Una santa que no creía en Dios: Madre Teresa de Calcutá

Todo es político pero lo político no es todo. Por eso dejemos a un lado, por un momento, las cuestiones políticas y ocupémonos de un tema de gran relevancia existencial y espiritual. Se trata de la noche oscura que la recién canonizada Madre Teresa de Calculta vivió y sufrió desde 1948 hasta su muerte en 1997. Tenemos los testimonios recogidos por el postulador de su causa, el canadiense Brian Kolodiejchuk en el libro Come Be My Light (Ven, sé mi luz).
Como es sabido, la Madre Teresa vivía en Calcuta recogiendo moribundos de las calles para que muriesen humanamente dentro de una casa y rodeados de personas. Lo hacía con extremo cariño y completa abnegación. Todo indicaba que lo hacía a partir de una profunda experiencia de Dios.

Cuál no sería nuestra sorpresa cuando nos enteramos de su profundo desamparo interior, verdadera noche sin estrellas y sin esperanza de un sol naciente. Esa pasión dolorosa duró casi 50 años. Ya en agosto de 1959 escribía a uno de sus directores espirituales: «En mi propia alma siento un dolor terrible. Siento que Dios no me quiere, que Dios no es Dios y que Él verdaderamente no existe».

En otra ocasión escribió: «Hay tanta contradición en mi alma: un profundo anhelo de Dios, tan profundo que me hace daño; un sufrimiento contínuo y con él el sentimiento de no ser querida por Dios, rechazada, vacía, sin fe, sin amor, sin cuidado; el cielo no significa nada para mí, me parece un lugar vacío».

Sabemos que muchos místicos testimonian esta experiencia de oscuridad. Lo constatamos en San Juan de la Cruz, en Santa Teresa de Ávila, en Santa Teresa de Lisieux, entre otros. Esta última, tan dulce y expresando la mística de las cosas cotidianas, escribió en su Diario de un Alma: «No creo en la vida eterna; me parece que después de esta vida mortal, no existe nada: todo desapareció para mi, solo me queda el amor».

Es conocida la noche oscura de san Juan de la Cruz, tan bien expresada en su poema “La noche oscura”. Él distingue dos noches oscuras: una, la noche de los sentidos por la cual el alma vive sin consuelos espirituales y en una tremenda sequedad interior. La otra es la noche del espíritu “oscura y terrible” en la cual el alma ya no consigue creer en Dios, llega a dudar de su existencia y se siente condenada al infierno.

Especialmente la modernidad, centrada en si misma y perdida dentro del inmenso aparato tecnológico que creó, vive también esta ausencia de Dios que Nietzsche calificó comola muerte de Dios”. No es que Dios haya muerto, porque entonces no sería Dios. Es que nosotros lo matamos, es decir, Él ya no es un centro de referencia y de sentido. Vivimos errantes, solos y sin esperanza.

Dietrich Bonhöffer, teólogo mártir del nazismo, captó esta experiencia, aconsejándonos vivir “como si Dios no existiese” (etsi Deus non daretur), pero viviendo en el amor, en el servicio a los demás y cultivando la solidaridad y el cuidado esencial.

Sospechamos que Jesús conoció esta noche terrible. En el Huerto de los Olivos se sintió tan solo y angustiado que llegó a sudar sangre, expresión suprema de pavor. En lo alto de la cruz, grita al cielo: ”Padre, ¿por qué me has abandonado?” No obstante esa ausencia de Dios, se entrega confiadamente: “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”. Se despojó de todo. La respuesta vino en forma de resurrección como la plenitud de la vida.

La noche oscura de la Madre Teresa al punto de decir: «Dios verdaderamente no existe” nos deja un interrogante teológico. Descompone todas nuestras representaciones de Dios. “A Dios nadie lo ha visto jamás” dicen las Escrituras. Es “nuestro saber no sabiendo, toda ciencia transcendiendo”, al decir de San Juan de la Cruz. Creer en Dios no es adherir a un dogma o doctrina. Creer es una actitud y un modo de ser en el mundo con los otros; es adherirse a una esperanza que es “la convicción de las realidades que no se ven” (Hebreos 11,1), porque lo invisible es parte de lo visible. Creer es una apuesta, según dice Pascal, que conoció también su noche oscura.

