Pueblos indígenas: nuestros maestros y doctores en ecología

La cuestión de los pueblos originarios ha los titulares nacionales e internacionales con el reciente asesinato del indigenista Bruno Pereira y del periodista inglés Dom Phillips en el Valle del Jari amazónico y sobre todo por el abandono que aquellos han sufrido por parte del gobierno actual, de corte genocida, por largo tiempo y en particular durante la pandemia de Covid-19 que debe haber costado la vida de cerca de mil indígenas.

Sorprendente, aunque tardía, fue la petición de disculpa del Papa Francisco, en su visita a Canadá en julio, a las familias de niños indígenas, arrancados de su medio e internados en colegios católicos en los que hubo muchas muertes. Ellos no se contentaron con esa disculpa papal. Uno de los líderes dijo valientemente al Papa: dejen de empujarnos a superar esta tragedia, queremos que nos entiendan, que respeten nuestra sabiduría ancestral, que favorezcan nuestra curación y nos dejen vivir según nuestras tradiciones. Algo parecido dijeron los indígenas bolivianos con ocasión de la visita del Papa Juan Pablo II: la Biblia que nos traen, dénsela a los europeos, ellos la necesitan más que nosotros porque fueron ellos quien de forma deshumanizadora nos colonizaron y casi acabaron con nosotros.

Nunca hemos pagado la deuda centenaria que tenemos con los pueblos originarios brasileros, latinoamericanos y caribeños. Ellos son los huéspedes originarios de estas tierras que les están siendo invadidas y robadas en función de la voracidad de los madereros, los buscadores de oro y la minería.

El cuidado hacia todo lo que existe y vive

Ahora que estamos en alarma ecológica planetaria, sin saber qué soluciones encontrar ante el creciente calentamiento del planeta, descubrimos finalmente cómo esos pueblos tratan con sabiduría la naturaleza, el cuidado de las selvas y de la Madre Tierra. Ellos son nuestros maestros y doctores en el sentimiento de pertenencia, de hermandad y de respeto por todo lo que existe y vive. Alimentan una profunda concordia entre ellos y con la comunidad de vida, cosa que nosotros hemos perdido desde hace siglos. Estamos sufriendo los daños irreversibles de nuestra devastación. Aún no hemos sacado las lecciones que Gaia, la Pachamama y Madre Tierra nos está dando con la irrupción del Covid-19. Buscamos volver al orden anterior, que es justamente el que propició la irrupción de numerosos virus, el último, la viruela del mono.

Enumeremos algunos valores de su modo de estar en este mundo natural.

Integración sinfónica con la naturaleza

El indio se siente parte de la naturaleza y no un extraño dentro de ella. Por eso en sus mitos, los seres humanos y otros seres vivos conviven y se casan entre sí. Intuyeron lo que sabemos por ciencia empírica: que todos formamos una cadena única y sagrada de vida. Ellos son eximios ecologistas. La Amazonia, por ejemplo, no es tierra intocable. A lo largo de miles de años, las decenas de naciones indígenas que viven allí interactuaron sabiamente con ella. Casi el 12% de toda la selva amazónica de tierra firme ha sido manejada por ellos, promoviendo “islas de recursos”, desarrollando especies vegetales útiles o bosques con alta densidad de castaños de Brasil y frutas de toda especie. Fueron plantadas y cuidadas para sí y para aquellos que por ventura pasasen por allí.

Los Yanomami saben aprovechar el 78% de las especies de árboles de sus territorios, teniendo en cuenta la inmensa biodiversidad de la región, que es del orden de 1200 especies por área del tamaño de un campo de fútbol . Para ellos la Tierra es la Madre del indio. Está viva y por eso produce todo tipo de seres vivos. Debe ser tratada con la reverencia y el respeto que se debe a las madres. Nunca hay que abatir animales, peces o árboles por puro gusto, sino solo para atender necesidades humanas. Incluso así, cuando se derriban árboles o se hacen cazas y pescas mayores, organizan ritos de disculpa para no violar la alianza de amistad entre todos los seres.

Esa relación sinfónica con la comunidad de vida es imprescindible para garantizar el futuro común de la propia vida y el de la especie humana.

