LULA : UN JUSTO ENTRE LAS NACIONES

Conozco a un hombre. Hace más de 40 años. ¿De dónde viene? Viene de la senzala existencial. Es un nordestino, desdeñado por la élite del atraso que tiene en su DNA un desprecio cobarde a los pobres. Es un hijo de la pobreza. Un superviviente del  hambre. Un pau de arara, que salido del agreste pernambucano fue a radicarse con su madre y sus hermanos en la  periferia de São Paulo.

Toda la numerosa familia vivía en un anexo a un bar. Pero había una madre que cumplía todas las  funciones, de padre, de madre, de educadora, de consejera y de ejemplo, doña LINDU. Supo educar a toda la prole. A este hombre le inculcó en la cabeza y en el corazón: Nunca desistas. Nunca robes. Nunca mientas.

Este imperativo ético marcó toda su vida. Cuando niño, trabajando en un pequeño mercado, se moría de ganas de robar un chicle americano. No existía el nacional. Pero cuando extendía la mano, se acordaba de doña Lindu: No robó el chicle, como siempre se contuvo.

Conozco a un hombre, a este hombre. Durante bastante tiempo estuvo totalmente despolitizado. Lo que le interesaba era el fútbol y su equipo preferido, el Corinthians. Consiguió hacer un curso de metalúrgico. Aprendió por experiencia, sin saber nada de Marx, lo que era la plusvalía. Al principio con la poca experiencia inicial, producía tal y tal producto. Fue mejorando, con más destreza y rapidez producía más y más del mismo producto. Pero su salario seguía siendo el mismo.

¿Para quién iba la ganancia del crecimiento de su producción? No para él sino para el patrón. En esto reside la plusvalía y el mecanismo de acumulación del empresario.

Despertó a la injusticia de los trabajadores. Se volvió líder sindical. Se enfrentó a la dictadura militar. Fue preso. Soltado, liberó el águila que tenía dentro. Surgió su carisma de líder. Sabía negociar honestamente con los patrones según la lógica del gana-gana.

Y  pensó: los poderosos han gobernado todo el tiempo de nuestra historia. Han gobernado solo para ellos. No nos han incluido nunca. Éramos carbón a ser quemado en la producción de sus fábricas. ¿Por qué nosotros, los trabajadores, que somos mayoría, no podemos gobernar también nuestro país y gobernar mejor, para todos, comenzando por los más explotados y marginalizados?

Entonces, junto con otros, fundó el Partido de los Trabajadores (PT). Se presentó para gobernador y para presidente del país. Perdió siempre. Pero nunca renunció al impulso interior, inspirado por su madre: nunca desistas. Insistía en sus intervenciones: debemos permitir que todos puedan comer por lo menos tres veces al día, tener su casita con luz, puedan educarse y mandar a sus hijos e hijas a buenas escuelas, tener alegría de vivir y de convivir.

Y quiso el Misterio de todas las cosas que él, desde el piso de abajo, desde la marginación y la exclusión llegase al poder central del país. Por primera vez en nuestra historia, un condenado de la Tierra organizó una política en la que todos ganaban, inclusive los adinerados, pero sobre todo aquellos que desde hacía decenas de años estaban en el mapa del hambre. Ya no se oían los gritos apremiantes de los niños tirando de la falda de su madre, pidiendo la comida que les faltaba. Millones de personas fueron incluidas en la sociedad, miles de pobres y de afrodescendientes, mediante cuotas, pudieron seguir cursos superiores. Indígenas, quilombolas,  mujeres y personas de otra opción sexual encontraron en él comprensión y defensa. Más que matar el hambre, les devolvió la dignidad humana.

Uno se levanta, no sin cierta arrogancia y anuncia : “Dios me ha escogido para salvar el país; está escrito hasta en mi nombre,  Mesías”.  El otro solamente dice: “Agradezco a Dios por haberme permitido llegar hasta aquí y poder dar comida a millones  de personas”.  Los discursos tienen tonos diferentes: uno hace énfasis en un pretextado llamamiento divino, independiente de su esfuerzo.  El otro, luchó y se esforzó para cumplir ese propósito. Y agradece a Dios, tras mucha lucha e incansables sacrificios.

El mundo lo siguió todo. Como presidente, los jefes de Estado competían por escuchar sus experiencias y consejos. Se convirtió en uno de los mayores líderes mundiales. Invitado a apoyar la guerra contra Irak, respondió sabiamente: mi guerra no es contra un pueblo, es contra el hambre y la miseria de millones de personas de mi país y de la humanidad.

