Rescatar la democracia ante la amenaza de golpe

Oímos con frecuencia las amenazas de golpe a la democracia por parte del actual presidente. Él ha realizado aquello que Aristóteles llama kakistocracia: “la democracia de los peores”. Se rodeó de milicianos, colocó en los cargos públicos a algunas decenas de militares de espíritu autoritario, ligados todavía a la revolución empresarial-militar de 1964, hizo alianza con los políticos del grupo Centrão que, en vez de representar los intereses generales del pueblo, viven de privilegios y de sobornos y hacen de la política profesión para el enriquecimiento propio.

No he visto una mejor descripción realista de nuestra democracia que esta de mi compañero de estudios, inteligencia brillante, Pedro Demo. En su Introducción a la sociología (2002) dice enfáticamente: «Nuestra democracia es una escenificación nacional de hipocresía refinada, repleta de leyes “bonitas”, pero hechas siempre en última instancia por la élite dominante para que le sirva a ella de principio a fin. El político es alguien que se caracteriza por ganar mucho, trabajar poco, hacer negocios sospechosos, emplear a parientes y apaniguados, enriquecerse a costa de los dineros públicos y entrar en el mercado por arriba. Si ligásemos democracia con justicia social, nuestra democracia sería su misma negación» (p.330.333).

Lógicamente, hay políticos honrados, éticos y orgánicamente articulados con sus bases, con los movimientos sociales y con el pueblo en general. En su mayoría, los políticos siguen el ideal clásico de Max Weber: la política como misión con vistas al bien común y no como profesión en busca del bien individual. Hace decenios que estamos discutiendo y tratando de enriquecer el ideal de la democracia: pasar de la democracia representativa a la participativa y popular, a la democracia económica, a la democracia comunitaria de los andinos (del bien vivir), a la democracia sin fin, a la democracia ecológico-social y finalmente a una democracia planetaria.

Todo esto se ha esfumado ante los frecuentes ataques del actual presidente. Este pertenece, primeramente, al ámbito de la psiquiatría y, secundariamente, al de la política. Tenemos que vérnosla con alguien que no sabe hacer política, pues trata a los adversarios como enemigos a ser abatidos (recordemos lo que dijo en la campaña: hay que eliminar a 30 mil progresistas). Afirma descaradamente que torturar a las personas fue un error de la revolución de 1964 cuando deberían haberlas matado, defiende a torturadores, admira a Hitler y a Pinochet. En otras palabras, es alguien dominado psíquicamente por la pulsión de muerte, lo cual quedó claro por la forma irresponsable como se ocupó de la Covid-19. 

Por el contrario, la política en un régimen democrático de derecho supone la diversidad de proyectos y de ideas, divergencias que hacen del otro un adversario pero nunca un enemigo. El presidente no conoce nada de esto. Por no mencionar la falta de decoro que la alta dignidad del cargo exige, pues se comporta de manera grosera y avergüenza al país cuando viaja al extranjero. 

Nos vemos obligados a defender la democracia mínima, la representativa. Tenemos que recordar el mínimo del mínimo de toda democracia, que es la igualdad, a la luz de la cual ningún privilegio se justifica. El otro es un ciudadano igual a mí, un semejante con los mismos derechos y deberes. Esta igualdad básica funda la justicia societaria que debe ser efectiva siempre en todas las instituciones y en todas las relaciones sociales o comunitarias.. Este es un reto inmenso, el de la desigualdad, herederos como somos de una inmensa desigualdad, producto de una sociedad de la Casa-Grande y de la senzala de los esclavizados, caracterizada precisamente por privilegios y negación de todos los derechos a sus subordinados.

Incluso así, tenemos que garantizar un estado de derecho democrático en contra de las más diferentes motivaciones que el presidente inventa para negar la seguridad de las urnas, para no aceptar una derrota electoral, pronosticada por las encuestas, como Datafolha, a la cual él contrapone la fantasiosa Datapovo. 

