LEONARDO BOFF: OCHENTA Y CINCO EN CAMINO

Ecología, ética del cuidado, liberación, espiritualidad

         Carta abierta de Juan José Tamayo a Leonardo Boff con motivo de su 85cumpleaños

            Querido Leonardo

No quiero faltar a la fiesta de tu 85 cumpleaños en esta efemérife. Te escribo para reiterarte mi amistad y mi reconocimiento en este largo caminar ya octogenario. Nos conocimos hace cuarenta y tres años. Fue en Asturias en un Congreso sobre la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada en Puebla de los Ángeles (México). Muchos han sido desde entonces nuestros encuentros y experiencias compartidas en diferentes lugares del planeta: el Foro Mundial de Teología y Liberación dentro de los Foros Sociales Mundiales (Porto Alegre, Nairobi, Belén de Pará, Senegal…), los Encuentros de Amerindia, la Sociedad de Teología y Ciencias de las Religión (SOTER), la Fundación Valores de Monterrey (México), los Congresos de Teología convocados por la Asociación de Teólogas y teólogos Juan XXIII, la Univeri9dad Carlos III de Madrid, amén de nuestro contacto epistolar permanente y el envío y los comentarios de nuestros artículos. tus prólogos a mis libros y mis reseñas de los tuyos.

Ratzinger: de mecenas a inquisidor

 Las fronteras geográficas nunca han sido obstáculo para nuestra amistad y sintonía. En 1999 mantuvimos una conversación de varios días en Madrid que se plasmó en mi libro Leonardo Boff. Ecología, mística y liberación (Desclée de Brower, Bilbao, 1999), que conserva la misma actualidad de entonces ya que los temas de los que hablamos los abordamos mirando en el futuro. En aquella conversación me contaste -y así lo reflejo en el libro- cómo Joseph Ratzinger pasó de mecenas, que te ayudó económicamente en la edición de su tesis doctoral en alemán, a inquisidor, que te condenó en 1984 imponiéndote un tiempo de silencio, que aceptaste en un gesto de humildad, y en 1992 sometiéndote a varias prohibiciones que suponían una humillación que no estuviste dispuesto a aceptar. Tras la última condena decidiste abandonar la orden franciscana, pero no el espíritu de San Francisco, que mantienes intacto.   

            Antes de la pandemia nos encontramos varias veces en Ciudad de México, Puebla de los Ángeles y Monterrey. Llevamos desde la covid-19 sin vernos. Hoy quiero compensar la distancia física en tan significativa efeméride haciendo un ejercicio de “razón anamnética” de tu vida y pensamiento. 

Rigor metodológico y denuncia profética

Durante los ochenta y cinco años de vida has hecho un fecundo itinerario que se bifurca en múltiples sendas: la experiencia religiosa, la teología, la ecología, la política, la academia, el púlpito, la cátedra, la foresta, los foros sociales, los foros mundiales de teología y liberación, los congresos de Amerindia, el acompañamiento a las comunidades eclesiales de base, al MST…

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, decía Antonio Machado. Tú has hecho camino al andar dejando huella por donde has pasado y sigues pasando. Y siempre desde el pensamiento crítico y heterodoxo, desde la experiencia de la ternura, desde la razón del corazón -siguiendo a Pascal, cuyo 4º centenario de su nacimiento celebramos este año-, desde el amor a la Pacha Mama y desde el seguimiento de Jesús de Nazaret, el Cristo Liberador, sobre el que escribiste la primera cristología latinoamericana históricamente significativa en 1972. Luego vendrían otras de colegas y amigos, entre ellas las de Juan Luis Segundo y Jon Sobrino.

“Lo mejor de la religión -escribía Bloch en el frontispicio de su libro El ateísmo en el cristianismo– es que crea herejes”.Creo que tú eres un excelente ejemplo de este aforismo, cambiando quizá “hereje” por “heterodoxo”. Ahí radica la creatividad en todos los campos de tu ser, del saber y del quehacer humano en los que has trabajado y sigues trabajando sin descanso. Tu vida y tu pensamiento demuestran que eres un intelectual que rompe esquemas (y algunos cráneos endurecidos de colegas, obispos y algún inquisidor, otrora mecenas tuyo), abres nuevos horizontes y propones alternativas donde parece que no hay salida o se cree que la salida es una sola.

Te reconozco como uno de los teólogos más innovadores de la teología latinoamericana, que propones una ética centrada en las “virtudes para otro mundo posible”, en la construcción de una fraternidad sororal eco-humana y de una Teología del cautiverio y de la liberación, título de uno de tus primeros libros que leí, publicado por Ediciones Paulinas en 1978, el mismo año en que aparecía en la misma editorial mi obra Un proyecto de Iglesia para el futuro en España.

            En tu quehacer teológico has sabido compaginar ejemplarmente y de manera ininterrumpida durante seis décadas el rigor metodológico y la denuncia profética, otra manera de hacer teología y el compromiso político con los pobres de la tierra y con la naturaleza oprimida, cuyos gritos has sabido escuchar y a los que has querido responder desde la razón cordial. El rigor metodológico lo demuestras con el recurso a la doble mediación de la teología de la liberación: socio-analítica y hermenéutica, que se aprecia en todas las páginas de tus libros y en los artículos con los que nos sorprendes a menudo por ser reflexiones a pie de página de los acontecimientos, llenas de profundidad y de sabiduría vital.

Utilizas la mediación de las ciencias humanas y sociales para un mejor conocimiento de la realidad, descubrir los mecanismos de opresión que atentan contra la vida de los pobres y de la naturaleza y liberar a la teología de su -quizá falsa-, neutralidad social, de su -supuesta- neutralidad política y de su -sólo aparente- indiferencia ética.

Recurres a la hermenéutica, necesaria para el estudio y la interpretación de los textos fundantes del cristianismo y para no caer en el fundamentalismo, una de las manifestaciones más perversas de las religiones que, siguiendo el refrán latino corruptio optimi pessima, convierten el vino espumoso de los orígenes en vinagre imbebible. A través de la hermenéutica analizas el pre-texto y el con-texto de dichos textos, descubres su sentido primigenio emancipador y preguntas por su significación y sentido hoy a la luz de los nuevos desafíos y de las nuevas preguntas que nos plantea la dura realidad.

Una realidad que hemos construido nosotros y nosotras, en la que no podemos instalarnos cómoda y acríticamente, sino que estamos llamados a de-construirla para re-construirla de manera creativa e inclusiva y un mundo en el que quepan todos los mundo. Desmentimos así el viejo adagio conformista del pensamiento conservador: “las cosas son como son y no pueden ser de otra manera” y compartimos, más bien, la afirmación del filósofo de la esperanza y de la utopía, Ernst Bloch, que inspira buena parte de nuestra teología: “Si los hechos no coinciden con el pensamiento, peor para los hechos”. Razón y esperanza caminan a la par en tu vida, tu sentir, tus obras y tus reflexiones.