Todo lo que está sano puede enfermar. Sectores de su gobierno fueron afectados por la enfermedad de la corrupción. Fueron denunciados y castigados, pero nunca se ha demostrado que este hombre se haya beneficiado personalmente de la corrupción como consecuencia de su cargo de presidente.

Si hay algo que le molesta profundamente es que le llamen ladrón. ¿Dónde está su mansión? ¿Dónde están sus cuentas bancarias en Brasil, en el extranjero o en algún paraíso fiscal? ¿Puede alguien señalarlo sin mentir? Como candidato, su vida fue revisada hasta el más mínimo detalle. No se encontró nada. Ni un piso en el que nunca vivió, ni el sitio de un amigo que nunca le perteneció. Vive en un piso como cualquier ciudadano que ha ocupado el cargo que ha tenido, bueno pero modesto.

Conozco y doy fe de la transparencia, honestidad e integridad de este hombre. Me dijo varias veces: tú que hablas ante muchos públicos, di en mi nombre: nunca he dado cincuenta céntimos a nadie, nunca he recibido cincuenta céntimos de nadie. Nunca he tomado nada de nadie. Y si sigue diciendo que soy un ladrón, di que es un mentiroso. Y si se empeña en decirlo, desafíalo a que vaya a los tribunales, que muestre las pruebas para acusarme de ladrón. Di que aceptaré el rigor de la ley. Devolveré el doble de la cantidad que falsamente dije que había robado.  Y quiero que me arresten.

Conozco a un hombre que soportó todo tipo de calumnias, difamaciones y humillaciones. Su esposa murió de tristeza. Cuando su nieto falleció prematuramente, le pusieron mil dificultades para despedirse de su ser querido. Y cuando su hermano mayor, al que tenía por padre, partió de este mundo, lo llevaron a un breve velatorio rodeado de soldados armados, como si llevaran a un peligroso canalla.

Entraron en su casa sin avisar. Saquearon todo, esculcaron los colchones y se llevaron hasta los juguetes de sus nietos que no han sido devueltos hasta el día de hoy. Finalmente, hubo un juez reconocido por el Tribunal Supremo (STF) como parcial, y debido a ello el proceso iniciado contra este hombre fue invalidado. El juez lo condenó “por un delito indeterminado”, algo que no se encuentra en ningún código penal, ni siquiera en el Código de Hammurabi, unos milenios antes de nuestra era.

Durante 580 días estuvo encarcelado bajo estricta vigilancia. Podría haber resistido o haberse refugiado en alguna embajada. En la cárcel, revisó su vida, los aciertos y errores de su gobierno, estudió a fondo los principales aspectos de nuestro país y de la geopolítica mundial. Se espiritualizó y salió lleno de humanismo, esperanza y determinación.

Pero su encarcelamiento tuvo una consecuencia perversa: despejó el camino para presidente a una figura siniestra, un enemigo de la vida y de su pueblo, movido por la pulsión de matar y odiar. Por su negacionismo y su total falta de empatía al menos 300.000 personas murieron a causa del Coronavirus.

Luego vinieron las elecciones. Su oponente, que destacaba por su ignorancia, brutalidad y mente asesina, utilizó todos los medios posibles e imposibles para derrotarlo, desde la corrupción de un presupuesto secreto multimillonario hasta todo el aparato del Estado, dentro del cual operaba el “gabinete del odio”. Este difundió mentiras, fake news, calumnias y obscenidades contra él. Incluso activó el aparato policial del Estado a favor de su candidatura.

La sensatez ganó a la irracionalidad, la verdad a la mentira, el amor al odio. Fue proclamado presidente del país. Fue reconocido por las más altas autoridades del país, del mundo, desde XI Jinping, Biden y Putin. Incluso sin haber jurado su cargo, ya ha sido invitado a la COP27 en Egipto para discutir el nuevo régimen climático y a Davos, donde se reúnen los dueños de las mayores fortunas, para escuchar su tipo de economía, ya que la actual está agonizando.

Conozco a este hombre, carismático, cordial, incapaz de sentir odio en su corazón y dispuesto a dialogar con todos. De su boca oímos y de su ejemplo aprendimos que siempre es importante defender la democracia, dar centralidad a los pobres, defender la Amazonia contra la voracidad del capital salvaje, buscar un mundo bueno para todos y hacer que lo sea. Como dijo un presidente: “El mundo echa en falta a este hombre”.

