Factores de la crisis sistémica: erosión de la ética y 

        Leonardo Boff*

Seguramente existe un cúmulo de causas que subyacen a la actual crisis sistémica. Ella se ha apoderado de todo el planeta y nos ha puesto en una encrujiada: o seguimos el camino inaugurado por la modernidad a partir de los siglos XVII/XVIII con la llegada del espíritu científico que modificó la faz de la Tierra y nos ha traído incontables beneficios para la vida. Pero al mismo tiempo ésta se ha dado a sí misma los medios para su autodestrucción. Vamos más allá: la forma como hemos decidido habitar el planeta y organizar nuestras sociedades (el capitalismo) con costos altísimos para los ecosistemas y para las relaciones sociales, brutalmente desiguales, nos han llevado a tocar los límites de la Tierra. De seguir por ese camino se nos presenta por delante un abismo aterrador. La Tierra viva tal vez no nos quiera más sobre su superficie porque somos demasiado violentos y destructivos. Podemos sucumbir por el antropoceno, por el necroceno, por el virusceno y finalmente por el piroceno, ocasionados por nosotros mismos y también por la reacción de la propia Tierra viva, herida y vitalmente debilitada, que reacciona de esta forma. 

O si no, en un momento de aguda conciencia ante la posible desaparición de la especie, el ser humano da un salto cuántico en su nivel de conciencia, cae en sí, se da cuenta de que puede realmente llegar al fin de su aventura planetaria y cambia forzosamente y define un nuevo rumbo.

Ciertamente esto no se hará sin una crisis fenomenal que se puede llevar porciones significativas de la humanidad, comenzando por los más vulnerables pero sin exceptuar a los más pertrechados. Así ocurrió en tiempos prehistóricos del planeta, en los que hasta el 70% de la carga biótica desapareció definitivamente.

¿Cuál será el rumbo? Estimo que ni sabios, ni científicos ni maestros espirituales sabrían indicar la dirección. La humanidad, unida ahora por el miedo y por el pavor, más que por el amor al futuro, percibirá que puede haber llegado al fin del camino andado. Mirará alrededor y descubrirá una senda a ser recorrida y construida por el andar de todos. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar” nos enseñó un poeta español desesperado, huido de la persecución franquista. Desde dentro de nuestra esencia humana tendremos que sacar las inspiraciones y sueños que nos consoliden el nuevo camino.Viene a propósito esta frase de Einstein: la idea que creó la crisis actual no puede ser la misma que vaya a sacarnos de ella. Tenemos que soñar, crear, proyectar utopías viables y abrir caminos nuevos. Las ciencias de la vida nos confirmaron que somos seres de amor, de solidaridad, de cuidado, a pesar de que siempre nos acompaña una sombra, y debemos ponerla bajo vigilancia. 

Pero antes preguntémonos: ¿por qué hemos llegado a este punto crítico global? Aquí más que un saber científico nos ayuda el pensamiento filosofante. 

Considero, entre otros, dos factores fundamentales: la erosión de la ética y la asfixia de la espiritualidad.

Recuperemos el sentido clásico del Ethos de los griegos pues nos iluminan todavía hoy. Ethos con mayúscula significa la casa humana, es decir, una parte de la naturaleza que separamos y la trabajamos de manera que sea el espacio donde vivir bien. La otra forma es el ethos con minúscula que son las formas de organizar la casa para que nos sintamos bien en ella y podamos dar hospitalidad a quien nos visita: adornar la sala, colocar correctamente las mesas, cuidar la cocina, alimentar el fuego siempre encendido, mantener la despensa abastecida y los cuartos decentemente arreglados. Son las virtudes éticas que dan concreción al Ethos. Pero no sólo, pertenece al Ethos cuidar el entorno de la casa, los vecinos, el jardín, las estatuas de las divinidades. Solo así el Ethos (vivir bien) adquiere forma concreta (ethos). 

Hoy el Ethos es la Casa Común, el planeta Tierra. Durante siglos ha alimentado a la humanidad. Pero con la llegada de la ciencia y la técnica hemos explotado de forma ilimitada e irresponsable sus bienes y servicios de forma que hoy hemos sobrepasado su capacidad de soporte (The Earth Overshoot), la llamada Sobrecarga de la Tierra. Ella es finita y no soporta un crecimiento infinito. El Ethos (vivir bien en la casa) y el ethos, las formas de organizarla, han sidodesestructurados, todo lo que es importante para vivir bien: hemos contaminado las aguas, hemos sobrecargado los alimentos con pesticidas, hemos envenenado los suelos y contaminado los aires hasta el punto de afectar al sistema de la vida natural y de la vida humana. Presenciamos la erosión general del Ethos, del ethos y de la ética. La Casa Común deja de ser común, y se han apropiado de ella élites que tienen tierras, poder, dinero y la dirección de la política mundial. Ellas se han transformado en el Satán de la Tierra.

