Agua: ¿fuente de vida o fuente de lucro? Contra la privatización del agua

Hoy hay dos cuestiones principales que afectan a toda la humanidad: el calentamiento global y la creciente escasez de agua potable. Ambas obligan a profundos cambios en nuestro modo de vivir, pues pueden producir un colapso de nuestra civilización y afectar profundamente el sistema-vida. 

Atengámonos a la cuestión del agua, codiciada por las grandes corporaciones para privatizarla y lucrarse enormemente. Ella puede ser tanto motivo de guerras como de solidaridad social y cooperación entre los pueblos. Ya se ha dicho que las guerras del siglo XX eran por petróleo y las del siglo XXI serán por agua potable. No obstante, ella puede ser referencia central para un nuevo pacto social mundial entre los pueblos y los gobiernos con vistas a la supervivencia de todos.

Consideremos los datos básicos acerca del agua. Ella es extremadamente abundante y al mismo tiempo escasa. Existen cerca de 1.360.000.000 km3 cúbicos de agua en la Tierra. Si tomáramos toda esa agua que está en los océanos, lagos, ríos, acuíferos y cascos polares y la distribuyésemos equitativamente sobre una superficie terrestre plana, toda la Tierra quedaría sumergida bajo el agua a tres km de profundidad. El 97% es agua salada y el 3% es agua dulce. Pero solamente el 0,7% de esta es directamente accesible al uso humano. De este 0,7, el 70% va para la agricultura, el 22% para la industria y lo que queda para el uso humano y animal.

La renovación de las aguas es del orden de 43.000 km3 al año, mientras que el consumo total está estimado en 6.000 km³ al año. Hay por lo tanto superabundancia de agua, pero desigualmente distribuida: el 60% se encuentra en solo 9 países, mientras otros 80 enfrentan escasez. Poco menos de mil millones de personas consumen el 86% del agua existente mientras que para 1,400 millones es insuficiente (en 2020 serán tres mil millones) y para dos mil millones no es tratada lo que genera un 85% de las enfermedades comprobables. Se presume que en 2032 cerca de 5.000 millones de personas se verán afectadas por la crisis del agua. 

El problema no es la escasez de agua sino su mala gestión y distribución para atender las demandas humanas y de los demás seres vivos. Brasil es la potencia natural de las aguas, con el 13% de toda el agua dulce del planeta, con un total de 5,4 billones de metros cúbicos. A pesar de la abundancia, se desperdicia el 46% de ella, lo que daría para abastecer a toda Francia, Bélgica, Suiza y el Norte de Italia. Carecemos aún de una cultura del agua.

Por ser escasa, el agua dulce se ha convertido en un bien de alto valor económico. Como hemos pasado de una economía de mercado a una sociedad de mercado, todo se transforma en mercancía. En función de esta “gran transformación” (Karl Polanyi), hoy en día hay una carrera mundial desenfrenada para privatizar el agua y obtener grandes lucro 

Así han surgido empresas multinacionales como las francesas Vivendi y Suez-Lyonnaise, la alemana RWE, la inglesa Thames Water y la americana Bechtel, entre otras. Se ha creado un mercado de las aguas de más de 100.000 millones de dólares. Ahí están fuertemente presentes Nestlé y Coca-Cola, buscando comprar fuentes por todas partes del mundo.

El gran debate hoy se presenta en estos términos: ¿el agua es fuente de vida o fuente de lucro? ¿El agua es un bien natural, vital, común e insustituible o un bien económico a ser tratado como recurso hídrico y como mercancía?

Para empezar es importante reconocer que el agua no es un bien económico como cualquier otro. Ella está tan ligada a la vida que debe ser entendida como algo vital y sagrado. La vida no puede ser transformada en mercancía. Es uno de los bienes más excelentes del proceso evolutivo y unos de los mayores dones divinos. Además, el agua está ligada a otras dimensiones culturales, simbólicas y espirituales que la hacen preciosa y cargada de valores que en sí no tienen precio. 

Para entender la riqueza del agua que transciende su dimensión económica, necesitamos romper con la dictadura de la razón instrumental-analítica y utilitarista, impuesta a toda la sociedad. Esta ve el agua como mero recurso hídrico con el cual se puede hacer negocios. Atiende solo a finalidades y utilidades. Pero el ser humano tiene otros ejercicios de su razón. Existe la razón más ancestral, sensible, emocional, cordial y espiritual. Este tipo de razón va más allá de finalidades y utilidades. Esta razón está ligada al sentido de la vida, a los valores, al carácter simbólico ético y espiritual del agua.