Sabiduría ancestral

Conociendo un poco las distintas culturas indígenas, identificamos en ellas una profunda capacidad de observación de la naturaleza con sus fuerzas y de la vida con sus vicisicitudes. Su sabiduría se tejió a través de la sintonía fina con el universo y de la escucha del lenguaje de la Tierra. Saben mejor que nosotros unir el cielo con la tierra, integrar vida y muerte, compatibilizar trabajo y diversión, confraternizar el ser humano con la naturaleza. En este sentido ellos son altamente civilizados aunque su tecnología sea finísima pero no contemporánea.

Intuitivamente acertaron con la vocación fundamental de nuestro efímero paso por este mundo que es captar la majestad del universo, saborear la belleza de la Tierra y sacar del anonimato al Ser que hace ser a todos los seres, llamándolo con mil nombres Palop, Tupã, Ñmandu y otros. Todo existe para brillar. Y el ser humano existe para danzar y festejar ese brillo.

Esa sabiduría necesita ser rescatada por nuestra cultura secularista y nada respetuosa de las distintas formas de vida. Sin ella difícilmente pondremos límites al poder que será capaz de destruir nuestro sonriente Planeta vivo.

Actitud de veneración y de respeto

Para los pueblo indígenas, así como para algunos de nuestros pensadores contemporáneos, como el recientemente fallecido James Lovelock, el formulador de la teoría de la Tierra como Gaia, todo está vivo y todo viene cargado de mensajes que hay que descifrar. El árbol no es solo un árbol. Él se comunica por sus olores. Tiene brazos que son sus ramas, tiene mil lenguas que son sus hojas, une el Cielo con la Tierra por sus raíces y por la copa. Ellos consiguen naturalmente captar el hilo que liga y re-liga todas las cosas entre sí y con la Divinidad. Cuando danzan y toman las bebidas rituales realizan llevan una experiencia de encuentro con lo Divino y con el mundo de los ancianos y de los sabios que están vivos en el otro lado de la vida. Para ellos lo invisible es parte de lo visible. Es importante aprender esta lección de ellos.

La libertad, la esencia de la vida indígena

La falta de libertad de los días actuales nos atormenta. La complejidad de la vida, la sofisticación de las relaciones sociales generan sentimientos de prisión y de angustia. Los pueblos indígenas nos dan testimonio de una inconmensurable libertad. Bástenos la declaración de los grandes indigenistas, los hermanos Orlando y Cláudio Villas Boas: “El indio es totalmente libre, sin tener que dar satisfacción de sus actos a nadie… Si una persona da un grito en el centro de São Paulo, una radiopatrulla puede llevarlo preso. Si un indio diera un tremendo chillido en medio de la aldea, nadie le mirará ni le preguntará por qué gritó. El indio es un hombre libre”. Esa libertad está muy bien representada por el extraordinario liderazgo de Ailton Krenak y por sus escritos.

La autoridad, el poder como servicio y despojamiento

La libertad vivida por los índígenas confiere una marca singular a la autoridad de sus caciques. Estos nunca tienen poder de mando sobre los demás. Su función es de animación y de articulación de las cosas comunes, respetando siempre el don supremo de la libertad individual. Especialmente entre los Guaraní se vive ese elevado sentido de la autoridad, cuyo atributo esencial es la generosidad. El cacique debe dar todo lo que le piden y no debe guardar nada para sí. En algunas comunidades se puede reconocer al jefe en la persona de quien lleva los ornamentos más pobres, pues todo el resto ha sido donado. Nosotros los occidentales definimos el poder bajo su forma autoritaria: “la capacidad de conseguir que el otro haga lo que yo quiero”. Debido a esta concepción, las sociedades están desgarradas permanentemente por conflictos de autoridad.

Imaginemos el siguiente escenario: en el caso de que el cristianismo se hubiese encarnado en la cultura social guaraní y no en la greco-romana, tendríamos entonces curas pobres, obispos miserables y el papa, un verdadero mendigo. Pero su marca registrada sería la generosidad y el servicio humilde a todos. Entonces sí, podrían ser testigos de Aquel que dijo: “estoy entre vosotros como quien sirve”. Los indígenas habrían captado ese mensaje como connatural a su cultura y, tal vez, se habrían adherido libremente a la fe cristiana.

