Lo nuevo normal climático – el fin de la especie y la salvación cristiana: respuesta a un desafío

                  Leonardo Boff/Pedro de Oliveira

Un entrañable amigo, reconocido sociólogo, Pedro Ribeiro de Oliveira de Juiz de Fora-MG, tal vez el único que lee todo lo que escribo,me critica y mejora mis ideas, se dejó impactar (helás!) con mi reciente artículoLo nuevo normal climático es amenazador” que trata del cambio irreversible del régimen climático de la Tierra que podrá poner en peligro el futuro de la vida humana. Como es un cristiano crítico y serio me escribió esta provocación que supongo será la de muchos lectores y lectoras. Me permito transcribir su email en su forma coloquial y después mi respuesta también coloquial.

Pregunta de Pedro Ribeiro de Oliveira:

Leonardo, mi hermano,

Acabo de leer tu texto “Lo nuevo normal es amenazador” soltando los perros sobre la inevitable catástrofe climático-ambiental que se está abatiendo sobre la Tierra y quiero sugerirte/pedirte una reflexión teológica sobre la Salvación. ¿Es que ni Jesús puede salvar a la humanidad? ¿Es que su Evangelio del Reino se quedó en nada? ¿Que Él sólo consigue salvar almas? ¿Será que el Hijo del Hombre, después de resucitado por el Espíritu, acabó muriendo por nada?

No sé… Si toda la especie humana, y un montón de otras que van con ella, está condenada a desaparecer, la promesa del Reinado de Dios fue solo una Esperanza que ayudó a una parte (pequeña) de la humanidad a vivir momentos felices anticipándolo en la historia. ¿Dónde está la salvación que Jesús prometió y las Iglesias cristianas han anunciado durante siglos? 

Sólo nos queda el consuelo de que, no habiendo Reinado de Dios en la historia y estando nuestros cuerpos condenados a morir, tendremos una vida eterna y etérea para nuestras almas. Pero si es así, mucha gente hizo el tonto, incluso el mismo Jesús de Nazaret: podía haber enseñado la salvación de las almas sin enfrentarse al Imperio, el Templo y la Cruz.

Como teólogo, te propongo hacer una reflexión sobre la Salvación teniendo como tema de fondo la catástrofe de la vida humana en la Tierra.

Un afectuoso abrazo

Pedro

Pedro Ribeiro de Oliveira, sociólogo, autor de varios libros y articulador nacional del Movimiento Fe y Política.

Respuesta de Leonardo Boff

Pedro, amigo-hermano,

Yo creo que Jesús no vino a cambiar el curso de la evolución. 

Si te cuento la historia de la vida te darás cuenta de que al formarse los continentes (a partir del único gran continente, Pangea) hace 230 millones de años, entre el 75-95% de todas las especies de seres vivos desaparecieron. Pero la Tierra guardó semillas (los quintillones y quintillones de micoroorganismo escondidos en el suelo y a salvo de cualquier amenaza). La Tierra se demoró 10 millones de años para rehacer la biodiversidad. La rehizo y enfrentó otras grandes extinciones posteriores, como aquella de hace 67 millones de años que hizo desaparecer todos los dinosaurios después de haber vivido más de 130 millones de años sobre la Tierra, y tantas otras. Pero la vida, como una especie de plaga siempre sobrevivió. 

Nada impide que nuestra especie, que apareció la última en el proceso de la evolución, violenta y asesina desde el principio del mundo, llegue a su clímax y desaparezca. Pero no desaparece el Principio creador de Dios-Trinidad, de comunión y de amor. De las ruinas hará un nuevo cielo y una nueva tierra,como lo promete el Apocalipsis. 

Recuerda el Viernes santo. Todos los apóstoles huyeron y abandonaron a Jesús. Sólo las mujeres, las generadoras de vida, no le abandonaron y se quedaron al pie de la cruz. El Viviente murió entre gritos de desesperación hasta entregarse, confiado, diciendo: “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”(Lc 23,46:mi principio de vida). La resurrección, testemoniada por primero por una mujer,Maria Magdalena, fue una insurrección contra aquella justicia y aquel mundo de muerte que lo condenó. Pero es mucho más:la  resurrección anticipó el fin bueno de la historia humana y del universo. Surgió el “novísimus Adán” (1Cor 15,45).