En esta perspectiva, el agua se considera un bien común natural, como fuente y nicho donde hace 3,800 millones de años surgió la vida en la Tierra. El agua es un bien común público mundial. Es patrimonio de la biosfera y vital para todas las formas de vida. No existe vida sin agua.

Obviamente, las dimensiones del agua como fuente de vida y como recurso hídrico no necesitan excluirse, pero deben ser rectamente relacionadas. Fundamentalmente el agua pertenece al derecho a la vida. 

La ONU declaró el día 28 de julio de 2010 que el agua limpia y segura, así como el saneamiento básico, constituye un derecho humano fundamental.

Pero ella demanda, sí, una compleja estructura de captación, conservación, tratamiento y distribución, lo que implica una innegable dimensión económica. Esta, sin embargo, no debe prevalecer sobre la otra, la del derecho, sino que debe hacer el agua accesible a todos. Se debe garantizar a todos gratuitamente por lo menos 50 litros de agua potable y sana al día. Cabe al poder público junto con la sociedad organizada crear la financiación pública para cubrir los costos necesarios para garantizar ese derecho de todos. Las tarifas para los servicios deben contemplar los diversos usos del agua, ya sea doméstico, industrial, agrícola o recreativo. Para los usos en la industria y en la agricultura, evidentemente, el agua esta sujeta a precio.

La visión predominante mercadológica distorsiona la correcta relación entre el agua como fuente de vida y el agua como recurso hídrico. Esto se debe fundamentalmente a la exacerbación de la propiedad privada que hace que se trate al agua sin el sentido de compartir ni de considerar las demandas de los demás y de toda la comunidad de vida.

Es todavía muy débil el principio de solidaridad social y de comunidad de intereses y del respeto por las cuencas hidrográficas que transcienden los límites de las naciones como ocurre, por ejemplo, entre Turquía de una parte y Siria e Iraq de otra, o entre Israel de un lado y Jordania y Palestina del otro, o también entre USA y México en lo que se refiere a los ríos Río Grande y Colorado.

Para discutir todas estas cuestiones vitales se creó en 2003 en Florencia, Italia, el Fórum Mundial Alternativo del Agua. En él se propuso la creación de una Autoridad Mundial del Agua. Ella sería una instancia de gobierno público, cooperativo y plural para tratar del agua a nivel de las grandes cuencas hídricas internacionales así como su distribución más equitativa según las demandas regionales.

Paralelamente, se formó una articulación internacional con vistas a un Contrato Mundial del Agua. Como no existe un contrato social mundial, podría elaborarse en torno a aquello que efectivamente une a todos, que es el agua, de la cual depende la vida de las personas y de los demás seres vivos. De manera semejante ahora con la irrupción de la Covid-19, urge un contrato mundial de salvaguarda de la vida humana, mas allá de cualquier soberanismo, visto como algo superado, de otro tiempo histórico.

Un papel importante es presionar a los gobiernos y a las empresas para que el agua no se lleve a los mercados ni se considere una mercancía. Es importante fomentar la cooperación público-privada para evitar que tanta gente muera por falta de agua o como resultado de un agua mal tratada. Cada día, 6.000 niños mueren de sed y unos 18 millones de niños y niñas dejan de ir a la escuela porque se ven obligados a ir a buscar agua a 5-10 km de distancia. Es importantísimo conservar los bosques y las selvas en pie y reforestar lo más posible. Son los que garantizan la permanencia del agua, alimentan los acuíferos, así como mitigan el calentamiento global mediante la captación de dióxido de carbono y la producción de oxígeno vital.

Un mundo con hambre cero, preconizado desde hace años por los Objetivos del Milenio de la ONU debería incluir la sed cero, porque el agua es alimento y no hay nada que pueda vivir y ser consumido sin agua. Finalmente, el agua es vida, generadora de vida y uno de los símbolos más poderosos de la vida eterna, ya que Dios aparece como vivo, generador de toda vida y fuente infinita de vida.

*Leonardo Boff, ecoteólogo, ha escrito El doloroso parto de la madre Tierra: una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amistad social, Vozes, 2021.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Água: fonte de vida ou fonte de lucro? Contra a privatização da água.

