El Papa Francisco además de ser un líder religioso emerge también como uno de los mayores líderes geopolíticos actuales. Él tiene posición. No reproduce un discurso equilibrado, propio de los pontífices pasados. Por el hecho de estar claramente de un lado, el de los pobres, el de las víctimas y el de la vida amenazada, anuncia y denuncia. Denuncia un sistema que idolatra el dinero y se hace asesino de los pobres y depredador de la naturaleza. Se entiende: es el sistema y la cultura del capital. Tenemos que oír sus palabras porque son las de alguien que tiene conciencia de los peligros que pesan sobre toda la humanidad y la naturaleza.
No se limita a la denuncia. Anuncia como se vio indudablemente el 9 de julio de 2015 con ocasión de su visita a Bolivia. Allí tuvo lugar el II Encuentro Mundial de los Movimientos Sociales en Santa Cruz de la Sierra. Llamó a los representantes de los movimientos, que sienten en la propia piel las heridas de la explotación, para discutir con ellos las causas de sus padecimientos. Ninguno de los papas anteriores tuvo esa audacia.
Muchos representantes brasileños acudieron allí. El discurso es un verdadero guión para las luchas encaminadas hacia un nuevo tipo de civilización, ya que la nuestra está en creciente erosión y no posee internamente los medios de solución a los problemas amenazadores que ella ha creado para sí y para nuestro futuro. El discurso tiene dos partes. En la primera establece las metas fundamentales que deben abarcar a todos. Son las famosas tres T: Tierra para vivir y trabajar en ella; Trabajo para garantizar el sustento de las personas; Techo para albergar a las personas porque no son animales dejados al relente.
La segunda parte es programática y supone un desafío. Habla a los representantes de los movimientos sociales. Resumiendo sus palabras afirma: no esperen nada de arriba, de los gestores del sistema vigente, pues siempre traen más de lo mismo que perpetúa y profundiza la miseria. Sean ustedes mismos los protagonistas de un nuevo estilo de sociedad, con una nueva forma de producción orgánica, sintonizada con la naturaleza; con una distribución justa de los beneficios y con un consumo sobrio; sean los profetas de lo nuevo fundado en la justicia social y la solidaridad. Y da tres consejos: hagan que la economía sirva a la vida y no al mercado; promuevan la justicia social, base para la paz duradera; y cuiden a la Madre Tierra sin la cual ningún proyecto es posible.
Estas orientaciones del Papa Francisco nos iluminan en medio de la tormenta de nuestra pluricrisis actual. El legado de esta crisis será seguramente otro tipo de sociedad brasileña, donde las decenas de movimientos sociales de hombres y de mujeres poseerán un protagonismo determinante.
Será un nuevo tipo de ciudadanía que regenerará Brasil. Sólo los ciudadanos activos pueden fundar una sociedad democrático-participativa, socioecológica, como sistema abierto y siempre perfectible. Por eso, el diálogo, la participación, la vivencia de la corrección ética y la búsqueda de transparencia constituyen sus virtudes mayores.
Fundamentalmente podemos decir: hay en Brasil dos proyectos antagónicos que se disputan la hegemonía: el proyecto de los adinerados, antiguos y nuevos, articulados con las corporaciones transnacionales que quieren un Brasil con una población menor de la que realmente es. Ese Brasil, así creen ellos, podría ser gestionado en su beneficio sin mayores preocupaciones. Los restantes millones que se aguanten pues siempre han tenido que acostumbrarse a vivir y a sobrevivir en necesidad.
El otro proyecto quiere construir un Brasil para todos, democrático, pujante, soberano, activo y altivo frente a las presiones de los poderosos externos e internos, que quieren recolonizar Brasil y hacerlo un mero exportador de commodities.
Los dos golpes que hemos conocido en la fase republicana, el de 1964 y el de 2016, fueron tramados y ejecutados en función de la voracidad de los adinerados que no poseen un proyecto de nación, sino sólo para sí, como una forma de garantizar sus privilegios.
Los que dieron el golpe en 2016 se embarcaron en ese proyecto contra el pueblo. Ellos en realidad no tienen nada que ofrecer a los millones de brasileños que están al margen del desarrollo humano, a no ser más empobrecimiento y discriminación.
