Laoración particular del Papa Francisco a San José

Leonardo Boff*

El año 2020 fue declarado por el Papa Francisco “año josefino”, es decir, un año dedicado a la devoción y a profundizar en la figura de San José. Ella es oportuna en este momento de la pandemia del coronavirus, despiadada con los más vulnerables que son los pobres y los destituidos de los cuidados necesarios. San José más que el Patrono de la Iglesia Universal es ante todo el patrono de la iglesia doméstica, de la gente trabajadora, de los anónimos, de los que viven sometidos al silencio social. San José vino de este mundo, pero no nos dejó ninguna palabra. Habló por sus manos de trabajador. Solo tuvo sueños. Fue tierno esposo de María, padre proveedor de Jesús, protegió a su hijito amenazado de muerte por Herodes, se refugió en el extranjero, en Egipto, introdujo a Jesús en las tradiciones de la piedad judaica. Cumplió su misión y desapareció sin dejar rastro.

Es propio de la teología actualizar las reflexiones ya existentes, pero sobre todo profundizar el significado de San José para los días actuales, como he intentado hacer en un amplio libro: “San José, la personificación del Padre (Vozes 2005/Loyola 2006) y en varios artículos reproducidos en diferentes medios.

Me he propuesto llevar hasta las últimas consecuencias la reflexión sobre San José, pues esta osadía (permitida pues estamos siempre tratando con los misterios divinos) pertenece al oficio de la teología. Él nos debe ayudar a entender mejor al Dios adorado por los cristianos.

No carece de sentido que San José se haya mantenido siempre en la dimensión del misterio que ninguna palabra puede expresar, ni que su medio de comunicación hayan sido los sueños, ni que, finalmente, no haya sido un rabino que habla y enseña, sino un trabajador que hace silencio mientras trabaja. Hoy sabemos por la psicología profunda de C.G.Jung y discípulos que los sueños son el lenguaje de la radicalidad humana y de su misterio último. Parece que el propio Dios o el universo hubiesen preparado a la persona con las condiciones previas adecuadas para acoger al Padre en caso de que decidiese salir de su misterio y autocomunicarse a alguien.

Para los cristianos es una verdad aceptada que el Espíritu Santo fue la primera persona divina en venir a este mundo y armar su tienda (morar definitivamente) sobre María (Lc 1,35). De igual forma es una convicción de fe que el Hijo del Padre vino a continuación, engendrado por María y que también armó su tienda entre nosotros (se encarnó: Jn 1,14). ¿Por qué el Padre iba a quedar fuera? ¿Por qué solamente dos personas divinas se establecieron entre nosotros? A estas preguntas intento buscar razones bien fundadas.

Parto de la tesis oficial, confirmada por el Concilio Vaticano II (1962-1965) en la “Constitución Dogmática Dei Verbum” de que la revelación es más quecomunicación de verdades. Es la autocomunicación de Dios así como  es (n.2). Pues bien, si eso es verdad significa que la revelación es siempre autocomunicación de las tres personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. No puede ser solo del Espíritu Santo y del Hijo. El Padre debe entrar también, hastapor un efecto sinfónico y armonioso de toda la revelación divina.

Ahora bien, se dice en teología que el Padre es el misterio absoluto sin-nombre, que continuamente está trabajando haciendo surgir y sustentando lacreación, diciendo en cada momento su “fiat” (¡hágase!). Si no lo hiciera, ellavolvería a la nada. Nótese que San José presenta características adecuadas a lanaturaleza del Padre celestial. El Padre no habla, quien habla es el Verbo; Élvive en un silencio insondable y su principal actividad es trabajar, como confirma Jesus: “Mi Padre trabaja hasta ahora” (Jn 5,17) como también lo hace José. Si hubiera alguien en quien el Padre pudiera armar su tienda para habitar entre nosotros, José de Nazaret sería esa persona. El Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica sobre San José, Redemptoris Custos (1989), afirma que“la paternidad humana de José” fue asumida en el acto de la encarnación deDios (n.21).

