Nuestro mundo corre peligro de explosión y de implosión

Leonardo Boff*

El sueño del Papa Francisco formulado en la Fratelli tutti de una fraternidad sin fronteras y de amistad social (n.6), base para un nuevo orden mundial, se funda en la conciencia de que estamos en una emergencia planetaria. Las amenazas a la vida y a la sostenibilidad de la Tierra lo llevaron a decir: “estamos en el mismo barco; o nos salvamos todos o nadie se salva” (n.32).

Para eso debemos cambiar forzosamente: hacer una transición de paradigmas, es decir, pasar del paradigma dominante que creó la modernidad, del ser humano amo y señor (dominus) de la naturaleza, que no se considera parte de ella y por eso puede explotarla como le parezca, al paradigma de hermano y hermana (frater) por el cual el ser humano se siente parte de la naturaleza, hermano de todos los seres y con la misión de guardarla y cuidar de ella.

En razón de esto, propone como base de sustentación de su propuesta las virtudes ausentes o vividas solo de manera subjetiva en el paradigma de “amo y señor”: el amor universal, la amistad social, el cuidado de todo lo que existe y vive, la solidaridad sin fronteras, la ternura y la amabilidad en todas las relaciones entre los humanos y con la naturaleza. Ella universaliza tales virtudes que antes eran privadas.

Por tanto, su alternativa se alimenta de lo que es esencial y lo mejor del ser humano, aquello que nos hace ser humanos.El Papa se da cuenta de lo inusitado de su propuesta, reconociendo: “parece una utopía ingenua, pero no podemos renunciar a este altísimo objetivo” (n.190).

Realmente hay voces de científicos y sabios que nos avisan de los peligros que corremos. Enumero algunos para concretar y dar carácter de urgencia a la propuesta del Papa, casi al límite de la desesperación, no obstante su fe indestructible y su enraizada esperanza en “Dios, apasionado amante de la vida” (Sab 11,26; Laudato Si n.77 y 89)Por causa de lo atrevido de su propuesta recurre también a aquello sin lo cual la vida no tendría futuro: la virtud y el principio esperanza. “Invito a la esperanza que nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive” (n.55).

 La esperanza tiene una base objetiva: el carácter virtual de la realidad. El dato objetivo no es todo lo real. También pertenece a lo real lo potencial y lo utópico, lo que aún no es pero puede ser. El dato actual nos dice que estamos comportándonos como el Satán de la Tierra, como lobos unos con otros, rehenes de la cultura del capital, de la competición sin límites y del consumismo desenfrenado. Pero este dato no lo es todo ni estamos condenados a perpetuarlo. Dentro de nosotros existe también lo potencial y lo utópico viable, de ser los cuidadores de la vida, hermanos y hermanas unos de otros y con todos los demás seres de la naturaleza.

Tal propuesta es enfáticamente predicada por la Fratelli tutti.Ese potencial forma parte de nuestra realidad. Y si está potencialmente en ella, puede ser activado, puede ser hecho proyecto personal y político, y puede inspirar prácticas que darán un sentido salvador a la historia. La esperanza nos salvará de la desesperación y de la destrucción. Vale la pena esperar siempre contra toda esperanza.Mientras tanto, tomemos conciencia de los graves peligros que pesan sobre nuestro destino, como nos confirman los mejores nombres de las distintas ciencias de la vida y de la Tierra.

Damos solo algunos ejemplos:

El genetista francés Albert Jacquard nos dice «que estamos fabricando una Tierra en la cual a ninguno de nosotros nos gustaría vivir. Debemos apresurarnos porque la cuenta regresiva ha empezado» (Le compte à rebous a-t-il commencée?, 2009).

Norberto Bobbio, notable jurista y filósofo, aunque melancólico por temperamento, creía en las virtualidades de dos grandes revoluciones de Occidente: la de los derechos humanos y la de la democracia. Ambas servirían de base para su propuesta de un pacifismo jurídico y político, capaz de resolver el problema de la violencia como lógica del antagonismo entre los Estados. Pero los eventos del terrorismo globalizado, derrumbaron las convicciones del viejo y respetado maestro. En una de sus últimas entrevistas declaró:

«No sabría decir cómo será el Tercer Milenio. Mis certezas caen y solo agita mi cabeza un enorme enorme punto de interrogación: ¿será el milenio de la guerra de exterminio o el milenio de la concordia entre los seres humanos?».

