La vida como centro: la biocivilización en la postpandemia

Leonardo Boff*

Según la comprensión de los grandes cosmólogos que estudian el proceso de la cosmogénesis y de la biogénesis, la culminación de ese proceso no se realiza en el ser humano. La gran emergencia es la vida en su inmensa diversidad y aquello que le pertenece esencialmente, que es el cuidado. Sin el cuidado necesario ninguna forma de vida subsistirá (cf. Boff, L., El cuidado necesario, 2012). 

Es imperioso enfatizar: la culminación del proceso cosmogénico no se da en el antropocentrismo, como si el ser humano fuese el centro de todo; los demás seres sólo tendrían significado cuando estuvieran ordenados a él o a su uso y disfrute. El mayor evento de la evolución es la irrupción de la vida en todas sus formas, también en la forma humana consciente y libre.

El conocido cosmólogo californiano Brian Swimme, junto con el antropólogo de culturas y teólogo Thomas Berry, afirma en su libro The Universe Story (1999): «Somos incapaces de liberarnos de la convicción de que, como seres humanos, somos la gloria y la corona de la comunidad terrestre y de darnos cuenta de que somos el componente más destructivo y peligroso de esa comunidad». Este hallazgo apunta a la actual crisis ecológica generalizada que afecta a todo el planeta, la Tierra.

Los biólogos (Maturana, Wilson, de Duve, Capra, Prigogine) describen las condiciones en las que surgió la vida, a partir de un alto grado de complejidad y cuando esta complejidad se encontraba fuera de su equilibrio, en situación de caos. Pero el caos no es sólo caótico. También es generativo. Oculta dentro de sí mismo nuevos órdenes en gestación y varias otras complejidades, entre ellas la vida humana.

Los científicos evitan definir lo que es la vida. Constatan que representa la emergencia más sorprendente y misteriosa de todo el proceso cosmogénico. Tratar de definir la vida, reconoció Max Plank, es tratar de definirnos a nosotros mismos, una realidad que en último término no sabemos definitivamente qué es ni quién somos.

Lo que sí podemos afirmar es que la vida humana es un subcapítulo del capítulo de la vida. Vale la pena enfatizar que la centralidad pertenece a la vida. A ella se ordena la infraestructura físico-química y ecológica de la evolución que ha permitido la inmensa diversidad de vidas y dentro de ellas, la vida humana, consciente, hablante y cuidadora.

Además, sólo el 5% de la vida es visible, el 95% restante es invisible, constituyendo el universo de microorganismos (bacterias, hongos y virus) que operan en el suelo y el subsuelo, asegurando las condiciones de emergencia y mantenimiento de la fertilidad y la vitalidad de la Madre Tierra. 

Se intenta entender la vida como la autoorganización de la materia en un altísimo grado de interacción con el universo, con la inconmensurable red de relaciones de todos con todos y con todo lo demás que está surgiendo en cada parte del universo. 

Los cosmólogos y biólogos sostienen que la vida aparece como la expresión suprema de la “Fuente Original de todo ser” o “De aquel Ser que hace ser a todos los seres”, que para la teología representa tal vez la metáfora más apropiada de Dios. Dios es todo esto y mucho más. Es un misterio en su esencia y también es un misterio para nosotros. La vida no viene de afuera, sino del centro del proceso cosmogénico al alcanzar un altísimo grado de complejidad.

El Premio Nobel de Biología, Christian de Duve, llega a afirmar que en cualquier lugar del universo cuando se produce tal nivel de complejidad, la vida surge como un imperativo cósmico (Polvo vital: la vida como imperativo cósmico, 1997). En este sentido, el universo estaría lleno de vida no sólo en la Tierra.

La vida muestra una unidad sagrada en la diversidad de sus manifestaciones, ya que todos los seres vivos son portadores del mismo código genético de base que son los 20 aminoácidos y las cuatro bases nitrogenadas, lo que nos hace a todos parientes y hermanos unos de otros, como se afirma en la Carta de la Tierra y em la encíclica Laudato Si del Papa Francisco. Cada ser tiene un valor en sí mismo.

