Mi Patria es la Tierra: una utopía prometedora

Leonardo Boff*

Vivimos hoy tiempos distópicos, carentes de inspiraciones utópicas. Las grandes utopías del pasado no cumplieron sus promesas: el iluminismo, dar instrucción a todo el mundo; el capitalismo, todos pueden hacerse ricos; el socialismo, la igualdad entre todos; el comunismo, una sociedad sin clases; la posmodernidad, no hay narrativas universales, cada cual escoge la suya. El hecho es que ninguna sociedad, nos lo aseguran los antropólogos y sociólogos, vive sin tener una utopía, es decir, una idea fuerza, un sueño inspirador que dé sentido a la vida de las personas, a la sociedad y a la historia.

            Bien decía el escritor irlandés Oscar Wilde: “Un mapa del mundo que no incluya la utopía no es digno de ser mirado, pues ignora el único territorio en el que la humanidad siempre atraca, partiendo enseguida hacia una tierra aún mejor”.

            Pero el sueño utópico nunca muere, pues el principio esperanza (Ernst Bloch), estar siempre en camino, pertenece a la esencia del ser humano. Es completo pero imperfecto, pues busca siempre mejorar su humanidad. Tiene mucho de verdad la utopía, propuesta ya en la década de 1930, de Pierre Teilhard de Chardin: la irrupción en un futuro de la noosfera, en la cual el corazón y la mente de la humanidad llegarían a una feliz convergencia. También la utopía que circula en las bases: “el alma no tiene frontera, ninguna vida es extranjera”. O esta otra que puso en circulación la tv: “mi patria es la Tierra”, utopía verdadera.

            Se han propuesto dos utopías viables, la de la Carta de la Tierra (2000) con su ética del cuidado hacia todos los seres y la del Papa Francisco con su ecología integral, “Cómo cuidar de la Casa Común” (2015), en la cual afirma la relación de todos con todos, “con el sol y la luna, con el cedro y el gorrión” (n.86) y la de la “fraternidad universal” entre los humanos y con todos los seres de la naturaleza (Fratelli tutti, 2015) por cuanto todos han sido generados por la Madre Tierra y tienen el mismo código genético de base.

Quiero presentar la utopía radical de Robert Müller, alto funcionario de la ONU durante 40 años y primer rector de la Universidad de la Paz en Costa Rica. Ella nos remite a la utopía bíblica “del nuevo cielo y la nueva Tierra”. Proyectó un Nuevo Génesis (cf. O nascimento de uma civilização global, Aquarius, São Paulo 1993 p,170-171):

«Y Dios vio que todas las naciones de la Tierra, negras y blancas, pobres y ricas, del Norte y del Sur, de Oriente y de Occidente, de todos los credos, enviaban sus emisarios a un gran edificio de cristal a orillas del río del Sol Naciente, en la isla de Manhattan, para estudiar juntos, pensar juntos y juntos cuidar del mundo y de todos sus pueblos. Y dijo Dios: “Esto es bueno”. Y ese fue el primer día de la Nueva Era de la Tierra.

            Y Dios vio que los soldados de la paz separaban a los combatientes de las naciones en guerra, que las diferencias se resolvían mediante la negociación y el raciocinio y no por las armas, y que los líderes de las naciones se encontraban, intercambiaban ideas y unían sus corazones, sus mentes, sus almas y sus fuerzas para beneficio de toda la humanidad. Y dijo Dios: “Esto es bueno”. Y ese fue el segundo día del Planeta de la Paz.

            Y Dios vio que los seres humanos amaban a la totalidad de la Creación, a las estrellas y el sol, el día y la noche, el aire y los océanos, la tierra y las aguas, los peces y las aves, las flores y las plantas y a todos sus hermanas y hermanos humanos. Y dijo Dios: “Esto es bueno”. Y ese fue el tercer día del Planeta de la Felicidad.

            Y Dios vio que los seres humanos eliminaban el hambre, la enfermedad, la ignorancia y el sufrimiento en toda la Tierra, proporcionando a cada persona humana una vida decente, consciente y feliz, controlando la avidez, la fuerza y la riqueza de unos pocos. Y dijo Dios: “Esto es bueno”. Y ese fue el cuarto día del Planeta de la Justicia.