Hay en teología este dicho clásico: “Deus potuit, decuit, ergo fecit”: “Dios podía, era conveniente y, por lo tanto, hizo”. Así que el Padre celestial podía personificarse en José, era conveniente que lo hiciese y, por lo tanto, así lo hizo. Efectivamente, tal como yo lo entiendo, el Padre se personificó en el padreterrestre, tomó forma humana en José. Faltaba esta pieza arquitectónica para la plena autocomunicación de Dios así como es, es decir, como Trinidad,incluyendo al Padre, en este caso. Esta es la tesis fundamental, lógicamente urdida con argumentos de la propia teologia que no cabe referir aquí.

La gran lección que sacamos, y con ella aprendemos algo más de Dios, es esta: la Familia divina, en un momento preciso de la historia, asumió a la familia humana. El Padre se personalizó en José, el Hijo en Jesús y el Espíritu Santo en María.

El Papa Francisco recibió la traducción española de mi libro “San José, la personificación del Padre”(DABAR/Mexico) y agradeció transmitiéndome la oración que él le reza todos os días. Literalmente escribió y esto puede ayudar a muchos devotos de san José:

“Quiero compartir contigo la oración que recito desde hace cuarenta años después de los Laudes:

Glorioso Patriarca San José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi auxilio en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que te confío, para que tengan una solución feliz. 

Mi bien amado Padre, toda mi confianza esta puesta en Ti. Que no se diga que te he invocado en vano, y puesto que Tú puedes todo junto a Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder. Amén”

Esta oración, de hace ya 40 años, parece adecuada para los días sombríos vividos y sufridos por toda la humanidad. Junto con la ciencia, la técnica ytodos los demás cuidados, la oración es como un supplément d’âme que nos puede valer mucho, y alimenta la esperanza esperante.

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito San José, la personificación del PadreEditora Vozes, Petrópolis 2005.

Traducción de Mª José Gavito Milano

En medio de la pandemia:la urgencia del Espíritu de vida

Leonardo Boff*

En plena pandemia, con miles de muertos cada día, celebramos la fiesta de Pentecostés, del Espíritu dador de vida y sanador. Su actuación junto a todos los que están en primera línea del combate a la Covid-19 es urgente para mantenerlos vivos, protegidos y con el ánimo heroico de continuar  en su misión de salvar vidas, poniendo en peligro las suyas propias. El himno litúrgico de la fiesta de hoy dice que es el “consolador óptimo y el dulce refrigerio”. Más que nunca debe mostrarse con estos dones a todos los que trabajan en los hospitales.

Reflexionemos un poco sobre la naturaleza del Espíritu Santo y su relevancia para la vida y para el dramático momento actual.

En primer lugar es importante decir que el Espíritu fue el primero en llegar a este mundo, y sigue llegando todavía.Vino y armó su tienda sobre María de Nazaret. Es decir, fijó su morada permanente en ella (Lc 1,35) y elevó lo femenino a la altura de lo Divino.

De esta presencia suya se originó la santa humanidad del Hijo de Dios. El Verbo armó su tienda (Jn 1,14) en el hombre Jesús, engendrado por María. En un momento de la historia, ella, la simple mujer de Nazaret, es el templo de Dios vivo: en ella habitan dos Personas divinas: el Espíritu que la hace “bendita entre todas las mujeres” (Lc 1,42) y el Hijo de Dios, creciendo dentro de ella, de quien es verdaderamente madre.

Después, el Espíritu descendió sobre Jesús cuando fue bautizado por Juan Batista (Mt 3,16) y lo inflamó para su misión liberadora. Descendió sobre la primera comunidad reunida en Jerusalén (Hch 2,1-3), en la fiesta de Pentecostés, haciendo nacer la Iglesia. Continuó descendiendo, independientemente de si las personas eran cristianas y bautizadas o no, como ocurrió con el oficial romano Cornelio, pagano todavía (Hch 11,45). Y en toda la historia ha venido siempre antes que los misioneros, haciendo que en el corazón de los pueblos prevalezca el amor, se cultive lajusticia y se viva la compasión, todos señales de la presencia del Espíritu. Una vez entrado en la historia nunca más la dejó. Toma lo que es de Jesús, lo pasa adelante, pero también “anuncia cosas nuevas que han de venir” (Jn 16,13).