Cuidar la vida, hacer expandir la vida, entrar en comunión y sinergia con toda la cadena de vida, celebrar la vida y acoger, agradecidos, a la Fuente originaria de toda la vida es la misión singular y específica y el sentido del vivir de los seres humanos sobre la Tierra. No es el chimpanzé, nuestro primate más cercano, ni el caballo o el colibrí quienes cumplen esta misión consciente, sino el ser humano. Esto no le hace el centro de todo. Él es la expresión de la vida, dotada de conciencia, capaz de captar el todo, sin dejar de sentirse parte de él. Él sigue siendo Tierra (Laudato Si, n.2), no fuera o encima de los otros sino en medio de todos y junto con todos como hermano y hermana dentro de la gran comunidad de vida. Así prefiere llamar al “medio ambiente” la Carta de la Tierra. 

Esta, la Tierra, viene entendida como Gaia, superorganismo vivo que sistémicamente organiza todos los elementos y factores para seguir reproduciéndose como viva y generar la inmensa diversidad de vidas. Los humanos emergimos como la porción de Gaia que en el momento más avanzado de su evolución/complejidad comenzó a sentir, pensar, amar, hablar y a adorar. Entonces, cuando el 99,99% estaba ya listo, irrumpió en el proceso evolutivo el ser humano, hombre y mujer. En otras palabras, la Tierra no necesitaba al ser humano para gestar la inmensa biodiversidad. Al contrario, fue ella quien lo generó como expresión mayor de sí misma.

La centralidad de la vida implica una biocivilización que, a su vez, implica concretamente asegurar los medios de vida para todos los organismos vivos y, en el caso de los seres humanos: alimentación, salud, trabajo, vivienda, seguridad, educación y ocio. Si estandardizarmos para toda la humanidad los avances de la tecnociencia ya alcanzados, tendríamos los medios para que todos disfrutasen de servicios de calidad a los que hoy en día sólo tienen acceso los sectores privilegiados y opulentos.

En la modernidad, el saber fue entendido como poder (Francis Bacon) al servicio de la dominación de todos los demás seres, incluidos los humanos, y de la acumulación de bienes materiales por individuos o grupos con exclusión de sus semejantes, gestionando así un mundo de desigualdades, injusto e inhumano. 

Postulamos un poder al servicio de la vida y de los cambios necesarios y exigidos por la vida. ¿Por qué no hacer una moratoria de investigación y de invención en favor de la democratización de los conocimientos e inventos ya acumulados por la civilización para beneficiar a todos los seres humanos, empezando por los millones y millones de destituídos de la humanidad? Son muchos los que sugieren esta medida para que sea asumida por todos. entre nosotros propuesta por el economista-ecologista Ladislau Dowbor de la PUC-SP.

Mientras esto no ocurra, viviremos en tiempos de gran barbarie y de sacrificio del sistema-vida, tanto en la naturaleza como en la sociedad humana mundial.

Este es el gran desafío para el siglo XXI, construir una civilización cuyo centro sea la vida. La economía y la política, al servicio de la vida en toda su diversidad. O bien optamos por este camino o podemos autodestruirnos, pues ya hemos construido los medios para hacerlo, o podemos empezar a tener sabiduría y por fin a crear una sociedad verdaderamente justa y fraternal junto con toda la comunidad de vida, conscientes de nuestro lugar en medio de los demás seres y de la misión singular de cuidar y guardar la herencia sagrada recibida del universo o de Dios (Gn 2,15).

ADENDA

El año cósmico, el universo, la Tierra y el ser humano

Intentemos imaginar que los 13,7 mil millones de años, edad del universo, sean un único año (según Carl Sagan). Veremos cómo a lo largo de los meses de ese año imaginario han ido surgiendo todos los seres hasta llegar a los últimos segundos del último minuto del último día del año. ¿Qué lugar ocupamos? 

