Prosperidad: con o sin crecimiento

La crisis ecológico-social que se extiende por todos los países nos está obligando a repensar el crecimiento y el desarrollo, como sucedió en la Río+20. Sentimos empíricamente los límites de la Tierra. Los modelos hasta ahora vigentes se muestran insostenibles.

Por esta razón, muchos analistas afirman: los países desarrollados deben superar el fetiche del desarrollo/crecimiento sostenible a toda costa. Ellos no lo necesitan porque han conseguido prácticamente todo lo necesario para una vida decente y libre de necesidades. Por eso, en lugar de crecimiento/desarrollo se impone una visión ecológico-social: la prosperidad sin crecimiento (mejorar la calidad de vida, la educación, los bienes intangibles). Por el contrario, los países pobres y emergentes necesitan prosperidad con crecimiento. Ellos tienen urgencia de satisfacer las necesidades de sus poblaciones empobrecidas (80% de la humanidad).

Ya no es sensato perseguir el propósito central del pensamiento económico industrialista/consumista/capitalista que planteaba la pregunta: ¿cómo ganar más?, y que suponía la dominación de la naturaleza en vista del beneficio económico.

Ahora ante la realidad que ha cambiado, la pregunta es otra: ¿cómo producir, viviendo en armonía con la naturaleza, con todos los seres vivos, con los seres humanos y con el Trascendente?

En la respuesta a esta pregunta se decide si hay prosperidad sin crecimiento para los países desarrollados y con crecimiento para los pobres y emergentes.

Para comprender mejor esta ecuación es ilustrativo distinguir cuatro tipos de capital: el natural, el material, el humano y el espiritual. En la articulación de los cuatro se genera la prosperidad con o sin crecimiento. El capital natural está formado por los bienes y servicios que la naturaleza ofrece gratuitamente. El capital material es el producido por el trabajo humano. Y aquí hay que considerar bajo qué condiciones de explotación humana y de degradación de la naturaleza ha sido construido. El capital humano está formado por la cultura, las artes, las visiones de mundo, la cooperación, realidades pertenecientes  a la esencia de la vida humana. Aquí es importante reconocer que el capital material ha sometido al capital humano a distorsiones pues también ha hecho mercancía de los bienes culturales. Como denunció recientemente David Yanomami, chamán y cacique, en un libro lanzado en Francia y titulado La caída del cielo: «vosotros, blancos, sois el pueblo de la mercancía, el pueblo que no escucha la naturaleza porque solo se interesa por beneficios económicos»(desinformemonos.org).

Lo mismo se debe decir del capital espiritual. Pertenece también a la naturaleza del ser humano que se pregunta por el sentido de la vida y del universo, lo que podemos esperar más allá de la muerte, los valores de excelencia como el amor, la amistad, la compasión y la apertura al Transcendente. Pero debido al predominio de lo material, lo espiritual se encuentra anémico y todavía no puede mostrar toda su capacidad de transformación y de creación de equilibrio y de sustentabilidad a la vida humana, a la sociedad y a la naturaleza.

El desafío que se presenta hoy es: cómo pasar del capital material al capital humano y espiritual. Lógicamente, lo humano y lo espiritual no eximen del capital material. Necesitamos un cierto crecimiento material para garantizar, con suficiencia y decencia, el sostenimiento material de la vida.

Sin embargo, no podemos restringirnos a un crecimiento con prosperidad porque éste no es un fin en sí mismo. Se ordena al desarrollo integral del ser humano.

Modernamente, fue Amartya Sen, el indio y premio Nobel de economía de 1998, quien mejor nos ayudó a comprender lo que es el desarrollo humano, capaz de ser sostenible y traer prosperidad. El título de su libro define ya la tesis central: Desarrollo como libertad (Companhia das Letras 2001). El autor se sitúa en el corazón del capital humano al definir el desarrollo como «el proceso de expansión de las libertades sustantivas de las personas» (p. 336). Estas son fundamentalmente referidas a los derechos de definir el rumbo de la vida, de la profesión, de la exigencia de dignidad y de reconocimiento.

