La urgencia de un pacto social planetario

       Leonardo Boff*

Reina demasiada inconsciencia y profundo negacionismo en el mundo, tan graves que pueden costarnos la vida sobre este planeta. El hecho es que estamos en una nueva fase de la Tierra y de la humanidad: la fase de la irrupción de la Casa Común. La Covid-19 nos dio esta lección que todavía no hemos aprendido: no respetó los límites ni las soberanías de las naciones. Mostró que hay una única Casa Común y que toda ella puede verse afectada, pero no hemos sacado ninguna lección de este hecho. Bien dijo el italiano Antonio Gramsci, el gran teórico de la política: la historia nos da lecciones, pero casi no tiene alumnos. Son pocos los que han asistido a esta escuela y los que menos la frecuentaron han sido y son los poderosos de este mundo, que piensan más en sus economías que en salvar la vida humana y la de la naturaleza.

         Venimos de un tiempo ya pasado y obsoleto, el del Tratado de Westfalia de 1648 que creó la soberanía de los Estados. Después de él, la Tierra y la humanidad cambiaron considerablemente. Los pueblos dispersos por los continentes están volviendo de su exilio milenario y creando la Casa Común, dentro de la cual todos caben (con sus mundos culturales particulares). Gran parte de las tensiones y guerras actuales se hacen dentro de este marco superado de las soberanías nacionales. No hemos despertado al nuevo tiempo de la unificación del mundo y de la especie humana junto con la naturaleza para que podamos salvarnos.

         Es urgentísimo que hagamos un pacto social mundial planetario, así como hicimos el pacto social de nuestras sociedades y el de Westfalia: un pacto cuyo fin es la salvaguarda de la vida y de la biosfera, amenazadísimas por la razón enloquecida, pues ha creado los instrumentos para su propia destrucción. Es imperativo un centro plural, democrático, que represente a los pueblos de la Tierra para administrar los problemas planetarios y de la naturaleza y encontrar, democráticamente, una solución para nosotros y para la naturaleza. Esto se hizo patente en la cumbre de los BRICS celebrada en Río los días 6-7 de julio.

La Tierra y la humanidad son parte de un vasto universo en evolución y tienen el mismo destino. La Tierra forma con la humanidad una única entidad compleja y sagrada, que se percibe claramente cuando es observada desde el espacio exterior, como han testimoniado los astronautas. Además, la Tierra está viva y se comporta como un único sistema autorregulado formado por componentes físicos, químicos, biológicos y humanos que la hacen propicia a la producción y reproducción de la vida y por eso es nuestra Gran Madre y nuestro Hogar Común.

         La ciencia nos ha mostrado que la Madre Tierra está compuesta por un conjunto de ecosistemas en los cuales ha generado una multiplicidad esplendorosa de formas de vida, todas ellas interdependientes y complementarias, formando la gran comunidad de la vida. Existe un lazo de parentesco entre todos los seres vivos porque todos somos portadores del mismo código genético de base que establece la unidad compleja de la vida en sus múltiples formas. Por tanto, reina una real hermandad entre todos los seres, especialmente entre los humanos, cosa bellamente descrita por el Papa Francisco en  su encíclica Fratelli tutti (2025): todos, naturaleza y seres humanos como hermanos y hermanas. La humanidad como un todo es parte de la comunidad de vida y el momento de conciencia y de inteligencia de la propia Tierra, haciendo que a través del ser humano, hombre y mujer, ella contemple el universo y nosotros seamos la propia Tierra que habla, piensa, siente, ama, cuida y venera.

         Es importante, sin embargo, observar que el contrato social actual ha adquirido un papel inflacionario y exclusivista. Ha propiciado el antropocentrismo, denunciado por la encíclica Laudato sí del Papa Francisco. Ha instaurado estrategias de apropiación y de dominación de la naturaleza y de la Madre Tierra creando una inmensa riqueza para unos pocos y una humillante pobreza para la mayoría. El modo de producción vigente en los últimos siglos, actualmente globalizado, ha escindido a la humanidad entre los que tienen y comen y los que no tienen y no comen, es decir, no ha conseguido responder a las demandas vitales de los pueblos, dividiendo en dos a la humanidad. Este es un motivo más para establecer un contrato social planetario que englobe a todos, permitiéndoles una vida decente y rica en virtualidades creativas.