Merece el mayor elogio que la tradición bíblica judía otorga a un ciudadano del mundo: ES UN HOMBRE JUSTO ENTRE LAS NACIONES: Zadik ha Umot,

Conozco y soy testigo de un hombre que por su vida, por su ejemplo y por el cuidado de su pueblo se convirtió efectivamente en un hombre Justo entre las Naciones.

Su nombre no necesita ser  citado. El país lo conoce. El mundo lo reconoce.

*Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo, exprofesor de ética y miembro de la Iniciativa Internacional de la Carta de la Tierra.

Traducción de María José Gavito Milano

         UM JUSTO ENTRE AS NAÇÕES

Conheço um homem. Há mais de 40 anos. De onde ele veio? Veio  da senzala existencial. É um nordestino, desdenhado pela elite do atraso que possui em seu DNA  um covarde desprezo  pelos pobres. É um filho da pobreza. Um sobrevivente da fome. Um pau de arara que, saído do agreste pernambucano,  foi radicar-se com a mãe e os irmãos na periferia de São Paulo.

Toda a numerosa família vivia num puxadinho de um bar. Mas havia uma mãe que cumpria todas as funções de pai, de mãe, de educadora,de conselheira e de exemplo, dona LINDU. Soube educar toda a prole. A este homem lhe inculcou na cabeça e no coração: Nunca desista. Nunca roube. Nunca minta.

Esse imperativo ético marcou toda sua vida. Quando menino, trabalhando num pequeno mercado, morria de desejo de roubar um chiclete americano. Não havia o nacional. Mas quando estendia a mão, lembrava de dona Lindu: Não roubou o chiclete como sempre se conteve.

Conheço um homem, este homem. Por um bom tempo foi  totalmente despolitizado. O que lhe interessava era o futebol e o time de estimação, o Corinthians. Conseguiu fazer um curso de metalúrgico. Aprendeu por experiência, sem nada conhecer de Marx, o que era a plusvalia. No começo, com a pouca experiência inicial, produziu tal e tal  produto. Foi melhorando a ponto de, com mais destreza e rapidez, produzir mais e mais do mesmo produto. Mas o salário continuava o mesmo. Para quem ia o lucro do excedente de sua produção ? Não para ele mas para o patrão. Nisso reside a mais-valia e o mecanismo de acumulação do empresário.Despertou para a  injustiça feita dos trabalhadores. Torno-se líder sindical. Enfrentou a ditadura militar. Foi preso. Solto, liberou a águia que escondia dentro de si. Emergiu seu carisma de líder. Sabia com honestidade negociar com os patrões na lógica do ganha-ganha.

E pensou: os poderosos governaram por todo o tempo de nossa história. Governaram só para eles. Nunca nos incluíram. Éramos carvão a ser queimado na produção de suas fábricas. Por que nós, trabalhadores que somos maioria, não podemos também governar o nosso país e governar até melhor, para todos, a começar pelos mais explorados e marginalizados?

Foi então que junto com outros fundou o Partido dos Trabalhadores (PT). Candidatou-se para governador e para presidente do país. Sempre perdeu. Mas nunca renunciou ao impulso interior, inspirado por sua mãe: nuca desista. Insistia em suas intervenções: devemos permitir que todos possam comer pelo menos três vezes ao dia, ter sua casinha com luz elétrica, poder se educar e mandar seus filhos e filhas para escolas de qualidade.Ter alegria de viver e de conviver.

E quis o Mistério de todas as coisas, que ele, do andar debaixo, da marginalização e da exclusão chegasse ao poder central do país. Pela primeira vez em nossa história, um condenado da Terra, organizou, como presidente, uma política em que todos ganharam, inclusive os endinheirados, mas sobretudo aqueles que há dezenas de anos estavam no mapa da fome. Não se ouviam mais os gritos caninos das crianças puxando a saia de suas mães,pedindo comida que lhes faltava. Milhões foram incluídos na sociedade, milhares de pobres e de afrodescendentes, mediante cotas, puderam frequentar os cursos superiores. Indígenas, quilombolas,  mulheres e outros de outra opção sexual encontraram nele compreensão e defesa. Mais que matar a fome, devolveu-lhes dignidade humana.

Alguém se levanta, não sem certa arrogância e anuncia:”Deus me escolheu para salvar o país; está inscrito até no meu nome Messias”. O outro apenas diz:”Agradeço a Deus por ter permitido que eu chegasse até aqui e poder dar comida a milhões de pessoas”. Os discursos possuem tons diferentes: um coloca a ênfases num alegado chamamento divino, independente de seu esforço.  O outro, lutou e se esforçou para cumprir esse propósito. E agradece a Deus, depois de muita luta e incansáveis sacrifícios.