El primero de enero sucedió la Gran Explosión.

El primero de marzo surgieron las estrellas rojas. 

El 8 de mayo, la Vía Láctea.

El 9 de septiembre, el Sol. 

El 1 de octubre, la Tierra.

El 29 de octubre, la vida.

El 21 de diciembre, los peces.

El 28 de diciembre a las 8.00 horas, los mamíferos.

El 28 de diciembre a las 18,00 horas, los pájaros.

El 31 de diciembre a las 17.00 horas nacieron los antepasados pre-humanos.

El 31 de diciembre a las 22.00 horas entra en escena el ser humano primitivo, antropoide.

El 31 de diciembre a las 23 horas, 58 minutos y 10 segundos surgió el homo sapiens sapiens.

El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 56 segundos nació Jesucristo.

El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 59 segundos Cabral llegó a Brasil.

El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 59,54 segundos, la Independencia de Brasil.

El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 59,59 segundos nacimos nosotros. 

Somos casi nada. Pero por ínfimos que seamos a través de nosotros, de nuestros ojos, oídos, inteligencia, la Tierra contempla la grandeur del universo, sus hermanos y hermanas cósmicos. Para eso durante todo el proceso de la evolución todos los elementos se articularon de tal forma que la vida pudiese surgir y nosotros pudiésemos estar aquí y hablar de todo esto. Si hubiese habido alguna pequeña modificación las estrellas no se habrían formado o, formadas, no habrían explotado y así no habría nacido el Sol, ni la Tierra ni los 20 aminoácidos ni las cuatro bases nitrogenadas, y nosotros no estaríamos aquí escribiendo sobre estas cosas. 

Por esta razón el conocido físico inglés Freeman Dyson afirma: «Cuanto más examino el universo y estudio los detalles de su arquitectura, tantas más evidencias encuentro de que el universo de alguna manera debía saber que estábamos en camino» (1979).

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor y ha escrito Covid-19: la Madre Tierra contraataca a la humanidad, Vozes 2020.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Maradona, uma metáfora da condição humana

                                        Leonardo Boff

Que é o ser humano? Por mais que todas as ciências tentem definir o ser humano, este continua sendo sempre uma questão aberta. Santo Agostinho (354-430) que durante a vida inteira se preocupava desesperadamente por encontrar uma resposta sobre que é o ser humano, terminou dizendo apenas:”factus sum quaestio magna”: “tornei-me para mim mesmo uma grande questão”. E se calou.

Às vezes não são as ciências nem   as religiões que nos fornecem a melhor imagem (ao invés de uma definição), mas os literatos. A melhor fórmula para mim  encontrei-a em Antoine de Saint Exupéry, o autor do Pequeno Príncipe, em seu romance A Cidadela. Aí ele entende o ser humano como “um noeud de relations” “um nó de relações voltado em todas as direções” Vai além da sexta tese de Marx sobre Feuerbach ao definir “essência humana é o conjunto de suas relações sociais”. Essa visão é redutivista. O ser humano é o conjunto de suas relações totais e em todas as direções e não só sociais. Faz sentido também ainda dizer que ele “é um projeto infinito sempre em busca de seu objeto adequado,nunca encontrável no âmbito em que vive”, o que o leva a transcender este mundo.

À parte desta busca sem fim, cabe seguramente dizer que ele é um ser complexo e a conjunção de duas dimensões que sempre ocorrem nele conjuntamente: o positivo e o negativo, o luminoso e obscuro, o inteligente (sapiens) e o demente (demens), a pulsão de vida (eros) e a pulsão de morte (thánatos), o utópico e o histórico, a realização e a frustração, a derrota e a vitória, a gentileza e a boçalidade, a cordialidade a rudeza, o poético e o prosaico, o dia-bolico (que divide) e o sim-bólico (que une), o equilíbrio e o excesso, o caos e o cosmos Esta dualidade não é um defeito de criação. É a condição humana real. Esta mesma estrutura se encontra no cosmos (ordem e desordem) e em cada ser vivo e inerte (autônomo e integrado).Temos a ver com uma constante universal.