Eco-teología de la liberación

Eres considerado, y con razón, uno de los principales cultivadores de la teología de la liberación (TL). A ella accediste a partir del impacto que te produjeron las favelas de Petrópolis, donde llevaste a cabo un intenso trabajo socio-pastoral desde comienzos de la década de los setenta del siglo pasado. Tu reflexión teológica en clave liberadora nació, asimismo, de la necesidad de dar respuesta a las preguntas que te planteó un grupo de sacerdotes comprometidos con el mundo indígena de la selva amazónica hace ahora cinco décadas:

– ¿Cómo anunciar la muerte y la resurrección de Jesús a indígenas que están siendo exterminados y muriendo por las enfermedades de los blancos?

– ¿Cómo anunciar la buena noticia de la salvación a las poblaciones explotadas?

– ¿Cómo hablar de Dios inteligiblemente, y no de manera cínica, a personas indígenas que viven la experiencia de lo sagrado en contacto con la naturaleza?

Las experiencias vividas en el mundo de la pobreza extrema, de la marginación cultural y de la depredación de la naturaleza, por una parte, y la necesidad de responder a las preguntas que surgían de ahí, por otra, te llevaron a dedicarte por entero, profesional y vitalmente, a fundamentar la nueva metodología de la teología de la liberación, que comenzaste haciendo en tiempos del cautiverio, vivido durante la dictadura brasileña y los regímenes militares del continente latinoamericano, que parecían “eternos”.

La teología apenas mostró interés por la ecología, desde Francisco de Asís hasta el Papa Francisco. Tú ha llenado ese vacío llevando a cabo una reflexión teológica en perspectiva ecológica, que cuestiona la supuesta – ¡y falsa!- fuerza emancipadora del paradigma científico-técnico de la modernidad. Un paradigma selectivo, centrado en el ser humano, que ni es universalizable ni integral, ¡ni siquiera humano!

Como alternativa propones un nuevo paradigma en el que el ser humano no compita con la naturaleza, sino en diálogo y comunicación simétricos con ella, con relaciones de sujeto a sujeto, y no de sujeto a objeto. El ser humano y la naturaleza conforman un entramado de relaciones multidireccionales caracterizadas por la interdependencia, y no por la autosuficiencia, por la fragilidad del mundo y la vulnerabilidad humana, y no por la omnipotencia, la insolencia y la arrogancia.

Se establece, entonces, un pacto entre todos los seres del cosmos regido por la solidaridad cósmica, la fraternidad-sororidad sin fronteras, sin gremialismos ni tribalismos, y el cuidado, virtud fundamental de la ética eco-humana. Es “la opción Tierra”, título de uno de tus libros más bellos. Cuidadanía es la nueva forma de relacionarnos con la Tierra y los seres humanos, que debe compaginarse con la ciudadanía. La ética del cuidado, que desarrollas en tus libros, es inseparable de la ética cívica.

Muchos somos los discípulos que seguimos tus lecciones de ecología integral, entre ellos el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común, de 2015, que se inspira en tus textos y en tu testimonio de amor a la tierra, y se inicia con el Cántico de las criaturas: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba… Esta hermana llama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”. Encíclica que se hace eco de tus críticas al antropocentrismo, incluido el antropocentrismo cristiano.   

Del ser humano como señor y dueño de la naturaleza a hermano-hermana y cuidador de la naturaleza

No quiero terminar este recuerdo y esta felicitación sin hacer referencia a uno de tus últimos libros El doloroso parto de la Madre Tierra (Trotta, Madrid, 2022), donde nos alertas de las “densas sombras” que se ciernen hoy sobre la humanidad y la naturaleza, agravadas por la covid-19, y recuerdas que “se han encendido todos los avisos: la tierra ha entrado en números rojos” y que la humanidad tiene una deuda ecológica con la tierra.

 Siguiendo las encíclicas Laudato Si’ y Fratelli tutti, del Papa Francisco, propones como respuesta a la crisis ecológica una ecología integral: ambiental, política, social, económica, cultural y espiritual.  Para ello debemos renunciar al paradigma civilizatorio del ser humano como señor y dueño de la naturaleza, que ha dominado los tres últimos siglos de nuestra historia, y optar por el paradigma del hermano y la hermana, es decir, de la fraternidad universal, el amor político y la amistad social.

Los padres fundadores de la Modernidad, recuerdas, entendían el ser humano como el señor y dueño de la naturaliza, y no como parte de ella. Para ellos la Tierra carecía de propósito y la naturaleza no tenía valor en sí misma, sino que estaba solo ordenada al ser humano que podía disponer de ella a su antojo.

Este paradigma ha modificado la faz de la Tierra y ha traído innegables beneficios, certamente, pero en su afán por dominar todo, creó el principio de autodestrucción de sí mismo y de la naturaleza con armas químicas, biológicas y nucleares. Siguiendo este paradigma, llegamos a tal punto que el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha afirmado sobre el calientamiento global que crece de forma no prevista: “Solo tenemos esta elección: la acción colectiva o el suicidio colectivo”.

            Con la lucidez que te caracteriza, llegas a afirmar que si asumimos el viraje hacia el paradigmadel hermano y de la hermana, se abre una ventana de salvación. Seremos capaces de superar la visión apocalíptica de la amenaza del fin de la especie humana, por una visión de esperanza, de que podemos y debemos cambiar de rumbo y de ser de hecho hermanos y hermanas dentro de la misma Casa Común, la naturaleza incluída. Sería el bien vivir y convivir del ideal andino, en armonía entre los humanos y con toda la naturaleza.

Conversión ecológica global

Esto requiere “una conversión ecológica global” que pase de una civilización tecno-capitalista, antropocéntrica e individualista a una civilización de la solidaridad y del cuidado de toda la vida; una civilización biocentrada que garantice el futuro a la naturaleza y a la humanidad. Dicha civilización lleva a un cambio en la imagen de la divinidad: del Dios todopoderoso al Dios apasionado amante de la vida, que no permite que la humanidad y la naturaleza perezcan. 

Te refieres al cambio de era que estamos viviendo: la ecozoica, que requiere tres actitudes: espiritualidad, sostenibilidad y cuidado, que es la traducción de la com-pasión para con la naturaleza, depredada por el modelo de desarrollo científico-técnico ecocida. Las tres actitudes requieren de nuestra colaboración y de nuestro compromiso.

Has escrito este libro no desde la razón instrumental, ni desde la neutralidad científica, sino desde la razón cordial que aúna inteligencia, sentimientos, amor a la tierra y empeño en la transformación de un planeta amenazado de destrucción. Estoy seguro de que su lectura contribuirá a la conversión ecológica global que pide Francisco, una conversión colectiva ciertamente en todas las esferas de la vida: política, económica, social, cultural, religiosa, educativa, pero también personal, que cambie nuestro estilo de vida para contribuir al nacimiento de una comunidad eco-humana-fraterno-sororal.