La elección actual viene a ser un verdadero plebiscito: ¿qué forma de Brasil deseamos? ¿Qué tipo de presidente queremos? Por todo lo que ha desmantelado durante su gestión se trata de un enfrentamiento de la civilización contra la barbarie. Si fuera reelegido conducirá al país a situaciones oscuras del pasado superadas desde hace mucho por la modernidad. Es tan obtuso y enemigo del desarrollo necesario que combate directamente la ciencia, desmonta la educación y desregula la protección de la Amazonia.

La presente situación supone un desafío para todos los candidatos, sin importar su filiación de partido: hacer una declaración clara y pública en defensa de la democracia. Diría más, sería un gesto de patriotismo, poniendo a la nación por encima de los intereses partidarios y personales, si los candidatos que, según las encuestas, claramente no tienen posibilidad de ganar o de ir a la segunda vuelta, proclamasen su apoyo al mejor situado en términos electorales y que se propone, como ya lo ha hecho, rescatar la democracia y atender a los millones de hambrientos y a muchos otros millones de desheredados.

Tenemos que demostrarnos a nosotros mismos y al mundo que hay gente de bien que son solidarios con las víctimas de la Covid-19, en particular el MST, que sigue haciendo cultura e investigación. Este será un legado sagrado para que no olvidemos nunca que, incluso en condiciones adversas, existió bondad, inteligencia, cuidado, solidaridad y finura de espíritu.

Personalmente me es incómodo escribir sobre esa democracia mínima, cuando me he comprometido con una democracia socioecológica. Frente a los peligros que nos tocará enfrentar, especialmente el calentamiento global y sus efectos dañinos, nuestra generación tiene que decidir si todavía quiere continuar sobre este planeta o tolerará destruirse a sí misma y a gran parte de la biosfera. La Tierra, sin embargo, continuará, pero sin nosotros.

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y ha escrito: Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo evitar el fin del mundo, Record 2010. Próximo a salir: En busca de la justa medida: cómo equilibrar el planeta Tierra, Vozes 2022.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

Resgatar a democracia face à ameaça de golpe

 Ouvimos com frequência as ameaças de golpe à democracia por parte do atual presidente. Ele realizou aquilo que Aristóteles chama de kakistocracia: “a democracia dos piores”. Cercou-se de milicianos, colou nos cargos públicos algumas dezenas de militares de espírito autoritário,ligados ainda à revolução empresarial-militar de 1964, fez aliança com os políticos do Centrão que,ao invés de representar os interesses gerais do povo,vivem de privilégios e de propinas e fazem da política uma profissão para o próprio enriquecimento.

Não vi melhor descrição realística de nossa democracia do que esta, de meu colega de estudos, brilhante inteligência, Pedro Demo:

”Em sua Introdução à sociologia (2002) diz enfaticamente:”Nossa democracia é encenação nacional de hipocrisia refinada, repleta de leis “bonitas”, mas feitas sempre, em última instância, pela elite dominante para que a ela sirva do começo até o fim. Político é gente que se caracteriza por ganhar bem, trabalhar pouco, fazer negociatas, empregar parentes e apaniguados, enriquecer-se às custas dos cofres públicos e entrar no mercado por cima…Se ligássemos democracia com justiça social, nossa democracia seria sua própria negação”(p.330.333).

Logicamente, há políticos honrados, éticos e organicamente articulados com suas bases e com os movimentos sociais e com o povo em geral. Mas em sua maioria,os políticos traem o clássico ideal de Max Weber, a política como missão em vista do bem comum e não como profissão em vista do bem individual.

Já há decênios estamos discutindo e procurando enriquecer o ideal da democracia: da representativa, passar à democracia participativa e popular, à democracia econômica, à democracia comunitária dos andinos (do bien vivir), à democracia sem fim, à democracia ecológico-social e por fim à uma democracia planetária.

Tudo isso se esfumou face aos ataques frequentes do atual presidente. Este pertence, primeiramente, ao âmbito da psiquiatria e. secundariamente, da política. Temos a ver com alguém que não sabe fazer política, pois trata os adversários como inimigos a serem abatidos (recordemos o que disse na campanha: há que se eliminar 30 mil progressistas). Descaradamente afirma ter sido um erro da revolução de 1964 torturar as pessoas quando deveria tê-las matado, defende torturadores, admira Hitler e Pinochet. Em outras palavras, é alguém psiquiatricamente tomado pela pulsão de morte,o que ficou claro na forma irresponsável com que cuidou do Covid-19.