Hoje há duas questões maiores que afetam toda a humanidade: o aquecimento global e a crescente escassez de água potável. Ambas obrigam a profundas mudanças no nosso modo de viver,pois podem produzir um colapso de nossa civilização e afetar profundamente o sistema-vida.

Atenhamo-nos à questão da água, cobiçada pelas grandes corporações para privatizá-la e lucrar enormemente. Ela pode ser motivo de guerras como de solidariedade social e cooperação entre os povos. Já se disse que se as guerras do século XX eram por petróleo, as do século XXI serão por água potável. Não obstante isso, ela pode ser referência central para um novo pacto social mundial entre os povos e governos em vista da sobrevivência de todos

Consideremos  os dados básicos acerca da água. Ela é extremamente abundante e ao mesmo tempo escassa.

Existe cerca de um bilhão e 360 milhões de km cúbicos de água na Terra. Se tomarmos toda essa água que está nos oceanos, lagos, rios, aquíferos e calotas polares e distribuíssemos equitativamente sobre uma superfície terrestre plana, toda a Terra ficaria mergulhada na água a três km de profundidade. 97% é água salgada e  3% é água doce. Mas somente 0,7% desta é diretamente acessível ao uso humano. Destes 0,7, 70% vão para a agricultura,22% para a indústria e o restante para o uso humano e a animal.

A renovação das águas é da ordem de 43 mil km cúbicos por ano, enquanto o consumo total é estimado em 6 mil km cúbicos por ano. Há, portanto, superabundância de água mas desigualmente distribuída: 60%  se encontra em apenas 9 países, enquanto 80 outros enfrentam escassez. Pouco menos de um bilhão de pessoas consome 86% da água existente enquanto para 1,4 bilhões é insuficiente (em 2020 serão três bilhões) e para dois bilhões, não é tratada, o que gera 85% das doenças constatáveis. Presume-se que em 2032 cerca de 5 bilhões de pessoas serão afetadas pela crise de água.

O problema não é a escassez de água mas sua má gestão e distribuição para atender as demandas humanas e dos demais seres vivos.

O Brasil é a potência natural das águas, com 13% de toda água doce do Planeta perfazendo 5,4 trilhões de metros cúbicos. Apesar da abundância, 46% dela é desperdiçada, o que daria para abastecer toda a França,  a Bélgica, a Suíça e o Norte da Itália.Carecemos ainda de uma cultura da água.

Por ser escassa, a água doce se tornou um bem de alto valor econômico. Como passamos de uma economia de mercado para uma sociedade de marcado,tudo se transforma em mercadoria. Em função desta “grande transformação”(Karl Polaniy) verifica-se hoje,  uma corrida mundial desenfreada para privatizar a água e ter grandes lucros. Assim surgiram as empresas multinacionais como as francesas Vivendi e Suez-Lyonnaise, a alemã RWE, a inglesa Thames Water e a americana Bechtel, entre outras. Criou-se um mercado das águas que envolve mais de 100 bilhões de dólares. Ai estão fortemente presentes a Nestlé e a Coca-Cola, buscando comprar fontes por toda a parte no mundo.

O grande debate hoje se trava nestes termos: A água é fonte de vida ou fonte de lucro? A água é um bem natural, vital, comum e insubstituível ou um bem econômico a ser tratado como recurso hídrico e como  mercadoria?

Importa, de saída, reconhecer que a água não é um bem econômico como qualquer outro. Ela está tão ligada à vida que deve ser entendida como algo vital e sagrado. A vida não pode ser transformada em mercadoria. É um dos bens mais excelentes do processo da evolução e um dos maiores dons divinos. Ademais, a água está ligada a outras dimensões culturais, simbólicas e espirituais que a tornam preciosa e carregada de valores que em si não têm preço.

Para entendermos a riqueza da água que transcende sua dimensão econômica, precisamos romper com a ditadura da razão instrumental-analítica e utilitarista, imposta à toda a sociedade. Esta vê a água como mero recurso hídrico com o qual se pode fazer negócios. Só atende a finalidades e utilidades. Mas o ser humano tem outros exercícios de sua razão. Há a razão mais ancestral, sensível, emocional, cordial e espiritual.Este tipo de razão vai além de finalidades e utilidades.Esta razão está ligadas ao sentido da vida, aos valores, ao caráter simbólico ético e espiritual da água.

Nesta perspectiva, a água comparece como um bem comum natural, como fonte e o nicho de onde há 3,8 bilhões  de anos surgiu a vida na Terra. A água é um bem comum publico mundial.  É patrimônio da biosfera e vital para todas as formas de vida. Não o existe vida sem a água.

