Coronavirus: ¿reacción y represalia de Gaia?

Todo está relacionado con todo: es hoy un dato de la conciencia colectiva de los que cultivan una ecología integral, como Brian Swimme y tantos otros científicos y el Papa Francisco en su encíclica “Sobre el cuidado de la Casa Común”. Todos los seres del universo y de la Tierra, también nosotros, los seres humanos, estamos envueltos en intrincadas redes de relaciones en todas las direcciones, de suerte que no existe nada fuera de la relación. Esta es también la tesis básica de la física cuántica de Werner Heisenberg y de Niels Bohr.

Eso lo sabían los pueblos originarios, como lo expresan las sabias palabras del cacique Seattle en 1856: “De una cosa estamos seguros: la Tierra no pertenece al hombre. Es el hombre quien pertenece a la Tierra. Todas las cosas están interligadas como la sangre que une a una familia; todo está relacionado entre sí. Lo que hiere a la Tierra hiere también a los hijos e hijas de la Tierra. No fue el hombre quien tejió la trama de la vida: él es meramente un hilo de la misma. Todo lo que haga a la trama, se lo hará a sí mismo”. Es decir, hay una íntima conexión entre la Tierra y el ser humano. Si agredimos a la Tierra, nos agredimos también a nosotros mismos y viceversa.

Es la misma percepción que tuvieron los astronautas desde sus naves espaciales y desde la Luna: Tierra y humanidad son una misma y única entidad. Bien lo declaró Isaac Asimov en 1982 cuando, a petición del New York Times, hizo un balance de los 25 años de la era espacial: “El legado es la constatación de que, en la perspectiva de las naves espaciales, la Tierra y la humanidad forman una única entidad (New York Times, 9 de octubre de 1982)”. Nosotros somos Tierra. Hombre viene de húmus, tierra fértil, el Adán bíblico significa hijo e hija de la Tierra fecunda. Después de esta constatación, nunca más ha apartado de nuestra conciencia que el destino de la Tierra y el de la humanidad están indisociablemente unidos.

Desafortunadamente ocurre aquello que el Papa lamenta en su encíclica ecológica: “nunca maltratamos y herimos a nuestra Casa Común como en los dos últimos siglos” (n.53). La voracidad del modo de acumulación de la riqueza es tan devastadora que hemos inaugurado, dicen algunos científicos, una nueva era geológica: la del antropoceno. Es decir, quien amenaza la vida y acelera la sexta extinción masiva, dentro de la cual estamos ya, es el mismo ser humano. La agresión es tan violenta que más de mil especies de seres vivos desaparecen cada año, dando paso a algo peor que el antropoceno, el necroceno: la era de la producción en masa de la muerte. Como la Tierra y la humanidad están interconectadas, la muerte se produce masivamente no solo en la naturaleza sino también en la humanidad misma. Millones de personas mueren de hambre, de sed, víctimas de la guerra o de la violencia social en todas partes del mundo. E insensibles, no hacemos nada.

No sin razón James Lovelock, el formulador de la teoría de la Tierra como un superorganismo vivo que se autorregula, Gaia, escribió un libro titulado La venganza de Gaia (Planeta 2006). Calculo que las enfermedades actuales como el dengue, el chikungunya, el virus zica, el sars, el ébola, el sarampión, el coronavirus actual y la degradación generalizada en las relaciones humanas, marcadas por una profunda desigualdad/injusticia social y la falta de una solidaridad mínima, son una reaacción, hasta una represalia de Gaia por las ofensas que le infligimos continuamente. No diría como J. Lovelock que es “la venganza de Gaia”, ya que ella, como Gran Madre que es, no se venga, sino que nos da graves señales de que está enferma (tifones, derretimiento de casquetes polares, sequías e inundaciones, etc.) y, al límite, porque no aprendemos la lección, toma represalias como las enfermedades mencionadas.

Recuerdo el libro-testamento de Théodore Monod, tal vez el único gran naturalista contemporáneo, Y si la aventura humana fallase (París, Grasset 2000): «somos capaces de una conducta insensata y demente; a partir de ahora se puede temer todo, realmente todo, inclusive la aniquilación de la raza humana; sería el precio justo de nuestras locuras y crueldades» (p.246).

