La Tierra con dolores de parto: ¿vendrá el gran salto salvador?

Nadie puede negar que nuestro Hogar Común, la Tierra viva, se está preparando para una gran transición. Lo que hemos vivido en los últimos siglos como paradigma de civilización, es decir, la forma como habitamos y organizamos la Casa Común, a base de la explotación ilimitada de sus recursos naturales, no puede continuar. Este paradigma ha agotado sus potencialidades de realización. Ha entrado en agonía. Pero ésta todavía puede prolongarse un buen tiempo.

Él se tendió involuntariamente una gran trampa: comenzó con el mayor acto terrorista cometido por Estados Unidos al lanzar dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, devastando todo tipo de vida. J. P. Sartre reaccionó entonces diciendo: nos hemos adueñado de nuestra propia muerte y podemos poner fin a nuestra especie. Uno de los más importantes historiadores modernos, Arnold Toynbee. fue severo al constatar consternado: “cupo a nuestra generación presenciar la manera de autodestruirnos; ella no será obra de Dios sino de nosotros mismos”. Inventamos las más diferentes formas del principio de autodestrucción. La tecnociencia moderna, que tantos beneficios nos ha traído, se ha vuelto irracional y enloquecida porque es suicida.

Las múltiples crisis por las que está pasando todo el planeta son como una especie de dolores de parto. La mayor de ellas ha sido y es la irrupción del coronavirus. Este afectó solamente a los seres humanos. No respetó los límites de soberanía de los países e hizo que la máquina de matar de las potencias militaristas pareciese ridícula. 

Quien no solo constata los hechos sino que procura discernir el mensaje oculto en ellos, debe preguntarse: ¿qué nos quiere comunicar Gaia, la Tierra viva, con la Covid-19 que ha causado ya diez millones de víctimas?

Seguramente es una respuesta de la Madre Tierra contra las violencias sistemáticas que sus hijos e hijas están llevando a cabo contra ella desde hace siglos, una verdadera Guerra, sin ninguna posibilidad de ganarla. Hemos sobrepasado los límites soportables del sistema-Tierra de tal modo que necesitamos más de un planeta y medio (1,7) para mantener nuestro estilo consumista de vida. Es la llamada Sobrecarga de la Tierra (Earth Overshoot). Todos las señales se han puesto en rojo: tenemos un cheque sin fondos. En otras palabras: los bienes y servicios necesarios para garantizar la vida se están agotando.

Con un poco más puede ocurrir un colapso de las bases que sustentan ecológicamente la vida en el planeta. ¿Quiénes de los jefes de Estado y grandes gerentes (CEOs) de las megacorporaciones reflexionan y toman decisiones ante tal situación-límite de nuestra Casa Común? Tal vez tengan conocimiento de la situación real, pero no le dan importancia, porque si se la dieran deberían cambiar completamente el modo de producción, renunciar a las fabulosas ganancias económicas, cambiar su relación con la naturaleza y acostumbrarse a un consumo más frugal y más solidario.

Porque no ocurre eso, entendemos las palabras del Secretario General de la ONU, António Guterrez, hace poco en Berlín en un encuentro sobre el cambio climático: “Tenemos una única elección: la acción colectiva o el suicidio colectivo”. Antes, en Glasgow, con ocasión de la COP 26 sobre el cambio climático, afirmó perentoriamente: “o cambiamos o estamos cavando nuestra propia sepultura”.

Tal vez el peligro más inminente del cambio de situación de nuestra Casa Común sea el alarmante calentamiento global, constatado en los últimos tiempos. En el Acuerdo de París de 2015 se había acordado restringir hasta 2030 la subida de 1,5 grados centígrados para evitar grandes daños a la biosfera. Con el desprendimiento masivo de metano, debido al deshielo de los cascos polares y del premafrost (que va desde Canadá hasta los confines de Siberia) han sido liberadas millones de toneladas de metano. Este es 28 veces más dañino que el CO2. Debido a estos cambios, el ICLL admitió que no en 2030 sino en 2027 se produciría un aumento de la temperatura de entre 1,5 y 2,7 grados centígrados.