Razón cordial y utópica

“La razón no puede florecer sin esperanza. La esperanza no puede hablar sin razón” escribe Ernst Bloch en su magna obra El principio esperanza, que leíste en alemán durante tus estudios en Munich y citas con frecuencia. Razón y esperanza o, mejor, optimismo militante, docta spes, es lo que mejor define tu vida, tu personalidad, tu obra. A tus 85 años sigues practicando la “esperanza contra toda (des)esperanza”.

Termino ya. No alargo más esta epístola, que solo quiere ser una expresión de amistad y una manifestación de agradecimiento. A veces has sido acusado de utópico, acusación que comparto contigo. No se dan cuenta nuestros acusadores de que esa acusación, más que un insulto, es un elogio. Como en el poema de Eduardo Galeano, la utopía te sirve para caminar, que en tu caso no es poco teniendo las piernas heridas, razón por la cual, como dije en tu presentación en el Congreso de Amerindia de 2017 en la Ciudad de México, no puedes ni quieres arrodillarte ante el poder, cualquiera fuera este, incluido el del Vaticano. ¡Todo un milagro! El milagro de la esperanza y la utopía. Ad multos annos, Leonardo.

Tu amigo en la tribulación y la esperanza,

Juan José Tamayo teólogo español de la liberación.

s pasado y sigues pasando. Y siempre desde el pensamiento crítico y heterodoxo, desde la experiencia de la ternura, desde la razón del corazón -siguiendo a Pascal, cuyo 4º centenario de su nacimiento celebramos este año-, desde el amor a la Pacha Mama y desde el seguimiento de Jesús de Nazaret, el Cristo Liberador, sobre el que escribiste la primera cristología latinoamericana históricamente significativa en 1972. Luego vendrían otras de colegas y amigos, entre ellas las de Juan Luis Segundo y Jon Sobrino.

“Lo mejor de la religión -escribía Bloch en el frontispicio de su libro El ateísmo en el cristianismo– es que crea herejes”.Creo que tú eres un excelente ejemplo de este aforismo, cambiando quizá “hereje” por “heterodoxo”. Ahí radica la creatividad en todos los campos de tu ser, del saber y del quehacer humano en los que has trabajado y sigues trabajando sin descanso. Tu vida y tu pensamiento demuestran que eres un intelectual que rompe esquemas (y algunos cráneos endurecidos de colegas, obispos y algún inquisidor, otrora mecenas tuyo), abres nuevos horizontes y propones alternativas donde parece que no hay salida o se cree que la salida es una sola.

Te reconozco como uno de los teólogos más innovadores de la teología latinoamericana, que propones una ética centrada en las “virtudes para otro mundo posible”, en la construcción de una fraternidad sororal eco-humana y de una Teología del cautiverio y de la liberación, título de uno de tus primeros libros que leí, publicado por Ediciones Paulinas en 1978, el mismo año en que aparecía en la misma editorial mi obra Un proyecto de Iglesia para el futuro en España.

            En tu quehacer teológico has sabido compaginar ejemplarmente y de manera ininterrumpida durante seis décadas el rigor metodológico y la denuncia profética, otra manera de hacer teología y el compromiso político con los pobres de la tierra y con la naturaleza oprimida, cuyos gritos has sabido escuchar y a los que has querido responder desde la razón cordial. El rigor metodológico lo demuestras con el recurso a la doble mediación de la teología de la liberación: socio-analítica y hermenéutica, que se aprecia en todas las páginas de tus libros y en los artículos con los que nos sorprendes a menudo por ser reflexiones a pie de página de los acontecimientos, llenas de profundidad y de sabiduría vital.

Utilizas la mediación de las ciencias humanas y sociales para un mejor conocimiento de la realidad, descubrir los mecanismos de opresión que atentan contra la vida de los pobres y de la naturaleza y liberar a la teología de su -quizá falsa-, neutralidad social, de su -supuesta- neutralidad política y de su -sólo aparente- indiferencia ética.

Recurres a la hermenéutica, necesaria para el estudio y la interpretación de los textos fundantes del cristianismo y para no caer en el fundamentalismo, una de las manifestaciones más perversas de las religiones que, siguiendo el refrán latino corruptio optimi pessima, convierten el vino espumoso de los orígenes en vinagre imbebible. A través de la hermenéutica analizas el pre-texto y el con-texto de dichos textos, descubres su sentido primigenio emancipador y preguntas por su significación y sentido hoy a la luz de los nuevos desafíos y de las nuevas preguntas que nos plantea la dura realidad.

Una realidad que hemos construido nosotros y nosotras, en la que no podemos instalarnos cómoda y acríticamente, sino que estamos llamados a de-construirla para re-construirla de manera creativa e inclusiva y un mundo en el que quepan todos los mundo. Desmentimos así el viejo adagio conformista del pensamiento conservador: “las cosas son como son y no pueden ser de otra manera” y compartimos, más bien, la afirmación del filósofo de la esperanza y de la utopía, Ernst Bloch, que inspira buena parte de nuestra teología: “Si los hechos no coinciden con el pensamiento, peor para los hechos”. Razón y esperanza caminan a la par en tu vida, tu sentir, tus obras y tus reflexiones.

Eco-teología de la liberación

Eres considerado, y con razón, uno de los principales cultivadores de la teología de la liberación (TL). A ella accediste a partir del impacto que te produjeron las favelas de Petrópolis, donde llevaste a cabo un intenso trabajo socio-pastoral desde comienzos de la década de los setenta del siglo pasado. Tu reflexión teológica en clave liberadora nació, asimismo, de la necesidad de dar respuesta a las preguntas que te planteó un grupo de sacerdotes comprometidos con el mundo indígena de la selva amazónica hace ahora cinco décadas:

– ¿Cómo anunciar la muerte y la resurrección de Jesús a indígenas que están siendo exterminados y muriendo por las enfermedades de los blancos?

– ¿Cómo anunciar la buena noticia de la salvación a las poblaciones explotadas?

– ¿Cómo hablar de Dios inteligiblemente, y no de manera cínica, a personas indígenas que viven la experiencia de lo sagrado en contacto con la naturaleza?

Las experiencias vividas en el mundo de la pobreza extrema, de la marginación cultural y de la depredación de la naturaleza, por una parte, y la necesidad de responder a las preguntas que surgían de ahí, por otra, te llevaron a dedicarte por entero, profesional y vitalmente, a fundamentar la nueva metodología de la teología de la liberación, que comenzaste haciendo en tiempos del cautiverio, vivido durante la dictadura brasileña y los regímenes militares del continente latinoamericano, que parecían “eternos”.

La teología apenas mostró interés por la ecología, desde Francisco de Asís hasta el Papa Francisco. Tú ha llenado ese vacío llevando a cabo una reflexión teológica en perspectiva ecológica, que cuestiona la supuesta – ¡y falsa!- fuerza emancipadora del paradigma científico-técnico de la modernidad. Un paradigma selectivo, centrado en el ser humano, que ni es universalizable ni integral, ¡ni siquiera humano!

