Desatanizar a Satán o Diablo

En estos tiempos de campaña política y presidencial no es raro que un candidato satanice a su adversario. Se hace inclusive una división esdrújula entre quién está de parte de Dios y quién de parte del Diablo o de Satán.

Ese término Satán (en hebraico) o Diablo (en latín) ha ido adquiriendo muchos significados, positivos y negativos, a lo largo de la historia. Esto ocurre en muchas religiones especialmente en las abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islamismo).

No obstante, debemos decir que nadie ha sufrido tantas injusticias y ha sido tan “satanizado” como el mismo Satán. Al principio no fue así. Por esta razón es importante recordar brevemente la historia de Satán o del Diablo.

Él se cuenta entre los “hijos de Dios” al igual que los demás ángeles, como se dice en el libro de Job (1,6). Está en la corte celestial; por lo tanto, es un ser de bondad. No es la figura mala que adquirirá más tarde. Pero recibió de Dios una tarea inusitada e ingrata: debe poner a prueba a las personas buenas como Job que es “un hombre íntegro, recto, temeroso de Dios y alejado del mal” (Job 1,8). Debe someterlo a todo tipo de pruebas para ver si, en realidad, es aquello que todos dicen de él: “no hay otro igual en la tierra” (Job 1,8). Como prueba promovida por Satán, Job pierde todo, la familia, los bienes y los amigos. Pero no pierde la fe.

A partir de siglo VI aC se produjo una gran mutación, cuando los judíos vivieron el cautiverio babilónico (587a.C.) en Persia. Allí se confrontaron con la doctrina de Zoroastro que establecía un combate entre el “príncipe de la luz” y el “príncipe de las tinieblas”. Ellos incorporaron esta doctrina dualista y maniquea que dio origen a Satán como parte del reino de las tinieblas, el “gran acusador” o el “adversario” que induce a los seres humanos a actos de maldad. Después se produce un enfrentamiento entre Dios y Satán. En los textos judaicos tardíos, a partir del siglo II, especialmente en el libro de Henoc se elabora la saga de la revuelta de los ángeles dirigida por Satán, ahora llamado Lucifer, contra Dios. Se narra la caída de Lucifer y cerca de un tercio de los ángeles que le siguieron y acabaron siendo expulsados del cielo.

Surge entonces la pregunta: si fueron expulsados, ¿dónde los ponemos? Ahí se hizo uso de la categoría del infierno: del fuego ardiente y de todos los horrores, bien descritos por Dante Alighieri en la segunda parte de su Divina Comedia dedicada al infierno. 

En el Primer Testamento (el Antiguo) casi no se habla del diablo (cf.Cron 21,1;Samuel 24,1). En el Segundo Testamento (Nuevo), aparece en algunos relatos “… serán lanzados en el horno de fuego; ahí será el llanto y el crujir de dientes” (Mt 8,12;13,42-50;Lc 13,27) o en la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro (Lc 16,23-24) o en el Apocalipsis (16,10-11).

Esta comprensión fue asumida por los teólogos antiguos, de modo especial por san Agustín. Él influenció toda la tradición de las Iglesias, la doctrina de los papas y ha llegado hasta hoy.

La categoría del infierno y de la condenación eterna fue determinante en la conversión de los pueblos originarios de América Latina y de otros lugares de misión, produciendo miedo y pánico. Sus antepasados, se les decía, por el hecho de no haber sido cristianos, están en el infierno. Y se argumentaba que si ellos no se convertían y no se dejaban bautizar conocerían el mismo destino. Esto se puede ver en todos los catecismos que se elaboraron poco después de la conquista, con los que se pretendía convertir a aztecas, incas, mayas y otros. Fue el miedo lo que condujo y sigue conduciendo a la conversión de multitudes, como ha demostrado el gran historiador francés Jean Delumeau. Es apelando al Diablo, a Satanás, como hoy en día, en tiempos de ira y de odio social, se busca descalificar al adversario, a menudo convertido en un enemigo al que hay que desmoralizar y eventualmente liquidar.