Al final de su vida, el gran historiador Arnold Toynbee (+1975), después de haber escrito diez tomos sobre las grandes civilizaciones históricas, dejó consignada esta opinión sombría en su ensayo autobiográfico Experiencias, de 1969:«Viví para ver el fin de la historia humana tornarse una posibilidad intra-histórica capaz de ser traducida en hechos, no por un acto de Dios sino del hombre».

Las advertencias de Martin Rees, astrónomo real del Reino Unido son muy serias. Con base en muchos conocimientos a los que tiene acceso afirma en su libro La Hora Final: alerta de un científico (2005): «La humanidad está en mayor peligro del que haya estado en cualquier otra época de su historia… nuestra oportunidad de sobrevivir hasta el fin de este siglo no pasa del 50% » (203.205) .

También es momento de citar, por su gran autoridad, la advertencia de uno de los mayores historiadores del siglo XX, Eric Hobsbawn, en su conocido libro-síntesis La Era de los Extremos (1994). Concluyendo sus reflexiones, considera:

«El futuro no puede ser la continuación del pasado… Nuestro mundo corre el peligro de explosión e implosión… No sabemos hacia donde vamos. Sin embargo una cosa es clara: si la humanidad quiere tener un futuro que valga la pena, no puede ser a base de prolongar el pasado o el presente. Si tratamos de construir el tercer milenio sobre esta base, vamos a fracasar. Y el precio del fracaso, o sea, de la alternativa a un cambio de la sociedad, es la oscuridad» (p.562).

La pandemia de la Covid-19 nos deja una grave advertencia: si continuamos agrediendo la naturaleza y a la Tierra puede sucedernos algo todavía peor: otros virus más letales que el de la Covid-19 podrán asaltarnos. Esta situación suscita una indagación humanista y filosófica: ¿es posible tener todavía esperanza en el ser humano, en el sentido de ver y sentir al otro como hermano y hermana? ¿Puede él mejorar desde el punto de vista de las relaciones sociales, de la moralidad y de la humanidad o estamos condenados a vivir nuestra tragedia histórica hasta el fin, hasta nuestra autodestrucción?

El Papa Francisco en sus encíclicas ecológicas no excluye semejante tragedia (Cf. Laudato Si n.161).Seguramente no hay ninguna respuesta cabal para interrogaciones tan radicales, pero si en la pos-pandemia no iniciamos una transformación sustancial en la forma de producir, distribuir, consumir y en la forma de relacionarnos con la naturaleza, entonces sí podemos vernos sorprendidos con la destrucción de gran parte de la humanidad, o de toda ella. La Madre Tierra, entre dolores por perder hijos e hijas queridos pero rebeldes, continuará su trayectoria alrededor del Sol, pero sin nosotros.*

Leonardo Boff, ecoteólogo, filósofo ha escrito El doloroso parto de la Madre Tierra: una sociedad de fraternidad sin fronteras y de amor y amistad social, que será publicado en breve por la editorial Vozes.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Por fin descubrimos el planeta Tierra

Leonardo Boff*

Uno de los efectos positivos de la irrupción de la Covid-19 en nuestras vidas ha sido el descubrimiento del planeta Tierra por toda la humanidad. Nos hemos dado cuenta forzosamente de que existe una íntima conexión entre la vida humana, la naturaleza y el planeta Tierra. El virus no cayó del cielo; vino como contraataque de la Tierra, considerada como un supersistema vivo que siempre crea y se autocrea, y se organiza para mantenerse vivo y producir todo tipo de vida existente en este planeta. Particularmente los quintillones de quintillones de microorganismos que existen en los suelos y en nuestro propio cuerpo, verdadera galaxia (Antônio Nobre) habitada por un número incalculable de virus, bacterias y otros microorganismos. 

El contexto del virus, casi nunca citado por los analistas de las redes de comunicación, es el sistema capitalista anti-naturaleza y anti-vida. Él hizo que el virus perdiese su hábitat y avanzase sobre nosotros. Ese sistema de producción y de consumo asalta despiadadamente la naturaleza, saquea sus bienes y servicios y destruye el equilibrio de la Tierra. 

Esta responde con el calentamiento global, la erosión de la biodiversidad, la escasez de agua potable y otros eventos extremos. Todos de alguna forma participamos de este ecocidio, pero los actores principales –es forzoso decirlo y denunciarlo – son el sistema del capital y la cultura del consumo descontrolado, y especialmente los millonarios con su consumo suntuoso. Por lo tanto, retiremos la culpa de la humanidad pobre, que colabora mínimamente y es víctima del mencionado sistema.