Como alternativa propones un nuevo paradigma en el que el ser humano no compita con la naturaleza, sino en diálogo y comunicación simétricos con ella, con relaciones de sujeto a sujeto, y no de sujeto a objeto. El ser humano y la naturaleza conforman un entramado de relaciones multidireccionales caracterizadas por la interdependencia, y no por la autosuficiencia, por la fragilidad del mundo y la vulnerabilidad humana, y no por la omnipotencia, la insolencia y la arrogancia.

Se establece, entonces, un pacto entre todos los seres del cosmos regido por la solidaridad cósmica, la fraternidad-sororidad sin fronteras, sin gremialismos ni tribalismos, y el cuidado, virtud fundamental de la ética eco-humana. Es “la opción Tierra”, título de uno de tus libros más bellos. Cuidadanía es la nueva forma de relacionarnos con la Tierra y los seres humanos, que debe compaginarse con la ciudadanía. La ética del cuidado, que desarrollas en tus libros, es inseparable de la ética cívica.

Muchos somos los discípulos que seguimos tus lecciones de ecología integral, entre ellos el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común, de 2015, que se inspira en tus textos y en tu testimonio de amor a la tierra, y se inicia con el Cántico de las criaturas: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba… Esta hermana llama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”. Encíclica que se hace eco de tus críticas al antropocentrismo, incluido el antropocentrismo cristiano.   

Del ser humano como señor y dueño de la naturaleza a hermano-hermana y cuidador de la naturaleza

No quiero terminar este recuerdo y esta felicitación sin hacer referencia a uno de tus últimos libros El doloroso parto de la Madre Tierra (Trotta, Madrid, 2022), donde nos alertas de las “densas sombras” que se ciernen hoy sobre la humanidad y la naturaleza, agravadas por la covid-19, y recuerdas que “se han encendido todos los avisos: la tierra ha entrado en números rojos” y que la humanidad tiene una deuda ecológica con la tierra.

 Siguiendo las encíclicas Laudato Si’ y Fratelli tutti, del Papa Francisco, propones como respuesta a la crisis ecológica una ecología integral: ambiental, política, social, económica, cultural y espiritual.  Para ello debemos renunciar al paradigma civilizatorio del ser humano como señor y dueño de la naturaleza, que ha dominado los tres últimos siglos de nuestra historia, y optar por el paradigma del hermano y la hermana, es decir, de la fraternidad universal, el amor político y la amistad social.

Los padres fundadores de la Modernidad, recuerdas, entendían el ser humano como el señor y dueño de la naturaliza, y no como parte de ella. Para ellos la Tierra carecía de propósito y la naturaleza no tenía valor en sí misma, sino que estaba solo ordenada al ser humano que podía disponer de ella a su antojo.

Este paradigma ha modificado la faz de la Tierra y ha traído innegables beneficios, certamente, pero en su afán por dominar todo, creó el principio de autodestrucción de sí mismo y de la naturaleza con armas químicas, biológicas y nucleares. Siguiendo este paradigma, llegamos a tal punto que el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha afirmado sobre el calientamiento global que crece de forma no prevista: “Solo tenemos esta elección: la acción colectiva o el suicidio colectivo”.

            Con la lucidez que te caracteriza, llegas a afirmar que si asumimos el viraje hacia el paradigmadel hermano y de la hermana, se abre una ventana de salvación. Seremos capaces de superar la visión apocalíptica de la amenaza del fin de la especie humana, por una visión de esperanza, de que podemos y debemos cambiar de rumbo y de ser de hecho hermanos y hermanas dentro de la misma Casa Común, la naturaleza incluída. Sería el bien vivir y convivir del ideal andino, en armonía entre los humanos y con toda la naturaleza.

Conversión ecológica global

Esto requiere “una conversión ecológica global” que pase de una civilización tecno-capitalista, antropocéntrica e individualista a una civilización de la solidaridad y del cuidado de toda la vida; una civilización biocentrada que garantice el futuro a la naturaleza y a la humanidad. Dicha civilización lleva a un cambio en la imagen de la divinidad: del Dios todopoderoso al Dios apasionado amante de la vida, que no permite que la humanidad y la naturaleza perezcan. 

Te refieres al cambio de era que estamos viviendo: la ecozoica, que requiere tres actitudes: espiritualidad, sostenibilidad y cuidado, que es la traducción de la com-pasión para con la naturaleza, depredada por el modelo de desarrollo científico-técnico ecocida. Las tres actitudes requieren de nuestra colaboración y de nuestro compromiso.

Has escrito este libro no desde la razón instrumental, ni desde la neutralidad científica, sino desde la razón cordial que aúna inteligencia, sentimientos, amor a la tierra y empeño en la transformación de un planeta amenazado de destrucción. Estoy seguro de que su lectura contribuirá a la conversión ecológica global que pide Francisco, una conversión colectiva ciertamente en todas las esferas de la vida: política, económica, social, cultural, religiosa, educativa, pero también personal, que cambie nuestro estilo de vida para contribuir al nacimiento de una comunidad eco-humana-fraterno-sororal.

Razón cordial y utópica

“La razón no puede florecer sin esperanza. La esperanza no puede hablar sin razón” escribe Ernst Bloch en su magna obra El principio esperanza, que leíste en alemán durante tus estudios en Munich y citas con frecuencia. Razón y esperanza o, mejor, optimismo militante, docta spes, es lo que mejor define tu vida, tu personalidad, tu obra. A tus 85 años sigues practicando la “esperanza contra toda (des)esperanza”.

Termino ya. No alargo más esta epístola, que solo quiere ser una expresión de amistad y una manifestación de agradecimiento. A veces has sido acusado de utópico, acusación que comparto contigo. No se dan cuenta nuestros acusadores de que esa acusación, más que un insulto, es un elogio. Como en el poema de Eduardo Galeano, la utopía te sirve para caminar, que en tu caso no es poco teniendo las piernas heridas, razón por la cual, como dije en tu presentación en el Congreso de Amerindia de 2017 en la Ciudad de México, no puedes ni quieres arrodillarte ante el poder, cualquiera fuera este, incluido el del Vaticano. ¡Todo un milagro! El milagro de la esperanza y la utopía. Ad multos annos, Leonardo.

Tu amigo en la tribulación y la esperanza,

Juan José Tamayo teólogo español de la liberación.

Los crímenes en la Franja de Gaza muestran la demencia de la razón y la falta de corazón

Leonardo Boff*   

En pleno siglo XXI estamos presenciando 
lo que ha sido llamado “la era de la guerra 
eterna” llevada a efecto particularmente 
por los Estados Unidos de América en 
todas partes donde su dominio sobre 
todo el mundo es puesto en jaque. Viven 
la ideología del “Destino Manifiesto” de 
ser “el nuevo pueblo de Dios”, para llevar 
al mundo la democracia (burguesa), los 
derechos humanos (individuales, 
olvidando los sociales y ecológicos) y el 
valor supremo del individuo (base de la 
acumulación capitalista). En esa creencia 
sostienen a sangre y fuego la 
unipolaridad  según este lema: “un solo 
mundo – un solo imperio”, el suyo. Harán 
guerra para impedir la multipolaridad. 