Aquí debemos superar todo el fundamentalismo del texto bíblico. No basta citar textos sobre el infierno, incluso en boca de Jesús. Debemos saber interpretarlos para no caer en contradicción con el concepto de Dios y destruir incluso la buena nueva de Jesús, del Padre lleno de misericordia, como el padre del hijo pródigo que acoge al hijo perdido (Lc 15,11-23).

En primer lugar el ser humano busca una razón para el mal en el mundo. Tiene gran dificultad para asumir su propia responsabilidad. Entonces la trasfiere al Demonio o a los demonios.

En segundo lugar, el significado de los demonios y del infierno de los horrores representa una pedagogía del miedo para, por medio del miedo, hacer que las personas busquen el camino del bien. Demonio e infierno son por lo tanto creaciones humanas, una especie de pedagogía siniestra, como todavía hay madres que dicen a los niños: “Si no te portas bien, por la noche viene el lobo malo a morderte el pie”. El ser humano puede ser el Satán de la tierra y de la sociedad. Él puede crear el “infierno” para los otros por medio del odio, la opresión y los mecanismos de muerte, como infelizmente está ocurriendo en nuestra sociedad.

En tercer lugar, Satán o el Diablo es una criatura de Dios. Decir que es una criatura de Dios, significa que, en cada momento, Dios está creando y recreando esta criatura, incluso en el fuego del infierno. ¿Puede Dios que es amor y bondad infinita proponerse hacer eso? Bien dice el libro de la Sabiduría: “Sí, tu amas a todos los seres y no detestas nada de lo que hiciste; si odiases alguna cosa no la habrías creado; y cómo podría subsistir alguna cosa si no la quisieses… salvas a todos porque te pertenecen, oh Soberano amante de la vida” (Sab 11,24-26). El Papa Francisco lo dijo claramente: “no existe condenación eterna; ella es sólo para este mundo”.

En cuarto lugar, el gran mensaje de Jesús es la infinita misericordia de Dios-Abba (papá) que ama a todos, también a los “ingratos y malos” (Lc 6,35). La afirmación del castigo eterno en el infierno destruye directamente la buena-nueva de Jesús. Un Dios castigador es incompatible con el Jesús histórico que anunció la infinita amorosidad de Dios para con todos, también para con los pecadores. El salmo 103 ya había intuido eso: “El Señor es compasivo y clemente, lento para la cólera y rico en misericordia. No está siempre acusando ni guarda rencor para siempre. No nos trata según nuestros pecados… como un padre siente compasión por sus hijos e hijas, así el Señor se compadecerá de los que le aman, porque conoce nuestra naturaleza y se acuerda de que somos polvo… la misericordia del Señor es desde siempre para siempre”(103,8-17). Dios no puede perder nunca a ninguna criatura, por más perversa que sea. Si la perdiese, aunque fuera una sola, habría fracasado en su amor. Y eso no puede suceder.

Bien dijo el Papa Francisco que predica incansablemente la misericordia: La misericordia siempre será mayor que cualquier pecado y nadie puede poner límites al amor de Dios que perdona” (Misericordiae vultus, 2).

Esto no significa que se entrará en el cielo de cualquier manera. Todos pasaremos por el juicio y por la clínica de Dios, para purificarnos, reconocer nuestros pecados, aprender a amar y finalmente entrar en el Reino de la Trinidad. El purgatorio no es la antesala del infierno, sino la antesala del cielo. Quien está en él purificándose participa ya del mundo de los redimidos.

El infierno y los demonios y el principal de ellos, Satán, son proyecciones nuestras de la maldad que existe en la historia o que nosotros mismos producimos y de la cual no queremos responsabilizarnos y la proyectamos en estas figuras siniestras.

Tenemos que liberarnos, finalmente, de tales proyecciones, para vivir la alegría del mensaje de salvación universal de Jesucristo. Eso deslegitima toda satanización en cualquier situación, especialmente en política y en las iglesias pentecostales que usan de forma totalmente exorbitante la figura del demonio y del infierno. Esto asusta a los fieles en lugar de consolarlos con el amor y la infinita misericordia de Dios.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y ha escrito: Vida para além da morte, Vozes, 2021, muchas ediciones. En español, Hablemos de la otra Vida, publicado por Sal Terrae.