            Y Dios vio que los seres humanos vivían en armonía con su planeta y en paz con los demás, gestionando sus recursos con sabiduría, evitando el desperdicio, frenando los excesos, sustituyendo el odio por el amor, la avaricia por el darse por contento, la arrogancia por la humildad, la división por la cooperación y la sospecha por la comprensión. Y dijo Dios: “Esto es bueno”, y ese fue el quinto día del Planeta de Oro.

            Y Dios vio que las naciones destruían sus armas, sus bombas, sus misiles, sus barcos y aviones de guerra, desactivando sus bases y desmovilizando sus ejércitos, manteniendo sólo una policía de la paz para proteger a los buenos de los malos y a los normales de los enfermos mentales. Y dijo Dios: “Esto es bueno”. Y ese fue el sexto día del Planeta de la Razón.

            Y Dios vio que los seres humanos restauraban a Dios y a la persona humana como su Alfa y Omega, reduciendo instituciones, creencias, políticas, gobiernos y demás entidades humanas a simples servidores de Dios y de los pueblos. Y Dios los vio adoptar como ley suprema aquella que dice: “Amarás al Dios del Universo con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Amarás a tu bello y milagroso planeta y lo tratarás con infinito cuidado. Amarás a tus hermanas y hermanos humanos como te amas a ti mismo. No hay mandamientos mayores que éstos”. Y dijo Dios: “Esto es bueno”. Y ese fue el séptimo día del Planeta de Dios».

            Si en la puerta del infierno de la Divina Comedia de Dante Alighieri estaba escrito: “Abandonad toda esperanza, los que aquí entráis”, en la puerta del Nuevo Génesis del mundo planetizado estará escrito en todas las lenguas de la Tierra:“No abandonéis jamás la esperanza, los que entráis aquí”.

            No estoy seguro de que este sueño de Robert Müller sea, por ahora, viable, dado el tipo de seres humanos en que nos hemos convertido. Pero reiventando al ser humano –y este es nuestro reto si queremos sobrevivir– este sueño podrá hacerse realidad.

Porque nunca nos cansaremos de soñar que, un día, podremos vivenciar esta prometedora utopía viable: Mi patria es la Tierra.

*Leonardo Boff ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra, Vozes 2021

Da utopia à distopia  

Frei Betto

No dia 4 de novembro deste ano de 2024 publiquei um artigo sobre a necessidade de uma utopia para conferir sentido aos seres humanos que não vivem sem esperança e sem a projeção de um futuro melhor. Elenquei as grandes do passado, inviáveis, porque não cumpriram o que prometiam. Entramos num mundo distópico, sem utopias. Enumerei algumas que apontam para um futuro de esperança como essa:”Minha pátria é a Terra”. Nos quadros do sistema capitalista financeirizado atual ela é só possível com a reinvenção do ser humano, pois este que está aí só nos leva à nossa destruição (possivelmente por guerra planetária com o risco de fazer desaparecer a espécie humana). Temos que nos reinventar para tornar a utopia de a Terra como única pátria de todos tornar-se viável. Só nos resta esperar e construir as condições histórico-sociais-ecológicos que sirvam de base real para a sustentabilidade desta utopia, realmente salvadora dos humanos e da vida sobre este planeta. A Terra continuará mas sem nós. Publicamos este artigo iluminador de Frei Betto que bem retrata a atual situação distópica de hoje: LBoff

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“Não se projeta mais uma alternativa pós-capitalista. Procura-se amenizar os desmandos do sistema, ampliar redes de benefícios sociais aos mais pobres sem, no entanto, combater as causas estruturais da desigualdade e do desequilíbrio ambiental. São raras as vozes de ressonância mundial, como a do papa Francisco, que ousam proclamar, ainda que em termos menos convencionais, que dentro do capitalismo a humanidade não tem salvação. Basta ler as encíclicas assinadas por ele”, escreve Frei Betto, escritor, autor do romance “Tom vermelho do verde” (Rocco), entre outros livros.

Eis o artigo.

As recentes eleições no Brasil e no mundo comprovam o avanço das forças políticas de direita. Acuados, os raros governos progressistas fazem concessões que contrariam os princípios que regem os programas de seus partidos. Ou adotam posturas autocráticas. Chama a atenção o fato de muitos líderes de direita serem jovens apoiados por jovens.