Por el Espíritu irrumpen los profetas, cantan los poetas, crean los artistas, y las personas practican el bien, lo justo y lo verdadero. Del Espíritu se moldean los santos y santas, especialmente aquellos que entregan su propia vida para la vida de los otros, como ahora los que trabajan, casi hasta la extenuación, en los hospitales de todoslos paises y del mundo.

También por el Espíritu viejas y crepusculares instituciones de repente se renuevan y prestan el servicio necesario a las comunidades, como lo está haciendo el Papa Francisco y también otras Iglesias cristianas.

El mundo está grávido del Espíritu incluso cuando el espíritu de la iniquidad persevera en su obra, hostil a la vida y atodo lo que es sagrado y divino. Eso está ocurriendo en nuestro país con un gobernante más amigo de la muerte que de la vida. 

Quien se siente más perjudicado en este momento, sin casa adecuada para morar, sin saber lo que va a comer el día siguiente, sin trabajo y sin ninguna seguridad contra los ataques del virus letal es el pobre. Hoy son millones. Los pobres gritan. Y Dios, que es el Dios del grito, es decir, aquel que escucha el grito del oprimido, deja su transcendenciay baja para escucharlos y liberarlos, como en el caso del cautiverio en Egipto (cf. Ex 4,3). Es el Espíritu quien nos hace gritar Abba, Papá (Rm 8,15; Gal 4,6). Por eso el Espíritu es el padre y el padrino de los pobres (pater pauperum)como la Iglesia canta en esta fiesta .

Seguramente no lo hace milagrosamente, pero les da ánimo y resistencia, voluntad de lucha y de conquista. No deja que sus brazos decaigan. Él envió la luz a los corazones de los pobres para descubrir las iniciativas apropiadas, para resistir y de hecho han llegado vivos hasta hoy. Si los indígenas no pudieron ser totalmente exterminados y ahora, por negligencia de las autoridades brasileras están en grave peligro, si los afrodescendientes no sucumbieron bajo el peso de la esclavitud, fue porque dentro de ellos había una energía de resistencia y de liberación (axé) aquello que el himno llama dones y luz de los corazones: el Espíritu Santo, poco importa el nombre que le demos.

A los desesperados Él se muestra como un consolador sin igual. No los asiste desde afuera. Viene a morar dentro de ellos como huésped para auxiliarlos y aconsejarlos, pues esta es su misión. En los grandes aprietos y crisis, Él se anuncia como una referencia de paz, de calma: un refrigerio. Así lo dice el himno de Pentecostés, que estoy citando literalmente.

Él surge como el gran consolador. Cuántas veces en estos tiempos sombríos de epidemia, las amarguras de la vida nos llenan los ojos de lágrimas. Cuando perdemos a un ser querido sin poder despedirnos de él y guardar el luto necesario o cuando vivimos profundas frustraciones, afectivas o profesionales, como desempleados/as parece que caemos en unabismo. En estos momentos es cuando debemos suplicar: “Ven Espíritu, confórtanos, enjuga nuestras lágrimas y calma nuestros sollozos”.

El Espíritu Santo vino una vez y sigue viniendo permanentemente. Pero en momentos dramáticos como los nuestros,bajo la Covid-19, necesitamos clamar: ”Ven Espíritu Santo, renueva la faz de la Tierra y salva a nuestros pueblos”. 

Si el Espíritu no viene, estaremos condenados a ver el paisaje descrito por el profeta Ezequiel (c.37): la Tierra cubierta de cadáveres y huesos por todas partes. Y eso no lo queremos de manera alguna. Pero cuando Él viene, los cadáveres se revisten de vida y el desierto se vuelve un vergel. Los pobres recibirán su justicia, los enfermos conseguirán salud y los pecadores, que somos todos nosotros, recibiremos el perdón y la gracia. Ojalá eso suceda pronto.

Esta es nuestra fe, y más aún, nuestra inquebrantable esperanza, unida a una profunda solidaridad con todas las víctimas de la Covid-19 de nuestro pais y del mundo.

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito: El Espíritu Santo: fuego interior, dador de vida y padre de los pobres, Managua, Pavsa 2014.