Mientras estamos escribiendo, se está 
produciendo la masacre cruel de todo un 
pueblo, el pueblo palestino de la Franja de 
Gaza, denunciado como un verdadero  
genocidio, perpetrado por el sionista 
Benjamin Netanyahu, con el apoyo 
incondicional de Estados Unidos. Está 
actuando la razón enfurecida sin el más 
mínimo corazón y sin sensibilidad 
humana, ejerciendo su lógica fría y sin 
ningún escrúpulo ni límite éticos. 

Sabemos que la razón sensible y cordial 
es más ancestral que la razón pensante. 
La primera surgió hace 125 millones de 
años cuando, en el proceso evolutivo, 
irrumpieron los mamíferos con el llamado 
cerebro límbico, sede del mundo de los 
afectos y de la cordialidad. La hembra al 
dar a luz se llena de cuidado y de 
sensibilidad hacia su cría. Nosotros, los 
seres humanos, olvidamos que somos 
mamíferos racionales, por lo tanto 
portadores de sensibilidad, de cuidado, de 
afecto y de amor. Este dato pertenece al 
DNA de nuestra naturaleza. Solo desde 
hace 7-8 millones de años se formó el 
cerebro neocortical, base del pensamiento 
y de la racionalidad conceptual. Y solo en 
los últimos 100 mil años emergió el homo 
sapiens sapiens del que somos 
herederos. 

Nótese que lo más ancestral no es el 
“logos”, sino el “pathos”, la razón 
emocional, cordial y sensible. Somos 
seres racionales pero asentados sobre el 
universo de los afectos, de la sensibilidad, 
en una palabra: nuestra mente echa 
raíces en el corazón. En este viven los 
grandes valores que nos orientan, como el 
amor, la empatía, la amistad y la 
compasión. Como afirmaba un 
representante de la etnia Pueblo de Nuevo 
México (USA) al gran psicoanalista 
C.G.Jung que los visitó: “ustedes están 
locos porque presumen de pensar con la 
cabeza. Nosotros, sin embargo, 
pensamos con el corazón”. 

Esta respuesta hizo que el gran 
psicoanalista cambiara su percepciؚón de 
la psique humana que tanto estudiaba. 
Jung entendió por qué los europeos 
conquistaron el mundo mediante la 
violencia y las guerras: porque usaban 
solo la cabeza sin el corazón. Habían 
perdido la dimensión de la sensibilidad y 
de la compasión. Por eso cometieron el 
mayor holocausto de la historia. En 
menos de 50 años, según la investigación 
más reciente de Marcelo Grondin y 
Moema Viezzer (“Abya Yala, genocídio dos 
povos originários das Américas”, 2021) 
exterminaron a cerca de 61 millones de 
habitantes de las Américas (de Estados 
Unidos a partir de 1607). Fue nuestro 
olvidado Holocausto, el mayor de la 
historia.

El drama del hombre actual es haber 
perdido la capacidad de sentir al otro 
como su semejante, de vivir un 
sentimiento de pertenecer a la misma 
humanidad, cosa que las religiones y las 
éticas humanitarias enseñaron siempre. 
Lo que se opone a la religión no es el 
ateísmo o la negación de Dios. Lo que se 
opone es la incapacidad de ligarse y 
religarse con los diferentes y con la 
naturaleza con un lazo de reconocimiento 
y de afecto. Hoy un gran número de 
personas están desenraizadas, 
desconectadas de sus semejantes 
humanos, de la naturaleza y de la Madre 
Tierra. En el lenguaje de Jung reprimieron 
la dimensión del anima que responde por 
la expresión de la sensibilidad, del 
cuidado, de la relacionalidad con los otros 
y con la espiritualidad. 

Si no articulamos razón y sensibilidad, 
mente y corazón, difícilmente nos 
movemos para defender a quien está 
siendo sacrificado y martirizado, con más 
de 10500 muertos y más de 1500 niños 
bajo los escombros producidos por los 
ataques aéreos y terrestres del ejército del 
insensible y sin corazón Netanyahu.

La mera razón analítico-instrumental no 
acompañada de la inteligencia emocional 
se vuelve irracional e insana hasta el 
punto de practicar el Holocausto de 6 
millones de judíos por los nazis y los 61 
millones de representantes de nuestros 
pueblos originarios.

Una ciencia con conciencia, cuidadosa, 
sensible a todo lo que existe y vive, que 
une mente y corazón es la condición 
previa para que evitemos masacres y 
genocidio, como estamos presenciando 
en la Franja de Gaza. Es más, 
aseguraremos que no vamos a 
devorarnos mutuamente y 
salvaguardaremos la vitalidad del planeta 
Tierra. En caso contrario, él puede seguir 
girando alrededor del sol, pero sin 
nosotros. 

*Leonardo Boff ha escrito "Cuidar la 
Tierra-proteger la vida: cómo escapar del 
fin del mundo", Record y Nueva Utopía 
2010; "Habitar a Terra:qual o caminho 
para a fraternidade universal?", Vozes 
2022. 

Traducción de María José Gavito Milano

Ist der sich in Kraft befindliche Kapitalismus bereits vom Todestrieb übernommen?

     Leonardo Boff

Die COP28, die in Dubai in den Vereinigten Arabischen Emiraten stattfand, endete wie die vorangegangenen: mit einem Aufruf zur Reduzierung der fossilen Brennstoffe, wobei jedoch der Ausdruck “Ausstieg” aus der Nutzung von Erdöl gestrichen wurde und das Feld für dessen Nutzung und Ausbeutung offengelassen wurde. Es sei darauf hingewiesen, dass die Präsidenten der wichtigsten Länder in dieser Frage, nämlich der USA und Russlands, nicht anwesend waren. Die Zahl der Lobbyisten von Öl-, Gas- und Kohleunternehmen nahm jedoch zu.

Wie eine brasilianische Analystin (Cora Rónai) feststellte, “ist diese COP28 ein Schlag ins Gesicht der Menschheit, eine Verhöhnung derjenigen, die sich wirklich um die Auswirkungen unseres Handelns auf den Planeten sorgen” (O Globo, 7/12, zweiter Teil, 8). In der Tat zeigten die Tausenden Anwesenden nicht die nötige Sensibilität für das Drama, das durch den Anstieg der globalen Erwärmung verursacht wird, die bald zwei Grad Celsius oder mehr erreichen wird. Der Profit der Unternehmen, die systemische Logik des Wettbewerbs ohne jeden Hinweis auf eine wirksame Zusammenarbeit, der fortgesetzte Angriff auf die natürlichen Güter und Dienstleistungen, die Lockerung der Gesetze, die die Eingriffe in die Natur begrenzen, und die Schwächung der gesetzlichen Kontrollen in den vom neoliberal-kapitalistischen System beherrschten Gesellschaften führen dazu, dass es keinen Kurswechsel gibt, sondern allenfalls interne Korrekturen des Systems, die wie Pflaster auf die Wunden wirken, ohne deren Ursachen zu bekämpfen.

