“La Amazonia, santuario intangible de la Casa Común”

Después del asesinato del indigenista Bruno Pereira y del periodista inglés Dom Phillips en el Valle del Jari amazónico, el tema de la Amazonia ha vuelto a estar presente en las discusiones en Brasil y en el mundo. El agravamiento de los cambios climáticos ha sido señalado en el Informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en tres partes, alertando sobre la aceleración de los índices del calentamiento global. Es bueno oír la voz de aquellos que conocen la selva y se sienten parte de ella y captan cual es el sentido de aquel inmenso bioma que se extiende por 9 países. Con ocasión del Sínodo Panamazónico en Roma hace dos años, ellos entregaron al Papa Francisco el siguiente documento. Vale la pena oír su voz que viene de lo más profundo de la selva, voz que nunca o poquísimas veces fue escuchada. Tiene mucho que enseñarnos. Lboff

Este es el texto

          “Amazonia, santuario intangible de la Casa Común”

Saludamos la realización del Sínodo Panamazónico, una extraordinaria iniciativa del Papa Francisco por la cual esta importante asamblea colegial puede ver la problemática, analizar y evaluar la realidad a la luz de la Palabra y diseñar propuestas de acción. La iniciativa es una señal de esperanza en medio de los peligros que amenazan la supervivencia de la Casa  Común.

Pedimos al Papa Francisco y a todos los padres sinodales una declaración de la Amazonia como Santuario de la Casa Común.

Esta declaración sería un llamamiento espiritual y profético a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para que se reconozca a la Amazonia, que se extiende por nueve países, como tierra santa, tan sagrada como la zarza ardiente de Moisés, que escuchó estas palabras de Dios “el lugar en el que estás es tierra santa”.

Sería un llamamiento a la conciencia universal y particularmente una petición a los organismos mundiales y a los estados responsables para que tomen las medidas urgentes y profundas que se hacen necesarias para salvar la vida en el planeta.

Las medidas deberían ser hechas y aplicadas con sentido de emergencia, considerando la velocidad y profundidad de los cambios adversos que están afectando cada vez más el clima, el hábitat y la vida de los pueblos amazónicos. Los objetivos deben enfocar el problema como un todo, pues todo está afectado sistémicamente. Han sido impactadas la flora y la fauna, el clima, el aire y el régimen de lluvias, comprometiendo el delicado equilibrio de todos los ecosistemas así como la vida de los pueblos amazónicos, cuyo exterminio está cada vez más próximo. Los pueblos no son una especie más del sistema. Son una obra magnífica de Dios, su imagen y semejanza. Ellos recibieron del Creador ese paraíso natural, lo disfrutan y lo protegen. Sabiéndose y sintiéndose uno con su mundo, saben cómo vivir sin comprometer su equilibrio.

Consecuentemente deberían implementarse las siguientes medidas.

1. Que se determinen legalmente los territorios suficientes para cada una de las distintas nacionalidades indígenas que habitan en la Amazonia, considerando su forma de vivir y de interactuar con la naturaleza.

2. Que la delimitación y la localización de los territorios sea tal que cada uno constituya un refugio seguro y la base de sustento y nutrición de los pueblos indígenas y la vida de la Amazonia.

3. Que se aplique a estos territorios una moratoria significativa de las actividades extractivistas que perjudican a la selva, también de las petroleras y de las mineras. De la misma manera, que se discuta seriamente la implementación de plantaciones y de cría de ganado que implican deforestación. Especialmente que se garantice la sostenibilidad de una eventual apertura de carreteras y de centrales eléctricas. En fin, que cesen las intervenciones predatorias tanto por parte de los gobiernos como de los grupos económicos interesados, nacionales e internacionales.

4. Que los pueblos indígenas puedan ejercer en estos territorios su autoridad, en el marco de la autodeterminación, del autogobierno, de la justicia ancestral de acuerdo con los usos y costumbres, y su vida política, cultural y espiritual en plenitud, sintiéndose parte de la nación.

Los acuerdos y pactos internacionales han resultado ineficaces porque no son obligatorios para los países. No se establecieron consecuencias por su no implementación. Aspiramos a que el Sínodo pueda demandar a los organismos internacionales para que pidan la aplicación efectiva y eficaz de las resoluciones tomadas.

Pedimos a los padres sinodales que actúen con energía para pedir que los estados ejecuten los compromisos contraídos en favor de la Amazonia mediante la adopción de mecanismos idóneos, independientes del vaivén de las coyunturas políticas.

