La urgencia de cuidar de la Tierra y de la vida

No dia 23 de outubro de 2014 tive a palestra de abertura do Encuentro Mundial de Valores, realizado em Monterrey no México com mais de mil pessoas participando e com outros 80 paises coligados por distintos meios. Participaram conferencistas de vários paises do Ocidente e do Oriente com suas distintas visões de valores. Esse evento acontece cada ano e mobiliza muita gente da cidade e do país. Publico aqui a conferência que dei, cujas ideias básicas se encontram em meus livros e artigos.

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                               La urgencia de cuidar de la Tierra y de la vida

El Tao de la Liberación: explorando la ecología de transformación

Antes de empezar mi exposición quiero aclarar dos términos, el Tao y la ecología de transformación

       1.Aclaración de los términos

Tomamos el Tao del libro atribuido a Lao-tsé (551-479 aC) Tao Te Ching de la antigua China. El ideograma que expresa el Tao combina dos conceptos: el de camino y el de sabiduría. En su sentido originario el Tao es la Realidad Suprema y el modo como el universo funciona. Más concretamente el Tao es aquella fuerza misteriosa e inefable que nos hace caminar o crear un camino hacia la sabiduría intrínseca al universo. El Te es la manera como el Tao toma forma concreta entre nosotros. Ching significa el “libro clásico”. Análogos al concepto de Tao son el Malkuta de Jesús, el reinado, los principios de la politica de Dios en su creación o también el Dharma del budismo que significa el modo como funcionan las cosas en su orden y armonía.

Ecología de transformación representa el nuevo paradigma, capaz de transformar la actual crisis sistémica de la Tierra en un nuevo orden más alto con actitudes de cuidado y de responsabilidad colectiva frente al futuro común.

  1. El proyecto de la modernidad y sus presupuestos

Dos ejes han orientado toda la investigación que nos  costó a mi compañero, eminente pedagogo y cosmólogo Mark Hathaway, y a mí, más de 13 años de intenso trabajo: los pobres y la Tierra crucificada. Nos dimos cuenta de que la lógica que explota al trabajador, a las clases subalternas y a las sociedades, es la misma que explota la naturaleza y devasta la Tierra. Si la opción por los pobres contra la pobreza es la marca registrada de la Teología de la Liberación, entonces, hay que incluir entre los  pobres el gran Pobre que es el Planeta Tierra. Él también tiene que ser liberado y bajado de la cruz.

Esta lógica de explotación está presente en los padres fundadores del paradigma moderno como Galileo Galilei, Newton y especialmente Francis Bacon, el fundador del método científico moderno. Hasta ellos la Tierra era vista como Magna Mater, la Gran Madre que nos regala todo. Para ellos la Tierra es una sencilla res extensa, una cosa sin vida y sin propósito, algo a la total disposición del ser humano, que puede explotar todos sus bienes y servicios para su proyecto histórico.

El proyecto de estos padres fundadores se centraba en la idea de la conquista y dominación de la naturaleza, de las tierras y de los pueblos. Y así ocurrió en África, América Latina y Asia. Todo debía servir al ideal del progreso, o desarrollo ilimitado. En función de este paradigma se proyectó la tecnociencia, que ha cambiado la faz de la Tierra. No hay región o ecosistema que no hayan conquistados y sometidos al proyecto del desarrollo. El desarrollo y el crecimiento se expresan por la acumulación también ilimitada de riquezas materiales.

Ese proyecto prometeico produjo grandes comodidades para los seres humanos, desde la invención del antibiótico, que prolonga nuestras vidas, hasta llegar a la Luna y volver de ella. Pero al mismo tiempo ha creado una máquina de muerte con armas químicas, biológicas y nucleares que pueden destruir toda la vida del planeta cientos de veces. Nos hemos apropiado de nuestra propia muerte colectiva. Ya no necesitamos la intervención apocalíptica de Dios, como comentaba el historiador inglés Arnold Toynbee.