         La conciencia de la gravedad de la situación crítica de la Tierra y de la humanidad hace imprescindible cambios en las mentes (cuidar de la Tierra como Gaia) y en los corazones (establecer un lazo afectuoso y cordial con todos los seres) y la forja de una coalición de fuerzas en torno a valores comunes y principios inspiradores que sirvan de fundamento ético y de estímulo para prácticas que busquen un modo de vida sostenible. La Carta de la Tierra, bajo la coordinación de M.Gorbachov y un grupo de cerca de 20 personas de distintos saberes, en la cual tuve el honor de participar, fue elaborada tras una consulta en todos los estratos sociales para definir tales principios y valores. Resultó un documento de gran belleza y profundidad que puede ser leído en internet. Asumida por la UNESCO en 2003 se propone, además de otros fines pedagógicos, crear las bases de un contrato social planetario. Hoy está siendo divulgada y estudiada en no pocos países, creando un nuevo espíritu con respecto a la Tierra y a la vida. Llegará el día en que podrá ser el fundamento de lo que estamos buscando urgentemente: una gobernanza planetaria que asegure a todos un buen vivir y convivir dentro de la Casa Común.

Consulte: https://cartadaterrainternacional.org; véase también El Bien Común de la Tierra y de la Humanidad, elaborado por Miguel d’Escoto Brockmann, cuando era Presidente de la Asamblea de la ONU 2008-2009, y Leonardo Boff en: https://mst.org.br, como base para una nueva configuración de la ONU.

Antisystemische Kämpfe und ihre verschiedenen Stufen

Leonardo Boff

Einige haben behauptet, dass das Ende der Welt wahrscheinlicher ist als das Ende des Kapitalismus. Diese Aussage, so ironisch sie auch ist, offenbart die Genialität des Kapitalismus. Er hat im Westen Wurzeln geschlagen und sich der ganzen Welt, bis hin zu China, aufgezwungen. Seine Reichweite ist die unbegrenzte Akkumulation in der falschen Annahme, dass die Ressourcen der Erde ebenfalls unbegrenzt sind. Nichts könnte trügerischer und unwahrer sein, wie die Enzyklika Laudato Sì (Nr. 106) anprangert, denn die Wissenschaft hat den Overshoot der Erde nachgewiesen, deren nicht erneuerbare Güter und Dienstleistungen, die für die Erhaltung des Lebens wesentlich sind, zur Neige gehen. Jedes Jahr brauchen wir 1,7 Erdenwerte an Gütern und Dienstleistungen, um die ungezügelte Gier der reichen Länder zu befriedigen. Wir wissen nicht, wie lange die Erde diese systematische Ausplünderung ertragen wird, aber sie hat uns bereits Anzeichen dafür geliefert, dass sie an ihre Grenzen stößt, indem sie uns Extremereignisse, Covid-19, die globale Erwärmung und die Ausbreitung von Viren und Bakterien schickt.

Alles deutet darauf hin, dass wir, wenn wir der Dynamik des Kapitals unter Einsatz aller virtuellen Mittel, insbesondere der KI, folgen, ökologische und soziale Katastrophen erleben werden, von denen eine gravierender ist als die andere.

Kurz bevor er am 5. Juni 2017 in Quito starb, schrieb François Houtart, ein lieber Freund und bekannter belgischer Soziologe, der Lateinamerika sehr gut kannte, einen inspirierenden Artikel, aus dem wir einige Punkte entnommen haben, weil sie sehr aktuell sind. Der Titel lautete: „Der Inhalt der antisystemischen Kämpfe“. Für ihn war es klar, dass der Kampf nicht nur gegen den Neoliberalismus, sondern gegen das System des Kapitals gerichtet ist. Dieser hervorragende Marxist und katholische Theologe hat uns ein umfangreiches Werk hinterlassen, das es verdient, wiederbelebt zu werden.

