En los días actuales, gran parte de la economía está regida por el capital financiero, es decir por aquellos papeles y derivados que circulan en el mercado de capitales y que se negocian en las bolsas de todo el mundo. Se trata de un capital virtual que no está en el proceso productivo, éste es el que genera aquello que puede ser consumido. En el financiero reina la especulación, dinero haciendo dinero sin pasar por la producción. Hay un inmenso descompás entre el capital real y el financiero. Nadie sabe exactamente las cifras, pero se calcula que el capital financiero suma 600 billones de dólares mientras que el capital productivo de todos los países suma 63 billones. Lógicamente, llega un momento en el que invirtiendo la frase de Marx en el Manifiesto «todo lo que no es sólido se desvanece en el aire».
Fue lo que se cumplió en 2007/2008 con el estallido de la burbuja financiera ligada a los inmuebles en Estados Unidos, que representaba tal volumen de deudas que ningún capital real a través del sistema bancario podía saldar. Había el riesgo de una quiebra en cadena de todo el sistema económico real. Si los estados no hubieran socorrido a los bancos, inyectándoles capital real de los contribuyentes, habríamos presenciado un derrumbe generalizado.
Esta crisis no ha sido superada, y probablemente no lo será mientras prevalezca el programa económico, creído por la mayoría de los economistas y por el sistema como un todo, según el cual las crisis económicas se resuelven por medio de mecanismos económicos. La herejía de esta creencia reside en la visión reduccionista de que la economía es todo, lo puede todo y de ella depende el bienestar de un país y de un pueblo. Pero sucede que los valores que sustentan una vida humana con sentido no pasan por la economía. Ésta solamente garantiza su infraestructura. Los valores resultan de otras fuentes y dimensiones. Si no fuera así, la felicidad y el amor se venderían en los en bancos.
Este es el trasfondo del libro Reinventando el capital/dinero de Rose María Muraro (Ideas y letras, 2012). Rose es una conocida escritora con más de de 35 libros escritos y una diligente editora con más de 1600 títulos publicados. Trabajamos juntos, en intenso diálogo, durante más de 20 años en la editorial Vozes. Dos temas ocupan siempre su agenda: la cuestión femenina y la cuestión de la cultura tecnológica. Fue ella quien inauguró oficialmente el discurso femenino en Brasil escribiendo un libro con un método innovador: La sexualidad de la mujer brasilera. Después, con su mirada perspicaz, denunció el poder destructivo y hasta suicida de la tecnociencia, especialmente en su libro ¿Queriendo ser Dios? Los avances tecnológicos y el futuro de la humanidad (Vozes 2009).
En este libro, Reinventando el capital/dinero, hace la historia del dinero desde la más remota antigüedad siguiendo un esquema esclarecedor: el gana/gana, el gana/pierde, el pierde/pierde, y la necesaria vuelta al gana/gana si queremos salvar nuestra civilización amenazada por la ganancia capitalista.
En la Prehistoria dominaba el gana/gana. Prevalecía el intercambio, o sea el trueque de productos. Reinaba una gran solidaridad entre todos. En la Época agraria apareció el dinero/moneda. Los dueños de la tierra producían más, vendían el excedente. El dinero ganado se prestaba con interés. Y con el interés entró el gana/pierde. Fue un bacilo que contaminó todas las transacciones económicas posteriores. En el Período industrial esta lógica se radicalizó pues el capital asumió la hegemonía y estableció los precios y los niveles de intereses compuestos. Como el capital está en pocas manos, creció el pierde/gana. Para que unos pocos ganen, muchos deben perder. Con la globalización, el capital ocupó todos los espacios. Y en su afán de ganar más todavía está devastando la naturaleza. Ahora prevalece el pierde/pierde, pues tanto el dueño del capital como la naturaleza resultan perjudicados. En nuestra Época de la información se ha creado la oportunidad de un gana/gana, pues la naturaleza de la información, especialmente la de Internet, es posibilitar que todos se relacionen con todos.