Esta oligarquía de ricos, sin embargo, no es portadora de esperanza y, por eso, está condenada a vivir bajo el miedo permanente a que, un día, esta situación pueda revertirse y pierdan sus privilegios.
Esta es nuestra esperanza: que el futuro acabe perteneciendo a los humillados y ofendidos de nuestra historia que, un día ―y ese día llegará― heredarán las bondades que la Madre Tierra reservó para todos. Alegres, se sentarán juntos a la mesa, en la gran comensalidad de los libertos, gozando de los frutos de su resistencia, de su indignación y de su valor para cambiar. Entonces comenzará una nueva historia de Brasil, de la que hombres y mujeres habrán sido los principales protagonistas y de la cual nos podremos honrar.
*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.
O Papa Francisco além de ser um líder religioso emerge também como um dos maiores líderes geopolíticos atuais. Ele tem um lado. Não reproduz um discurso equilistra, próprio dos pontífices passados. Pelo fato de ter claramente um lado, o dos pobres, das vítimas e da vida ameaçada, anuncia edenuncia. Denuncia um sistema que idolatra o dinheiro e se faz assassino dos pobres e depredador da natureza. Entende-se-: é o sistema e a cultura do capital. Temos que ouvir suas palavras porque é de alguém que tem consciência dos riscos que pesam sobre toda a humanidade e a natureza.
Não se limita à denúncia. Anuncia como se viu indubitavelmente no dia 9 de julho de 2015, por ocasição de sua visita à Bolívia. Realizou-se o II.Encontro Mundial dos Movimentos Sociais em Santa Cruz de la Sierra. Chamou a si os representantes dos movimentos para com eles, que sentem na própria pele as feridas da exploração, a fim de discutirem as causas de seus padecimentos. Nenhum dos papas anteriores teve esse ousadia.
Muitos representantes brasileiros marcaram lá sua presenç.a. O discurso é um verdadeiro roteiro para as lutas em direção de um tipo novo de civilização, já que a nossa está em crescente erosão e não possui internamente os meios de solução para os problemas ameaçadores que ela criou para si e para o nosso futuro. O discurso possui duas partes: na primeira estabelece as metas fundamentais que devem abranger a todos.São osfamosos três T: Terra para morar e trabalhar nela; Trabalho para garantir o sustento das pessoas; Teto para abrigar as pessoas porque não são animais ao relento.
A segunda parte é programática e representa um desafio. Diz aos representantes dos movimentos sociais. Resumindo suas palavras afirma: não esperem nada de cima, dos gestores do sistema vigente, pois vem sempre mais do mesmo que perpetua e aprofunda a miséria. Sejam vocês mesmos os protagonistas de um novo estilo de sociedade, com um nova forma de produção orgânica, sintonizada com a natureza; com uma distribuição justa dos benefícios e com um consumo sóbrio; sejam os profetas do novo fundado na justiça social e na solidariedade. E dá três conselhos: façam que a economia sirva à vida e não ao mercado; promovam a justiça social, base para a paz duradoura; e cuidem da Mãe Terra sem a qual nenhum projeto se torna possível.
Estas orientações do Papa Francisco nos iluminam no meio da tormenta de nossa pluricrise atual.
O legado desta crise será seguramente um outro tipo de sociedade brasileira, onde os dezenas de movimentos sociais de homens e de mulheres possuirão um protagonismo determinante.
Será um novo tipo de cidadania que regenerá o Brasil. Só cidadãos ativos podem fundar uma sociedade democrático-participativa,sócio-ecológica, como sistema aberto e sempre perfectível. Por isso, o diálogo, a participação, a vivência da correção ética e a busca da transparência constituem suas virtudes maiores.
Fundamentalmente podemos dizer: há no Brasil dois projetos antagônicos disputando a hegemonia: o projeto dos endinheirados, antigos e novos, articulados com as corporações transnacionais que querem um Brasil com população menor do que realmente é. Este Brasil, assim, acreditam eles, daria para gerenciá-lo, em seu benefício, sem maiores preocupações. Os restantes milhões que se lasquem pois sempre tiveram que se acostumar a viver e a sobreviver na necessidade.
