A agroecologia como antídoto à produção transgênica

O atual sistema politico e econônico parece obedecer à lógica das bactérias dentro de uma “placa de Petri”. Esta é um recipiente achatado de vidro com nutrientes para bactérias. Alguma espécies, quando pressentem que os nutrientes estão prestes a acabar, se multiplicam espantosamente para, em seguida, todas morrerem.

Algo parecido, a meu ver, está ocorrendo com o sistema do capital. Ele está se dando conta de que, devido aos limites intransponíveis dos recursos naturais e da ultrapassagem da pegada ecológica da Terra, pois precisamos já agora de um pouco mais de um planeta e meio (1,6) para atender as demandas humanas, ele  não terá mais condições de, no futuro, se autoreproduzir. E não há outra alternativa, como advertiu o Papa em sua encíclica Laudato Si senão ter que mudar de modo de produção e de consumo e ter que cuidar da Casa Comum, a Terra.

Qual a reação dos capitais produtivos e especulativos? À semelhança das bacterias da “placa de Petri” multiplicam exponencialmente as formas de lucro, acumulando cada vez mais e se concentrando de forma espantosa. Segundo dados publicados pelo economista L.Dowbor em seu site ((dowbor.org de 15/12/2015: A rede do poder corporativo mundial)), “apenas 737 principais atores (top-holders) detém 80% do controle sobre o valor de todas as empresas transnacionais.”

O poder econômico, politico e ideológico que se esconde atrás destes dados é espantoso. Adorador do ídolo-dinheiro, este sistema se torna, no dizer do Papa no avião de regresso da Polônia, como  “o verdadeiro terrorismo contra a humanidade”.

Será que o sistema, inconscientemente, não está pressintindo como as referidas bactérias, de que pode desaparecer, caso não mudar? E ousa mudar?

Não pensem os leitores/as que esta situação isenta a sétima economia do mundo, o Brasil. Pertence à “estupidez da inteligência brasileira” no dizer de Jessé Souza não inserir esse dado geopolítico nos debates sobre o impeachment e sobre a economia nacional, como por exemplo vem sendo feita há anos no programa Painel da Globonews. Aí domina soberanamente o neoliberalismo. A ecologia e os movimentos sociais não existem para esse programa.

O real problema é esse: com o PT, Lula e Dilma, o sistema mundial não consegue enquadrar o Brasil na lógica predadora do capital globalizado. O povo e os pobres, diz-se, ganham demais em prejuizo do mercado e das grandes corporações nacionais articuladas com as transnacionais. Por isso há que se dar um golpe, sob qualquer forma, na democracia para assim liberar o caminho para a acumulação dos endinheirados. As políticas do vice-presidente Temer visam um desmonte completo das políticas sociais do governo Lula-Dilma. O Ministério de Desenvolvimento Agrário foi extinto. A Secretaria da Economia Solidária virou um departamento, chefiado por um policial.

Mas onde há poder, surge também um contra-poder. Por todos os lados no mundo estão se reforçando as resistências ao capitalismo insustentável que não consegue mais dar certo sequer nos países centrais.

É neste contexto, como antidoto, que entra  a agroecologia, a produção orgânica e o surgimento de cooperativas agrícolas sem pesticidas e transgênicos.

Entre os dias 27 e 30 de julho de 2016 ocorreu em Lapa-Paraná a 15º Jornada de Agroecologia, reunindo mais de três mil participantes de diferentes regiões do Brasil  e de outros sete países. A tema central era a preservação das sementes crioulas, criando bancos e casas de sementes contra o assalto das grandes corporações, como a Monsanto e a Syngenta entre outras. Estas procuram tornar estéreis as nativas para obrigar os camponeses a comprar suas sementes geneticamente modificadas que não podem mais ser replantadas.