Wenn das System des Kapitals mit seiner unersättlichen Dynamik und seiner alle Bereiche umfassenden Kultur und erst recht die “Große Transformation” (Polaniy) von einer Marktgesellschaft zu einer totalen Marktgesellschaft aufrechterhalten wird, wird dies dazu führen, dass der Planet unbewohnbar wird. Der französische Genetiker Albert Jacquard (J’accuse l’économie triomphante, 1986) hat schon vor Jahren auf den selbstmörderischen Charakter des kapitalistischen Systems hingewiesen, auf seinen Todestrieb, weil es auf der Erschöpfung der Voraussetzungen beruht, die das Leben garantieren, und dessen treibende Kraft der Wettbewerb ist, der seine Konkurrenten gnadenlos verschlingt, immer mit der Aussicht auf mehr Geldgewinn.

Vielleicht kann uns diese kleine Geschichte aus dem Irak, der seit 2003 von Bush und seinen Verbündeten in einem ungerechten Krieg zerstört wurde, über die Risiken aufklären, die vor uns liegen.

Es heißt, dass “ein Soldat aus dem alten Basra im Krieg gegen den Irak, der von der US-Armee verwüstet wurde, voller Angst zum König ging und zu ihm sagte: “Mein Herr, rette mich, hilf mir, von hier zu fliehen; ich war auf dem Marktplatz und traf den ganz in Schwarz gekleideten Tod, der mich mit einem tödlichen Blick ansah; leihe mir dein königliches Pferd, damit ich schnell nach Samara fliehen kann, das weit von hier entfernt ist; ich fürchte um mein Leben, wenn ich in der Stadt bleibe”.

Der König machte sich über ihn lustig. Später traf der König den Tod auf der Straße und sagte ihm: “Mein Soldat hat sich erschrocken; er erzählte mir, dass er Ihnen begegnet sei und dass Sie ihn sehr seltsam ansahen”. “Oh nein”, antwortete der Tod, “mein Blick war nur der eines Erstaunens, denn ich fragte mich, wie dieser Mann nach Samara kommen würde, das so weit von hier entfernt ist, denn ich erwartete ihn dort heute Abend. Tatsächlich hat er ihn dort in der Nacht getroffen und ihm die Umarmung des Todes gegeben.”

Dieses Märchen trifft auf die Gegenwart zu. Wir sind Zeugen des Todes, des Endes unserer Art von Welt, die auf dem Raubbau an der Natur beruht, aber wir haben die Beschleunigung des unbegrenzten Wachstums nicht gebremst, obwohl die Wissenschaft uns versichert, dass wir bereits die erträglichen Grenzen der Erde erreicht haben und sie nicht mehr verkraften kann. Die Konsumgier der üppigen Länder, die im Allgemeinen im hohen Norden angesiedelt sind, beansprucht mehr als eineinhalb Erden, um ihren Bedarf zu decken.

Wir haben wenig Zeit und noch weniger Weisheit. Wir sind bereits in die neue Phase der Erde eingetreten, die kocht und überhitzt ist (das Anthropozän, das Nekrozän und das Pyrozän). Die Klimaforscher selbst sind größtenteils zu Techno-Fatalisten geworden und haben resigniert. Wissenschaft und Technik, so sagen sie, sind zu spät gekommen. Wir können den neuen Lauf der sich erwärmenden Erde nicht mehr aufhalten. Wir können die Menschheit vor den immer häufiger auftretenden Extremereignissen warnen und ihre schädlichen Auswirkungen abmildern, aber wir können sie nicht verhindern.

Die Folgen für die gesamte Menschheit, insbesondere für die vom Verschwinden bedrohten Inselstaaten des Pazifiks und speziell für die am stärksten vernachlässigten und ärmsten Länder, werden je nach Region mehr oder weniger schwerwiegend sein. Aber Tausende werden Opfer sein, sie werden auswandern müssen, weil ihre Gebiete zu heiß geworden sind, Ernten verloren gegangen sind, Hunger und Durst grassieren, Kinder und alte Menschen sich nicht anpassen können und schließlich sterben. Diese Phänomene werden die Planer dazu zwingen, den Grundriss der Städte neu zu definieren, insbesondere derjenigen, die an den Küsten der Ozeane liegen, deren Wasserstand erheblich steigen wird.

Nehmen wir allgemeine Beispiele. Ein Atomsprengkopf, der aus großer Höhe abgeschossen wird, kann nicht mehr aufgehalten werden. Sind die Dämme des Bergbauunternehmens Vale in Brumandinho-MG erst einmal gebrochen, ist es unmöglich, die Lawine von Tausenden von Tonnen Abfall, Schlamm und Wasser aufzuhalten, die auf kriminelle Weise 172 Menschen getötet und die Region verwüstet hat.

Das ist es, was mit der Erde geschieht. Die menschliche “Kolonie” verhält sich in Bezug auf den Erdorganismus wie eine Gruppe von Krebszellen. An einem bestimmten Punkt verlieren sie ihre Verbindung zu den anderen Zellen, beginnen sich chaotisch zu vermehren, dringen in das umliegende Gewebe ein und produzieren giftige Substanzen, die schließlich den gesamten Organismus vergiften. Haben wir das nicht auch getan, als wir 83 Prozent des Planeten bevölkerten?

Das Wirtschafts- und Produktionssystem hat sich drei Jahrhunderte lang entwickelt, ohne seine Vereinbarkeit mit dem ökologischen System zu berücksichtigen. Heute erkennen wir mit Verspätung, dass Ökologie und die industrielle Produktionsweise, die eine systematische Ausplünderung der Natur beinhaltet, im Widerspruch zueinander stehen. Entweder wir ändern uns, oder wir landen in Samara, wo etwas Unheilvolles auf uns wartet.

All diese Probleme würden eine globale Governance, globales Denken und globale Lösungen erfordern. Wir sind noch nicht reif für diese offensichtliche Anforderung. Wir sind nach wie vor Opfer der veralteten Souveränität jeder einzelnen Nation und schließen uns auf diese Weise blindlings dem Zug derer an, die auf das Massengrab zusteuern.

Leonardo Boff Autor von: Terra Madura:uma teologia da vida, Planeta, São Paulo 2023; Habitar a Terra:  qual o caminho para a fraternidade universal? Vozes 2022.

Il capitalismo attuale: preso dalla pulsione di morte?