Debido al control del capital, el gana/gana no consigue imponerse, pero su fuerza interna inaugurará una nueva era, quién sabe si hasta con una moneda universal, sugerida por el economista brasileño Gerardo Nogueira de Araújo Filho, cuyo valor no incluirá sólo la economía sino valores como la educación, la igualdad social y de género, el respeto a la naturaleza y otros. Rose apuesta por esta lógica del gana/gana, la única que podrá salvar la naturaleza y a nuestra civilización.
Categoria: Política
Sostenibilidad: intento de definición holística
Hoy en día hay un conflicto entre las distintas maneras de entender la sostenibilidad. Es clásica la definición del Informe Brundland de la ONU (1987): Desarrollo sostenible es el que atiende las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para atender a sus necesidades y aspiraciones. Este concepto es correcto pero tiene dos limitaciones: es antropocéntrico (sólo considera al ser humano) y no dice nada sobre la comunidad de vida (otros seres vivos que también necesitan biosfera y sostenibilidad). Voy a tratar de hacer una formulación lo más integradora y holística posible:
Sostenibilidad es toda acción destinada a mantener las condiciones energéticas, informacionales, físico-químicas que sustentan a todos los seres, especialmente a la Tierra viva, a la comunidad de vida y a la vida humana, buscando su continuidad, y atender también las necesidades de la generación presente y de las generaciones futuras, de tal forma que el capital natural se mantenga y se enriquezca su capacidad de regeneración, reproducción y ecoevolución.
Expliquemos, rápidamente, los términos de esta visión holística:
Sustentar todas las condiciones necesarias para la generación de los seres: estos sólo existen a partir de la conjugación de las energías, de los elementos físico-químicos e informacionales que, combinados entre sí, dan origen a todo.
Sustentar a todos los seres: aquí se trata de superar radicalmente el antropocentrismo. Todos los seres emergen del proceso evolutivo y gozan de valor intrínseco, independientemente del uso humano.
Sustentar especialmente a la Tierra viva: la Tierra es más que una «cosa» (res extensa), sin inteligencia, o un mero medio de producción. Ella no contiene vida, sino que está viva, se autorregula, se regenera y evoluciona. Si no garantizamos la sostenibilidad de la Tierra viva, llamada Gaia, quitamos la base para todas las demás formas de sostenibilidad.
Sustentar también a la comunidad de vida: no existe el medio ambiente, como algo secundario y periférico. Nosotros no existimos: coexistimos y somos todos interdependientes. Todos los seres vivos son portadores del mismo alfabeto genético básico. Formamos la red de vida, incluyendo los microorganismos. Esta red crea la biomasa y la biodiversidad y es necesaria para la subsistencia de nuestra vida en este planeta.
Sustentar la vida humana: somos un eslabón singular de la red de vida, el ser más complejo de nuestro sistema solar y la punta avanzada del proceso evolutivo por nosotros conocido, pues somos portadores de conciencia, de sensibilidad y de inteligencia. Sentimos que estamos llamados a cuidar y guardar a la Madre Tierra, garantizar la continuidad de la civilización y vigilar también nuestra capacidad destructiva.
Sustentar la continuidad del proceso evolutivo: los seres son conservados y soportados por la Energía de Fondo o la Fuente Originaria de todo Ser. El universo posee un fin en sí mismo, por el simple hecho de existir, de continuar expandiéndose y autocreándose.
Sustentar la atención a las necesidades humanas: lo hacemos a través del uso racional y cuidadoso de los bienes y servicios que el cosmos y la Tierra nos ofrecen sin el cual sucumbiríamos.
Sustentar a nuestra generación y a aquellas que seguirán a la nuestra: la Tierra es suficiente para cada generación siempre que ésta establezca una relación de sinergia y de cooperación con ella y distribuya los bienes y servicios con equidad. El uso de esos bienes debe regirse por la solidaridad generacional. Las futuras generaciones tienen el derecho de heredar una Tierra y una naturaleza preservadas.
La sostenibilidad se mide por la capacidad de conservar el capital natural, permitir que se rehaga y que, incluso a través del genio humano, pueda ser enriquecido para las futuras generaciones. Este concepto ampliado e integrador de sostenibilidad debe servir de criterio para evaluar cuánto hemos progresado o no en el camino de la sostenibilidad y nos debe igualmente servir de inspiración o de idea-generadora para hacer realidad la sostenibilidad en los diferentes campos de la actividad humana. Sin esto, la sostenibilidad es pura retórica sin consecuencias.