DESATANIZAR A SATÃ OU O DIABO

Nestes tempos de campanha política e presidencial não é raro um candidato  satanizar seu adversário. Faz-se inclusive uma divisão  esdrúxula entre quem é da parte de Deus e quem é da parte do Diabo ou de Satã.

Esse termo Satã (em hebraico) ou Diabo (em latim) ganhou muitos significados, positivos e negativos, ao longo da história. Isso ocorre em muitas religiões especialmente nas abraâmicas (judaísmo, cristianismo e islamismo.

No entanto, devemos dizer que ninguém sofreu tantas injustiças e foi tão “satanizado” como o próprio Satã. No inicio não foi assim. Por esta razão é importante fazer brevemente a história de Satã ou do Diabo.

Ele é contado entre os “filhos de Deus” como os demais anjos, como se diz no livro de Jó (1,6). Está na corte celeste. Portanto, é um ser de bondade. Não é a figura má que ganhará mais tarde. Mas recebeu de Deus uma tarefa inusitada e ingrata: deve pôr à prova as pessoas boas como Jó que é “um homem íntegro, reto, temente a Deus e afastado mal”(Jó 1,8). Deve submetê-lo a todo o tipo de provas para ver se, de fato, é aquilo que todos dizem dele:”não há outro igual na terra”(Jo 1,8). Como prova promovida por Satã, ele perde tudo, a família, os bens e os amigos.Mas não perde a fé.

Houve uma grande mutação a partir do século VI aC, quando os judeus viveram no cativeiro babilônico (587aC) na Pérsia. Lá se confrontaram com a doutrina de Zoroastro que estabelecia o confronto entre o “príncipe da luz”com o “príncipe das trevas”. Eles incorporaram esta visão dualista e maniqueísta. Deu-se origem ao Satã como da parte reino das trevas, o “grande acusador” ou “adversário” que induz os seres humanos a atos de maldade. Em seguida, produz-se o confronto entre Deus e Satã. Nos textos judaicos tardios, do século II as, especialmente no livro  de Honoch, elabora-se a saga da revolta de anjos chefiados por Satã, agora chamado de Lúcifer, contra Deus. Narra-se a queda de Lucifer e cerca de um terço dos anjos que aderiram e acabaram expulsos do céu.

Surge então a questão: onde colocá-los se foram expulsos? Ai valeu-se da categoria do inferno: do fogo ardente e de todos os horrores,bem descritos por Dante Alighieri na segunda parte de sua Divina Comédia dedicada ao inferno.

No Primeiro Testamento (o Antigo) quase não se fala do diabo (cf.Cron 21,1;Samuel 24,1). No Segundo Testamento (Novo) aparece em alguns relatos”…serão lançados no fornalha de fogo; ali haverá choro e ranger de dentes”(Mt 8,12;13,42-50;Lc 13,27) ou na parábola do rico epulão e o pobre Lázaro (Lc 16,23-24) ou no Apocalipse (16,10-11).

Essa compreensão foi assumida pelos teólogos antigos, de modo especial por Santo Agostinho. Ele influenciou toda a tradição das Igrejas, a doutrina dos Papas e chegou até hoje.

A categoria do inferno e da condenação eterna foi determinante na conversão dos povos originários na América Latina e de outros lugares de missão, produzindo medo e pânico. Seus antepassados, dizia-se, pelo fato de não terem sido cristãos, estão no inferno. E argumentava-se que se eles não se convertessem e não se deixassem batizar conheceriam o mesmo destino.Isso está em todos os catecismos que foram logo após a conquista elaborados com os quais se pretendia converter astecas, incas, mais e outros. Foi o medo, outrora levou e ainda hoje,leva à conversão de multidões como o mostrou o grande historiador francês Jean Delumeau. É apelando ao Diabo, a Satã que hoje em tempos de ira e ódio social, se procura desqualificar o adversário, não raro, feito inimigo a ser desmoralizado e,eventualmente,liquidado.

Aqui devemos superar todo o fundamentalismo do texto bíblico. Não basta citar textos sobre o inferno, mesmo na boca de Jesus. Devemos saber interpretá-los para não cairmos em contradição com o conceito de Deus e mesmo destruir a boa-nova de Jesus,do Pai cheio de misericórdia, como o pai do filho pródigo que acolhe o filho perdido(Lc 15,11-23).