Simone Weil, la judía que en la última guerra se convertió al cristianismo pero no quiso bautizarse en solidaridad con sus hermanos condenados a las cámaras de gas, nos da una pista de comprensión: “Si quieres saber si alguien cree en Dios, no te fijes en cómo habla de Dios sino en cómo habla del mundo”, si habla en forma de solidaridad, de amor y de compasión.

Como decía el gran poeta y pastor el Obispo Pedro Casaldaliga:

“Donde tú dices ley, yo digo Dios.

Donde tú dices paz, justicia, amor ¡yo digo Dios!

Donde tú dices Dios ¡

yo digo Libertad, Justicia, Amor!”

Dios no puede ser encontrado fuera de estos valores. Quien los vive está en dirección a Él y junto a Él aunque niegue a Dios.

La Madre Teresa de Calcuta amando a los moribundos estaba en comunión con el Dios escondido. Ahora que ya se transfiguró vivirá la presencia de Dios cara a cara en el amor y en la comunión.

Leonardo Boff es teólogo y articulista del JB online.
Traducción de Mª José Gavito Milano

Die Amtsenthebung einer würdevollen und unschuldigen Präsidentin durch ein mental und finanziell korrupter Putschs

Es war einmal eine Nation, die groß war in Bezug auf ihr Territorium und ihre fröhliche Bevölkerung, welche jedoch ungerecht behandelt wurde. Das Volk litt Not vor allem in den großen Peripherien der Städte und im tiefen Landesinneren. Jahrhundertelang wurde es von einer kleinen reichen Elite regiert, der das Geschick der Armen nie am Herzen lag. Wie ein Historiker, ein Mulatte, es ausdrückte, war das Volk sozial „wieder und wieder kastriert; wieder und wieder am Ausbluten“.

Doch allmählich begannen sich die Armen Brasiliens zu organisieren. In jeder Form von Bewegung sammelten sie soziale Macht an und nährten den Traum von einem anderen Brasilien. Es gelang ihnen, soziale Macht in politische Macht zu verwandeln. Sie trugen zur Gründung der Arbeiterpartei, PT (aus dem Portugiesischen Partido dos Trabalhadores) bei. Eines ihrer Mitglieder, ein Überlebender der großen Leidenszeit und ein Maschinist, wurde Präsident von Brasilien. Trotz des ausgeübten Drucks und der Konzessionen, die er durch die national und übernational begüterte Klasse erlitt, gelang ihm eine beachtliche Öffnung des Herrschaftssystems, was ihm ermöglichte, eine humanere Sozialpolitik zu schaffen. Ein Teil der Bevölkerung, so groß wie die ganze Bevölkerung Argentiniens, wurde aus Hunger und Not gerettet. Die Schwarzen und die Armen bekamen Zugang, was zuvor nicht möglich war, zu mittlerer und höherer Bildung. Doch vor allem spürten sie, dass sie ihre Würde zurückbekamen, die ihnen immer verwehrt worden war. Sie betrachteten sich nun selbst als ein Teil der Gesellschaft. Sie konnten sich sogar ein Auto oder eine Einrichtung kaufen oder mit dem Flugzeug fliegen, um entfernt lebende Verwandte zu besuchen. All dies irritierte die Mittelklasse, die um ihre Privilegien fürchtete. So kam es zu Diskriminierung und Hass unter ihnen.

In ihrem 13. Jahr hatte die Lula-Dilma Regierung in Brasilien weltweiten Respekt gewonnen. Doch die Wirtschafts- und Finanzkrise, da systembedingt, erreichte uns und verursachte ökonomische Probleme sowie Arbeitslosigkeit, was die Regierung dazu zwang, starke Maßnahmen zu ergreifen. Die endemische Korruption Brasiliens verstärkte sich in Petrobras und bezog nicht nur die oberen Schichten der PT ein, sondern auch die der großen politischen Parteien. Ein voreingenommener, selbstgerechter Richter konzentrierte sich fast ausschließlich auf die PT. Die Massenmedien, insbesondere deren konservativer Flügel, schufen ein Klischee der PT als Synonym der Korruption. Dies ist jedoch nicht wahr, denn es setzt die eigentliche Mehrheit mit einem kleinen korrupten Segment gleich. Doch die verwerfliche Korruption diente als Vorwand für die reichen Eliten und ihre schon historischen Verbündeten, einen parlamentarischen Coup zu schmieden, denn sie hätten niemals demokratische Wahlen gewonnen.