O mundo a tudo acompanhou. Como presidente, os chefes de estado disputavam ouvir suas experiências e conselhos. Emergiu como uma das maiores lideranças mundiais. Convidado a apoiar a guerra contra o Iraque, respondeu sabiamente: minha guerra não é contra um povo, é contra a fome e a miséria de milhões do meu país e da humanidade.

Tudo o que sadio pode ficar doente. Setores de seu governos foram acometidos pela doença da corrupção. Foram denununciados e punidos. Mas jamais se provou que este homem tirou algum proveito pessoal da corrupção em razão de sua codição de presidente.

Se há algo que o irrita profundamente é quando o chamam de ladrão. Onde está sua mansão? Onde estão suas contas bancárias no Brasil, no exterior ou em algum paraíso fiscal? Alguém pode apontá-lo sem mentir? Como candidato, sua vida foi vasculhada nos mínimos detalhes. Nada se encontrou. Nem um apartamento, no qual nunca morou, nem um sítio de um amigo que nunca lhe pertenceu. Vive num apartamento como qualquer cidadão que ocupou o cargo que ocupou, bom mas modesto.

Conheço e testemunho a transparência, a honestidade e a inteireza deste homem. Disse-me algumas vezes: vcê que fala a numerosos auditórios diga, em meu nome: jamais dei cinquenta centavos a alguém, jamais recebi cinquenta centavos de alguém. Nunca me apropiei nada de ninguém. E se esse acusador continua  a afirmar que sou ladrão, diga que é mentiroso. E se persistir a afirmá-lo, desafie-o a ir à justiça,mostrar as provass para o acusar de ladrão. Confirma, se fui pessoalmente ladrão, aceitarei o rigor da lei. Devolverei em dobro tudo o que falsamente teria roubado.  Quero ser preso.

Conheço um homem que suportou todo tipo de calúnia, de difamação e de humilhação. Sua esposa morreu de tristeza. Seu neto que faleceu precocemente lhe criaram mil dificuldades para se despedir de seu ente querido. Quando partiu desse mundo o irmão mais velho que o tinha como pai, levaram-no para um curto velório, cercado de soldados armados como se conduzissem um perigoso celerado.

Invadiram sua casa sem prévio aviso. Vasculharam tudo, os colchões e levaram  até os brinquedos dos netos até hoje  não devolvidos. Por fim, um juiz reconhecido pela Suprema Corte (STF) como parcial e em razão disso, posteriormente os processos movidos contra ele foram invalidados. O juiz corrupto e parcial o condenou ”por um crime indeterminado” coisa que não se encontra em nenhum código penal, nem do ancestral de Hamurabi, alguns milênios antes de nossa era. Por 580 dias foi mantido preso sob rigorosa vigilância. Podia ter resistido ou se refugiado em alguma embaixada. Não. Ficou junto de seu povo. Na prisáo revisou sua vida, os acertos e equívocos de seu governo, estudou em profundidade os aspectos principais de nosso país e da geopolítica mundial. Espiritualizou-se e saiu cheio de humanismo, de esperança e de determinação de trabalhar especialmente pelos pobres.

Mas sua prisão teve uma consequência perversa: abriu caminho para presidente a uma figura sinistra,inimiga da vida e de seu povo,movida pela pulsão de morte e de ódio. Seu negacionismo e sua total ausência de empatia permitiu, impassível, a morte de pelo menos de 300 mil pessoas pelo Coronavírus.

Veio a eleição. Seu adversário que excele em ignorância, brutalidade e com uma mente assassina usou todos os meios possíveis e impossíveis para derrotá-lo, desde a corrupção de um bilionário orçamento secreto até todo o aparelho de Estado, dentro do qual funcionava “o gabinete do ódio”. Este difundia mentiras, Fake News, calúnias e obscenidades contra ele. Até o aparato policial do Estado foi acionado em favor de sua candidatura. Tudo em vão.

Venceu a sensatez contra a irracionalidade, a verdade contra a mentira, o amor contra o ódio. Ele foi proclamado presidente do país. Foi reconhecido pelas mais altas autoridades do país, do mundo, desde XI Jinping, Biden a Putin. Mesmo sem ser empossado já foi convidado para a COP27 no Egito para discutir o novo regime climático e  para Davos,onde os senhores das fortunas se reúnem para ouvir seu tipo de economia, já que a presente está agônica.