El brasilero Marcos Arruda, economista y educador, presentó también un proyecto de educación transformadora a partir de la praxis y como ejercicio democrático de todas las libertades (Educación para una economía del amor: educación de la praxis y economía solidaria, Idéias e Letras 2009).

No se trata solamente de atender a la nutrición y la salud, condiciones de base para cualquier prosperidad, lo decisivo reside en  transformar al ser humano. Para Amarthya Sen y para Arruda son fundamentales para eso la educación y la democracia participativa. La educación no para ser secuestrada como un artículo de mercado (profesionalización), sino como la forma de hacer surgir y desarrollar las potencialidades y capacidades del ser humano, cuya «vocación ontológica e histórica es ser más… lo que implica un superarse, un ir más allá de sí mismo, un activar los potenciales latentes en su ser» (Arruda, Educación para una economía del amor,103).

El crecimiento/desarrollo que busca la prosperidad supone entonces la ampliación de las oportunidades de modelar la vida y definirle un destino. El ser humano se descubre un ser utópico, es decir, un ser siempre en construcción, habitado por un sinnúmero de potencialidades. Crear las condiciones para que ellas puedan salir a la luz y sean implementadas es el propósito del desarrollo humano como prosperidad.

Se trata de humanizar lo humano. Al servicio de este propósito están los valores ético-espirituales, las ciencias, las tecnologías y nuestros modos de producción. La forma política más adecuada para propiciar el desarrollo humano sostenible y próspero es, según Sen y Arruda, al lado de la educación, la democracia participativa. Todos deben sentirse incluidos para, unidos, construir el bien común.

Este capital humano y espiritual cuanto más se usa más crece, al contrario del capital material que cuanto más se usa más disminuye. Este es el rumbo que la actual crisis nos apunta.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y autor de Sostenibilidad: qué es y qué no es, Trotta  2012.

Crise terminal de nosso modo de viver?

 

Das muitas crises pelas quais a humanidade passou, essa, seguramente, possui uma singularidade. Ela pode significar o fim de nossa existência sobre este planeta ou um salto para um novo patamar de civilização, ecoamigável, justa, compassiva e fraterna. A grande maioria da humanidade e os tomadores de decisões dos povos não se conscientizaram ainda desta nova situação. A Rio+20 foi escandalosamente cega e muda. Não se tomaram decisões. Foram proteladas para 2015.

Não obstante esta atitude insana, alguns fatos estão produzindo um novo estado de consciência na Humanidade. Podem ocasionar mudanças radicais. Eis alguns deles.

O primeiro, é a consciência de que podemos nos auto-destruir. O fim do mundo humano não  precisa ser mais obra divina, mas consequência de atos humanos. Hoje os países militaristas dispõem de uma máquina de morte com armas nucleares, químicas e biológicas, capazes de destruir, por 25 formas diferentes, toda a espécie humana. Podemos ser não só homicidas e ecocidas mas também biocidas e geocidas.

O segundo, é a descoberta da unidade Terra e Humanidade. É o legado que os astronautas nos deixaram. Eles testemunharam: a partir de  suas naves espaciais se comprova que não há separação entre Terra e Humanidade. Formam uma única entidade. Nós somos a porção da Terra que sente, pensa, ama e cuida. Humanidade e Terra são interdependentes e indivisíveis. Posteriormente, os cientistas demonstraram que a Terra é um sistema biofísico que regula os climas, garante a fertilidade dos solos e rege as corrente marítimas. Chamaram-na de Gaia, a Pacha Mama dos andinos.

O terceiro, são as mudanças climáticas com seus eventos extremos, coisa que os céticos não podem negar. Parte delas pertence à geofísica da Terra, mas a outra, acelerada, é em grande parte, produzida pela atividade humana. A roda já está girando e não há como pará-la. Ao alcançar  dois graus Celsius, o aquecimento será ainda admnistrável. Com a entrada do metano e do nitrato, o clima poderá acercar-se   a quatro e a cinco graus Celsius. Isso tornará grande parte da vida conhecida no planeta impossível. Milhões de seres humanos correriam risco de desaparecer.