Los eventos extremos que actualmente están ocurriendo en Europa, India y otros lugares, con grandes incendios y un calor nunca antes experimentado, y al mismo tiempo el frío inusitado en el Sur del mundo, están dando muestras de que la Tierra ha perdido su equilibrio y está buscando otro.

Resumiendo el discurso: de seguir esta tendencia ¿qué futuro nos espera? ¿Podrá la especie humana haber alcanzado su clímax, como todas las especies a su tiempo, y desaparecer? ¿O puede ocurrir, gracias al ingenio humano o a las propias fuerzas del planeta Tierra conjugadas con las energías del universo, que dé un salto de calidad e inaugure así un nuevo orden, dando continuidad a la especie humana? Si esto ocurre, situación que auguramos, no se hará sin muchos sacrificios de vidas de la naturaleza y de la propia humanidad.

Hace 67 millones de años cayó en el Caribe un meteoro de casi 10km de extensión que destruyó a los dinosaurios y al 75% de todas las formas de vida, pero respetó a nuestros ancestros. ¿No podría ocurrir algo semejante con nuestro planeta Tierra? Probablemente no un meteoro rasante, pero sí cualquier otro inconmensurable desastre ecológico-social.

Si sobrevivimos, la Tierra habrá dado el salto salvador y realizado el parto tan esperado. Los dolores de parto habrán pasado y finalmente se habrá generado el bioceno y el ecoceno. La vida (bio) y el factor ecológico (eco) ganarán centralidad, comprometiendo nuestro cuidado y todo nuestro corazón.

Que este desiderátum sea una utopía viable que nos permita continuar sobre este bello y sonriente planeta.

*Leonardo Boff ha escrito El doloroso parte de la Madre Tierra, Dabar 2021; Habitar la Tierra, Dabar 2022.

Traducción de Mª José Gavito Milano

La Terra in parto doloroso: arriverà il salto verso la salvezza?

Nessuno può negare che la nostra Casa Comune, la Terra vivente, si sta preparando per una grande transizione. Quello che è stato vissuto negli ultimi secoli, come paradigma di civiltà, cioè il modo in cui abitiamo e organizziamo la Casa Comune, basato sullo sfruttamento illimitato delle sue risorse naturali, non può più continuare. Questo paradigma ha esaurito il suo potenziale di realizzazione. È entrato in agonia. Ma questo può prolungarsi ancora per un bel pò di tempo.

Si è, involontariamente, tesa una grossa trappola: è iniziato con il più grande atto terroristico commesso dagli USA lanciando due bombe nucleari su Hiroshima e Nagasaki, devastando ogni tipo di vita. Subito, J.P. Sartre reagì dicendo: ci siamo appropriati della nostra stessa morte e possiamo porre fine alla nostra specie. Molto severo, fu uno dei più grandi storici moderni Arnold Toynbee nel constatare, con sgomento: “spettava alla nostra generazione assistere alla via della nostra autodistruzione; essa non sarà opera di Dio, ma di noi stessi». Abbiamo inventato il principio dell’autodistruzione in molti modi diversi. La tecno-scienza moderna, che ci ha portato così tanti benefici, è diventata irrazionale e impazzita perché suicida.

Le molteplici crisi che l’intero pianeta sta attraversando rappresentano una sorta di travaglio da parto. La maggiore di queste è stata ed è l’intrusione del coronavirus. Ha colpito solo gli esseri umani. Non rispettava i limiti della sovranità dei paesi e rendeva irrisoria la macchina mortale delle potenze militariste.

Coloro che non solo verificano i fatti, ma cercano di discernere il messaggio nascosto in essi, devono chiedersi: qual è la cosa che Gaia, la Terra vivente, vuole comunicarci con il Covid-19 che ha già mietuto milioni di vittime?