O outro projeto quer construir um Brasil para todos, democrático, pujante, soberano, ativo e altivo face às presses dos poderosos externos e internos, estes que querem recolonizar o Brasil e faze-lo mero exportador de commodities.
Os dois golpes que conhecemos na fase republicana, o de 1964 e do 2016, foram tramados e dados em função da voracidade dos endinheirados que não possuem um projeto de nação, apenas para si, comoforma de garantir seus privilegios.
Os que deram o golpe em 2016 embarcaram nesse projeto contra o povo. Na verdade, eles não têm nada a oferecer para os milhões de brasileiros que estão às margens do desenvolvimento humano, senão mais empobrecimento e discriminação.
Esta oligarquia de endinheirados,no entanto, não é portadora de esperança e, por isso, é condenada a viver sob permanente medo de que, uma dia, esta situação possa se reverter e perder seus privilégios.
Eis a nossa esperança: de que o futuro acabe pertencendo aos humilhados e ofendidos de nossa história que, um dia – e ele chegará – herdarão as bondades que a Mãe Terra reservou para todos. Alegres, se sentarão juntos à mesa, na grande comensalidade dos libertos, gozando dos frutos de sua resistência, de sua indignação e de sua coragem de mudare de suas vitórias. Então começará uma nova história do Brasil, da qual foram os principais protagonistas, homens e mulheres e da qual nos podemos honrar.
Leonardo Boff é teólogo e filosofo e escreveu Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência, Vozes 2018.
El clero de Nicaragua se convierte en un ‘enemigo terrible’ de Ortega
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Silvio José Báez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, y el cardenal Leopoldo Brenes, a la izquierda de él, hablan con los habitantes de Masaya. Credit Marvin Recinos/Agence France-Presse — Getty Images
MANAGUA — Los clérigos de mayor rango de Nicaragua unieron sus brazos y atravesaron a la fuerza una multitud enardecida de simpatizantes del gobierno mientras gritaban: “Asesinos ”. Cuando llegaron a la basílica donde había más de diez personas atrapadas, algunos de los manifestantes oficialistas irrumpieron detrás de ellos.
En medio de la puja, alguien hirió en el brazo al obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, Silvio José Báez, y arrancó la insignia de su sotana. Finalmente los empujones terminaron y los clérigos sacaron al grupo (paramédicos y misionarios franciscanos que estaban allí refugiándose de la turba).
Báez le restó importancia al incidente.
“Lo que la gente está viviendo es mucho más serio”, dijo a los reporteros que acompañaron a los clérigos.
La Iglesia católica está en el frente de batalla de un conflicto cada vez más radical entre el gobierno autoritario del presidente Daniel Ortega y una amplia oposición que quiere sacarlo del poder. En un país donde la Iglesia frecuentemente ha estado involucrada en la política, los sacerdotes son testigos y también parte en la crisis que ha sacudido a la nación durante los últimos tres meses y se ha cobrado la vida de alrededor de trescientas personas.
“Nosotros seguimos siendo pastores y un auténtico pastor de la Iglesia católica nunca estará con los verdugos”, dijo Báez. “Siempre estará con las víctimas”.
En los primeros días de las protestas, Ortega apeló a los obispos para que actuaran como mediadores en negociaciones con la oposición, una alianza heterogénea de grupos distintos: estudiantes, asociaciones de negocios y organizaciones agrícolas. Sin embargo, a medida que el gobierno intensificó su represión contra los opositores, Ortega ha dejado de tratar a los obispos como mediadores neutrales, y los simpatizantes del gobierno han desatado ataques contra los religiosos y las iglesias.
Policías bloquearon el ingreso a la Parroquia de Jesús de la Divina Misericordia en Managua este mes. Paramilitares leales al gobierno atacaron la iglesia durante una noche de disparos con armas de fuego.Credit Oswaldo Rivas/Reuters
El gobierno “ya le declaró la guerra a la Iglesia”, dijo Juan Sebastián Chamorro, integrante de la alianza opositora.
“Un auténtico pastor de la Iglesia católica nunca estará con los verdugos. Siempre estará con las víctimas”.