Autor del libro Sustentabilidade: o que é e o que não é, que será publicado a finales de enero 2012 por la Editorial Vozes.
Sustainability: an attempt at defining it
There is a conflict these days among the different ways people understand sustainability. The definition of the 1987 Brundland Report of the UNO is classic: Sustainable development is one that attends the needs of present generations without endangering the capacity of future generations to attend to their needs and aspirations. This concept is correct, but it has two limitations: it is anthropocentric (it only considers human beings) and it says nothing about the community of life (other living beings that also need a biosphere and sustainability.) I will try to make a formulation that is as inclusive as possible:
Sustainability is every action destined to maintain the energy, information, and physical-chemical conditions that make all beings sustainable, especially the living Earth, the community of life and human life, seeking their continuity, and also to attend the needs of present and future generations in such a way that the natural capital is maintained and its capacity of regeneration, reproduction and eco-evolution is enriched.
Let’s rapidly explain the terms of this holistic vision:
To make sustainable all the conditions necessary for the creation of all beings: they exist starting with the combination of energies, of the physical-chemical and informative elements that, combined together, give origin to everything.
To make sustainable all beings: this is about completely overcoming anthropocentrism. All beings emerge from the process of evolution and enjoy an intrinsic value, independent of human use.
To especially make the living Earth sustainable: the Earth is much more than a «thing» (res extensa), lacking intelligence, or a mere means of production. She does not contain life; she is alive, she self-regulates, self-regenerates and evolves. If we do not guarantee the sustainability of the living Earth, called Gaia, we take away the basis of all other forms of sustainability.
To also make the community of life sustainable: the environment does not exist as something secondary and peripheral. We do not just exist: we coexist, and are all interdependent. All living beings are carriers of the same basic genetic alphabet. We form the net of life, microorganisms included. This net creates the biomass and the biodiversity that is necessary for the subsistence of our life on this planet.
To make human life sustainable: we are a singular link of the net of life, the most complex being in our solar system and a spearhead of the process of evolution as we know it, because we are carriers of consciousness, sensibility and intelligence. We feel that we are called upon to care for and to guard Mother Earth, to guarantee the continuity of civilization and also to be vigilant of our destructive capacity.
To make the continuity of the process of evolution sustainable: all beings are conserved and supported by the Basic Energy or the Source that Creates all Beings. The universe possesses an end in itself, by the simple fact of existing, of continuing to expand and create itself.
To make tending to human needs sustainable: through the rational and caring use of the goods and services which the cosmos and the Earth offer us, and without which we would cease to exist. To make sustainable our generation and the generations that will follow ours: the Earth is sufficient for each generation so long as a relation of synergy and cooperation with the Earth is established, and goods and services are distributed equitably. The use of those goods must be guided by generational solidarity. Future generations have the right to inherit a well preserved Earth and nature.
Sustainability is measured by the capacity to conserve natural capital, that it may renew itself and, perhaps through human genius, that it may be enriched for future generations. This widened and integrating concept of sustainability must serve as criteria for evaluating whether or not we have progressed along the path of sustainability, and should serve equally as inspiration or idea-generating for making sustainability a reality in the different fields of human activity. Without it, sustainability is pure rhetoric, without consequences.
Crítica ao modelo-padrão de sustentabilidade
Os documentos oficiais da ONU e também o atual borrador para a Rio+20 encamparam o modelo padrão de desenvolvimento sustentável: deve ser economicamente viável, socialmente justo e ambientalmente correto. É o famoso tripé chamado de Triple Botton Line (a linha das três pilastras), criado em 1990 pelo britânico John Elkington, fundador da ONG SustainAbility. Esse modelo não resiste a uma crítica séria.
Desenvolvimento economicamente viável: Na linguagem política dos governos e das empresas, desenvolvimento equivale ao Produto Interno Bruto (PIB). Ai da empresa e do pais que não ostentem taxas positivas de crescimento anuais! Entram em crise ou em recessão com conseqüente diminuição do consumo e geração de desemprego: no mundo dos negócios, o negócio é ganhar dinheiro, com o menor investimento possível, com a máxima rentabilidade possível, com a concorrência mais forte possível e no menor tempo possível.