Este proyecto partía de dos presupuestos: los bienes y servicios de la Tierra eran infinitos, un baúl del cual podíamos sacar indefinidamente todo lo que queríamos. Y podríamos seguir progresando hacia el futuro también infinitamente. Pero ocurre que estos dos infinitos se han revelado ilusorios.

La Tierra es un planeta pequeño, viejo y ahora enfermo. Tiene bienes y servicios limitados y muchos no son renovables. Un planeta finito no soporta un proyecto infinito. Hemos tocado los límites físicos de la Tierra. Para que ella pueda reponer todo lo que le sacamos cada año necesita un año y medio de tiempo. Esto significa que la Tierra ya no es sostenible.

No podemos seguir infinitamente hacia el futuro porque si quisiéramos socializar el bienestar de los países ricos del Norte del mundo para toda la humanidad, necesitaríamos por los menos tres Tierras iguales a esta. Lo que evidentemente muestra los límites del crecimiento o del desarrollo ilimitados.

  1. 3. La nueva era geológica: el antropoceno

Como decía Michel Serres en su libro Guerre Totale, los seres humanos se han organizado de tal forma que están llevando a cabo una guerra implacable contra Gaia, en los suelos, en el aire, en los océanos y en todas las partes. El ser humano se ha transformado en el Satán de la Tierra. Según muchos científicos, especialmente Paul J. Creutzen, holandés y premio Nobel de química en 1995, en las últimas décadas hemos creado una nueva era geológica: el antropoceno. El antropoceno significa que la gran amenaza a la vida en la Tierra ya no es un meteoro rasante como sucedió antiguamente que, en15 grandes devastaciones, eliminó gran parte de la vida, sino que ahora la perversa amenaza de autodestrucción es el ser humano. Como decía el gran biólogo de Harvard, Edward O. Wilson, en su libro Creación: como salvar la vida en la Tierra (2006): “la especie humana es la primera especie en la historia de la vida en la Tierra que se ha hecho una fuerza geofísica destructiva” (p.38).

El proceso industrialista es tan feroz que, según los cálculos de Wilson, hace desaparecer al año entre 27-100 mil especies de organismos vivos. Esto es una verdadera devastación como en eras primitivas.

La forma como la Tierra acusa esta sistemática agresión, por ser un super-Ente vivo, Gaia, es una fiebre que no termina de subir. Es el calentamiento global que al aumentar dos grados centígrados (estamos cerca de esto) puede afectar profundamente al sistema-vida y al sistema-Tierra. Lo peor que nos puede suceder es no hacer nada, como los Encuentros Mundiales sobre el Calentamiento lo han demostrado. La Academia Norteamericana de Ciencias ya en 2002 advertía que “el paradigma de un calentamiento abrupto ya está bien establecido por la investigación científica hace más de diez años, pero este dato es poco conocido y no tomado en serio por los policymakers (los políticos)”. Este fenómeno puede ocurrir de forma rápida y dramática, en pocos años. El calentamiento puede aumentar abruptamente de 4,5 a 6 grados centígrados.

Varios científicos han declarado que con este nivel de calentamiento, ninguna forma de vida conocida puede subsistir y gran parte de la humanidad puede desaparecer. Pero como tenemos tecnologías, podemos crear islas o puertos en donde algunos millones de personas puedan salvarse, pero gran parte de la humanidad estaría condenada. Un científico especializado en oceanografía, Pieter Tans, dijo en una entrevista: “Estamos jugando a una ruleta rusa con el revólver apuntado hacia la generación de nuestros hijos y nietos” (Richard Miller, Global Climate Disruption and Social Justice, en R. Miller editor, God, Creation, and Climate Change, N.Y. 2010, p. 16-17). Esto sería una gran desgracia porque nosotros necesitamos a la Tierra. Ella no nos necesita a nosotros. Puede continuar, cubierta de cadáveres, pero sin nosotros.