Tan grave como la erosión del Ethos, del ethos y de la ética en general es la asfixia de la espiritualidad humana. Dejemos claro que espiritualidad no es sinónimo de religiosidad, aunque la religiosidad pueda potenciar la espiritualidad. La espiritualidad nace de otra fuente: de lo profundo del ser humano. La espiritualidad es parte esencial del ser humano, como la corporalidad, la psique, la inteligencia, la voluntad y la afectividad.

Neurolingüistas, los nuevos biólogos y eminentes cosmólogos como Brian Swimme, Bohr y otros reconocen que la espiritualidad pertenece a la esencia humana. Somos por naturaleza seres espirituales, aunque no seamos explícitamente religiosos. Esa parte espiritual en nosotros se revela por la capacidad de solidaridad, de cooperación, de compasión, de comunión y de una apertura total al otro, a la naturaleza, al universo, en una palabra al Infinito. La espiritualidad hace intuir al ser humano que detrás de todas las cosas hay una Energía poderosa y amorosa que sustenta todo y lo mantiene abierto a nuevas formas en el proceso de la evolución. Algunos neurólogos han identificado un fenómeno excepcional. Siempre que se aborda existencialmente lo Sagrado, la experiencia de pertenencia a un Todo mayor, en una parte del cerebro se verifica una fuerte aceleración de las neuronas. Ellos, no los teólogos, lo llamaron el “punto Dios en el cerebro”. Igual que tenemos órganos exteriores a través de los cuales captamos la realidad circundante, tenemos un órgano interior, que es una ventaja evolutiva nuestra, para percibir a Aquel Ser que hace ser a todos los seres, esa Energía misteriosa que penetra todos los seres y los vivifica.

Esa dimensión espiritual de nuestra naturaleza ha sido sofocada por nuestra cultura que venera más al dinero que a la naturaleza, más el consumo individual que el reparto, que es más competitiva que cooperativa, prefiere el uso de la violencia al diálogo para resolver conflictos y ha creado la guerra nuclear y biológica como disuasión, amenaza y eventual utilización, lo que significaría el fin del sistema-vida y del sistema-humano. La violencia y las guerras implican la asfixia de la espiritualidad, intrínseca a nuestra esencia.

Actualmente el eclipse de la ética y la negación de la espiritualidad humana podrán llevarnos a situaciones dramáticas, no excluyendo trágicamente la extinción de la especie homo, después de algunos millones de años de ser amados y nutridos por la Magna Mater, a quien que no hemos sabido retribuirle cuidado, reverencia y amor.

No por eso desesperamos. El universo guarda sorpresas y el ser humano es un proyecto infinito, capaz de crear soluciones para los errores que él mismo cometió.

*Leonardo Boff ha escrito con Mark Hathaway, El Tao de la Liberación: una ecología de la transformación, en varias lenguas,Vozes 2010, que mereció en USA la medalla de oro en ciencia y nueva cosmología

Traducción por José María Gavito Milano

asfixia de la espiritualidad

Il silenzio di Dio e la morte degli innocenti: Dio, perché taci?

       Leonardo Boff

Viviamo a livello globale in un mondo tragico, pieno di incertezze, di minacce e di domande per le quali non abbiamo risposte che ci soddisfano. Nessuno può dirci dove stiamo andando: verso il prolungamento dell’attuale modo di abitare la Terra, devastandola in nome di un maggiore arricchimento di pochi. O cambieremo di direzione?

Nel primo caso, la Terra sicuramente non riuscirà a reggere la voracità della società dei consumi (già ora abbiamo bisogno di una Terra e mezza per far fronte agli attuali livelli di consumo dei paesi ricchi) e ci troveremo di fronte a una crisi dopo l’altra, come il Corona-virus e il riscaldamento globale già inarrestabile (ogni anno rilasciamo nell’atmosfera 40 miliardi di tonnellate di gas serra). Potremmo non avere alcuna via d’uscita e andremo incontro al peggio.