Aus Angst, die den Armen zugewandte Politik könnte sich konsolidieren, entschieden die Eliten, diese zu liquidieren. Die Methode, die sie zuvor gegen Getulio Vargas und Joao („Jango“) Goulart benutzt hatten, wurde nun aufs Neue in Betracht gezogen unter demselben Vorwand der „Korruptionsbekämpfung“, tatsächlich aber, um ihre eigene Korruption zu verbergen. Die Golpistas bedienten sich des Parlaments, von dem 60 % wegen Verbrechen angeklagt sind, und respektieren nicht die 54 Millionen, die Dilma Rousseff gewählt hatten.

Es ist wichtig klarzustellen, dass sich hinter diesem parlamentarischen Coup die kleingeistigen und unsozialen Interessen der Machthaber verbergen, in Allianz mit der Presse, die die Fakten verdreht und die schon immer mit jedem Staatsstreich in Verbindung stand, gemeinsam mit den konservativen politischen Parteien, einem Teil der öffentlichen Ministerien und der Militärpolizei (die die Panzer ersetzt) und einem Bereich des Obersten Bundesgerichts, dem es an Würde und an Neutralität mangelt. Der Coup richtet sich nicht nur gegen Präsidentin Dilma Rousseff, sondern gegen die Demokratie von partizipatorischem und sozialem Charakter. Es geht hier darum, zum schamlosesten Neoliberalismus zurückzukehren und fast alles dem Markt zu überlassen, der stets dem Wettbewerb unterworfen ist, nicht der Kooperation (darum ist dies Konflikt geladen und antisozial). Zu diesem Zweck beschlossen sie, die Sozialpolitik zunichtezumachen, das Gesundheitssystem zu privatisieren sowie das Bildungswesen und das Öl als auch die sozialen Errungenschaften der Arbeiter/innen anzugreifen.

Präsidentin Rousseff wurde kein einziges Verbrechen zur Last gelegt. Administrative Fehler, die ebenso von vorigen Regierungen begangen worden waren, wurden zur Regierungs-unverantwortlichkeit hochstilisiert, was zur Grundlage für die Amtsenthebung gemacht wurde. Dies ist so, als würde man einen Präsidenten wegen eines geringfügigen Fahrradunfalls zum Tode verurteilen, eine völlig unangemessene Bestrafung. Von den 81 Senatoren, die über sie urteilen werden, sind mehr als 40 in andere Verbrechen involviert bzw. es wird gegen sie ermittelt. Sie zwangen sie auf die Anklagebank, wo diejenigen sitzen sollten, die sie verurteilen. Unter ihnen befinden sich fünf frühere Minister.

Dies ist nicht nur eine Korruption des Geldes. Am schlimmsten ist die Korruption ihrer Herzen und Gedanken, die voller Hass sind. Die Gedanken der Senatoren, die für die Amtsenthebung sind, sind korrupt, denn sie wissen, dass sie eine unschuldige Frau verurteilen. Doch Blindheit und die Interessen der Großkonzerne stehen nun einmal über den Interessen des ganzen Volkes.

Hierzu passt gut das harsche Urteil des Apostels Paulus: „Der Zorn Gottes wird vom Himmel herab offenbart wider alle Gottlosigkeit und Ungerechtigkeit der Menschen, die die Wahrheit durch Ungerechtigkeit niederhalten“ (Röm 1,18). Die Gesichter der Golpistas werden für immer das Kainsmal tragen, der seinen Bruder Abel umbrachte. Die Golpistas töteten die Demokratie. Ihr Andenken wird wegen des von ihnen begangenen Verbrechens verflucht sein. Und Gottes Zorn wird auf ihnen lasten.

Leonardo Boff ist Theologe, Philosoph und Schriftsteller.

POR DILMA: SOBRE VENCEDORES E VENCIDOS,UMA REFLEXÃO OPORTUNA E IMPORTUNA!