         Leonardo Boff

La COP28, tenutasi a Dubai, negli Emirati Arabi Uniti, si è conclusa come sono finite le precedenti: solo con un appello alla riduzione dei combustibili fossili; ma è stata eliminata l’espressione “progressiva eliminazione” dell’uso del petrolio, che lascia campo libero al suo utilizzo e alla sua esplorazione. È importante notare che i presidenti dei paesi più decisivi su questo tema, Stati Uniti e Russia, non si sono neppure presentati. Al contempo, è aumentato il numero dei lobbisti delle imprese petrolifere, del gas e del carbone.

Come ha osservato un’analista brasiliana (Cora Rónai), “questa COP28 è uno schiaffo in faccia all’Umanità, una presa in giro di coloro che realmente hanno a cuore gli effetti delle nostre azioni sul pianeta” (O Globo, 7/12, secondo quaderno, 8). In effetti le migliaia di persone presenti non hanno mostrato la sensibilità necessaria al dramma che comporterà l’aumento del riscaldamento del pianeta, che presto si avvicinerà ai due gradi Celsius o più. I profitti aziendali, la logica sistemica della concorrenza senza alcun accenno di cooperazione effettiva, il continuo assalto ai beni e ai servizi naturali, l’allentamento delle leggi che limitano gli interventi sulla natura e l’indebolimento dei controlli legali nelle società dominate dal sistema neoliberista-capitalista, sono tutti fattori che impediscono di cambiare rotta, al massimo si apportano correzioni interne al sistema, che sono come una sorta di cerotto sulle ferite senza aggredirne le cause.

Il mantenimento del sistema del capitale con le sue dinamiche insaziabili e la sua cultura che abbraccia tutti gli ambiti e ancor più la “Grande Trasformazione” (Polaniy) da una società di mercato a una società di mercato totale, tenderà a rendere il pianeta inabitabile. Anni fa, il genetista francese Albert Jacquard (J’acuse l’économie triomphante, 1986) notava il carattere suicida del sistema capitalista, la sua pulsione di morte, in quanto fondato sull’esaurimento delle condizioni che garantiscono la vita, il cui motore è la concorrenza che divora senza pietà i suoi concorrenti, sempre con la prospettiva di maggiori guadagni monetari.

Forse questa piccola [e antica storia] storia che viene dall’Iraq, distrutto da Bush e dai suoi alleati in una guerra ingiusta, iniziata nel 2003, può illuminarci sui rischi che ci attendono.

Si racconta che “un soldato dell’antica Bassora, nella guerra contro l’Iraq, devastato dall’esercito nordamericano, pieno di paura, andò dal re e gli disse: “Mio Signore, salvami, aiutami a fuggire da qui; ero nella piazza del mercato e ho trovato la Morte vestita tutta di nero che mi guardava con uno sguardo mortale; prestami il tuo cavallo reale affinché possa correre velocemente a Samara, che è lontana da qui; temo per la mia vita se rimango in città”.

Il re fece quello che volle. Più tardi il re trovò la Morte per strada e gli disse: “Il mio soldato era terrorizzato; mi ha raccontato che ti ha trovato e che lo hai guardato in modo molto strano. “Oh no”, rispose la Morte, “il mio sguardo era semplicemente stupefatto, perché mi chiedevo come sarebbe arrivato quest’uomo a Samara, così lontana da qui, perché lo aspettavo stanotte là. Infatti, lo trovò là di notte e gli diede l’abbraccio della morte”.

Questa storia si applica al momento attuale. Prevediamo la morte, la fine del nostro tipo di mondo basato sullo sfruttamento eccessivo della natura. Ma non abbiamo rallentato l’accelerazione di una crescita illimitata, anche se la scienza ci assicura che abbiamo già raggiunto i limiti sopportabili della Terra e che non ce la fa più. La voracità del consumismo dei paesi opulenti, generalmente situati nel Grande Nord, esige più di una Terra e mezza per soddisfare le sue richieste.

Abbiamo poco tempo e ancor meno saggezza. Abbiamo inaugurato già la nuova fase della Terra, in ebollizione e surriscaldata (l’antropocene, il necrocene e il pirocene). La maggior parte degli stessi climatologi si sono trasformati in tecno-fatalisti e rassegnati. La scienza e la tecnica, testimoniano, sono arrivate troppo tardi. Non possiamo più fermare il nuovo corso di riscaldamento della Terra. Sì, possiamo avvisare l’umanità dell’arrivo sempre più frequente di eventi estremi e mitigarne i suoi effetti dannosi, ma ci sfugge la possibilità di evitarli.

Le conseguenze per tutta l’umanità, in particolare per i paesi insulari del Pacifico, minacciati di scomparsa, e specialmente per i più svantaggiati e poveri, saranno gravi, maggiori o minori dipendendo dalle regioni. Ma migliaia saranno le vittime. Molti dovranno emigrare, perché i loro territori sono diventati troppo caldi, distruggendo i raccolti. Dilaga la fame e la sete, i bambini e gli anziani non riescono ad adattarsi e finiscono per morire. Tali fenomeni costringeranno i pianificatori a ridefinire il layout delle città, in particolare quelle situate sulle rive degli oceani le cui acque saliranno in modo significativo.

Utilizziamo esempi comuni. Una volta lanciata, una testata nucleare, proveniente da una grande altezza, non può più essere fermata. Una volta rotte le dighe della compagnia mineraria Vale a Brumandinho-MG, è diventato impossibile fermare la valanga di migliaia di tonnellate di rifiuti, argilla e acqua che, criminosamente, hanno ucciso 172 persone e devastarono la regione.

È quello che sta accadendo con la Terra. La “colonia” umana nei confronti dell’organismo terrestre si sta comportando come un gruppo di cellule cancerogene. Ad un certo momento hanno perso la connessione con altre cellule, cominciano a replicarsi in modo caotico, a invadere i tessuti circostanti e a produrre sostanze tossiche che finiscono per avvelenare l’intero organismo. Non abbiamo fatto così, occupando l’83% del pianeta?

Il sistema economico e produttivo si è già sviluppato da tre secoli senza tener conto della sua compatibilità con il sistema ecologico. Oggi, tardivamente, ci rendiamo conto che l’ecologia e il modo di produzione industrialista che implica il saccheggio sistematico della natura sono contraddittori. O cambiamo oppure arriveremo a Samara, dove ci aspetta qualcosa di sinistro.

Tutti questi problemi richiederebbero una governance globale, per pensare globalmente, soluzioni globali. Non siamo ancora maturi per questa ovvia esigenza. Continuiamo ad essere vittime del sovranismo obsoleto di ogni nazione e, in questo modo, ciecamente, ingrossiamo il corteo di coloro che camminano verso la fossa comune. Oxalà svegliamoci in tempo.