Desafio para cada ser humano não é negar uma das partes, o que seria impossível e ela voltaria furiosa, mas como integrar esta dualidade, encontrar um justo equilíbrio dinâmico, sempre por fazer, de forma que possa construir sua identidade, seu projeto de vida e buscar a felicidade possível aos filhos e filhas de Adão e de Eva.

Ocorre, entretanto, que existe o trágico na vida humana, tão plasticamente  representado pelos teatros gregos. O excesso,o demencial e o dia-bólico (o que cinde ) pode tomar conta da pessoa, inundar-lhe consciência e faze-la escrava da dimensão do obscuro.

O arquétipo do herói/heroína nos pode ajudar a entender esse drama. Não o herói/heroína convencional das sagas de guerra e das novelas. Mas no sentido da moderna psicanálise. Cada pessoa pode ser herói/heroína na forma como trabalha esta dualidade, consegue integrá-la e realizar seu processo de individuação.Há vários tipos de heróis/heroínas: o resistente,o peregrino,o lutador, o mártir e outros.

Escrevo tudo isso a propósito da figura do genial jogador argentino de futebol Diego Maradona. Vê-lo em campo era um espetáculo por si só. Driblava com uma inteligência sumamente criativa; um sentido único de oportunidade. Pequeno, 1,65 de altura, robusto e com uma velocidade inacreditável.Toda comparação é odiosa, pois cada um é um e irrepetível. Mas Maradona excele  sobre qualquer jogador ainda em atividade. Será uma referência mundial imarcessível.

Mas eis que irrompeu a tragédia: foi tomado pela dependência química da qual nunca se libertou totalmente. Era tão humano que não escondia sua dependência.“Sabe que jogador eu teria sido se não tivesse usado drogas?” se perguntava com humor. “Tenho 53 anos, mas é como se tivesse 78. Minha vida não foi normal, digamos. 53 anos? Eu vivi 80.” Morreu aos 60 anos. Ele foi um herói resistente (del aguante) tragado pelo lado do obscuro e do excesso.

Vale recordar: jogava com os pés agilíssimos e com a cabeça que marcava gols notáveis. Mas sua cabeça também pensava e definia em que lado se colocava no espectro social: do lado dos oprimidos, simbolizados por Fidel Castro e por Lula. E o anunciava publicamente.

O povo argentino, tão sofrido por problemas internos políticos, o elevou ao mais alto ponto da exaltação a ponto de penetrar no  espaço do Numinoso e chama-lo de “deus”. Faltavam-lhe palavras para admirar o seu “Pibe” “o  divino infante”. Há que se entender corretamente tal exaltação que ocorre sempre quando o entusiasmo supera todos os limites e encontra nas palavras do Numinoso sua melhor expressão.

Uno-me ao encantamento de sua arte e solidarizo-me a tantos do povo argentino em lágrimas, que com Maradona ganhavam a força de superar dificuldades e manter a alegria de viver. Uniu em si o humano e o inhumano, como nos recorda Nietzsche, pois ambos, o humano e o excessivamente humano, pertencem ao humano: luminoso e obscuro, heroico mesmo vencido.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e escritor e escreveu “Tempo de Transcendência:o ser humano como projeto infinito” Animus/Anima, Petrópolis.

Lamento de cautiverio y de liberación:día del asesinato del negro João Alberto Freitas en Porto Alegre-RS

Leonardo Boff*

En  este 20 de noviembre de 2020, en el que celebramos el día de la conciencia negra, día de reflexión contra el  racismo y de reconocimiento de la dignidad de la población da población negra en Brasil (más de la mitad de su población), fue cobardemente asesinado, a golpes y sofocado hasta la muerte el negro João Alberto Freitas, de 40 años, por dos vigilantes de  seguridad y un policía en un Carrefour de Porto Alegre. Las escenas muestran una increíble brutalidad y  cobardía y revelan todo el racismo presente en sectores de la sociedad y cuan inhumanos y crueles podemos ser. 