È sicuramente un contrattacco di Madre Terra alla violenza sistematica che da secoli i suoi figli e le sue figlie compiono contro di lei, una vera Guerra, senza alcuna possibilità di vincerla. Abbiamo superato i limiti sopportabili del sistema-Terra a tal punto che abbiamo bisogno di più di un pianeta e mezzo (1.7) per soddisfare il nostro stile di vita consumistico. È il cosiddetto Sovraccarico della Terra (Earth Overshoot). Tutti i segnali sono diventati rossi e siamo in scoperto. In altre parole: i beni e i servizi necessari per garantire la vita stanno finendo. Prima o poi potrebbe esserci un crollo delle basi che sostengono ecologicamente la vita sul pianeta.

Quale dei capi di Stato e dei grandi manager (CEO) delle mega-corporazioni riflette e prende decisioni di fronte a una situazione-limite della nostra Casa Comune? Forse conoscono la situazione reale. Ma non gli danno importanza perché, altrimenti, dovrebbero cambiare completamente il modo di produrre, rinunciare ai favolosi guadagni economici, cambiare il loro rapporto con la natura e abituarsi a un consumo più frugale e più solidale.

Perché ciò non avviene, lo capiamo dalle parole del segretario generale dell’Onu, António Guterrez che, non molto tempo fa in un incontro sui cambiamenti climatici a Berlino, ha detto: Abbiamo una sola scelta: azione collettiva o suicidio collettivo”. Prima, a Glasgow in occasione della COP 26 sui cambiamenti climatici, aveva affermato perentoriamente: o cambiamo o ci stiamo scavando la nostra fossa”.

Forse il rischio più imminente del cambiamento nella situazione della nostra Casa Comune è l’allarmante riscaldamento globale osservato negli ultimi tempi. A partire dall’accordo di Parigi del 2015, si era deciso di evitare un aumento di 1,5 gradi Celsius fino al 2030, per evitare gravi danni alla biosfera. Con il massiccio afflusso di metano, dovuto allo scioglimento delle calotte polari e al parmafrost (che va dal Canada fino alle estremità della Siberia) sono stati rilasciati milioni di tonnellate di metano. Questo è 28 volte più dannoso della CO2. A causa di questi cambiamenti, l’ICLL ha ammesso che non più nel 2030 ma già nel 2027 ci sarebbe un aumento della temperatura da 1,5 fino a 2,7 gradi Celsius.

Gli eventi estremi attualmente in corso in Europa, in India e altrove, con incendi massicci e livelli di calore mai sperimentati prima, e allo stesso tempo, il freddo insolito nel sud del mondo stanno dimostrando che la Terra ha perso il suo equilibrio e ne sta cercando un altro.

Riassumendo il discorso: seguendo questa tendenza, quale futuro ci attende? Potrebbe la specie umana aver raggiunto il suo culmine, come tutte le specie del loro tempo, e poi scomparire? Oppure può accadere, per l’ingegno umano o per le forze del pianeta Terra, unite alle energie dell’universo, di fare un salto di qualità e inaugurare così un nuovo ordine e dare continuità alla specie umana? Se ciò accadrà, come ci auguriamo, non sarà fatto senza pesanti sacrifici della vita della natura e della stessa umanità.

67 milioni di anni fa, una meteora di quasi 10 km di estensione cadde nei Caraibi, decimando tutti i dinosauri e il 75% di tutte le forme di vita, risparmiando il nostro antenato. Non potrebbe succedere qualcosa di simile con il nostro pianeta Terra? Probabilmente non una meteora, ma qualsiasi altro incommensurabile disastro ecologico-sociale.

Se sopravviveremo, la Terra avrà fatto il salto di salvezza e realizzato il parto tanto atteso. Le doglie del parto saranno passate e, finalmente, si saranno generati il biocene e l’ecocene. La vita (bio) e il fattore ecologico (eco) acquisiranno centralità, impegnando la nostra cura e tutto il nostro cuore. Che questo desiderio possa essere un’utopia praticabile, che ci permetta di continuare su questo pianeta bello e ridente.

Leonardo Boff ecoteologo brasiliano

 A Terra em dores de parto: virá o grande salto salvador?