Conheço este homem, carismático, cordial, incapaz de ter ódio no coração e pronto a dialogar com todos. De sua boa ouvimos e de seu exemplo aprendemos que importa sempre defender a democracia, dar centralidade aos pobres, defender a Amazônia contra a voracidade do capital selvagem e buscar um mundo que seja bom para todos e que será. Como disse um presidente: “O mundo tem saudades deste homem”.

Ele merece a maior comenda que a tradição bíblico-judaica dá a um benemérito cidadão do mundo: ELE É UM JUSTO ENTRE AS NAÇÕES.

Eu conheço  e testemunho um homem que por sua vida, por seu exemplo e pelo cuidado de seu povo, tornou-se efetivamente um Justo entre as Nações.

Seu nome não precisa ser citado. O pais o conhece. O mundo o reconhece.

Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo,ex-professor de ética e membro da Iniciativa Internacional da Carta da Terra.

Palavras de Antoine de Saint Exipéry quando em 1936 era correspondente do Le Soire durante a guerra espanhola.Elas valem para a nossa situação atual no Brasil:“É preciso da um sentido à vida.Precisamos nos entender reciprocamente; o ser humano não se realiza senão junto com outros seres humanos, no amor e na amizade; no entanto, os seres humanos não se unem apenas se aproximando uns dos outros, mas se fundindo na mesma DIVINDADE. Temos sede, num mundo feito deserto, sede de encontrar companheiros com os quais condividimos o pão” Na Carta ao General “X” deixada em 1943 sobre a mesa antes de levantar voo e desaparecer no Mediterrâneo: ”Temos tanta NECESSIDADE de um Deus” MENSAGEM ATUAL DE ANTOINE DE SAÍNT EXUPÉRY:Palavras de Antoine de Saint Exipéry quando em 1936 era correspondente do Le Soire durante a guerra espanhola.Elas valem para a nossa situação atual no Brasil:“É preciso da um sentido à vida.Precisamos nos entender reciprocamente; o ser humano não se realiza senão junto com outros seres humanos, no amor e na amizade; no entanto, os seres humanos não se unem apenas se aproximando uns dos outros, mas se fundindo na mesma DIVINDADE. Temos sede, num mundo feito deserto, sede de encontrar companheiros com os quais condividimos o pão” Na Carta ao General “X” deixada em 1943 sobre a mesa antes de levantar voo e desaparecer no Mediterrâneo: ”Temos tanta NECESSIDADE de um Deus”

MENSAGEM ATUAL DE ANTOINE DE SAÍNT EXUPÉRY:

COMO SÃO ATUAIS ESTAS PALAVRAS DE SAINT EXIPÉRY NO CONTEXTO BRASILEIRO E TAMBÉM NO MUNDIAL COM OS LIMITES DA TERRA (precisamos de 1,7 de Terra para atender ao super-consumo e não a temos) A MUDANÇA DO REGIME CLIMÁTICO PARA PIOR E AS AMEAÇAS DE UMA EVENTUAL GUERRA NUCLEAR QUE PORÁ FIM À ESPÉCIE HUMANA.

Palavras que valem par a siuação atual de nosso país

      VOTANDO COM SENTIDO

Esse texto de uma colegaq de teologia, da PUC-RJ é tão belo e expressivo que representa o sentimento da muitos e muitos de nós. LBoff

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Acordei na segunda feira, 31 de outubro de 2022, com  a sensação de espanto e a surpresa dos sobreviventes. As eleições haviam acontecido e o Brasil tinha novo Presidente.  O ar parecia mais puro e era possível respirar.  O medo se fazia longínquo e a vida retomava seu curso.  Lula era o presidente.  O tempo que precedeu esta segunda-feira foi de muita dor. O estresse era geral e agudo.  As pessoas viviam tensas  e  amedrontadas.  E de que tinham medo?  Que o pesadelo que já durava quatro anos continuasse.  E seguisse.  E se perpetuasse.  

 As mensagens de ódio e violência se sucediam na internet, amigos rompiam relações, familiares se afastavam.  A divisão – sinal claro e inequívoco segundo a Bíblia cristã do sufocamento do Espírito da paz, da alegria e do amor – reinava impune, separando, fragmentando e destruindo. 