Sabemos que as sementes constituem um bem comum da humanidaade e não podem ser apropriadas por grupos privados. O acesso às sementes estabelece um direito humano básico, ferido pelas poucas transnacionais que controlam praticamente todas as sementes. Para que a vida continue a reproduzir-se é fundamental defender a riqueza ecológica, patrimonial e cultural das sementes. Curiosamente,  Cuba ocupa, na agroecologia, o primeiro lugar no mundo e na criação de cooperativas em todos as esferas. É a forma pela qual o socialismo evita ser absorvido pelo capitalismo.

Era comovente assistir na “mística”final da Jornada, a troca de sementes e de mudas de plantas entre todos os presentes. Havia muitas crianças, jovens, indígenas, homens e mulheres que lutam pela vida sã para todos, contra um sistema anti-vida. Eles carregam a esperança de que o mundo pode ser sadio e melhor.

*Leonardo Boff é articulista do JB on line e escreveu Sustentabilidade: o que é e o que não é, Vozes 2012.

 

Los juegos olímpicos: metáfora de la humanidad humanizada

Desde el día 5 de este mes de agosto Río de Janeiro es la sede de los Juegos Olímpicos de 2016. Se ha creado una inmensa infraestructura de arenas, estadios, nuevas avenidas y túneles que dejarán un legado inolvidable a la población carioca.
La apertura y la clausura son ocasión de grandes celebraciones, en las cuales el país que hospeda intenta mostrar lo mejor de su arte y singularidad. La apertura esta vez fue de un esplendor inigualable, a semejanza de los grandes desfiles de las escuelas de samba. Los efectos de luces y de imágenes proyectadas en pantallas enormes creaban una atmósfera de mágica y casi surrealista, provocando en muchos lágrimas de emoción.

El momento principal fue el desfile de las delegaciones de 206 países, un número mayor que el de los países representados en la ONU, que son 193. Cada delegación desfilaba con trajes típicos de sus pueblos, destacándose por sus colores vistosos y elegantes, los trajes africanos y asiáticos.

Sabemos que en todas las relaciones sociales e internacionales subyacen intereses y maniobras de poder. Pero aquí, en los Juegos Olímpicos, si existieron, fueron prácticamente invisibles. Predominaba el espíritu deportivo y olímpico por encima de las diferencias nacionales, ideológicas y religiosas. Aquí todos estaban representados, hasta un grupo, muy aplaudido, de refugiados que hoy inundan especialmente Europa. Tal vez este evento sea uno de los pocos espacios en los cuales la humanidad se encuentra consigo misma, como una única familia, anticipando una humanización siempre buscada pero nunca definitivamente mantenida porque todavía no hemos avanzado en la conciencia de que somos una especie, la humana, y tenemos un único destino común junto con nuestra Casa Común, la Tierra.

Este tal vez sea el mensaje simbólico más importante que un evento como este envía a todos los pueblos. Más allá de los conflictos, diferencias y problemas de todo tipo, podemos vivir anticipadamente y, por un momento, la humanidad que finalmente se humanizó y encontró su ritmo en consonancia con el ritmo del propio universo. Este es uno y complejo, hecho de redes incontables de relaciones de todos con todos, constituyendo un cosmos en cosmogénesis, gestándose continuamente a medida que se expande y se complejiza. A este ritmo no escapa tampoco la humanidad.

Los Juegos Olímpicos nos invitan a reflexionar sobre la importancia antropológica y social del juego. No pienso aquí en el juego que se volvió profesión y gran comercio internacional como el futbol, el baloncesto y otros que son más bien deportes que juegos. El juego, como dimensión humana, se revela mejor en los medios populares, en la calle o en la playa o en algún espacio con hierba o con arena. Este tipo de juego no tiene ninguna finalidad práctica, pero lleva en sí mismo un profundo sentido como expresión de alegría de divertirse juntos.

En los Juegos Olímpicos impera otra lógica, diferente de la cotidiana de nuestra cultura capitalista, cuye eje articulador es la competición excluyente: el más fuerte triunfa y, en el mercado, si puede, se come a su concurrente. Aquí hay competición, pero es incluyente, pues participan todos. La competición es para el mejor, apreciando y respetando las cualidades y el virtuosismo del otro.