Erstens ist es dringend erforderlich, den Kapitalismus als das eigentliche Krebsgeschwür der Erde zu delegitimieren, der durch radikalen Wettbewerb, Bereicherung, Ausbeutung der Natur und Ausbeutung der Arbeitermacht alles verschlingt, was er kriegen kann. Das bedeutet, in Houtarts Worten, den Kampf gegen die neuen Grenzen der Akkumulation: die Umwandlung der bäuerlichen Landwirtschaft in eine kapitalistische, produktivistische Landwirtschaft, die Privatisierung öffentlicher Dienstleistungen und die Profitgier aus Naturkatastrophen oder politischen Katastrophen. Diese Delegitimierung muss ökonomischer, nicht ethischer Natur sein.

Zweitens: Die Schritte zu antisystemischen Kämpfen schmieden

Der erste Schritt besteht darin, das Bewusstsein für die menschliche und ökologische Perversität des kapitalistischen Systems zu fördern. Diese geht über wirtschaftliche und politische Herrschaft hinaus; sie beeinflusst die Kultur und dringt bis in die tiefsten Mentalitäten vor. Ziel ist nicht, kritische Bürger heranzubilden, sondern sie zu bloßen Konsumenten und passiven Zuschauern der Geschichte zu machen.

Der Schlüssel liegt darin, alle Volksbewegungen und einige progressive politische Gruppen zusammenzubringen. Sie alle haben denselben Gegner, betont Houtart: das globalisierte Kapital, insbesondere das spekulative Kapital (das den Großteil des Kapitals ausmacht), das nichts anderes als mehr Geld produziert. Jede Gruppe bewahrt ihre Identität, organisiert und vereint sich aber gegen den gemeinsamen Gegner. Es ist wichtig, sich mit antisystemischen Bewegungen im politischen Feld zusammenzuschließen. Der Kampf muss lokal, regional und national geführt werden, wie die globalen Sozialforen bekräftigt haben. Denken Sie innerhalb der Gruppe an ein alternatives, ökodemokratisches, volksnahes und inklusives Projekt für alle und beginnen Sie, es in Gruppen zu leben, wie es bereits vielerorts geschieht. Es ist ein Samenkorn. Aber es ist ein fruchtbarer Samen für eine neue Gesellschaft.

Drittens: Die Achsen eines Postkapitalismus oder eines Ökosozialismus des 21. Jahrhunderts

Es geht nicht darum, eine Doktrin von oben aufzuzwingen oder eine einzige Alternative zu diskutieren. Es geht darum, Erfahrungen zu sammeln, Theorie und Praxis in einem gemeinsamen Bemühen um eine praktische Utopie in Einklang zu bringen und dabei minimale Utopien und kleine Schritte wertzuschätzen, denn die Menschen sterben und leiden nicht morgen, sondern heute.

Die vier Achsen des antisystemischen und emanzipatorischen Projekts:

Die erste ist die nachhaltige Nutzung von Naturgütern und -dienstleistungen, die keine Ausbeutung, sondern eine Symbiose mit der Natur erfordert.

Die zweite besteht darin, dem Gebrauchswert den Vorrang vor dem Tauschwert zu geben. Der Kapitalismus hat alles zum Tauschobjekt gemacht, um Profit zu machen.

Die dritte Achse besteht darin, eine umfassende Demokratie in allen Bereichen jenseits des Politischen zu etablieren, verstanden als demokratischer Ökosozialismus. Die Macht ist nicht zentralisiert, sondern partizipativ und zirkulär.

Vierte Achse: Aufbau des Multikulturalismus, d. h., innerhalb des Gemeinsamen Hauses tragen alle Philosophien, Religionen und kulturellen Werte zur Schaffung einer neuen Gesellschaft des guten Lebens und des Zusammenlebens bei. Die Kultur des Kapitalismus mit seinem Modell des unbegrenzten Wachstums trägt bei diesem Aufbau überhaupt nicht dazu bei.

Alles, was wir schreiben, ist von grundlegender Bedeutung. Doch es hat die Kraft eines Samens, der Wurzeln, Stamm, Blätter, Blüten und Früchte in sich trägt – kurz gesagt, die mögliche Zukunft. Wir müssen die Hoffnung Paulo Freires leben und uns an das Oratorium erinnern, das ein Israeli anlässlich der Ermordung von Bischof Arnulfo Romero komponierte: „Die Hoffnung lässt sich nicht töten.