Esto no significa que los gobiernos de todo el mundo, resignados, dejen de combatir el coronavirus y de proteger a las poblaciones ni de buscar urgentemente una vacuna para combatirlo, a pesar de sus constantes mutaciones. Además de un desastre económico-financiero puede significar una tragedia humana, con un número incalculable de víctimas. Pero la Tierra no se contentará con estas pequeñas contrapartidas. Suplica una actitud diferente hacia ella: de respeto a sus ritmos y límites, de cuidado a su sostenibilidad y de sentirnos, más que hijos e hijas de la Madre Tierra, la Tierra misma que siente, piensa, ama, venera y cuida. Así como nos cuidamos, debemos cuidar de ella. La Tierra no nos necesita. Nosotros la necesitamos. Puede que ya no nos quiera sobre su faz y siga girando por el espacio sideral pero sin nosotros porque fuimos ecocidas y geocidas.

Como somos seres de inteligencia y amantes de la vida podemos cambiar el rumbo de nuestro destino. Que el Espíritu Creador nos fortalezca en este propósito.

*Leonardo Boff escribió Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo evitar el fin del mundo, Record, Rio de Janeiro 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

 

 

El día internacional de la mujer nos desafía a pensar

El Día Internacional de la Mujer, aunque en el fondo cada día es el día de la mujer, nos ofrece la oportunidad de pensar en el desafío que nos plantea el movimiento feminista mundial.

Ese movimiento más que otros ha hecho tres revoluciones: puso en cuestión el machismo, el patriarcalismo y el control de la natalidad. El machismo como la dominación del hombre sobre la vida de la mujer, que dura ya siglos. La lucha de las mujeres nos despertó hacia la cuestión de género, que envuelve relaciones de poder. Este no puede ser sólo del hombre. Debe ser compartido entre el hombre y la mujer. Evitar la división sexual del trabajo y priorizar la lógica de compartir y de coparticipar en todo el proyecto de vida a dos. De aquí surge una relación más justa y armoniosa.

En segundo lugar, el movimiento feminista ha hecho tal vez la crítica más consistente a la cultura patriarcal, que organizó toda la sociedad y las distintas instancias de la vida y también de la religión y de modo especial en la Iglesia romano-católica. El hombre asumió el poder a través del cual somete a los demás, dirige el Estado, crea la burocracia, organiza el ejército y hace guerras. Casi todos los héroes y la mayoría de las divinidades son masculinas. Él ocupa la vida pública y relega a la mujer a la vida privada y familiar. El patriarcado ha sido desmantelado teóricamente por la crítica feminista, si bien en la práctica intente siempre de nuevo dominar a la mujer. Un refugio especial del patriarcado son los medios de comunicación y el marketing, que usan a la mujer, no sólo su todo, sino las partes de ella, sus pechos, sus piernas, sus partes íntimas. Es una forma de transformar a la mujer en objeto y uso.

La gran contribución del feminismo ha sido haber mostrado que todas o casi todas las culturas que existen hoy son patriarcales. Como consecuencia mantienen la desigualdad en la relación hombre-mujer en todos los ámbitos. Sea en los USA, en Alemania o en Brasil una mujer en el mismo trabajo, incluso siendo más competente, por el hecho de ser mujer gana un 20-30% menos que el hombre que ejecuta la misma función. No basta tener conciencia de la superación teórica del patriarcado, hay que demoler sus hábitos mantenidos en las instituciones y en los comportamientos sociales.

La tercera revolución ocurrió cuando se inventó la pildora anticonceptiva y la mujer assumió el control de su cuerpo, de su sexualidad y de su maternidad. Ella no se hace fatalmente madre cuando se relaciona en tiempos fértiles. Con su compañero decide cuando quiere hacerse encinta. Eso le propició gran libertad y una forma de vivir la sexualidad sin miedos y recelos, como expresión de ternura, cariño y amor.

Pero no siempre ha sido así. El ser humano existe desde hace ya 7-8 millones de años. En la primera fase, que duró millones de años, las relaciones hombre-mujer eran de armonía y de equilibrio con la naturaleza. Contrariamente a lo que cree el pensamiento patriarcal, la verdadera convivencia humana no fue regida por la violencia de unos sobre otros sino por la solidaridad y por la cooperación. La violencia es reciente en el proceso de la antropogénesis. Comenzó con el homo faber hace dos millones de años, que en su búsqueda de alimentos, especialmente en la caza, empezó a usar el instrumento y la fuerza. Ahí el masculino pasó a ser el género predominante. Adquirió hegemonía al surgir hace 8 mil años la agricultura, los pueblos, las ciudades y los imperios. Las relaciones hombre-mujer pasaron a ser de desigualdad: él ha ocupado toda la vida pública, gobierna solo y relega a la mujer a la función de procreadora y cuidadora del hogar.