Como se deduce de todas estas cosas, reafirmo, los indígenas puede ser nuestros maestros y nuestros doctores, como se decía de los pobres en la Iglesia primitiva.

*Leonardo Boff ha escrito El casamiento entre el Cielo y la Tierra, cuentos de indígenas brasileros (con un suplemento sobre datos actualizados de su universo), Planeta 2022.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Der Zustand der Welt: Zivilisationskrise, Drama oder Tragödie?

                                        Leonard Boff*

Folgen Sie mir bei diesem Gedanken: Kann jemand sagen, wohin wir gehen? Weder der Dalai Lama, noch Papst Franziskus oder irgendeine andere Autorität werden es sagen können. Es gibt jedoch drei ernste Warnungen: eine von Papst Franziskus in seiner jüngsten Enzyklika Fratelli tutti von 2020: “Wir sitzen alle im selben Boot: Entweder sind wir alle gerettet oder niemand ist gerettet” (Nr. 32). Eine andere, ebenfalls sehr wichtige, ist die Erd-Charta von 2003: “Die Menschheit muss sich für ihre Zukunft entscheiden, und die Wahl ist folgende: eine globale Gesellschaft zu bilden, die sich um die Erde und um einander kümmert, oder die Zerstörung von uns selbst und der Vielfalt des Lebens zu riskieren” (Präambel). Die dritte stammt von UN-Generalsekretär António Guterres Mitte Juli 2022 auf einer Konferenz zum Klimawandel in Berlin: “Wir haben die Wahl: kollektives Handeln oder kollektiver Selbstmord. Es liegt in unserer Hand.”

Die meisten sitzen nicht im selben Boot, sorgen sich nicht um andere und führen keine gemeinsamen Aktionen durch. Betrachten wir einige Phänomene: Brasilien erlebt eine Welle des Hasses, der Lügen und der Gewalt gegen eine Vielzahl von Menschen, die feige verachtet und diffamiert werden, eine Welle, die von dem Präsidenten gefördert wird, der Folter und Diktaturen lobt und ständig die Verfassung verletzt. Ohne jeden Beweis stellt er die Sicherheit der Wahlen in Frage. Er ruft alle Botschafter auf, unsere Rechtsinstitutionen schlecht zu machen, und deutet an, dass er einen Staatsstreich durchführen wird, wenn er nicht wiedergewählt wird. Er begeht ein Verbrechen gegen das Land, ein Grund, seine Kandidatur in Frage zu stellen. Und damit meinen wir nicht den Hunger und die Arbeitslosigkeit von Millionen von Menschen im Lande.

Die ökologische Situation in der Welt ist nicht weniger besorgniserregend: Mitten im europäischen Sommer hat das Wetter 40 Grad oder mehr erreicht. In praktisch allen Ländern der Welt gibt es Brände. Das sind die Extremereignisse, die durch die globale Erwärmung noch verschärft werden. In diesem Jahr hatten wir in unserem Land große Überschwemmungen im Süden von Bahia, im Norden von Minas, am Tocantins-Fluss und am Amazonas sowie tragische Erdrutsche in Petrópolis und Angra dos Reis mit unzähligen Opfern und gleichzeitig eine lang anhaltende Dürre im Süden. Es gibt 17 Kriegsausbrüche in der Welt, der sichtbarste von allen in der Ukraine, die von Russland mit einer hohen Zerstörungskraft angegriffen wird.

Die Entscheidung der westlichen Länder, die der NATO angehören, deren Hauptakteur die Vereinigten Staaten sind, eine “neue strategische Verpflichtung” einzugehen und von einem Defensivpakt zu einem Offensivpakt überzugehen, ist sehr schwerwiegend. Sie erklärt ipsis litteris Russland zum gegenwärtigen Feind, und später auch China. Es handelt sich nicht um einen Konkurrenten oder Gegner, sondern um einen Feind, der aus der Sicht des Hitler-Juristen Carl Schmitt mit allen Mitteln bekämpft und vernichtet werden muss, auch mit militärischen und in letzter Konsequenz mit nuklearen Mitteln. Wie der renommierte Umweltökonom Jeffrey Sachs, bekräftigt durch Noam Chomsky, feststellte: Wenn dies geschähe, wäre es das Ende unserer Gattung. Das wäre die große Tragödie.