Obviamente, as dimensões de água como fonte de vida e de recurso hídrico não precisam se excluir, mas devem ser retamente relacionadas. Fundamentalmente a água pertence ao direito à vida. A ONU declarou no dia 28 de julho de 2010 que a água limpa e segura bem como o saneamento básico constituem um direito humano fundamental.

Mas ela demanda, sim, uma complexa estrutura de  captação, conservação, tratamento e distribuição, o que implica uma inegável dimensão econômica. Esta, entretanto, não deve prevalecer sobre a outra, ao direito, mas deve  tornar a água acessível a todos.

Deve-se garantir a todos gratuitamente pelo menos 50 litros de água potável e sã. Cabe ao poder publico junto com a sociedade organizada criar um financiamento público para cobrir os custos necessários para garantir esse direito de todos. As tarifas para os serviços devem contemplar os diversos usos da água, se doméstico, se industrial, se agrícola, se  recreativo. Para os usos na indústria e na agricultura, evidentemente, a água é sujeita a preço.

A visão predominante mercadológica, distorce a reta relação entre agua como fonte de vida e água como recurso hídrico. Isso se deve fundamentalmente à exacerbação da propriedade privada que faz com que se trate a água sem o sentido de partilha e de consideração das demandas dos outros e de toda a comunidade de vida.É muito débil ainda, o princípio da solidariedade social e da comunidade de interesse e do respeito pelas bacias hidrográficas que transcendem os limites das nações como ocorre, por  exemplo, entre a Turquia de um lado e a Siria e o Iraque do outro, ou entre Israel de um lado e a Jordânia e a Palestina do outro ou mesmo entre os USA e o México ao redor dos rios Rio Grande e Colorado.

Para discutir todas estas questões vitais criou-se em 2003 em Florença na Itália o Fórum Mundial Alternativo da Agua. Ai foi proposta a criação de uma  Autoridade Mundial da Água.  Ela seria uma instância de governo publico, cooperativo e plural para tratar  da água a nivel das grandes bacias hídricas internacionais e de sua distribuição mais equitativa  segundo as demandas regionais.

Paralelamente, formou-se uma articulação internacional em vista de um Contrato Mundial da Água.Como inexiste um contrato social mundial, poderia se elaborar ao redor daquilo que efetivamente une a todos que é  a água, da qual depende a vida das pessoas e dos demais seres vivos. Semelhantemente agora com a intrusão do Covid-19,urge um contrato mundial de salvaguarda da vida humana para além de qualquer soberanismo, visto como algo ultrapassado, de outro tempo histórico.

Função importante é pressionar os Governos e as empresas para que a água não seja levada aos mercados nem seja considerada mercadoria. Importa incentivar a cooperação publico-privado para impedir que tantos morram em consequência da falta de água ou em consequência de águas maltratadas.

Diariamente morrem 6 mil crianças de sede e cerca de 18 milhões de meninos/meninas deixem de ir para  a escola porque são obrigadas a buscar água a 5-10  km de distância

Importantíssimo é preservar as florestas em pé e reflorestar o mais possível.São elas que garantem a permanência da água,alimentam os aquíferos além de amenizar o aquecimento global pelo sequestro do dióxido de carbono e a produção de oxigênio vital.

Uma fome zero mundial, preconizada há anos pelas Metas do Milênio da ONU deve incluir a sede zero, pois a água é alimento e não há nada que possa viver e ser consumido sem a água.

Por fim, a água é vida, geradora de vida e um dos símbolos mais poderosos da vida eterna, já que Deus aparece como vivo,o gerador de toda vida  e fonte infinita de vida.

Leonardo Boff, ecoteólogo e escreveu O doloroso parto da mãe Terra:um sociedade de fraternidade sem fronteiras e de amizade social,  Vozes , 202.

Superar o apagão ético e fortalecer a profecia

Quando se aliou com o bolsonarismo, uma expressiva parcela de evangélicos e católicos colocou em xeque valores cristãos

Magali do Nascimento Cunha

Nesta segunda-feira, 28 de junho, ocorreu um pronunciamento oficial do ministro das Minas e Energia o almirante Bento Albuquerque na TV. Com pouca expressão pública (passou a maior parte da vida em submarinos), o ministro apareceu na TV para anunciar, como diz a antiga piada popular, que “o gato subiu no telhado”.