Em primeiro lugar o ser humano busca uma razão pelo mal no mundo. Tem grande dificuldade de assumir a sua própria responsabilidade. Então transfere-a ao Demônio ou aos demônios.

Em segunfo lugar, o significado dos demônios e do inferno dos horrores representam uma pedagogia do medo para, pelo medo, fazer as pessoas buscarem o caminho do bem. Demônio e inferno, portanto, são criações humanas, um espécie de pedagogia sinistra, como ainda mães fazem às crianças:”Se não se comportar direito, de noite,vem o lobo mau morder seu pé”. O ser humano pode ser o Satã da terra e da sociedade. Ele pode criar o “inferno”aos outros pelo ódio, pela opressão e pelos mecanismos de morte, como infelizmente está ocorrendo em nossa sociedade.

Em terceiro lugar, Satã ou o Diabo é uma criatura de Deus. Dizer que é uma criatura de Deus, significa que, em cada momento, Deus está criando e recriando esta criatura, mesmo no fogo do inferno.Pode Deus que é amor e bondade infinita se propor a isso? Bem diz o livro da Sabedoria:”Sim, tu amas todos os seres e nada detestas do que fizeste; se odiasses alguma coisa não a terias criado; e como poderia subsistir alguma coisa se não a quisesses…a todos poupas porque te pertencem, oh soberano amante da vida”(Sab 11,24-26). O Papa Francisco o disse claramente:”não existe condenação eterna; ela é só para este mundo”.

Em quarto lugar, a grande mensagem de Jesus é a infinita misericórdia de Deus-Abba (paizinho querido) que ama a todos, também os “ingratos e maus” (Lc 6,35). A afirmação do castigo eterno no inferno destrói diretamente a boa-nova de Jesus.Um Deus castigador é incompatível com o Jesus histórico que anunciou a infinita amorosidade de Deus para com todos,também para com os pecadores. O salmo 103 já havia intuído isso:”O  Senhor é compassivo e clemente, lento para a cólera e rico em misericórdia. Não está sempre acusando nem guarda rancor para sempre.Não nos trata segundo nossos pecados…como pai sente compaixão pelos seus filhos e filhas, assim o Senhor se compadecerá com os que o amam,porque ele conhece nossa natureza e se lembra de que somos pó…A misericórdia do Senhor é desde sempre para sempre”(103,8-17). Deus não pode nunca perder nenhuma criatura, por mais perversa que seja. Se ele a perdesse,  mesmo que seja uma só, ele teria fracassado em seu amor. Ora, isso não pode acontecer.

Bem  disse o Papa Francisco que incansavelmente prega a misericórdia:”A misericórdia sempre será maior que qualquer pecado e ninguém poderá pôr limites ao amor do Deus que perdoa”(Misericordiae vultus, 2)

Isso não significa que se entrará no céu de qualquer maneira. Todos passarão pelo juízo e pela clínica de Deus, para lá purificar-se, reconhecer seus pecados, aprender a amar e finalmente entrar no Reino da Trindade. É o purgatório que não é a ante-sala do inferno, mas a ante-sala do céu. Quem está lá se purificando já participa do mundo dos redimidos.

O inferno e os demônios e o principal deles, Satã, são projeções nossas da maldade que existe na história ou que nós mesmos produzimos e das quais não queremos nos resonsabilizar e as projetamos nestas figuras sinistras.

Temos que libertar-nos, finalmente, de tais projeções, para vivermos a alegria da mensagem de salvação universal de Jesus Cristo. Isso deslegitima toda satanização em qualquer situação,especialmente, em política  e nas igrejas pentecostais que usam de forma totalmente exorbitante a figura do demônio e do inferno. Antes assusta os fiéis do que os conforta com o amor e a infinita misericórdia de Deus.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e escreveu: Vida para além da morte, Vozes,muitas edições 2021.

