Fundamentalismo,terrorismo,genocídio         

Leonardo Boff*

Hemos presenciado el 7 de octubre un 
acto terrorista contra Israel, perpetrado 
por el brazo armado del grupo Hamas de 
la Franja de Gaza, que es también una 
forma convencional de organización civil 
de la sociedad que administran. La 
venganza del Estado sionista de Israel, 
dirigida por B. Netanyahu, está siendo tan 
asimétrica y desproporcionada que, 
según la misma ONU, representa un 
verdadero genocidio del pueblo palestino 
de la Franja de Gaza con muerte de miles 
de niños inocentes, de civiles y 
destrucción de gran parte de las casas. 
Se ha vuelto un Estado terrorista. 

Crece por todo el mundo una ola de 
fundamentalismo, asociado al  terrorismo 
y, en su forma extrema, al genocidio. 

Comencemos con el fundamentalismo.
El fundamentalismo no es una doctrina 
sino una forma excluyente de ver la 
doctrina. El fundamentalista está 
absolutamente convencido de que su 
doctrina es la única verdadera y todas las 
demás, falsas. No teniendo éstas 
derechos, pueden y deben ser 
combatidas. Cuando alguien se considera 
portador de una verdad absoluta no 
puede tolerar otra verdad y su destino es 
la intolerancia que degenera en desprecio 
del otro, agresividad y eventualmente 
guerra.

Es lo que ocurre con una parte del 
judaísmo llamada sionismo, que pretende 
un Estado solo de judíos. Este dice que la 
tierra de Palestina fue entregada por Dios 
a los judíos y estos tendrían derecho a un 
estado exclusivamente de ellos. En 
función de eso, ocupan las tierras de la 
Cisjordania, expulsan a sus habitantes 
árabes, quitándoles sus casas y todo lo 
que tienen dentro. El sueño del sionismo-
raíz se propone crear un estado judío del 
tamaño del de los tiempos del rey David. 
Una parte de los palestinos y de los 
árabes de la región creen tener un 
derecho secular y rechazan reconocer a 
Israel como Estado, por ser usurpador. 
Declaran el propósito de defender y 
recuperar sus tierras expropiadas y para 
eso se arman y realizan actos de 
violencia, llegando al terror, como 
respuesta al terror que ellos sufren por 
parte de los radicales judíos desde hace 
75 años.

¿Cuáles son las características del 
terrorismo? Lo singular del terrorismo 
consiste en la ocupación de las mentes. 

En las guerras no bastan los bombardeos 
aéreos, como podemos ver en los 
centenares de raids aéreos israelíes. Es 
preciso ocupar el espacio físico para 
imponerse efectivamente. Así fue en 
Afganistán y en Irak y ahora en la Franja 
de Gaza por parte del ejército israelí. En el 
terror, no. Basta con ocupar las mentes 
con amenazas que producen miedo, 
internalizado en la población y en el 
gobierno. Los norteamericanos ocuparon 
físicamente el Afganistán de los talibanes 
y el Irak de Saddam Hussein, pero  Al-
Qaeda ocupó psicológicamente las 
mentes de los norteamericanos. Osama 
Bin Laden, que entonces estaba todavía 
vivo, el día 8 de octubre de 2001 afirmó: “A 
partir de ahora, los Estados Unidos nunca 
más tendrán seguridad, nunca más 
tendrán paz”. 

Para dominar las mentes por el miedo al 
terrorismo se sigue la siguiente 
estrategia:   
(1) los actos tienen que ser  
espectaculares, en caso contrario, no 
causan una conmoción generalizada; 
(2) aunque odiados, deben provocar 
estupefacción por la sagacidad 
empleada; 
(3) deben sugerir que fueron 
minuciosamente preparados;
(4) deben ser imprevistos para dar la 
impresión de ser incontrolables; 
(5) los autores deben permanecer 
anónimos (usar máscaras) porque cuanto 
más sospechosos, mayor el miedo; 
(6) deben provocar miedo permanente; 
(7) deben deformar la percepción de la 
realidad: cualquier cosa diferente puede 
configurar el terror. Un árabe en un avión 
fácilmente es visto como terrorista y son 
alertadas las autoridades. Después, se ve 
que era un simple ciudadano.