O Brasil está prestes a reviver os anos 1990, dos governos Fernando Henrique Cardoso, dos apagões de energia elétrica e todos os transtornos e consequências que eles causam. Além disso, já está definido pela agência governamental de energia que a população terá que pagar contas de luz mais caras devido à “crise hídrica” (o baixo nível de água que move as hidrelétricas, por conta de falta de chuvas).

O almirante Albuquerque lançou mão de termos técnicos de difícil compreensão para fazer parecer que o governo está preparado para a crise que se avizinha. Registros da questão revelam que o governo já sabia do problema há meses e não tomou as providências devidas em busca de alternativas à falta de água nos reservatórios. A verdade é que, em meio a uma pandemia que já matou mais de meio milhão de pessoas, resultado de erros terríveis de condução pública da crise sanitária, apagões de energia causarão uma catástrofe ainda maior.

É seríssimo que o pronunciamento do ministro militar e a cobertura noticiosa desta situação escondam que esta é a maior seca vivida no Brasil na última década e que diversos municípios já decretaram estado de emergência.  E é ainda mais grave que cientistas e ambientalistas já alertassem, desde 2019, que o aumento do desmatamento, em especial da Amazônia, esteja na causa primeira da falta de chuvas no país somada às mudanças climáticas. 

Desde 2012, as regiões Centro-Oeste, Sul e parte do Sudeste já apresentavam chuvas muito abaixo da média, isto foi agravado com o aumento drástico do desmatamento a partir de 2018. Com menos árvores na Amazônia, há menos umidade no ar e mais seca no Brasil e nos países da América do Sul. A falta de chuvas impacta de imediato a agricultura e depois o abastecimento de água e a geração de energia. 

Em meio a tudo isto, a Empresa Brasileira de Energia (Eletrobrás) está para ser entregue a empresas privadas, o que tornará mais cara a conta de luz. Veio à tona, ainda, que o recém-exonerado ministro do Meio Ambiente Ricardo Salles, que aproveitou a atenção com a pandemia para desmatar e explorar mais (“passar a boiada”, como ele mesmo disse), está sob investigação por ganhos ilícitos com contrabando de madeira. 

Destruição, corrupção, exploração: uma tríplice sobrecarga imposta sobre o Brasil e tudo o que nele habita. Uma demanda urgente para pessoas que têm fé exercerem ações proféticas e gritarem contra esta realidade! 

O problema é que vivemos uma espécie de apagão ético entre grupos religiosos, especialmente os cristãos. Quando se aliançaram com o bolsonarismo e passaram a apoiar e fazer parte do atual governo, uma expressiva parcela de evangélicos e outra de católicos colocaram em xeque valores cristãos fundamentais como o amor, a misericórdia, a justiça, a solidariedade, a tolerância. Tornaram-se cúmplices da tríplice sobrecarga descrita acima.

Enquanto isto, o restante se divide entre aqueles que se omitem e silenciam, abandonando a tarefa profética e os que permanecem fiéis aos princípios fundamentais da fé cristã na defesa da vida em todas as dimensões.

Um exemplo recente foi a inundação de mensagens de líderes religiosos contra uma certa rede de sanduíches que, nos últimos dias, fez campanha publicitária com defesa do respeito à homoafetividade.  Estes mesmos líderes silenciaram totalmente sobre a ação destrutiva de ruralistas e mineradoras que cobiçam terras indígenas, estes que são povos cuidadores da Criação, e sobre as alianças escusas do Ministério do Meio Ambiente com estes segmentos.

Sobre o desmatamento da Amazônia e do Pantanal e as terríveis consequências sobre a vida de todo o país, apenas algumas organizações ecumênicas, frentes e coalizações evangélicas e católicas em prol do meio ambiente e das populações da floresta têm empenhado esforços para denunciar e conter a destruição.

Carecemos de profetas e profetizas no Brasil 2021! A tradição cristã ensina que profetas, em geral, são pessoas inconformadas com a realidade, que lutam pelo direito e pela justiça, especialmente das minorias sociais – nas narrativas da Bíblia, os pobres, as viúvas, os órfãos, os doentes. Colocam-se contra exploradores dos trabalhadores da terra, contra comerciantes que falsificam pesos e medidas e o luxo com que viviam os reis, suas famílias e a corte em contraste à pobreza do povo. Assim se expõem porque declaram-se chamados por Deus para cumprir a lei do amor, da paz e da justiça. 