Ivone Gebara, é uma religiosa, cônega de Santo Agostinho, conhecida filósofa e teóloga da libertação que vive nos meios pobres e a partir daí elabora suas reflexões, especialmente sobre questões ligadas à mulher, à família e  desafios  sociais que afetam a vida dos marginalizados. Publicamos aqui uma reflexão singular sobre o impeachment imposto à  presidenta Dilma. E o faz com leveza e humor sem perder a profundide necessária, conferindo a este triste fato contra a  nossa jovem república um ar de espiritualidade que permite suportar os revezes da vida e convida a dar a volta por cima. O artigo foi publicado no dia 6 de setembro no IHU dos jesuitas de Novo Hamburgo: lboff

Assim começa o  artigo:

“Não chore ainda não
Que eu tenho um violão
E nós vamos cantar
Felicidade aqui
Pode passar e ou vir
E se ela for de samba
Há de querer ficar”

Não chore presidenta Dilma porque tem muita gente no bom samba da dignidade que se recusa a calar sua voz, se recusa a parar de gingar, se recusa a parar de pensar, de escrever, de analisar o momento presente e de cantar, e cantar… Liberdade, liberdade, liberdade. A vida brasileira está confusa e atirar pedras ou lamentar o leite derramado não resolve a situação! Convencer os outros de que há uma única culpada de nossos atuais problemas é no mínimo assustador e incompreensível. O ser humano habituou-se a encontrar ‘bodes expiatórios’ que levam a culpa sem coletivizá-la e sem tornar a responsabilidade social e política uma responsabilidade comum assumida.

Não chore ainda não presidenta, não vale chorar porque os que se julgam vencedores e creem em sua vitória estão alegremente atribulados e acuados. Mas qual é mesmo essa vitória tão grande? Uma lei expressa em palavra inglesa, ‘impeachment’ pareceu mudar os rumos da vida de muitos e a sua? É ela que os tornou vitoriosos? É ela que nos tornou vencidos com você?

Depois de nosso orgulho de ter você como primeira presidenta, de saber de suas lutas e fraquezas como as de todas nós, com você estamos ouvindo novos impropérios sobre a incapacidade das mulheres de fazer política original e eficaz. Não nos deram muito tempo e nem muitos espaços…

Não chore presidenta… Tem muita gente sentindo a mesma raiva que você deve estar sentindo, mas reunindo forças de vida por que “tanto menino novo nasceu” nessa semana, tanto “jovem se apaixonou pela vida”, “tanto velho dançou nas praças”, “tantas andorinhas estão cantando”, tanta “flor nasceu no campo”,… Embora, o som do violão esteja fraco…

Não chore ainda não
Que eu tenho a impressão
Que o samba vem aí
E um samba tão imenso
Que eu às vezes penso
Que o próprio tempo
Vai parar pra ouvir
Olé, Olé, Olá…

Depois de uma noite de quase insônia na qual pedaços da fala da presidenta Dilmaexplicando e se defendendo em meio à fala acusatória de alguns senadores povoavam involuntariamente meus pensamentos, decidi levantar-me para não aumentar mais minha angústia. A música do Chico Buarque “Olé, Olé, Olá” estranhamente fazia um fundo musical insistente na minha tristeza. Passei do quarto para meu pequeno escritório e, não sei bem porque olhando minha estante de livros tomei em minhas mãos um velho livro sobre ‘a oração de Jesus’ escrito em 1973, pleno período de governo militar, pelo saudoso amigo Padre José Comblin. Folheei o livro e algumas palavras que faziam as vezes de pequenos subtítulos começaram a desfilar sob meus olhos…

Solidão, abandono, derrota, vencedores, vencidos, reconhecimento… Li um e outro parágrafo como se quisesse buscar neles a calma necessária para começar o dia. Sentia-me atravessada pelo dia e noite de julgamento de nossa presidenta e depois pelo dia doveredito final. Mal conseguia imaginar as noites que ela passou depois das perguntas ardilosas e armadilhas que os juízes senadores lhe estendiam. Parecia-me aviltante que ela tivesse que repetir várias vezes a mesma informação porque as excelências presentes só tinham em vista a pergunta que queriam lhe fazer em público. Mal ouviam o que ela dizia atentos aos seus celulares, às câmaras de televisão e a buscar um ou outro olhar de cumplicidade entre os seus pares. Sob o pretexto de julgar seus atos políticos se mostravam ao público como justos e justiceiros defendendo o pobre povo brasileiro contra a primeira mulher presidenta de nossa história!

Minha tribulação aumentou com essas lembranças e por isso resolvi escrever convencida que cantar, escrever, cozinhar ‘parecem com não morrer’ sobretudo diante da confusão do momento político e das trevas que sem querer invadem a alma.