Perplexa com a perda de espaços e de capacidade de promover mobilizações populares, a esquerda parece não se ter dado conta ainda do grave perigo que o avanço da direita representa para o futuro da humanidade. O clima me recorda Berlim no início da década de 1930, quando todos bailavam pelos cabarés da cidade e conviviam alegremente com aqueles homens uniformizados cujas braçadeiras exibiam a suástica!

Sou da geração de 1968 que promoveu a revolução sexual, se espelhou em Che Guevara, manifestou solidariedade à luta dos vietnamitas contra a invasão dos EUA, aplaudiu os barbudos de Sierra Maestra que libertaram Cuba da órbita da Casa Branca. Geração que se nutria de Sartre e Merleau-Ponty; Reich e Fanon; Marx e Althusser. Geração que enfrentava ditaduras militares, erguia barricadas em defesa da democracia, apoiava greves operárias. Após a redemocratização do Brasil, em 1985, minha geração governou o país por 18 anos!

“E agora, José?/ A festa acabou, / a luz apagou, / o povo sumiu, / a noite esfriou, / e agora, José?”, indagam os versos de Carlos Drummond de Andrade. Quais as causas dessa virada do mundo à direita? Como é possível entender o descaso dos países metropolitanos com a crise climática e o apoio ao genocídio promovido pelo governo sionista de Israel sobre as populações de Gaza e do Líbano? E a ONU, condenada a mero papel decorativo?

Uma das razões dessa virada ideológica se deve ao desaparecimento de paradigmas na cultura ocidental. Ninguém vive sem referências que alimentem a esperança. Minha geração se nutria do marxismo e tinha como referências reais os países socialistas que, apesar dos pesares, representavam um avanço civilizatório comparado aos países capitalistas, em especial quanto à redução das desigualdades sociais.

Tudo isso desabou. Pressionada pelo bloqueio imposto pelos EUA, Cuba enfrenta grave crise econômica, e a China se sustenta no paradoxo de adotar uma política socialista e uma economia capitalista.

Sem paradigmas não se fomentam utopias. E sem utopias não há esperança. O horizonte socialista se apagou do cenário político da esquerda. Líderes de esquerda temem inclusive pronunciar a palavra ‘socialismo’, estigmatizada pela direita. Receiam queimar a boca. Sabem que socialismo soa como sinônimo de comunismo e não atrai votos.

Não se projeta mais uma alternativa pós-capitalista. Procura-se amenizar os desmandos do sistema, ampliar redes de benefícios sociais aos mais pobres sem, no entanto, combater as causas estruturais da desigualdade e do desequilíbrio ambiental. São raras as vozes de ressonância mundial, como a do papa Francisco, que ousam proclamar, ainda que em termos menos convencionais, que dentro do capitalismo a humanidade não tem salvação. Basta ler as encíclicas assinadas por ele.

Sem teorias que iluminem, sem países que sirvam de exemplo, a esquerda fica à deriva no turbulento curso do rio da história sem saber onde haverá de desaguar. Hoje, Hitler e Mussolini se sentiriam à vontade no cenário internacional. Seriam aplaudidos como guias e exaltados como Trump, mormente se abrissem mão do antissemitismo.

Como o eleitor dará apoio e votos à esquerda se não há quem lhe apresente um antídoto à avassaladora deseducação política promovida pelas poderosas ferramentas midiáticas controladas pela direita? O povo não pensa no global, pensa no local; não foca o social, foca o pessoal. Quer segurança no bairro onde mora, acesso à internet, escola, moradia e emprego; prosperar e se livrar da humilhação de uma existência empobrecida e subalterna.

“Gente é pra brilhar”, proclama Caetano. As redes presenciais, que organizavam amplos setores populares (CEBs, sindicatos, movimentos sociais, núcleos partidários etc.) se esgarçaram. Ao lutar pelo fim do imposto sindical, a esquerda fragilizou toda a estrutura da organização e da mobilização operárias.

Agora, as redes virtuais imperam, destituem seus dependentes de cidadania e neles incutem o consumismo, o narcisismo e o individualismo. A ideologia do empreendedorismo leva multidões a abraçarem o “cada um por si e Deus por ninguém”. Incutido na cabeça do povo o sistema culpabiliza o indivíduo por não ser capaz de sair da pobreza e obter renda própria.