Brasil: projeto autoritário  versus projeto democrático

Nunca em nossa história corremos um risco tão ameaçador como este que estamos correndo por ocasião das eleições no dia 30 de outubro. Há um projeto de Brasil autoritário, de viés fascista que pode desmantelar nossos bens mais preciosos, os culturais e os naturais como a floresta amazônica e a nossa biodiversidade. É próprio do fascismo manipular e distorcer a religião, a família e a moral, de tal forma que contradizem diretamente os valores pregados por Jesus e queridos por Deus, sempre citado por estas pessoas fanatizadas que o tem nos lábios mas não no coração. Nesse projeto nefasto predomina o ódio,a mentira e a divisão, produzida dentro das famílias e no círculo de amigos. Permitiu a compra de milhares de armas, exalta a tortura e se propõe eliminar opositores.

Apresenta-se um outro, o projeto de Brasil democrático, assumido por uma frente ampla e democrática, que sabendo do risco iminente,uniu partidos, antes opostos, celebridades da ciência, das artes, da religião e lideranças populares. Este projeto de Brasil vem fundado na democracia, nas liberdades,no respeito dos direitos humanos e da natureza. Confere centralidade à vida,começando com os 33 milhões de famintos e cerca de 100 milhões com insuficiência alimentar. Apesar de uma economia neoliberal concentradora e falida, procura criar oportunidades de trabalho, cuidar da saúde, da educação, da cultura, da segurança e do lazer para todos.

Ninguém pode ficar neutro e indiferente à essa ameaça, pois se tornaria cúmplice da tragédia socio-ecológica que pode ocorrer. É uma questão de sobrevivência do país como nação, evitando regredir à pura e simples barbárie.

Confiamos no bom senso dos eleitores e das eleitoras na decisão pelo projeto mais esperançoso.Contamos também com Deus, o “apaixonado amante da vida”como dizem as Escrituras e com a padroeira do Brasil, a negra Nossa Senhora Aparecida.

Nada supera a força intrínseca do amor e do ocuidado de uns para com os outros e para com a Mãe Terra. A capacidade de discernimento e o bom senso de nosso povo os fará  escolher o melhor projeto de Brasil e garantir um futuro promissor para todos, no compromisso pela justiça social, pela paz  e na alegre celebração da vida.

Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo e escritor, membro da Comissão Internacional da Carta da Terra.

*****************************************************************

Publico este texto pois é esclarecedor e pode iluminar aqueles que ainda não decidiram de que lado da história querem estar por seu voto. 

      CARTA AOS IRMÃOS PRESBÍTEROS DA IGRJA CATÓLICA

         Meus queridos irmãos presbíteros,

Temos visto o fantasma da fome, violência, autoritarismo, preconceito e exclusão social rondando nosso país de forma preocupante. Mais grave é ver como a política que exalta a tortura, despreza o pobre e zomba da morte tem se mesclado com o fundamentalismo religioso que se diz cristão.

Estamos envoltos em um clima que prenuncia uma mistura dos regimes totalitários do século passado com o moderno regime teocrático e fundamentalista do Talibã. Não devemos minimizar os riscos do atual contexto político, pois os que se omitiram antes de que fatos históricos semelhantes se concretizassem arrependeram-se amargamente por não terem dimensionado corretamente as consequências.

Temos oportunidade de evitar que eventos lamentáveis de nossa história se repitam. Todos os atos já praticados, gestos, discursos e promessas do atual presidente e seu grupo apontam para um regime autoritário e de desprezo com a vida humana e a natureza. Não se trata de especulação. Não fossem os poucos freios jurídicos e institucionais que ainda funcionam na República, já viveríamos sem o pouco de democracia e liberdade que ainda nos resta.

Uma vitória na eleição que se aproxima significaria o referendo ao Governo da Morte e lhe daria o respaldo para seguir em seu projeto de entrega do país à rapina de garimpeiros, exploradores ilegais da natureza, crime organizado e empresários sem ética. Além disso, selaria o destino do povo mais pobre e oprimido, que amarga a fome e a miséria; dos povos originários que estão jogados à sua própria sorte e sob risco de extermínio; de nossos biomas sem a proteção dos órgãos de fiscalização; dos estudantes e professores submetidos à perseguição ao pensamento livre e crítico resultante da ideologização da educação pelo MEC; das minorias que mal começaram a garantir seus direitos na sociedade e que são perseguidas e vilipendiadas publicamente e à luz do dia.