Espontaneamente pensei que apenas fazer de novo críticas aos opositores de Dilma, à sua superficialidade democrática e humanista não aliviariam meu coração. Da mesma forma, cantar as glórias da presidenta não me parecia o melhor caminho. Provavelmente muitas amigas e amigos estariam fazendo as mesmas constatações e não tinha mais vontade de beber de novo da mesma massacrante situação vivida que parecia não me levar a nenhuma saída. Também fazer análises políticas a partir da conjuntura nacional e internacional não era o meu forte…

Lembrei-me então do que havia lido no livro de José Comblin e me voltou a ideia de que nem sempre os vitoriosos, os que têm o êxito imediato são de fato os construtores da história da dignidade humana. O êxito talvez gere a boa consciência do dever cumprido, da vitória aparente da legalidade, do bom resultado obtido pelo desempenho social, da vitória sobre os adversários… Entretanto, o êxito ou a vitória não levam à reflexão, a interiorização e análise de nossos comportamentos e sentimentos. Que insensatos /as somos! Inebriamo-nos facilmente com nossa própria imagem acreditando ser o centro do mundo. Esquecemos que a vitória de Pilatos, do Império Romano, dos doutores da lei e até do povo acusador na realidade foi o golpe mortal à liberdade. E por isso foi um golpe também contra os acusadores.

Condenar Jesus à crucifixão e à morte foi uma vitória daqueles a quem a integridade das ações de Jesus molestava no imediato. A História tem nos ensinado embora não tenhamos aprendido que não há uma relação lógica de coerência entre os atos humanos realizados e os resultados obtidos e, sobretudo os considerados vitoriosos ou exitosos. Provavelmente Hitler e seus aliados mais próximos sentiram-se vitoriosos quando as câmaras de gás e os fornos crematórios conseguiram eliminar milhares de seres humanos…

Estupenda vitória! Limpeza étnica realizada! Missão cumprida! Também os ditadores sanguinários da América Latina vibraram de alegria quando torturaram e mataram milhares dos chamados ‘inimigos da pátria’… Afinal conseguiram o que esperavam, ou seja, eliminar os ‘vermes’ que buscavam a liberdade do povo. E quantas guerras vitoriosas foram glorificadas apenas porque as armas que mataram vidas significaram o sucesso das empresas produtoras de artefatos bélicos? A história humana é de fato eivada de uma mistura imensa de sentimentos, palavras, ações salvíficas e cruéis que levam à vida e à morte num movimento sem fim.

Quase sempre pensamos que a vitória é o resultado do sucesso provisório de nossa ideologia, de nossa empresa, de nossa competência ou de nosso sonho por mais extravagante que seja ele. Mas a história também acaba por desmentir a vitoria dos vencedores… Só que não a história imediata cheia de conflitos passionais, tecida de mentiras vestidas de verdade, de encobrimentos e acusações mútuas, de golpes de luva de pelica sob a qual se escondem alfinetes envenenados. Também não a história oficial dos Impérios que se sucedem e escrevem suas vitórias ensinadas e aprendidas nas escolas. Mas a história que desmente as grandes vitórias das guerras de uns contra os outros é a pequena história dos pequenos amores e das pequenas ações de justiça e solidariedade que sustentam a dignidade da vida. Essas pequenas histórias irrompem cada dia de diferentes maneiras…

Num campo de concentração um decide dar a vida no lugar de outro, a outra dá a sua porção de alimento à colega grávida, a lavadeira entrega seu salário para comprar o remédio para a filha da vizinha, um homem ajuda um marginal que matou seu filho, mulheres denunciam a violência infantil…

Estas e outras tantas pequenas histórias são as narrativas muitas vezes desconhecidas das pequenas vitórias da vida. Histórias ocultas, de personagens desconhecidos e insignificantes mantêm a chama da dignidade humana!

Para além das polarizações da história imediata na qual cada indivíduo espera convencer o outro ou atirá-lo num covil de leões famintos, para além do reducionismo da realidade limitada e perspectivista que apenas meus olhos são capazes de ver, há um tênue fio de contradição que se instaura em todas as posições. É ele que nos fará pensar e buscar a de novo a liberdade… É ele que convidará as novas gerações a analisar os fatos passados e perceber que é esse fio obscuro e incômodo, talvez enredado a muitos outros o portador da novidade que nos fará reviver com dignidade.