Em nome desse chamado, profetas denunciam as injustiças e iniquidades das autoridades político-religiosas. Também anunciam as consequências dramáticas daquelas atitudes, não sem deixar de consolar os mais sofridos com palavras de esperança de um tempo melhor.

Profetas sempre desagradam autoridades e seus apoiadores que vivem de lucrar com a injustiça. São acusados de conspiradores e promotores de balbúrdia, perseguidos, presos e mortos. No oposto estão os falsos profetas, religiosos que vivem de agradar essas autoridades e seus seguidores. Pregam mensagens de apoio e são beneficiados por isto. Servem para esconder a realidade dura e o futuro terrível. 

O alimento da esperança é saber que contra o apagão ético, os profetas permanecem, apesar de minoritários e perseguidos. Não cessam de existir. Estão em comunidades espalhadas pelo Brasil, em associações e grupos ecumênicos, movimentos, frentes, coletivos, coalizões. Permanecem fiéis ao Deus da Vida e clamam com denúncias e anúncios de transformação possível da realidade de destruição, corrupção e exploração que se abateu sobre o país nos últimos anos. 

Não vou nomear estes homens e mulheres aqui para não cometer qualquer injustiça com omissões. Entretanto, convido leitores e leitoras, a um exercício: busquem em suas redes estes profetas e profetizas (pessoas e grupos) que clamam pela vida com justiça, paz e integridade da Criação e envie-lhes a seguinte palavra de apoio: “Prossiga! Estamos juntos/as pela vida!”. Fortalecer esta rede é muito importante neste tempo de crise.

Magali do Nascimento Cunha é do Conselho Mundial de Igrejas, professora e doutora, especialista em Comunicação Social

Fonte: Carta Capital 30/06/2021

La voracidad del capitalismo trajo la Covid-19

Leonardo Boff*

He sostenido la tesis de que la Covid-19 es un contraataque de la Madre-Tierra contra el sistema del capital y de su expresión política, el neoliberalismo. Ella ha sido agredida y devastada de tal manera que nos envió un arma suya, invisible, el coronavirus, como una alerta y una lección. Este puso de rodillas, humilladas, a las potencias militaristas que con sus armas de destrucción masiva podrían acabar con la vida sobre el planeta. Si se perpetúa la guerra contra el planeta, este podrá no querernos más. Un virus más letal, inmune a cualquier vacuna, podría llevar a gran parte de la especie humana a su fin.

Tal eventualidad no es imposible pues este sistema de muerte de seres de la naturaleza y de seres humanos, al decir del Papa Francisco, posee una tendencia suicida. Prefiere correr el riesgo de morir antes que renunciar a su voracidad.

Este cuento de León Tolstói (1828-1910), contado a los peones de su hacienda Yásnaya Poliana con el título De cuanta Tierra necesita un hombre, puede hacernos reflexionar. 

«Había una vez un campesino que trabajaba un trozo de tierra que no era muy fértil. Trabajaba mucho pero sin mucho fruto. Envidiaba a sus vecinos que tenían más tierras y cosechas más abundantes. Estaba especialmente molesto por los elevados impuestos que tenía que pagar sobre su pequeña tierra y sus escasas ganancias. 

Un día después de mucho pensar resolvió: “me voy con mi compañera lejos de aquí, en busca de tierras mejores”. Supo que a muchas leguas de su casa había gitanos que vendían tierras muy baratas, hasta por precios irrisorios cuando veían a alguien muy necesitado y con ganas de trabajar. 

Aquel campesino, deseoso de poseer mucha más tierra para cultivar y hacerse rico, pensó: “voy a hacer un pacto con el diablo. Este me va a dar suerte”, dijo a su mujer, que torció el gesto. Y le advirtió:

Marido mío, mucho cuidado con el diablo, nunca sale nada bueno de hacer un pacto con él; esa codicia tuya te va a echar a perder”.

Pero, ante la insistencia del marido, decidió acompañarlo para realizar su ambicioso proyecto. Así que partieron, llevando pocas pertenencias. 