De esta forma, la Declaración de Santuario será un instrumento idóneo para salvaguardar a los pueblos indígenas en aislamiento voluntario. Ellos son los grupos humanos más vulnerables de la Amazonia y del mundo, víctimas de la violencia del modelo económico global, depredador, impuesto. Al mismo tiempo comparecen como un testimonio de resistencia a esta globocolonización que uniformiza y mata la diversidad y la vida de la humanidad y del planeta.

“Para el indígena, la Tierra es madre. No se trata de una manera de hablar, no es puro sentimentalismo. El pueblo indígena considera, dentro de su núcleo cultural, dentro de su pensamiento, a la tierra como su madre… pensamiento que por otra parte se identifica con el pensamiento de las Sagradas Escrituras, en otras palabras, con el pensamiento de Dios” (Don Leonidas Proaño, obispo de Riobamba, Ecuador). Y el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si sobre el cuidado de la Casa Común, añade todavía: «Para los indígenas, la Tierra no es un bien económico, sino un don de Dios y de sus antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado pues lo necesitan para interactuar y para sustentar su identidad y sus valores; cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes los cuidan mejor» (n.146).

Queremos finalizar con las palabras de Bernardo Alves, del pueblo indígena Sateré-Mawé. “Los pueblos indígenas son bibliotecas vivas. Son guardianes, cuidadores y jardineros de la Amazonia y del planeta. Cada vez que un pueblo indígena es exterminado o desaparece, un rostro de Tupãna (Dios) muere y el cosmos, el planeta y toda la humanidad se empobrecen”.

Coordinadora- Pueblo Indio del Ecuador, Quito.

E-mail: fpie@fundaciónpuebloindio.org

Siguen más de 400 adhesiones de líderes indígenas, de muchos obispos, especialistas, militantes, misioneros y misioneras y representantes de los pueblos de la selva.

  “Amazônia, santuário intangível da Casa Comum”

Depois do assassinato do indigenista Bruno Pereira e do jornalista inglês Dom Phillips no vale do Jari amazônico,  o tema da Amazônia voltou à cena das discussões no Brasil e no mundo. O agravamento das mudanças climáticas apontado pelo relatório do Painel Intergovernamental sobre as Mudanças Climáticas (IPCC) em três partes, alertando para a aceleração dos índices do aquecimento global é bom ouvir a voz daqueles que conhecem a floresta, se sentem parte dela e qual é o sentido que dão àquele imenso bioma que cobre 9 países. Por ocasião do Sínodo Panamazônico em Roma há dois anos, eles entregaram ao Papa Francisco o seguinte documento. Vale a pena ouvir a voz que vem dos fundos da floresta, voz que nunca ou pouquíssimas vezes foi escutada. Eles têm muito a nos ensinar. LBoff

Este é o texto

                             “Amazônia, santuário intangível da Casa Comum”

“Saudamos a realização do Sínodo Panamazônico, uma extraordinária iniciativa do Papa Francisco pela qual esta importante asembléia colegial pode ver a problemática, analizar e avaliar a realidade a luz da Palavra e desenhar propostas de ação. A iniciativa é um sinal de esperança no meio dos perigos que ameaçam a subsistência da Casa Comum.

Pedimos ao Papa Francisco e a todos os padres sinodais uma declaração da Amazônia como Santuario da Casa Común.

 Esta declaratória seria um chamado espiritual e profético a todos os homens e mulheres de boa vontade para que se reconheça a Amazônia, que cobre 9 países, como terra santa, tão sagrada como a da sarça ardente de Moisés que escutou as palavras de Deus, “o lugar em que estás é terra santa”.

A declaratória seria um chamado à consciência universal e particularmente um pedido aos organismos mundiais e aos estados responsáveis para que tomem as medidas urgentes e profundas que se fazem necessárias para salvar a vida no planeta.

As medidas deveriam ser feitas e aplicadas com sentido de emergência, considerando a velocidade e a profundidade das mudanças adversas que vêm afetando cada vez mais o clima, o habitat e a vida dos povos amazônicos. Os objetivos devem enfocar o problema como um todo, pois tudo é afetado sistematicamente. A flora é impactada e a fauna, o clima, o ar, e o regime de chuvas, comprometendo o delicado equilíbrio de todos os ecossistemas e mesmo a vida dos povos amazônicos, cujo extermínio está cada vez mais próximo. Os povos não são uma espécie a mais do sistema. São uma obra magnífica de Deus, sua imagem e semelhança. Eles receberam do Criador esse paraíso natural, o desfrutam e o protegem. Sabendo-se e sentindo-se um com seu mundo, sabem como viver sem afetar seu equilíbrio.

Consequentemente as medidas deveriam ser assim implementadas.

1.Que se determinem legalmente os territórios suficientes para cada uma das diversas nacionalidades indígenas que habitam na Amazônia, considerando sua forma de viver e de interagir com a natureza.