Ao contrário, a política em regime democrático de direito supõe a diversidade de projetos e de ideias, as divergências que tornam o outro um adversário mas jamais um inimigo. Isso tudo o presidente não conhece. Nem nos refiramos à falta de decoro que a alta dignidade do cargo exige, comportando-se de forma boçal e envergonhando o país quando viaja ao estrangeiro.

Somos obrigados a defender a democracia mínima, a representativa. Temos que recordar o mínimo do mínimo de  toda democracia que é a igualdade à luz da qual nenhum privilégio se justifica. O outro é um cidadão igual a mim, um semelhante com os mesmos direitos e deveres. Essa igualdade básica funda a justiça societária que deve sempre ser efetivada em todas as instituições e que impede ou limita sua concretização. Esse é um desafio imenso, esse da desigualdade, herdeiros que somos de uma sociedade da Casa-Grande e da senzala dos escravizados, caracterizada exatamente por privilégios e negação de todos os direitos aos seus subordinados.

Mesmo assim temos que garantir um estado de direito democrático contra às mais diferentes motivações que o presidente inventa para recusar a segurança das urnas, de não aceitar uma derrota eleitoral, sinalizadas pelas pesquisas, como a Datafolha  à  qual ele contrapõe a imaginosa Datapovo.

A atual eleição representa um verdadeiro plebiscito: que forma de Brasil nós almejamos? Que tipo de presidente queremos? Por todo o desmonte que realizou durante a sua gestão, trata-se do enfrentamento da civilização com a barbárie. Se reeleito conduzirá o país a situações obscuras do passado há muito superadas pela modernidade. É tão obtuso e inimigo do desenvolvimento necessário que combate diretamente a ciência, desmonta a educação e desregulariza a proteção da Amazônia.

A presente situação representa um desafio a todos os candidatos, pouco importa sua filiação partidária: fazer uma declaração clara e pública em defesa da democracia. Diria mais, seria um gesto de patriotismo,colocando a nação acima dos interesses partidários e pessoais, se aqueles candidatos que, pelas pesquisas,claramente, não têm chance de vitória ou de ir ao segundo turno, proclamassem apoio àquele que melhor se situa em termos eleitorais e que mostra com já mostrou resgatar a democracia e atender aos milhões de famintos e outros milhões de deserdados.

Temos que mostrar a nós mesmos e ao mundo que há gente de bem, que são solidários com as vítimas do Covid-19, nomeadamente, o MST, que continuam fazendo cultura e pesquisa. Este será um legado sagrado para que todos nunca esqueçam de que.mesmo em condição adversas,existiu bondade, inteligência, cuidado, solidariedade e refinamento do espírito.

Pessoalmente me é incômodo escrever sobre essa democracia mínima, quando tenho me engajado por uma democracia socioecológica.Face aos riscos que teremos que enfrentar,especialmente, do aquecimento global e seus efeitos danosos, cabe à nossa geração decidir se quer ainda continuar sobre esse planeta ou se tolerará destruir-se  a si mesma e grande parte da biosfera. A Terra,no entanto, continuará mas sem nós.

Leonardo Boff é ecoteólogo,filósofo e escreveu: Cuidar da Terra-proteger a vida:como evitar o fim do mundo, Record 2010; a sair A busca da justa medida: como equilibrar o planeta Terra,pela Vozes.

Onze pistas falsas sobre o clima

MICHAEL LÖWY*

Michael, sociólogo, brasileiro-francês, grande conhecedor da realidade brasileiro também da teologia da libertaçãso, embora vivendo na França como pesquisador no CNRS, com este estudo desfaz lugares comuns e nos leva à racionalidade.Se não mudarmos de paradigma com relação à natureza, não evitaremos os eventos extremos. Esse é o ponto que Michael com razão enfatiza. Há várias propostss, mas certamente,o ecosocialismo por ele proposta   (foi importante no encontro sobre o clima em Copenhagen quando ele junto com outros lançou a proposta e o texto fundador) é o caminho mais promissor.Vale ler este texto por nos tirar as ilusões sobre este grave problema no qual o sistema-vida está sendo gravemene afetado. LBoff