Cuando llegaron a las tierras de los gitanos, el diablo ya estaba allí, bien trajeado, dando la impresión de ser un influyente mercader de tierras. El campesino y su mujer saludaron educadamente a los gitanos. Cuando iban a expresar su deseo de adquirir tierras, el diablo, sin ceremonias, se le anticipó y dijo:

Buen señor, veo que viene de lejos y tiene gran deseo de poseer buenas tierras para plantar y hacer alguna fortuna. Tengo una excelente propuesta que hacerle. Las tierras son baratas, al alcance de su bolsillo. Le propongo lo siguiente: usted pone una cantidad razonable de dinero en una bolsa aquí, a mi lado. El territorio que usted recorra a lo largo de todo un día, desde el amanecer hasta la puesta del sol, siempre que esté de vuelta antes de ponerse el sol, esa tierra recorrida será suya. En caso contrario perderá el dinero de la bolsa”.

Los ojos del campesino brillaron de emoción y dijo:

Me parece una propuesta excelente. Tengo piernas fuertes y acepto. Mañana bien temprano, al amanecer, me pongo a correr y todo el territorio que mis piernas puedan alcanzar será mío”.

El diablo, siempre malicioso, sonrió contento.

Y así fue, bien temprano, apenas el sol rompió el horizonte, el campesino echó a correr. Saltó cercas, atravesó riachuelos y no satisfecho ni siquiera se paró para descansar. Veía delante de sí una encantadora planicie verde y rápidamente pensó:“aquí voy a plantar trigo en abundancia”. Mirando a la izquierda se abría un valle muy llano y pensó “aquí puedo hacer una plantación de lino para ropa fina”.

Subió, un poco sin aliento, una pequeña colina y vió que allá abajo surgía un campo de tierra virgen. Y pensó: “quiero también aquella tierra. Allí voy a criar ganado y ovejas y voy a llenar las alforjas de las burras con dinero a más no poder”.

Y así recorrió muchos kilómetros, no satisfecho con lo que había conquistado, pues los lugares que veía eran atractivos y fértiles y alimentaban su deseo incontenible de poseerlos también. 

De repente miró el cielo y se dió cuenta de que el sol se estaba ocultando detrás de una montaña. Dijo para sí mismo:

No hay tiempo que perder. Tengo que volver corriendo, si no perderé todos los terrenos recorridos y, encima, el dinero. Un día de dolor, una vida de amor”, pensó, como decía su abuelo.

Se puso a correr con una velocidad desmedida para sus piernas cansadas. Pero tenía que correr sin reparar en los límites de sus tensos músculos. Incluso se quitó la camisa y dejó caer la bolsa con algo de comida. Siguió mirando la posición del sol, ya cerca del horizonte, enorme y rojo como sangre. Pero aún no se había puesto del todo. Aunque estaba cansadísimo, corría cada vez más, ya no sentía las piernas de tanto esfuerzo. Con tristeza, pensó: “quizás he abarcado demasiado y podría perderlo todo. Pero sigamos adelante”.

Viendo, a lo lejos al diablo, solemnemente de pie y a su lado la saca de dinero, recobró más ánimo, seguro de que iba llegar antes de la puesta de sol. Reunió todas las energías que tenía e hizo un último esfuerzo. Corría, sin pensar en los límites de sus piernas, como que fuera volando. No muy lejos de la llegada, se tiró hacia delante, casi perdiendo el equilibrio. Rehecho, todavía dio algunos pasos largos.

Fue entonces cuando extenuado y ya sin fuerzas, se desplomó en el suelo. Y murió. Su boca sangraba y todo su cuerpo estaba cubierto de arañazos y de sudor.

El diablo, maliciosamente, apenas sonrió. Indiferente al muerto y codicioso, miraba la bolsa de dinero. Todavía se dio el trabajo de hacer una fosa del tamaño del campesino y lo metió dentro. Eran solo siete palmos de tierra, la parte menor que le tocaba de todos los terrenos recorridos. No necesitaba más que eso. Su mujer, como petrificada, presenciaba todo, llorando copiosamente».

Este cuento reverbera las palabras de João Cabral de Melo Neto (1920-1999) en su obra Muerte y Vida Severina (1995). En el funeral del labrador dice el poeta: ”Esta fosa en que estás, con palmos medida, es la cuenta menor que sacaste en vida; es la parte que te cabe de este latifundio”.

De todos los terrenos atrayentes que veía y deseaba poseer, al ávido campesino solo le quedaron al final los siete palmos para su sepultura. 

¿No será este el destino del capitalismo y del neoliberalismo?


*Leonardo Boff ha escrito Covid-19: la Madre-Tierra contraataca a la humanidad, advertencias de la pandemia, Vozes 2020.

Traducción de Mª José Gavito Milano