Yo creo que el misterio pascual (vida-muerte-resurrección), especialmente el viernes santo, no sólo inspiró a Hegel para para la creación de la dialéctica (que él llama“viernes santo teórico”) sino que también nos puede inspirar a nosotros.

Podemos pasar por el viernes santo general y terrenal con todas sus agonías como las de Jesús. Pero no es el fin. Irrumpirá, luego después, lo nuevo que es la resurrección. No como reanimación de un cadáver como el de Lázaro, sino como realización de todas las potencialidades escondidas en Jesús y en nosotros y como la irrupción realmente de aquello que el Apocalipsis atestigua: un nuevo cielo y una nueva tierra. Ellas vendrán de lo alto, es decir, de otra fuente de vida y de otra naturaleza. 

Bien dice Ernst Bloch: el verdadero génesis no está al comienzo, sino al final. Solo entonces Dios, “mirando todo lo que habia hecho y halló que todo estaba muy bueno”(Gn 1,31). Ahora no es todo muy bueno, pues hay tanta maldad y desastres incomprensibles, como el de São Sebastião-SP y la bajada del nivel de agua de los canales de Venecia que están practicamente secos. Pero el fin será bueno.

Como dice el mayor poeta portugués Fernando Pessoa: “soñamos con un mundo que aún no experimentamos”. Ahora al final del nuevo régimen climático, el terrible piroceno (del fuego), vamos a explosionar e implosionar hacia dentro de Dios como le gustaba imaginar a Pierre Teilhard de Chardin. Experimentaremos un mundo nunca vivido antes.

Esta nuestra esperanza vale para la situación calamitosa actual. Reside en la resurrección de Jesús que solo comenzó pero no acabó todavía porque sus hermanos y hermanas que somos todos nosotros, no hemos llegado a la situación de él. La resurrección de Jesús es un proceso no terminado porque sus hermanos y hermanas aún no han resucitado como él. Como lo dice San Paulo:”es en la esperanza que somos salvos”(Rom 8,24).

Me gusta el evangelio original de San Marcos. Termina diciendo Jesús: “id a Galilea, ahí me veréis”(Mc 16,7). Así acaba el texto. Los milagros agregados, es consenso entre los exegetas que son un añadido posterior. 

Por lo tanto, estamos todos  en el camino a Galilea cuando entonces veremos el Resucitado; el Nuevo Ser se manifestará y hará de nosotros también nuevos seres, hombres y mujeres resucitados.

Esta es mi esperanza frente a las turbulencias mortales de la historia, sobre todo de la historia reciente. Lo nuevo, Cristo resucitado, acabará de resucitar y entonces se mostrará como el Cristo cósmico que llena todos los espacios de la Tierra y del Universo. Y nosostros participaremos de esta novedad.

Un grande y fraterno abrazo

Leonardo

Escribi un libro La resurrección de Cristo y la nuestra en la muerte, Trotta,Madrid.

Lo nuevo normal climatico es amenazador

No es que estemos yendo al encuentro del calentamiento global y del cambio climático. Es que estamos ya dentro. Rompimos la soportabilidad de la Tierra (planetary boundaries) que podrá llevar el sistema-vida al colapso. Hemos pasado el punto crítico y estamos en un camino sin retorno. El planeta Tierra está siendo superexplotado por la voracidad industrialista, que beneficia a una pequeña parte de la humanidad, ha excluido de la mesa de la comensalidad a las grandes mayorías y nos ha llevado a esta situación amenazadora. 

Grandes climatólogos y otros científicos, recogidos en el severo libro de Elizabeth Kolbert, Bajo un cielo blanco: la naturaleza del futuro (Crítica 2021) y La sexta extinción: una historia nada natural (Crítica 2016), se han vuelto clima-escépticos y resignados: aún con la ciencia y la tecnología estamos llegando con retraso. No hay cómo evitar la escalada del nuevo régimen climático. Solo podemos disminuir los efectos dañinos, hacer prevención y adaptarnos a él. Las consecuencias generales para la humanidad, de modo especial para los desvalidos, serán infernales.

