La justa medida: empieza por ti mismo y respete la Madre Tierra

Leonardo Boff*

Los cambios y la propia historia no se hacen mecánicamente.Siempre se producen dentro de condicionamientos del pasado y del presente, pero no excluyen nunca la actuación de los sujetos históricos, que usan su libertad y toman posiciones. Ellos son,dentro de cada contexto determinado, los que hacen la historia.Esto mismo sirve para el rescate de la justa medida, tan urgente en los tiempos actuales.

La justa medida está presente en todas las éticas mundiales. El verdadero humanismo solamente se da si se funda en lamoderación, en el camino del medio, y en la justa medida.

¿Por dónde empezar?

Empieza por ti mismo

Los cambios personales, las llamadas revoluciones moleculares, que marcan el primer paso de cualquier proceso de transformación, son fundamentales. Esta sólo será efectiva si la persona se dispone a vivirlos en su propia vida. En este aspecto debemos ser concretos: el exceso de marketing hace que las personas sean seducidas por el consumo y pierdan la justa medida; el exceso de selfies denota narcisismo; el tiempo dedicado a viajar por pura curiosidad por los programas de internet y otros del mismo género son demostraciones de falta de la justa medida. Rehenes de la virtualidad nos negamos el gusto del encuentro y de la amistad. Bien observó el Papa Francisco en la encíclica Todos hermanos y hermanas: «Los medios digitales nos privan de la comunicación directa. Hacen falta los gestos físicos, las expresiones del rostro, los silencios, el lenguaje corporal y hasta el perfume, el temblor de las manos,el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y es parte de la comunicación humana» (n.43).

Tales medios nos hacen próximos, pero no hermanos. Constituye un principio de la física cuántica y de la nueva cosmogénesis ver toda la realidad, también la materia, como formas de energía con distintos grados de densidad y siempre en redes de relaciones. De acuerdo con esta comprensión, no existe nada fuera de las relaciones, ningún acto realizado por una persona física queda retenido en ella. La energía que emite, circula por todas las redes, fortaleciéndolas y de esta forma acelerando la construcción de la Casa Común.

De aquí se deriva el hecho de que ningún acto humano se reduce a lo personal, siempre implica lo social y lo global porque estamos permanentemente conectados con ellos. Veamos algunas expresiones de esta dimensión de la justa medida en el ámbito personal.

Para empezar, cada persona debe conocerse mínimamente a símisma, sus pulsiones, sus energías interiores, positivas o negativas. Hay personas que por naturaleza son más impulsivas y dadas a perder la justa medida. Hay otras, por naturaleza más tranquilas y ante situaciones conflictivas no pierden la justa medida.

Mantener la justa medida en estos casos es un acto sapiencial: sabe cuando hablar y cuando callar; aprende a dominar sus impulsos y piensa y repiensa antes de actuar. Otros conscientemente hacen un esfuerzo significativo para contenerse y guardar la justa medidaRevelan así madurez ycapacidad de autodominio.

Podríamos identificar también la justa medida en el ámbito delejercicio del poder, en la conducción de una comunidad, en elliderazgo político e incluso en la confrontación de ideas. En Brasil somos condenados a soportar un presidente que no demuestra ningún sentido de justa medida,sea en las palabras ofensivas sea en actos de producir verguenza. Es la expresión más perversa de falta de cualquier moderacón y justa medida.

Rehacer el contrato natural con la Madre Tierra

Como participantes de la naturaleza y con capacidad de intervenir en ella, es necesario hacer una referencia importante al Contrato Natural entre la Tierra y la Humanidad. Ese contrato nos viene dado, no se hace. Al existir, recibimos todo lo que necesitamos de la Madre Tierra: el suelo, el aire, las aguas, todo tipo de alimentos, los climas favorables a la vida, en una palabra, todos los componentes que permiten a la vida subsistir y reproducirse. Como en todo contrato, hay siempre una contrapartida: cada cual debe cumplir su parte.

Inicialmente los seres humanos vivían el Contrato Natural sin tener que pensar en él. La Madre Tierra les ofrecía en abundancia los medios de vida y ella era amada, celosamente respetada y cuidada en sus ritmos naturales.

Esto se hizo de manera ejemplar durante el matriarcado, hace por lo menos 20 mil años. Las mujeres sentían una especial connaturalidad con la Madre Tierra, pues unas y otras generan vida.

Fueron pasando los tiempos y el hombre-masculinizado acumuló poder e impuso su voluntad y sus propósitos. Dominó a las mujeres y junto con ellas sometió también a la naturaleza.Lentamente pero de manera progresiva se rompió el Contrato Natural. La Matriz Relacional, aquella sagrada relación de todos con todos se perdió. El ser humano se sintió dueño de la naturaleza y no parte de ella.

La Tierra ya no era considerada como Madre generosa, sino como una “cosa extensa” sin propósito, como un granero lleno de recursos, disponibles al gusto de los hombres. 