2.Que a delimitação e a localização dos territórios seja tal que cada um constitua um refúgio seguro e a base de sustento e nutrição dos povos indígenas e a vida da Amazônia.

3.Que se aplique a estes territórios uma significativa moratória das atividades extrativistas que prejudicam a floresta, também das petroleiras e das mineradoras. Da mesma forma se discuta seriamente a implementação de plantações e de criação de gado que implicam desflorestação. Especialmente que se garanta a sustentabilidade para uma eventual abertura de estradas e de centrais hidrelétricas. Em fim, que cessem as intervenções predatórias tanto por parte dos governos quanto dos grupos econômicos interessados, nacionais e internacionais.

4.Que os povos indígenas possam exercer nestes territórios sua autoridade, no marco da autodeterminação, do autogoverno, da justiça ancestral de acordo com os usos e costumes e sua vida política, cultural e espiritual em plenitude, sentido-se parte da nação.

Os acordos e pactos internacionais ficaram sem eficácia porque não são obrigatórios para os países. Não se estabeleceram consequências para a sua não implementação. Aspiramos que o Sínodo possa demandar aos organismos internacionais para que peçam a aplicação efetiva e eficaz das resoluções tomadas.

Pedimos aos padres sinodais que atuem com energia para pedir que os estados que se comprometeram com seus compromissos em favor da Amazônia mediante a adoção de mecanismos idôneos, independentes do vai- e- vem das conjunturas políticas.

Desta forma, a Declaratória de Santuário, será um instrumento idôneo para salvaguardar os povos indígenas em isolamento voluntário. Eles constituem grupos humanos mais vulneráveis da Amazônia e do mundo, vítimas da violência do modelo econômico global, depredador, imposto. Ao mesmo tempo comparecem como um testemunho de resistência a esta globocolonização que uniformiza e mata a diversidade e a vida da humanidade e do planeta.

Para o indígena, a terra é mãe. Não se trata de uma maneira de falar, não é um puro sentimentalismo. O povo indígena considera, dentro de seu núcleo cultural, dentro de seu pensamento, a terra como sua mãe… pensamento que, por outra parte, se identifica com o pensamento das Sagradas Escrituras, em outras palavras, com o pensamento de Deus”(Dom Leônidas Proaño, bispo de Riobamba, Equador). E acrescenta ainda o Papa Francisco em sua encíclica Laudato Si sobre o cuidado da Casa Comum. “Para os indígenas a Terra não é um bem econômico, senão é um dom de Deus e de seus antepassados que descansam nela, um espaço sagrado pois o nessecitam para interagir e para sustentar sua identidade e seus valores; quando permanecem em seus territórios, são precisamente eles que melhor os cuidam”(n.146).

Queremos finalizar com as palavras de Bernardo Alves, do povo indígena Sateré-Mawé. “Os povos indígenas são bibliotecas vivas. São guardiães, cuidadores e jardineiros da Amazônia e do planeta. Cada vez que um povo indígena é exterminado ou desaparece, um rosto de Tupãna (Deus),morre e o cosmos, e o planeta e toda a humanidade se empobrecem”.

 Articulação– Pueblo Indio del Ecuador, Quito.

e-mail   fpie@fundaciónpuebloindio.org Seguem mais de 400 subscrições de lídres indígenas, de muitos bispos, especialistas, militantes, missionários e missionárias e representantes de povos da floresta

La justa medida: empieza por ti mismo y respete la Madre Tierra

Leonardo Boff*

Los cambios y la propia historia no se hacen mecánicamente.Siempre se producen dentro de condicionamientos del pasado y del presente, pero no excluyen nunca la actuación de los sujetos históricos, que usan su libertad y toman posiciones. Ellos son,dentro de cada contexto determinado, los que hacen la historia.Esto mismo sirve para el rescate de la justa medida, tan urgente en los tiempos actuales.

La justa medida está presente en todas las éticas mundiales. El verdadero humanismo solamente se da si se funda en lamoderación, en el camino del medio, y en la justa medida.

¿Por dónde empezar?

Empieza por ti mismo

Los cambios personales, las llamadas revoluciones moleculares, que marcan el primer paso de cualquier proceso de transformación, son fundamentales. Esta sólo será efectiva si la persona se dispone a vivirlos en su propia vida. En este aspecto debemos ser concretos: el exceso de marketing hace que las personas sean seducidas por el consumo y pierdan la justa medida; el exceso de selfies denota narcisismo; el tiempo dedicado a viajar por pura curiosidad por los programas de internet y otros del mismo género son demostraciones de falta de la justa medida. Rehenes de la virtualidad nos negamos el gusto del encuentro y de la amistad. Bien observó el Papa Francisco en la encíclica Todos hermanos y hermanas: «Los medios digitales nos privan de la comunicación directa. Hacen falta los gestos físicos, las expresiones del rostro, los silencios, el lenguaje corporal y hasta el perfume, el temblor de las manos,el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y es parte de la comunicación humana» (n.43).