Tanto Mark Hathaway como yo hemos tomado muy en serio la advertencia de la primera frase de la Carta de la Tierra, seguramente uno de los documentos más importantes del principio del siglo XXI, ya asumido por la UNESCO, en cuya redacción pude participar junto con Gorbachov, Steven Rockfeller y Maurice Strong entre otros: “Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en una época en que la humanidad debe elegir su futuro… La elección es esta: o formar una alianza global para cuidar de la Tierra y unos de otros, o arriesgar nuestra destrucción y la de la diversidad de la vida” (Prólogo).

Rechazamos la idea de que esta advertencia sea fatal y la especie humana y su proyecto civilizatorio, que tanto nos ha costado, pueda desaparecer en las próximas generaciones. Pero hay que estar atentos porque no podemos llegar atrasados ni equivocarnos. No tenemos una Arca de Noé que pueda salvarnos a todos.

Para repensar esta crisis sistémica y global, para que sea profundizada y encontremos caminos alternativos que apunten hacia otra forma de habitar la única Casa Común que tenemos, la Madre Tierra, con más cuidado, reverencia y respeto, nos propusimos producir esta obra que fue bien recibida por la comunidad científica, hasta el punto de ser galardonada en Estados Unidos por la Institución Nautilus, en el año 1210, con la medalla de oro en el campo de la Nueva Ciencia y Cosmología.

Para realizar esta tarea nos han iluminado los muchos saberes de las varias ciencias de la vida y de la Tierra, nos han ayudado las aportaciones de la sabiduría oriental y de nuestros pueblos originarios. Hemos asumido la perspectiva contemporánea del universo en cosmogénesis que nos ha permitido una visión holística y total de todo el proceso cósmico aún en expansión.

No es este el lugar para hacer la crítica del paradigma de la modernidad, al que hemos dedicado en el libro muchas páginas. Lo damos como ya desmantelado por la crítica de varias ciencias. Ha cumplido su misión histórica, pero ha agotado sus virtualidades internas. Ya no tiene nada de alternativo que ofrecernos.cDe continuar, imponiéndose con violencia, puede llevarnos al abismo. Como decía el historiador inglés Eric Hobsbawam en la última frase de su famoso libro La era de los extremos (1999): “nuestro futuro no puede ser la continuación del pasado; nuestro mundo corre el riesgo de explosión y de implosión. Tiene que cambiar. La alternativa al cambio es la oscuridad”. En otro lugar dice simplemente: “o cambiamos o morimos”.

Nunca la humanidad histórica pasó por una amenaza de esta magnitud, la de tener en sus manos su destino fatal y final. Si queremos sobrevivir, tenemos que reinventarnos como humanidad. Y como veremos, no vamos a lograrlo sin una espiritualidad que ame y respete todas las cosas, descubriendo dentro de ella aquella Energía poderosa y amorosa que sostiene el todo y que las tradiciones espirituales llamaron Tao, Shiva, Alah, de Huitzilopochtli, Inti, Javé o sencillamente Dios.

La sabiduría del universo nos lleva a pasar de una visión de la Tierra y del cosmos de máquina a organismo; de lo determinista y lo aleatorio a la manifestación creativa; de la estabilidad a la evolución; de la objetividad a la participación; de la falta de propósito al sentido.

  1. El enfrentamiento de dos cosmologías

En este momento se enfrentan dos grandes cosmologías, la dominante llamada cosmología de la dominación y la emergente cosmología de transformación.

Por cosmología entendemos la visión de mundo o cosmovisión que está en la base de las ideas, de las prácticas, de los proyectos y de las utopías de una sociedad. Cada cultura tiene su cosmología. Por ella se procura aclarar el origen, la evolución y el propósito del universo e identificar nuestro lugar en el conjunto de los seres.

La cosmología de dominación ya la hemos descrito anteriormente. Se caracteriza por ser mecanicista, atomística, deteriminística y reduccionista. La manera agresiva con la cual se relaciona con la Tierra hace que el 20% de la población mundial controle y consuma el 82,4% de los bienes y servicios naturales mientras el 80% más pobre tiene que contentarse con el 1,6% de los mismos.