Como enfrentar tamanho eclipse da utopia que mobilizava multidões de jovens e aqueles que confiavam nas pautas da esquerda? O que temos a apresentar de melhor além de promessas?

Hoje, é incomensurável o número de jovens asfixiados pelo niilismo. Ignoram a ética, são indiferentes à religião, desprezam a política, têm ideias tão desalinhadas quanto os fios de seus cabelos. Sonham apenas em ter um bom emprego e uma vida confortável – um lugar ao sol nesse sistema cada vez mais afunilado e excludente.

Essa conjuntura obriga as forças progressistas a pôr as barbas de molho e reavaliar sua atuação política, sua linguagem, seu programa e seus objetivos.

O mundo retrocede. Da utopia para a distopia. E isso até os cegos enxergam.

Fonte: IHU 04/11/2024

Minha Pátria é a Terra: a promissora utopia

Leonardo Boff

Hoje vivemos tempos distópicos, carentes de inspirações utópicas. As grandes utopias do passado não cumpriram suas promessas: do iluminismo, dar instrução a todo mundo; do capitalismo, todos podem se tornar ricos; do socialismo, igualdade entre todos; do comunismo,uma sociedade sem classes; da pós-modernidade, não há narrativas universais, cada um escolhe a sua. O fato é que nenhuma sociedade, isso os antropólogos e sociólogos nos garantem, vive sem ter uma utopia, quer dizer, uma ideia forte, um sonho inspirador que dê sentido à vida das pessoas,  à sociedade e à história.

Bem dizia o escritor irlandês Oscar Wilde:”Um mapa do mundo que não inclua a utopia não é digno de ser espiado, pois ignora o único território em que a humanidade sempre atraca, partindo em seguida, para uma terra ainda melhor”.

Mas o sonho utópico nunca morre, pois é da essência do ser humano, o princípio esprança (Ernst Bloch) de estar sempre a caminho. É completo mas imperfeito, pois busca sempre melhorar sua humanidade. Tem muito de verdade a utopia de Pierre Teilhard de Chardin ainda nos idos de 1930, a irrupção lá na frente, da noosfera na qual coração e mente da humanidade chegariam a uma feliz convergência. Também a utopia que circula nas bases:”a alma não tem fronteira, nenhuma vida é estrangeira”. Ou aquela que até a TV fez circular:”minha pátria é a Terra”, utopia verdadeira.

Duas utopias viáveis foram propostas, a da Carta da Terra (2000) com sua ética do cuidado para com todos os seres e a do Papa Francisco com sua ecologia integral, “Como cuidar da Casa Comum”(2015) na qual afirma a relação de todos com todos,”com o sol e a lua, com o cedro e o o pardal”(n.86) e da “fraternidade universal” entre os humanos e com todos os seres da natureza (Fratelli tutti 2015) porquanto todos foram gerados pela Mãe Terra e possuem o mesmo código genético de base.

Quero apresentar a utopia radical de Robert Müller, por 40 anos alto funcionário da ONU e primeiro reitor Universidade da Paz fundada pela ONU em Costa Rica.Ela nos remete à utopia bíblica do “novo céu e da nova Terra”. Projetou um Novo Gênesis (cf. O nascimento de uma civilização global, Aquarius, São Paulo 1993 p,170-171):

“E Deus viu que todas as nações da Terra, negras e brancas, pobres e ricas, do Norte e do Sul, do Oriente e do Ocidente, de todos os credos, enviavam seus emissários a um grande edifício de cristal às margens do rio do Sol Nascente, na ilha de Manhattan, para juntos estudarem, juntos pensarem e juntos cuidarem do mundo e de todos os seus povos.E Deus disse:” Isso é bom”. E esse foi o primeiro dia da Nova Era da Terra.

       E Deus viu que os soldados da paz separavam os combatentes de nações em guerra, que as diferenças eram resolvidas pela negociação e pela razão e não pelas armas, e que os líderes das nações encontravam-se, trocavam ideias e uniam seus corações, suas mentes, suas almas e suas forças para o benefício de toda a humanidade.  E Deus disse:” Isso é bom.”E esse foi o segundo dia do Planeta da Paz.