La tradición cristiana desarrolló toda una reflexión sobre el significado transcendente del juego. Quiero concentrarme un poco sobre ella. Las dos Iglesias hermanas, la latina y la griega, se refieren al Deus ludens, al homo ludens e incluso a la eccclesia ludens (Dios, el hombre y la Iglesia lúdicos).

Veían la creación como un gran juego de Dios lúdico: hacia un lado lanzó las estrellas, hacia otro el sol, más abajo puso los planetas y con cariño colocó la Tierra, equidistante del Sol, para que pudiese tener vida. La creación expresa la alegría desbordante de Dios, una especie de teatro en el cual desfilan todos los seres y muestran su belleza y grandeur. Se hablaba entonces de la creación como un theatrum gloriae Dei (un teatro de la gloria de Dios).

En un bello poema dice el gran teólogo de la Iglesia ortodoxa Gregorio Nacianceno (+390): «El Logos sublime juega. Engalana con las más variadas imágenes y por puro gusto y por todos los modos, el cosmos entero». En efecto, el juguete es obra de la fantasía creadora, como lo muestran los niños: expresión de una libertad sin coacción, creando un mundo sin finalidad práctica, libre del lucro y de beneficios individuales.

«Porque Dios es vere ludens (verdaderamente lúdico) cada uno debe ser también vere ludens, aconsejaba, ya mayor, uno de los más finos teólogos del siglo XX, Hugo Rahner, hermano de otro eminente teólogo, que fue profesor mío en Alemania, Karl Rahner.

Estas consideraciones sirven para demostrar cómo puede ser sin nubarrones y sin angustia nuestra existencia aquí en la Tierra, al menos por un momento, especialmente cuando se vislumbra en la belleza de las diferentes modalidades de juegos la misteriosa presencia de un Dios lúdico. Entonces no hay que temer. Lo que nos bloquea la libertad y la creatividad es el miedo.
Lo opuesto a la fe no es tanto el ateísmo sino el miedo, especialmente el miedo a la soledad. Tener fe más que adherirse a un conjunto de verdades es poder decir, siguiendo a Nietzsche, “sí y amén a toda la realidad”. En lo profundo, ella no es traicionera sino buena y bonita, alegre acogedora. Alegrarse por formar parte de ella lo expresamos en el juego y, de forma universal, en los Juegos Olímpicos. Tal vez este sea su sentido secreto.

Leonardo Boff es articulista del JB online y ha escrito Virtudes para otro mundo posible: convivencia, respeto y tolerancia, Sal Terrae 2006.

Traducción de MJ Gavito Milano

Causas da escandalosa falta de ética no Brasil

       O país, sob qualquer ângulo que o considerarmos, é contaminado por uma espantosa falta de ética. O bem é só bom quando é um bem para mim e para os outros; não é um valor buscado e vivido por si mesmo; mas o que predomina é a esperteza, o dar-se bem, o ser espertinho, o jeitinho e a lei de Gerson.

Os vários escândalos que se deram a conhecer, revelam um falta de consciência ética alarmante. Diria, sem exagero, que o corpo social brasileiro está de tal maneira putrefato que onde quer que aconteça algum pequeno arranhão já mostra sua purulência.

A falta de ética se revela nas mínimas coisas, desde as mentirinhas ditas em casa aos pais, a cola na escola ou nos concursos, o subordo de agentes da polícia rodoviária quando alguém é surpreendido numa infração de trânsito, desviar dinheiros públicos, beneficiar-se de cargos, enganar nos preços, em jogar lixo na calçada e até em fazer pipi na rua.