En la actualidad el Contrato Natural ha sido roto totalmente hasta el punto de que la Tierra hace sentir lo grave de esta ruptura a través de los desajustes que están apareciendo. Los humanos, según la naturaleza de todo contrato, han dejado de cuidar a la Madre Tierra, sus biomas, sus selvas, sus aguas y sus suelos. Antes bien, la han agredido.

La alarma actual por los cambios climaticos contituyen una de las expresiones de haber sepultado el Contrato Natural. Hoy más que nunca urge rehacer ese Contrato Natural. Este implica de nuestra parte tener un sentimiento de respeto, de cuidado, de sinergia y establecer un lazo afectivo con la Tierra y con todos sus elementos. Aquí emerge el valor eminente de la justa medida, de la autocontención de nuestro impulso de poseer más y más, de respeto a la identidad de cada ser y también de sus derechos intrínsecos.

Si no restablecemos los términos justos de este Contrato Natural y lo articulamos con el Contrato Social (el que regula la sociedad) en vano aplicaremos la ciencia y la técnica para recuperar los daños ya producidos. Lo decisivo consiste en crear un lazo de afecto y de amor con la Tierra y tratarla como la Madre Tierra, la Magna Mater, la Pachamama y Gaia. Sólo con justa medida y sinergia, entre ambas grandezas, abriremos una ventana para un futuro esperanzador.

*Leonardo Boff ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra:una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amistad social, Vozes, 2021.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

La política de odio y el asesinato del indigenista Bruno Pereira e o periodista ingles Dom Phillips

Leonardo Boff*

El asesinato del conocido indigenista Bruno Pereira y del periodista inglés Dom Phillips ha comovido al país y al mundo entero. Este crimen sólo es comprensible en el marco de una política de odio y persecución que el gobierno actual ha establecido como política normal, incidiendo principalmente sobre los pueblos originarios, los negros, las personas de otra opción sexual y los pobres en general. Sólo en tiempos del nazismo se instaló tal práctica política. Ella es expresión de barbarie, cuando pasa por encima del contrato social que establece relaciones civilizadas entre los ciudadanos.

Estos asesinatos tienen que ser investigado hasta el fondo y han de tener en cuenta la atmósfera de odio y de violencia, estimulada desde arriba, que se ha apoderado del país. Quien ha afirmado que la revolución del 64 se equivocó al torturar pues debería haber matado, quien explícitamente declara que habría que fusilar a 30 mil izquierdistas y hace apología abierta de un conocido torturador, no es ajeno a la atmósfera que propició el bárbaro crimen cometido en el Vale do Javari amazónico. ¿Por qué la Policía Federal suspendió las investigaciones? ¿Quién lo ordenó? Las instituciones jurídicas están siendo puestas a prueba. Deben actuar.

A pesar de esta verdadera desgracia nacional no queremos perder la esperanza de que todo saldrá a la luz y los culpables directos e indirectos serán castigados. El país va a encontrar su verdadero destino. Nos inspira el legado de uno de los mayores pensadores de Occidente, el africano san Agustín (354-430) que decía: jamás debemos perder la esperanza porque su alternativa es el suicidio. Confiemos en ella, pues tiene dos hermosas hermanas: la indignación y la valentía. La indignación para rechazar todo lo que es malo y perverso. La valentía para transformar esta situación en beneficiosa. En este momento sombrío de nuestra historia tenemos que enamorarnos de estas dos hermanas.

La hermana indignación

Nos indignamos contra un gobierno que se ha propuesto como tarea destruir todo nuestro pasado cultural e imponer otro modelo que pretende conducirnos a tiempos oscuros del pasado. Servidor de los intereses norteamericanos, ha hecho alianza con lo más atrasado y reaccionario que existe en aquel país.

Nos indignamos con un jefe de estado, que por su alta función debería vivir los valores y virtudes que quisiera que el pueblo viviese también, pero que muy al contrario no hace más que dar malos ejemplos. Ha difundido desde arriba una ola de odio, de mentiras, de violencias y de fake news como política de estado. Tal actitud ha infundido en la sociedad y en los órganos policiales situaciones de barbarie con uso indiscriminado de la violencia dirigida contra los más desvalidos. Se ha mostrado totalmente irresponsable en cuestiones ambientales, de modo particular en lo que se refiere a la Amazonia y al Pantanal.

Nos indignamos por haberse aliado con la Covid-19, negando su importancia, tratando de imponer la inmunización de rebaño, sacrificando con ello a centenares de personas, y prescribiendo medicinas sin efecto inmunizador.

Negó la eficacia de las vacunas hasta el punto de rechazar comprarlas en su momento. Él es responsable de buena parte de las más de 660 mil víctimas de Covid-19, cuando podría haberlo evitado. Pocas veces, de forma ritual, ha mostrado empatía y solidaridad con las familias enlutadas de las víctimas.