Contestação de lugares-comuns que dificultam o combate à mudança climática

Encontramos um grande número de lugares-comuns nos vários discursos sobre o clima, repetidos mil vezes em todos os matizes, que constituem pistas falsas, que levam, voluntariamente ou não, a ignorar as verdadeiras questões, ou a acreditar em pseudossoluções. Não me refiro aqui aos discursos negacionistas, mas àqueles que se dizem “verdes” ou “sustentáveis”. Estas são afirmações de natureza muito diversa: algumas são verdadeiras manipulações, fake news, mentiras, mistificações; outras são meias-verdades, ou um quarto de verdade. Muitas estão cheias de boa vontade e de boas intenções – e, como sabemos, delas o inferno está cheio. É neste caminho que estamos: se continuarmos com o business as usual – mesmo que pintado de verde – dentro de algumas décadas, nos encontraremos numa situação muito pior do que a maioria dos círculos do inferno descritos por Dante Alighieri na sua Divina Comédia. Os onze exemplos seguintes são apenas alguns desses lugares-comuns a evitar.

 O planeta tem que ser salvo

Isto está por todo lado: em cartazes, na imprensa, em revistas, em declarações de líderes políticos, etc. Na verdade, é um disparate: o planeta Terra não está em perigo! Qualquer que seja o clima, ele continuará girando tranquilamente ao redor do sol durante os próximos milhões de anos. O que está ameaçado pelo aquecimento global são as múltiplas formas de vida neste planeta, incluindo a nossa: a espécie Homo Sapiens.

“Salvar o planeta” dá a falsa impressão de que se trata de algo externo a nós, que se encontra em algum lugar, e que não nos diz respeito diretamente. Não pedimos às pessoas que se preocupem com suas vidas, ou com a vida de seus filhos, mas sim com uma vaga abstração, “o planeta”. Não é surpresa que as pessoas menos politizadas reajam dizendo: eu estou muito ocupado com meus próprios problemas para me preocupar com “o planeta”.

 Façamos algo para salvar o planeta

Este lugar-comum, infinitamente saturado, é uma variante da fórmula anterior. Ele contém uma meia-verdade: todos devem contribuir pessoalmente para evitar a catástrofe. Mas transmite a ilusão de que é suficiente acumular “pequenos gestos” – desligar as luzes, fechar a torneira, etc. – para evitar o pior. Assim, conscientemente ou não, descartamos a necessidade de mudanças estruturais profundas no modo de produção e consumo atual; mudanças que colocam em questão os próprios fundamentos do sistema capitalista, que se baseia num único critério: a maximização do lucro.

 O urso polar está em perigo

É uma imagem que está por todo lado, repetida à saciedade: um pobre urso polar que tenta sobreviver no meio de icebergs à deriva. Certamente, a vida do urso polar – e de muitas outras espécies nas regiões polares – está ameaçada. Esta imagem pode suscitar a compaixão de algumas almas generosas, mas, para a maioria da população, é um assunto que não lhes diz respeito.

Pois bem, o derretimento das calotas polares é uma ameaça não apenas para o bravo urso polar, mas, a longo prazo, para metade, se não mais, da humanidade que vive em grandes cidades à beira-mar. O derretimento das enormes geleiras na Groenlândia e na Antártica pode elevar o nível do mar em algumas dezenas de metros. Mas são necessários apenas alguns metros para que cidades como Veneza, Amsterdã, Londres, Nova Iorque, Rio de Janeiro, Xangai e Hong Kong fiquem submersas. Claro que isto não acontecerá no ano que vem, mas os cientistas podem observar que o derretimento destas geleiras está acelerando… É impossível prever a rapidez com que isso ocorrerá, pois muitos fatores são difíceis de calcular neste momento.