O quarto fato é o fim da matriz energética baseada nos produtos fósseis como o petróleo, o gás e o carvão. Temos consciência de que não podemos mais sustentar este tipo de civilização altamente energívora. Precisamos desenvolver fontes alternativas limpas, baseadas na água, no sol, no vento, nas marés e na biomassa. Mas todas juntas são insuficientes para sustentar o nosso tipo de civilização. Forçosamente devemos mudar nossas formas de produção e de locomoção.

O quinto fato é a a tragédia social que afeta grande parte da Humanidade. As três pessoas mais ricas do mundo possuem ativos superiores à toda riqueza de 48 países mais pobres onde vivem 600 milhões de pessoas; 257 pessoas sozinhas acumulam mais riqueza que 3 bilhões de pessoas o que equivale a 45% da humanidade. O  resultado é que 1,2 bilhões de pessoas passam fome e outros tantos vivem na miséria; no Brasil, segundo M. Pochmann, mais ou menos 5 mil famílias possuem 46% da riqueza nacional. Que dizem esses dados senão expressar uma aterradora desumanidade?

Por fim, o sexto fato, é a consciência de que um outro mundo não é só possível mas necessário. Esta consciência ganhou expressão e visibilidade  nos Fórums Sociais Mundiais e na Cúpula dos Povos como agora durante a Rio+20. A nova ordem nascerá a partir de baixo, da contribuição de todos os povos e culturas e marcará uma nova etapa da Humanidade e da própria Terra. Uma superdemocracia planetária deverá forçosamente surgir que englobará vida, Terra e Humanidade num único destino comum. Ou então vamos ao colapso total.

Há que reconhecer que estamos dentro de um círculo vicioso do qual não sabemos como sair. Devemos produzir para  atender o consumo e criar postos de trabalho. Quanto mais consumimos, mais empobrecemos a natureza. Mas chegará o momento em que ela não aguentará mais. Por outro lado, se pararmos de consumir, fecham-se fábricas, cria-se desemprego, surge fome e miséria e estoura  a convulsão  social. Para onde vamos? Quem o saberá exatamente?

O certo é que assim como está, a sociedade mundial não poderá continuar. A prosseguir por este caminho, nos acercaremos do abismo. O ideal que se impõe é: como produzir o que necessitamos em harmonia com  os limites e os ritmos da natureza, com sentido de distribuição equitativa entre todos e solidários para com nossos filhos e netos que virão. Uma saída possível seria passar  do capital material para o capital humano e espiritual. Nele  ganhariam centralidade o ganha-ganha, a solidariedade, o cuidado que levarão a outras formas de produção  de consumo e de respeito aos limites.

Cada pessoa constitui uma república, dizia Edgar Morin, de 30 bilhões de células que se põem de acordo para manter o equilíbrio do sistema-vida. Como não será possível uma sociedade humana que conta  com apenas 7 bilhões de seres  humanos não pode colocar-se de acordo para viver em paz com a Terra, com todos os povos e com o próprio coração?

Leonardo Boff é ecoteólogo, filósofo e autor de O Tao da Libertação: explorando a ecologia da transformação, Vozes 2012.

Publicado no Jornal do Brasil digital 22/07/2012

 

 

 

Mães do Pinheirinho recebem Leonardo Boff

Em 24 de abril de 2012 as Mães do Pinheirinho recebem a visita de Leonardo Boff e sua admirável companheira Marcia Miranda em São José dos Campos. Isso acontece três meses após a violenta reintegração de posse da mais longa e maior ocupação urbana de sem tetos da América Latina. Foi emocionante… Sofrimento e a alegria foram compartilhados nesse encontro histórico. A presença e o apoio do casal fortaleceu a união e a esperança dessas mulheres que tentam reconstruir suas vidas. Nesse momento, as famílias estão espalhadas por diversos bairros da cidade, muitas passam fome e dormem em colchões no chão. Todos os seus pertences foram destruídos junto com suas casas. Muitos perderam seus empregos. Eles não sabem até quando vão receber o auxílio aluguel e estão angustiados pela falta de informação e precariedade de sua situação atual.