Ninguém pode negar que nosso Lar Comum, a Terra viva, está se preparando para uma grande transição. O que foi vivido nos últimos séculos, como paradigma de civilização, vale dizer, a forma como habitamos e organizamos a Casa Comum, à base da ilimitada exploração de seus recursos naturais, não pode mais continuar. Este paradigma esgotou suas potencialidades de realização. Entrou em agonia. Mas esta pode se prolongar ainda por bom tempo.

Ele armou para si, involuntariamente, uma grande cilada: começou com o maior ato terrorista cometido pelos USA lançando duas bombas nucleares sobre Hiroshima e Nagasaki,devastando todo tipo de vida. Logo, J.P.Sartre reagiu dizendo: nós nos apropriamos de nossa própria morte e podemos pôr fim à nossa espécie. Severo, foi um dos maiores historiadores modernos Arnold Toynbee ao constatar, consternado: ”coube à nossa geração assistir o modo de nossa  autodestruição; ela não será obra de Deus mas de nós mesmos”. Inventamos o princípio de autodestruição das mais diferentes formas. A tecno-ciência moderna que tantos benefícios nos trouxe, tornou-se irracional  e enlouquecida porque suicidária.

As múltiplas crises pelas quais o inteiro planeta está passando,  representam uma espécie dores de parto. A maior delas foi e é a intrusão do coronavírus. Ele atingiu somente os seres humanos. Não respeitou os limites de soberania dos países e tornou irrisória a máquina mortífera das potências militaristas.

Para quem não apenas constata fatos mas procura discernir neles a mensagem escondida, deve se interrogar: que coisa Gaia, a Terra viva, nos quer comunicar com o Covid-19 que já fez milhões de vítimas?

Seguramente é um contra-ataque da Mãe Terra contra as sistemáticas violências que seus filhos e filhas já há séculos estão movendo contra ela, uma verdadeira Guerra,sem  nenhuma chance de ganhá-la. Ultrapassamos os limites  suportáveis do sistema-Terra de tal modo que precisamos de mais de um planeta e meio (1,7) para atender nosso estilo consumista de vida. É a assim chamada Sobrecarga da Terra (Earth Overshoot). Todos os sinais entraram no vermelho  e estamos no cheque especial. Em outras palavras: os bens e serviços necessários para garantir a vida estão se esgotando. Um pouco mais, miais um pouco poderá ocorrer um colapso das bases que sustentam ecologicamente a vida no planeta.

Quem dos chefes de Estado e dos grandes gerentes (CEOs) das mega-corporações refletem e tomam decisões face de tal situação-limite de nossa Casa Comum? Talvez tomam conhecimento da real situação. Mas não lhe dão importância porque, caso contrário, deveriam mudar completamente o modo de produção, renunciar aos fabulosos ganhos econômicos, mudar sua relação para com a natureza e se acostumar a um consumo mais frugal e mais solidário.

Porque isso não ocorre, entendemos as palavras do Secretário Geral da ONU, António Guterrez, há pouco tempo, num encontro sobre as mudanças climáticas em Berlim:”Temos uma única escolha: a ação coletiva ou o suicídio coletivo”. Antes, em Glasgow por ocasião da COP 26 sobre as mudanças climáticas asseverou peremptoriamente: ”ou mudamos ou estamos cavando a nossa própria sepultura”.

Talvez o risco mais iminente da mudança de situação de nossa Casa Comum seja o alarmante aquecimento global, constatado nos últimos tempos. A partir do Acordo de Paris de 2015 havia-se acordado de evitar até 2030 a subida de 1,5 graus Celsius, para evitar grandes danos para biosfera. Com a entrada maciça de metano,devido ao degelo das calotas polares e do parmafrost (que vai do Canadá até os confins da Sibéria) foram liberadas milhões de toneladas de metano.Este é 28 vezes mais danosos que o CO2. Em razão desta mudanças o ICLL admitiu que não mais em 2030 mas até em 2027 ocorreria aumento  da temperatura para além de 1,5 até 2,7 graus Celsius.