En homenaje a João Alberto Freitas vuelvo a publicar un texto que escribí tiempo atrás pero que guarda permanente actualidad.

La Pasión de Cristo continúa siglo tras siglo en el cuerpo de los crucificados. Jesús agonizará hasta el fin del mundo, mientras uno solo de su hermanas y hermanos esté pendiendo todavía de alguna cruz, a semejanza de los bodhisatwas budistas (los iluminados) que se detienen en el umbral del Nirvana para retornar al mundo del dolor –samsara– en solidaridad con quienes sufren, personas, animales y plantas. Con esta convicción, la Iglesia Católica, en la liturgia de Viernes Santo, pone en la boca de Cristo estas palabras conmovedoras:

“Pueblo mío, mi pueblo elegido ¿en qué te entristecí? Dime. ¿Qué más podría haber hecho por ti? ¿en qué te falté? Yo te hice salir de Egipto y te alimenté con maná. Te preparé una tierra hermosa; tú, la cruz para tu rey”.

Al celebrar la abolición de la esclavitud el 13 de mayo de 1888, nos damos cuenta de que aún no se ha completado. La pasión de Cristo continúa en la pasión del pueblo negro. Falta la segunda abolición, la de la miseria y el hambre. Se oyen todavía los lamentos de cautiverio y de liberación venidos de las senzalas, hoy de las favelas alrededor de nuestras ciudades. La población negra todavía nos habla en forma de lamento:

“Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo te inspiré la música cargada de banzo y el ritmo contagioso. Te enseñe cómo usar el bumbo, la cuica y el atabaque. Fui yo quien te dio el rock y la ginga de la samba. Y tú tomaste lo que era mío, te hiciste nombre y renombre, acumulaste dinero con tus composiciones y nada me devolviste.

Yo bajé de los cerros y te mostré un mundo de sueños, de una fraternidad sin barreras. Creé mil fantasías multicolores y te preparé la mayor fiesta del mundo: dancé el carnaval para ti. Y tú te alegraste y me aplaudiste de pie. Pero pronto, muy pronto, me olvidaste, reenviándome al cerro, a la favela, a la realidad desnuda y cruda del desempleo, del hambre y de la opresión.

Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo te di en herencia el plato del día-a-día, el fríjol y el arroz. De los restos que recibía hice la feijoada, el vatapá, el efó y el acarajé: la cocina típica de Brasil. Y tú me dejas pasar hambre. Y permites que mis niños mueran de hambre o que sus cerebros sean irremediablemente afectados, infantilizándolos para siempre

Yo fui arrancado violentamente de mi patria africana. Conocí el navío-fantasma de los negreros. Fui hecho cosa, pieza, esclavo. Fui la madre-negra para tus hijos. Cultivé los campos, cogí el tabaco y planté la caña. Hice todos los trabajos. Fui yo quien construyó las bellas iglesias que todos admiran y los palacios que habitaban los dueños de esclavos. Y tú me llamas perezoso y me detienes por vagabundeo. A causa del color de mi piel me discriminas y todavía me tratas como si fuera esclavo.

Hermano mío blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Yo supe resistir, conseguí huir y fundar quilombos o palenques: sociedades fraternales, sin esclavos, de gente pobre pero libre, negros, mestizos y blancos. A pesar de los azotes en mi espalda, trasmití la cordialidad y la dulzura al alma brasilera. Y tú me enviaste al capitán-do-mato para cazarme como a un bicho, arrasaste mis quilombos y aún hoy impides que la abolición de la miseria que esclaviza sea para siempre verdad cotidiana y efectiva.