Nos indignamos con él por despreciar las leyes y la Constitución, atacar al Supremo Tribunal Federal y al Tribunal Superior Electoral, por amenazar con un golpe de estado y afirmar que solo reconocerá en las elecciones un único resultado: su reelección. En caso contrario habrá convulsión social, manipulando a su base fanatizada y armada.

Nos indignamos por haberse traicionado a sí mismo y al pueblo brasilero, retomando sin escrúpulos la vieja política que quería superar, aliándose a grupos políticos oportunistas y conservadores con los cuales articuló vergonzosamente un presupuesto secreto, fuente de grandísima corrupción.

Nos indignamos, finalmente, por ser corrupto en el sentido originario de la palabra: tener un corazón (cor) corrupto (corruptus). Peor que la corrupción monetaria existente en el actual gobierno, que no puede ser investigada y puesta bajo secreto, es la corrupción de su mente y de su corazón. Él está dominado visiblemente por la pulsión de muerte, dado el descuido que muestra de la vida de las personas y de la naturaleza. De esta corrupción fundamental nace su odio, su grosería, las palabras de mal gusto, las mentiras y la distorsión de la realidad. 

¿Cómo puede todavía decir que tiene a Dios en el corazón?

La hermana valentía 

Nos animan la oposición y la resistencia de políticos ligados a los intereses generales de la nación, especialmente de los movimientos sociales populares del campo y de la ciudad y de varios estratos maltratados por su gobierno como artistas y actrices, los cultivadores de la cultura, los negros, los quilombolas, los indígenas y los pobres.

Nos animan los medios de información y de opinión alternativos ya sea los impresos o los medios virtuales que mantienen viva la conciencia crítica y denuncian los desmanes gubernamentales y parlamentarios.

Nos animan los varios manifiestos de profesores y profesoras, de intelectuales, artistas, gente de los movimientos sociales y del pueblo organizado contra las reformas que han desmantelado conquistas históricas de derechos de los trabajadores y de los jubilados, entre otros.

Nos anima la conciencia nacional y colectiva en defensa de nuestra democracia representativa que, aunque no sea de alta intensidad, es hoy por hoy el gran instrumento político para el mantenimiento de un estado de derecho, la vigencia y respeto a la constitución y a las leyes, siendo el espacio de las libertades de opinión y de elaboración de los consensos.

Nos animan, a pesar de la falta de apoyo de los órganos oficiales, las iniciativas populares y de los movimientos sociales para vivir concretamente la ética de la solidaridad en tiempos de pandemia, ofreciendo toneladas de alimentos biológicos y millones de platos calientes a los miles y miles de desempleados y afectados por la Covid-19.

Nos animan los cientos de encuentros virtuales, en vivo, promovidos por grupos u organizaciones sobre temas actuales, reforzando el compromiso y la esperanza. Cabe enfatizar el alto valor civilizatorio del Instituto Conhecimento Liberta (ICL) fundado por el exbanquero Eduardo Moreira y su grupo, que ofrece 145 cursos online, dados por las mejores cabezas nacionales e internacionales, llegando a más de 60 mil alumnos al precio de 42-49 reales al mes, pudiendo seguir todos los cursos por ese precio.

Nos anima la posibilidad de elegir representantes políticos de las asambleas estatales y del parlamento que podrán sustentar a un eventual gobierno que rescate la democracia, los derechos perdidos y una soberanía activa y orgullosa con repercusión internacional.

Nos anima el apoyo internacional a nuestras fuerzas democráticas, contra el autoritarismo y la barbarie social, para recuperar nuestra importancia conquistada en las relaciones internacionales, especialmente por las políticas contra el hambre y las demás políticas de inclusión social, técnica y universitaria.

Nos anima, finalmente, la relevancia que tiene nuestro país por su privilegiada situación ecológica en el equilibrio de los climas, en el mantenimiento del sistema-vida y del sistema-Tierra para beneficio nuestro y de toda la humanidad.

Estamos convencidos de que ninguna sociedad se construye sobre el odio ni sobre la pulsión de muerte, sino sobre la convivencia pacífica entre todos, mediante el cuidado de unos a otros y de la gran Casa Común, incluida la naturaleza, especialmente la Amazonia, bien común de la humanidad.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito El pescador ambicioso y el pez encantado: en busca de la justa medida, Vozes 2022.