Oppure, costretti dalla situazione, recupereremo la ragione sensibile e sensata, in quanto è ormai impazzita, definiremo una nuova direzione più amichevole verso la natura e la Terra, più giusto e partecipativo verso tutti gli esseri umani. Lavoreremo a partire dal territorio, disegnato dalla natura, perché questo possa essere sostenibile e creare una vera partecipazione di tutti. Allora inizierà un nuovo tipo di storia con un futuro per il sistema-vita e per il sistema-Terra.

Avremo tempo, coraggio e saggezza per questa conversione ecologica? L’essere umano è flessibile, è cambiato molto e si è adattato a climi diversi. Inoltre la storia non è lineare. All’improvviso appare l’inaspettato e l’impensabile (un salto verso l’alto nella nostra coscienza) che inaugurerebbe una nuova direzione per la storia.

Nell’attesa soffriamo per i mali che si stanno verificando sulla Terra: sono 17 i luoghi di guerra. Papa Francesco ha detto molte volte che siamo già nella terza guerra mondiale a pezzi. Non è impossibile che possa scoppiare un conflitto nucleare planetario e portare alla perdita dell’intera umanità.

In questo contesto, ci mettiamo nei panni di Giobbe e gridiamo a Dio in mezzo a tante morti di innocenti, di genocidi e di guerre altamente letali.

“Dio, dov’eri in quei momenti terrificanti in cui la furia genocida di Netanyahu decimò 13 mila bambini innocenti e più di 34 mila persone e madri nella Striscia di Gaza? Perché non sei intervenuto se potevi farlo? Più di 500 mila case, ospedali, scuole, università, moschee e chiese sono state rase al suolo. Perché non hai fermato quell’abbraccio omicida? Il tuo Figlio prediletto Gesù, ha saziato circa 5mila persone affamate. Perché permetti che centinaia e centinaia di persone muoiano di sete e di fame?

Dov’è la tua pietà? Non sono anche queste vittime tuoi figli e figlie, soprattutto cari, perché rappresentano tuo Figlio crocifisso”.

Ricordo con dolore le parole di Papa Benedetto XVI quando visitò il campo di sterminio ebraico di Auschwitz-Birkenau:

Quante domande sorgono in questo luogo. Dovera Dio in quei giorni? Perché Egli è rimasto in silenzio? Come ha potuto tollerare questo eccesso di distruzione, questo trionfo del male?

Giobbe aveva ragione nel riconoscere che “Dio è così grande, che non lo comprendiamo” (Giobbe 36,26). Egli può essere e fare ciò che non capiamo, perché siamo limitati. Eppure Giobbe professa ostinatamente la sua fede, dicendo a Dio che, se anche lo avesse ucciso, avrebbe creduto ancora in lui (Giobbe 13,15). Indimenticabile è la testimonianza dell’ebreo prima di essere sterminato nel Ghetto di Varsavia nel 1943. Lasciò scritto su un pezzo di carta posto dentro una bottiglia: “Credo nel Dio d’Israele, anche se Egli ha fatto di tutto per non farmi credere in Lui. Ha nascosto il suo voltoSe, un giorno, qualcuno troverà questo foglietto e lo leggerà, capirà, forse, il sentimento di un ebreo che è morto abbandonato da Dio, il Dio in cui continuo a credere fermamente. .

Non pretendiamo di essere giudici di Dio. Ma possiamo amare il Figlio dell’Uomo nell’Orto degli Ulivi e sulla cima della croce. Gesù, quasi disperato, gridò: «Dio mio, Dio mio, perché mi hai abbandonato?” (Mc 15,34).

I nostri lamenti non sono bestemmie, ma un grido doloroso e insistente a Dio: “Sveglia! Non tollerare più la sofferenza, la disperazione e il genocidio di innocenti. Sveglia, vieni a liberare coloro che hai creato nell’amore. Sveglia e vieni, Signore, per salvarli.

In mezzo a questa malinconia, la nostra speranza prevale, perché attraverso la risurrezione del nostro fratello Gesù di Nazaret, si è anticipata la nostra buona fine. Questo è ciò che ci dà un senso e ci impedisce di disperare di fronte alla drammatica situazione dell’umanità e della Terra.

Leonardo Boff ha scritto Paixão de Cristo-paixão do mundo, Vozes 2012.