Este sistema crea una doble injusticia: una social y otra ecológica. La social es el abismo entre los pocos ricos y los muchos pobres; la ecológica es la superexplotación de ecosistemas enteros con la enorme desaparición de organismos vivos y la desestabilización del equilibrio de la Madre Tierra.

La cosmología de transformación es alternativa y potencialmente salvadora. Ya tiene más de un siglo de elaboración, prácticamente desde Albert Einstein y culminó en la Carta de la Tierra. Ella sitúa toda la realidad dentro de la cosmogénesis, que es aquel inmenso proceso de la evolución que se inauguró hace ya 13,7 mil millones de años a partir del big bang. El universo, según esta comprensión, está continuamente expandiéndose, autoorganizándose y autocreándose. Su estado natural es la evolución y no la estabilidad, la transformación, no la inmutabilidad y la permanencia.

En él todo es relación en redes y nada existe fuera de esta relación. A raíz de esto, todos los seres son interdependientes y colaboran entre sí para coevolucionar y garantizar la vigencia de todos los factores del equilibrio cósmico y de la propia Tierra.

Por detrás del universo y de cada ser actúa la Energía de Fondo que fue llamada Vacío Cuántico, y que de vacío no tiene nada porque está llena de virtualidades. La denominaron también Abismo generador de donde todo  emerge o Fuente originaria de todos los entes, que los sostiene en su existencia y hace surgir continuas manifestaciones nuevas, dependiendo del nivel de complejidad alcanzada en el proceso de la cosmogénesis.

La más espectacular de ellas es seguramente para nosotros la Tierra viva, con toda la comunidad de vivientes y especialmente la presencia del ser humano consciente y libre. Él es la porción de la Tierra que siente, piensa, ama, cuida y venera. Tiene la misión ética de cuidar y guardar esta herencia sagrada recibida del universo y de Dios.

Pero en este momento vivimos tiempos de urgencia. El conjunto de las crisis actuales está creando una espiral de necesidades de cambio que, al no ser implementadas, pueden conducir al planeta a un gran caos destructivo. Pero si sabemos manejarlas podremos transformar el caos destructivo en caos generativo, capaz de ofrecer las oportunidades de un otro estadio civilizatorio, con una relación benevolente y amiga con la Tierra.

Porque la cosmología de dominación sigue siendo hegemónica y decadente, en este momento la cosmología de transformación puede sernos inspiradora. Contrariamente a la dominación de la naturaleza, puede ponernos en su seno con un profundo sentido de pertenencia, de sintonía y de sinergia. En lugar de una globalización homogeneizadora de las diferencias, este nuevo paradigma crea la oportunidad de un bioregionalismo, que valora las diferencias y comprende los biomas según el trazado ya hecho por la Tierra, sea por las montañas sea por los cursos de los ríos. Las sociedades pueden ser autosostenibles a partir de las potencialidades de las biorregiones, fundadas en el respeto a los ritmos y límites de cada una de estas biorregiones, ecologizando todos los saberes, incluyendo las tradiciones, la cultura local y la participación de las poblaciones del lugar, buscando el “bien vivir” que es la armonía entre todos, con la naturaleza y la Madre Tierra (Pachamama).

Lo que caracteriza esta cosmología de transformación es el cuidado en lugar de la dominación, el reconocimiento del valor intrínseco de cada ser en lugar de su utilización egoísta por los seres humanos, el respeto hacia todas las formas de vida y la dignidad de naturaleza y los derechos de la Tierra en lugar de la falta de respeto y su explotación ilimitada.

La fuerza de esta cosmología reside en el hecho de estar más acorde con las necesidades humanas reales y con la lógica misma del universo. Al hacerse hegemónica y al triunfar sobre la cosmología de la dominación, van a crearse las bases para otro ensayo civilizatorio en el cual el cuidado, la cooperación, la solidaridad con los más débiles, la compasión, el respeto, el amor, la alegría de vivir y una aura de espiritualidad ganaran centralidad. Esto significaría el gran viraje salvador que tanto necesitamos si decidimos aún vivir sobre este planeta.