Traducción de Mª José Gavito Milano

“Deus,o grande silêncio do universo”

Juan José Tamayo

T.J.Tamayo é um dos mais brilhantes e discutidos teólogos leigos espanhóis. Amigo de Saramago nos fornece aqui detalhes inspiradores deste grande escritor que foi Saramago. Eu mesmo passei quase uma noite inteira em Estocolmo,por ocasião de um encontro de portadores de Prêmio Nobel, discutindo religião e espiritualidade. Quis ler o livro que tinha à mão para a sua esposa “Espiritualidade:caminho de realização” dizendo: é esse tema que me atormenta e quero aprofundá-lo. Experimentei um homem genial, cheio de conexões surpreendentes e extremamente gentil. Para o Natal daquele ano escreveu-me uma carta das mais belas que já havia recebido. Era um incansável buscador do Absoluto para além de seu declarado ateísmo. Transcrevemos este artigo de Tamayo que nos revela um pouco da alma do grande escritor LBoff

  • “Estamos a celebrar o centenário do nascimento do escritor português José Saramago, um ateu convicto. De fato, a vida e obra de Saramago foram uma luta titânica permanente com/contra Deus”.
  • “Há muitas definições de Deus que encontrei. Mas, sem dúvida, uma das mais belas definições de Deus é a de Saramago: ‘Deus é o grande silêncio do universo, e o ser humano é o grito que dá sentido a esse silêncio'”.
  • “Ele sempre se declarou ateu, e por seu ateísmo foi um crítico impenitente das religiões, de seus abusos, de seus enganos, especialmente das guerras e cruzadas convocadas, legitimadas e santificadas por elas em nome de Deus”.
  • “Durante os últimos cinco anos de sua vida tive o privilégio de desfrutar de sua amizade e compartilhar experiências de fé e incredulidade, de solidariedade e trabalho intelectual, em total harmonia. É por isso que me atrevo a aplicar o nome de ‘Bom Samaritano‘, uma parábola livre de todas as conotações religiosas”.

O artigo é de Juan José Tamayo, teólogo espanhol, secretário-geral da Associação de Teólogos João XXIII, ensaísta e autor de mais de 70 livros, publicado por Religión Digital, 23-06-2022.

Eis o artigo.

Ato Literário em memória do Prêmio Nobel: José Saramago. Ética e Literatura. (Foto: Religión Digital)

Comemoramos o centenário do nascimento do escritor português José Saramago, que ganhou o Prêmio Nobel da Literatura em 1998 pela sua capacidade de “tornar compreensível uma realidade indescritível, com parábolas sustentadas pela imaginação, compaixão e ironia”. E estamos fazendo isso com diferentes atividades em reconhecimento a uma das figuras mais ilustres da literatura do século XX no horizonte ético da libertação dos povos oprimidos, com quem sempre se solidarizou e com quem se defendeu contra o imperialismo e a supremacia. No dia 18 de junho comemoramos outro acontecimento significativo: os doze anos de sua morte, que deixou um grande vazio e um órfão difícil de superar no mundo literário, não só no luso-espanhol, mas também em todo o mundo e no campo da exemplaridade moral.

No dia 30 de maio, celebramos um “Ato Literário em memória do Prêmio Nobel: José Saramago. Ética e Literatura”, organizado pela Future Century Foundation, com sede em Guadalajara, da qual participaram: Juan Garrido, presidente da Future Century Foundation, Pilar del Río, jornalista, esposa do Prêmio Nobel e presidente da Fundação José Saramago, Nativel Preciado, jornalista e escritor, Frederico Mayor Zaragoza, presidente da Fundação Cultura de Paz, e eu. Neste artigo vou desenvolver algumas das ideias que apresentei naquele evento em que participaram 200 pessoa

Durante os últimos cinco anos de vida de Saramago, tive o privilégio de desfrutar de sua amizade e compartilhar experiências de e descrença, de solidariedade e trabalho intelectual, em total harmonia. Dois foram os momentos especiais dessa fruição e um terceiro que não pôde ser comemorado.

“Deus é o grande silêncio do universo”

A primeira teve lugar em Sevilha em Janeiro de 2006. Andávamos pelas ruas de Sevilha, José Saramago, sua esposa, a jornalista e tradutora de suas obras para o espanhol, Pilar del Río, a pintora Sofía Gandarias, e eu na direção do Auditório da Universidade de Sevilha para participar um Simpósio sobre Diálogo entre Civilizações e Modernidade. Às 9h da manhã, ao passar pela Plaza de la Giralda, os sinos da Catedral de Sevilha começaram a tocar loucamente – antiga mesquita, mandada construir pelo califa almóada Abu Yacoub Yusuf.

– “Os sinos tocam porque passa um teólogo”, disse Saramago com o seu humor habitual.

– “Não – respondi no mesmo tom – os sinos tocam porque um ateu está prestes a se converter ao cristianismo.

Nesse diálogo fugaz, a resposta de Saramago foi imediata:

– “Isso nunca. Fui ateu toda a minha vida e continuarei a ser no futuro.”

Imediatamente me veio à mente uma definição poética de Deus, que recitei para ele sem hesitação:

– “Deus é o grande silêncio do universo, e o ser humano é o grito que dá sentido a esse silêncio.

– “Essa definição é minha”, reagiu sem demora.

– “De fato, é por isso que o mencionei – respondi –. E essa definição está mais próxima de um místico do que de um ateu.

