Uma série sobre os seis ecossistemas do Brasil

É urgente protegermos nossos ecossistemas do Brasil. Para isso precisamos conhece-los. Um grupo de profissionais fez uma série para a TV Futura sob o título TEMPO DA TERRA percorrendo os 6 principais ecossitemas e privilegiando a agroecologia e a visão que o povo tem de sua própria região. As imagens são belíssimas. Eu acompanhei fazendo comentários de natureza ecológica.

Abaixo vai a referência. Podem entrar no Google e procurar por TEMPO DA TERRA e encontrarão a séria toda. Vale a pena, pois tivemos também a preocupação pedagógica, pois o material pode servir de conheicimento e de discussão em grupos na base. Lboff

<http://www.futuraplay.org/serie/tempo-da-terra&gt;

 

 

Después del ascenso de la extrema derecha, ¿qué vendrá?

Hagamos algunas constataciones: se ha consolidado la aldea global; ocupamos prácticamente todo el espacio terrestre y explotamos el capital natural hasta los confines de la materia y de la vida con la automatización, robotización e inteligencia artificial. Verificamos un ascenso atemorizador de la extrema derecha, bien expresada por el ultraneoliberalismo radical y por el fundamentalismo político y religioso. Estamos inmersos en una angustiosa crisis civilizatoria que adquiere cuerpo en las distintas crisis (climática, alimentaria, energética, económico-financiera, ética y espiritual). Inauguramos, según algunos, una nueva era geológica, el antropoceno, en la cual el ser humano aparece como el Satán de la Tierra. En contraposición, está surgiendo otra era geológica, el ecoceno, en la cual la vida y no el crecimiento ilimitado tiene centralidad.

La pregunta que se plantea ahora es: ¿Qué vendrá después del conservadurismo atroz de la derecha? ¿Será más de lo mismo? Eso es muy peligroso, pues podemos ir al encuentro de un Armagedón ecológico-social que ponga en peligro el futuro común de la Tierra y de la Humanidad. Tal tragedia puede ocurrir en cualquier momento si la Inteligencia Artificial Autónoma, por medio de algoritmos locos, desencadena una guerra letal sin que los seres humanos se den cuenta y puedan impedirla.

¿Estamos sin salida, rumbo a un destino sin retorno? Al límite, cuando nos demos cuenta de que podemos desaparecer tendremos que cambiar. Quien sabe, la salida posible será pasar del capital material al capital humano-espiritual. El primero tiene límites y se exaure. El último es infinito e inagotable. No hay límites para aquello cuyos contenidos son: la solidaridad, la cooperación, el amor, la compasión, el cuidado, el espíritu humanitario, valores en si infinitos, pues su realización puede crecer sin cesar. Lo espiritual ha sido escasamente vivenciado por nosotros, pero el miedo a desaparecer y dada la acumulación inmensa de energías positivas, puede irrumpir como la gran alternativa que nos podrá salvar.

La centralidad del capital espiritual reside en la vida en toda su diversidad, en la conectividad de todos con todos, por eso las relaciones son inclusivas, en el amor incondicional, en la compasión, en el cuidado de nuestra Casa Común y en la apertura a la Trascendencia.

No significa que tengamos que excluir la razón instrumental y su expresión en la tecnociencia. Sin ellas no atenderíamos las demandas humanas, pero no tendrían la exclusiva centralidad ni serían ya destructivas. En estas, la razón instrumental-analítica constituía su motor, en el capital espiritual, la razón cordial y sensible. A partir de ella se organizarían la vida social y la producción. En la razón cordial se hospeda el mundo de los valores; de ella se alimentan la vida espiritual, la ética y los grandes sueños y produce las obras del espíritu, mencionadas antes.