Formalizando: terrorismo es toda 
violencia espectacular, practicada con el 
propósito de ocupar las mentes con 
miedo y pavor. Además de la violencia, lo 
que se busca es su carácter espectacular, 
capaz de dominar las mentes de todos. 

De modo general, el terrorismo es la 
guerra de los débiles, de los siempre 
dominados y humillados. En el límite, 
como actualmente en la Franja de Gaza, 
no les queda otra alternativa sino resistir 
y cometer actos de violencia. La 
resiliencia tiene sus límites.

Tememos que, después de esta violencia 
genocida de Israel en la Franja de Gaza 
segando la vida de tantas víctimas 
inocentes, especialmente miles de niños y 
de mujeres (el 68%) y también de civiles, 
sucedan actos de terror contra los judíos 
o irrumpa un antisemitismo, semitismo 
que no debe ser identificado con el 
sionismo-raíz. 

Dios nos libre de este horror que suscita 
el espíritu de venganza y la espiral de la 
violencia asesina.

Dada la virulencia que los países 
militaristas aplican a quienes se oponen a 
ellos, especialmente  representados por 
los estadounidenses, es de temer) que el 
terrorismo se vuelva una expresión 
permanente en muchos países 
dominados. El terrorismo no nace por sí 
mismo. Es la explosión de una 
dominación y humillación tan 
desenfrenadas (violencia primera) que los 
que las sufren no ven otra alternativa sino 
rebelarse, algunos hacerse hombres-
bomba y practicar actos de terror 
(violencia segunda).

La respuesta de los países dominadores 
es responder de forma más violenta 
todavía, haciendo guerras híbridas y 
absolutamente asimétricas con las armas 
más modernas, matando 
indiscriminadamente, arrasándoles a los 
dominados sus casas y cometiendo 
verdaderos genocidios, asesinando a 
niños y personas mayores que no tienen 
nada que ver con la guerra, destruyendo 
templos, hospitales, escuelas y centros de 
cultura. No es una guerra del fuerte 
contra el débil, sino crímenes de guerra y 
un genocidio real por parte del fuerte.

*Leonardo Boff ha escrito El doloroso 
parto de la Madre Tierra: una sociedad de 
fraternidad sin fronteras y de amistad 
social, Vozes 2021; Comensalidad

Fundamentalismo, terrorismo, genocidio

Leonardo Boff

Temos assistido no dia 7 de outubro um ato terrorista contra Israel, perpetrado pelo grupo armado Hamas da Faixa de Gaza que é também uma forma convencional de organização civil da sociedade que a administram. A retaliação pelo Estado sionista de Israel, sob B.Netanyahu, foi tão assimétrica e desproporcional que,segundo a própria ONU, representa um verdadeiro genocídio do povo palestino da Faixa de Gaza com a morte de milhares de criancinhas inocentes, de civis e da destruição de grande parte das casas. Criou-se um Estado terrorista. Grassa pelo mundo afora uma onda de fundamentalismo, associado,ao terrorismo e, em sua forma extrema, ao genocídio. Comecemos com o fundamentalismo.

O fundamentalismo não é uma doutrina mas uma maneira excludente de ver a doutrina .O fundamentalista está absolutamente convencido de que sua doutrina é a única verdadeira e todas as demais, falsas. Não tendo direito, podem e devem ser combatidas. Quando alguém se considera portador de uma verdade absoluta não pode tolerar outra verdade e seu destino é a intolerância que degenera em desprezo do outro, agressividade e eventualmente guerra.