     Übersetzt von Bettina Goldhartnack

Leonardo Boff

01.07.2025

Die Dringlichkeit eines gobalen Sozialpakts

Leonardo Boff

Es gibt zu viel Unbewusstheit und tiefgreifende Verleugnung auf der Welt, so schwerwiegend, dass es uns auf diesem Planeten das Leben kosten könnte. Tatsache ist, dass wir uns in einer neuen Phase für die Erde und die Menschheit befinden: der Phase der Entstehung des Gemeinsamen Hauses. Covid-19 hat uns eine Lektion erteilt, die wir noch nicht gelernt haben: Es hat die Grenzen und die Souveränität der Nationen nicht respektiert. Es hat gezeigt, dass es nur ein Gemeinsames Haus gibt und dass dieses vollständig betroffen sein kann. Aber wir haben daraus keine Lehren gezogen. Der große italienische Politiktheoretiker Antonio Gramsci hat es treffend ausgedrückt: Die Geschichte lehrt uns Lektionen, aber sie hat fast keine Schüler. Nur sehr wenige haben diese Schule besucht, und die Nachlässigsten waren und sind die Mächtigen dieser Welt, die mehr an ihre Wirtschaft denken als an die Rettung von Menschenleben und der Natur.

Wir stammen aus einer längst vergangenen und überholten Zeit, der Zeit des Westfälischen Friedens von 1648, der die Souveränität der Staaten begründete. Seitdem haben sich Erde und Menschheit erheblich verändert. Über alle Kontinente verstreute Völker kehren aus ihrem alten Exil zurück und schaffen ein gemeinsames Zuhause, in das jeder (mit seinen jeweiligen kulturellen Welten) passt. Ein Großteil der gegenwärtigen Spannungen und Kriege spielt sich innerhalb dieses überholten Rahmens nationaler Souveränität ab. Wir sind noch nicht in die neue Ära der Vereinigung der Welt und der Menschheit mit der Natur erwacht, nicht einmal zu unserer eigenen Rettung.

Es ist dringend notwendig, einen globalen Gesellschaftspakt zu schließen, wie wir ihn in unseren Gesellschaften und in Westfalen geschlossen haben: einen Pakt zum Schutz des Lebens und der Biosphäre, die durch die verrückt gewordene Vernunft, die die Instrumente ihrer Selbstzerstörung geschaffen hat, extrem bedroht sind. Ein pluralistisches, demokratisches Zentrum, das die Völker der Erde repräsentiert, ist unerlässlich, um die planetarischen und natürlichen Probleme zu bewältigen und auf demokratische Weise eine Lösung für uns und die Natur zu finden.

Die Erde und die Menschheit sind Teil eines riesigen, sich entwickelnden Universums und teilen ein gemeinsames Schicksal. Erde und Menschheit bilden eine einzige, komplexe und heilige Einheit, was beim Blick aus dem Weltraum, wie ihn Astronauten beobachten, deutlich wird. Darüber hinaus ist die Erde lebendig und verhält sich wie ein einheitliches, sich selbst regulierendes System, das aus physikalischen, chemischen, biologischen und menschlichen Komponenten besteht. Dadurch ist sie für die Entstehung und Reproduktion von Leben geeignet und deshalb unsere Große Mutter und unser gemeinsames Zuhause.

Die Wissenschaft hat uns gezeigt, dass Mutter Erde aus einer Reihe von Ökosystemen besteht, die eine beeindruckende Vielfalt an Lebensformen hervorgebracht haben. Diese sind alle voneinander abhängig und ergänzen sich gegenseitig und bilden die große Lebensgemeinschaft. Zwischen allen Lebewesen besteht ein Band der Verwandtschaft, da sie alle denselben grundlegenden genetischen Code in sich tragen, der die komplexe Einheit des Lebens in seinen vielfältigen Formen untermauert. Daher besteht eine wahre Geschwisterlichkeit unter allen Wesen, insbesondere unter den Menschen. Papst Franziskus hat dies in seiner Enzyklika Fratelli tutti (2025) so schön beschrieben, indem er alle Menschen, Natur und Mensch, als Brüder und Schwestern betrachtet. Die Menschheit als Ganzes ist Teil der Lebensgemeinschaft und des Bewusstseins und der Intelligenz der Erde selbst. Dies ermöglicht es ihr, das Universum durch Menschen – Männer und Frauen – zu betrachten und die Erde selbst zu sein, die spricht, denkt, fühlt, liebt, sorgt und verehrt.