Imaginemos el escenario siguiente: si en el tiempo de la desaparición de los dinosaurios, hace cerca de 67 millones de años, hubiese habido un observador hipotético que se preguntase: ¿qué vendrá después de ellos? Probablemente diría: la aparición de especies de dinos aún mayores y más voraces. Se estaría equivocando. Ni siquiera imaginaría que de un pequeño mamífero, nuestro antepasado, que viviría en la copa de los árboles más altos, se alimentaría de flores y de brotes y temblaría de miedo de ser devorado por algún dinosaurio más alto, iba a irrumpir miles de años después, algo absolutamente impensado: un ser de conciencia y de inteligencia – el ser humano – totalmente diferente de los dinosaurios. No fue más de lo mismo. Fue un salto cualitativo nuevo.

De modo semejante creemos que ahora podrá surgir un nuevo estado de conciencia, imbuido del inagotable capital espiritual. Ahora es el mundo de ser más que el de tener, de la cooperación más que de la competición, del bien-vivir-y-convivir más que de vivir bien.

El próximo paso, entonces, sería descubrir lo que está oculto en nosotros: el capital espiritual. Bajo su regencia, podremos comenzar a organizar la sociedad, la producción y lo cotidiano. Entonces la economía estaría al servicio de la vida y la vida penetrada por los valores de la autorrealización, de la amorización y de la alegría de vivir.

Pero esto no ocurre automáticamente. Podemos acoger el capital espiritual o también rechazarlo. Pero, incluso rechazado, se ofrece como una posibilidad siempre presente a ser abrigada. Lo espiritual no se identifica con ninguna religión. Es algo anterior, antropológico, que emerge de las virtualidades de nuestra profundidad arquetípica. Pero la religión puede alimentarlo y fortalecerlo, pues se originó de él.

Estimo que la actual crisis nos abrirá la posibilidad de dar un centro axial al capital espiritual. Dicen que Buda, Jesús, Francisco de Asís, Gandhi, hermana Dulce y tantos otros maestros, lo habrían anticipado históricamente.

Ellos son los alimentadores de nuestro principio-esperanza de salir de la crisis global que nos asola. Seremos más humanos, integrando nuestras sombras, reconciliados con nosotros mismos, con la MadreTierra y con la Última Realidad.

Entonces seremos más plenamente nosotros mismos, entrelazados por redes de relaciones tiernas y fraternas con todos los seres y entre todos nosotros co-iguales.

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y ha escrito Saudade de Dios – la fuerza de los pequeños, Vozes 2019.

Traducción de María José Gavito Milano

 

 

Kurzer Bericht über die “Zerstörung der Indianer” in Brasilien

Wenn ich über die vergangene PanAmazon-Synode im Oktober 2019 nachdenke, erinnert mich das daran, was Bartolomé de las Casas als “Die Zerstörung der Indianer” bezeichnete, als er über Mittelamerika berichtete.

Die erste Begegnung am 21. April 1500, idyllisch erzählt vom Chronisten Pero Vaz de Caminha, verwandelte sich bald in eine tiefe Enttäuschung: Aufgrund der Gier der Kolonisatoren gab es keine Gegenseitigkeit zwischen den Portugiesen und den Indigenen. Vielmehr war es eine Konfrontation, ungleich und gewalttätig, mit katastrophalen Folgen für die Zukunft aller Indigenen Nationen.

Wie auf dem gesamten lateinamerikanischen Kontinent wurde den Indigenen der Status als Menschen entzogen. Sogar 1704 schrieb die Aguiras-Kammer in Ceara, Brasilien, in einem Brief an den König von Portugal, dass “es keine Notwendigkeit für Missionen mit diesen Barbaren gibt, weil sie nur die Form von Menschen haben, und wer etwas anderes sagt, liegt eindeutig falsch.” Zuvor hatte Papst Paul III. eingreifen müssen, und mit der päpstlichen Bulle „Sublimis Deus“ vom 9. Juli 1537 proklamierte er die absolute Würde der indigenen Völker als wahre Menschen, freie Völker und Besitzer ihres Landes.