Pero hay que ser realistas: junto con todos estos valores positivos nos acompañan también sus contradicciones, porque nuestra condición humana es la de ser sapientes y dementes, portadores de amabilidad y también de enemistad. Pero hay que crear el espacio para que la dimensión de luz tenga más derecho y triunfe sobre la dimensión de sombra.

  1. El rescate de la razón sensible o cordial

Para alcanzar estos fines tan altos se hace urgente un proceso previo: el rescate de la razón sensible o cordial como muchos autores modernos ―de ellos en lengua española Adela Cortina―, lo están postulando. Este tipo de razón se propone ser un correctivo a la irracionalidad de nuestra razón instrumental-analítica que ha creado los instrumentos de nuestra destrucción, y a la vez una complementación de esta razón intelectual, que es irrenunciable, si queremos crear y mantener los medios de nuestra subsistencia en la Tierra. Pero solo con la razón instrumental no vamos a conseguirlo. Como decía Martin Heidegger en su famosa entrevista referiéndose a la crisis de la modernidad científica: “solo un Dios nos puede salvar”.

La razón sensible o cordial tiene cerca de 210 millones de años cuando surgieron los mamíferos. En ese momento irrumpió el cerebro límbico que se sobrepone al cerebro reptil, cuya aparición se produjo hace 300 millones de años. Con el cerebro límbico surgió algo único que no existía aún en el universo conocido: el cuidado, el cariño, el sentimiento y el amor. Al dar a luz a su cría, los mamíferos muestran todos estos comportamientos. Nosotros olvidamos que somos mamíferos intelectuales. En lo más profundo de nosotros, esto lo saben los psicoanalistas, somos seres de afecto, de pasión y de sensibilidad. En la razón cordial está el mundo de las excelencias, del amor, de la solidaridad y también de lo contrario. Ahí se encuentra el lugar adecuado de los valores, de la ética y de la espiritualidad.

La razón intelectual tiene su lugar en el cerebro neocortical (neocórtex) que tiene solamente 6-7 millones de años. Es el lugar del raciocinio formal, de la lógica de los conceptos, del lenguaje, de los proyectos de intervención consciente en la naturaleza y de la elaboración de nuestras visiones. Ocurre que históricamente la razón sensible fue puesta al margen y hasta criticada porque se pensaba que iba impedir la objetividad del análisis científico. Hoy sabemos que todo saber está impregnado de sensibilidad y de intereses. Con su marginación predominó la razón instrumental-analítica creando un mundo, como decía ya Pascal, sin “esprit de finesse” y solamente con “esprit de géometrie”, frio, calculador, adecuado al sistema que se impuso, el mundo de la tecnociencia, tanto en su forma capitalista, como en su forma socialista. En el fondo la razón es poder, y poder ejercido como dominación del otro.

Hoy es fundamental añadir la razón cordial y sensible a la razón intelectual. Es la razón cordial la que nos mueve a cuidar de la naturaleza, a amar y venerar a nuestra Madre Tierra y a mantener las bases físicas y químicas que sustentan la vida, tan fuertemente amenazadas. Sin el corazón no hay salvación para nuestra Casa Común, la Tierra.

  1. Alternativas en curso, sus principios y travesías

¿Cuáles son las alternativas viables que se contraponen al paradigma vigente, enemigo acérrimo de la vida? Aquí hay que reconocer la disparidad del equilibrio de fuerzas. Como decíamos antes, la cosmología de dominación sigue todavía triunfante, pero llena de contradicciones y en plena crisis sistémica. Ya no tiene razones convincentes para imponerse. Por eso utiliza la fuerza económica, política, cultural y especialmente la militar. Su límite insuperable es que no nos puede presentar ninguna esperanza hacia el futuro, sino más crisis, sin excluir una catástrofe ecológico-social de proporciones planetarias que sacrificaría especialmente a millones de pobres.