Minha observação o impressionou. Ninguém nunca lhe dissera nada assim e isso o fez pensar, sem se deixar enganar pela minha ideia. De fato, a vida e a obra de Saramago foram uma permanente luta titânica contra Deus. Como a do Jó bíblico – a quem Bloch chama de “o Hebreu Prometeu“, que amaldiçoa o dia em que nasceu, sente desgosto por sua vida e ousa perguntar a Deus, em tom desafiador, por que o ataca com tanta violência, por que o oprime ele de forma tão desumana e por que ele o destrói sem piedade (Jó, 10). Ou como o patriarca Jacó, que passou uma noite inteira brigando com Deus e acabou com um nervo ciático ferido (Gênesis 32:23-33). Não é o caso de Saramago, que saiu ileso das lutas com Deus e nunca desistiu.

São muitas as definições de Deus que encontrei ao longo dos meus cinquenta anos dedicados à teologia, precedidos pela formação catequética católica da escola e da paróquia da minha cidade. Foi lá que aprendi a primeira definição de Deus no catecismo do padre Gaspar Astete, repeti-a muitas vezes correndo e ainda hoje consigo fazê-lo:

Deus é a coisa mais excelente e admirável que se pode dizer e pensar, infinitamente Bom, Poderoso, Sábio, Justo, Princípio e Fim de todas as coisas, [recompensador do bem e punidor do mal].

Durante meus estudos de teologia tive que dar conta da demonstração da existência de Deus conhecida como “argumento ontológico“, de Anselmo de Cantuária, da qual Albert Camus disse com razão que não conhecia nenhuma pessoa que tivesse dado sua vida a defendê-lo.

Mas sem dúvida uma das mais belas definições de Deus é a de Saramago que acabei de citar. Li-o nos seus Cuadernos de Lanzarote, de 1993, e dei-o a conhecer onde quer que tenha falado do Prêmio Nobel português. O próprio Saramago recorda-o em O Caderno. Textos escritos para o seu blog, Setembro de 2008 a março de 2009, assim:

“Há muitos anos, nada menos que 1993, escrevi nos Cadernos de Lanzarote algumas palavras que encantaram alguns teólogos desta parte da Península Ibérica, especialmente Juan José Tamayo que, desde então, generosamente me ofereceu sua amizade. Eram estes: ‘Deus é o grande silêncio do universo, e o ser humano é o grito que dá sentido a esse silêncio.‘ Deve-se reconhecer que a ideia não está mal formulada, com seu quantum satis de poesia e sua intenção levemente provocativa sob o pressuposto de que os ateus são muito capazes de se aventurar pelos caminhos pedregosos da teologia, mesmo os mais elementares” (Companhia Das Letras, São Paulo, 2009, p. 144).

Esta definição merece figurar entre as vinte e quatro definições – com ela, vinte e cinco – de tantos sábios reunidos em um Simpósio que inclui o Livro dos 24 filósofos (Siruela, Madrid, 2000), cujo conteúdo foi objeto de uma amplo debate entre filósofos e teólogos durante a Idade Média. Para um teólogo dogmático, definir Deus como o silêncio do universo talvez seja um eufemismo.

Para um teólogo heterodoxo como eu, seguidor de místicos judeus, cristãos e muçulmanos como Pseudo-Dionísio, Rabia de Bagdá, Abraham Abufalia, Algazel, Ibn al Arabi, Rumi, Hadewich de Antuérpia, Margarita Porete, Hildegard de Bingen, Mestre Eckhardt, Juliana de Norwich, João da Cruz, Teresa de Jesus, Baal Shem Tov, cristãos leigos como Dag Hammarksjlöd, hindus como Tukaram e Mohandas K. Gandhi, e a mística leiga Simone Weil, é mais que suficiente. Dizer mais seria desrespeitoso com Deus, quer ele acredite em sua existência ou não. “Se você entende – disse Agostinho de Hipona – não é Deus.”

Saramago na apresentação do Novo Dicionário de Teologia

O segundo encontro aconteceu quando o convidei para apresentar meu Novo Dicionário de Teologia, publicado pela editora Trotta no final de 2005. Inicialmente, sua resposta ao meu convite foi negativa. Atribuí sua recusa ao volume do livro: 992 páginas em duas colunas, portanto, cerca de duas mil páginas. Mas não, esse não foi o motivo para rejeitar meu convite. A verdadeira razão foi que ao longo de tantas páginas as palavras “ateísta” e “ateísmo” não apareciam.

De fato, eles não aparecem como entrada, mas aparecem no final, na entrada Teísmo/Ateísmo. Quando o avisei, ele leu com grande interesse os conceitos que mais lhe interessavam e, claro, Teísmo/Ateísmo, e concordou em participar da apresentação do livro junto com a filósofa Victoria Camps, realizada no Ateneu de Madri. Ele elogiou o Dicionário dizendo que era um livro fundamental tanto para ateus quanto para crentes. Suas palavras confirmaram a orientação cultural e ética que eu queria dar ao trabalho desde o início, longe do caráter confessional e apologético que não poucos dicionários de teologia têm.