Ocorre com parte do judaísmo que se chama sionismo que pretende um Estado só de judeus. Este diz que a terra da Palestina foi por Deus entregue aos judeus e este teriam o direito de um estado exclusivamente deles. Em função disso,ocupam terras da Cisjordânia, expulsam seus habitantes árabes, tomando-lhes as casas e tudo que está dentro. O sonho do sionismo-raiz se propõe criar um estado judaico do tamanho do tempo do rei Davi. Uma parte dos palestinos e dos árabes da região acham ter o seu direito  secular e recusam reconhecer Israel como Estado por ser usurpador. Declaram o propósito de defender e recuperar suas  terras  expropriadas e  para isso se armam e praticam atos de violência, chegando ao terror como resposta ao terror dos radicais judeus que sofrem  já há 75 anos.

Quais as características do terrorismo? A singularidade do terrorismo consiste na ocupação das mentes. Nas guerras não bastam os bombardeios aéreos, como se vê nos centenas de raids aéreos israelenses. Precisa-se ocupar o espaço físico para efetivamente se impor. Assim foi no Afeganistão e no Iraque e agora na Faixa de Gaza por parte do exército israelense.  No terror não. Basta ocupar as mentes com ameaças que produzem medo, internalizado na população e no governo. Os norte-americanos ocuparam fisicamente o Afeganistão dos talibãs e o Iraque de Saddam Hussein. Mas a Al-Qaeda  ocupou psicologicamente as mentes dos norte-americanos. O então ainda vivo Osama Bin Laden, no dia  8 de outubro de 2001 proclamou: “A partir de agora,os EUA nunca mais terão segurança, nunca mais terão paz”.

 Para dominar as mentes pelo medo o terrorismo segue-se a seguinte estratégia:

(1) os atos têm de ser  espetaculares, caso contrário, não causam comoção generalizada;

(2) apesar de odiados, devem provocar estupefação pela sagacidade empregada;

(3) devem sugerir que foram minuciosamente preparados;

(4) devem ser imprevistos para darem a impressão de serem incontroláveis;

(5) devem ficar no anonimato dos autores (usar máscaras) porque quanto mais suspeitos, maior o medo;

(6) devem provocar permanente medo;

(7) devem distorcer a percepção da realidade: qualquer coisa diferente pode configurar o terror. Um árabe num avião,facilmente, é visto como terrorista e são acionadas as autoridades. Depois, vê-se que era um simples cidadão.

Formalizando: o terrorismo é toda  violência espetacular, praticada com o propósito de ocupar as mentes com  medo e pavor. Além da violência, o que se busca é seu caráter espetacular,capaz de dominar as mentes de todos. De modo geral, o terrorismo é a guerra dos fracos, dos sempre dominados e humilhados. No limite, como atualmente na Faixa de Gaza, não lhes resta outra alternativa senão resistir e cometer atos de terrorismo.A resiliência possui seus limites.

Tememos que, após a violência genocida de Israel na Faixa de Gaza ceifando tantas vítimas inocentes, especialmente de milhares de crianças, de mulheres e também de civis, ocorram pelo mundo afora atos de terror contra os judeus  ou mesmo irrompa um anti-semitismo, semitismo  que não deve ser identificado com o sionismo-raiz.

Deus nos livre deste horror que suscita o espírito de vingança e a espiral da violência assassina.

Dada a virulência que os países militaristas aplicam àqueles que se opõem a eles, bem representados pelos estadounidenses, teme-se que o terrorismo se transforme numa manifestação em muitos países dominados. Ele não nasce em si. É explosão de uma dominação e humilhação tão  desvairada (violência primeira) que não veem outra alternativa senão  se rebelar, alguns se fazerem homens-bombas e praticarem atos de terror (violência segunda).

A resposta dos países dominadores é revidar de forma mais violenta ainda, fazendo guerras híbridas e absolutamente assimétricas com as armas mais modernas, matando indiscriminadamente pessoas, arrasando-lhes as casas e cometendo verdadeiros genocídios, no sentido de assassinarem crianças e idosos que nada tem a ver com a guerra, destruírem templos, hospitais, escolas e centros de cultura. Não é mais um guerra do forte contra o fraco,mas crimes de guerra e de real genocídio por parte do forte.