Die vielleicht größte Bedrohung geht von der bereits erwähnten beschleunigten globalen Erwärmung aus. Mit den gemeinsamen Anstrengungen aller Länder sollte die Erwärmung bis 2030 auf 1,5 Grad Celsius begrenzt werden. Jetzt wissen wir, dass sie sich beschleunigt hat; mit dem massiven Eintritt von Methan durch das Schmelzen der Polkappen und des Permafrostes wurde bis 2027 gerechnet. Der letzte dreibändige Bericht des Zwischenstaatlichen Ausschusses für Klimaänderungen (bekannt unter der englischen Abkürzung IPCC), der vor einigen Monaten veröffentlicht wurde, warnte davor, dass es schon viel früher so weit sein könnte. Es besteht die Gefahr eines “abrupten Sprungs”, der die Temperatur um 2,7 oder mehr Grad Celsius ansteigen lassen kann, worauf zuvor die Nordamerikanische Akademie der Wissenschaften hingewiesen hatte. Der IPCC kommt zu dem Schluss, “dass die Auswirkungen auf der ganzen Welt eine Bedrohung für die Menschheit darstellen”.

Ein großer Teil der lebenden Organismen kann sich nicht anpassen und verschwindet schließlich. Genauso können Scharen von Menschen schrecklich leiden und auch vor ihrer Zeit sterben. Ein solches Ereignis kann in den nächsten 3-4 Jahren eintreten. Es scheint, dass Analysten und Planer diese Möglichkeit nicht in Betracht ziehen. Daher ist es verständlich, dass einige Klimawissenschaftler Technofatalisten und Skeptiker sind. Sie behaupten, dass wir mit den Milliarden Tonnen CO2 und anderen Treibhausgasen, die sich bereits in der Atmosphäre angesammelt haben (wo sie fast 100 Jahre lang verbleiben), nicht in der Lage sind, die globale Erwärmung zu verhindern. Wir sind zu spät dran. Extremereignisse werden unweigerlich kommen, häufiger werden und mehr Schaden anrichten und Teile der terrestrischen Biome und Meeresküsten verwüsten. Da wir über Wissenschaft und Technologie verfügen, können wir die schädlichen Auswirkungen nur abmildern, aber nicht verhindern. Es handelt sich um eine Krise unserer Zivilisation, die die natürlichen Lebensgrundlagen der Erde verwüstet.

Zu diesem dramatischen Bild kommt noch die Überlastung der Erde hinzu: Wir verbrauchen mehr, als sie uns bieten kann, denn wir brauchen mehr als anderthalb Erden (1,7), um den Bedarf an menschlichem Konsum zu decken, vor allem den üppigen der Oberschicht. Angesichts dieses unbestreitbar dramatischen Szenarios stellt sich die Frage, was wir denken sollen. Dass wir vielleicht an der Reihe sind, vom Angesicht der Erde ausgeschlossen zu werden? Angesichts der Unersättlichkeit des globalisierten Produktionsprozesses, der keine Mäßigung kennt, verschwinden jedes Jahr fast 100.000 Arten von Lebewesen.

Hier können wir die Worte des bedeutenden französischen Naturforschers Théodore Monod aufgreifen, die wir schon einige Male zitiert haben: “Wir sind zu wahnsinnigem und irrsinnigem Verhalten fähig; von nun an können wir alles fürchten, auch die Vernichtung der menschlichen Rasse: Das wäre der gerechte Preis für unsere Torheiten und unsere Grausamkeit”. Diese Meinung wird von anderen namhaften Persönlichkeiten wie Toynbee, Lovelock, Rees, Jacquard, Chomsky u. a. geteilt.