Essa falta generalizada de ética deita raízes em nossa pré-história.É uma consequência perversa do que foi a colonização. Ela impôs ao colonizado a submissão, a total dependência à vontade do outro e a renúncia a ter a sua própria vida. Estava entregue ao arbítrio do invasor. Para escapar da punição, se obrigava a mentir, a esconder intenções e a fingir. Isso levava a uma corrupção da mente. A ética da submissão e do medo leva fatalmente a uma ruptura com a ética (cf. J. Le Goff, O medo no Ocidente), quer dizer, começa a faltar com a verdade, a nunca poder ser transparente e, quando pode, prejudica seu opressor. O colonizado se obrigou, como forma de sobrevivência, a mentir e a encontrar um “jeitinho” de burlar a vontade do senhor. A Casa Grande e a Senzala são um nicho, produtor de falta de ética: pela relação desigual de senhor e de escravo. O ethos do senhor é profundamente anti-ético: ele pode dispor do outro como quiser pois é apenas uma “peça” como se dizia, a todo momento estava pronto a abusar sexualmente das escravas e a vender seus filhos pequenos para que não tivessem apego a eles. Nada de mais cruel, anti-ético e perverso do que a destruição dos laços de mãe e filhos.

Esse tipo de ética desumana criou hábitos e práticas que, de uma forma ou de outra, continuam,no inconsciente coletivo de nossa sociedade.

A abolição da escravatura ocasionou uma maldade ética imperdoável: alforiaram-se os escravos, mas sem fornecer-lhes um pedacinho de terra, uma casinha e um instrumento de trabalho. Foram lançados diretamente na favela. E hoje por causa de sua cor e pobreza são discriminados, humilhados e as primeiras vítimas da violência policial e social.

A situação, em sua estrutura, não mudou com a República. Os antigos senhores coloniais foram substituídos pelos coronéis e senhores de grandes fazendas e capitães da indústria. Aí as pessoas eram ultra-exploradas e feitas totalmente dependentes. Os comportamentos não eram éticos no sentido do respeito mínimo às pessoas e à garantia de seus direitos básicos. A relação era de medo e de uso de violência ou repressão. Foram feitos carvão para a produção como costumava dizer Darcy Ribeiro.

As relações de produção capitalista (em si altamente questionáveis eticamente pela relação desigual entre capital e trabalho) que se introduziram no Brasil pelo processo de industrializção e modernização foram selvagens. Nosso capitalismo nunca foi civilizado pois nunca foi possível uma verdadeira luta de classes (que tem suas regras), no sentido de equilibrar os interesses antagônicos. Ele guardou sua voracidade de acumulação como nas origens no século XVIII e XIX o que se vê claramente no sistema bancário atual, cujas taxas de juros são das mais altas do mundo e os lucros exorbitantes.

A exploração impiedosa da força de trabalho, os baixos salarios são situações eticamente malévolas pelo grau de desumanidade e de injustiça que encerram impondo privações e muito sofrimento às famílias.

Como superar essa situação que nos envergonha? Ela dura séculos e foi praticamente naturalizada. Como ouvi de uma pessoa ilustrada que acusava como corrupto um politico honrado que eu defendia. Sua resposta foi típica: se roubou foi esperto e se não roubou foi um bobo. Assim não dá…

Antes de fazer qualquer sugestão minima, importa fazer uma auto-crítica. Que educação deram as centenas de escolas católicas e cristas e as 16 universidades católicas (pontifícias ou não) a seus estudantes? Bastava terem-lhe ensinado o mínimo da mensagem de Jesus de amor aos pobres contra sua pobreza e comprometê-los em mudanças necessárias para que sua situação hoje fosse menos malvada.

Elas se transformaram, em boa parte, nem todas, em chocadeiras dos opressores. De lá sairam diretores de empresas exploradores, economistas de um liberalism feroz e funcionários públicos sem senso do bem comum, Segundo o motto estabelecido: “o que é de todos não é de ninguém, portanto, posso me apropriar dele tranquilamente”.

A catequese foi doutrinalesca, interessada mais na reta doutrina e menos no reto comportamento. Criou-se um cristianismo cultural que até prescinde da fé. Não foi um cristianismo de fé comprometida com a justiça social e com o destino das grandes maiorias pobres e discriminadas.