Es ist jedoch wichtig festzustellen, dass der gegenwärtige Gesellschaftsvertrag eine überhöhte und exklusive Rolle eingenommen hat. Er hat den Anthropozentrismus gefördert, den Papst Franziskus in seiner Enzyklika Laudato si‘ angeprangert hat. Er hat Strategien der Aneignung und Beherrschung von Natur und Mutter Erde etabliert, die immensen Reichtum für wenige und demütigende Armut für die Mehrheit geschaffen haben. Die in den letzten Jahrhunderten vorherrschende, heute globalisierte Produktionsweise hat die Menschheit in diejenigen gespalten, die haben und essen, und diejenigen, die nicht haben und nicht essen. Mit anderen Worten: Sie hat die lebenswichtigen Bedürfnisse der Menschen nicht erfüllt und die Menschheit in zwei Hälften gespalten. Dies ist ein weiterer Grund für einen globalen Gesellschaftsvertrag, der alle einschließt und ihnen ein menschenwürdiges Leben voller kreativer Möglichkeiten ermöglicht.

Das Bewusstsein für den Ernst der Lage der Erde und der Menschheit macht es unabdingbar, die Denkweise (Sorge für die Erde als Gaia) und die Herzen (Aufbau einer liebevollen und herzlichen Bindung zu allen Lebewesen) zu ändern und eine Koalition der Kräfte um gemeinsame Werte und inspirierende Prinzipien zu schmieden, die als ethische Grundlage und Anreiz für Praktiken dienen, die eine nachhaltige Lebensweise anstreben. Die Erd-Charta, koordiniert von M. Gorbatschow und einer Gruppe von etwa 20 Personen unterschiedlicher Herkunft (ich hatte die Ehre, daran teilzunehmen), hat über Jahre hinweg alle sozialen Schichten befragt, um solche Prinzipien und Werte zu identifizieren. Das Ergebnis ist ein Dokument von großer Schönheit und Tiefe, das im Internet gelesen werden kann. Es wurde 2003 von der UNESCO angenommen und schlägt neben anderen pädagogischen Zwecken vor, die Grundlagen für einen globalen Gesellschaftsvertrag zu schaffen. Heute wird es in vielen Ländern verbreitet und studiert und schafft einen neuen Geist in Bezug auf die Erde und das Leben. Der Tag wird kommen, an dem es die Grundlage für das sein könnte, was wir dringend anstreben: einen globalen Gesellschaftsvertrag, der allen ein gutes Leben und ein Zusammenleben im gemeinsamen Haus garantiert.

Siehe: https://erdcharta.de/ sowie O Bem Comum da Terra e da Humanidade, erarbeitet von Miguel d’Escoto Brockman, während seiner Amtszeit als Präsident der UN-Generalversammlung 2008-2009 und Leonardo Boff em: https://mst.org.br als Grundlage für eine neue UN-Konfiguration.

Las luchas antisistémicas y sus distintos pasos

Leonardo Boff*

Hay quienes afirman que es más probable la llegada del fin del mundo que el fin del capitalismo. Esta afirmación, por irónica que sea, revela el genio del capitalismo. Él se instaló desde Occidente y se impuso a todo el mundo, hasta a la misma China. Su objetivo es la acumulación ilimitada suponiendo falsamente que los recursos de la Tierra son también ilimitados. Nada más engañoso y mentiroso, como lo denuncia la encíclica Laudato Sì (n.106), pues la ciencia ha demostrado la Sobrecarga (Overshoot) de la Tierra, cuyos bienes y servicios no renovables y fundamentales para el mantenimiento de la vida se están agotando. Para atender la voracidad desmedida de los países opulentos necesitamos anualmente 1,7 Tierras. No sabemos hasta cuando la Tierra soportará este saqueo sistemático, pero ya nos ha dado señales de que está llegando a su límite, enviándonos eventos extremos, la Covid-19, el calentamiento global y una

 profusión de virus y bacterias.