Lo que se había concertado en 2015 en la COP de París de esforzarnos para para impedir que el calentamiento subiese 1,5 ºC hasta 2030 se ha frustrado. La gran mayoría, dominada por los lobbies de las grandes empresas de extracción de petróleo y de energía, no ha hecho los deberes. En la COP de Egipto en 2023 los tres países que más contaminan, Estados Unidos, India y China, ni siquiera se presentaron.

Ante la crisis energética mundial, han vuelto las tecnologías altamente contaminantes del pasado, como el carbón.

El informe del IPCC de febrero de 2022 advirtió: como se ha hecho muy poco, el calentamiento global subirá 1,5-2 grados ºC hacia 2027. Otros científicos tomando en cuenta la presencia del metano, que es 28 veces más dañino que el CO2, por el deshielo de los cascos polares y del permafrost, sugieren que este aumento de la temperatura nos llegará ya en 2025. De ser verdad, tenemos poco tiempo para prepararnos y para inventar estrategias de adaptación. ¿Cuál es el costo en términos de vidas humanas y de inversiones financieras? 

Los eventos extremos que han sucedido recientemente son señal de este cambio de régimen climático. En esta semana de carnaval de 2023, solo en 24 horas han llovido 686 mm en Bertioga y 627 mm en São Sebastião, ciudades marítimas en el norte del estado de São Paulo con consecuencias altamente desastrosas. 

Simultáneamente un tifón furioso barrió Indonesia, matando a más de 800 personas. Las calles de agua de Veneza están secas.Recordemos los grandes incendios de 2022 que hubo en California, en toda Europa, inclusive en Siberia, Australia y la Amazonia. Se habla de la nueva era del piroceno (del fuego), como efecto del calentamiento global que ha calentado el suelo y las piedras. Las ramitas y hojas secas se prenden fuego y desencadenan grandes incendios. Si esto se confirma, podremos conocer un armagedón ecológico.

Por eso, nuestro futuro no es halagueño. El climatólogo Carlos Nobre ya advirtió en la COP 26 en Glasgow: “En esta década se decidirá el futuro de la humanidad”. Recordemos a los incrédulos del tiempo de Noé que anunciaba el diluvio y ellos continuaban con sus fiestas y bodas, hasta ser tragados por las aguas. Hoy hay un desconocimiento general de la amenazas que pesan sobre nuestro futuro. La mayoría de los jefes de estado no toman en serio tales cambios. Los CEOs de las grandes corporaciones no quieren ni saber de ello. Y si saben, se dan cuenta de que deberían cambiar sus formas de producción, pero temen perder sus negocios y ser tragados por otros más grandes si lo hicieran. Prefieren caminar despreocupadamente hacia la eventual fosa común en vez de cambiar de sistema. El “Titanic” se puede estar hundiendo, pero no les impide hacer sus negocios rentables. Y van a perecer como los otros al son de la música clásica. 

No faltan científicos y sabios que nos advierten, mostrando la conexión entre los desastres en São Paulo y las inundaciones del año pasado en Minas Gerais, Bahía y Pernambuco y el cambio de régimen climático. Quien lo hizo claramente por la televisión es uno de nuestros mejores científicos, Antonio Nobre.

Decimos con razón que la Tierra es nuestra madre, pues nos da todo lo que necesitamos. Pero como todas las madres puede darnos serias lecciones para que aprendamos a tratarla como madre, cosa que no hemos hecho durante siglos. El coronavirus ha sido una de esas señales, hasta ahora mal comprendida, por lo que nuestro mejor científico, Miguel Nicolelis, nos alerta siempre: el virus está ahí y puede conocer variantes peligrosas. Tenemos que estar vigilantes. Pero seguimos como si nada hubiese sucedido, como se nota en el carnaval actual, dando por supuesto de que ya hemos vuelto a la antigua normalidad. Esta es nuestra mayor ilusión, pues el nuevo régimen climático será inexorable. Vendrá con nuevos virus, bacterias y enfermedades. Cobrará muchas vidas y nos forzará a cambiar nuestros modos de vida y de consumo. 

Los nuevos gobernantes de las naciones (los nuestros inclusive) deben considerar en sus proyectos este hecho nuevo: la Tierra ya no es la misma. No podemos hacer las mismas cosas que antes. En caso contrario, conoceremos desastre tras desastre y frustraciones en lo que emprendamos. 