Tales medios nos hacen próximos, pero no hermanos. Constituye un principio de la física cuántica y de la nueva cosmogénesis ver toda la realidad, también la materia, como formas de energía con distintos grados de densidad y siempre en redes de relaciones. De acuerdo con esta comprensión, no existe nada fuera de las relaciones, ningún acto realizado por una persona física queda retenido en ella. La energía que emite, circula por todas las redes, fortaleciéndolas y de esta forma acelerando la construcción de la Casa Común.

De aquí se deriva el hecho de que ningún acto humano se reduce a lo personal, siempre implica lo social y lo global porque estamos permanentemente conectados con ellos. Veamos algunas expresiones de esta dimensión de la justa medida en el ámbito personal.

Para empezar, cada persona debe conocerse mínimamente a símisma, sus pulsiones, sus energías interiores, positivas o negativas. Hay personas que por naturaleza son más impulsivas y dadas a perder la justa medida. Hay otras, por naturaleza más tranquilas y ante situaciones conflictivas no pierden la justa medida.

Mantener la justa medida en estos casos es un acto sapiencial: sabe cuando hablar y cuando callar; aprende a dominar sus impulsos y piensa y repiensa antes de actuar. Otros conscientemente hacen un esfuerzo significativo para contenerse y guardar la justa medidaRevelan así madurez ycapacidad de autodominio.

Podríamos identificar también la justa medida en el ámbito delejercicio del poder, en la conducción de una comunidad, en elliderazgo político e incluso en la confrontación de ideas. En Brasil somos condenados a soportar un presidente que no demuestra ningún sentido de justa medida,sea en las palabras ofensivas sea en actos de producir verguenza. Es la expresión más perversa de falta de cualquier moderacón y justa medida.

Rehacer el contrato natural con la Madre Tierra

Como participantes de la naturaleza y con capacidad de intervenir en ella, es necesario hacer una referencia importante al Contrato Natural entre la Tierra y la Humanidad. Ese contrato nos viene dado, no se hace. Al existir, recibimos todo lo que necesitamos de la Madre Tierra: el suelo, el aire, las aguas, todo tipo de alimentos, los climas favorables a la vida, en una palabra, todos los componentes que permiten a la vida subsistir y reproducirse. Como en todo contrato, hay siempre una contrapartida: cada cual debe cumplir su parte.

Inicialmente los seres humanos vivían el Contrato Natural sin tener que pensar en él. La Madre Tierra les ofrecía en abundancia los medios de vida y ella era amada, celosamente respetada y cuidada en sus ritmos naturales.

Esto se hizo de manera ejemplar durante el matriarcado, hace por lo menos 20 mil años. Las mujeres sentían una especial connaturalidad con la Madre Tierra, pues unas y otras generan vida.

Fueron pasando los tiempos y el hombre-masculinizado acumuló poder e impuso su voluntad y sus propósitos. Dominó a las mujeres y junto con ellas sometió también a la naturaleza.Lentamente pero de manera progresiva se rompió el Contrato Natural. La Matriz Relacional, aquella sagrada relación de todos con todos se perdió. El ser humano se sintió dueño de la naturaleza y no parte de ella.

La Tierra ya no era considerada como Madre generosa, sino como una “cosa extensa” sin propósito, como un granero lleno de recursos, disponibles al gusto de los hombres. 

En la actualidad el Contrato Natural ha sido roto totalmente hasta el punto de que la Tierra hace sentir lo grave de esta ruptura a través de los desajustes que están apareciendo. Los humanos, según la naturaleza de todo contrato, han dejado de cuidar a la Madre Tierra, sus biomas, sus selvas, sus aguas y sus suelos. Antes bien, la han agredido.

La alarma actual por los cambios climaticos contituyen una de las expresiones de haber sepultado el Contrato Natural. Hoy más que nunca urge rehacer ese Contrato Natural. Este implica de nuestra parte tener un sentimiento de respeto, de cuidado, de sinergia y establecer un lazo afectivo con la Tierra y con todos sus elementos. Aquí emerge el valor eminente de la justa medida, de la autocontención de nuestro impulso de poseer más y más, de respeto a la identidad de cada ser y también de sus derechos intrínsecos.