Silvio José Báez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua
Si bien la Iglesia en general ha tratado de borrar el equilibrio entre mediador y defensor, fue Báez quien se convirtió en el rostro de la oposición, con una fuerte presencia en redes sociales. Ese papel le da la libertad de denunciar al gobierno sin reservas.
“Aquí lo que hay es un Estado armado contra una población desarmada”, dijo durante una entrevista en el seminario en el que vive en las afueras de Managua. “Esta no es guerra civil”.
En las calles, la Iglesia defiende a los miembros de la resistencia, incluidos los ciudadanos que resguardan barricadas hechas con adoquines para proteger sus vecindarios de la Policía Nacional de Nicaragua y su personal paramilitar.
Báez, de 60 años, argumentó que no hay contradicción entre una tarea y la otra.
“Pero una cosa que tiene que quedar clara es que ser mediadores en la mesa de diálogo no nos hace neutrales ante la injusticia, ante las violaciones a los derechos humanos, ante la muerte de inocentes”, dijo.
La campaña del gobierno contra los manifestantes se volvió más violenta en las últimas dos semanas, a medida que se acercaba el 19 de julio, aniversario de la Revolución sandinista de 1979 que llevó a Ortega al poder por primera vez. Casi cada día, convoyes de camionetas Toyota llenas de paramilitares enmascarados llegaban a comunidades rebeldes al sur de Managua para derribar las barricadas.
Cargando un ataúd con el cuerpo de un manifestante durante un enfrentamiento con fuerzas leales al gobierno en Masaya, NicaraguaCredit Cristóbal Venegas/Associated Press “Aquí lo que hay es un Estado armado contra una población desarmada”.
Silvio José Báez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua
Los manifestantes mueren cada día y muchos más han resultado heridos y han sido arrestados a medida que la resistencia endurece su postura ante el gobierno de Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo. La mayoría de los muertos eran civiles, algunos adolescentes, aunque también han muerto policías.
Ahora los propios sacerdotes se han convertido en blancos. Ortega dedicó buena parte de su discurso el 19 de julio a señalar a la Iglesia: acusó a los obispos de tratar de derrocar su gobierno electo e incluso de usar algunas iglesias para esconder armas.
“Yo pensaba que eran mediadores, pero no”, dijo. “Estaban comprometidos con los golpistas, eran parte del plan de los golpistas”.
Ortega ha rechazado una propuesta de los obispos de adelantar las elecciones de 2021 al próximo año y ha calificado a los opositores como terroristas.
Dos días después, Báez, junto con el arzobispo de Managua, el cardenal Leopoldo Brenes, y el nuncio papal, Waldemar Sommertag, respondieron al llamado para rescatar a un grupo de misioneros franciscanos y paramédicos atrapados en la basílica en Diriamba, a una hora al sur de la capital, y se encontraron con la turba furiosa.
El presidente Daniel Ortega, a la derecha, en Managua este mes. Denunció a aquellos que “nos maldicen en nombre de instituciones religiosas”.Credit Alfredo Zúñiga/Associated Press
Posteriormente, paramilitares asediaron una iglesia en el límite del principal campus universitario en Managua tras atacar y expulsar a los estudiantes que habían ocupado el predio durante dos meses. Los estudiantes que se refugiaron en la Parroquia de Jesús de la Divina Misericordia junto con sacerdotes y periodistas resistieron una noche de disparos con armas de fuego hasta que los obispos consiguieron su liberación al amanecer.
“Gobierno de Nicaragua atraviesa el límite de lo inhumano y de lo inmoral”, escribió Báez en su cuenta de Twitter en español, inglés e italiano y finalizó con una petición: “¡La comunidad internacional no puede ser indiferente!”.
En un mensaje pastoral publicado el mismo día, los obispos sumaron su frustración al enojo de Báez, al declarar que el gobierno había mostrado no tener voluntad política en las negociaciones porque se rehusaba a abordar cualquiera de las propuestas que pudieran hacer avanzar la democracia.
“Los representantes estatales”, escribieron los obispos, “han tergiversado el objetivo principal por el cual se instaló la mesa del diálogo nacional”.