(tradotto dal portoghese da Gianni Alioti)

Causas da crise sistêmica:erosão da ética e asfixia da espiritualidade

Leonardo Boff

Seguramente vigora um complexo de causas que sub-jazem à atual crise sistêmica.Ela tomou todo o planeta e nos colocou numa encruzilhada: ou seguimos o caminho inaugurado pela modernidade a partir do século 17/18 com o advento do espírito científico que modificou a face da Terra e trouxe-nos incontáveis benefícios para a vida. Mas ao mesmo tempo deu-se a si mesma os meios de sua autodestruição.Vamos mais longe: a forma como decidimos habitar o planeta e organizar nossas sociedades com custos altíssimos para os ecossistemas e para as relações sociais,brutalmente desiguais, nos fizeram tocar nos limites da Terra. A seguir esse caminho,um abismo aterrador se apresenta à nossa frente. A Terra viva pode não nos querer mais sobre sua superfície por sermos demasiadamente violentos e destrutivos. Podemos sucumbir pelo antropoceno,pelo necroceno,pelo virusceno e por fim pelo piroceno, ocasionados por nós mesmo e também pela reação da própria Terra viva,ferida e vitalmente enfraquecida, que desta forma reage.

Ou então,num momento de aguda consciência face ao possível desaparecimento da espécie, o ser humano dê um salto quântico em seu nível de consciência, cai em si, dá-se conta de que pode realmente chegar ao fim de sua aventura planetária e mudar, forçosamente  e definir um novo rumo.

Certamente não se fará sem uma fenomenal crise que pode levar porções significativas da humanidade, começando pelos mais vulneráveis mas não poupando nem os mais apetrechados.Assim ocorreu em tempos pré-históricos do planeta, nos quais até 70% da carga biótica desapareceu definitivamente.

Qual será o rumo? Estimo que nem sábios, nem cientistas nem mestres espirituais saibam apontar a direção. A humanidade, agora unida pelo medo e pelo pavor,mais do que pelo amor ao futuro, perceberá que poderá ter chegado ao fim do caminho andado. Olhará ao redor e descobrirá uma senda a ser percorrida e construída pelo andar de todos. “Caminante,no hay camino, se hace camino al andar”nos ensinou um poeta desesperado espanhol, fugido da perseguição franquista.De dentro de nossa essência humana teremos que tirar as inspirações e sonhos que nos consolidam o novo caminho.Vale a frase de Einstein: a ideia que criou a crise atual não pode ser a mesma que nos vai sair dela. Temos que sonhar, criar,projetar utopias viáveis e abrir caminhos novos. As ciências da vida nos confirmaram que somos seres de amor, de solidariedade, de cuidado, apesar de uma sombra sempre nos acompanhar e que devemos colocá-la sob vigilância.

Mas antes nos interroguemos: por que chegamos a este ponto crítico global? Aqui mais que um saber científico socorre-nos um pensamento filosofante.

Entre outras causas, considero duas fundamentais: a erosão da ética e a asfixia da espiritualidade.

Recuperemos o sentido clássico de Ethos dos gregos pois nos iluminam ainda hoje. Ethos escrito em maísculo significa a casa humana. Vale dizer, separamos uma parte da natureza, a trabalhamos de forma a ser o espaço de viver bem. A outra forma é o ethos em minúsculo que são as formas como organizamos a casa para que nos sintamos bem nela e possamos dar hospitalidade a quem nos visitar: enfeitar a sala, colocar corretamente as mesas, cuidar da cozinha, alimentar o fogo sempre aceso, manter a dispensa abastecida e os quartos decentemente arrumados.São as virtudes éticas que dão concreção ao Ethos. Mas não só, pertence ao Ethos zelar pelo entorno da casa, do jardim,de estátuas de divindades. Só assim o Ethos (viver bem) ganha forma concreta (ethos).

Hoje o Ethos é a Casa Comum, o planeta Terra. Por séculos alimentou a humanidade. Mas com o advento da ciência e da técnica temos explorados de forma ilimitada e irresponsável seus bens e serviços de forma que hoje ultrapassamos sua capacidade suporte (The Earth Overshoot), a assim chamada Sobrecarga da Terra. Ele é finita e não suporta o projeto da modernidade de um crescimento infinito. O Ethos (viver bem na casa) e o ethos, as formas de organizá-la desestruturou tudo o que é importante para viver bem: poluimos as águas, sobrecarregamos os alimentos com agrotóxicos,envenenamos os solos, contaminamos dos ares a ponto de afetar o sistema da vida natural e da vida humana. Assistimos a erosão geral do Ethos, do ethos e da ética. A Casa Comum deixa de ser comum, e é apropriada por elites que detém terras, poder, dinheiro e a condução da política do mundo. Elas se transformaram no Satã da Terra.