Los cambios siempre buscados culminan en el siglo XX con la segunda revolución industrial cuando la mujer entra en el dominio público porque el sistema competitivo fabrica más máquinas que machos. Desde finales del siglo XX hasta hoy, las mujeres son la mayoría en la humanidad y casi el 50% de la fuerza laboral mundial. Con esto se cierra, en cierto modo, el ciclo patriarcal y comienza un nuevo paradigma de valoración de las diferencias y de búsqueda de la igualdad, que aún debe ser alcanzada.

Las mujeres aportan algo radicalmente nuevo al sistema productivo y al Estado. No será solo competitivo y autoritario. La mujer aporta lo que vive en el dominio privado: los valores de solidaridad, de compartir y de cuidado. Milenariamente ha sido educada para el altruismo. Si un bebé no tiene a su disposición a alguien desinteresado que lo cuide, no durará ni unos días. De esta manera, la entrada de las mujeres en el dominio público masculino es condición esencial para la humanización y una mayor cooperación en el mundo del trabajo y, lo que es fundamental, ayuda a revertir el proceso de destrucción de la naturaleza y de la especie humana.

Esto quedó claro para la conciencia colectiva en el Informe de las Naciones Unidas para el Fondo de Población (UNFPA) que sostiene: “la raza humana ha estado saqueando la Tierra de manera insostenible y dar a las mujeres un mayor poder de decisión sobre su futuro puede salvar al planeta de su destrucción”. Véase que aquí no se habla de “poder de participación”, que ellas siempre han tenido, sino de “poder de decisión”.

Ellas son las que entienden de vida puesto que la generan. Serán las principales protagonistas en la decisión de una biocivilización asentada en el cuidado, la solidaridad y la lógica del corazón, sin la cual la vida no germina. Ellas, junto con los hombres que desentrañaron su dimensión de “anima” (cuidado, gentileza y amor) que se articula con la dimensión “animus” (razón, organización, dirección), presentes en proporciones propias en cada persona, pueden dar un nuevo rumbo a nuestra existencia en este planeta y alejarnos del camino sin retorno, camino de perdición.

*Leonardo Boff escribió con Rose Marie Muraro Femenino & Masculino: una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias, Trotta, Madrid, 2013.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Coronavirus: uma represália de Gaia,da Mãe Terra?

Hoje é um dado da consciência coletiva dos que cultivam uma ecologia integral, como tantos cientistas como Brian Swimme e o Papa Francisco em sua encíclica “Sobre o cuidado da Casa Comum” que tudo está relacionado com tudo. Todos os seres do universo e da Terra, também nós, seres humanos, somos envolvidos por redes intrincadas de relações em todas as direções de sorte que nada existe fora da relação. Esta é também a tese básica da física quântica de Werner Heisenberg e de Niels Bohr.

Isso o sabiam os povos originários como vem expresso nas palavras sábias do cacique Seattle de 1856:”De uma coisa sabemos:a Terra não pertence ao homem. É o homem que pertence à Terra. Todas as coisas estão interligadas como o sangue que une uma família; tudo está relacionado entre si. O que fere a Terra fere também os filhos e filhas da Terra. Não foi o homem que teceu a trama da vida: ele é meramente um fio da mesma.Tudo o que fizer à trama, a si mesmo fará”. Vale dizer, há uma íntima conexão entre a Terra e ser humano. Se agredimos a Terra, nos agredimos também a nós mesmos e vice-versa.

A mesma percepção tiveram os astronautas de suas naves espaciais e da Lua: Terra e humanidade constituem uma mesma e única entidade. Bem o testemunhou Isaac Asimov em 1982, a pedido do New York Times, fazendo um balanço dos 25 anos da era espacial:”O legado é a percepção de que, na perspectiva das naves espaciais, a Terra e a Humanidade formam uma única entidade (New York Times,9 de outubro de 1982). Nós somos Terra. Homem vem de húmus, terra fértil, ou o Adam bíblico significa o filho e a filha da Terra fecunda. Depois desta constatação, nunca mais sairá de nossa consciência de que o destino da Terra e da humanidade é indissociavelmente comum.