Ateísmo e o “fator Deus”

Houve uma terceira reunião agendada que infelizmente não pôde ser realizada devido ao falecimento de Saramago. Foi um diálogo entre os dois, aberto ao público na biblioteca de sua casa em Tías (Lanzarote) em torno de um tema que nós dois éramos apaixonados: “Ateísmo e o fator Deus”.

Saramago sempre se declarou ateu, e por seu ateísmo foi um crítico impenitente das religiões, de seus abusos, de seus enganos, especialmente das guerras e cruzadas convocadas, legitimadas e santificadas por elas em nome de Deus: “Um deles – afirma –, o mais criminoso, o mais absurdo, o que mais ofende a simples razão é aquele que, desde os primórdios dos tempos e das civilizações, manda matar em nome de Deus… Já se disse que as religiões, todas elas, sem exceção… elas foram e continuam a ser a causa de sofrimentos indescritíveis, de massacres, de monstruosas violências físicas e espirituais que constituem um dos capítulos mais sombrios da miserável história humana.” Com a história em mãos, quem vai negar tal verdade?

Mas a crítica de Saramago vai mais longe e atinge o próprio coração das religiões, o próprio Deus, em cujo nome, afirma, “tudo foi permitido e justificado, principalmente o pior, o mais horrendo e cruel”. E dá como exemplo a Inquisição, que compara ao Talibã de hoje, qualifica como “organização terrorista” e acusa de interpretar perversamente seus próprios textos sagrados nos quais afirmava acreditar, a ponto de fazer um casamento monstruoso entre religião e o Estado ou “contra a liberdade de consciência e o direito de dizer não, o direito à heresia, o direito de escolher outra coisa, é isso que significa a palavra heresia”.

Esta denúncia de Deus situa-se nas críticas mais importantes e incisivas da religião, como as de Epicuro, Demócrito e Lucrécio, as dos profetas de Israel/Palestina, de Jesus de Nazaré e do cristianismo primitivo, as dos mestres Marx, Nietzsche e Freud, e os de ateísmo moral que negam a Deus a sua responsabilidade no sofrimento das vítimas.

Mesmo quando Saramago pensava que os deuses são uma criação da mente humana, preocupava-se com os efeitos do “fator Deus” – título de um de seus artigos mais famosos e célebres –, que está presente na vida dos seres humanos, crentes ou não, como se fosse o dono e senhor dela, é exibido nas notas de dólar, embriagou o pensamento e abriu as portas para a mais sórdida intolerância.

Em seu romance Caim, ele recria a imagem violenta e sanguinária do Deus da Bíblia judaica, “um dos livros mais sangrentos da literatura mundial”, segundo Norbert Lohfink, um dos mais prestigiados estudiosos bíblicos do século XX. Imagem que continua em alguns textos da Bíblia cristã, onde Cristo é apresentado como o bode expiatório para reconciliar a humanidade com Deus e que se repete novamente em alguns teólogos medievais que apresentam Deus como dono de vidas e propriedades e como senhor feudal, que trata seus adoradores como se fossem servos do bosque e exige o sacrifício de seu filho mais amado, Jesus Cristo, para reparar a infinita ofensa que a humanidade cometeu contra Deus.

O Deus assassino de Caim ainda está presente em muitos dos rituais de guerra do nosso tempo: nos ataques terroristas cometidos por falsos crentes muçulmanos que, em nome de Deus, praticam a guerra santa contra os infiéis; nos autoproclamados líderes políticos cristãos, que apelam a Deus para justificar o derramamento de sangue de inocentes em operações que levam o nome de Justiça Infinita ou Liberdade Duradoura; na política sacrificial do Estado de Israel que, acreditando ser o povo eleito de Deus e o único proprietário da terra que descreve como “prometida”, realiza operações de destruição maciça de territórios, muros de prisões e assassinatos de milhares de Palestinos.

Sentido solidário de Saramago

Juntamente com a crítica à religião, a Deus e ao “fator Deus”, vale destacar o sentido de solidariedade na vida que caracterizou Saramago. De filantropia e sem qualquer apoio religioso, foi o defensor das causas perdidas, alguns dos quais foram conquistados graças ao seu apoio. Cito apenas três, entre os mais emblemáticos. Uma foi a solidariedade com o povo palestino face ao massacre a que foi submetido entre Dezembro de 2008 e Janeiro de 2009 pelo Exército israelita, que provocou 1.400 mortos e que o Prêmio Nobel português qualificou de genocídio. A segunda, o apoio e acompanhamento da líder saharaui Aminatu Haidar durante a sua greve de fome no aeroporto de Lanzarote. O terceiro, tendo atribuído os direitos autorais de seu então último romance às vítimas do terremoto no Haiti.

