse fato ocorreu recentemente na Espanha contra um excelente jogador negro brasileiro, Vinicius Junior, do Valência.

Para muitos europeus os negros africanos são “Lázaros”, os condenados da Terra, os amaldiçoados descendentes de Cam bíblico, descartados do sistema mundo.

No Brasil cunhamos a expressão de “racismo cultural” ou “estrutural”, vale dizer,os três séculos de bárbara escravidão, de maus tratos, de desprezo  e de ódio aos milhões de afro-descendentes impregnaram nossa cultura de forma desumana e, por vezes, cruel. Só pelo simples fato de serem negros e principalmente se forem pobres e morarem nas favelas que circundam quase todas as nossas cidades.

Vejam a que ponto chegou a barbárie nos países ditos “civilizados” da Europa.Recentemente decidiram como deliberação dos governos e por unanimidade a omissão de resgate do mar, seja dos que vêm do Oriente Médio mas particularmente dos que chegam de África. Colocaram sobre os ombros da Itália o encargo do resgate. Mas como estão chegando multidões, também a Itália aderiu a esta política,um crime contra a humanidade e  contra toda a tradicional ética da “lei do mar”escrupulosamente observada por  todos na salvação e no resgate de pessoas postas em risco ou náufragas.

O Mediterrâneo está se tornando a sepultura de centenas e centenas de pessoas, relegadas, consideradas indesejáveis e “lixo do mundo”. Bem dizia o Papa Francisco:”eles agora estão aqui na Europa, porque antes nós, europeu, estivemos lá, na África, sendo bem recebidos mas dominando-os e roubando-lhes as riquezas; agora eles  vêm para cá e são rechaçados e mal recebidos”. Se conseguem passar as fronteiras, a primeira pergunta certa feita, sem sequer saudá-los é:”documentos”; não quem és? Como te chamas? De onde vens e o que buscas neste país? A maioria foge das guerras e da fome buscam apenas viver com um mínimo de paz.

Por detrás  do racismo contra os negros está a arrogância dos supremacistas brancos europeus e norte-americanos. Julgam-se no topo da pirâmide da hominização,considerando os negros, em razão da cor de sua pele, a escala intermediária entre o símio antropoide e o homem branco. Como foi possível que estas pessoas, cristianizadas, negaram totalmente a mensagem do Mestre de  Nazaré, não branco mas semita, que revelou serem todos os seres humanos filhos e filhas de Deus e por isso respeitáveis e amáveis? Mesmo os maiores filósofos e gênios não escaparam do vício racista, o que comprova a tese de que a cabeça pensa a partir de onde os pés pisam, no caso, num solo  cultural racista, antinegro africano.

Kant,o maior crítico da razão pura e da razão prática, não foi suficientemente crítico. É dele a afirmação:”Os negros da África não receberam da natureza nenhum sentimento que se elevasse acima da estupidez (…). Os pretos (…) são tão barulhentos que para acalmá-los recorremos a pauladas”. Hegel vai mais longe ainda:” “O negro encarna o homem no estado de natureza em toda a sua selvajaria e desenfreamento”. Portanto, “se queremos ter uma ideia correta dele, devemo-nos abstrair de qualquer noção de respeito, moral, de tudo o que se passa sob o nome de sentimento: neste caráter não podemos encontrar nada que contenha até mesmo um eco de humanidade. Os relatos detalhados dos missionários confirmam plenamente a nossa afirmação e parece que só o maometanismo ainda é capaz de aproximar os negros da cultura”. Com razão reconhecia Gramsci:”A história é mestra mas não tem discípulos” Estes maus discípulos forjaram a ideologia que legitimasse a escravidão e a supremacia dos brancos.

Todo o esforço do autor é mostrar aos jovens os grandes valores das culturas africanas, especialmente ao redor do conceito de Ubuntu:”eu só sou eu através e com você;  eu sou porque nós somos; a vida é sempre com os outros; o ser humano é o remédio do outro ser humano”. É o ser juntos, a comunhão do “nós somos” que funda a”comunhão de destino”.

Se isso for vivido não há porquê segregar, já por tantos séculos, milhões e milhões de africanos. Importa recordar que todos nós somos africanos, pois, o primeiro ser humano irrompeu na África e de lá se difundiu por todo o mundo. Hoje nos encontramos na mesma Casa Comum. Eles que foram os primeiros não podem ser considerados os últimos. Ao contrário, devemos agradecer-lhes porque neles se formaram as primeiras estruturas psíquicas,mentais,sentimentais e racionais que nos caracterizam enquanto humanos. Nesse sentido a Mãe África é perene e viverá sempre em nós, pois com ela formamos uma comunidade de destino junto com a outra Mãe, a Terra.

Leonardo é teólogo,filósofo e escritor e escreveu: O destino do homem e do mundo, Vozes 1973, várias edições.