Leonardo Boff escreveu O doloroso parto da Mãe Terra: uma sociedade de fraternidade sem fronteiras e de amizade social, Vozes 2021; Comensalidade e a cultura da paz, Vozes 2015.

Los crímenes en la Franja de Gaza muestran la demencia de la razón y la falta de corazón

Leonardo Boff*

En pleno siglo XXI estamos presenciando lo que ha sido llamado “la era de la guerra eterna” llevada a efecto particularmente por los Estados Unidos de América en todas partes donde su dominio sobre todo el mundo es puesto en jaque. Viven la ideología del “Destino Manifiesto” de ser “el nuevo pueblo de Dios”, para llevar al mundo la democracia (burguesa), los derechos humanos (individuales, olvidando los sociales y ecológicos) y el valor supremo del individuo (base de la acumulación capitalista). En esa creencia sostienen a sangre y fuego la unipolaridad  según este lema: “un solo mundo – un solo imperio”, el suyo. Harán guerra para impedir la multipolaridad.

Mientras estamos escribiendo, se está produciendo la masacre cruel de todo un pueblo, el pueblo palestino de la Franja de Gaza, denunciado como un verdadero  genocidio, perpetrado por el sionista Benjamin Netanyahu, con el apoyo incondicional de Estados Unidos. Está actuando la razón enfurecida sin el más mínimo corazón y sin sensibilidad humana, ejerciendo su lógica fría y sin ningún escrúpulo ni límite éticos.

Sabemos que la razón sensible y cordial es más ancestral que la razón pensante. La primera surgió hace 125 millones de años cuando, en el proceso evolutivo, irrumpieron los mamíferos con el llamado cerebro límbico, sede del mundo de los afectos y de la cordialidad. La hembra al dar a luz se llena de cuidado y de sensibilidad hacia su cría. Nosotros, los seres humanos, olvidamos que somos mamíferos racionales, por lo tanto portadores de sensibilidad, de cuidado, de afecto y de amor. Este dato pertenece al DNA de nuestra naturaleza. Solo desde hace 7-8 millones de años se formó el cerebro neocortical, base del pensamiento y de la racionalidad conceptual. Y solo en los últimos 100 mil años emergió el homo sapiens sapiens del que somos herederos.

Nótese que lo más ancestral no es el logos, sino el pathos, la razón emocional, cordial y sensible. Somos seres racionales pero asentados sobre el universo de los afectos, de la sensibilidad, en una palabra: nuestra mente echa raíces en el corazón. En este viven los grandes valores que nos orientan, como el amor, la empatía, la amistad y la compasión. Como afirmaba un representante de la etnia Pueblo de Nuevo México (USA) al gran psicoanalista C.G.Jung que los visitó: “ustedes están locos”  porque presumen de pensar con la cabeza. Nosotros, sin embargo, pensamos con el corazón”. Esta respuesta hizo que el gran psicoanalista cambiara su percepción de la psique humana que tanto estudiaba. Jung entendió por qué los europeos conquistaron el mundo mediante la violencia y las guerras: porque usaban solo la cabeza sin el corazón. Habían perdido la dimensión de la sensibilidad y de la compasión. Por eso cometieron el mayor holocausto de la historia. En menos de 50 años, según la investigación más reciente de Marcelo Grondin y Moema Viezzer (Abya Yala, genocídio dos povos originários das Américas, 2021) exterminaron a cerca de 61 millones de habitantes de las Américas (de Estados Unidos a partir de 1607). Fue nuestro olvidado Holocausto, el mayor de la historia.

El drama del hombre actual es haber perdido la capacidad de sentir al otro como su semejante, de vivir un sentimiento de pertenecer a la misma humanidad, cosa que las religiones y las éticas humanitarias enseñaron siempre. Lo que se opone a la religión no es el ateísmo o la negación de Dios. Lo que se opone es la incapacidad de ligarse y religarse con los diferentes y con la naturaleza con un lazo de reconocimiento y de afecto. Hoy un gran número de personas están desenraizadas, desconectadas de sus semejantes humanos, de la naturaleza y de la Madre Tierra. En el lenguaje de Jung reprimieron la dimensión del anima que responde por la expresión de la sensibilidad, del cuidado, de la relacionalidad con los otros y con la espiritualidad.