Ao reler seu romance Caim, as palavras de Epicuro me vieram à mente: “A palavra do filósofo é vã se ele não é capaz de aliviar o sofrimento humano.” Também a afirmação do teólogo alemão Dietrich Bonhoeffer, mártir do nazismo, que pagou com a vida sua luta contra Hitler: “Não estamos aqui apenas para enfaixar as feridas das vítimas sob as rodas da injustiça, estamos aqui para bloquear a própria roda com a alavanca de uma Justiça.

No caso de Saramago, suas palavras e seus textos não foram em vão. Estavam cheios de solidariedade e compromisso com os povos mais vulneráveis ​​e oprimidos, como os palestinos, os saharauis e os haitianos. Por isso ouso aplicar o nome de uma parábola evangélica, talvez a mais bela e de maior conteúdo ético compassivo, o “Bom Samaritano“, livre de qualquer conotação religiosa.

Esta parábola é, sem dúvida, uma das críticas mais severas contra a religião oficial, legal e insensível ao sofrimento humano; uma das denúncias mais radicais contra a casta sacerdotal e clerical, viciada no culto e alheia ao grito das vítimas, e uma das mais belas canções à ética da solidariedade, da compaixão, da proximidade, da alteridade, da fraternidade-irmandade. Uma ética secular, em suma, não mediada por qualquer motivação religiosa.

O padre e o clérigo, oficiais de Deus, passam, pior ainda, fazem um desvio para não socorrer o gravemente ferido. O samaritano, que estava fora da religião oficial e era considerado herege pelos judeus, aparece, aos olhos de Jesus e do próprio jurista, como um exemplo a imitar por ter tido um coração misericordioso. Por seu comportamento humanitário, o herege torna-se sacramento do próximo; Por sua atitude impiedosa, o sacerdote e o levita tornam-se antissacramento de Deus: é a religião ao contrário ou, se preferir, a verdadeira religião, aquela que consiste em defender os direitos das vítimas, trilhando o caminho da justiça e seguir a direção da compaixão. É assim que os profetas de Israel, os fundadores e reformadores das religiões, entendiam a religião.

Quer a leitura de Saramago da Bíblia judaica seja compartilhada ou não, acho que temos que concordar com ele que “a história dos homens é a história de seus desacordos com Deus, nem ele nos entende, nem nós o entendemos“. Excelente aula de contrateologia!

Seja qual for a responsabilidade de Caim ou de Deus na morte de Abel, permanece a questão que permanece tão viva hoje como então ou mais, e que apela à responsabilidade da humanidade na atual desordem mundial, nas guerras e fomes que assolam nosso planeta: “Onde está o seu irmão?” (Gênesis 4,9). E a resposta não pode ser um evasivo “Não sei. Será que sou o guardião do meu irmão?”, mas, seguindo a Bíblia cristã, a parábola evangélica do Bom Samaritano, que mostra compaixão por uma pessoa gravemente ferida, que é religiosamente seu adversário. Excelente lição de ética solidária!

 Fonte: IHU 30/6/2022

@font-face {font-family:”Cambria Math”; panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4; mso-font-charset:0; mso-generic-font-family:roman; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;}@font-face {font-family:Calibri; panose-1:2 15 5 2 2 2 4 3 2 4; mso-font-charset:0; mso-generic-font-family:swiss; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:-536859905 -1073732485 9 0 511 0;}p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-unhide:no; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:””; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:”Calibri”,sans-serif; mso-fareast-font-family:Calibri; mso-bidi-font-family:”Times New Roman”; mso-ansi-language:PT-BR;}.MsoChpDefault {mso-style-type:export-only; mso-default-props:yes; font-size:10.0pt; mso-ansi-font-size:10.0pt; mso-bidi-font-size:10.0pt; font-family:”Calibri”,sans-serif; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-fareast-font-family:Calibri; mso-hansi-font-family:Calibri;}div.WordSection1 {page:WordSection1;}

A justa medida:comece consigo mesmo e respeite a Terra

                                                      Leonardo Boff

As mudanças e a própria história não se fazem mecanicamente. Sempre ocorrem dentro de condicionamentos do passado e do presente. Mas nunca eximem a atuação dos sujeitos históricos que usam sua liberdade e tomam posições. São eles, inseridos num determinado contexto, que fazem a história. O mesmo vale para o resgate da justa medida tão urgentes para os tempos atuais.

A justa medida está presente em todas as éticas mundiais. O verdadeiro humanismo somente se dá, se ele se fundar na moderação, no caminho do meio, e na justa medida.

Por onde começar?

Comece consigo mesmo                 

Fundamentais são as mudanças pessoais, as assim chamadas revoluções moleculares  que marcam o primeiro passo para qualquer processo de transformação.  Esta só será efetiva se a pessoa se dispuser a operá-las em sua própria vida. Nesse quesito devemos ser concretos: o excesso de marketing faz com que as pessoas sejam seduzidas pelo consumo e percam a justa medida; o excesso de selfies denota narcisismo; o tempo dedicado a viajar por pura curiosidade pelos programas da internet e outros do gênero são demonstrações de falta da justa medida. Reféns da virtualidade negamo-nos o gosto do encontro e da amizade. Bem observou o Papa Francisco na encíclica Todos irmãos e irmãs: “Os meios digitais nos privam-nos dos gestos físicos, expressões do rosto, silêncios, linguagem corpórea e até o perfume, o tremor das mãos, o rubor, a transpiração, porque tudo isso fala e faz parte da comunicação humana:”(n.43).