Ao enfatizarmos unicamente o pobre urso polar, ocultamos o fato de que se trata de um caso aterrador que diz respeito a todos nós…

 Bangladesh corre o risco de sofrer muito com as mudanças climáticas

Trata-se de uma meia-verdade, cheia de boa vontade: o aquecimento global afetará principalmente os países pobres do Sul, que são os menos responsáveis pelas emissões de CO2. É verdade que estes países serão os mais atingidos por catástrofes climáticas, furacões, seca, redução de fontes de água, etc. Mas é falso que os países do Norte não serão afetados, em grande medida, por estes mesmos perigos: não assistimos a terríveis incêndios florestais nos EUA, Canadá, Austrália? As ondas de calor não causaram numerosas vítimas na Europa? Poderíamos multiplicar os exemplos.

Se mantivermos a impressão de que estas ameaças só dizem respeito aos povos do Sul, conseguiremos mobilizar apenas uma minoria de internacionalistas convictos. Contudo, mais cedo ou mais tarde, é o conjunto da humanidade que será confrontado com catástrofes sem precedentes. É necessário explicar aos povos do Norte que esta ameaça também pesa sobre eles, bem diretamente.

 Até o ano 2100 a temperatura poderá subir até 3,5 graus (acima do período pré-industrial)

Esta é uma afirmação que é encontrada lamentavelmente em muitos documentos sérios. Isto me parece ser um duplo erro.

Do ponto de vista científico, sabemos que as mudanças climáticas não são um processo linear: podem sofrer “saltos” e acelerações súbitas. Muitas dimensões do aquecimento se retroalimentam, e as consequências disto são imprevisíveis. Por exemplo: os incêndios florestais emitem enormes quantidades de CO2, que contribuem para o aquecimento, intensificando, assim, os incêndios florestais. Assim, é muito difícil prever o que acontecerá dentro de quatro ou cinco anos, então como é possível prever o que ocorrerá daqui a um século?

De um ponto de vista político: até o final do século, nós todos estaremos mortos, assim como nossos filhos e netos. Como podemos mobilizar a atenção e o engajamento das pessoas por um futuro que não lhes diz respeito, nem de perto nem de longe? Então devemos preocupar-nos com as gerações futuras? Um pensamento nobre, longamente defendido pelo filósofo Hans Jonas: nosso dever moral para com aqueles que ainda não nasceram. Uma pequena minoria de pessoas muito respeitáveis poderia ser tocada por este argumento. Para o comum dos mortais, o que acontecerá em 2100 não é uma questão de grande interesse.

 Em 2050 atingiremos a neutralidade de carbono

Esta promessa da União Europeia e de vários governos na Europa e em outros lugares não corresponde a uma meia-verdade, nem a uma ingênua boa vontade: é pura e simples mistificação. Por duas razões.

Em vez de comprometerem-se agora, imediatamente, com as mudanças urgentes exigidas pela comunidade científica (o IPCC) para os próximos 3 a 4 anos, nossos governantes prometem maravilhas para 2050. Isto é obviamente demasiado tarde. Além disso, como os governos mudam a cada 4 ou 5 anos, que garantia há para estes compromissos fictícios em 30 anos? É uma forma grotesca de justificar a presente inação com uma vaga promessa vinda de longe.

Além disso, a “neutralidade de carbono” não significa uma redução drástica das emissões, bem ao contrário! É um cálculo enganador baseado em offsets, em “mecanismos de compensação”: a empresa XY continua emitindo CO2, mas planta uma floresta na Indonésia, que supostamente absorverá o equivalente a este CO2 – se ela não se incendiar. As ONGs ambientalistas já denunciaram suficientemente a farsa dos offsets, não vou insistir. Mas isto mostra a perfeita mistificação contida na promessa de “neutralidade de carbono”.

 Nosso banco (ou companhia petrolífera, etc.) financia as energias renováveis e participa assim na transição ecológica

Este lugar-comum do green-washing [maquiagem verde] também faz parte da enganação e manipulação. É claro que os bancos e as multinacionais também investem em energias renováveis, mas estudos precisos da ATTAC e de outras ONGs mostraram que se trata de uma pequena – por vezes minúscula – parte de suas operações financeiras: o grosso continua indo para o petróleo, carvão, gás… É uma simples questão de rentabilidade e de competição por frações de mercado.