Si no articulamos razón y sensibilidad, mente y corazón, difícilmente nos movemos para defender a quien está siendo sacrificado y martirizado, con más de 10500 muertos y más de 1500 niños bajo los escombros producidos por los ataques aéreos y terrestres del ejército del insensible y sin corazón Netanyahu.

La mera razón analítico-instrumental no acompañada de la inteligencia emocional se vuelve irracional e insana hasta el punto de practicar el Holocausto de 6 millones de judíos por los nazis y los 61 millones de representantes de nuestros pueblos originarios.

Una ciencia con conciencia, cuidadosa, sensible a todo lo que existe y vive, que une mente y corazón es la condición previa para que evitemos masacres y genocidio, como estamos presenciando en la Franja de Gaza. Es más, aseguraremos que no vamos a devorarnos mutuamente y salvaguardaremos la vitalidad del planeta Tierra. En caso contrario, él puede seguir girando alrededor del sol, pero sin nosotros.

*Leonardo Boff ha escrito Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Record y Nueva Utopía 2010; Habitar a Terra:qual o caminho para a fraternidade universal?,  Vozes 2022.

Traducción de María José Gavito Milano

O genocídio israelense: suprema expressão do paradigma moderno? 

Vamos direto ao assunto. A retaliação do estado de Israel ao ato de terror de sete de outubro perpetrado pelo Hamas, da Faixa de Gaza, foi profundamente desproporcional. Tinha o direito de autodefesa garantido legalmente. Mas a pretexto de caçar e matar terroristas acionaram seu sofisticado arsenal bélico. Foram destruídos centenas de edifícios, assassinados milhares de inocentes: crianças, mulheres e um sem número de civis. Não se trata de uma guerra, mas de um verdadeiro genocídio e limpeza étnica como foi denunciado pelo secretário da ONU António Guterres. Ele afirmou “que a Faixa de Gaza se transformou num cemitério de crianças”. Hoje já é consenso entre os melhores analistas e notáveis humanistas. 

Nenhum órgão internacional e nenhum país saíram em defesa dos desesperados palestinos, revelando a completa insensibilidade, particularmente da União Europeia, aliada e súcuba dos Estados Unidos da América. Imbuída do espírito do poder/dominação, nada faz, como se pertencesse à guerra, todo tipo de crimes, inclusive o genocídio, como durante séculos o fizeram mundo afora. O presidente Joe Biden declarou apoio incondicional a Israel, o que equivale a dar carta branca para este fazer uma guerra de  autodefesa ilimitada, usando todos os meios. A humanidade está aterrorizada face ao quadro de extermínio e de morte na Faixa de Gaza. 

Estamos face à total irracionalidade e assustadora desumanidade. Por mais que nos custe aceitar, devemos suspeitar, especialmente nós que vivemos do Grande Sul, outrora colonizado e hoje submetido à  uma recolonização, que o presente genocídio estaria inscrito no DNA ocidental moderno e mundializado.
Este perdura já há séculos e é ainda vigente. Por que este questionamento tão duro? 

Sigam o seguinte raciocínio: qual é o sonho maior e a grande utopia que davam e dá ainda sentido ao mundo moderno já há mais de três séculos? Era e continua sendo o desenvolvimento ilimitado, a vontade de poder como dominação sobre os outros, as classes, as terras a conquistar, sobre outras nações, sobre a natureza, a matéria até o último topquark e a própria vida no seu derradeiro gene e sobre toda a natureza nos seus biomas e em sua biodiversidade. A centralidade é ocupada exclusivamente pela razão. Só é aceito o que passar por seus critérios. Mais que o “cogito, ergo sum” (penso, logo sou) de Descartes é o “conquero, ergo sum”(conquisto, logo sou) de Hernan Cortez, conquistador e destruidor do México que expressa a dinâmica da modernidade.  