Tão grave quanto à erosão do Ethos, do ethos e da ética em geral é a asfixia da espiritualidade humana. Deixemos claro: espiritualidade não é sinônimo de religiosidade, embora a religiosidade pode potenciar a espiritualidade. A espiritualidade nasce de outra fonte: do profundo do ser humano. A espiritualidade é parte essencial do ser humano, como a corporalidade, a psiqué, a inteligência, a vontade e a afetividade.

Neurolinguístas, os novos biólogos e eminentes cosmólogos como Brian Swimm, Bohm e outros reconhecem que a espiritualidade é da essência humana. Somos naturalmente seres espirituais, mesmo não sendo explicitamente religiosos. Essa porção espiritual em nós se revela pela capacidade de solidariedade, de cooperação, de compaixão, de comunhão e de uma total abertura ao outro, à natureza, ao universo,  numa palavra ao Infinito. A espiritualidade faz o ser humano intuir que por detrás de todas as coisas há uma Energia poderosa e amorosa que tudo sustenta e a mantém aberta a novas formas no processo da evolução. Alguns neurólogos identificaram um fenômeno excepcional. Sempre que se abordam existencialmente o Sagrado, a experiência de pertença a um Todo maior verifica-se numa parte do cérebro forte aceleração dos neurônios. Eles, não os teólogos, o chamaram de “ponto Deus no cérebro”. Como temos órgãos exteriores pelos quais captamos a realidade circundante, temos um órgão interior que é nossa vantagem evolutiva, de perceber Aquele Ser que faz ser todos os seres, aquela Energia misteriosa que penetra todos os seres e os vivifica.

Essa dimensão espiritual de nossa natureza foi sufocada por nossa cultura que venera mais o dinheiro que a natureza, o consumo individual que a repartição, que é mais competitiva que cooperativa, prefere o uso da violência do que o diálogo para resolver conflitos e criou a guerra nuclear e biológica como dissuasão, ameaça e eventual utilização, o que significaria o fim do sistema-vida e do sistema-humano. A violência e as guerras implicam a asfixia da espiritualidade, intrínseca à nossa essência.

Atualmente a eclipse da ética e a negação da espiritualidade humana poderão levar-nos a situações dramática, não excluindo tragicamente a extinção da espécie homo  depois de alguns milhões de anos, amados, nutridos pela Magna Mater que não soubemos retribuir-lhe cuidado, reverência e amor.

Nem por isso desesperamos. O universo guarda surpresas e o ser humano é um projeto infinito, capaz de criar soluções para erros que ele mesmo cometeu.

Leonardo Boff, escreveu com Mark Hathaway, O Tao da Libertação: uma ecologia da transformação, em várias linguas, Vozes 2010 que mereceu a medalha de ouro nos USA em ciência e nova cosmologia.

Das Schweigen Gottes und der Tod der Unschuldigen:Gott, warum schweigst du?

                Leonardo Boff    

Weltweit leben wir in einer tragischen Welt voller Unsicherheiten, Bedrohungen und Fragen, auf die wir keine zufriedenstellenden Antworten haben. Niemand kann uns sagen, wohin wir uns bewegen: in Richtung einer Verlängerung der gegenwärtigen Art und Weise, die Erde zu bewohnen und sie im Namen einer größeren Bereicherung für einige wenige zu zerstören? Oder werden wir unseren Kurs ändern?

Im ersten Fall wird die Erde dem Konsumrausch sicher nicht standhalten (wir brauchen bereits anderthalb Erden, um das derzeitige Konsumniveau der reichen Länder zu erreichen), und wir werden eine Krise nach der anderen bewältigen müssen, wie das Coronavirus und die globale Erwärmung, die bereits unaufhaltsam ist (wir setzen jedes Jahr 40 Milliarden Tonnen Treibhausgase in die Atmosphäre frei). Es gibt vielleicht kein Zurück mehr und wir werden das Schlimmste erleben.

Oder wir werden, gezwungen durch die Situation, unseren sensiblen und vernünftigen Verstand zurückgewinnen, weil er jetzt verrückt geworden ist, und wir werden einen neuen Kurs bestimmen, der freundlicher zu Natur und Erde ist, gerechter und partizipativer für alle Menschen. Wir werden vom Territorium aus arbeiten, das von der Natur geschaffen wurde, weil es nachhaltig sein kann und eine echte Beteiligung aller ermöglicht. Dann wird eine neue Art von Geschichte beginnen, mit einer Zukunft für das Lebenssystem und das Erdsystem.