E Deus viu que os seres humanos amavam a totalidade da Criação, as estrelas e o sol, o dia e a noite, o ar e os oceanos, a terra e as águas, os peixes e as aves, as flores e as plantas e todos os seus irmãos e irmãs humanos.E Deus disse:”Isso é bom.”E esse foi o terceiro dia do Planeta da Felicidade.

E Deus viu que os seres humanos eliminavam a fome, a doença, a ignorância e o sofrimento em todo o globo, proporcionando a cada pessoa humana uma vida decente, consciente e feliz, reduzindo a avidez, a força e a riqueza de uns poucos. E Deus disse:”Isto é bom.”E esse foi o quarto dia do Planeta da Justiça.

E Deus viu que os seres humanos viviam em harmonia com seu planeta e em paz com os outros, gerenciando seus recursos com sabedoria, evitando o desperdício, refreando os excessos, substituindo o ódio pelo amor, a avidez pelo contentamento, a arrogância pela humildade, a divisão pela cooperação e a suspeita pela compreensão. E Deus disse:” Isso é bom.”E esse foi o quinto dia do Planeta de Ouro.

E Deus viu que as nações destruíam  suas armas, suas bombas, seus mísseis, seus navios e aviões de guerra, desativando suas bases e desmobilizando seus exércitos, mantendo apenas policiais da paz para proteger os bons dos maus e os normais dos insanos.  E Deus disse:” Isso é bom”. E esse foi o sexto dia do Planeta da Razão.

E Deus viu que os seres humanos restauravam Deus e a pessoa humana como o Alfa e o Ômega, reduzindo instituições, crenças, políticas, governos e todas as entidades humanas a simples servidores de Deus e dos povos. E Deus os viu adotar como lei suprema:”Amarás ao Deus do Universo com todo o teu coração, com toda  tua alma, com toda atua mente e com todas as tuas forças. Amarás teu belo e miraculoso planeta e o tratarás com infinito cuidado. Amarás teus irmãos e irmãs humanos como amas a ti mesmo. Não há mandamentos maiores que estes. E Deus disse:”Isso é bom.”E esse foi o sétimo dia do Planeta de Deus“.

       Não estou seguro de que este sonho de Robert Muller seja, por ora, viável com o tipo de seres humanos que nos tornamos. Mas reinventando o ser humano – esse é o nosso desafio caso queiramos sobreviver – este sonho poderá tornar-se realidade.Pois,nunca nos cansamos de sonhar de que um dia poderemos vivenciar essa promissora utopia viável: A minha pátria é a Terra.

Leonardo Boff escreveu O doloroso parto da Mãe Terra, Vozes 2021.

MUERE GUSTAVO GUTIÉRREZ, PADRE DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

Leonardo Boff*

El 22 de octubre de este año murió en Lima, con 96 años cumplidos, el iniciador de la TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, Gustavo Gutiérrez (1928-2024).

Era un amigo entrañable, con el que colaboramos a partir de los años setenta para hacer una teología adecuada a la situación de América Latina, hecha de injusticias sociales y de pobreza humillante.

Como para todo teólogo, el centro de su indagación es Dios. En primer lugar Dios como experiencia de vida, en especial a partir el sufrimiento humano, y solo después como reflexión reverente.

El tema perturbador que le acompañó a lo largo de toda su vida era el sufrimiento. Él mismo sufrió de poliomelitis y estuvo durante años en una silla de ruedas. Después, operado, caminaba con dificultad. Era pequeño, cojo, fornido, cara de índio quechua y dotado de una inteligencia extraordinaria, creativa, llena de humor y de bellas “trouvailles” como esta: “los politicos sólo tienen en mente una intención, la segunda”. En suma, era fundamentalmente un hombre bueno, sencillo, humilde y espirituoso.

Su gran pregunta, de fondo biográfico, era: ¿cómo comprender a Dios ante el sufrimiento del inocente; cómo comprender a Jesús resucitado en un mundo donde las personas debido a la opresión mueren antes de tiempo; cómo encontrar a Dios liberador en un mundo donde falta fraternidad y solidaridad?