Aufgrund der Krankheiten der weißen Invasoren, gegen die die Indigenen keine Immunität hatten (Grippe, Windpocken, Masern, Malaria und Syphilis); aufgrund des Kreuzes und Schwerts; der Degradierung ihrer Ländereien, was Jagd und Landwirtschaft unmöglich machte; wegen der Sklaverei; der Kriege, die Don Joo VI. im Mai 1808 offiziell gegen die Krenak im Rio Dulce-Tal ausgerufen hatte; der systematischen Demütigung und Verleugnung ihrer Identität… wurden die fünf Millionen Indigenen auf die derzeitigen 930.000 reduziert. Die faktische Ausrottung der indigenen Völker für politische Zwecke wurde entweder durch erzwungene Akkulturation, spontane und geplante frauenfeindliche Praktiken oder schlicht und einfach durch Völkermord erreicht, ähnlich wie es Brasiliens Generalgouverneur Mendes Sé mit dem Tupiniquim von Iheus tat: “Die Leichen wurden entlang der Strände platziert, in einer Reihe eine Meile (span. Meile = 5,57 km) entlang.” In jüngster Zeit, als die großen Autobahnen und die Wasserkraft-Staudämme im Amazonasgebiet eröffnet wurden, wurden chemische Entlaubungsmittel, Hubschrauberangriffe und Low-Level-Flüge von Flugzeugen gegen die indigenen Bevölkerungen eingesetzt, einschließlich absichtlich eingeführter Bakterien.

Wir brauchen nur ein paradigmatisches Beispiel zu zitieren, das die Logik der “Zerstörung der brasilianischen Indianer” widerspiegelt. Zu Beginn des zwanzigsten Jahrhunderts, als Dominikanerbrüder eine Mission am Ufer des Flusses Araguaia gründeten, befanden sich 6.000 bis 8.000 Kaiapo im Krieg mit den Sammlern von Naturkautschuk in der Region. Im Jahr 1918 zählte man nur noch 500. 1927 waren es 27, 1958 gab es nur noch einen Kaiapo. 1962 wurden die Kaiapo in der gesamten Region für ausgestorben erklärt.

Mit der Vernichtung von mehr als tausend Nationen in 500 Jahren brasilianischer Geschichte verschwand ein menschliches Erbe, entstanden in Tausenden von Jahren kultureller Arbeit, Dialog mit der Natur, Entwicklung von Sprachen und Aufbau einer Weltvision, die dem Leben freundlich und der Natur respektierend gegenüberstand, für immer. Ohne sie sind wir alle ärmer.

Der Alptraum einer Eingeborenen, Terena, erzählt von einem, der die Seelen der Brasilianer und der Indigenen gut kennt, zeigt die Auswirkungen dieser demografischen Verwüstung auf Menschen und Nationen: “Ich ging auf den alten Guarani-Friedhof im Reservat und sah ein großes Kreuz. Einige weiße Männer kamen und nagelten mich mit dem Gesicht nach unten an dieses Kreuz. Sie gingen und ich lag da, verzweifelt, ans Kreuz genagelt. Plötzlich erwachte ich, voller Angst” (Roberto Gambini, The Indigenous Mirror, (El espejo indio, Rio de Janeiro 1980, S. 9).

Diese Angst, hervorgerufen durch die ständigen Aggressionen des barbarischen Weißen (der sich arrogant als zivilisiert bezeichnet) verwandelte sich bei der indigenen Bevölkerungen in Todesangst verwandelt, für immer vom Antlitz der Erde ausgerottet zu werden.

Dank der indigenen Organisationen und der neuen protektionistischen Staatsgesetze, der Unterstützung durch die Zivilgesellschaft und die Kirchen und dank des internationalen Drucks erstarken die indigenen Nationen und nehmen zahlenmäßig wieder zu. Ihre Organisationen offenbaren das hohe Maß an Bewusstsein und Ausdrucksmöglichkeit, das sie erreicht haben. Sie erleben sich als erwachsene Bürger, die am Schicksal der nationalen Gemeinschaft teilhaben wollen, ohne auf ihre Identität zu verzichten, und die mit anderen historischen Persönlichkeiten zusammenarbeiten und dabei ihren kulturellen, ethischen und spirituellen Reichtum teilen möchten.