Si no restablecemos los términos justos de este Contrato Natural y lo articulamos con el Contrato Social (el que regula la sociedad) en vano aplicaremos la ciencia y la técnica para recuperar los daños ya producidos. Lo decisivo consiste en crear un lazo de afecto y de amor con la Tierra y tratarla como la Madre Tierra, la Magna Mater, la Pachamama y Gaia. Sólo con justa medida y sinergia, entre ambas grandezas, abriremos una ventana para un futuro esperanzador.

*Leonardo Boff ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra:una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amistad social, Vozes, 2021.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

“Deus,o grande silêncio do universo”

Juan José Tamayo

T.J.Tamayo é um dos mais brilhantes e discutidos teólogos leigos espanhóis. Amigo de Saramago nos fornece aqui detalhes inspiradores deste grande escritor que foi Saramago. Eu mesmo passei quase uma noite inteira em Estocolmo,por ocasião de um encontro de portadores de Prêmio Nobel, discutindo religião e espiritualidade. Quis ler o livro que tinha à mão para a sua esposa “Espiritualidade:caminho de realização” dizendo: é esse tema que me atormenta e quero aprofundá-lo. Experimentei um homem genial, cheio de conexões surpreendentes e extremamente gentil. Para o Natal daquele ano escreveu-me uma carta das mais belas que já havia recebido. Era um incansável buscador do Absoluto para além de seu declarado ateísmo. Transcrevemos este artigo de Tamayo que nos revela um pouco da alma do grande escritor LBoff

  • “Estamos a celebrar o centenário do nascimento do escritor português José Saramago, um ateu convicto. De fato, a vida e obra de Saramago foram uma luta titânica permanente com/contra Deus”.
  • “Há muitas definições de Deus que encontrei. Mas, sem dúvida, uma das mais belas definições de Deus é a de Saramago: ‘Deus é o grande silêncio do universo, e o ser humano é o grito que dá sentido a esse silêncio'”.
  • “Ele sempre se declarou ateu, e por seu ateísmo foi um crítico impenitente das religiões, de seus abusos, de seus enganos, especialmente das guerras e cruzadas convocadas, legitimadas e santificadas por elas em nome de Deus”.
  • “Durante os últimos cinco anos de sua vida tive o privilégio de desfrutar de sua amizade e compartilhar experiências de fé e incredulidade, de solidariedade e trabalho intelectual, em total harmonia. É por isso que me atrevo a aplicar o nome de ‘Bom Samaritano‘, uma parábola livre de todas as conotações religiosas”.

O artigo é de Juan José Tamayo, teólogo espanhol, secretário-geral da Associação de Teólogos João XXIII, ensaísta e autor de mais de 70 livros, publicado por Religión Digital, 23-06-2022.

Eis o artigo.

Ato Literário em memória do Prêmio Nobel: José Saramago. Ética e Literatura. (Foto: Religión Digital)

Comemoramos o centenário do nascimento do escritor português José Saramago, que ganhou o Prêmio Nobel da Literatura em 1998 pela sua capacidade de “tornar compreensível uma realidade indescritível, com parábolas sustentadas pela imaginação, compaixão e ironia”. E estamos fazendo isso com diferentes atividades em reconhecimento a uma das figuras mais ilustres da literatura do século XX no horizonte ético da libertação dos povos oprimidos, com quem sempre se solidarizou e com quem se defendeu contra o imperialismo e a supremacia. No dia 18 de junho comemoramos outro acontecimento significativo: os doze anos de sua morte, que deixou um grande vazio e um órfão difícil de superar no mundo literário, não só no luso-espanhol, mas também em todo o mundo e no campo da exemplaridade moral.

No dia 30 de maio, celebramos um “Ato Literário em memória do Prêmio Nobel: José Saramago. Ética e Literatura”, organizado pela Future Century Foundation, com sede em Guadalajara, da qual participaram: Juan Garrido, presidente da Future Century Foundation, Pilar del Río, jornalista, esposa do Prêmio Nobel e presidente da Fundação José Saramago, Nativel Preciado, jornalista e escritor, Frederico Mayor Zaragoza, presidente da Fundação Cultura de Paz, e eu. Neste artigo vou desenvolver algumas das ideias que apresentei naquele evento em que participaram 200 pessoa

Durante os últimos cinco anos de vida de Saramago, tive o privilégio de desfrutar de sua amizade e compartilhar experiências de e descrença, de solidariedade e trabalho intelectual, em total harmonia. Dois foram os momentos especiais dessa fruição e um terceiro que não pôde ser comemorado.