Os Papas da época: Nicolau V (1447-1455) e Alexandre VI (1492-1503) conferiram legitimação divina ao espírito de dominação dos europeus. Em nome de Deus, concederam às potências coloniais da época, aos reis de Espanha e de Portugal “a faculdade plena e livre para invadir, conquistar, combater, vender e submeter os pagãos e se apropriar e aplicar para uso e utilidade sua, a reinos, domínios, possessões e bens deles descobertos e a descobrir… pois é obra bem aceita pela divina Majestade que se abatam as nações bárbaras e sejam reduzidas à fé crista” (Paulo Suess, A conquista espiritual da América Espanhola, documentos, Petrópolis: Vozes, 1992, p.227). 

Francis Bacon e René Descartes, entre outros fundadores do paradigma da modernidade, não pensavam outra coisa que os Papas: o ser humano deve ser “mestre e dono da natureza” que não possui propósito nenhum, pois, é apenas uma mera coisa extensa (“res extensa” de Descartes) colocada à nossa disponibilidade. Deve-se “meter a natureza numa cama de força, pressioná-la para que entregue seus segredos; devemos colocá-la a nosso serviço como uma escrava” (Francis Bacon).  

Para que tudo isso? Para nos desenvolvermos e sermos felizes, pretendiam! A ciência e a técnica, a tecnocracia, foram e ainda são os grandes instrumentos do projeto de dominação. Para submeter à dominação, tinham que desqualificar os submetidos e colonizados: estão mais do lado dos animais do que dos humanos, são sub-humanos. Recordemos a famosa discussão do grande Bartolomeu de Las Casas com Sepúlveda, o educador dos  reis espanhóis. Este último sustentava que os povos originários da América Latina não eram humanos e duvidava que possuíssem razão. Algo parecido afirmou o ministro da Defesa israelense, Y. Gallant acerca dos terroristas de Gaza: são “animais-humanos e como tais devem ser tratados”. Os nazistas comparavam os judeus a ratos a serem erradicados. 

O homem ocidental europeu, filho do paradigma do poder/dominação, possui imensa dificuldade de conviver com o diferente. A estratégia costumeira é marginaliza-lo ou incorporá-lo ou eventualmente, eliminá-lo. Nesta visão de mundo deve-se sempre definir quem é amigo e quem é inimigo. A este cabe difamar, combater e liquidar (o jurista de Hitler, Carl Schmitt). Não admira que os europeus cristianizados produzissem as principais guerras no continente ou nas colônias, causando mais de 200 milhões de mortos. Seu cristianismo foi apenas um ornato cultural, nunca uma inspiração do Nazareno para uma relação fraterna e para uma ética humanitária. 

Todos, com razão, se horrorizam com o Holocausto que levou seis milhões de judeus às câmaras de gás dos nazistas. Mas vejamos o pavoroso Holocausto ocorrido na América Latina (Abya-Yala na linguagem dos povos centro-americanos). No espírito de conquista-dominação da América Latina, entre os anos de 1492-1532 e nos USA a partir de 1607, os  colonizadores europeus cometeram o  maior extermínio jamais feito: os mortos por doenças dos brancos ou mortos em guerras, algumas de extermínio total como em Haiti, foram cerca de 61 milhões de representantes dos povos originários: do Caribe (4 milhões), do México (23 milhões), dos Andes (14 milhões), do Brasil (4  milhões) e dos Estados Unidos (16 milhões). É o que comprova a pesquisa mais recente de Marcelo Grondin e Moema Viezzer,Abya Yala: genocídio, resistência e sobrevivência dos povos originários das Américas” (Rio de Janeiro: Ed. Bambual, 2021). Este nosso Holocausto, segundo o historiador e filósofo alemão Oswald Spengler (1880-1936), deslegitima qualquer credibilidade aos europeus e à Igreja  associada ao projeto colonial, de falar em dignidade humana e em seus direitos.  Matou-se com a espada e com a cruz. 