Tais meios nos fazem próximos, mas  não irmãos. Constituem princípios da física quântica e da nova cosmogênese ver toda a realidade, também a matéria, como formas de energia em distintos graus de densidade e sempre em teias de relações. Consoante esta compreensão, nada existe fora das relações, nenhum ato feito pela pessoa fica retido nela.A energia que emite, circula por  todas as teias, fortalecendo-as e desta forma acelerando a construção da Casa Comum.

Disso se deriva o fato de que nenhum ato humano se reduz ao pessoal mas sempre implica o social e o global porque estamos permanente conectados com eles.Vejamos algumas expressões desta dimensão da justa medida  no âmbito pessoal.

Antes de mais nada cada pessoa deve minimamente conhecer-se a si mesma, suas pulsões, suas energias interiores, se positivas ou negativas. Há pessoas que, por natureza, são mais impulsivas e dadas a perder a justa medida. Há outras, por natureza, mais tranquilas e face a situações conflitivas não perdem a justa medida.

Manter a justa medida nestes casos, representa um ato sapiencial: sabe quando falar e quando calar; aprende a dominar seus impulsos e pensa e repensa antes de agir. Outros conscientemente fazem um esforço significativo para conter-se e guardar a justa medida. Revela assim maturidade e  capacidade de auto-domínio.

Poderíamos identificar a justa medida também no âmbito do exercício do poder, na condução de uma comunidade, na liderança política e mesmo nos embates de ideias.

Refazer o contrato natural com a Terra

Como participantes da natureza e com a capacidade de intervir nela, faz-se mister uma referência importante sobre o Contrato Natural entre a Terra e a Humanidade. Esse contrato é dado e não feito. Ao existirmos, recebemos tudo o que precisamos da Mãe Terra, o solo,o ar, as águas,toda sorte de alimentos, os climas favoráveis à vida, numa palavra, todos os componentes que permitem a vida subsistir e se reproduzir. Como em todo o contrato, vigora sempre uma contrapartida: cada qual deve cumprir a sua parte.

Inicialmente os seres humanos viviam o contrato natural sem precisar pensar nele. A Mãe Terra lhes oferecia em abundância os meios de vida. A Mãe Terra era amada, zelosamente respeitada e cuidada em seus ritmos naturais.

Isso foi feito de modo exemplar sob o matriarcado, há pelo menos 20 mil anos. As mulheres sentiam especial co-naturalidade com a Mãe Terra, pois ambas geravam vida.

Tempos se passaram e o homem-masculinizado, acumulou poder e impôs a sua vontade e seus propósitos. Dominou as mulheres e junto com elas,  submeter também a natureza. Lenta mas de forma crescente se rompeu o Contrato Natural. A Matriz Relacional, aquela sagrada relação de todos com todos se perdeu. O ser humano sentiu-se dono da natureza e não parte dela.

A Terra jã não era tida como Mãe generosa, mas como uma “coisa extensa” sem propósito, qual  celeiro cheio de recursos,disponíveis ao bel-prazer dos homens.

Nos tempos atuais o Contrato Natural foi totalmente rompido a ponto de a Terra fazer sentir a gravidade desta ruptura pelos desarranjos naturais que começaram a aparecer.  Os humanos, consoante a natureza todo contrato, deixaram de cuidar da Mãe Terra, de seus biomas, de suas floresta, de suas águas e de seus solos. Antes, a agrediram.

O atual alarme climático planetário é uma das expressões do sepultamento do Contrato Natural. Hoje mais do que nunca antes urge refazer o Contrato Natural. Este implica de nossa parte um sentimento de respeito, de cuidado,de sinergia e do estabelecimento de um laço afetivo com a Terra e com todos os seus elementos. Aqui emerge o valor eminente da justa medida, da autocontenção de nosso impulso de possuir mais e mais, de respeitar a identidade de cada ser e também de seus direitos intrínsecos.

eSe não restabelecermos os termos justos deste Contrato Natural e o articarmos com Contrato Social,(aquele que regula a sociedade) em vão aplicaremos ciência e técnica para recuperar os danos já perpetrados.O decisivo consiste em fundar um laço afetivo com a Terra e tratá-la como a Mãe Terra, a Magna Mater, a Pacha Mama e Gaia. Só a justa medida e  a sinergia entre ambas as grandezas, abriremos uma janela para um futuro esprançador.

Leonardo Boff escreveu O doloroso parto da Mãe Terra:uma sociedade de fraternidade sem fronteiras e de amizade social, Vozes, 2021.