Wir können nicht wissen, wie unsere Zukunft aussehen wird. Aber sie kann nicht eine Verlängerung der Gegenwart sein. Das Wesen der kapitalistischen Logik wird sich nicht ändern, denn sonst müsste sie aufgeben, was sie ist und sein will: unbegrenzte Akkumulation ohne Rücksicht auf die externen Effekte. Wie Hans Jonas in seinem Buch „Das Prinzip Verantwortung“ gezeigt hat, kann der Faktor Angst und Furcht entscheidend sein. Wenn der Mensch erkennt, dass er verschwinden kann, wird er alles tun, um zu überleben, wie die antiken Schiffe, die, wenn sie zu sinken drohten, ihre gesamte Ladung ins Meer warfen. Es wird zu radikalen Veränderungen kommen, insbesondere in der Produktionsweise und im sparsamen und solidarischen Konsum.

Es gibt noch das Prinzip des Unwägbaren und des Unerwarteten der Quantenmechanik. Die Evolution ist nicht linear. In Momenten hoher Komplexität und großen Chaos kann sie einen Sprung zu einer neuen Ordnung machen und ein anderes Gleichgewicht erreichen. In unserem Fall ist das nicht unmöglich. Aber es wird sicherlich auch unter Einsatz vieler Menschenleben geschehen. Das ist unser Drama.

Schließlich haben wir die theologische Hoffnung, das jüdisch-christliche Erbe, das ebenfalls als ein Ergebnis des evolutionären Prozesses und nicht als etwas Exogenes verstanden werden muss. Sie bekräftigt das Prinzip des Lebens und des lebendigen und lebensspendenden Gottes, der alles aus Liebe geschaffen hat. Er wird in der Lage sein, die Bedingungen dafür zu schaffen, dass sich die Menschen auf einen anderen Weg ihres Schicksals begeben und sich so selbst retten können. Aber “chi lo sa”? Es liegt an uns, die Hoffnung von Paulo Freire zu haben, d. h. die Bedingungen für eine lebensfähige Utopie zu schaffen, die Hoffnung, dass das Unerwartete geschieht und dass das Leben immer eine Zukunft hat und dazu bestimmt ist, sich zu verändern, um weiterzugehen und weiter zu leuchten.
 * Leonardo Boff ist Autor der Bücher Die schmerzhafte Geburt von Mutter Erde: A Society of Fraternity Without Borders and Universal Love, Vozes 2021 und Inhabiting the Earth, Vozes 2022; mit Mark Hathaway, The Tao of Liberatioon: explorind the ecology of transformation, Orbis Books, NY 2010.

Povos indígenas: nossos mestres e doutores                                                                    

Com o assassinato recente do indigenista Bruno Pereira e o do jornalista  inglês Dom Phillips no vale do Jari amazônico e mais que tudo pelo abandono que sofreram por parte do atual governo, de viés genocida, por longo tempo, durante da pandemia do Covid-19 que, ao todo, deve ter custado a vida de cerca de mil indígenas, a questão dos povos originários ganhou as manchetes nacionais e internacionais.

Surpreendente, embora tardio, foi o pedido de desculpa do Papa Francisco em sua visita em julho ao Canadá, às famílias de crianças indígenas, arrancadas de seu meio e internadas em colégios católicos com muitas mortes. Eles não se contentaram com essa desculpa papal. Uma das lideranças corajosamente disse ao Papa:parem de nos fazer superar esta tragédia, queremos que nos entendam, que respeitem a nossa sabedoria ancestral, que favoreçam a nossa cura e nos deixem viver segundo as nossas tradições. Algo semelhante disseram indígenas bolivianos por ocasião da visita do Papa João Paulo II: a Bíblia que nos dão, entreguem-na aos europeus, pois eles precisam dela mais do que nós porque foram eles que de forma desumanizadora nos colonizaram e quase nos dizimaram.

Nunca pagamos a dívida centenária que temos para com os povos originários brasileiros, latino-americanos e caribenhos. Eles são os hóspedes originários destas terras que lhes estão sendo invadidas e roubadas em função da voracidade dos madeireiros, do ouro e da mineração.