Lo dramático es que no tenemos a la vista un proyecto de habitación de la Tierra a la vista que pueda ser una alternativa salvadora. Todo indica que de seguir la dinámica del capital con la utilización de todos los medios virtuales, especiamente la IA, conoceremos desastres ecológico-sociales, cada uno más grave que el anterior.

Un poco antes de morir el 5 de junio de 2017 en Quito, François Houtart, entrañable amigo y conocido sociólogo belga, conocedor profundo de América Latina, dejó escrito un artículo inspirador del cual tomamos algunos puntos, que son muy actuales. El título era: “El contenido de las luchas antisistémicas”. Para él estaba claro que la lucha no es solo contra el neoliberalismo sino contra el sistema del capital. Fino marxista y teólogo católico nos legó una vasta obra que merece ser rescatada.

En primer lugar urge deslegitimar el capitalismo señalándolo como el verdadero cáncer de la Tierra que consume todo lo que puede, a través de la competición radical con vistas al enriquecimiento, el saqueo de la naturaleza y la explotación de la fuerza de los trabajadores. Eso significa, en palabras de Houtart, luchar contra las nuevas fronteras de la acumulación: la transformacion de la agricultura campesina en una agricultura productivista capitalista; la privatización de los servicios públicos; lucrarse con las catástrofes naturales o políticas. Esta deslegitimación debe ser antes económica que ética.

En segundo lugar forjar los pasos de las luchas antisistémicas

El primer paso es formar la conciencia de la perversidad humana y ecológica del sistema del capital, que va más allá de la dominación económica y política; influye en la cultura y penetra en lo más profundo de las mentalidades. No le interesa gestar ciudadanos críticos sino simples consumidores y espectadores pasivos de la historia.

Lo fundamental es la articulación de todos los movimientos populares y parte de los grupos políticos progresistas. Todos tienen el mismo adversario, enfatiza Houtart: el capital globalizado especialmente el especulativo (que es la mayor parte del capital) que no produce nada a no ser más dinero. Cada grupo mantiene su identidad pero se articula y une contra el adversario común. Para sumar fuerzas es importante articularse con movimientos antisistémicos del campo político. La lucha debe darse en lo local, en la región, y a nivel nacional tal como ha sido consolidada por los foros sociales mundiales. Dentro del grupo pensar un proyecto de sociedad alternativo, ecodemocrático, popular, que incluya a todos y comenzar a vivirlo en los grupos, como ya se hace en tantos lugares. Es solo una semilla, pero es una semilla fecunda de una nueva sociedad.

En tercer lugar los ejes de un postcapitalismo o de un ecosocialismo del siglo XXI.

No se trata de imponer una doctrina desde arriba, ni de hablar de una sola alternativa. Se trata de recoger lo vivido, reconciliar teoría y práctica en un esfuerzo colectivo en busca de una utopía práctica, dando valor a las utopías mínimas, las de los pequeños pasos, porque el pueblo no muere ni sufre mañana, sino hoy.

Los cuatro ejes del proyecto antisistémico y emancipatorio:

El primero, la utilización sostenible de los bienes y servicios naturales que exige no la explotación sino la simbiosis con la naturaleza.

El segundo, privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio. El capitalismo hace de todo un objeto de cambio para obtener ganancia.

El tercer eje consiste en establecer una democracia generalizada en todos los ámbitos además del político, que se entiende como un ecosocialismo democrático. El poder no es centralizado sino participativo y circular.

Cuarto eje, construir la multiculturalidad, es decir dentro de la Casa Común todas las filosofías, religiones y valores culturales contribuyen a crear la nueva sociedad del buen vivir y convivir. La cultura del capitalismo con su modelo de crecimiento ilimitado no ayuda en nada a esta construcción.

Todo esto que escribimos es seminal, pero tiene la potencia de la semilla que guarda dentro de sí las raíces, el tronco, hojas, las flores y los frutos, en una palabra, el futuro posible. Hay que vivir el esperanzar de Paulo Freire y recordar la reflexión de un israelí con motivo del asesinato de Monseñor Romero: “la esperanza no se mata”.