À base deste tipo de dominação surgiu o capitalismo anglo-ssxão hoje mundializado, como modo de produção excludente, sua financeirização atual e sua cultura. É crime contra a natureza e contra a humanidade que 8 pessoas individualmente, segundo relatório da Oxfam Internacional de 2022, possuam a mesma riqueza que a metade mais pobre da população mundial. Essa absurda acumulação tolera que se deixem anualmente morrer de fome ou de doenças derivadas da fome, milhares e milhares de crianças. 

É neste contexto, penso, que deve se entender o atual genocídio perpetrado pelo Estado sionista de Benjamin Netanyahu. Estaria inscrito no DNA do paradigma ocidental? Depois da última guerra (1939-1945), construíram-se armas de destruição em massa, a ponto de ter-se criado o princípio de autodestruição. A razão tornou-se totalmente irracional. A marcha da irracionalidade está tomando conta do curso do mundo para além do que está ocorrendo entre Israel e a Faixa de Gaza. Com lucidez o Papa Francisco em sua encíclica Como cuidar da Casa Comum (Laudato Si’ de 2015) viu no paradigma tecnocrático dominante, a raiz da atual e ameaçadora crise ecológica mundial (n.101s). 

Qual foi a grande errância do paradigma da vontade de poder-dominação? Foi a de colocar exclusivamente todo o peso e todo o valor na razão instrumental-analítica. Recalcou as demais formas de conhecimento, exercidas pela humanidade: a sensibilidade, o amor, a razão simbólica entre outras. Essa exclusão gestou a ditadura da razão. Irrompeu o racionalismo e a demência da razão. Pois, somente uma razão demente pode devastar a Terra, irmã e Mãe que tudo nos dá, a ponto de ela mostrar seus limites intransponíveis. Pior ainda, a razão enlouquecida criou para si os meios de seu completo extermínio. 

Mas qual foi a errância maior? Foi ter recalcado e eliminado a parte mais ancestral e essencial de nossa realidade. Em nome da objetividade do olhar da razão, eliminou a emoção e o coração. Com isso, deslegitimou a nossa dimensão de sensibilidade, nossa capacidade de afetos. É o coração que sente, ama e estabelece laços de cuidado para com os outros e para com a natureza. Não se ouve o pulsar do coração que identifica valores e funda uma ética cordial e humanitária.  

Bem dizia o Papa Francisco em sua primeira viagem à Lampedusa, para onde chegavam os fugitivos da guerra do Oriente Médio ou de África: “o homem moderno perdeu a capacidade de chorar e de sentir o outro como seu semelhante”. Pelo fato de Netanyahu e seu governo não reconhecerem humanidade nos  terroristas do Hamas, decidiu, praticamente, exterminar estes últimos com os meios letais mais modernos. Não chegamos assim ao extremo do paradigma da modernidade? Ela está propensa a deslanchar uma guerra global na qual a humanidade pode desaparecer e grande parte da natureza. 

Como sair desse impasse? Antes de mais nada, precisamos resgatar os direitos do coração. Não basta o logos (a razão)  precisamos também do pathos (o sentimento). Devemos nos encher de veneração face à grandeur do universo e de respeito diante do mistério de cada ser humano, feito irmão e irmã e companheiro/a de aventura terrenal. Não negamos a razão, necessária para dar conta da complexidade das sociedades contemporâneas. Mas recusamos o despotismo da razão.  Esta deve ser enriquecida pela razão sensível e cordial. Mente e coração unidos podem mutuamente se equilibrar e, destarte, evitar as tragédias das guerras e os genocídios de nossa sangrenta história, particularmente, este que, estarrecidos, estamos vivenciando seja na Terra Santa e, em especial, o genocídio cometido na Faixa de Gaza. Que o céu ouça o choro das crianças que sob os escombros perderam pai, mãe, irmãos e irmãs. Fizeram-se sobreviventes da grande tribulação (cf. Apocalipse 7,14) e nos enchem de compaixão. 

Leonardo Boff escreveu Direitos do coração, São Paulo: Paulus, 2015.