O cuidado para com tudo o que existe e vive

Agora que estamos sob um alarme ecológico planetário, sem saber que soluções encontrar face ao crescente aquecimento do planeta, descobrimos, finalmente, como eles com sabedoria tratam a natureza, o cuidado para com as florestas e a Mãe Terra. Eles são nossos mestres e doutores no sentimento de pertença, de irmandade e de respeito por tudo o que existe e vive. Nutrem uma profunda concórdia entre eles e com a comunidade de vida, coisa que nós há séculos perdemos. Estamos sofrendo os danos irremissíveis de nossa devastação. Ainda não tiramos as lições que Gaia, a Pacha Mama e Mãe Terra nos está dando com a intrusão do Covid-19. Buscamos volver à ordem anterior, justamente aquela que propiciou a irrupção de inúmeros vírus, o último, a varíola do macaco. Elenquemos alguns valores de seu modo de estar neste mundo natural.

Integração sinfônica com a natureza.

O índio se sente parte da natureza e não um estranho dentro dela. Por isso, em seus mitos, seres humanos e outros seres vivos convivem,m e casam entre si. Intuíram o que sabemos pela ciência empírica que todos formamos uma cadeia única e sagrada de vida. Eles são exímios ecologistas. A Amazônia, por exemplo, não é terra intocável. Em milhares de anos, as dezenas de nações indígenas que ai vivem, interagiram sabiamente com ela. Quase 12% de toda floresta amazônica de terra firme foi manejada por eles, promovendo “ilhas de recursos”, desenvolvendo espécies vegetais úteis ou bosques com alta densidade de castanheiras e frutas de toda espécie. Elas foram plantadas e cuidadas para si e para aqueles que, por ventura, por ai passassem.

Os Yanomami sabem aproveitar 78% das espécies de árvores de seus territórios, tendo-se em conta a imensa biodiversidade da região, na ordem 1200 espécies por área do tamanho de um campo de futebol.

Para eles a Terra é Mãe do índio. Ela é viva e por isso produz todo tipo de seres vivos. Deve ser tratada com reverência e respeito que se deve às mães. Nunca se há de abater animais, peixes ou árvores por puro gosto, mas somente para atender necessidades humanas. Mesmo assim, quando se derrubam árvores ou se fazem caçadas e pescarias maiores, organizam-se ritos de desculpa para não violar a aliança de amizade entre todos os seres.

Essa relação sinfônica com a comunidade de vida é imprescindível para garantirmos o futuro comum da própria vida e o da espécie humana.

Sabedoria ancestral.

Conhecendo-se um pouco as diversas culturas indígenas, identificamos nelas profunda capacidade de observação da natureza com suas forças  e da vida com suas  vicissitude . A sabedoria deles se teceu  através da sintonia fina com o universo e  da escuta atenta da linguagem da Terra. Sabem melhor do que nós, casar céu com a terra, integrar vida e morte, compatibilizar trabalho e diversão, confraternizar ser humano com a  natureza. Nesse sentido eles são altamente civilizados embora sua tecnologia seja finíssima mas não contemporânea.

Intuitivamente, atinaram com a vocação fundamental de nossa efêmera passagem por esse mundo que é captar a majestade do universo, saborear a beleza da Terra e tirar do anonimato aquele Ser que faz ser todos os seres, chamando-o por mil nomes Palop, Tupã, Ñmandu e outros.  Tudo existe para brilhar. E o ser humano existe para dançar e festejar esse brilho.

Essa sabedoria precisa ser resgatada por nossa cultura secularista e desrespeitosa das várias formas de vida. Sem ela dificilmente pômos limites ao poder que poderá destruir o nosso ridente Planeta vivo

Atitude de veneração e de respeito.

Para os povos  indígenas, bem  como para alguns contemporâneos, como o recém falecido James Lovelock, o formulador da teoria da Terra como Gaia, tudo é vivo e tudo vem carregado de mensagens que importa decifrar. A árvore não é apenas uma árvore. Ela se comunica por seus odores. Possui braços que são seus ramos, tem mil línguas que são suas folhas, une o  Céu com a Terra por suas raízes e  pela copa. Eles conseguem, naturalmente, captar o fio que liga e re-liga todas as coisas entre si e com a Divindade. Quando  dançam e tomam as beberagens rituais fazem uma experiência de encontro como Divino e com o mundo dos anciãos e dos sábios que estão vivos no outro lado da vida. Para eles, o invisível é parte do visível. Essa lição importa aprender deles.

