En dolorida memoria de los jovenes muertos de Santa Maria

Minima Theologica: en memoria de los muertos de Santa María

Los antiguos ya decían: «vivere navigare est», es decir, «vivir es navegar», hacer una travesía, corta para algunos, larga para otros. Toda navegación conlleva riesgos, temores y esperanzas. Pero el barco es siempre atraído por un puerto que lo espera allí al otro lado.

Parte el barco mar adentro. Los familiares y amigos de la playa saludan y lo siguen. Algunos dejan caer furtivas lágrimas porque nunca se sabe lo que puede acontecer. Y el barco va alejándose lentamente. Al principio es bien visible, pero a medida que sigue su rumbo parece, a los ojos, cada vez más pequeño. Al final solo es un punto. Un poco más y desaparece en el horizonte. Todos dicen: ¡Ya partió!

No fue tragado por el mar. Está allí aunque ya no sea visible. Es como la estrella que sigue brillando aunque la nube la haya tapado. Y el barco sigue su rumbo.

El barco no fue hecho para quedar anclado y seguro en la playa, sino para navegar, enfrentarse a las olas y llegar a su destino.

Los que se quedan en la playa no rezan: Señor líbralos de las olas peligrosas, sino dales, Señor, valor para enfrentarlas y ser más fuerte que ellas.

Lo importante es saber que al otro lado hay un puerto seguro. El barco está siendo esperado. Se está aproximando. Al principio solo es un punto en el horizonte que a medida que se acerca se ve cada vez mayor. Y cuando llega es admirado en toda su dimensión.

Los del puerto dicen: ¡Aquí está! ¡Llegó! Y van al encuentro del pasajero, lo abrazan y lo besan. Y se alegran porque hizo una travesía feliz. No preguntan por los temores que tuvo ni por los peligros que casi lo ahogaron. Lo importante es que llegó a pesar de todas las aflicciones. Llegó a feliz puerto.

Así pasa con todos los que mueren. A veces es desesperante saber en qué condiciones partieron y salieron de este mar de la vida. Pero lo decisivo es estar seguros de que llegaron, sí, de que realmente llegaron a feliz puerto. Y cuando llegan, caen, bienaventurados, en los brazos de Dios-Padre-y-Madre de infinita bondad para el abrazo infinito de la paz. Él los esperaba con saudades, pues son sus hijos e hijas queridos navegando fuera de casa.

Todo pasó. Ya no necesitan navegar más, enfrentarse a las olas y vencerlas. Se alegran de estar en casa, en el Reino de la vida sin fin. Y así vivirán para siempre por los siglos de los siglos.

Leonardo Boff, teólogo y escritor

(En memoria dolorida y esperanzada de los jóvenes muertos en Santa María en la madrugada del 27 de enero de 2013).

Qual è il senso degli auguri di Buon Anno?

Siamo già avanti nel nuovo anno e anche così continuiamo a farci gli auguri di salute e prosperità. Qual è il senso di questi auguri nel contesto mondiale e nazionale in cui viviamo?

Gli auguri hanno un senso se veramente si verificherà quello che chiede, con urgenza, la Carta della Terra, uno dei documenti più importanti e generatori di speranza degl’inizi del secolo XXI: “Un cambiamento nella mente e nel cuore”, un nuovo senso di interdipendenza globale e di responsabilità universale” (Conclusione). Cioè, se avremo il coraggio di cambiare la forma di vivere, se il modo di produzione e consumo terranno conto dei limiti della Terra, e soprattutto della scarsità di acqua potabile e dei milioni e milioni che soffrono la fame.

Non è impossibile che si avvenga la rottura sincronizzata del sistema-Terra e del sistema-Vita. gli Tsunami e gli uragani sono piccole anticipazioni. Dunque la biodiversità potrà, in gran parte, sparire come già avvenuto in passato nelle 15 grandi decimazioni sofferte dalla Terra. Anche molti umani moriranno e si salveranno soltanto frammenti sparsi della nostra civiltà.