Dennoch ist die Form des brasilianischen Staates, insbesondere unter der Regierung Bolsonaro, äußerst beleidigend für ihre Würde. Sie bedroht und misshandelt sie durch ihre indigene Politik, als wären sie primitiv und kindisch.

Tatsächlich haben die Ureinwohner eine Integrität, die wir Westler verloren haben, da wir Geiseln eines Zivilisationsparadigmas sind, das spaltet, zerstreut und gegeneinander ausspielt, um vollständig zu dominieren. Die Indigenen sind die Hüter der heiligen und komplexen Einheit des Menschen mit anderen, eingetaucht in die Natur, zu der wir alle gehören und deren Teil wir sind. Sie bewahren das glückliche Bewusstsein unserer Zugehörigkeit zum Ganzen und das ewige Bündnis zwischen Himmel und Erde, den Ursprung aller Dinge.

Als ich im Oktober 1999 in Umeo, die Samis, die indigenen Norweger, traf, stellten sie vor unserem Gespräch zuerst eine Frage:

– Halten die brasilianischen Indigenen die Ehe von Himmel und Erde ein?

Ich verstand die Frage sofort und antwortete entschieden:

– Aber natürlich halten sie an dieser Ehe fest, denn aus der Ehe zwischen Himmel und Erde sind alle Dinge geboren.

Erfreut antworteten sie:

– “Dann sind sie immer noch so wahrhaftig Indigene wie wir. Sie sind nicht wie unsere Brüder und Schwester aus Stockholm, die den Himmel vergessen haben und nur bei der Erde geblieben sind. Deshalb sind sie unglücklich und so viele begehen Selbstmord. Wenn wir die Einheit von Himmel und Erde, von Geist und Materie, dem Großen Geist und dem menschlichen Geist bewahren, werden wir die Menschheit und unsere Große Mutter Erde retten.”

Das ist sicherlich die große Mission der Urvölker und die enorme Herausforderung, uns dabei zu helfen, unsere Pacha Mama, unsere Mutter Erde, zu retten, die uns alle hervorbringt und unterstützt und ohne die nichts in dieser Welt möglich ist.

Wir müssen auf ihre Botschaft hören und uns ihrer Verpflichtung anschließen, um wie sie Zeugen der Schönheit, des Reichtums und der Vitalität von Mutter Erde zu sein.

Leonardo Boff  Ökologe -Theologe – Philosoph und von der Erdcharta Kommission

 

 

 

 

Depois do ascenso da extrema direita o que virá?

Façamos algumas constatações: consolidou-se a aldeia global; ocupamos praticamente todo o espaço terrestre e exploramos o capital natural até os confins da matéria e da vida com a automação, robotização e inteligência artificial. Verificamos um ascenso atemorizador da extrema direita, bem expressa pelo ultra neoliberalismo radical e pelo fundamentalismo político e religioso. Estamos imersos numa angustiante crise civilizatória que ganha corpo nas várias crises (climática, alimentaria, energética, econômico-financeira, ética e espiritual). Inauguramos, segundo alguns, uma nova era geológica, o antropoceno, na qual o ser humano comparece como o Satã da Terra. Em contraposição, está surgindo uma outra era geológica, o ecoceno na qual a vida e não o crescimento ilimitado possui centralidade.

A pergunta que se coloca agora é: o que virá após o conservadorismo atroz da direita? Será mais do mesmo? Mas isso é muito muito perigoso, pois podemos ir ao encontro de um armargedom ecológico-social pondo em risco o futuro comum da Terra e da Humanidade. Tal tragédia pode ocorrer a qualquer momento se a Inteligência Artificial Autônoma, por algoritmos ensandecidos, deslanchar uma guerra letal, sem que os seres humanos se deem conta e possam previamente impedi-la.