El ser humano, siempre curioso por saber más y más, ha hecho descubrimientos sin número: de nuevas tierras como las de América, de pueblos, culturas, todo tipo de aparatos, desde el arado hasta el robot, el submundo de la materia, los átomos, los topquarks y el campo de Higgs, lo íntimo de la vida, el código genético. Y no paran los descubrimientos.

Pero ¿quién descubrió la Tierra? Fue preciso que enviásemos astronautas fuera de la Tierra o hasta la Luna para ver la Tierra desde fuera de la Tierra y finalmente, maravillados, descubrir la Tierra, nuestra Casa Común. Frank White escribió en 1987 un libro The Overview Effect (tengo un libro firmado por él el 29/5/1989) en el cual recoge los testimonios de los astronautas emocionados hasta las lágrimas. 

El astronauta Russel Scheickhart nos revela: “Vista desde afuera, la Tierra parece tan pequeña y frágil, una mancha pequeña preciosa que puedes tapar con tu dedo pulgar. Todo lo que significa algo para ti, toda la historia, el arte, el nacimiento y la muerte, el amor, la alegría y las lágrimas, todo está en aquel punto azul y blanco que puedes tapar con tu pulgar. Desde esa perspectiva entiendes que todo ha cambiado… que tu relación ya no es la misma que la de antes” (White, p.200).

Eugene Cernan confesó: «Fui el último hombre en pisar la Luna en diciembre de 1972. Desde la superficie lunar miraba con temblor reverencial hacia la Tierra, en un trasfondo muy oscuro. Lo que yo veía era demasiado hermoso para ser aprehendido, demasiado ordenado y lleno de propósito para ser un mero accidente cósmico. Uno se siente obligado interiormente a alabar a Dios. Dios debe existir por haber creado aquello que yo tenía el privilegio de contemplar. La veneración y la acción de gracias surgen espontáneamente. Para eso debe existir el universo» (White p. 205).

Acertadamente comenta Joseph P. Allen: «Se ha discutido mucho sobre los pros y los contras de los viajes a la Luna, pero nunca oí a nadie argumentar que debíamos ir a la Luna para poder ver la Tierra desde fuera de la Tierra. Después de todo, esta debe haber sido seguramente la verdadera razón de que hayamos ido a la Luna» (White, p. 233). 

Efectivamente esta es la razón secreta e inconsciente de los viajes espaciales: descubrir la Tierra, el tercer planeta de un sol de quinta categoría, dentro de nuestra galaxia. El sistema solar en el cual está nuestra Tierra dista 27 mil años-luz del centro de la galaxia, la Vía Láctea, en la cara interna del brazo espiral de Orión. Ese sistema con la Tierra alrededor es casi nada y nosotros une quantité négligeable, cercana a cero. Y, sin embargo, desde aquí la Tierra a través de nosotros contempla el universo entero, del cual forma parte. Y a través de nuestra inteligencia, que pertenece al propio universo, él se piensa a sí mismo. Lo que cuenta en nosotros no es la cantidad sino la calidad, única, capaz de pensar, de amar el universo y de venerar a Aquel que lo sustenta permanentemente.

No solo descubrimos la Tierra. Descubrimos que somos aquella parte de la Tierra que piensa, ama y cuida. Por eso ser humano (homo en latín) viene de húmus, tierra fértil, y Adán procede de Adamah, tierra fecunda.

A partir de ahora nunca desaparecerá de nuestra conciencia que hemos descubierto la Tierra, nuestro hogar cósmico, y que somos la parte consciente, inteligente y amorosa de ella. Porque somos portadores de estas cualidades, nuestra misión es cuidar de ella como nuestra Casa Común, y de todos los demás seres que en ella habitan y que tienen el mismo origen que nosotros, por tanto son nuestros parientes.

Si es así, ¿por qué la hemos maltratado, superexplotado y estamos destruyendo las bases que sustentan nuestra vida? Si hay una lección que la Madre Tierra a través de la Covid-19 nos quiere transmitir es seguramente esta: 

«Tenéis que cambiar vuestra relación con la naturaleza y conmigo, si queréis que yo siga ofreciéndoos todo lo que necesitáis para vivir con una sobriedad compartida, en fraternidad y sororidad universales y bajo el cuidado amoroso con todos vuestros hermanos y hermanas de la gran comunidad de vida, tambiénmis hijos e hijas bien amados. En el pasado, en tiempos inmemoriales, os di a elegir entre “la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge la vida para que vivas tú y tu descendencia. Esta promesa la mantendré siempre”» (Deut 30,19).

Escojamos la vida. Es el llamamiento de la Madre Tierra. Es el designio del Creador.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y ha escrito Covid-19: el contraataque de la Madre Tierra contra la humanidad, Vozes, 2ª edición 2021.