Traducción de Mª José Gavito Milano

No meio da pandemia: a urgência do Espírito de vida

                           Leonardo Boff

Em plena pandemia com milhares de mortos cada dia, celebramos a festa de Pentecostes, do Espírito doador de vida e curador. Sua atuação junto a todos os que estão na linha de frente no combate ao Covid-19 é urgente para mantê-los vivos, protegidos e com o ânimo heroico de continuarem em sua missão de salvar vidas, pondo as suas próprias em risco. O hino litúrgico da festa de hoje fala que ele é o “consolador ótimo e o doce refrigério”.Mais do que nunca deve se mostrar com estes dons a todos os que trabalham nos hospitais.

Reflitamos um pouco sobre a natureza do Espírito Santo e sua relevância para a vida e para o dramático momento atual.

Em primeiro lugar importa dizer que o Espírito foi o primeiro a chegar a este mundo e ainda está chegando. Veio e armou sua tenda sobre Maria de Nazaré. Quer dizer, fixou nela sua morada permanente (Lc 1,35) e elevou o feminino à altura do Divino.

Desta sua presença, se originou a santa humanidade do Filho de Deus. O Verbo armou sua tenda (Jo 1,14) no homem Jesus gerado por Maria. Num momento da história, ela, a simples mulher de Nazaré, é o templo de Deus vivo: nela habitam duas divinas Pessoas: o Espírito  que a faz “bendita entre todas as mulheres” (Lc 1,42) e o Filho de Deus, crescendo dentro dela, de quem é verdadeiramente mãe.     

Depois,  o Espírito desceu sobre Jesus na ocasião do batismo por João Batista e o inflamou para a sua missão libertadora. Desceu sobre a primeira comunidade reunida em Jerusalém, na festa de Pentecostes que agora celebramos, fazendo nascer a Igreja. Continuou descendo, independentemente, se as pessoas eram cristãs e batizadas ou não como ocorreu com o oficial romano Cornélio, ainda pagão (At 11,45). E em toda a história sempre veio antes dos missionários, fazendo com que no coração dos povos vigorasse o amor, se cultivasse a justiça e se vivesse a compaixão.Esses valores mostram a ação do Espírito Santo. Uma vez entrado na história, nunca mais a deixou. Toma o que é de Jesus, passa-o adiante mas também “anuncia coisas novas que hão de vir”(Jo 16,13).

É pelo Espírito que irrompem os profetas, cantam os poetas, criam os artistas, e pessoas praticam o bem, o justo e o verdadeiro. Do Espírito se moldam os santos e santas, especialmente aqueles que entregam a própria vida para a vida dos outros, como agora os que trabalham,quase à exaustão, nos hospitais do Brasil e do mundo.

É também pelo Espírito que velhas e  crepusculares instituições, de repente, se renovam e prestam o serviço necessário para as comunidades como o Papa Francisco está fazendo e também outras igrejas cristãs.

O mundo está grávido do Espírito mesmo quando o espírito da iniquidade persevera na sua obra, hostil à vida e a tudo o que é sagrado e divino. Isso está ocorrendo em nosso país com um governante mais amigo da morte do que da vida.

Quem se sente mais penalizado nesse momento, sem casa adequada para morar, sem saber o que vai comer no dia seguinte, sem trabalho e sem nenhuma segurança contra os ataques do vírus letal é o pobre. Hoje são milhões. Os pobres gritam. E Deus é o Deus do grito, quer dizer, aquele que escuta o grito do oprimido. Deixa sua transcendência e desce para escutá-los e libertá-los, como no caso do cativeiro no Egito (cf. Ex 4,3). É o Espírito que nos faz gritar Abba, Paizinho querido (Rm 8,15; Gal 4,6). Por isso o Espírito é o pai  e o padrinho dos pobres (pater pauperum) como a Igreja canta hoje nesta festa.

Seguramente não o faz miraculosamente, mas lhe confere ânimo e resistência, vontade de luta e de conquista. Não deixa que seus braços se abaixem. Ele enviou a luz aos corações dos pobres para descobrirem as iniciativas certas, persistirem e de fato chegaram vivos  até hoje; se os indígenas não puderam ser totalmente exterminados e agora, por incúria das autoridades brasileiros estão sob grave risco, se os afrodescendentes não puderam sucumbir ao peso da escravidão, foi porque dentro deles havia uma energia de resistência e de libertação, aquilo que o hino chama de dons e luz dos corações: o Espírito Santo, pouco importa o nome que dermos.