Jared Diamond, conosciuto specialista di biologia evolutiva e di biogeografia della Università della California, nel suo libro  ‘Collasso: come le società scelgono il fallimento o il successo (Record 2012) ha mostrato come questo collasso è avvenuto nell’Isola di Pasqua, nella cultura Maya e nella Groenlandia del Nord. Non sarebbe una miniatura di quello che potrà succedere alla Terra, una Isola di Pasqua ampliata? Chi ci garantisce che non sia possibile?

Esistono nei nostri sentieri segnalazioni che additano questa direzione. E noi, continuiamo a divertirci, ridendo gaiamente, giocando alla speculazione in borsa, come nell’aneddoto di Kierkegaard: un teatro sta prendendo fuoco, il pagliaccio grida a tutti gli spettatori che vengano a spegnere il fuoco e nessuno si muove perché tutti pensano che fa parte del copione. Tutto il teatro prende fuoco, incenerendo uditorio, i spettatori e tutto quello che sta intorno. Noè è stato l’unico a leggere i segni dei tempi: ha costruito l’Arca di salvezza e ha messo in salvo se stesso e i rappresentanti della biodiversità.

Ma c’è una differenza tra Noè e noi adesso non disponiamo di un’Arca che salvi qualcuno e lasci morire tutti gli altri. Questa volta: o ci salviamo tutti, o moriremo tutti. Giustamente la Carta del Terra chiama tutti a raccolta nel suo messaggio finale: «Come mai prima della storia, il destino comune ci convoca a cercare un nuovo inizio». Osserviamo che non si parla di riforme, di miglioramenti, di correzioni limitate, di regole, ma «di un nuovo inizio». Non è che tali iniziative siano senza senso. Ma appartengono sempre allo stesso giro e sarebbero intrasistemiche. Non risolvono il problema-radice: è il sistema che deve essere cambiato. Altrimenti semplicemente rimandano la soluzione; esso è corroso dal di dentro e trasformato in una minaccia alla vita e al futuro della Terra. Da questo non potrà avvenire vita nuova che includa tutti e salvi il nostro saggio di civilizzazione.

Questo suppone che si riconosce che i valori e i principi, le istituzioni e gli organismi, le abitudini e i modi di produrre e consumare ormai non assicurano un futuro ben delineato. Il «nuovo inizio» implica l’invenzione di una nuova Terra e di forgiare un nuovo stile di “ben vivere” e “ben convivere”, producendo quanto basta e è conveniente per tutti, senza dimenticare la comunità di vita e i nostri figli e nipoti.

Gli assi articolatori non saranno più l’economia, il mercato, il sistema bancario e nemmeno la globalizzazione, ma la vita, l’Umanità e la Terra chiamata Gaia, super organismo vivo in cui noi rappresentiamo la parte cosciente e intelligente. Tutti i di altri subsistemi devono dipendere da questo grande sistema uno e diverso in cui tutti saranno interdipendenti, per costruire insieme un destino comune anche con la Madre Terra.

La situazione della Terra e dell’Umanità è paragonabile a un aereo in pista di rullaggio. Questo comincia a correre. Qualsiasi pilota sa che arriva un momento critico in cui o l’aereo di decolla, oppure si schianterà in fondo alla pista. Non pochi, come Michail Gorbachev, Martin Rees, James Lovelock, Eduard Wilson Albert Jacquard, tra gli altri, ci mettono in guardia: abbiamo già passato il punto critico e non stiamo decollando. Dove stiamo andando? Siccome l’evoluzione non è lineare ma a scatti, mai perdiamo la speranza, anzi la coltiviamo, di uno scatto quantico che ci salvi con una nuova mente e un nuovo cuore e, per questo, l’augurio di un destino pieno di promesse per il 2013.

Traduzione: Romano Baraglia
romanobaraglia@gmail.com

Qual es el sentido de los buenos deseos para 2013?

Ya estamos avanzados en el año nuevo y todavía nos expresamos buenos deseos de salud y prosperidad. ¿Qué sentido tienen tales votos en el contexto mundial y nacional en el que vivimos?

Ellos ganan sentido si ocurre lo que pide con urgencia la Carta de la Tierra, uno de los documentos más importantes y promotores de esperanza del comienzo del siglo XXI: «un cambio en la mente y en el corazón, un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal» (conclusión). Es decir, si tuviésemos el coraje de cambiar nuestra forma de vivir, si el modo de producción y de consumo tomase en cuenta los límites de la Tierra, en especial, la escasez de agua potable y los millones y millones de personas que pasan hambre.