Todos os governos “razoáveis” – ao contrário de Donald Trump, Jair Bolsonaro e cia. – juram também, em todos os matizes, que estão empenhados na transição ecológica e nas energias renováveis. Mas assim que há um problema com o fornecimento de um combustível fóssil – recentemente o gás –, devido à agressiva política russa – refugiam-se no carvão, reativando centrais elétricas a carvão mineral, ou imploram à (sangrenta) família real da Arábia Saudita para aumentarem a produção de petróleo.

Toda o belo discurso sobre a “transição ecológica” oculta uma verdade desagradável: não é suficiente desenvolver energias renováveis. Antes de tudo, as energias renováveis são intermitentes: o sol nem sempre brilha no Norte da Europa… É verdade que foram feitos progressos técnicos nesta área, mas eles não podem resolver tudo. E, sobretudo, as energias renováveis requerem recursos minerais que correm o risco de se esgotarem. Se o vento e o sol são ilimitados, não é este, de modo algum, o caso para os materiais necessários para sua utilização (lítio, terras raras, etc.). Será portanto necessário considerar uma redução do consumo global de energia, e uma diminuição seletiva: medidas que são inimagináveis no quadro do capitalismo.

 Graças às técnicas de captura e sequestro de carbono evitaremos a catástrofe climática

Este é um argumento cada vez mais utilizado pelos governos, e que encontramos até mesmo em alguns documentos sérios (por exemplo, do IPCC). É a ilusão de uma solução tecnológica milagrosa, que salvaria o clima, sem a necessidade de nada mudar em nosso modo de produção (capitalista) e em nosso modo de vida.

Lamentavelmente, a triste verdade é que estas técnicas miraculosas de captura e sequestro de carbono atmosférico estão longe de ser uma realidade. É certo que foram feitas algumas tentativas, e que alguns projetos estejam em curso aqui e ali, mas no momento não se pode dizer que esta tecnologia seja eficaz e operacional. Ela ainda não resolveu as dificuldades de captura ou de sequestro (em regiões subterrâneas impermeáveis às fugas). E não há qualquer garantia de que poderá fazê-lo no futuro.

 Graças ao automóvel elétrico, reduziremos substancialmente as emissões de gases de efeito estufa

Este é outro exemplo de meia-verdade: é certo que os automóveis elétricos são menos poluentes do que os automóveis a combustão (a gasolina ou diesel), e, portanto, menos prejudiciais para a saúde da população urbana. No entanto, do ponto de vista das mudanças climáticas, seu balanço é muito mais mitigado. Eles emitem menos CO2, mas contribuem para uma situação desastrosa “tudo a eletricidade”. Contudo, na maioria dos países, a eletricidade é produzida com… combustíveis fósseis (carvão ou petróleo). A redução das emissões dos automóveis elétricos é “compensada” pelo aumento das emissões resultantes do maior consumo de eletricidade. Na França, a eletricidade é produzida por energia nuclear, outro impasse. No Brasil, são as megabarragens destruidoras de florestas, e, por conseguinte, responsáveis por um balanço de carbono pouco reluzente.

Se quisermos reduzir drasticamente as emissões, não podemos evitar uma redução significativa da circulação de automóveis privados, por meio da promoção de meios de transporte alternativos: transportes públicos gratuitos, áreas de pedestres, ciclovias. O automóvel elétrico mantém a ilusão de que podemos continuar como antes, mudando de tecnologia.

 É através de mecanismos de mercado, como os impostos sobre o carbono ou os mercados de direitos de emissão, ou ainda aumentando o preço dos combustíveis fósseis, que conseguiremos reduzir as emissões de CO2.

Para os ecologistas sinceros, isto é uma ilusão; na boca dos governantes, é ainda uma mistificação. Os mecanismos de mercado têm demonstrado por todo lado sua perfeita ineficiência na redução dos gases de efeito estufa. Não são apenas medidas antissociais, que buscam fazer as classes populares pagar o preço da “transição ecológica”, são incapazes, sobretudo, de contribuir substancialmente para a limitação das emissões. O fracasso espetacular dos “mercados de carbono” instituídos pelos acordos de Kyoto é a melhor demonstração disso.