Traducción de M.ª José Gavito Milano

Nosso mundo corre risco de explosão e de implosão

O sonho do Papa Francisco formulado na Fratelli tutti de uma fraternidade sem fronteiras e de uma amizade social (n.6), fundamentos para uma nova ordem mundial, se funda na consciência de que estamos numa emergência planetária. As ameaças à vida e a  insustentabilidade da Terra levaram-no a dizer:”estamos no mesmo barco; ou nos salvamos todos ou ninguém se salva” (n.32).

Para isso devemos forçosamente mudar: fazer a transição de paradigmas, quer dizer, passar do paradigma dominante que criou a modernidade, do ser humano senhor e dono (dominus) da natureza não se entendendo parte dela e por isso podendo explorá-la como bem entender  para  o paradigma do irmão e da irmã (frater) pelo qual o ser humano se sente parte da natureza, irmão de todos os seres e com a missão de guardar e cuidar dela.

Em razão disso propõe como base de sustentação de sua proposta as virtudes ausentes ou vividas apenas subjetivamente no paradigma do “senhor e dono”: o amor universal, a amizade social, o cuidado para com tudo o que existe e vive, a solidariedade sem fronteiras, a ternura e gentileza em todas as relações entre os humanos e com a natureza. Ela universaliza tais virtudes que antes eram privatizadas. Portanto, sua alternativa se alimenta daquilo que é essencial e do melhor no ser humano, aquilo que de fato nos faz humanos.

O Papa se dá conta do inusitado da proposta, reconhecendo: “parece uma utopia ingênua, mas não podemos renunciar a este sublime objetivo” (n.190). Realmente há vozes de cientistas e sábios que nos advertem dos riscos que corremos. Elenco alguns para dar concreção e caráter de urgência  à proposta do Papa, quase no limite do desespero, não obstante a sua fé inabalável e sua enraizada esperança no “Deus, apaixonado amante da vida”(Sab 11,26; Laudato Sí n.77 e 89)

Em razão do arrojado de sua proposta recorre também àquilo sem o qual a vida não teria futuro: a virtude e o princípio esperança. “Precisamos alimentar a esperança que nos fala de uma realidade enraizada no profundo do ser humano, independentemente das circunstâncias concretas e dos condicionamentos históricos em que vive”(n.55).

 A esperança possui uma base objetiva: o caráter virtual da realidade. O dado objetivo não é todo o real. Pertence também ao real, o potencial e o utópico, aquilo que ainda não é mas pode ser. O dado atual nos diz que estamos nos comportando como o Satã da Terra,como  lobos uns para com os outros, reféns da cultura do capital, da competição ilimitada e do consumismo desenfreado.

Mas esse dado não é tudo, nem somos condenados a perpetuá-lo. Dentro de nós há também o potencial e  o utópico viável, o de sermos os cuidadores da vida, irmãos e irmãs uns dos outros e com todos os demais seres da natureza. Tal proposta vem enfaticamente pregada pela Fratelli tutti.

Esse potencial  pertence à nossa realidade. E se está potencialmente lá, pode ser ativado, pode ser feito projeto pessoal e político e pode inspirar práticas que darão um sentido salvador  à história. A esperança nos salvará do desespero e da destruição. Vale sempre esperar contra toda a esperança.

Entretanto, conscientizamo-nos dos graves riscos que pesam sobre nosso destino, como nos assinalem os melhores nomes das várias ciências da vida e da Terra. Demos apenas alguns exemplos:

O geneticista francês Albert Jacquard nos diz “que estamos fabricando uma Terra na qual ninguém de nós gostaria de viver. Devemos nos apressar porque a contagem regressiva já começou”(Le compte à rebous a-t-il commencée?(2009)

 Norberto Bobbio, notável jurista e filósofo, embora melancólico por temperamento, acreditava nas virtualidades de duas grandes revoluções do Ocidente: a dos direitos humanos e a da democracia. Ambas serviriam de base para a sua proposta por um pacifismo jurídico e político, capaz de equacionar o problema da violência como lógica do antagonismo entre os Estados. Mas os eventos do terrorismo globalizado, abalaram as convicções do velho e respeitado mestre. Numa de suas últimas entrevistas declarou:

Não saberia dizer como será o Terceiro Milênio. Minhas certezas caem e somente um enorme ponto de interrogação agita a minha cabeça: será o milênio da guerra de extermínio ou o da concórdia entre os seres humanos? Não tenho condições de responder a esta indagação”.