Como é possível que num país majoritariamente cristão vigore tanta injustiça, insensibilidade, discriminação social e humilhação de negros e pobres? Alguma coisa errada ocorreu em nossos processos de transmissão da mensagem libertadora e humanizadora de Jesus a ponto de os corruptos e corruptores cristãos, quase todos cristãos, sequer terem a má consciência do que fazem. É a resposta que o deputado Severino Cavalcanti, cassado de seu mandato por corrupção, deu a alguém que lhe perguntou se ia se suicidar: “não me suicido porque sou cristão”. Que signfificou para ele o fato de ser cristão? Nada.

Por isso, os que sairam das escolas cristãs não se distinguiramk pela incidência social numa perspectiva de transformação. São antes pela manutenção do status quo do que por mudanças.

Nem por isso queremos olvidar nomes notáveis em vários estratos sociais para os quas o cristianismo foi uma escola de humanização e de compromisso com a sorte dos mais vulneráveis. Infelizmente não foram eles que definiram o rumo de nossa história de corrupção.

Para superarmos a crise da ética não bastam apelos moralizantes, sempre tão fáceis, mas uma transformação da sociedade. Antes de ser ética, a questão é política, pois esta, a política, é estruturada em relações profundamente anti-éticas.

Já faríamos muito se assumíssemos a pregação do primo de Jesus, seu precursos, São João Batista. Aos que lhe perguntavam o que deviam fazer, respondia:”Quem tiver duas túnicas, dê uma a quem não tem nenhuma, e o mesmo faça a quem não tem alimentos”. Traduzindo para a nossa situação seria: “seja solidário e não deixe de ajudar os mais necessitados”. Aos cobradores de impostos lhes dizia:” Não exija mais do que a taxa definida”. À polícia respondia:”não pratiques torturas nem chantagens contra ninguém (delação premiada?) e contente-se com seu salário.”

Deixando para trás o permanente valor da mensagem ética de João Batista,diria para ser brevíssimo: tudo deve começar pela família. Criar caráter (um dos sentidos de ética) nos filhos e filhas, formá-los na busca do bem e da verdade para não se deixarem seduzir pela lei de Gerson e evitar, sistematicamente, o jeitinho. Princípio básico de toda e qualquer ética: tratar sempre humanamente a cada ser humano.

Tomar absolutamente sério a lei áurea que é testemunhada em todas as tradições culturais e religiosas: “não faça ao outro o que não quer que te façam a ti”. Ou “ame o próximo como a ti mesmo” que na versão do evangelho de São Jão e de São Francisco é assim traduzida:”ame o outro mais que a ti mesmo”; “que eu procure mais consolar que ser consolado, mais compreender do que ser comprendido, mais amar do que ser amado.”

Siga o preceito de Kant: que o princípio que te leva fazer o bem, seja válido também para os outros.    Oriente-se pelos dez mandamentos, escritos na Bíblia como forma de ordenar a vida social do Povo de Deus e, que no fundo, são universalmente válidos. Traduzidos para hoje: o “não matar” significa, venere a vida, cultive uma cultura da não violência. O “não roubar”: aja com justiça e correção e lute por uma ordem econômica justa. O “não cometer adultério”: amem-se e respeitem-se mutuamene, e obriguem-se a uma cultura da igualdade e pareceria entre o homem e a mulher.

Isso é o mínimo que poderíamos fazer para arejar um pouco a atmosfera ética de nosso país.

Repetindo o grande Aristóteles, o mestre da ética ocidental:”não refletimos para saber o que seja a ética, mas para tornarmo-nos pessoas éticas”.

Leonardo Boff foi professor de ética na UERJ e em Heidelberg.

A violência:uma contribuição a suas várias interpretações – II Parte

                                             Segunda Parte

 Superação Histórico-Social da Violência?

Se a violência em uma origem histórica, cultural, social e radical, é mediante outro tipo de história, de cultura, de sociedade e de radicalidade que ela será minimizada e controlada em seu aspecto destrutivo.