Infelizmente ocorre aquilo que o Papa em sua encíclica ecológica lamenta:”nunca maltratamos e ferimos nossa Casa Comum como nos últimos dois séculos”(n.53). A voracidade do modo de acumulação de riqueza é tão devastadora que inauguramos,dizem alguns cientistas, uma nova era geológica: a do antropoceno. Quer dizer, quem ameaça a vida e acelera a sexta extinção em massa, dentro da qual já estamos, é o próprio ser humano. A agressão é tão violenta que por ano mais de mil espécies de seres vivos desaparecem, inaugurando algo pior que o antropoceno, o necroceno: a era da produção em massa da morte. Como Terra e Humanidde estão interligadas, a produção de morte em massa se produz não só na natureza mas no interior da própria humanidade. Milhões morrem de fome, de sede, vítimas da violência bélica ou social em todas as partes do mundo. E insensíveis, nada fazemos.

Não sem razão James Lovelock, o formulador da teoria da Terra como um superorganismo vivo que se autoregula, Gaia, escreveu um livro “A vingança de Gaia”(Intrínseca 2006). Estimo que as atuais doenças como a dengue, a chikungunya, a zica virus, sars, ebola, sarampo, o atual coronavirus e a generalizada degradação nas relações humanas, marcadas pela profunda desigualdade/injustiça social e pela falta de solidariedade mínima sejam uma represália de Gaia pelas ofensas que ininterruptamente lhe infligimos. Não diria como J.Lovelock ser “a vingança de Gaia”, pois ela, como Grande Mãe não se vinga, mas nos dá severos sinais de que está doente (tufões, derretimento das calotas polares, secas e inundações etc) e, no limite, pelo fato de não aprendermos a lição, nos faz uma represália como as doenças referidas.

Evoco o livro-testamento de Théodore Monod, talvez o único grande naturalista contemporâneo, já falecido, em seu livro “E se aventura humana vier a falhar”(Paris, Grasset 2000):”Somos capazes de uma conduta insensata e demente; pode-se a partir de agora temer tudo, tudo mesmo, inclusive a aniquilação da raça humana; seria o justo preço de nossas loucuras e de nossas crueldades”(p.246).

Isso não significa que os governos do mundo inteiro, resignados, deixem de combater o coronavirus, proteger as populações e buscar urgentemente uma vacina para enfrentá-lo, não obstante suas constantes mutações. Além de um desastre econômico-financeiro pode significar uma tragédia humana, com um incalculável número de vítimas.

Mas a Terra não se contentará com estes pequenos presentes. Ela suplica uma atitude diferente face a ela: de respeito a seus ritmos e limites, de cuidado por sua sustentabilidade e de sentirmo-nos mais que filhos e filhas da Mãe Terra, mas a própria Terra que sente, pensa, ama, venera e cuida. Assim como nos cuidamos, devemos cuidar dela. Ela não precisa de nós. Nós precisamos dela. Ela pode não nos querer mais sobre sua face. E continuará a girar pela espaço sideral mas sem nós porque fomos ecocidas e geocidas.

Como somos seres de inteligência e amantes da vida, podemos mudar o rumo de nosso destino. Que o Espírito Criador nos fortaleça nesse propósito.

Leonardo Boff escreveu Cuidar da Terra- proteger a vida: como evitar o fim do mundo, Record, Rio de Janeiro 2010.

 

 

O dia internacional da mulher nos desafia a pensar

O Dia Internacional da Mulher que no fundo cada dia é o dia da mulher, nos oferece a ocasião de pensar o desafio que o movimento feminista mundial nos lança.

Esse movimento mais que outros fez duas revoluções: colocou em questão o machismo e o patriarcalismo. O machismo como a dominação do homem sobre a vida da mulher que já dura séculos. A luta das mulheres nos despertaram para a questão de gênero que envolve relações de poder. Esse não pode ser só do homem. Deve ser partilhado entre o homem e  a mulher. Evitar a divisão sexual de trabalho e priorizar lógica de partilha e da coparticipação em todo o projeto de vida a dois. Daí surge uma relação mais justa e harmoniosa.