Aos desesperados Ele se mostra como um consolador sem igual. Não os assiste a partir de fora. Foi morar dentro deles com hóspede para auxiliá-los e aconselhá-los, pois esta é sua missão. Nos grandes apertos e crises, Ele se anuncia como uma referência de paz, de calma: um refrigério. Pois assim diz o hino de Pentecostes que estou citando literalmente.

Ele surge como o grande consolador. Quantas vezes,nestes tempos sombrios de epidemia as agruras da vida nos fazem encher os olhos de lágrimas. Quando perdemos um ente querido, sem poder se despedir dele e fazer o luto necessário, ou vivemos profundas frustrações, afetivas ou profissionais como desempregados/as parece que caímos num abismo. É nestes momentos em que devemos suplicar: “Vem Espírito, sede nosso  conforto; enxugue nossas lágrimas e alivie nossos soluços.

O Espírito Santo  veio uma vez e continua vindo permanentemente. Mas em momentos dramáticos como os nossos, sob o Covid-19 precisamos clamar:”Vem Espírito Santo e renova a face da Terra, salve o nosso país, livre-nos dos que não cuidam da vida”.

Se o Espírito não vier, seremos condenados a ver a paisagem descrita pelo profeta Ezequiel (c.37):  a Terra coberta de cadáveres e ossos por todos os lados. Isso jamais queremos de jeito nenhum. Mas quando ele vem, os cadáveres se revestem de vida e o deserto se faz um vergel. Os pobres receberão sua justiça, os enfermos ganharão  saúde e os pecadores que somos todos nós, receberemos o perdão e a graça. Oxalá isso aconteça logo.

Essa é a nossa fé e mais ainda, a nossa imorredoura esperança, unida a um profunda solidariedade com todas as vítimas do Covid-19 de nosso país e do mundo.

Leonardo Boff é teólogo e esceveu O Espírito Santo: fogo interior, doador de vida e pai dos pobres, Vozes 2013.

A oração particular do Papa Francisco a São José

                                             Leonardo Boff

Durante o ano 2019-2020 foi declarado pelo Papa Francisco o ano “josefino”, vale dizer, um ano dedicado à devoção e ao aprofundamento da figura de São José. Ela é oportuna nesse momento da pandemia do Coronavírus que é impiedosa para com os mais vulneráveis que são os pobres e destituídos dos necessários cuidados. São José mais que ser o Patrono da Igreja Universal é antes de tudo o patrono da igreja doméstica, dos trabalhadores, dos anônimos,dos que vivem submetidos ao silêncio social. Ora, São José vem deste mundo. Ele não nos deixou nenhuma palavra. Falou pelas mãos de trabalhador. Teve apenas sonhos. Foi esposo terno de Maria,pai provedor de Jesus, protegeu o filhinho recém nascido,ameaçado de morte por Herodes, se refugiou no estrangeiro, no Egito, introduziu Jesus nas tradições da piedade judaica. Cumpriu sua missão e  desapareceu sem deixar nenhum sinal.

Pertence à teologia atualizar as reflexões já existentes, mas mais que tudo aprofundar o significado de São José para os dias atuais, como tenho tentado fazer por um alentado livro sobre “São José, a personificação do Pai (Vozes 2005) e por vários artigos reproduzidos em diferentes meios.

Propus-me levar até as últimas consequências a reflexão sobre São José, pois essa ousadia (permitida pois sempre temos a ver com os mistério divinos) pertence ao ofício da teologia. Ele nos deve ajudar a entender melhor o Deus adorado pelos cristãos.

Não é sem significado que São José se tenha mantido sempre na dimensão do mistério que nenhuma palavra pode exprimir, nem que seu meio de comunicação tenham sido os sonhos e, por fim, que não foi um rabino que fala e ensina mas um trabalhador que silencia enquanto trabalha. Sabemos hoje pela psicologia do profundo à la C.G.Jung e discípulos que os sonhos são a linguagem da radicalidade humana e de seu mistério último. Parece que o próprio Deus ou o universo tivessem preparado a pessoa com as precondições adequadas para acolher o Pai, caso decidisse  sair de seu mistério e auto comunicar-se a alguém.