Importa reconhecer, como têm feito tantos analistas, especialmente René Girard, que a violência comporta um componente de mistério que se subtrai à análise científica: por que tanta violência na história da natureza e das sociedades? por que toda ordem, para se manter, tem de produzir desordem, exclusão, punição e vítimas? por que, na história, até hoje, predominou o desejo mimético concorrencial, e não o desejo mimético cooperativo? Chegará o dia da predominância do desejo mimético cooperativo? Não estaríamos às suas portas, com a alenta e contraditória emergência de uma sociedade mundial, numa consciência planetária e numa única casa comum, o planeta Terra?

Girard confessa, num encontro com teólogos, sociólogos e antropólogos ligados à teologia de libertação latino-americana, ocorrido na Universidade de Piracicaba, de 25 a 29 de junho de 1990:

“Todos estamos de acordo em resistir ao desejo mimético. Mas isso parece provar que as forças geradoras da violência neste mundo, por razões misteriosas – que eu tento compreender – ao nível da própria organização do mundo como tal, num certo sentido, são mais poderosas que a harmonia e a unidade. Este é o aspecto sempre presente do pecado original, enquanto para além de qualquer concepção mítica, representa um nome para a violência na história” (cf. René Girard com teólogos da libertação. Petrópolis: Vozes, 1991, ps. 59).

         Apesar dessa força negativa, repugna ao ser humano pessoal e social entregar-se aos mecanismos da violência. Sempre de novo cria formas de resistência e de libertação. Por isso, Girard insiste na possibilidade histórica de uma outra lógica, não mais a da exclusão, mas a do diálogo e a de mais ampla inclusão; numa palavra, a de uma cultura radicalmente democrática.

Se no ser humano há o desejo mimético para o mal, vigora nele também o desejo mimético para o bem. Ao invés da exclusão do rival, pode-se fazer uma aliança com ele, elaborar uma estratégia de solidariedade e de comunhão. Desse transfundo nascem todas as possíveis formas de superação da violência.

Há dois desafios básicos para a história brasileira que, bem equacionados, teriam como efeito a diminuição considerável das estruturas de violência e também o controle sobre a vontade de violência dos cidadãos particulares: a gestação de um povo e a criação de uma democracia social.

Gestação de um povo a partir de movimentos e associações sociais

          No Brasil, desde o início, houve a presença do aparelho de Estado, que veio transplantado para cá para organizar e garantir a exploração colonial. Os colonizadores, muitos celerados, marginais e aventureiros, não vinham para criar uma nação, mas para fundar uma empresa comercial para enricar rapidamente, tornar-se fidalgos (filhos de algo), regressar a Portugal e desfrutar da riqueza acumulada. Submeteram primeiro os índios, e depois introduziram os negros africanos como mão-de-obra escrava. Criou-se aqui uma massa humana negada como sujeito histórico, sem consciência libertária e sem um projeto de futuro. Essa massa foi sempre manipulada pelas elites, humilhada e desprezada até os dias atuais.

A grande contribuição, especialmente a partir dos anos 30, foi a organização do trabalho industrial e o surgimento de associações de trabalhadores. O processo fez-se nesta linha: do seio da massa, sob a atuação de líderes carismáticos, agentes de educação popular e agentes religiosos, formaram-se comunidades, associações e movimentos populares de todo o tipo. Nesses espaços, foram surgindo atores sociais conscientes, críticos, com vontade de modificar a realidade circundante e de gestar as sementes de um outro tipo de sociedade, mais participativa, popular e democrática.

A articulação dessas associações gerou o movimento popular brasileiro. Ele está fazendo da massa um povo organizado. E povo só existe quando se elabora uma consciência coletiva, se desenha um projeto nacional e se instauram as práticas para implementá-lo. Desafio histórico dos intelectuais orgânicos e da pedagogia popular é gestar, mediante a organização da massa, as associações, as comunidades, os movimentos de toda ordem (por terra, casa, saúde, escola, direitos humanos, sindicalismo militante, etc.), o povo brasileiro. Ele ainda não se constituiu totalmente. Predominam as massas deserdadas e destituídas. Elas gritam e querem ser povo participante e organizado. Mas, lentamente, como fruto da luta popular e de seus aliados, está nascendo, finalmente, o povo brasileiro.