Yo te mostré lo que significa ser templo vivo de Dios. Y, por eso, cómo sentir a Dios en el cuerpo lleno de axé y celebrarlo en el ritmo, en la danza y en las comidas. Y tú reprimiste mis religiones llamándolas ritos afro-brasileros o considerándolas simple folclore. Invadiste mis terreiros echándoles sal y destruyendo nuestros altares. No raras veces, hiciste de la macumba un caso policial. La mayor parte de los jóvenes asesinados en las periferias con edades entre 18 y 24 años son negros, y por el hecho de ser negros son sospechosos de estar al servicio de las mafias de la droga. La mayoría de ellos son simples trabajadores.

Hermano blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¡Respóndeme!

Cuando con mucho esfuerzo y sacrificio conseguí ascender un poco en la vida, ganando un salario trabajado, comprando mi casita, educando a mis hijos, cantando mi samba, apoyando a mi equipo preferido y pudiendo tomar el fin de semana una cervecita con los amigos, tú dices que soy un negro de alma blanca, disminuyendo así el valor de nuestra alma de negros dignos y trabajadores. Y en los concursos, en igualdad de condiciones, casi siempre decides a favor de un blanco.

Y cuando se pensaron políticas que reparasen la perversidad histórica, permitiéndome lo que siempre me negaste, estudiar y formarme en las universidades y en las escuelas técnicas y así mejorar mi vida y la de mi familia, la mayoría de los tuyos grita: va contra la constitución, es una discriminación, es una injusticia social.

Hermano blanco, hermana mía blanca, pueblo mío: ¿qué te hice yo, en que te entristecí? ¿Qué hiciste con mi hermano João Alberto Freitas cobardemente asesinado por dos vigilantes de seguridad y un policía en un Carrefour de Porto Alegre. ¡Respóndeme!

Mis hermanos y hermanas negros, en este día 20 de noviembre, día de Zumbi y de la conciencia negra, quiero homenajearles a todos ustedes que consiguieron sobrevivir durante todo este largo tiempo, porque la alegría, la música, la danza y lo sagrado están dentro de ustedes, a pesar de todo el viacrucis de sufrimientos que injustamente les son impuestos.

Con mucho axé y amorosidad

Leonardo Boff, teólogo, filósofo y escritor

Traducción de María José Gavito Milano

Lamento de cativeiro e de libertação: dia do assassinato do negro João Alberto Freitas em Porto Alegre, no dia da consciência negra

                         Lamento de cativeiro e de libertação

Neste dia, 20 de novembro de 2020, quando celebramos o dia da consciência negra, dia de reflexão contra o racismo e de reconhecimento da dignidade da população negra no Brasil (mais da metade da população), foi covardemente assassinado, a pancadas e sufocado até à morte, o negro João Alberto Freitas, de 40 anos, por dois seguranças e um policial num Carrefour de Porto Alegre. As cenas mostram inominável brutalidade e covardia e revelam todo o racismo presente em setores da sociedade e o quanto desumandos e cruéis podemos ser.

Em homenagem a João Alberto Freitas republico um texto lançado tempos atrás mas que guarda permanente atualidade

******************************

A Paixão de Cristo continua pelos séculos afora no corpo dos crucificados. Jesus agonizará até o fim do mundo, enquanto houver um único de seus irmãos e irmãs que esteja ainda pendendo de alguma cruz, à semelhança dos bodhisatwas budistas (os iluminados) que param no umbral do Nirvana para retornarem ao mundo da dor –samsara – em solidariedade com quem sofre, pessoas, animais e plantas. Nesta convinção, a Igreja Católica, na liturgia da Sexta-feira Santa, coloca na boca do Cristo estas palavras pungentes:

”Que te fiz, meu povo eleito? Dize em que te contristei! Que mais podia ter feito, em que foi que te faltei? Eu te fiz sair do Egito, com maná de alimentei. Preparei-te bela terrra, tu, a cruz para o teu rei”.