       A liberdade, a essência da vida indígena.

Nos dias atuais a falta de liberdade nos atormenta. A complexidade da vida, a sofisticação das relações sociais geram sentimento de prisão e de angústia. Os povos indígenas nos dão o testemunho de uma incomensurável liberdade. Baste-nos o depoimento dos grandes indigenistas, os irmãos Orlando e Cláudio Villas Boas: “O índio é totalmente livre, sem precisar de dar satisfação de seus atos a quem quer que seja… Se uma pessoa der um grito no centro de São Paulo, uma rádio-patrulha poderá levá-lo preso. Se um índio der um tremendo berro no meio da aldeia, ninguém olhará para ele, nem irá perguntar por que ele gritou. O índio é um homem livre”. Essa liberdade é tão apresentada pela extraordinária liderança Krenak e por seus escritos, Ailton Krenak.

       A autoridade, o poder como serviço e despojamento.

A liberdade vivida pelos indígenas confere uma  marca singular à  autoridade de seus caciques. Estes nunca têm poder de mando sobre os demais. Sua função é de animação e de articulação das coisas comuns, sempre respeitando o dom supremo da liberdade individual. Especialmente, entre os Guarani se vive esse alto sentido da autoridade, cujo atributo essencial é a generosidade. O cacique deve dar tudo o que lhe pedem e não deve guardar nada para si. Em algumas tabas se pode reconhecer o chefe na pessoa de quem traz ornamentos  mais pobres, pois, o resto foi tudo doado.  Nós ocidentais definimos o poder sob sua forma autoritária:“a capacidade de conseguir  com que o outro faça aquilo que eu quero”. Em razão desta concepção, as sociedades são dilaceradas permanentemente por conflitos de autoridade.      

Imaginemos o seguinte cenário: caso o cristianismo, se tivesse encarnado na cultura social guarani e não naquela greco-romana, teríamos então padres pobres, bispos miseráveis e o papa um verdadeiro mendigo. Mas sua marca registrada seria a generosidade e o serviço humilde a todos. Então, sim, poderiam ser testemunhas d’Aquele que disse:”estou entre vós como quem serve”. Os indígenas teriam captado essa mensagem como co-natural à sua cultura  e, quem sabe, livremente aderido à fé cristã.

 Como se depreende, em tantas coisas, reafirmo, os indígenas podem ser nossos mestres e nossos doutores, como se dizia dos pobres na Igreja dos primórdios.

Leonardo  Boff escreveu O casamento entre o Céu e a Terra,contos de indígenas brasileiros,(com um suplemento sobre dados atualizados do seu universo),Planeta 2022.

La confrontación bolsonarista de “el Bien contra el Mal”: un error filosófico, un antagonismo falso y una propuesta absurda

El enfrentamiento que el PL y el presidente a él afiliado proponen como estrategia política de campaña electoral, es un indiscutible error filosófico. Es maniqueísmo que imagina falsamente que hay un principio dualista: por un lado solamente el mal y por el otro solamente el bien en continuo enfrentamiento. Ellos, los fanatizados, se presentan como los portadores del bien. Los otros, del mal.

Reflexionemos: Toda realidad humana personal y social carga, mezcladas y juntas, con las dimensiones de bien y las dimensiones de mal. Esa es la condición concreta de la realidad histórica: la convivencia, junta y mezclada, de ambas dimensiones. Cada uno da primacía a una de estas dimensiones, al bien o al mal, aunque no consiga, como una sombra, liberarse de ella, pero puede mantenerla bajo vigilancia. Aquí surge el carácter ético de la opción y de sus prácticas, ya sea de la dimensión del bien o la del mal. 

Cuando un grupo fanatizado y su líder optan por el odio, por el espíritu de venganza, por la mentira, por la violencia, por la magnificación de la dictadura y de la tortura, usa fake news, estos decididamente no pueden reivindicar “nosotros somos hombres del bien”. Ellos optaron por el mal, admitamos, sin conseguir sofocar el bien que es inherente a nuestra naturaleza personal y social. Esto es sin lugar a dudas lo que está ocurriendo con el actual presidente y sus seguidores, ciegos de odio y llenos de rabia. Quieren el mal para sus adversarios pensando hacer bien al país. En realidad,invierten la realidad cometiendo un error filosófico. 