El mensaje cristiano no solo concierne a la vida eterna y al Reino de Dios, sino que ofrece estímulos para mejorar la vida presente, especialmente la de los pobres y oprimidos, en la convicción de que la vida eterna y el Reino de Dios ya comienzan aquí en la Tierra. Es más, el propio Jesús histórico fue un pobre y no tenía dónde reposar su cabeza. De aquí que Gustavo Gutiérrez entiende la teología como “una reflexión crítica de la práxis histórica a la luz de la Palabra de la revelación”.

El libro fundador en 1971 fue TEOLOGIA DE LA LIBERACIÓN, PERSPECTIVAS. Curiosamente, ese mismo año, sin conocernos, yo escribía JESUCRISTO EL LIBERADOR, Juan Luis Segundo en Uruguay y Segundo Galilea en Chile trabajaban también en una perspectiva de liberación. No nos conocíamos pero oíamos una llamada, creo, venida del Espíritu (Hegel diria del Weltgeist) y nosotros éramos solo meros micrófonos que realzaban el sonido de esa llamada.

El eje estructurador de este tipo de teología es la opción no excluyente por los pobres, contra la pobreza y a favor de la justicia social y de la liberación, apoyándose siempre en la tradición de los profetas y en la práctica del Jesús histórico. Bien afirmaba Gustavo: “Los pobres son los predilectos de Dios, no porque sean cristianos, religiosos o buenos, sino porque Dios, identificándose con ellos, es bueno y misericordioso”. Dios vivo opta por aquellos que menos vida tienen. Este es el fundamento teológico de la opción por los pobres, por su vida oprimida y por su liberación.

Hombre profundamente espiritual, vivió con los pobres en el barrio periférico Rimac de Lima. De esa inserción nacieron casi todas sus obras, especialmente BEBER EN SU PROPIO POZO; EL DIOS DE LA VIDA; LA FUERZA HISTÓRICA DE LOS POBRES; DÓNDE DORMIRÁN LOS POBRES; EN BUSCA DE LOS POBRES DE JESUCRISTO: EL PENSAMIENTO DE BARTOLMÉ DE LAS CASAS y otros.

Como otros teólogos de la liberación sufrió incomprensiones y persecuciones, especialmente del Cardeal de Lima, Cipriani, del Opus Dei, con la acusación de que sería una teología marxista. Esa idea era reforzada por el mayor opositor, diría que hasta perseguidor de la Teología de la Liberación, el Cardenal López Trujillo de Medellín (Colombia). Esa acusación no se sostiene, pero siempre se le ha hecho a todos los que, como Dom Helder Câmara, entienden la situación de los pobres como víctimas de una sociedad de injusticias y de explotación que demanda una transformación histórico-social.

En América Latina se extendió el concepto de pobre a los indígenas, los negros, las mujeres, pobres económicos, culturales y de otra opción sexual. Así surgieron las distintas vertientes de la Teología de la liberación. Para cada grupo específico, su método adecuado y su correspondiente liberación. El método es siempre: ver la realidad sufriente; juzgar con medios científicos y a la luz de la fe; actuar para transformar esa antirealidad, teniendo como protagonistas principales a los propios oprimidos.

De ahí la liberación a partir de la fe. Marx nunca fue padre ni padrino de la Teología de la Liberación como la acusan, sin fundamento, algunos todavía hoy. Su inspiración se encuentra en las fuentes de la fe cristiana, en las Escrituras y en la tradición de figuras como San Francisco de Asís, San Vicente de Paúl y otros que dieron centralidad a los pobres.

Por su seriedad recibió innumerables premios y títulos de doctor honoris causa. No daba importancia a estos reconocimientos, pues se situaba siempre en el lugar de origen, la pobreza y los pobres con los cuales compartía la vida.

El Papa Francisco lo recibió en Roma, en un gesto de reconocimiento de su reflexión como una riqueza para toda la Iglesia. En sus exequias, el Papa envió este breve mensaje:

Hoy pienso en Gustavo Gutiérrez, un grande, un hombre de Iglesia que supo estar callado cuando tenía que estar callado, supo sufrir cuando le tocó sufrir, supo llevar adelante tanto fruto apostólico y tanta teología rica. Que en paz descanse”.

Nosotros que lo conocimos en su trabajo y en su día-a-día damos testimonio de que vivió y murió con claras señales de santidad personal. Y le echaremos mucho de menos.

Traducción de Mªjosé Gavito Milano