Na véspera do pleito, o fôlego e o alento eram artigos raros, luxo para poucos.  A ansiedade fazia o ar espesso e irrespirável.  Nada parecia fazer sentido na angústia de não dar certo o imenso esforço de tantos para superar o momento vivido que se arrastava. O horizonte em vez de aproximar-se, fazia-se mais distante e fugidio. O desânimo se agigantava e crescia a letargia que não permitia esboçar sequer um gesto, um suspiro, pronunciar uma palavra. 

À noite, decidida a tentar dormir, fui olhar pela última vez o computador. Ali tudo mudou.  Li as palavras: “Honre os mortos com seu voto”.  “Vote por eles e por elas”.  “680 mil pessoas não são um número.” E tudo começou a fazer sentido. Não, não era possível que tudo aquilo tivesse sido em vão.  Não era possível que o desprezo  e o pouco caso que foi cuspido em cima da dor de mães, de filhos e filhas, de irmãos e irmãs, pudessem vencer.  Não era possível que os mortos que não puderam ser chorados e homenageados permanecessem insepultos e que sua memória fosse uma e outra vez pisoteada e escarnecida pela insensibilidade cruel que tomou conta do país durante e após a pandemia, ceifando, além de vidas, a dignidade e a honradez dos sobreviventes. 

O que foi dito ao profeta Ezequiel diante dos ossos ressequidos em que se tinha transformado a casa de Israel enquanto atravessava o exílio foi repetido a meus ouvidos: “Filho do homem, poderiam esses ossos retornar à vida?”  Sentia-me tão desprovida de fé quanto o profeta, mas a pergunta era insistente. E o coração escutava mais que os ouvidos. 

Foi então que aconteceu uma profunda comunhão.  Eu não estava mais sozinha, debatendo-me com um voto em cuja eficácia não acreditava.  Comigo estavam eles e elas.  O padre jovem e dedicado, colega de docência, que morreu logo no começo da pandemia porque não abriu mão de distribuir alimento para os pobres de sua paróquia.  A mãe da amiga que disse à filha na porta do hospital “Fala para seu pai não se preocupar não.  Já já volto para casa”.  E nunca mais foi vista nem ouvida pelo esposo desolado e pela filha em prantos.  A menina de 15 anos que a televisão mostrou em foto, ao mesmo tempo em que revelava o desespero dos pais ao saber que não havia resistido ao vírus. 

Estavam igualmente os médicos cuja face já fazia uma unidade indissolúvel com a máscara cirúrgica e que, às vezes,  não suportavam e choravam.  Ou caíam doentes eles também. E eram levados junto a seus pacientes para o misterioso país das lágrimas, deixando atrás o grito de dor e o desespero impotente dos seres queridos. Estavam todos, uns e outros, eles e elas.

E os que queriam abrir os caixões, os que se debruçavam sobre eles, fechados sobre os rostos amados.  E os que sufocavam em Manaus enquanto o oxigênio não chegava.  E os que se deitavam no chão das enfermarias porque leitos não mais havia.

E a enfermeira Mônica, que qual nova Eva, deu à luz a esperança, filha menor do Bom Deus ao receber em seu braço a primeira picada salvadora da vacina graças à teimosia de um governador que enfrentou as forças do mal.  

Votar por eles e por elas.  Com eles e com elas.  Isso tinha sentido, fazia todo sentido. Realizar o gesto de pressionar a tecla que se uniria a tantas outras e que significaria o fim da barbárie e a nova estação da liberdade e do cuidado com a vida. Os mortos não eram destinados à cova escura  como pretendia o discurso abominável de quem os tratou com desdém e frieza.  Estavam vivos e eram multidão.  Eles ganharam essa eleição.  O Brasil nunca poderá pagar a dívida que com eles contraiu. 

O Deus da vida que permitiu aos ossos dos israelitas exilados readquirir força e vigor fez ouvir sua voz e sentir a força de seu braço no Brasil.  “ Ó meu povo, vou abrir os vossos túmulos;…Sabereis, então, que eu é que sou o Senhor, ó meu povo, quando eu abrir os vossos túmulos e vos fizer sair deles, quando eu colocar em vós o meu espírito para vos fazer voltar à vida…”

Com todos esses filhos do povo brasileiro, votamos com sentido.  Que o Senhor da vida nos permita, a partir de agora, viver com sentido, experimentando em nossa boca o agridoce sabor da liberdade e reconstruir a memória e a alma desta combalida nação. 

 Maria Clara Bingemer é professora do Departamento de Teologia da PUC-Rio e autorade O protagonismo dos leigos na evangelização atual (Ed. Paulinas), entre outros livros.