Infelizmente, alguns padres e bispos, que têm poder real e/ou simbólico no catolicismo, estão se pronunciando a favor desse projeto de morte nas redes sociais, inclusive paramentados ou em celebrações litúrgicas. Sabemos que nossa Igreja é santa e pecadora e que já ficou ao lado dos opressores por muito tempo.

Porém, do lado dos que realmente se entregaram ao projeto de “vida em abundância” (Jo 10,10) e de “libertação dos oprimidos” (Lc 4, 18) e de amparo aos famintos e abandonados (Mt 25, 35-46), temos visto poucas manifestações explícitas contra o projeto de morte representado pelo atual Governo. Muito desse silêncio é justificado pelo medo de se “partidarizar” a missão eclesial aceita pelos ministros ordenados.

No entanto, o segundo turno das eleições de 2022 ultrapassou as questões partidárias tradicionais do Brasil. Tanto que temos uma frente ampla ao redor da candidatura do Lula que inclui representantes de todos os governos anteriores e de partidos que fizeram oposição ao seu Governo. Não se trata mais da disputa entre Lula e Bolsonaro, mas de uma frente pela democracia contra os sinais da barbárie, autoritarismo e fundamentalismo religioso já demonstrados pelo Governo que tenta reeleição.

Portanto, não se trata da escolha entre um ou outro candidato, mas sobre o lado da história no qual queremos ficar. A omissão, neste caso, é reforço do lado oposto.

Por essas razões, peço humildemente aos irmãos padres que se manifestem em vídeos, homilias, pronunciamentos e postagens mostrando a contradição entre a mensagem dos evangelhos e a Doutrina Social da Igreja, para fazer contraponto àqueles que se apresentam como representantes da Igreja e fazem apologia ao atual presidente.

O silêncio em situações limites de nossa história pode acabar se tornando omissão. Que o Senhor nos livre do Mal (Mt 6, 13).

Saudações em Cristo,

Maurício Abdalla Professor de filosofia da UFES e membro da Rede Nacional de Assessores do Centro de Fé e Política Dom Helder Câmara (CEFEP), organismo da CNBB e Coordenador Pedagógico da Escola de Fé e Política da Arquidiocese de Vitória.

La figura tenebrosa di Jair Bolsonaro minaccia la democrazia

L’attuale presidente presenta tratti selvaggi e ha minacciato costantemente la normalità democratica, nel caso che perda le elezioni. Al primo turno, il 2 ottobre, ha ricevuto il 43,44% dei voti, mentre l’ex presidente Lula ha ottenuto il 48,5% dei voti. C’è grande aspettativa che egli vinca le elezioni, poiché la sua superiorità su Bolsonaro è notevole.

Lula ha ricevuto il sostegno di quasi tutti i partiti, anche i più lontani. Ebbene, hanno capito che è in gioco la democrazia e anche il destino storico del nostro Paese. La vittoria di Bolsonaro porterebbe avanti il ​​suo progetto di smantellamento delle istituzioni in un modo apertamente autoritario e minaccioso di un colpo di stato.

Dobbiamo cercare di capire perché è scoppiata questa ondata di odio, di menzogne ​​come metodo di governo, fake news, calunnie e corruzione del governo, su cui è stato impedito di indagare. Mi è venuto in mente un articolo che avevo pubblicato tempo fa e lo riformulo qui. Due categorie sembrano illuminanti: una della psicoanalisi junghiana, quella dell’ombra, e un’altra della grande tradizione orientale del buddismo e simili, e tra noi, dello spiritualismo, il karma.

La categoria dell’ombra, presente in ogni persona o comunità, è costituita da quegli elementi negativi che facciamo fatica ad accettare, che cerchiamo di dimenticare o addirittura di reprimere, mandandoli nell’inconscio sia personale che collettivo.