Estamos sem saída, rumando para um destino sem retorno? No limite, quando nos dermos conta de que poderemos desaparecer aí temos que mudar: quem sabe, a saída possível será passar do capital material para o capital humano-espiritual. Aquele tem limites e se exaure. Este último é infinito e inexaurível. Não há limites para aquilo que são seus os conteúdos: a solidariedade, a cooperação, o amor, a compaixão, o cuidado, o espírito humanitário, valores em si infinitos, pois sua realização pode crescer sem cessar. O espiritual foi parcamente vivenciado por nós. Mas o medo de desaparecer e dada a acumulação imensa de energias positivas, ele pode irromper como a grande alternativa que nos poderá salvar.

A centralidade do capital espiritual reside na vida em toda a sua diversidade, na conectitividade de todos com todos e, por isso, as relações são inclusivas, no amor incondicional, na compaixão, no cuidado de nossa Casa Comum e na abertura à Transcendência.

Não significa que tenhamos que dispensar a razão instrumental e sua expressão na tecnociência. Sem elas não atenderíamos as complexas demandas humanas. Mas elas não teriam a exclusiva centralidade nem seriam mais destrutiva. Nestas, a razão instrumental-analítica constituía seu motor, no capital espiritual, a razão cordial e sensível. A partir dela organizar-se-iam a vida social e a produção. Na razão cordial se hospeda o mundo dos valores; dela se alimentam a vida espiritual a ética e os grandes sonhos e produz as obras do espírito, acima referidas.

Imaginemos o seguinte cenário: se no tempo do desaparecimento dos dinossauros, há cerca de 67 milhões de anos, houvesse um observador hipotético que se perguntasse: o que virá depois deles? Provavelmente diria: o aparecimento de espécies de dinos ainda maiores e mais vorazes. Ele estaria enganado. Sequer imaginaria que de um pequeno mamífero,nosso ancestral, vivendo na copa das árvores mais altas, alimentando-se de flores e de brotos e tremendo de medo de ser devorado por algum dinossauro mais alto, iria irromper, milhões de anos depois, algo absolutamente impensado: um ser de consciência e de inteligência – o ser humano – totalmente diferente dos dinossauros. Não foi mais do mesmo. Foi um salto qualitativo novo.

Semelhantemente cremos que agora poderá surgir um novo estado de consciência, imbuído do inexaurível capital espiritual. Agora é o mundo do ser mais que do ter, da cooperação  mais do que da competição, do bem-viver-e-conviver mais do que do viver bem.

O próximo passo, então, seria descobrir o que está oculto em nós: o capital espiritual. Sob sua regência, poderemos começar a organizar a sociedade, a produção e o cotidiano. Então a economia estaria a serviço da vida e a vida penetrada pelos valores da auto-realização, da amorização e da alegria de viver.

Mas isso não ocorre automaticamente. Podemos acolher o capital espiritual ou também recusá-lo. Mas mesmo recusado, ele se oferece como uma possibilidade sempre presente a ser abrigada. O espiritual não se identifica com nenhuma religião. Ele é algo anterior, antropológico, que emerge das virtualidades de nossa profundidade  arquetípica.Mas a religião pode alimentá-lo e fortalecê-lo, pois se originou dele.

Estimo que a atual crise nos abra a possibilidade de dar um centro axial ao capital espiritual. Dizem por aí que Buda, Jesus, Francisco de Assis, Gandhi, irmã Dulce e tantos outros mestres, o teriam antecipado historicamente.

Eles são os alimentadores de nosso princípio-esperança, de sairmos da crise global que nos assola. Seremos mais humanos, integrando nossas sombras, reconciliados conosco mesmos, com a Mãe Terra e com a Última Realidade.

Então seremos mais plenamente nós mesmos, entrelaçados por redes de relações ternas e fraternas com todos os seres e entre todos nós, co-iguais.

Leonardo Boff é ecoteólogo, filósofo e escreveu: Saudade de Deus – a força dos pequenos, Vozes 2019.