Leia também o artigo de Leonardo Boff sobre o massacre: Pinherinho resiste apesar do massacre e do terror

Brazil: from internationalized enterprise to biocentric society

There are classical interpretations about the forming of Brazil as a nation, but the one by the political analyst Luiz Gonzaga de Souza Lima is surely unique, and helps us understand Brazil in the present process of world globalization: The Refounding of Brazil: towards a bio-centric society (La refundación de Brasil: rumbo a una sociedad biocentrada (Rima, São Carlos 2011). His starting point is the brutal fact of the invasion and expropriation of Brazilian lands by the «colonizers» based on slavery and the super exploitation of nature. They came here not to found a society, but to create a large international private enterprise, a true agro-industry, in order to supply the world market. It was built by kingdoms, churches and big private companies such as those of the West Indies, the Oriental Indies, the Dutch of Mauritius and Nassau, with navigators, merchants, and bankers, who, without forgetting the modern vanguards, had new dreams, and sought quick wealth.

Once the land was occupied, they brought in sugar cane, then coffee, technologies which were modern for the time, capital, and African slaves. The slaves were considered «things» to be bought in the market, and like coal, to be consumed in the sugar mills. With reason Souza Lima affirms: “the outcome was the appearance of a new social configuration, unknown by humanity until that moment, created solely to serve the economy; in Brazil was born what can be called the «social enterprise formation»”.

Modernity was born in Brazil and in Latin America, in the sense of the utilization of logic of production, of the desire for unlimited accumulation and the systematic exploitation of nature, of the creation of immense towns of marginalized people. In this sense, Brazil has been new and modern, ever since her origins.

Europe could have her revolution, called modernity, with rights and democratic institutions, only because she was sustained by the brutal robbery carried out in the colonies. With Brazil’s political independence, the nature of the social enterprise formation did not change. All the impulses for development that arose did not undermine the dependent and subordinate character that resulted from the business orientation of our social structure. Even now, global world capital tends to try to shape our eventual future into our known past: it would behoove Brazil to be the great provider of raw materials for the world market, with little added value.

Enterprise-Brazil is the key, according to Souza Lima, to understanding the historical formation of Brazil and the place assigned to her in the present process of unequal globalization. The challenge lies in creating a society that suits us, and leads to a different future for us. The inspiration comes from something that is our own: Brazilian culture. Our culture was born of the slaves and their descendants, of the Indigenous that remained, of the mamelucos, the sons and daughters of poverty and crossbreeding. They created something singular, not that desired by the holders of power, who always rejected them and never recognized them as the subjects, and sons and daughters, of God.

What matters now is re-creating Brazil, «to build for the first time a human society in this immense and beautiful territory, something that never happened in all the modern era since Brazil was founded as an enterprise; to create a society with the sole objective of saving our people». It is about moving from Brazil as an economically internationalized state, to Brazil as a biocentric society.

As a biocentric society, the Brazilian people will transcend modernity, corrupted as it is by injustice and greed, that is leading humanity to the abyss. Still, for better or worse, our modernity helped us forge a physical infrastructure that can support building a bio-civilization that loves life in all its forms, where all differences peacefully coexist, and that has the capacity to synthesize the most diverse factors.

In this context, Souza Lima links the refounding of Brazil to the promises of the new world that must succeed this agonizing one, that is incapable of projecting any horizon of hope for humanity. Brazil could be,as others, the niche that generates new dreams, with the real possibility of carrying them out in harmony with Mother Earth, and in a manner open to all peoples.