Os eventos extremos que atualmente estão ocorrendo na Europa, na Índia e em outros lugares, com grandes queimadas e níveis de calor nunca experimentados antes, e ao mesmo tempo, o frio inusitado  no Sul do mundo estão dando mostras de que a Terra perdeu seu equilíbrio e está procurando outro.

Resumindo o discurso: a seguir esta tendência que futuro nos esperará? Poderá a espécie humana ter atingido o seu clímax, como todas as espécies a seu tempo e daí desaparecerá? Ou pode ocorrer, pelo ingênio humano ou pelas próprias forças do planeta Terra conjugadas com as energias do universo, dar um salto de qualidade e assim inaugurar uma nova ordem e dar continuidade à espécie humana? Se isso ocorrer, o que auguramos, não se fará sem pesados sacrifícios de vidas da natureza e da própria humanidade.

Há  67 milhões de anos caiu um meteoro de quase 10 km de extensão no Caribe que dizimou todos os dinossauros e 75% de todas as formas de vida, poupando nosso ancestral. Não poderia ocorrer algo semelhante com o nosso planeta Terra? Provavelmente não um meteoro rasante mas qualquer outro incomensurável desastre ecológico-social.

Se sobrevivermos, a Terra terá dado o salto salvador e  realizado o parto tão esperado. As dores de parto terão passado e, finalmente, se gerou o bioceno e o ecoceno. A vida (bio) e o fator ecológico (eco) ganharão centralidade, comprometendo o nosso cuidado e todo o nosso coração. Que esse desiderato seja uma utopia viável que nos permitirá continuar sobre esse belo e ridente planeta.

Leonardo Boff escreveu O doloroso parte da Mãe Terra, Vozes 2021.

Una democracia que forzosamente tiene que venir

Todos estamos empeñados en salvaguardar una democracia mínima frente a un presidente desquiciado que continuamente la amenaza. Dado que vivimos una crisis general, paradigmática e ineludible, conviene ya desde ahora soñar con otro tipo de democracia.

Parto del supuesto de que, según datos científicos serios, dentro de pocos años debido al acelerado e imparable calentamiento climático, dentro de pocos años tendremos que hacer frente al grave peligro de la supervivencia humana. La Tierra será otra. Si queremos continuar sobre este planeta, primero tenemos que disminuir, con ciencia y técnica, los efectos dañinos, y finalmente elaborar otro paradigma civilizatorio, amigo de la vida, que nos haga sentirnos hermanos y hermanas de todos los otros seres vivos, pues tenemos el mismo código genético de base que ellos. 

Me dicen: “¡usted es pesimista!” Respondo con Saramago: “No soy pesimista, la realidad es la que es pésima”.

Ya en 1962 la bióloga estadounidense Rachel Carson en su famoso libro La primavera silenciosa (Silent Spring) advertía sobre la crisis ecológica en curso y concluía: “La cuestión consiste en saber si alguna civilización puede llevar adelante una guerra sin tregua contra la vida sin destruirse a sí misma y sin perder el derecho a ser llamada civilización”.

La gran mayoría no tiene conciencia de la real situación ecológica de la Tierra. Por eso, a pesar de ser incómodo, es urgente hablar de estas cosas para suscitar la conciencia de estar preparados y de acoger los cambios, si queremos continuar sobre el planeta Tierra.

Dentro de este contexto realista propongo la actualidad de otro tipo de democracia: la democracia socioecológica. Ella representaría la culminación del ideal democrático. ¿Es una utopía? Sí, pero necesaria.

Subyace también en ella la idea originaria de toda democracia: todo lo que interesa a todos y a todas debe ser pensado y decidido por todos y por todas. Esto se hará de varias maneras.

Hay una democracia directa en pequeñas comunidades. Cuando estas se hicieron mayores, se proyectó la democracia representativa. Como generalmente los poderosos la controlan, se propuso una democracia participativa y popular en la cual los del piso de abajo pueden participar en la formulación y seguimiento de las políticas sociales. Se avanzó más y descubrimos la democracia comunitaria vivida por los pueblos andinos, en la cual todos participan de todo dentro de una gran armonía ser humano-naturaleza, el famoso “bien vivir”. Se vio que la democracia es un valor universal (N. Bobbio) a ser vivido cotidianamente, una democracia sin fin (Boaventura de Souza Santos). Ante el peligro de colapso de la especie humana, todos, para salvarse, se unirían en torno a la superdemocracia planetaria(J.Attali).