Esse povo, pela participação social nos movimentos e pela militância dos partidos ligados à sua causa e luta, obriga a sociedade política e escutá-lo, a negociar, e destarte a diminuir os níveis de violência estrutural.

Criação de Uma Democracia Social, de Base e Popular

        Outro desafio é a construção do quadro político-institucional para situar o povo nascido da luta de libertação histórica. Trata-se da democracia social e participativa. Somos herdeiros de uma sociedade escravagista e patrimonialista, de um Estado paternalista, beneficiente, mas nada participativo e pouco orientado pelas demandas populares. Possuímos uma fraca democracia delegatícia, cheia de vícios políticos, corrupta, feita, em muitos lugares, de currais eleitorais e da compra direta de votos. Se tomarmos como referência a igualdade, o respeito aos direitos e a justiça social, ela se parece antes a uma farsa que uma realidade histórica.

Como fruto da organização social, já se produziram partidos populares, como o PT, ou segmentos populares de partidos progressistas e até liberais-burgueses ou tradicionalmente de esquerda, que podem postular reformas profundas na sociedade e conquistar o poder de Estado, seja municipal, estadual ou federal.

Essa democracia participativa está sendo ensaiada nos movimentos sociais. Mas ela é querida para o corpo de todo da sociedade. Ela se baseia, fundamentalmente, nestes quatro pés, com os de uma mesa.

participação a mais ampla possível de todos, de baixo para cima, de tal sorte que cada um possa se entender como cidadão e sujeito da história que está ajudando a construir;

  • igualdade, que resulta dos graus cada vez mais profundos e amplos de participação; igualdade inicial de permitir que um maior número de cidadãos tenha chances de viver melhor, preparar-se profissionalmente, participar na cultura. Em face das desigualdades subsistentes, deve vigorar a solidariedade social;
  • respeito às diferenças de toda ordem, como expressão da riqueza humana e social; por isso, uma sociedade democrática deve ser pluralista, multiétnica, pluri-religiosa e com vários tipos de propriedade;
  • valorização da subjetividade humana – o ser humano não é apenas um ator social, é uma pessoa, nó de relações para todos os lados, no mundo e junto com outros. A comunhão e a espiritualidade são valores sociais inestimáveis para a auto-realização pessoal e para humanizar as instituições e as estruturas sociais.

Esta mesa, entretanto, está assentada sobre uma base, sem a qual ela não se sustenta: uma nova relação para com a natureza e para com a Terra, nossa Casa Comum. Em outras palavras, esta democracia deverá incorporar o momento ecológico fundado num outro paradigma. O vigente, centrado no poder e da dominação em função da acumulação ilimitada, encontrou um limite insuperável: os limites da Terra e de seus bens e serviços não renováveis. Uma Terra limitada não suporta um projeto ilimitado de crescimento. Por forçar estes limites, estamos tirando o equilíbrio da Terra e devastando seus ecossistemas. O aquecimento global e os eventos extremos vividos nos últimos anos mostram a febre e a doença da Terra.

Esta consciência dos limites que cresce mais e mais, nos obriga a pensar num novo paradigma de produção, de consumo e de repartição dos recursos escassos entre os humanos e também com a comunidade de vida (seres vivos como animais, aves, florestas que também são criadas pela Terra e que precisam de seus nutrientes).

Esse novo paradigma se baseia em algo da essência da vida, especialmente, da vida humana que é o cuidado, a solidariedade e a corresponsabilidade coletiva. Especialmente, o cuidado é fundamental porque comporta uma relação não agressiva e protetora da natureza e da Mãe Terra.

Esta nova consciência fez com que, a própria ONU tenha oficializado os direitos da natureza e o reconhecimento de que a Terra é efetivamente mãe. Ambos possuem valor em si mesmo, independente do uso que fazemos deles, e por isso são sujeitos de direitos que devem ser respeitados. A democracia deverá ser enriquecida com esses novos cidadãos; será uma democracia participativa e sócio-cósmica.