“Deus é o grande silêncio do universo”

A primeira teve lugar em Sevilha em Janeiro de 2006. Andávamos pelas ruas de Sevilha, José Saramago, sua esposa, a jornalista e tradutora de suas obras para o espanhol, Pilar del Río, a pintora Sofía Gandarias, e eu na direção do Auditório da Universidade de Sevilha para participar um Simpósio sobre Diálogo entre Civilizações e Modernidade. Às 9h da manhã, ao passar pela Plaza de la Giralda, os sinos da Catedral de Sevilha começaram a tocar loucamente – antiga mesquita, mandada construir pelo califa almóada Abu Yacoub Yusuf.

– “Os sinos tocam porque passa um teólogo”, disse Saramago com o seu humor habitual.

– “Não – respondi no mesmo tom – os sinos tocam porque um ateu está prestes a se converter ao cristianismo.

Nesse diálogo fugaz, a resposta de Saramago foi imediata:

– “Isso nunca. Fui ateu toda a minha vida e continuarei a ser no futuro.”

Imediatamente me veio à mente uma definição poética de Deus, que recitei para ele sem hesitação:

– “Deus é o grande silêncio do universo, e o ser humano é o grito que dá sentido a esse silêncio.

– “Essa definição é minha”, reagiu sem demora.

– “De fato, é por isso que o mencionei – respondi –. E essa definição está mais próxima de um místico do que de um ateu.

Minha observação o impressionou. Ninguém nunca lhe dissera nada assim e isso o fez pensar, sem se deixar enganar pela minha ideia. De fato, a vida e a obra de Saramago foram uma permanente luta titânica contra Deus. Como a do Jó bíblico – a quem Bloch chama de “o Hebreu Prometeu“, que amaldiçoa o dia em que nasceu, sente desgosto por sua vida e ousa perguntar a Deus, em tom desafiador, por que o ataca com tanta violência, por que o oprime ele de forma tão desumana e por que ele o destrói sem piedade (Jó, 10). Ou como o patriarca Jacó, que passou uma noite inteira brigando com Deus e acabou com um nervo ciático ferido (Gênesis 32:23-33). Não é o caso de Saramago, que saiu ileso das lutas com Deus e nunca desistiu.

São muitas as definições de Deus que encontrei ao longo dos meus cinquenta anos dedicados à teologia, precedidos pela formação catequética católica da escola e da paróquia da minha cidade. Foi lá que aprendi a primeira definição de Deus no catecismo do padre Gaspar Astete, repeti-a muitas vezes correndo e ainda hoje consigo fazê-lo:

Deus é a coisa mais excelente e admirável que se pode dizer e pensar, infinitamente Bom, Poderoso, Sábio, Justo, Princípio e Fim de todas as coisas, [recompensador do bem e punidor do mal].

Durante meus estudos de teologia tive que dar conta da demonstração da existência de Deus conhecida como “argumento ontológico“, de Anselmo de Cantuária, da qual Albert Camus disse com razão que não conhecia nenhuma pessoa que tivesse dado sua vida a defendê-lo.

Mas sem dúvida uma das mais belas definições de Deus é a de Saramago que acabei de citar. Li-o nos seus Cuadernos de Lanzarote, de 1993, e dei-o a conhecer onde quer que tenha falado do Prêmio Nobel português. O próprio Saramago recorda-o em O Caderno. Textos escritos para o seu blog, Setembro de 2008 a março de 2009, assim:

“Há muitos anos, nada menos que 1993, escrevi nos Cadernos de Lanzarote algumas palavras que encantaram alguns teólogos desta parte da Península Ibérica, especialmente Juan José Tamayo que, desde então, generosamente me ofereceu sua amizade. Eram estes: ‘Deus é o grande silêncio do universo, e o ser humano é o grito que dá sentido a esse silêncio.‘ Deve-se reconhecer que a ideia não está mal formulada, com seu quantum satis de poesia e sua intenção levemente provocativa sob o pressuposto de que os ateus são muito capazes de se aventurar pelos caminhos pedregosos da teologia, mesmo os mais elementares” (Companhia Das Letras, São Paulo, 2009, p. 144).

Esta definição merece figurar entre as vinte e quatro definições – com ela, vinte e cinco – de tantos sábios reunidos em um Simpósio que inclui o Livro dos 24 filósofos (Siruela, Madrid, 2000), cujo conteúdo foi objeto de uma amplo debate entre filósofos e teólogos durante a Idade Média. Para um teólogo dogmático, definir Deus como o silêncio do universo talvez seja um eufemismo.