Más o menos en esta línea pienso en una democracia socioecológica. Los supervivientes de los cambios de la Tierra, que estabilizaría su clima en los 38-40 grados centígrados, para poder sobrevivir tendrán forzosamente que relacionarse en armonía con la naturaleza y con la Madre Tierra. 

De ahí se propondrían constituir una democracia socioecológica. Social porque incluiría a toda la sociedad. Ecológica porque lo ecológico será el eje estructurador de todo. No como una técnica para garantizar la sostenibilidad del modo de vida humano y natural, sino como un arte, un nuevo modo de convivencia tierna y fraterna con la naturaleza. No obligarán más a la naturaleza a adaptarse a los propósitos humanos. Estos se adecuarán a los ritmos de la naturaleza, cuidando de ella, dándole reposo para regenerarse. Se sentirán no solo parte de la naturaleza sino la propia naturaleza, de manera que cuidando de ella estarán cuidando de sí mismos, cosa que los indígenas han sabido desde siempre. 

Este tipo de democracia socioecológica posee una base cosmológica. 

Sabemos por la nueva cosmogénesis, por las ciencias del universo, de la Tierra y de la vida que todos los seres son interdependientes. Todo en el universo es relación y no existe nada fuera de la relación. La constante básica que sustenta y mantiene el universo, en expansión todavía, está constituida por la simbiosis y por la inter-retro-relacionalidad de todos con todos. Incluso la comprensión de Darwin de la supervivencia de los más adaptados se inscribe dentro de esta constante universal. Por eso cada ser posee su lugar dentro del Todo. Hasta el más débil, por el juego de las interrelaciones tiene su oportunidad de sobrevivir.

La singularidad del ser humano, y esto ha sido comprobado por neurólogos, genetistas, bioantropólogos y cosmólogos, es aparecer como un ser nudo-de-relaciones, de amorosidad, de cooperación, de solidaridad y de compasión. Tal singularidad aparece mejor cuando la comparamos con los simios superiores de los que solo nos diferenciamos en un 1,6% de carga genética. Ellos tienen también una vida societaria, pero se orientan por la lógica de la dominación y la jerarquización. Pero nosotros nos diferenciamos de ellos por el surgimiento de la cooperación y de la solidaridad. Concretamente, cuando nuestros antepasados humanoides salían a buscar sus alimentos, no los comían individualmente. Los traían para el grupo, vivían la comensalidad solidaria. Esta los hizo humanos, seres de amor, de cuidado y de cooperación.

La ONU ya ha admitido que tanto la naturaleza como la Tierra son sujetos de derechos. Son los nuevos ciudadanos con los cuales debemos convivir amigablemente. La Tierra es una entidad biogeofísica, Gaia, que articula todos los elementos para continuar viva y producir todo tipo de vida.

En un momento avanzado de su evolución y complejidad, ella empezó a sentir, a pensar, a amar y a cuidar. Surgió entonces el ser humano, hombre y mujer, que son la Tierra pensante y amante.

Ella se organizó en sociedades, también democráticas, de las más diferentes formas. Pero hoy, al haber sonado la alarma ecológica planetaria, debemos forjar con sabiduría una democracia diferente, la socioecológica, en los términos anteriormente mencionados.

Si queremos sobrevivir juntos, esta democracia se caracterizará por ser una cosmocracia, una geocracia, una biocracia, una sociocracia, en fin, una democracia ecológico-social o socio-ecológica. El tiempo urge. Debemos generar una nueva conciencia y prepararnos para los cambios y adaptaciones que no tardarán en llegar. 

*Leonardo Boff ha escrito con Jürgen Moltmann, ¿Hay esperanza para la creación amenazada? Vozes 2014.

Traducción de MªJosé Gavito Milano