No es imposible que pueda haber una quiebra sincronizada del sistema-Tierra y del sistema-vida. Los tsunamis y los huracanes son pequeñas anticipaciones. La biodiversidad podrá en gran parte desaparecer, como en las conocidas 15 grandes destrucciones sufridas antaño por la Tierra. Muchos humanos también perecerán y se salvarán apenas retazos de nuestra civilización.

Jared Diamond, conocido especialista en biología evolutiva y biogeografía de la Universidad de California, en su libro Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen (Debate 2006) mostró como ese colapso ocurrió en la Isla de Pascua, en la cultura maya y en Groenlandia del Norte. ¿No sería una miniatura de lo que podría ocurrir con la Tierra, una Isla de Pascua ampliada? ¿Quién nos garantiza que eso no será posible?

Hay flechas en nuestros caminos que apuntan en esa dirección. Y nosotros, divirtiéndonos, riendo despreocupadamente, jugando en las bolsas especulativas, como en la fábula de Kierkegaard: un teatro está en llamas, el payaso pide a gritos a los espectadores que vengan a apagarlo, pero nadie acude pues todos creen que es parte de la obra. El teatro se quema, consumiendo el auditorio, los espectadores y los alrededores. Noé fue el único que leyó las señales de los tiempos: construyó un arca salvadora, garantizándola para él, su familia y representantes de la biodiversidad.

Pero entre Noé y nosotros hay una diferencia: ahora no disponemos de un Arca que salve a algunos y deje perecer a los demás.  Esta vez o nos salvamos todos o perecemos todos. Con razón nos convoca en su parte final la Carta de la Tierra:

«Como nunca antes en la historia, el destino común nos convoca a buscar un nuevo comienzo». Obsérvese que no se habla de reformas,  mejoras, recortes, regulaciones, sino «de un nuevo comienzo». No es que tales iniciativas no tengan sentido, pero serán siempre más de lo mismo e intrasistémicas. No resuelven el problema-raíz: el sistema que debe ser cambiado, solo retrasan la solución. El sistema se encuentra corroído por dentro y se ha transformado en una amenaza para la vida y el futuro de la Tierra De él no podrá venir vida nueva que incluya a todos y salve nuestro ensayo civilizatorio.
Esto supone reconocer que los valores y los principios, las instituciones y los organismos, los hábitos y los modos de producir y consumir ya no nos aseguran un futuro discernible. Un «nuevo comienzo» implica inventar una nueva Tierra y forjar un nuevo estilo de «bien vivir» y «bien convivir», produciendo lo suficiente y lo decente para todos, sin olvidar a la comunidad de vida y a nuestros hijos y nietos.

Los ejes articuladores ya no serán la economía, el mercado, el sistema bancario ni la globalización, sino la vida, la humanidad y la Tierra, considerada como Gaia, superorganismo vivo del cual nosotros somos su porción consciente e inteligente. Todos los demás subsistemas han de servir a este gran sistema uno y diverso en el cual todos serán interdependientes, construyendo juntos un destino común, también con la Madre Tierra.

La situación de la Tierra y de la humanidad es comparable a un avión en la pista de despegue. Comienza a correr. Todo piloto sabe que llega un momento crítico en el que el avión debe despegar, pues en caso contrario se estrellará al final de la pista. No son pocos, como Mijaíl Gorbachev, Martin Rees, James Lovelock, Eduard Wilson, y Albert Jacquard entre otros, los que nos advierten: hemos pasado el punto crítico y no levantamos vuelo. ¿Hacia dónde vamos?

Como la evolución no es continua sino que da saltos, nunca perdemos la esperanza, antes bien la cultivamos, de un salto cuántico que nos salve con una nueva mente y un nuevo corazón y, por eso, con un destino prometedor para 2013.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor.

Qual o sentido dos bons votos para o ano novo?

Já estamos adiantados no novo ano e ainda assim nos desejamos bons votos de saúde e prosperidade. Que sentido tem tais votos no contexto mundial e nacional em que vivemos?