In effetti, cinque grandi ombre segnano la storia politico-sociale del nostro Paese:

  • La prima è il genocidio indigeno, che persiste ancora oggi, perché le loro terre sono oggetto di invasione e durante la pandemia sono state praticamente abbandonate dalle autorità attuali.
  • La seconda è la colonizzazione che ci ha impedito di avere un proprio progetto, di un popolo libero, ma – al contrario – sempre dipendente dalle potenze straniere del passato e di oggi. Ha creato la sindrome del “cane bastardo”.
  • Il terzo è la schiavitù, una delle nostre vergogne nazionali, in quanto implicava trattare lo schiavo come una cosa, un “pezzo”, messo sul mercato per essere comprato e venduto e costantemente sottoposto a frustate, al disprezzo e all’odio.
  • La quarta è la permanenza della conciliazione tra loro, dei rappresentanti delle classi dominanti, eredi della ‘Casa Grande’ o dell’industrialismo, soprattutto a partire da São Paulo, chiamate da Jessé Souza le “élite dell’arretratezza”. Sono profondamente egoisti al punto che Noam Chomsky ha detto: “Il Brasile è una specie di caso speciale, perché raramente ho visto un paese in cui elementi d’élite hanno un tale disprezzo e odio per i poveri e i lavoratori”. Questi non hanno mai pensato a un progetto nazionale che includesse il popolo, un progetto solo loro per loro, in grado di controllare lo Stato, occupare i suoi apparati e guadagnare tangenti e fortune nei progetti statali.
  • La quinta ombra rappresenta la democrazia a bassa intensità interrotta da colpi di stato, ma che sempre è rifatta senza però cambiarne la natura. Persiste ancora oggi e mostra attualmente una grande debolezza a causa del rango dei rappresentanti di destra o di estrema destra, con i loro espedienti come il bilancio segreto. Misurata dal rispetto alla costituzione, dei diritti umani personali e sociali, dalla giustizia sociale e dal livello di partecipazione popolare, appare come una farsa piuttosto che una democrazia consolidata.

Ogni volta che un leader politico con idee riformiste, proveniente dal basso, dai quartieri degli schiavi sociali, presenta un progetto più ampio che abbraccia il popolo con politiche sociali inclusive, queste forze di conciliazione, con il loro braccio ideologico, i grandi media, come giornali, radio e i canali televisivi, associati a parlamentari e settori importanti della magistratura, hanno utilizzato la risorsa del colpo di stato sia militare (1964) o sia giuridico-politico-mediatico (2016) per garantire i loro privilegi.

Il disprezzo e l’odio, un tempo diretto agli schiavi, è stato trasferito vigliaccamente sui poveri e sui miseri, condannati a vivere sempre nell’esclusione. Queste ombre aleggiano sull’atmosfera sociale del nostro Paese. È sempre ideologicamente nascosta, negata e repressa.

Con l’attuale presidente e l’entourage dei suoi seguaci, ciò che era occulto e represso è uscito allo scoperto. È sempre stato lì, ritirato ma attivo, per impedire alla nostra società, dominata dall’élite arretrata, di apportare i cambiamenti necessari, continuando con una caratteristica conservatrice e, in alcuni campi, come nei costumi, anche reazionaria e quindi facile da manipolare politicamente. Dentro l’anima di molti brasiliani c’è un piccolo “bolsonaro” reazionario e odioso. Il Bolsonaro storico ha dato corpo a questo “bolsonaro” nascosto. Lo stesso era accaduto con l’”hitleri” nascosto in una parte del popolo tedesco.

Le cinque ombre menzionate sono state attualmente aggravate dall’acquisizione incoraggiata di armi da parte della popolazione, dall’esaltazione della violenza e persino della tortura, dal razzismo culturale, dalla misoginia, dall’odio per coloro che hanno un’altra opzione sessuale, dal disprezzo per gli afro-discendenti, gli indigeni, i quilombolas e i poveri in generale. È sorprendente che molte persone, anche ragionevoli, inclusi accademici e persone della classe media, possano seguire una figura così intemperante, ignorante senza alcuna empatia per i sofferenti che hanno perso i propri cari a causa del Covid-19.

Questa è una spiegazione, non certo esaustiva, attraverso la categoria dell’ombra che sta alla base delle varie crisi socio-politiche.

L’altra categoria è quella del karma. Per conferirgli un certo grado analitico e non solo ermeneutico (che illumina la vita), mi avvalgo di un lungo dialogo tra il grande storico inglese Arnold Toynbee e Daisaku Ikeda, eminente filosofo giapponese, raccolto nel libro “Elige la vida”  (Emecé. Buenos Aires 2005).