Para os cristão é uma verdade aceita de que o Espírito Santo foi a primeira pessoa divina a vir a este mundo e armar sua tenda (morar definitivamente) sobre Maria (Lc 1,35). Da mesma forma é uma convicção de fé que o Filho do Pai veio em seguida, gerado por Maria e que também armou sua tenda entre nós (se encarnou: Jo 1,14). Por que o Pai ficou de fora? Por que somente duas pessoas divinas se estabeleceram entre nós? A essas perguntas tento buscar razões bem fundadas.

Parto da tese oficial, confirmada pelo Concílio Vaticano II (1962-1965) na “Constituição Dogmática Dei Verbum” que a revelação é mais que comunicação de verdades. É a intercomunicação de Deus assim como é (n.2). Ora, se isso é verdade, significa que revelação é sempre autocomunicação  das três pessoas divinas, Pai, Filho e Espírito Santo. Não pode ser apenas do Espírito Santo e do Filho. O Pai deve entrar também, até por um efeito sinfônico e harmonioso de toda a revelação divina.

Ora, diz-se em teologia que o Pai é o mistério absoluto sem-nome, que continuamente está trabalhando  ao fazer surgir e ao sustentar a criação dizendo, a cada momento, o seu “fiat” (faça-se!), caso contrário ela voltaria ao nada. Note-se, São José apresenta características adequadas à a natureza do Pai celeste. Ele, São José não fala, quem fala é o Verbo, ele vive no silêncio abissal e sua principal atividade é trabalhar, como atesta Jesus:”Meu Pai trabalha até agora (Jo 5,17) como José também o faz. Se há alguém a quem o Pai poderia armar sua tenda e morar entre nós, José de Nazaré, seria essa pessoa. O Papa João Paulo II em sua Exortação Apostólica sobre São José, Redemptoris Custos (1989) acenou para o fato de que “a paternidade humana de José” foi assumida no ato da encarnação de Deus (n.21).

Diz um clássico ditado da teologia: “Deus potuit, decuit, ergo fecit”:” Deus podia,era conveniente e, portanto, fez”. Assim que o Pai celeste podia se personificar em José, era conveniente que o fizesse e, portanto, assim o fez. Efetivamente,nesta compreensão minha, o Pai se personificou no pai terrestre, tomou forma humana em José. Faltava essa peça arquitetônica para a plena radiocomunicação de Deus  assim como é, quer dizer, como Trindade, no caso incluindo o Pai.  Esta é a tese fundamental, logicamente, urdida com argumentos da própria teologia que não cabe aqui referir.

A grande lição que tiramos e nisso aprendemos algo a mais de Deus é essa: A Família divina, num momento preciso da história, assumiu a família humana. O Pai se personalizou em José, o Filho em Jesus e o Espírito Santo em Maria.

O Papa Francisco recebeu meu livro em tradução espanhola “São José, a personificação do Pai” e agradeceu transmitindo-me a oração que ele todos os dias faz. Literalmente escreveu e isso pode auxiliar a muitos devotos de São José:

“Quero partilhar com você a oração que, há quarenta nos, recito depois das Laudes:

 Glorioso Patriarca São José, cujo poder consegue tornar possíveis as coisas impossíveis, vinde em minha ajuda nestes momentos de angústia e de dificuldade. Tomais sob a vossa proteção as situações tão graves e difíceis que Vos confio,para que obtenham uma solução feliz. Meu amado Pai, toda a minha confiança está colocada em Vós. Que não se diga que eu Vos invoquei em vão, e dado que tudo podeis junto a Jesus e a Maria, mostrai-me que a vossa bondade é tão grande como o vosso poder. Amém.

Esta oração de já 40 anos, parece adequada para os dias sombrios vividos e sofridos por toda a humanidade. Junto com a ciência, a técnica e todos os demais  cuidados, a oração vale como um supplément d’ame  que nos pode valer muito, pelo menos, alimentar a esperança esperante.

Leonardo Boff é teólogo e escreveu: São José, a personificação do Pai” Editora Vozes, Petrópolis  2005.