Eles ganham sentido se ocorrer o que pede, com urgência, a Carta da Terra, um dos documentos mais importantes e suscitadores de esperança do começo do século XXI: “uma mudança na mente e no coração, um novo sentido de interdependência global e de responsabilidade universal”(Conclusão). Quer dizer, se tivermos a coragem de mudar a forma de viver, se o modo de produção e consumo tomar em conta os limites da Terra,  em especial,  a escassez de água potável e os milhões e milhões que passam fome.

Não é impossível que possa ocorrer uma quebra sincronizada do sistema-Terra e do  sistema-vida. As tsunamis e os furacões são pequenas antecipações. Então a biodiversidade poderá, em grande parte, desaparecer, como outrora nas conhecidas 15 grandes dizimações sofridas pela Terra. Muitos humanos também perecerão e se salvarão apenas retalhos de nossa civilização.

Jared Diamond, conhecido especialista em biologia evolutiva e biogeografia da Universidade da Califórnia, em seu livro Colapaso: como as sociedades escolhem o fracasso ou o sucesso (Record 2012) mostrou como esse colapso ocorreu na Ilha de Páscoa, na cultura Maya e na Groelândia do Norte. Não seria uma miniatura daquilo que poderá ocorrer com a Terra, uma Ilha de Páscoa ampliada? Quem nos garante que isso não seja possível?

Há setas em nossos caminhos que apontam para essa direção. E nós, nos divertindo, rindo gaiamente, jogando nas bolsas especulativas, como na fábula de Kierkegaard: um teatro está pegando fogo, o palhaço conclama, aos gritos, que os espectadores venham apagá-lo e ninguém vai pois achavam que era parte da  peça. Todo teatro pegou fogo, consumindo o auditório, os espectadores e toda a redondeza. Noé foi o único a ler os sinais dos tempos: construiu a Arca salvadora e garantiu a si e  representantes da biodiversidade.

Mas há uma diferença entre Noé e nós: agora não dispomos de uma Arca que salve alguns e deixe perece os demais.  Desta vez ou nos salvamos todos ou perecemos todos.

Com razão  nos conclama, em seu final, a Carta da Terra: “Como nunca antes da história, o destino comum nos conclama a buscar um novo começo”. Observe-se que não se fala em reformas,  melhorias, recortes, regulações, mas “de um novo começo”. Não é que tais iniciativas sejam destituidas sem sentido. Mas serão sempre mais do mesmo e intrassistêmicas. Elas não resolvem o problema-raiz: o sistema a ser mudado. Apenas  protelam a solução; ele se encontra corroído por dentro e transformado numa ameaça à vida e ao futuro da Terra. Dele não poderá vir vida nova que inclua a todos e salve o nosso ensaio civilizatório.

Isto supõe reconhecer que os valores e os princípios, as instituições e os organismos, os hábitos e os modos de produzir e consumir já não nos asseguram um futuro discernível. O “novo começo” implica inventar uma nova Terra e forjar um novo estilo de “bem viver” e “bem conviver”, produzindo o suficiente e o decente para todos, sem esquecer a comunidade de vida e os nossos filhos e netos.

Os eixos articuladores não serão mais a economia, o mercado, o sistema bancário nem a globalização, mas a vida, a Humanidade e a Terra, tida como Gaia, superorganismo vivo do qual nós somos a sua porção consciente e inteligente. Todos os demais subsistemas hão de servir a este grande sistema uno e diverso no qual todos serão interdependentes, construindo juntos um destino comum também com a Mãe Terra.

A situação da Terra e da Humanidade é comparável a um avião na pista de rolamento. Este começa a correr. Todo piloto sabe que chega  um momento crítico em que o avião deve decolar, caso contrário se arrebentará no fim da pista. Não são poucos, como Michail Gorbachev, Martin Rees, James Lovelock,Eduard Wilson, Albert Jacquard entre outros  que nos advertem: passamos o ponto crítico e não levantamos voo. Para onde vamos?

Como a evolução não é linear mas dá saltos, nunca perdemos a esperança, antes a cultivamos, de um salto quântico que nos salve com uma nova mente e um novo coração e, por isso, com um destino promissor para 2013.

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