Il karma è un termine sanscrito che originariamente significava forza e movimento, concentrato nella parola “azione” che provocava la sua corrispondente “reazione”. Si applica agli individui così come alle collettività.

Ogni persona è segnata dalle azioni che ha compiuto nella vita. Questa azione non è ristretta alla persona, ma connota l’intero ambiente. Si tratta di una specie di conto corrente etico il cui saldo cambia continuamente a seconda delle azioni buone o cattive che si compiono, cioè “debiti e crediti”. Anche dopo la morte, la persona, nella credenza buddista e spiritualista, porta con sé questo resoconto; ecco perché ti reincarni in modo che, attraverso diverse rinascite, tu possa azzerare il saldo negativo ed entrare nel nirvana o nel paradiso.

Per Toybee non c’è bisogno di ricorrere all’ipotesi di tante rinascite perché la rete dei legami garantisce la continuità del destino di un popolo (p.384). Le realtà karmiche permeano le istituzioni, i paesaggi, modellano le persone e segnano lo stile unico di un popolo. Questa forza karmica agisce nella storia, segnando i fatti benefici o malefici, cosa già vista da C.G.Jung nelle sue analisi psico-socio-storiche.

Toynbee nella sua grande opera in dieci volumi “A Study of History” lavora sulla chiave  Sfida – Risposta (Challange – Response) e vede il significato nella categoria del karma. Ma ti offre un’altra versione che mi sembra illuminante e ci aiuta a capire un po’ le ombre nazionali, in particolare quelle dell’estrema destra brasiliana e anche internazionale.

La storia è fatta di reti relazionali all’interno delle quali ogni persona è inserita, legata con quelle che l’hanno preceduta e con quelle presenti. C’è un funzionamento karmico nella storia di un popolo e delle sue istituzioni a seconda dei livelli di bontà e giustizia o di cattiveria e ingiustizia che hanno prodotto nel tempo. Si tratterebbe di una specie di campo morfico che continuerebbe a permeare ogni cosa.

Sia Toynbee sia Ikeda concordano su questo: “la società moderna (noi compresi) solo può essere curata dal suo carico karmico, aggiungeremmo dalla sua ombra, solo attraverso una rivoluzione spirituale e sociale iniziando nel cuore e nella mente (p.159), nella linea della giustizia compensativa, delle politiche di cura e delle istituzioni giuste.

Tuttavia, da sole non sono sufficienti e non annulleranno le ombre e il karma negativo. C’è bisogno di amore, solidarietà, compassione e una profonda umanità verso le vittime. L’amore sarà il motore più efficace perché, in fondo, dicono Toynbee e Ikeda “è l’Ultima Realtà” (p. 387). Qualcosa di simile dice Watson, uno dei decodificatori del codice genetico: l’amore è nel nostro DNA.

Una società, permeata dall’odio e dalla menzogna come in Bolsonaro e i suoi seguaci, alcuni dei quali fanatici, è incapace di de-costruire una storia tanto segnata da ombre e karma negativo come la nostra. Ciò è particolarmente vero per i modi aggressivi, offensivi e bugiardi dell’attuale presidente e dei suoi ministri.

Solo la dimensione della luce e il karma del bene possono liberare e redimere la società dalla forza delle ombre tenebrose e dei karma del male, come i grandi saggi dell’umanità, il Dalai Lama e i due Francesco, quello di Assisi e quello di Roma, testimoniano.

Se non sconfiggiamo elettoralmente l’attuale presidente in questo secondo turno che si terrà il 30 ottobre, il Paese passerà da una crisi all’altra, creando una catena di karma e ombre distruttive, compromettendo il futuro di tutti. Ma la luce e l’energia del positivo si sono storicamente dimostrate sempre più potenti delle ombre e del karma negativo.

Siamo certi che saranno loro a garantire, cosi speriamo, la vittoria di Lula, che non conserva rancore né odio nel cuore, ma è animato dall’amore e dalla politica di prendersi cura delle persone, soprattutto dei poveri e delle loro necessità.

Leonardo Boff, teologo e filosofo

(traduzione in italiano di Gianni Alioti)