Leonardo Boff ha scritto Terra Madura: uma teologia da vida, Planeta, São Paulo 2023; Abitare la terra. Quale via per la fraternità universale? Castelvecchi, Roma 2021 (traduzione dal portoghese



















































































(traduzione
dal portoghese




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         Leonardo
Boff

 

La COP28, tenutasi a Dubai, negli Emirati Arabi Uniti, si
è conclusa come sono finite le precedenti: solo con un appello alla riduzione
dei combustibili fossili; ma è stata eliminata l’espressione
progressiva
eliminazione

dell’uso del petrolio, che lascia campo libero al suo
utilizzo e alla sua esplorazione. È importante notare che i presidenti dei
paesi più decisivi su questo tema, Stati Uniti e Russia, non
si sono neppure
presentati. Al contempo, è aumentato
il numero dei lobbisti delle imprese petrolifere, del gas e del carbone.

 

Come ha osservato unanalista brasiliana (Cora Rónai), questa COP28 è uno
schiaffo in faccia all
Umanità, una presa in giro di coloro che realmente hanno a cuore gli effetti delle
nostre azioni sul pianeta
(O Globo, 7/12,
secondo
quaderno, 8). In effetti le migliaia di persone presenti non hanno mostrato la
sensibilità necessaria al dramma che comporterà l’aumento del riscaldamento del
pianeta, che presto si avvicinerà ai due gradi Celsius o più. I profitti
aziendali, la logica sistemica della concorrenza senza alcun accenno di
cooperazione effettiva, il continuo assalto ai beni e ai servizi naturali, l
allentamento delle leggi che limitano gli interventi
sulla natura e l
indebolimento
dei controlli legali nelle societ
à dominate dal
sistema neoliberista-capitalista, sono tutti fattori che impediscono di
cambiare rotta, al massimo si apportano correzioni interne al sistema, che sono
come una sorta di cerotto sulle ferite senza aggredirne le cause.

 

Il mantenimento del sistema del capitale con le sue
dinamiche insaziabili e la sua cultura che abbraccia tutti gli ambiti e ancor
più
la
Grande Trasformazione” (Polaniy) da una società di mercato a una società di mercato totale,
tenderà
a rendere il pianeta inabitabile. Anni fa, il genetista
francese
Albert Jacquard (J’acuse l’économie triomphante, 1986) notava il carattere suicida del sistema capitalista, la sua
pulsione di morte, in quanto fondato sull’esaurimento delle condizioni che
garantiscono la vita, il cui motore è la concorrenza che divora senza piet
à i suoi concorrenti, sempre con la prospettiva di maggiori guadagni
monetari.

 

Forse questa piccola [e antica storia] storia che
viene dall
Iraq, distrutto
da Bush e dai suoi alleati in una guerra ingiusta
, iniziata nel 2003, può illuminarci sui rischi che ci attendono.

 

Si racconta che un soldato dellantica Bassora, nella guerra contro lIraq, devastato dallesercito nordamericano, pieno di paura, andò dal re e gli
disse:
Mio Signore, salvami, aiutami a fuggire da qui; ero nella piazza del mercato e ho trovato la Morte vestita tutta di nero che
mi guardava con uno sguardo mortale; prestami il tuo cavallo reale affinch
é possa correre velocemente a Samara, che è lontana da qui;
temo per la mia vita se rimango in città”.

 

Il re fece quello che volle. Più tardi il re trovò la
Morte per strada e gli disse:
Il mio soldato era terrorizzato; mi ha raccontato che ti ha trovato e che lo hai guardato in modo molto strano. Oh no, rispose la Morte, il mio sguardo era semplicemente stupefatto, perché mi chiedevo come sarebbe arrivato quest’uomo a Samara,
cos
ì
lontana da qui, perché lo aspettavo stanotte là. Infatti, lo trovò di notte e gli
diede l
abbraccio della
morte
”.

 

Questa storia si applica al momento attuale. Prevediamo
la morte, la fine del nostro tipo di mondo basato sullo sfruttamento eccessivo
della natura
.
M
a non abbiamo rallentato laccelerazione di una crescita illimitata, anche se la
scienza ci assicura che abbiamo gi
à raggiunto i
limiti sopportabili della Terra e che non ce la fa più
. La voracità del consumismo dei paesi opulenti, generalmente situati nel Grande Nord, esige
più di una Terra e mezza per soddisfare le sue richieste.

 

Abbiamo poco tempo e ancor meno saggezza. Abbiamo
inaugurato già
la nuova fase della Terra, in ebollizione e surriscaldata (lantropocene, il necrocene e il pirocene). La maggior parte degli stessi climatologi si sono trasformati
in
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sono arrivate troppo tardi. Non possiamo più fermare il nuovo corso di
riscaldamento della Terra. S
ì, possiamo
avvisare l
umanità dellarrivo sempre
più frequente di eventi estremi e mitigarne
i suoi effetti dannosi, ma ci sfugge la possibilità di evitarli.

 

Le conseguenze per tutta lumanità, in
particolare per i paesi insulari del Pacifico, minacciati di scomparsa, e
specialmente per i più svantaggiati e poveri, saranno gravi, maggiori o minori dipendendo
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lle regioni. Ma migliaia saranno le vittime. Molti dovranno emigrare, perché i loro territori sono diventati troppo caldi, distruggendo i raccolti.
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la fame e la sete, i bambini e gli anziani non riescono
ad adattarsi e finiscono per morire. Tali fenomeni costringeranno i
pianificatori a ridefinire il layout delle città, in particolare quelle situate
sulle rive degli oceani le cui acque saliranno in modo significativo.

 

Utilizziamo esempi comuni. Una volta lanciata, una testata nucleare, proveniente da
una grande altezza, non può
più essere
fermata. Una volta rotte le dighe della compagnia mineraria Vale a
Brumandinho-MG, è diventato impossibile fermare la valanga di migliaia di
tonnellate di rifiuti, argilla e acqua che, cr
iminosamente, hanno ucciso 172 persone e devastarono la regione.

 

È
quello
che sta accadendo con la Terra. La colonia
umana nei confronti dellorganismo terrestre si sta comportando come un gruppo di cellule cancerogene. Ad un certo momento hanno perso la connessione con altre cellule, cominciano a replicarsi in modo caotico,
a invadere i tessuti circostanti e a produrre sostanze tossiche che finiscono
per avvelenare l
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ì, occupando
l’83% del pianeta?

 

Il sistema economico e produttivo si è già sviluppato da tre secoli senza tener conto della sua compatibilità con il sistema ecologico. Oggi, tardivamente, ci rendiamo conto che lecologia e il
modo di produzione industrialista che implica il saccheggio sistematico della
natura sono contraddittori. O c
ambiamo oppure arriveremo a Samara, dove ci aspetta qualcosa di sinistro.

 

Tutti questi problemi richiederebbero una governance
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pensare globalmente,
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ancora maturi per questa ovvia esigenza. Continuiamo ad essere vittime del
sovranismo obsoleto di ogni nazione e,
in questo modo, ciecamente, ingrossiamo il corteo di
coloro che camminano verso la fossa comune.
Oxalà svegliamoci in tempo.

 

 

Leonardo Boff ha scritto Terra Madura: uma teologia da vida, Planeta,
São Paulo 2023;
Abitare la terra. Quale via per la fraternità universale? Castelvecchi, Roma 2021