Celebrando a abolição da escravatura a 13 de maio de 1888, nos damos conta de que ela não foi completada ainda. A paixão de Cristo continua na paixão do povo negro. Falta a segunda abolição, da miséria e da fome. Ouvem-se ainda os ecos dos lamentos de cativeiro e de libertação, vindos das senzalas, hoje das favelas ao redor de nossas cidades. A população negra ainda nos fala em forma de lamento:

“Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo: que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Eu te inspirei a música carregada de banzo e o ritmo contagiante. Eu te ensinei como usar o bumbo, a cuica e o atabaque. Fui eu que te dei o rock e a ginga do samba. E tu tomaste do que era meu, fizeste nome e renome, acumulaste dinheiro com tuas composições e nada me devolveste.

Eu desci os morros, te mostrei um mundo de sonhos, de uma fraternidade sem barreiras.Eu criei mil fantasias multicores e te preparei a maior festa do mundo: dancei o carnavalpara ti. E tu te alegraste e me aplaudiste de pé. Mas logo, logo, me esqueceste, reenviando-me ao morro, à favela, à realidade nua e crua do desemprego, da fome e da opressão.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo: que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Eu te dei em herança o prato do dia-a-dia, o feijão e o arroz. Dos restos que recebia, fiz a jeijoada, o vatapá, o efó e o acarajé: a cozinha típica do Brasil. E tu me deixas passar fome. E permites que minhas crianças morram famintas ou que seus cérebros sejam irremediavelmente afetados, infantilizando-as para sempre.

Eu fui arrancado violentamente de minha pátria africana. Conheci o navio-fantasma dos negreiros. Fui feito coisa, peça, escravo. Fui a mãe-preta para teus fihos. Cultivei os campos, plantei o fumo e a cana. Fiz todos os trabalhos. Fui eu que construi a belas igrejas que todos admiram e os palácios que os donos de escravos habitavam. E tu me chamas de preguiçoso e me prendes por vadiagem. Por causa da cor da minha pele me discriminas e me tratas ainda como se continuasse escravo.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo:que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Eu soube resistir, consegui fugir e fundar quilombos: sociedades fraternais, sem escravos, de gente pobre mas livre, negros, mestiços e brancos. Eu transmiti apesar do açoite em minhas costas, a cordialidade e a doçura à alma brasileira. E tu enviaste o capitão do moto para me caçar como bicho, arrasaste meus quilombos e ainda hoje impedes que a abolição da miséria que escraviza, seja para sempre verdade cotidiana e efetiva.

Eu te mostrei o que significa ser templo vivo de Deus. E, por isso, como sentir Deus no corpo cheio de axé e celebrá-lo no ritmo, na dança e nas comidas. E tu reprimiste minhas religiões chamando-as de ritos afro-brasileiros ou de simples folclore. Invadiste meus terreiros, jogando sal e destruindo nossos altares. Não raro, fizeste da macumba caso de polícia. A maioria dos jovens assassinados nas periferias, na idade entre 18 e 24 anos são negros, pelo fato de serem negros ou suspeitos de estarem a serviço das máfias da droga. A maioria deles são simples trabalhadores.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo:que te fiz eu e em que te contristei? Responde-me!

Quando com muito esforço e sacrifício consegui ascender um pouco na vida, ganhando um salário suado, comprando minha casinha, educando meus filhos, cantando o meu samba, torcendo pelo meu time de estimação e podendo tomar no fim de semana uma cervejinha com os amigos, tu dizes que sou um negro de alma branca diminuindo assim o valor de nossa alma de negros dignos e trabalhadores. E nos concursos em igual condição quase sempre tu decides em favor de um branco.

E quando se pensaram políticas que reparassem a perversidade histórica, permitindo-me o que sempre me negaste, estudar e me formar nas universidades e nas escolas técnicas assim melhorar minha vida e de minha família, a maioria dos teus grita: é contra a constituição, é uma discriminação, é uma injustiça social.

Meu irmão branco, minha irmã branca, meu povo: Que te fiz eu e em que te contristei? O que fizeste com meu irmão João Alberto Freitas, covardemente assassinado a pancadas por dois seguranças e um policial num Carrefour de Porto Alegre-RS. Responde-me!”

Com muito axé e amorosidade

Leonardo Boff teólogo, filósofo e escritor