Esse tipo de democracia assim enriquecida – construída de baixo para cima, participativa, solidária, dialogal, humano-espiritual e ecológica – é capaz de orientar uma convivência menos agressiva, com mais colaboração e tolerância. Numa palavra, com significativa diminuição das causas que produzem violência entre as pessoas, na sociedade e na natureza.

Desse duplo processo – da constituição de um povo e da fundação de uma democracia participativa e sócio-cósmica – elabora-se a cidadania e a con-cidadania.          Cidadania pela qual as pessoas se sentem portadoras de direitos e deveres diante do Estado, que ajudam a constituir; e con-cidadania pela qual os cidadãos se unem a outros cidadãos para dinamizar a sociedade, para além daquilo que vem sendo feito pelo Estado.

Esses dois tipos de cidadania fazem das pessoas sujeitos históricos ativos que deixam para trás o caráter de massa e entram a compor a sociedade como o conjunto dos cidadãos organizados em Estado e socialmente auto-organizados (sociedade civil) e cuidadosos dos bens e serviços naturais. Agora se poderá falar com propriedade de história de um povo, e não apenas de heróis ou de classes hegemônicas.

Conclusão: contra a Resignação e por Uma Esperança Histórica

Estamos em face de um longo caminho civilizatório. Importa trilhá-lo, pois só assim conferimos um rosto humano à nossa história marcada por tantas barbaridades, cujos efeitos nos alcançam até o dias de hoje. A história é criativa e sempre aberta a formas mais altas de convivialidade. Cada geração deve dar a sua contribuição para essa aventura coletiva.

Não esposamos a resignação de Freud, que, numa carta-resposta a perguntas de Einstein, de 1932, sobre a persistência da violência nas relações humanas, escreveu: “Esfaimados, pensamos no moinho que tão lentamente mói, que poderíamos morrer de fome antes de receber a farinha”.

Não estamos condenados a morrer de fome, pois certamente o desígnio da história não é forçar-nos a ser lobos uns dos outros, mas concidadãos e sócios na justiça, na participação, no diálogo e na paz, no cuidado de nossa Casa comum, num convívio onde sejam menos difíceis a amizade e o amor.

Contrariando Freud, diria que a fila do moinho ela existe e persiste porque há farinha, e farinha para todos. Ela é suficiente não só para todos os humanos, mas também para os outros seres vivos que conosco compartem a aventura terrenal e cósmica.

O desejo mimético pode ser de colaboração, altruísmo e solidariedade. Repartiremos a farinha, mesmo sendo pouca, segundo critérios de justiça e de compaixão – no sentido budista da palavra, que significa compartilhar da vida, da luta, da alegria e do sofrimento da existência humana, social e planetária. E a história das religiões e das tradições espirituais testificam que, quando o pouco é repartido, ele se multiplica e se transforma em muito, a ponto de sobrar, como no relato bíblico da multiplicação dos cinco pães e dos dois peixes.

Vamos restabelecer a re-ligação originária para com a natureza e a Mãe Terra, cuidando na Casa Comum como nos tem ensinado o Papa Francisco em sua esplêndida encíclica Laudato Sí, sobre a ecologia (2015).

A Terra não precisa ser um vale de lágrimas. Ela pode transformar-se num lar comum, onde há fogo e óleo para todos ao redor da mesma mesa, a desfrutar da convivialidade e da comensalidade humanas e da bondade de todas as coisas.

Cabe terminar com estas consoladoras palavras do Papa Francisco em sua encíclica Laudato Sí:” caminhemos cantando, que nossas lutas e a nossa preocupação pelo planeta não nos tirem a alegria da esperança”(n. 245). FIM

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e professor emérito de ética e filosofia da religião da UERJ e portador do Prêmio Nobel Alternativo da Paz pelo Parlamento sueco e membro da Iniciativa Internacional da Carta da Terra e professor visitante em várias universidades estrangeiras como Basel, Heidelberg, Harvard, Lisboa e Salamanca.