La Tierra-madre se nos presenta como algo enigmático. En los últimos 570 millones de años ocurrieron 15 grandes extinciones masivas. Dos de ellas eliminaron el 50% de las especies de la Tierra y reorganizaron totalmente los ecosistemas. Muchos científicos (cf. Peter Ward, La evolución del ser humano ha llegado a su fin: extinciones masivas y preservación de la biodiversidad, 1977) aseguran que eso ocurrió por un lento e inexorable cambio climático (p.XVII). ¿No estaremos actualmente en una situación semejante, esta vez por el descuido de poderosos grupos humanos? En su hambre de enriquecimiento han agotado los bienes y servicios naturales, volviéndose así el Satán de la Tierra. 

Generalmente eran inmensos asteroides los que producían tales desastres. «Este asteroide -comenta Ward- se llama homo sapiens. Todas las especies evolucionan hasta morir. La extinción es el fin de la evolución» (P.XIX). ¿No será que ha llegado nuestro turno? 

Nos comportamos de forma tan depredadora con nuestra Madre Tierra que es posible que ella no nos quiera más aquí. Así las otras especies no se verían amenazadas y seguirían su curso evolutivo. No es imposible que, después de miles de años, surja un ser más evolucionado que pueda soportar el espíritu y construir un modo de vida más amigable con todos los seres y con la Tierra.

De continuar como está, nuestra situación puede llevarnos al encuentro de lo peor. La Tierra seguirá girando alrededor del sol, con todo su esplendor, pero sin nosotros.

*Leonardo Boff ha escrito con Jürgen Moltmann, ¿Hay esperanza para la creación amenazada?, Vozes 2014.

Traducción de MªJosé Gavito Mestá siendilano

 O novo normal ameaçador

 Não estamos indo ao encontro do aquecimento global e da mudança de regime climático.Já estamos dentro.Rompemos a suportabilidade da Terra (“planetary bounderies”) que poderá levar o sistema-vida ao colapso. Passamos o ponto crítico e estamos num caminho sem retorno.O planeta Terra superexplorado pela voracidade industrialista que beneficia uma pequena porção da humanidade, excluindo da mesa da comensalidade as grandes maiorias, nos conduziu  a esta situação ameaçadora.

Grandes climatólogos e outros cientistas, recolhidos no livro severo de Elizabeth Kolbert, “Sob um céu branco: a natureza do futuro”(Intrinseca 2021) e “A sexta extinção não natural”(Intrínseca 2016) se tornaram clima-céticos e resignados: mesmo com a ciência e a tecnologia chegamos atrasados.Não há como evitar a escalada do novo regime climático.Apenas podemos minorar os efeitos danosos, prevenir-nos e adaptarmo-nos a eles. As consequências gerais para a humanidade, de modo especial, para os desvalidos, serão infernais.

O que se havia concertado em 2015 na COP de Paris de envidar esforços para impedir que o aquecimento até 2030 não alcançasse 1,5 C foi totalmente frustrado.A grande maioria,dominada pelo lobbies das grandes empresas de mineração,de petróleo e de energia, não fez o dever de casa. Na COP do Egito em 2023 os três países que mais poluem sequer aparecem à convenção: os USA,a Índia e a China. Face à crise energética mundial,voltaram às tecnologias altamente poluentes do passado como o carvão.

O relatório do IPCC de fevereiro de 2022 advertiu: como muito pouco se fez, o aquecimento global subirá a 1,5-2 graus C por volta de 2027; outros cientistas, tomando em conta a entrada do metano pelo degelo das calotas polares e do parmafrost que é 28 vezes mais danoso que o CO2, aventam que o referido aumento do clima nos chegará já em 2025. A ser verdade, temos pouco tempo para nos preparar e para inventar estratégias de adaptação.Qual é o custo em termos de vidas  humanas e de investimentos financeiros?

Os eventos extremos recentemente acontecidos, sinalizam esta mudança de regime climático.Nesta semana de carnaval de 2023,somente em 24 horas choveu 686 mm em Bertioga e 627 mm em São Sebastião, cidades junto ao mar no norte do estado de São Paulo com consequências altamente desastrosas. Simultaneamente um  tufão furioso varreu a Indonésia,matando mais de 800 pessoas.