Em segundo lugar, o movimento feminista fez talvez a mais consistente crítica à cultura patriarcal que organizou toda a sociedade e as várias instâncias da vida e também da religião. O homem assumiu o poder através do qual submete os demais, chefia o Estado, cria a burocracia, organiza o exército e faz guerras. Quase todos os heróis e a maioria das divindades são masculinas. Ele ocupa a vida pública e relega à mulher à vida privada e familiar. O patriarcado, pela crítica feminista, foi teoricamente desmantelado, embora na prática, tente sempre de novo a dominar a mulher. Um refúgio especial do patriarcado é a mídia e o marketing que usam a mulher, não só no seu todo mas as partes dela, os seios, as pernas, as partes íntimas. É uma forma de transformar a mulher em objeto e uso.

A grande contribuição do feminismo foi ter mostrado que todas ou quase todos as culturas hoje existentes são patriarcais. Tem como consequência a manutenção da desigualdade na relação homem-mulher em todos os âmbitos. Seja nos USA, na Alemanha e seja no Brasil uma mulher pode fazer o mesmo trabalho, mesmo o mais competente, pelo fato de ser mulher, ganha pelos menos 20-30% a menos que o homem que executa a mesma função. Não basta a consciência da superação teórica do patriarcado, mas a demolição de seus hábitos mantidos nas instituições e comportamentos sociais.

Mas nem sempre foi assim. O ser humano existe já há 7-8 milhões de anos. Na primeira fase que durou milhões de anos as relações homem-mulher eram de harmonia e de equilíbrio com a natureza. Contrariamente do que crê o pensamento patriarcal, a verdadeira convivência humana não foi regida pela violência de uns sobre outros mas pela solidariedade e pela cooperação. A violência é recente no processo da antropogênese. Ela começou com o homo faber há dois milhões de anos que na busca dos alimentos especialmente da caça começou a usar o instrumento e a força. Ai o masculino passa a ser o gênero predominante. Ela ganhou hegemonia ao surgirem há 8 mil anos a agricultura, as vilas, as cidades e os impérios. As relações homem-mulher passam a ser de desigualdade: ele ocupa toda a vida pública, governa sozinho e relega a mulher à função de procriadora e cuidadora do lar.

As mudanças sempre buscadas, culminaram no século XX com a segunda revolução industrial quando a mulher entra no domínio público porque o sistema competitivo faz mais máquinas que machos. Já no final do século XX e hoje as mulheres são a maioria na humanidade e praticamente 50% da força de trabalho mundial. Com isso se cerra, de certa forma, o ciclo patriarcal e se inicia um novo paradigma de valorização das diferenças e a busca da igualdade ainda a ser alcançada.

As mulheres trazem para o sistema produtivo e para o Estado algo radicalmente novo. Não será só competitivo e autoritário. A mulher traz o que viveu no domínio privado: os valores da solidariedade, da partilha e do cuidado. Milenarmente foi educada para o altruísmo. Se um bebê não tiver à sua disposição alguém altruísta que o cuidasse, não duraria uns dias sequer. Desta forma, a entrada da mulher no domínio público masculino é condição essencial de humanização e mais cooperação no mundo do trabalho e, o que é fundamental, ajuda  a reverter o processo de destruição da natureza e da espécie humana.

Isso ficou claro na consciência coletiva no Relatório da ONU para o Fundo para a População (FNUAP) que sustenta: “a raça humana vem saqueando a Terra de forma insustentável e dar às mulheres maior poder de decisão sobre o seu futuro pode salvar o planeta de sua destruição”. Veja que aqui não se fala de “poder de participação”que elas sempre tiveram, mas de “poder de decisão”.

São elas que entendem de vida, pois a geram. Serão elas as principais protagonistas na decisão de uma biocivilização acentada no cuidado, na solidariedade e na lógica do coração, sem as quais a vida não viceja. Elas junto com os homens que desentranharam a sua dimensão de “anima”(cuidado, gentileza e amorosidade) que se articula com a dimensão de “animus” (razão, organização,direção) presentes, em proporções próprias em cada pessoa, poderão dar um rumo novo à nossa existência neste planeta e nos afastar do caminho sem retorno, caminho de perdição.

Leonardo Boff escreveu com Rose Marie Muraro o livro Feminino & Masculino: uma nova consciència para o encontro das diferenças, Record, Rio 2010.