Werden wir die Zeit, den Mut und die Weisheit für diese ökologische Umstellung haben? Der Mensch ist flexibel, hat sich stark verändert und an verschiedene Klimazonen angepasst. Außerdem ist die Geschichte nicht linear. Plötzlich würde das Unerwartete und Undenkbare (ein Sprung nach oben in unserem Bewusstsein) eine neue Richtung der Geschichte einläuten.

Während wir warten, leiden wir unter den Übeln, die auf der Erde geschehen: Es gibt 17 Orte, an denen Krieg herrscht. Papst Franziskus hat mehrfach gesagt, dass wir uns teilweise bereits in einem dritten Weltkrieg befinden. Es ist nicht ausgeschlossen, dass ein totaler Atomkonflikt ausbricht und zum Verlust der gesamten Menschheit führt.

In diesem Zusammenhang versetzen wir uns in die Lage Hiobs und schreien zu Gott inmitten von so vielen unschuldigen Toten, Völkermorden und tödlichen Kriegen.

“Gott, wo warst du in diesen schrecklichen Momenten, als Netanjahus völkermörderische Wut 13.000 unschuldige Kinder und mehr als 80.000 Menschen und Mütter im Gazastreifen tötete? Warum hast du nicht eingegriffen, wenn du es konntest? Mehr als 500.000 Häuser, Krankenhäuser, Schulen, Universitäten, Moscheen und Kirchen wurden dem Erdboden gleichgemacht. Warum hast du diesen mörderischen Arm nicht gestoppt? Dein lieber Sohn Jesus sättigte etwa fünftausend hungrige Menschen. Warum lässt du zu, dass Hunderte und Aberhunderte von Menschen verdursten und verhungern?

Sind diese Opfer nicht auch deine Töchter und Söhne, die dir besonders am Herzen liegen, weil sie deinen gekreuzigten Sohn repräsentieren?”

Ich erinnere mich mit Schmerz an die Worte von Papst Benedikt XVI. bei seinem Besuch des jüdischen Vernichtungslagers Auschwitz-Birkenau:

“Wo war Gott in jenen Tagen? Warum hat er geschwiegen? Wie kann er diesen Exzess der Zerstörung, diesen Triumph des Bösen dulden?“

Hiob erkannte zu Recht, dassGott zu groß ist, als dass wir ihn erkennen könnten” (Hiob 36,26). Er kann das sein und tun, was wir nicht verstehen, denn wir sind begrenzt. Dennoch bekennt sich Hiob hartnäckig zu seinem Glauben und sagt zu Gott. “Auch wenn du mich tötest, glaube ich an dich” (Hiob 15,13). Unvergessen ist das Zeugnis eines Juden, der 1943 im Warschauer Ghetto ermordet wurde. Er schrieb auf einen kleinen Zettel, den er in eine Flasche steckte: “Ich glaube an den Gott Israels, obwohl er alles getan hat, damit ich nicht an ihn glaube. Er hat sein Gesicht verborgen… Wenn eines Tages jemand diesen Zettel findet und liest, wird er vielleicht das Gefühl eines Juden verstehen, der im Stich gelassen von Gott starb, dem Gott, an den ich immer noch fest glaube.“

Wir haben nicht den Anspruch, Gottes Richter zu sein. Aber wir können wie der Menschensohn auf dem Ölberg und auf der Spitze des Kreuzes, Jesus, fast verzweifelt ausrufen: “Mein Gott, mein Gott, warum hast du mich verlassen” (Markus 15,34).

Unsere Klagen sind keine Blasphemie, sondern ein schmerzlicher und eindringlicher Schrei an Gott: “Wach auf! Dulde nicht länger Leid, Verzweiflung und den Völkermord an Unschuldigen. Wach auf, komm und befreie die, die du in Liebe geschaffen hast. Wach auf und komm, Herr, um sie zu retten.”

Inmitten dieser tiefen Traurigkeit überwiegt unsere Hoffnung, denn durch die Auferstehung unseres Bruders Jesus von Nazareth wurde unser gutes Ende vorweggenommen. Das ist es, was uns Sinn gibt und uns nicht verzweifeln lässt angesichts der dramatischen Situation der Menschheit und der Erde.

Leonardo Boff Autor von: Jesus Christus der Befreier, Dabar/Trotta 2022; Unsere Auferstehung im Tod DABAR/Trotta 2012.