É a contradição e o paradoxo de nossos atos que nos convida ao pensamento e a novas ações. É ele que revela a fragilidade de nossos pensamentos e de nossos atos e nos remete à limitada condição humana. É a suspeita em relação as nossas próprias verdades e interpretações, aos poderes que utilizamos aos abusos que deles fazemos que conduzem a História para frente. São esses incômodos no pensamento e nas emoções, na consciência e no coração que emergem sem querer e que persistem apesar dos pesares… São eles que desmentem a vitória dos vencedores imediatos e a tragédia vivida pelos vencidos que não são apenas os “outros” partidos, mas o povo vivendo em condições sub-humanas. São eles que restauram de novo a história da dignidade humana e nos fazem esperar de novo apesar dos medos que nos acompanham sempre.

No presente, os vencidos parecem cabisbaixos mesmo quando gritam sua dor e decepção nas praças públicas. Sentem-se feridos e abandonados até por quem antes parecia estar de seu lado…

Os vencidos são deixados aos seus próprios problemas e os que eram próximos deles até negam conhecê-los, os que antes os aconselhavam para serem ‘ganhadores’ desviam-se de seus caminhos, orgulhosos de serem também indiretamente vitoriosos, pois afirmam que seus sábios conselhos não foram seguidos. Facilmente, em meio à derrota, desenvolvem outras vitórias, alinham-se aos moralmente corretos, fazem teoria ‘clara e distinta’, explicam as razões dos vencidos, querem ser bons e justos sem perder a aura de sua moralidade. Escondem-se usando mil e um pretextos e não aderem mais à causa que os movia e os fazia brilhar no provisório palco da história. Hipócritas! Sepulcros caiados!

Os vencidos parecem desamparados… Nem suas velhas esperanças os sustentam visto que os vencedores parecem ter se apropriado delas… Apropriaram-se de seus feitos, de sua linguagem, de suas vestes, de seus amigos e de suas leis. Desnudaram os vencidos de suas crenças, roubaram a ‘bandeira nacional’ de todos e fizeram dela a veste de alguns privilegiados sedentos de glória e poder.

Porém, os vencidos por incrível que pareça não são apenas os que perderam uma partida de futebol, ou perderam as eleições, ou um trabalho, ou um lugar ao sol… Somos todos nós como humanidade buscando o sentido de sua vida embora só saibamos considerar a nossa individualidade.

Em tudo isso, ainda resta a contradição, o paradoxo, aquela experiência que nos mostra que no fundo todos nós somos menores que nossas vitórias e bem maiores que nossas derrotas. Todos nós somos de alguma maneira, vencidos e vencedores. Todos nós temos que recomeçar nossa busca comum de dignidade para além dos fracassos experimentados. Nosso futuro se chama hoje…

Por isso, querida presidenta Dilma, “não chore ainda não”, não choremos porque temos razões para não chorar… Olé, Olé, Olá…

Uma santa que não acreditava em Deus

Tudo é político mas o político não é tudo. Há outras dimensões na vida que merecem a nossa atenção e que nos levam a refletir sobre a condição humana, mesmo de pessoas  que consideramos santas.Quero me referir  à noite escura que a recém canonizada Madre Teresa de Calcultá viveu e sofreu desde 1948 até a sua morte em 1997. Temos os testemunhos recolhidos pelo postulador de sua causa, o canadense Brian Kolodiejchuk num livro Come Be My Light (Venha, seja a minha luz).

Como é notório, Madre Teresa vivia em Calcutá recolhendo moribundos das ruas para que morressem humanamente dentro de uma casa e cercados de pessoas. Fazia-o com extremo carinho e completa abnegação. Tudo indicava que o fazia a partir de uma profunda experiência de Deus.

Qual não é a nossa surpresa, quando viemos saber de seu profundo desamparo interior, verdadeira noite sem estrelas e sem esperança de um sol nascente. Essa paixão dolorosa durou por quase 50 anos até a sua morte. Já em agosto de 1959 escrevia a um de seus diretores espirituais:”Em minha própria alma sinto uma dor terrível. Sinto que Deus não me quer, que Deus não é Deus e que Ele verdadeiramente não existe”.