Não é com medidas “indiretas”, “incentivadoras”, baseadas na lógica do mercado capitalista que conseguiremos por um freio no poder absoluto dos combustíveis fósseis, que mantêm o sistema funcionando há dois séculos. Para começar, será necessário expropriar os monopólios capitalistas de energia, criar um serviço público de energia, que terá como objetivo a redução drástica da exploração dos combustíveis fósseis.

 As mudanças climáticas são inevitáveis, só podemos adaptar-nos

Este tipo de afirmação fatalista pode ser encontrada nos meios de comunicação e entre os políticos “responsáveis”. Por exemplo, Christophe Bechu, ministro da transição ecológica do novo governo Macron, declarou recentemente: “Já que não podemos evitar o aquecimento global, quaisquer que sejam os nossos esforços, temos que conseguir limitar seus efeitos enquanto nos adaptamos a ele”.

Esta é uma excelente receita para justificar a inação, o imobilismo e o abandono de qualquer “esforço” para tentar evitar o pior. Contudo, os cientistas do IPCC explicaram bem que, embora o aquecimento já tenha de fato começado, ainda é possível evitar ultrapassar a linha vermelha de 1,5 graus – desde que comecemos imediatamente a reduzir de modo significativo as emissões de CO2.

Certamente, temos que tentar adaptar-nos. Mas se as mudanças climáticas se tornarem incontroláveis e acelerarem, a “adaptação” é apenas um engodo. Como “adaptar-se” a temperaturas de 50°C?

Poderíamos multiplicar os exemplos. Todos levam à conclusão de que, se quisermos evitar as mudanças climáticas, devemos mudar o sistema, ou seja, o capitalismo, e substituí-lo por outra forma de produção e consumo. Isto é o que chamamos “ecossocialismo”.

*Michael Löwy é diretor de pesquisa em sociologia no Centre nationale de la recherche scientifique (CNRS). Autor, entre outros livros, de O que é o ecossocialismo (Cortez).

La independencia inconclusa de Brasil,pero promesa de un futuro para toda la humanidad.

El día 7 de septiembre de cada año celebramos el día de la Independencia de Brasil. Pero se trata de una independencia inconclusa. Fue proclamada por Don Pedro I montado encima de un burro, no como épica y falsamente lo pinta Meireles montado en un hermoso caballo.

Al independizarse se mantuvieron en Brasil las mismas relaciones de la época colonial, de los señores de la Casa Grande y de los esclavizados de la senzala. No olvidemos el hecho de que la Independencia se hizo todavía en el marco de la esclavitud, que fue brutal y cruel para millones de personas traidas de África y esclavizadas aquí. Incluso después de la Ley Áurea de 1888, los esclavizados no tuvieron ninguna compensación en tierras, trabajos u oportunidades. Fueron lanzados al dios-dará sin absolutamente nada. 

Hoy los afrodescendientes son el 54% de nuestra población; nunca saldaremos nuestra deuda por todo lo que sufrieron y ayudaron a construir esta nación.

Como país, siempre fuimos dependientes. Primero de Portugal, después de Inglaterra, luego de USA y actualmente de los países opulentos con sus megacorporaciones que explotan nuestras riquezas.

Nunca hubo un proyecto de nación. Predominó siempre, como ha sido demostrado ampliamente por los historiadores, una política de conciliación de las clases adineradas entre sí y de espaldas al pueblo, excluido y cobardemente despreciado y odiado. Ellas ocuparon el Estado y sus aparatos para garantizar sus privilegios, usufructuar los beneficios de los grandes proyectos, los sobornos y la corrupción simplemente naturalizada. Por eso tenemos un país profundamente dividido entre un pequeño número de millonarios y multimillonarios, una porción de clase media y grandes mayorías marginalizadas y excluidas de los bienes de la civilización.

En la época colonial hubo resistencias y revueltas de gente del pueblo, de negros e indígenas, todas violentamente aplastadas con ahorcamientos, fusilamientos o, en el mejor de los casos, con el exilio, y con golpes y dictaduras en la época republicana.

A decir verdad, aquí la democracia fue y sigue siendo de baja y hasta de bajísima intensidad, con una libertad puramente formal y jurídica pero sin su insustituible complemento, la igualdad. Por eso existe una desigualdad vergonzosa, de las mayores de mundo, que es una injusticia social tan grave que clama al cielo por las víctimas que produce. 