Los fanáticos bolsonaristas y su líder, con características de conducta desviada por su completa falta de empatía, por la brutalización de sus comunicaciones y la pérdida de la dignidad inherente al cargo que ocupa, proponen un falso antagonismo. ¿Cuál es el verdadero antagonismo: es entre la defensa de la vida, a partir de los más vulnerables o la completa falta de cuidado de ella, especialmente en este momento de la pandemia del Covid-19? ¿Es la transparencia en la cosa pública o un presupuesto secreto, sin criterios técnicos y falto de toda equidad en la distribución de los miles de millones de reales? ¿Es la búsqueda del equilibrio y de la paz social o el empeño en agudizar conflictos, destruir la reputación de autoridades y de políticos con falsas acusaciones y dossiers manipulados? ¿Es defender el pacto social codificado en la Constitución y en las leyes o atacarlo sistemáticamente incumpliendo toda y cualquier norma? ¿Es amenazar con una ruptura institucional, rompiendo el equilibrio de los tres poderes y difamando especialmente a uno de ellos, el STF? ¿Es armar al pueblo con todo tipo de armas (las armas son para matar, ya sea agrediendo o defendiendo) en vez de enseñar a amar, propiciar el diálogo, la conciliación y el gana-gana? Y podríamos aducir más datos del antagonismo, como la malévola destrucción del proceso educativo, el desmantelamiento de la cultura y la incentivación de la discriminación y el odio contra negros, indígenas, mujeres y personas de otra opción sexual en vez de propiciar la convivencia pacífica y la acogida de las diferencias? Pues el grupo fanatizado de los bolsonaristas y de su líder promueven y exaltan este falso y odioso antagonismo.

En toda política existe oposición pero no se puede transformar en una contraposición, transformando al adversario en enemigo. Y lo hacen cotidianamente.

Finalmente, nos encontramos ante con una propuesta absurda, desprovista de todo sentido humano. Ninguna sociedad históricamente conocida prosperó y se consolidó sobre la exclusión, el odio, la persecución, la injusticia, la mentira y la afirmación de la muerte. Formular tal propuesta repugna a la inteligencia que se rige por la búsqueda de la verdad y enfrenta la conciencia de los valores éticos y morales. Mediante la violencia y la represión ella puede ser impuesta durante cierto tempo pero no tiene salud interior para poder afirmarse.

Esta propuesta absurda del enfrentamiento entre el bien y el mal como lema electoral del PL y del presidente, buscando con tal estrategia la reelección, está destinada al más rotundo fracaso. En el fondo esta propuesta es suicida. Como decía un conocido escritor brasilero citando a Shakespeare: ellos toman el veneno pensando que el otro va a morir envenenado. Ellos se están envenenando.

Esta elección de 2022 tiene un claro carácter plebiscitario: o bien optamos por la vida de la naturaleza y por la vida de las grandes mayorías humilladas, ofendidas, con hambre y desempleadas o bien optamos por el poder que castiga, marginaliza cobardemente, destruye la democracia y el Estado democrático de derecho, destroza la naturaleza, desvía los bienes públicos y prolonga la dependencia para imponer un autoritarismo fascistoide, obtuso, anti-vida, anti-cultura y anti-pueblo y dependiente siempre de un poder mayor y extranjero. Después, esta segunda opción transformará nuestro país en paria, en el cual las grandes mayorías vivirán en exclusión, en la marginación y en la pobreza si no en miseria humillante.

Debemos reconstruir lo que fue destruido y aprovechar la ocasión para llevar a cabo el sueño de nuestros mejores de concluir la refundación de Brasil, expresión de una civilización biocentrada en los trópicos. Por su magnitud y abundancia de bienes de vida podrá ser la fuente de agua dulce para saciar la sed de millones de personas y la mesa para las hambres del mundo entero.

*Leonardo Boff ha escrito Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano