La voracidad del capitalismo trajo la Covid-19

Leonardo Boff*

He sostenido la tesis de que la Covid-19 es un contraataque de la Madre-Tierra contra el sistema del capital y de su expresión política, el neoliberalismo. Ella ha sido agredida y devastada de tal manera que nos envió un arma suya, invisible, el coronavirus, como una alerta y una lección. Este puso de rodillas, humilladas, a las potencias militaristas que con sus armas de destrucción masiva podrían acabar con la vida sobre el planeta. Si se perpetúa la guerra contra el planeta, este podrá no querernos más. Un virus más letal, inmune a cualquier vacuna, podría llevar a gran parte de la especie humana a su fin.

Tal eventualidad no es imposible pues este sistema de muerte de seres de la naturaleza y de seres humanos, al decir del Papa Francisco, posee una tendencia suicida. Prefiere correr el riesgo de morir antes que renunciar a su voracidad.

Este cuento de León Tolstói (1828-1910), contado a los peones de su hacienda Yásnaya Poliana con el título De cuanta Tierra necesita un hombre, puede hacernos reflexionar. 

«Había una vez un campesino que trabajaba un trozo de tierra que no era muy fértil. Trabajaba mucho pero sin mucho fruto. Envidiaba a sus vecinos que tenían más tierras y cosechas más abundantes. Estaba especialmente molesto por los elevados impuestos que tenía que pagar sobre su pequeña tierra y sus escasas ganancias. 

Un día después de mucho pensar resolvió: “me voy con mi compañera lejos de aquí, en busca de tierras mejores”. Supo que a muchas leguas de su casa había gitanos que vendían tierras muy baratas, hasta por precios irrisorios cuando veían a alguien muy necesitado y con ganas de trabajar. 

Aquel campesino, deseoso de poseer mucha más tierra para cultivar y hacerse rico, pensó: “voy a hacer un pacto con el diablo. Este me va a dar suerte”, dijo a su mujer, que torció el gesto. Y le advirtió:

Marido mío, mucho cuidado con el diablo, nunca sale nada bueno de hacer un pacto con él; esa codicia tuya te va a echar a perder”.

Pero, ante la insistencia del marido, decidió acompañarlo para realizar su ambicioso proyecto. Así que partieron, llevando pocas pertenencias. 

Cuando llegaron a las tierras de los gitanos, el diablo ya estaba allí, bien trajeado, dando la impresión de ser un influyente mercader de tierras. El campesino y su mujer saludaron educadamente a los gitanos. Cuando iban a expresar su deseo de adquirir tierras, el diablo, sin ceremonias, se le anticipó y dijo:

Buen señor, veo que viene de lejos y tiene gran deseo de poseer buenas tierras para plantar y hacer alguna fortuna. Tengo una excelente propuesta que hacerle. Las tierras son baratas, al alcance de su bolsillo. Le propongo lo siguiente: usted pone una cantidad razonable de dinero en una bolsa aquí, a mi lado. El territorio que usted recorra a lo largo de todo un día, desde el amanecer hasta la puesta del sol, siempre que esté de vuelta antes de ponerse el sol, esa tierra recorrida será suya. En caso contrario perderá el dinero de la bolsa”.

Los ojos del campesino brillaron de emoción y dijo:

Me parece una propuesta excelente. Tengo piernas fuertes y acepto. Mañana bien temprano, al amanecer, me pongo a correr y todo el territorio que mis piernas puedan alcanzar será mío”.

El diablo, siempre malicioso, sonrió contento.

Y así fue, bien temprano, apenas el sol rompió el horizonte, el campesino echó a correr. Saltó cercas, atravesó riachuelos y no satisfecho ni siquiera se paró para descansar. Veía delante de sí una encantadora planicie verde y rápidamente pensó:“aquí voy a plantar trigo en abundancia”. Mirando a la izquierda se abría un valle muy llano y pensó “aquí puedo hacer una plantación de lino para ropa fina”.

Subió, un poco sin aliento, una pequeña colina y vió que allá abajo surgía un campo de tierra virgen. Y pensó: “quiero también aquella tierra. Allí voy a criar ganado y ovejas y voy a llenar las alforjas de las burras con dinero a más no poder”.

Y así recorrió muchos kilómetros, no satisfecho con lo que había conquistado, pues los lugares que veía eran atractivos y fértiles y alimentaban su deseo incontenible de poseerlos también. 

De repente miró el cielo y se dió cuenta de que el sol se estaba ocultando detrás de una montaña. Dijo para sí mismo:

No hay tiempo que perder. Tengo que volver corriendo, si no perderé todos los terrenos recorridos y, encima, el dinero. Un día de dolor, una vida de amor”, pensó, como decía su abuelo.

Se puso a correr con una velocidad desmedida para sus piernas cansadas. Pero tenía que correr sin reparar en los límites de sus tensos músculos. Incluso se quitó la camisa y dejó caer la bolsa con algo de comida. Siguió mirando la posición del sol, ya cerca del horizonte, enorme y rojo como sangre. Pero aún no se había puesto del todo. Aunque estaba cansadísimo, corría cada vez más, ya no sentía las piernas de tanto esfuerzo. Con tristeza, pensó: “quizás he abarcado demasiado y podría perderlo todo. Pero sigamos adelante”.

Viendo, a lo lejos al diablo, solemnemente de pie y a su lado la saca de dinero, recobró más ánimo, seguro de que iba llegar antes de la puesta de sol. Reunió todas las energías que tenía e hizo un último esfuerzo. Corría, sin pensar en los límites de sus piernas, como que fuera volando. No muy lejos de la llegada, se tiró hacia delante, casi perdiendo el equilibrio. Rehecho, todavía dio algunos pasos largos.

Fue entonces cuando extenuado y ya sin fuerzas, se desplomó en el suelo. Y murió. Su boca sangraba y todo su cuerpo estaba cubierto de arañazos y de sudor.

El diablo, maliciosamente, apenas sonrió. Indiferente al muerto y codicioso, miraba la bolsa de dinero. Todavía se dio el trabajo de hacer una fosa del tamaño del campesino y lo metió dentro. Eran solo siete palmos de tierra, la parte menor que le tocaba de todos los terrenos recorridos. No necesitaba más que eso. Su mujer, como petrificada, presenciaba todo, llorando copiosamente».

Este cuento reverbera las palabras de João Cabral de Melo Neto (1920-1999) en su obra Muerte y Vida Severina (1995). En el funeral del labrador dice el poeta: ”Esta fosa en que estás, con palmos medida, es la cuenta menor que sacaste en vida; es la parte que te cabe de este latifundio”.

De todos los terrenos atrayentes que veía y deseaba poseer, al ávido campesino solo le quedaron al final los siete palmos para su sepultura. 

¿No será este el destino del capitalismo y del neoliberalismo?


*Leonardo Boff ha escrito Covid-19: la Madre-Tierra contraataca a la humanidad, advertencias de la pandemia, Vozes 2020.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Die derzeitige Regierung Bolsonaro hat dem indigenen Volk den Tod gebracht

                Leonardo Boff

Die Verachtung, die der derzeitige Präsident gegenüber den Indigenen zeigt, ist berüchtigt. Er betrachtet sie als Untermenschen, und am 1. Dezember 2018 sagte er ganz deutlich: “Unser Projekt für die Indios ist es, sie uns gleich zu machen”. Und weiter: “Es wird keinen Zentimeter für indigene Reservate oder Quilombolas geben”.

Das Perverseste war, den Vorschlag zur Verfassungsänderung (PEC) nicht zu billigen, der ihnen Trinkwasser bringen sollte, die grundlegende Maßnahme gegen Covid-19. Das ist beabsichtigter Tod. Vor Tagen, in diesem Monat Juni, bei einer friedlichen Demonstration mehrerer ethnischer Gruppen, wurden sie in Brasilia mit Repression, Gummigeschossen und Tränengas empfangen. Sie wurden völlig im Stich gelassen, sodass 163 Dörfer verschiedener Ethnien verseucht wurden und 1.070 Menschen ums Leben kamen.

Ein Kenner der Geschichte des Amazonas, Evaristo Miranda, dessen Titel eine Offenbarung ist: Cuando el Amazonas corría hacia el Pacífico, (Vozes 2007) sagt uns: “Eines ist sicher: Die älteste und dauerhafteste menschliche Präsenz in Brasilien befindet sich im Amazonasgebiet. Vor etwa 400 Generationen besetzten, stritten, erforschten und veränderten verschiedene menschliche Gruppen die Amazonasgebiete und ihre Nahrungsressourcen” (S. 47). Sie entwickelten eine großartige Bewirtschaftung des Waldes, respektierten seine Einzigartigkeit und veränderten gleichzeitig seinen Lebensraum, um jene Pflanzen zu fördern, die für den menschlichen Gebrauch nützlich sind. Die Eingeborenen und der Wald entwickelten sich gemeinsam in einer tiefgreifenden Gegenseitigkeit.

Der Anthropologe Viveiros de Castro brachte es gut zum Ausdruck: “Das Amazonasgebiet, das wir heute sehen, ist das Ergebnis jahrhundertelanger sozialer Eingriffe, so wie die Gesellschaften, die dort leben, das Ergebnis jahrhundertelanger Koexistenz mit dem Amazonasgebiet sind” (in Tempo e Presença 1992, S.26).

Es ist auch erwähnenswert, dass sich im Inneren des Dschungels mit seinen hunderten von ethnischen Gruppen ab 1100, vor der Ankunft der portugiesischen Invasoren, ein immenser Raum (fast ein Imperium) des Tupi-Guarani-Stammes bildete. Er besetzte Territorien, die von den Ausläufern der Anden, die den Amazonas bilden, bis zu den Becken der Flüsse Paraguay und Paraná reichten und teilweise bis in die Gaucho-Pampa und den brasilianischen Nordosten reichten. “Auf diese Weise”, so Miranda, “wurde praktisch das gesamte Dschungel-Brasilien von Tupi-Guarani-Völkern erobert” (a.a.O. 92-93).

Im präkabralischen Brasilien gab es etwa 1.400 Stämme, 60 % davon im amazonischen Teil. Sie sprachen in Sprachen von 40 Stämmen, die in 94 verschiedene Familien unterteilt waren, was die Anthropologin Berta Ribeiro zu der Feststellung veranlasste, “dass nirgendwo auf der Erde eine ähnliche sprachliche Vielfalt wie im tropischen Südamerika gefunden wurde” (Amazônia urgente, 1990 S.75). Heute gibt es angesichts der Dezimierung der indigenen Völker, die im Laufe der Geschichte und in jüngster Zeit durch Garimpeiros, Minenarbeiter, Extraktivisten (meist illegal) verübt wurde, leider nur noch 274 Sprachen. Das bedeutet, dass mehr als tausend Sprachen verloren gegangen sind (85%) und mit ihnen das Wissen der Vorfahren, Weltanschauungen und einzigartige Kommunikationsmittel. Dies stellt eine irreparable Verarmung für das kulturelle Erbe der Menschheit dar.

Unter den vielen Tragödien, die zum Verschwinden ganzer ethnischer Gruppen führten, lohnt es sich, an eine zu erinnern, die nur wenigen bekannt ist. Der von Enigen bewunderte Don Juan VI. befahl in einem königlichen Schreiben vom 13. Mai 1808 offiziell den Krieg gegen die Krenak-Indianer im Tal des Rio Dulce in den Bundesstaaten Minas und Espírito Santo. Den militärischen Befehlshabern befahl er “einen Angriffskrieg, der kein anderes Ende haben wird, als wenn ihr das Glück habt, über ihre Behausungen zu herrschen und sie die Überlegenheit meiner Waffen spüren zu lassen… bis zur totalen Reduzierung einer ähnlichen und grausamen menschenfressenden Rasse” (L. Boff, O casamento do céu com a terra, 2014, S.140).

Warum bringen wir all das in Erinnerung? Damit wir erkennen, dass diese Vernichtungsaktionen auch heute noch andauern und wir Widerstand leisten, Kritik üben und die verbrecherische Politik der gegenwärtigen Regierung bekämpfen müssen, die einen Völkermord an den Indigenen und am brasilianischen Volk selbst verübt, der mehr als 510 Tausend Menschen den Tod gebracht hat.

Die Haupttäter und ihre Komplizen werden kaum umhin kommen, sich dem Internationalen Strafgerichtshof für Verbrechen gegen die Menschlichkeit in Den Haag zu stellen. Der Aufschrei ist nicht nur ein brasilianischer, sondern ein internationaler. Für solche Verbrechen gibt es keine Verjährung. Wo auch immer die Täter sich befinden und zu welcher Zeit auch immer, sie werden der Strenge der heiligen Menschenwürde  nicht entkommen, bei dem Eifer, den sie selbst an den Tag gelegt haben.

Diese Eingeborenen sind unsere Meister und Ärzte, wenn es um die Beziehung zur Natur geht, als deren Teil und große Bewahrer  sie sich fühlen. Jetzt, da wir mit Covid-19 ratlos und verloren sind und nicht wissen, wie es weitergehen soll, müssen wir sie konsultieren. Wie ein indigener Führer, Überlebender des verbrecherischen Krieges von Don Juan VI, Ailton Krenak, sagt, werden sie uns helfen, das Ende der Welt abzuwenden oder aufzuschieben.

Wenn wir dem Weg der Zerstörung unserer gemeinsamen Heimat folgen, sie grenzenlos und ohne Skrupel ausbeuten, könnte dieses Schicksal die Tragödie der menschlichen Spezies sein. Aber wir haben die Hoffnung, die die Ureinwohner bis zum heutigen Tag überleben ließ. Auch wir hoffen zu überleben, verwandelt durch die Lektionen, die uns Mutter Erde erteilt hat.

Leonardo Boff Theologe und Schriftsteller: ökologie:Schrei der Erde, Schrei der Arme, Patmos 2015.

Übersetzt von Bettina Goldhacker

Current government’s Bolsonaro has brought death to indigenous people

                                                      Leonardo Boff

The contempt that the current president shows towards the indigenous people is notorious. He considers them sub-people and on December 1, 2018 he stated quite clearly: “our project for the Indio is to make them equal to us”. And he advanced further: “there is not going to be a centimeter demarcated for indigenous reserve or for quilombolas”.

The most perverse thing was not to approve the Proposal of Constitutional Amendment (PEC) that should bring them drinking water, the basic inputs against the Covid-19. It is a purpose of death. Days ago, in this month of June, in a peaceful demonstration of several ethnic groups, they were received in Brasilia with repression, rubber bullets and tear gas. There is a total abandonment of them, to the point that 163 villages of different ethnicities have been contaminated and there have been 1,070 deaths.

A connoisseur of the history of the Amazon, Evaristo Miranda, whose title is a revelation: Cuando el Amazonas corría hacia el Pacífico, (Vozes 2007) tells us: “one thing is certain: the oldest and most permanent human presence in Brazil is in the Amazon. Some 400 generations ago diverse human groups occupied, disputed, explored and transformed the Amazonian territories and their food resources” (op.cit.p.47). They developed a great management of the forest, respecting its uniqueness, while modifying its habitat to stimulate those plants useful for human use. The indigenous and the forest evolved together in a profound reciprocity.

The anthropologist Viveiros de Castro said it well: “The Amazon we see today is the result of centuries of social intervention, just as the societies that live there are the result of centuries of coexistence with the Amazon” (in Tempo e Presença 1992, p.26).

It is also relevant to note that in the interior of the jungle, with its hundreds of ethnic groups, an immense space (almost an empire) of the Tupi-Guarani tribe was formed from 1100, before the arrival of the Portuguese invaders. It occupied territories ranging from the Andean foothills, forming the Amazon River, to the basins of the Paraguay and Paraná rivers, some of them reaching as far as the Gaucho pampas and the Brazilian northeast. “In this way,” states Miranda, “practically all of jungle Brazil was conquered by Tupi-Guarani peoples” (op.cit.92-93).

In pre-Cabralian Brazil there were about 1,400 tribes, 60% of them in the Amazonian part. They spoke languages of 40 trunks subdivided into 94 different families, which led anthropologist Berta Ribeiro to affirm “that nowhere on Earth has a linguistic variety similar to that observed in tropical South America been found” (Amazônia urgente, 1990 p.75). Today, unfortunately, given the decimation of indigenous peoples perpetrated in the course of history and recently by garimpeiros, miners, extractivists (mostly illegal), there are only 274 languages left. This means that more than a thousand languages have been lost (85%) and with them ancestral knowledge, worldviews and unique communications. It has been an irreparable impoverishment for the cultural heritage of humanity.

Among the many tragedies that led to the disappearance of entire ethnic groups, it is worth remembering one that few know about. Don Juan VI, admired by some, in a royal letter of May 13, 1808, ordered an official war against the Krenak Indians of the Rio Dulce Valley, in the states of Minas and Espírito Santo. To the military commanders he ordered “an offensive war that will have no end but when you have the happiness of lording it over their habitations and making them feel the superiority of my weapons… until the total reduction of a similar and atrocious anthropophagous race” (L.Boff, O casamento do céu com a terra, 2014, p.140).

Why do we remember all this? So that we realize that these exterminating actions continue even today, and we must resist, criticize and fight the criminal policies of the current government, genocidal of indigenous people and of the Brazilian people itself, which has left more than 510 thousand people to die.

The main perpetrators and their accomplices will hardly escape facing the International Tribunal for Crimes against Humanity in The Hague. The outcry is not only Brazilian but international. For such crimes there is no time limit. Wherever they are and at whatever time, they will not escape their severity, zealous, as they have proven to be, of the sacred dignity of the human being.

These native peoples are our masters and doctors when it comes to the relationship with nature of which they feel part and great caretakers. Now that with Covid-19 we are perplexed and lost, not knowing how to move forward, we must consult them. As an indigenous leader, survivor of the criminal war of Don Juan VI, Ailton Krenak, says, they will help us to avert or postpone the end of the world

If we follow the path of destruction of our common home, exploiting it limitlessly and without any scruple, that destiny could be the tragedy of the human species. But we have the hope that made the indigenous people survive to this day. We also hope to survive, transformed by the lessons that Mother Earth has been giving us.

*Leonardo Boff has written El casamiento del cielo y la tierra: cuentos de los pueblos indígenas de Brasil, Mar de Ideias, Rio de Janeiro 2014; El doloroso parto de la Madre Tierra: una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amistad social, Vozes 2020.

Das Prinzip Mitgefühl für und mit den Leidenden

Leonardo Boff                                    

Mit Covid-19 führt Mutter Erde einen Gegenangriff auf die Menschheit durch als Reaktion auf den unermesslichen Angriff, dem sie seit Jahrhunderten ausgesetzt ist. Sie verteidigt sich einfach selbst. Covid-19 ist auch ein Zeichen und eine Warnung an uns: Wir können nicht wie bisher Krieg gegen sie führen, denn sie ist dabei, die biologische Basis zu zerstören, die sie und alle anderen Lebensformen, insbesondere das menschliche Leben, erhält. Wir müssen uns ändern, sonst schickt sie uns vielleicht noch tödlichere Viren, vielleicht sogar eines, gegen das wir nichts ausrichten können. Dann wären wir als Spezies ernsthaft bedroht. Nicht umsonst hat Covid-19 nur den Menschen getroffen, als Warnung und Lehre. Es hat bereits Millionen in den Tod geführt und hinterlässt eine Leidensspur für weitere Millionen und eine tödliche Bedrohung, die alle anderen treffen könnte.

Hinter den kalten Zahlen verbirgt sich ein Meer von Leid um verlorene Leben, zerbrochene Lieben und zerstörte Projekte. Es gibt nicht genug Taschentücher, um die Tränen der lieben Verwandten oder Freunde derer wegzuwischen, die gestorben sind, und derer, denen es nicht möglich war, ein letztes Lebewohl zu sagen oder gar eine Trauerfeier abzuhalten und sie zum Grab zu begleiten.

Als ob das Leid, das das vorherrschende kapitalistische und neoliberale System, das hart umkämpft und unkooperativ ist, für einen großen Teil der Menschheit produziert, nicht schon genug wäre. Es hat es den reichsten 1 % ermöglicht, 45 % des gesamten globalen Reichtums persönlich zu besitzen, während die ärmsten 50 % weniger als 1 % erhalten, so ein aktueller Bericht von Crédit Suisse. Hören wir auf die Person, die den Kapitalismus im 21. Jahrhundert am besten versteht, den Franzosen Thomas Piketty, der sich auf den brasilianischen Fall bezieht. Hier, sagt er, haben wir die höchste Einkommenskonzentration der Welt; die brasilianischen Millionäre, die zu den reichsten 1% gehören, liegen vor den Ölmillionären des Nahen Ostens. Kein Wunder, dass diese katastrophale Ungleichheit Millionen von Marginalisierten und Ausgegrenzten hervorbringt.

Auch hier können die kalten Zahlen nicht über den Hunger, das Elend, die hohe Kindersterblichkeit und die Verwüstung der Natur, besonders im Amazonasgebiet und anderen Biomen, hinwegtäuschen, die in diesen Prozess der Ausplünderung der natürlichen Reichtümer verwickelt sind.

Aber in diesem Moment wird, durch das Eindringen des Coronavirus, die Menschheit gekreuzigt, und wir wissen kaum, wie wir sie vom Kreuz herunterholen sollen. Dann müssen wir in uns allen eine der heiligsten Tugenden des menschlichen Wesens aktivieren: das Mitgefühl. Es ist in allen Völkern und Kulturen bezeugt: die Fähigkeit, sich in einen anderen hineinzuversetzen, seinen Schmerz zu teilen und ihn so zu lindern. 

Der größte christliche Theologe, Thomas von Aquin, weist in seiner Summa Theologica darauf hin, dass das Mitleid die höchste aller Tugenden ist, weil es nicht nur den Menschen für den anderen öffnet, sondern für den Schwächsten und Hilfsbedürftigsten. In diesem Sinne, so seine Schlussfolgerung, ist es eine wesentliche Eigenschaft Gottes.

Wir beziehen uns auf das Prinzip des Mitgefühls und nicht einfach auf das Mitleid. Das Prinzip bedeutet in einem tieferen (philosophischen) Sinn eine ursprüngliche und wesentliche Disposition, die eine dauerhafte Haltung erzeugt, welche in Handlungen umgesetzt wird, sich aber nie in ihnen erschöpft, sondern immer offen für neue Handlungen ist. Mit anderen Worten: Das Prinzip hat mit etwas zu tun, das zur menschlichen Natur gehört. Denn so konnte es der englische Ökonom und Philosoph Adam Smith (1723-1790) in seinem Buch über die Theorie der ethischen Gefühle ausdrücken: Selbst der brutalste und gemeinschaftsfeindlichste Mensch ist nicht immun gegen die Kraft des Mitgefühls.

Die moderne Reflexion hat uns geholfen, das Prinzip des Mitgefühls zu retten. Dem kritischen Denken ist immer klarer geworden, dass der Mensch nicht nur auf der intellektuell-analytischen Vernunft aufgebaut ist, die notwendig ist, um die Komplexität unserer Welt zu erklären. Es gibt etwas Tieferes und Ursprünglicheres in uns, das vor mehr als 200 Millionen Jahren auftauchte, als die Säugetiere in die Evolution einbrachen: die sensible und herzliche Vernunft, d.h. die Fähigkeit zu fühlen, zu berühren und betroffen zu sein, Empathie, Sensibilität und Liebe zu empfinden.

Wir sind rationale, aber im Wesentlichen sensible Wesen. Tatsächlich bauen wir die Welt auf emotionalen Bindungen auf, die Menschen und Situationen kostbar und wertvoll machen. Wir bewohnen die Welt nicht nur durch Arbeit, sondern durch Empathie, Fürsorge und Liebe. Dies ist der Ort des Mitgefühls.

Was besser funktioniert hat als bei unserer wesentlichen Zivilisation, ist der Buddhismus. Mitgefühl (Karuná) artikuliert sich in zwei unterschiedlichen und sich ergänzenden Bewegungen: völlige Loslösung und wesentliche Fürsorge. Loslösung bedeutet, den anderen sein zu lassen, ihn nicht in einen Rahmen zu fassen, sein Leben und sein Schicksal zu respektieren. Sich um ihn zu kümmern bedeutet, ihn in seinem Leiden nicht allein zu lassen, sich affektiv auf ihn einzulassen, damit er besser leben kann, indem er seinen Schmerz leichter erträgt.

Das Schreckliche am Leiden ist nicht so sehr das Leiden selbst, sondern die Einsamkeit im Leiden. Mitgefühl besteht darin, den anderen nicht allein zu lassen. Es bedeutet, bei ihm zu sein, sein Leid und seine Angst zu spüren, ihm Worte des Trostes zu sagen und ihn liebevoll zu umarmen.

Heute brauchen diejenigen, die leiden, weinen und durch das tragische Schicksal des Lebens entmutigt sind, dieses Mitgefühl und diese tiefe humanitäre Sensibilität, die aus sensibler und herzlicher Vernunft geboren wird. Die gesprochenen Worte, die so gewöhnlich erscheinen, gewinnen einen neuen Klang, hallen im Herzen nach und bringen Gelassenheit und lassen einen kleinen Hoffnungsschimmer aufkommen, dass alles vorübergehen wird. Der Abschied war tragisch, aber die Ankunft in Gott ist gesegnet.

Die jüdisch-christliche Tradition bezeugt die Größe der Barmherzigkeit. Der Gott Jesu und Jesus selbst erweisen sich als besonders barmherzig, wie die Gleichnisse vom barmherzigen Samariter (Lk 10,30-37) und vom verlorenen Sohn (Lk 15,11-32) zeigen.

Mehr denn je wird es angesichts der Verwüstungen, die Covid-19 ausnahmslos über die gesamte Bevölkerung gebracht hat, dringend notwendig, das Mitleid mit den Leidenden als unsere menschlichste, sensibelste und solidarischste Seite zu leben.

Leonardo Boff schrieb mit Werner Müller, Ds Prinzip Mitgefühl, Herder 1999.