No todos están convencidos de que las críticas de la Iglesia al gobierno de Ortega son lo mejor para las negociaciones hacia una transición pacífica.
La Iglesia tiene un doble papel, entre la mediación y la protección, lo que la pone en una posición delicada al colaborar en el diálogo entre el gobierno y la oposición con el objetivo de lograr una transición pacífica, dijo Jaime Wheelock, quien fue un comandante revolucionario junto a Ortega.
Wheelock apoya el papel de la Iglesia en el diálogo, pero advirtió que Ortega podría decidir que la Iglesia “no es un mediador constructivo”.
Estudiantes que protestaron son recibidos por familiares y amigos después de salir de un sitio de varias horas realizado por fuerzas que apoyan al gobierno.Credit Jorge Torres/EPA, vía Shutterstock
No obstante, María López Vigil, una exmonja que escribe frecuentemente sobre la Iglesia nicaragüense, dijo que ha crecido el reconocimiento al hecho de que los sacerdotes —muchos de los cuales han recibido amenazas de muerte— están arriesgando sus vidas en nombre de la democracia.
“Ellos oran por nosotros, interceden por nosotros”, dijo María José Téllez Flores, de 34 años, después de que Báez y Brenes hablaran el mes pasado en el pueblo de Masaya. “Tenemos la seguridad de que ellos van a estar siempre apoyándonos”.
El involucramiento de la Iglesia en la política nicaragüense es una historia intrincada con décadas de antecedentes. La jerarquía de la Iglesia conservadora condenó la dictadura de Somoza, pero al principio se rehusó a aceptar a los sandinistas.
Para la primavera de 1979, los obispos emitieron una carta pastoral en la que denunciaban a la dictadura de Somoza como una tiranía y en julio, cuando los sandinistas llegaron a Managua, el arzobispo Miguel Obando y Bravo realizó una misa para darles la bienvenida.
No obstante, el arzobispo y la jerarquía de la Iglesia se pusieron en contra del nuevo gobierno sandinista cuando sus políticas marxistas se endurecieron. El papa Juan Pablo II suspendió a cuatro sacerdotes que tenían puestos en el gobierno sandinista después de que se negaran a dejar el cargo.
Durante los ochenta, el gobierno de Ortega fue conocido por extorsionar y poner a sacerdotes católicos en posiciones comprometedoras. El arzobispo Obando y Bravo se convirtió en el rostro de la oposición política civil de Nicaragua mientras Estados Unidos apoyó a una fuerza militar contra los sandinistas
Miembros de las fuerzas especiales de Nicaragua en MasayaCredit Oswaldo Rivas/Reuters
Después de perder la elección presidencial en 1990 —y mientras planeaba su camino de regreso al poder—, Ortega se acercó a la Iglesia católica.
En 2004, Ortega pidió perdón por los ataques sandinistas contra la Iglesia durante la década de los ochenta. El año siguiente, el cardenal Obando y Bravo casó a Ortega y Murillo.
Conforme la elección de 2006 se acercaba, Ortega dio su apoyo al llamado de la Iglesia para imponer una prohibición total del aborto. Con el apoyo sandinista, la prohibición se convirtió en ley diez días antes de que las elecciones volvieran a poner a Ortega en la presidencia.
Ya en el cargo, comenzó a desmantelar todos los candados y contrapesos a su poder: reconfiguró el poder judicial, el Congreso y el instituto electoral para mantener su control. La mayoría de los críticos lo vieron como una traición, pero el cardenal Obando y Bravo se mantuvo de su lado hasta que murió, el mes pasado.
“Tenían ellos su Iglesia que era el cardenal Obando y Bravo”, dijo José Alberto Idiáquez, rector de la Universidad Centroamericana en Managua. El cardenal “tuvo un papel importante durante la guerrilla sandinista y Somoza, pero luego él estaba como a servicio de ellos. Entonces, ellos no necesitaban mucho de los actuales obispos”, dijo Idiáquez.
El resto de la jerarquía de la Iglesia trazó su propio camino, explicó. En una carta dirigida a Ortega en 2014, los obispos advirtieron que la concentración de poder en sus manos era un peligro alarmante. “Era una carta que si la lees, tiene vigencia hoy”, dijo Idiáquez.