Quando falamos aqui de desenvolvimento não é qualquer um, mas o realmente existente que é aquele industrialista/capitalista/consumista. Este é antropocêntrico, contraditório e equivocado. Explico-me.
É antropocêntrico pois está centrado somente no ser humano, como se não existisse a comunidade de vida (flora e fauna e outros organismos vivos) que também precisa da biosfera e demanda igualmente sustentabilidade. É contraditório, pois, desenvolvimento e sustentabilidade obedecem a lógicas que se contrapõem. O desenvolvimento realmente existente é linear, crescente, explora a natureza e privilegia a acumulação privada. É a economia política de viés capitalista. A categoria sustentabilidade, ao contrário, provém das ciências da vida e da ecologia, cuja lógica é circular e includente. Representa a tendência dos ecossisstemas ao equilíbrio dinâmico, à interdependência e à cooperação de todos com todos. Como se depreende: são lógicas que se auto-negam: uma privilegia o indivíduo, a outra o coletivo, uma enfatiza a competição, a outra a cooperação, uma a evolução do mais apto, a outra a co-evolução de todos interconectados.
É equivocado, porque alega que a pobreza é causa da degradação ecológica. Portanto: quanto menos pobreza, mais desenvolvimento sustentável haveria e menos degradação, o que é equivocado. Analisando, porém, criticamente, as causas reais da pobreza e da degradação da natureza, vê-se que resultam, não exclusiva, mas principalmente, do tipo de desenvolvimento praticado. É ele que produz degradação, pois delapida a natureza, paga baixos salários e gera assim pobreza.
A expressão desenvolvimento sustentável representa uma armadilha do sistema imperante: assume os termos da ecologia (sustentabilidade) para esvaziá-los. Assume o ideal da economia (crescimento) mascarando, a pobreza que ele mesmo produz.
Socialmente justo: se há uma coisa que o atual desenvolvimento industrial/capitalista não pode dizer de si mesmo é que seja socialmente justo. Se assim fosse não haveria 1,4 bilhões de famintos no mundo e a maioria das nações na pobreza. Fiquemos apenas com o caso do Brasil. O Atlas Social do Brasil de 2010 (IPEA) refere que cinco mil famílias controlam 46% do PIB. O governo repassa anualmente 125 bihões de reais ao sistema financeiro para pagar com juros os empréstimos feitos e aplica apenas 40 bilhões para os programas sociais que beneficiam as grandes maiorias pobres Tudo isso denuncia a falsidade da retórica de um desenvolvimento socialmente justo, impossível dentro do atual paradigma econômico.
Ambientalmente correto: O atual tipo de desenvolvimento se faz movendo uma guerra irrefreável contra Gaia, arrancando dela tudo o que lhe for útil e objeto de lucro, especialmente, para aquelas minorias que controlam o processo. Em menos de quarenta anos, segundo o Índice Planeta Vivo da ONU (2010) a biodiversidade global sofreu uma queda de 30%. Apenas de 1998 para cá houve um salto de 35% nas emissões de gases de efeito estufa. Ao invés de falarmos nos limites do crescimento melhor faríamos falar nos limites da agressão à Terra.
Em conclusão, o modelo padrão de desenvolvimento que se quer sustentável, é retórico. Aqui e acolá se verificam avanços na produção de baixo carbono, na utilização de energias alternativas, no reflorestamento de regiões degradadas e na criação de melhores sumidouros de dejetos. Mas reparemos bem: tudo é realizado desde que não se afetem os lucros, nem se enfraqueça a competição. Aqui a utilização da expressão “desenvolvimento sustentável”possui uma significação política importante: representa uma maneira hábil de desviar a atenção para a mudança necessária de paradigma econômico se quisermos uma real sustentabilidade. Dentro do atual, a sustentabilidade é ou retórica ou localizada ou inexistente.
L.Boff acaba de lançar o livro Sustentabilidade: o que é e o que não é pela Editora Vozes, Petropolis 2012.