Numa outra ocasião escreveu:”Há tanta contradição em minha alma: um profundo anelo de Deus, tão profundo que me faz mal; um sofrimento contínuo e com ele o sentimento de não ser querida por Deus, rejeitada, vazia, sem fé, sem amor, sem cuidado; o céu não significa nada para mim, parece-me um lugar vazio”.

Sabemos que muitos místicos testemuham esta experiência de obscuridade. Constatamo-lo em São João da Cruz, em Santa Teresa D’Avila, em Santa Teresa de Lisieux, entre outros. Esta última, tão meiga e expressão da mística das coisas cotidianas, escreveu em seu Diário de uma Alma:” Não creio na vida eterna; parece-me que depois desta vida mortal, não existe nada: tudo desapareceu para mim, não me resta senão o amor”.

Conhecida é a noite escura de São João da Cruz, tão bem expressa em seu poema “La noche oscura”. Ele distingue duas noites escuras: uma, a noite dos sentidos pela qual a alma vive sem consolos espirituais e numa severa secura interior. A outra é a noite do espírito “oscura y terrible” na qual a alma já não consegue crer em Deus, chega a duvidar de sua existência e se sente condenada ao inferno.

Especialmente a modernidade, centrada em si mesma e perdida dentro imenso aparato tecnológico que criou, vive também esta ausência de Deus que Nietzsche qualificou como “a morte de Deus”. Não que Deus tenha morrido, porque então ele não seria Deus. Mas é o fato de que nós o matamos, vale dizer: ele não é mais um centro de referência e de sentido. Vivemos errantes, sós e sem esperança.

Dietrich Bonhöffer, teólogo mártir do nazismo, captou esta experiência, aconselhando-nos a viver “como se Deus não existisse” (etsi Deus non daretur). Mas vivendo no amor, no serviço aos demais e no cultivo da solidariedade e do cuidado essencial. Pois esses são os valores sob os quais Deus se esconde. Quem os vive, mesmo sem o saber, está em Deus.

Suspeitamos que Jesus conheceu esta noite terrível. No Jardim das Oliveiras sentiu-se tão só e angustiado que chegou a suar sangue, expressão suprema do pavor. No alto da cruz, grita ao céu:”Pai, por que me abandonaste?” Não obstante essa ausência de Deus, se entrega confiante: “Pai, em tuas mãos entrego meu espírito”. Despojou-se de tudo. A resposta veio na forma da ressurreição como a plenitude da vida.

A noite escura de Madre Teresa a ponto de dizer:”Deus verdadeiramente não existe” nos deixa uma interrogação teológica. Ela descompõe todas as nossas representações de Deus. “Deus ninguém jamais viu”atestam as Escrituras. Portanto, não há como descrevê-lo. E quando o tentamos é apenas  o “nosso saber não sabendo, toda ciência transcendendo” no dizer de São João da Cruz. Crer em Deus não é aderir a uma doutrina ou dogma. Crer é uma atitude e um modo de ser no mundo com os outros, no amor, na solidariedade e no perdão; é aderir à uma esperança que é “a convicção das realidades que não se veem”(Hebreus 11,1), porque o invisível é parte do visível. Crer é a coragem de amar o invisível pois ele esconde o sentido secreto e último de todas as coisas. Crer é uma aposta no dizer de Pascal que conheceu também a sua noite escura, uma aposta que a vida vale mais que os bens materiais, que a luz tem mais direito que as trevas e que ao sentido cabe a última página da vida e da história.

Simone Weil, a judia que, na última guerra, se converteu ao cristianismo mas não se deixou batizar em solidariedade a seus irmãos condenados às câmaras de gás, nos dá uma pista de compreensão sobre onde encontrar Deus mesmo no meio da mais absoluta escuridão como aquela de Madre Teresa e de tantos homens e mulheres espirituais que vem um tormento interior: “Se quiseres saber se alguém crê de Deus, não repare como fala de Deus mas como fala do mundo”, se fala na forma da solidariedade, do amor e da compaixão. Deus não pode ser encontrado fora destes valores. Quem os vive está na direção dele e junto dele mesmo que o negue .

Madre Teresa de Calcutá, em sua noite escura, mas cheia de amor aos moribundos, estava em comunhão com o Deus abscôndito. Agora que já se transfigurou viverá em plena luz e saboreará a presença de Deus face a face na mais profunda intimidade e na comunhão sem fim.

Leonardo Boff é teólogo e articulista do JB on line