Báez, un estudioso de la Biblia que regresó a Nicaragua hace nueve años desde Roma tras vivir treinta años fuera del país, tenía otra forma más directa de comunicarse: las redes sociales. Lo que inicialmente fue una forma de “comunicar una interpretación de la realidad desde la vision cristiana”, ha adquirido una urgencia distinta desde el inicio de las protestas, al convertirse en una fuente de noticias y de consuelo. Las redes sociales también son el lugar donde Báez ha sido intensamente criticado por decenas de cuentas a favor del gobierno, creadas después del comienzo de la crisis.
Si un sacerdote le dice que una persona joven ha sido asesinada, “eso yo lo transmito y entonces va no solo la verdad sino que va el testimonio del sacerdote y al mismo tiempo va mi solidaridad humana”, señaló Báez.
“Mis redes sociales me han vuelto también un enemigo terrible del gobierno”, dijo.
There is a general perception that humanity is not well situated, because an absurd accumulation of wealth in few hands exists in the midst of a sea of misery and hunger. Brazil’s situation is no better. We live perplexed by all the evils committed, destroying workers rights and internationalizing the national wealth that sustains our sovereignty as a people. Those who carried out the coup against President Dilma Rousseff have a radically neoliberal plan which they are ready to fully implement, with no concern for the resulting atrocious crisis and the destruction of any ray of hope.
The treatment of refugees in Europe, rejecting their presence in Italy and Great Britain, and worse yet, in Hungary and in the very Catholic Poland, has reach a high level of inhumanity. The policy of U.S. President Donald Trump, of tearing children from the arms of their immigrant parents and throwing them into cages, speaks of a crass barbarity and total lack of humanitarian feelings.
It has been said that “no human being is an island… because of that do not ever ask for whom the bell tolls. The bell tolls for you, for me, for all humanity”.
If the darkness that engulfs our spirits is great, greater still is our yearning for light. Do not let the lunacy mentioned above have the last word.
The most important word and the last that resounds among us and that unifies us with all of humanity is the word of solidarity and compassion with the victims, the word of peace and good sense in the relationships among the people.
Tragedies show us the dimension of the inhumanity of which we are capable. But those tragedies also bring to light the truly human that inhabits us, far beyond the differences of race, ideology and religious beliefs. The human in us causes us to cry together, to wipe each other tears together, to pray together, to seek justice together, to build peace and renounce revenge together.
The wisdom of the people and the voice of our conscience tell us that a State that opted to become a terrorist state, such as the United States under George W. Bush, will not defeat terrorism. Nor will the hatred for Latin American immigrants strongly expressed by Donald Trump, bring peace. Tireless dialogue, open negotiations and a fair agreement erase the basis for refusing protection and strengthen peace.
The tragedies that touch us in the depth of our soul invite us to rethink the fundamentals of human coexistence in this new planetary phase and to care for our Common Home, the Earth, as Pope Francis urges in his encyclical letter on integral ecology.
The situation is urgent. This time there will be no Noah’s Arc to save some of us and let the rest perish. We must save us all, the community of human and non human life.
To that end we must abolish the word enemy. Fear creates the enemy. We exorcise fear when we bring close the distant one, and make of the near one a brother and a sister. We move away from fear and the enemy when we begin to dialogue, when we start to know each other, when we accept and respect each other; when we love each other; in a word, when we care for each other. To care for peaceful coexistence, solidarity and justice; to care for our environment so that it may be whole, facilitating the acknowledgement of each being’s intrinsic value; and to care for our beloved and generous Mother Earth.
If we care for each other as brothers and sisters the causes of fear disappear. No one needs to threaten another. We can walk our streets at night without fear of being assaulted and robbed.
That caring will only be effective if it comes with justice, such that the basic necessities of the most vulnerable are attended to, if the State becomes meaningful, by providing health care, schools, security and spaces for fellowship, culture and leisure.
Only that way we will enjoy the peace that can be reached when there is a minimum of general good will and a feeling of solidarity and well being in human relationships. This is the basic desire of the great majorities of human beings.