Para um teólogo heterodoxo como eu, seguidor de místicos judeus, cristãos e muçulmanos como Pseudo-Dionísio, Rabia de Bagdá, Abraham Abufalia, Algazel, Ibn al Arabi, Rumi, Hadewich de Antuérpia, Margarita Porete, Hildegard de Bingen, Mestre Eckhardt, Juliana de Norwich, João da Cruz, Teresa de Jesus, Baal Shem Tov, cristãos leigos como Dag Hammarksjlöd, hindus como Tukaram e Mohandas K. Gandhi, e a mística leiga Simone Weil, é mais que suficiente. Dizer mais seria desrespeitoso com Deus, quer ele acredite em sua existência ou não. “Se você entende – disse Agostinho de Hipona – não é Deus.”

Saramago na apresentação do Novo Dicionário de Teologia

O segundo encontro aconteceu quando o convidei para apresentar meu Novo Dicionário de Teologia, publicado pela editora Trotta no final de 2005. Inicialmente, sua resposta ao meu convite foi negativa. Atribuí sua recusa ao volume do livro: 992 páginas em duas colunas, portanto, cerca de duas mil páginas. Mas não, esse não foi o motivo para rejeitar meu convite. A verdadeira razão foi que ao longo de tantas páginas as palavras “ateísta” e “ateísmo” não apareciam.

De fato, eles não aparecem como entrada, mas aparecem no final, na entrada Teísmo/Ateísmo. Quando o avisei, ele leu com grande interesse os conceitos que mais lhe interessavam e, claro, Teísmo/Ateísmo, e concordou em participar da apresentação do livro junto com a filósofa Victoria Camps, realizada no Ateneu de Madri. Ele elogiou o Dicionário dizendo que era um livro fundamental tanto para ateus quanto para crentes. Suas palavras confirmaram a orientação cultural e ética que eu queria dar ao trabalho desde o início, longe do caráter confessional e apologético que não poucos dicionários de teologia têm.

Ateísmo e o “fator Deus”

Houve uma terceira reunião agendada que infelizmente não pôde ser realizada devido ao falecimento de Saramago. Foi um diálogo entre os dois, aberto ao público na biblioteca de sua casa em Tías (Lanzarote) em torno de um tema que nós dois éramos apaixonados: “Ateísmo e o fator Deus”.

Saramago sempre se declarou ateu, e por seu ateísmo foi um crítico impenitente das religiões, de seus abusos, de seus enganos, especialmente das guerras e cruzadas convocadas, legitimadas e santificadas por elas em nome de Deus: “Um deles – afirma –, o mais criminoso, o mais absurdo, o que mais ofende a simples razão é aquele que, desde os primórdios dos tempos e das civilizações, manda matar em nome de Deus… Já se disse que as religiões, todas elas, sem exceção… elas foram e continuam a ser a causa de sofrimentos indescritíveis, de massacres, de monstruosas violências físicas e espirituais que constituem um dos capítulos mais sombrios da miserável história humana.” Com a história em mãos, quem vai negar tal verdade?

Mas a crítica de Saramago vai mais longe e atinge o próprio coração das religiões, o próprio Deus, em cujo nome, afirma, “tudo foi permitido e justificado, principalmente o pior, o mais horrendo e cruel”. E dá como exemplo a Inquisição, que compara ao Talibã de hoje, qualifica como “organização terrorista” e acusa de interpretar perversamente seus próprios textos sagrados nos quais afirmava acreditar, a ponto de fazer um casamento monstruoso entre religião e o Estado ou “contra a liberdade de consciência e o direito de dizer não, o direito à heresia, o direito de escolher outra coisa, é isso que significa a palavra heresia”.

Esta denúncia de Deus situa-se nas críticas mais importantes e incisivas da religião, como as de Epicuro, Demócrito e Lucrécio, as dos profetas de Israel/Palestina, de Jesus de Nazaré e do cristianismo primitivo, as dos mestres Marx, Nietzsche e Freud, e os de ateísmo moral que negam a Deus a sua responsabilidade no sofrimento das vítimas.

Mesmo quando Saramago pensava que os deuses são uma criação da mente humana, preocupava-se com os efeitos do “fator Deus” – título de um de seus artigos mais famosos e célebres –, que está presente na vida dos seres humanos, crentes ou não, como se fosse o dono e senhor dela, é exibido nas notas de dólar, embriagou o pensamento e abriu as portas para a mais sórdida intolerância.

Em seu romance Caim, ele recria a imagem violenta e sanguinária do Deus da Bíblia judaica, “um dos livros mais sangrentos da literatura mundial”, segundo Norbert Lohfink, um dos mais prestigiados estudiosos bíblicos do século XX. Imagem que continua em alguns textos da Bíblia cristã, onde Cristo é apresentado como o bode expiatório para reconciliar a humanidade com Deus e que se repete novamente em alguns teólogos medievais que apresentam Deus como dono de vidas e propriedades e como senhor feudal, que trata seus adoradores como se fossem servos do bosque e exige o sacrifício de seu filho mais amado, Jesus Cristo, para reparar a infinita ofensa que a humanidade cometeu contra Deus.