Mirando hacia atrás, nuestra historia patria está marcada por las oscuras sombras del genocidio indígena, de la colonización, de la esclavitud y de la dominación de las élites del atraso, como las califica el sociólogo Jessé Souza. Cuando alguien venido del piso de abajo, sobreviviente de la gran tribulación brasilera, llegó al poder, Luis Inácio Lula da Silva, con su sucesora Dilma Rousseff introdujeron políticas sociales de inserción de millones de personas pobres y hambrientas, pronto se armó contra ellos un golpe jurídico-parlamentario-judicial. De esta forma se salvó el viejo orden (del desorden social) que halló continuad en una figura insana e psicópata que sacó del armario de una parte importante de la población todo el odio y perversión que había reprimidos, fruto tardío del tiempo de la esclavitud.

Los esclavizados eran simplemente “piezas” a ser vendidas y compradas en el mercado y tratadas con las famosas tres pes: palo, pan y paño; palo como latigazos inhumanos, pan para que no muriesen de hambre y paño para esconder sus vergüenzas. La práctica era la violencia que continúa todavía hoy con la población negra y pobre. 

Fine finaliter: aquí nuestra independencia fue manca e inacabada, lo que nos quita cualquier sentido de celebración. Como nunca hubo una revolución que, como en los grandes países que dieron su salto de calidad, apease del poder-dominación a la clase del privilegio y del enriquecimiento fácil, nunca tuvimos la oportunidad de fundar una nación con un proyecto para todos, altivo y activo. Solo hemos prolongado el régimen de dependencia de varios otros poderes foráneos hasta el día de hoy. 

¿Cuál sería nuestra oportunidad y nuestro destino? Mirar hacia delante y al futuro. Somos una nación continental, con la mayor riqueza ecológica del planeta en términos de agua dulce, selvas tropicales, suelos fértiles, inmensa biodiversidad y un pueblo abierto, hábil e inteligente que ha conseguido sobrevivir a todo tipo de opresión. 

Sabemos que la Tierra ha llegado a su límite. El día 28 de julio de 2022 ocurrió el Día de la Sobrecarga de la Tierra (The Earth Overshoot Day) o sea, que ya hemos gastado todos los bienes y servicios naturales indispensables para la vida en este año. Estamos en números rojos. En los siete meses pasados hemos usado todas las aguas, minerales, vegetales y energía que el planeta puede producir y regenerar en el período de 365 días. 

Para poder seguir viviendo sería necesaria la biocapacidad de 1,75 Tierras, que no tenemos.

Con el aumento inesperado del calentamiento global y con el CO2  y el metanoque ya existen acumulados en la atmósfera, los eventos extremos serán inevitables. Hemos llegado con retraso. Con ciencia y técnica podemos solo mitigar los efectos extremos que vendrán con destrucción de ecosistemas y miles de vidas humanas. Según los datos de este año del IPCC esto podrá suceder en los próximos 3-4 años. Hay muchas naciones que no consiguen producir lo que su población necesita, situación agravada por la irrupción de la Covid-19.

Esta realidad sombría puede llegar a ser una catástrofe global. Y en este punto es donde entra la independencia posible y real de Brasil. Él puede ser la mesa puesta para las hambres y las sedes de toda la humanidad. Esta dependerá en gran parte de Brasil, de la humedad de nuestra Amazonia, de la proteína de nuestro ganado y aves, y de la producción de alimentos de nuestros suelos. Gran parte de los países, hoy independientes, serán dependientes de nosotros. Finalmente habremos alcanzado nuestra real independencia, no para nuestro orgullo y beneficio, sino como servicio para la vida en la Tierra y la supervivencia de la humanidad.

Finalmente podremos entonar la canción carnavalesca: “¡Libertad, Libertad! Abre tus alas sobre nosotros Y que la voz de la igualdad sea siempre nuestra voz” y de toda la humanidad.

*Leonardo Boff, teólogo, filósofo y escritor, ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra, Vozes 2021; Habitar la Tierra, Vozes 2022.

Traducción de MªJosé Gavito Milano