Lembremos as grandes queimadas em 2022 que tomaram a Califórnia,toda a Europa,inclusive a Sibéria, a Austrália e a Amazônia. Fala-se da nova era do piroceno (do fogo), como efeito do aquecimento global que aqueceu o solo e as pedras. Gravetos e folhas secas se acendem e desencadeiam grandes incêndios.Se isso se confirmar, poderemos conhecer um armagedon ecológico.

Por isso, nosso futuro não é promissor.O climatólogo Carlos Nobre já advertiu na COP 26 em Glasgow:”Nesta década se decidirá o futuro da humanidade”. Lembremos dos gaiatos do tempo de Noé que anunciava o dilúvio e eles continuavam com suas festas e casamentos,até serem tragados pelas águas. Hoje há um geral desconhecimento das ameaças que pesam sobre nosso futuro. A maioria dos chefes de estado  não tomam a sério as tais mudanças. Os CEOs das grandes corporações não querem nem saber. E se sabem, se dão conta de que deveriam mudar suas formas de produção.Mas se o fizerem, temem perder negócios e serem engolidos por outros mais fortes.Preferem gaiamente rumar na direção da eventual vala comum do que mudar de sistema. O “Titanic”pode estar afundando mas não lhes impede de fazer seus negócios rendosos.E vão perecer como os outros ao som de música clássica.

Não faltam cientistas e sábios a nos advertirem, mostrando a conexão existente entre os desastres em São Paulo e no ano passado as enchentes em Minas Gerais, na Bahia e em Pernambuco e a mudança de regime climático. Quem o fez claramente pela televisão é um de nossos melhores cientistas Antonio Nobre.

Dizemos, com razão, que a Terra é nossa mãe, pois nos dá tudo o que precisamos. Mas como todas as mães, pode nos dar severas lições para aprendermos a tratá-la como mãe, coisa que não o fizemos por séculos. O coronavírus foi um desses sinais, até agora mal compreendido, o que nosso melhor cientista sempre nos alerta, Miguel Nicolelis: o vírus está aí e pode conhecer variantes perigosas.Temos que estar vigilantes.Mas continuamos como se nada tivesse acontecido,como se nota no atual carnaval, na suposição de que já temos voltado à antiga normalidade.É essa a nossa maior ilusão,pois o novo regime climático será inexorável.Virá com novos vírus, bactérias e enfermidades.Cobrará muitas vidas e nos forçará mudar nossos modos de vida e de consumo.

Os novos governantes das nações (inclusive o nosso) devem em seus projetos considerar este fator novo: a Terra não é mais a mesma. Não podemos fazer as mesmas coisas como antes. Caso contrário conheceremos desastres pós desastres e frustrações de nossos empreendimentos.

A Terra-mãe se nos apresenta como algo enigmático. Nos últimos 570 milhões de anos ocorreram 15 grandes extinções em massa.Duas delas eliminaram 50% das espécies da Terra e reorganizaram totalmente os ecossistemas.Muitos cientistas (cf.Peter Ward, O fim da evolução:extinções em massa e preservação da biodiversidade”,Campus 1977) asseguram que isso ocorreu por uma lenta a inexorável mudança climática (p.XVII). Não estaríamos atualmente numa situação semelhante, desta vez pela incúria de poderosos grupos humanos? Em sua fome de enriquecimento, exauriram os bens e serviços naturais e assim se tornaram o Satã da Terra.

Geralmente eram imensos asteroides    que produziam tais desastres, “Este asteroide”comenta Ward, “se chama o homo sapiens.  Todas as espécies evoluem até morrerem. A extinção é o fim da evolução”(P.XIX). Será que não chegou a nossa vez? Comportamo-nos de forma tão depredadora para com nossa Mãe Terra que, possivelmente, ela não nos queira mais aqui. Assim as demais espécies não seriam mais ameaçadas e seguiriam seu curso evolutivo.  Não é impossível que, após milhares de anos, surja um ser mais evoluído que possa suportar o espírito e construa um modo de vida, mais amigável para com todos os seres e para com a Terra.

A continuar como está, a nossa situação pode nos levar ao encontro do pior. A Terra continuará a girar ao redor do sol, com todo o seu esplendor, mas sem nós.

Leonardo Boff escreveu com Jügen Moltmann, Há esperança para a criação ameaçada?, Vozes 2014.