No final de sua vida, o grande historiador Arnold Toynbee (+1975), depois de escrever dez tomos sobre as grandes civilizações históricas, deixou consignada esta opinião sombria em seu ensaio autobiográfico Experiências de 1969:

“Vivi para ver o fim da história humana tornar-se uma possibilidade intra-histórica capaz de ser traduzida em fato não por um ato de Deus mas do homem”.

Severas são as advertências de Martin Rees, astrônomo real do Reino Unido. À base de muitos conhecimentos a que tem acesso afirma em seu livro “A Hora Final:alerta de um cientista”(2005):”A humanidade está em maior perigo do que já esteve em qualquer outra época de sua história…a nossa chance de sobreviver até o fim deste século não passa de 50%”(203.205)

Cabe  citar  ainda, por sua grande autoridade, a advertência de um dos maiores historiadores do século XX Eric Hobsbawn em se conhecido livro-síntese “Era dos Extremos”(1994). Concluindo suas reflexões pondera:

“O futuro não pode ser a continuação do passado…Nosso mundo corre o risco de explosão e implosão…Não sabemos para onde estamos indo. Contudo uma coisa é clara. Se a humanidade quer ter um futro que vale a pena, não pode ser pelo prolongamento do passado ou do presente. Se tentarmos construir o terceiro milênio sobre esta base, vamos fracassar. E  preço do fracasso ou seja, a alternativa para a mudança da sociedade é a escuridão”(p.562).

A pandemia do Covid-19 nos deixa uma grave advertência: se continuarmos agredindo a natureza e a Terra algo ainda  pior nos poderá  acontecer: outros vírus mais letais que o Covid-19 poderão nos assaltar.

Esta situação suscita uma indagação humanística e filosófica: dá para se ter esperança ainda no ser humano no sentido de ver e sentir o outro como irmão e irmã?  Pode ele melhorar sob o ponto de vista das relações sociais, da moralidade e da humanidade?  Ou somos condenados a viver a nossa tragédia histórica até o fim, até a nossa autodestruição? O Papa Francisco em suas encíclicas ecológicas não exclui semelhante tragédia (Cf.Laudato Si n.161).

Seguramente não há nenhuma resposta cabal para interrogações desta radicalidade. Mas se no pós-pandemia não iniciarmos transformação substanciais na forma de produzir,distribuir,consumir e e nos relacionar com a natureza então sim podemos ser surpreendidos com a destruição de grande parte da humanidade, senão de toda ela. A Mãe Terra, entre dores por perder filhos e filhas queridos mas rebeldes, continuará sua trajetória ao redor do Sol, mas sem nós.

Leonardo Boff, ecoteólogo,filósofo escreveu O doloroso parto da Mãe Terra: uma sociedade de fraternidade sem fronteiras e de amor e amizade social a sair em breve pela Vozes.


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Lettre ouverte à l’humanité: Manifeste pour la vie

Leonardo Boff, Théologien de la libération, est un document issu du milieu artistique et intellectuel brésilien, des mouvements sociaux de protestation contre le génocide perpétré par Jair Bolsonaro. Avec le lien de la pétition.

Le Brésil crie au secours.

Les brésiliennes et brésiliens attachés à la vie sont retenus en otage par le génocidaire Jair Bolsonaro, qui détient la présidence du Brésil, avec un gang de fanatiques poussés par l’irrationalité fasciste.

Cet homme sans humanité nie la science, la vie, la protection de l’environnement et la compassion. La haine de l’autre est la raison pour laquelle il exerce le pouvoir.

Le Brésil souffre aujourd’hui de l’effondrement intentionnel du système de santé. L’abandon de la vaccination et des mesures de prévention de base, l’encouragement à l’agglomération et la rupture du confinement, combinés à l’absence totale de politique de santé, créent l’environnement idéal pour de nouvelles mutations du virus et mettent en danger l’humanité toute entière. Nous avons assisté avec horreur à l’extermination systématique de notre population, en particulier des pauvres, des quilombolas et des autochtones.

Le gouvernement génocidaire monstrueux de Bolsonaro est passé d’une simple menace pour le Brésil à une menace mondiale.

Nous lançons un appel aux organismes nationaux – STF, OAB, Congrès national, CNBB – et aux Nations Unies. Nous exhortons la Cour pénale internationale (CPI) à condamner de toute urgence la politique génocidaire de ce gouvernement qui menace la civilisation.

La vie avant tout


La source: Lettre ouverte à l’humanité – Manifeste pour la vie
https://www.autresbresils.net/Lettre-ouverte-a-l-humanite