O Deus assassino de Caim ainda está presente em muitos dos rituais de guerra do nosso tempo: nos ataques terroristas cometidos por falsos crentes muçulmanos que, em nome de Deus, praticam a guerra santa contra os infiéis; nos autoproclamados líderes políticos cristãos, que apelam a Deus para justificar o derramamento de sangue de inocentes em operações que levam o nome de Justiça Infinita ou Liberdade Duradoura; na política sacrificial do Estado de Israel que, acreditando ser o povo eleito de Deus e o único proprietário da terra que descreve como “prometida”, realiza operações de destruição maciça de territórios, muros de prisões e assassinatos de milhares de Palestinos.

Sentido solidário de Saramago

Juntamente com a crítica à religião, a Deus e ao “fator Deus”, vale destacar o sentido de solidariedade na vida que caracterizou Saramago. De filantropia e sem qualquer apoio religioso, foi o defensor das causas perdidas, alguns dos quais foram conquistados graças ao seu apoio. Cito apenas três, entre os mais emblemáticos. Uma foi a solidariedade com o povo palestino face ao massacre a que foi submetido entre Dezembro de 2008 e Janeiro de 2009 pelo Exército israelita, que provocou 1.400 mortos e que o Prêmio Nobel português qualificou de genocídio. A segunda, o apoio e acompanhamento da líder saharaui Aminatu Haidar durante a sua greve de fome no aeroporto de Lanzarote. O terceiro, tendo atribuído os direitos autorais de seu então último romance às vítimas do terremoto no Haiti.

Ao reler seu romance Caim, as palavras de Epicuro me vieram à mente: “A palavra do filósofo é vã se ele não é capaz de aliviar o sofrimento humano.” Também a afirmação do teólogo alemão Dietrich Bonhoeffer, mártir do nazismo, que pagou com a vida sua luta contra Hitler: “Não estamos aqui apenas para enfaixar as feridas das vítimas sob as rodas da injustiça, estamos aqui para bloquear a própria roda com a alavanca de uma Justiça.

No caso de Saramago, suas palavras e seus textos não foram em vão. Estavam cheios de solidariedade e compromisso com os povos mais vulneráveis ​​e oprimidos, como os palestinos, os saharauis e os haitianos. Por isso ouso aplicar o nome de uma parábola evangélica, talvez a mais bela e de maior conteúdo ético compassivo, o “Bom Samaritano“, livre de qualquer conotação religiosa.

Esta parábola é, sem dúvida, uma das críticas mais severas contra a religião oficial, legal e insensível ao sofrimento humano; uma das denúncias mais radicais contra a casta sacerdotal e clerical, viciada no culto e alheia ao grito das vítimas, e uma das mais belas canções à ética da solidariedade, da compaixão, da proximidade, da alteridade, da fraternidade-irmandade. Uma ética secular, em suma, não mediada por qualquer motivação religiosa.

O padre e o clérigo, oficiais de Deus, passam, pior ainda, fazem um desvio para não socorrer o gravemente ferido. O samaritano, que estava fora da religião oficial e era considerado herege pelos judeus, aparece, aos olhos de Jesus e do próprio jurista, como um exemplo a imitar por ter tido um coração misericordioso. Por seu comportamento humanitário, o herege torna-se sacramento do próximo; Por sua atitude impiedosa, o sacerdote e o levita tornam-se antissacramento de Deus: é a religião ao contrário ou, se preferir, a verdadeira religião, aquela que consiste em defender os direitos das vítimas, trilhando o caminho da justiça e seguir a direção da compaixão. É assim que os profetas de Israel, os fundadores e reformadores das religiões, entendiam a religião.

Quer a leitura de Saramago da Bíblia judaica seja compartilhada ou não, acho que temos que concordar com ele que “a história dos homens é a história de seus desacordos com Deus, nem ele nos entende, nem nós o entendemos“. Excelente aula de contrateologia!

Seja qual for a responsabilidade de Caim ou de Deus na morte de Abel, permanece a questão que permanece tão viva hoje como então ou mais, e que apela à responsabilidade da humanidade na atual desordem mundial, nas guerras e fomes que assolam nosso planeta: “Onde está o seu irmão?” (Gênesis 4,9). E a resposta não pode ser um evasivo “Não sei. Será que sou o guardião do meu irmão?”, mas, seguindo a Bíblia cristã, a parábola evangélica do Bom Samaritano, que mostra compaixão por uma pessoa gravemente ferida, que é religiosamente seu adversário. Excelente lição de ética solidária!

 Fonte: IHU 30/6/2022

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