La cosmología de transformación está brotando por todas partes en innumerables movimientos, en cuerpos de la ciencia de alto nivel, especialmente en la astrofísica y en la nueva cosmología y particularmente por el compromiso ecológico que gana más y más fuerza en las conciencias. Nuestra angustia está, en palabras de Antonio Gramsci, en que los viejos dioses no acaban de morir y los nuevos no acaban todavía de nacer. Pero tenemos una ventaja incomparable: por aquí hay camino, por aquí hay esperanza y por aquí pasa el futuro previsible para la vida, para la Tierra y para nuestra civilización.

No hay lugar para trazar un boceto, por mínimo que sea, de cómo sería este nuevo tipo de mundo necesario. Yo veo que hay cuatro principios indispensables:

  1. a) Cuatro principios fundamentales

El primero es la sostenibilidad, liberada de su cooptación por la economía. Sostenibilidad es todo lo que hacemos para garantizar la existencia y reproducción de todos los seres, especialmente de los vivos, de la vida humana y de la Madre Tierra.

El segundo es el cuidado: si no tenemos cuidado, que es un gesto generoso y amable hacia la naturaleza y hacia todos los seres, no vamos garantizar la sostenibilidad. Como nos enseña el mito del Cuidado, tan profundizado por San Agustín y Martin Heidegger, es la base ontológica de todo el ser y del actuar humano. Es la pre-condición que debe ocurrir para que irrumpa el ser, la vida y ser humano, y a la vez es el condicionador anticipado de todas nuestras acciones, para que sean buenas y no deletéreas para la Tierra.

El tercero es el principio de cooperación. Todos estamos interligados y nos ayudamos recíprocamente para mantenernos existiendo. Esto vale especialmente para los seres humanos. Cuando nuestros ancestros iban a buscar sus alimentos, no los comían inmediatamente, como suelen hacer los animales, sino que los llevaban al grupo para distribuirlos solidariamente entre todos. Lo que fue verdadero ayer, sigue valiendo hoy. Sin cooperación de todos con todos no vamos a salvar la vida en el planeta y el proyecto civilizatorio humano.

El cuarto es el principio de responsabilidad colectiva, tan bien formulado por Hans Jonas en su “Principio de Responsabilidad”. Como todos estamos interconectados, tenemos un mismo destino común. Debemos darnos cuenta del sentido salvador o perjudicial de nuestras acciones. Hoy podemos ser responsables, debido a nuestra falta de cuidado, de la destrucción de algunos ecosistemas y por ende de la propia vida en la Tierra.

  1. b) Travesías inevitables

Además debemos hacer algunas travesías impostergables hasta llegar a lo nuevo que buscamos. La gran mayoría está en curso, pero necesitan ser reforzadas. Hay que pasar:

– Del paradigma Imperio, vigente desde hace siglos, al paradigma de la Comunidad Planetaria.

–  De una sociedad industrialista que depreda los bienes naturales y tensiona las relaciones sociales, a una sociedad de sostenimiento de toda la vida y que busca la equidad social.

– De la Tierra como medio de producción y de recursos puestos en el mercado como commodities, a la Tierra como un Ente vivo, llamado Gaia, Pacha Mama o Madre Tierra.

– Del ser humano desconectado de la naturaleza al ser humano como la porción de la Tierra que en su momento de alta complejidad empezó a sentir, a pensar, a amar, a cuidar y a venerar.

– De la era tecnozoica y del antropoceno, que han devastado gran parte de la biosfera, a la era ecozoica y a la ecologización de todos los saberes y practicas humanas, y de todos unidos cooperando en la salvaguarda del sistema-vida.

– De la lógica de la competencia que se rige por el gana-pierde y opone a las personas y las trata como descartables, a la lógica de la cooperación del gana-gana, que congrega y fortalece la solidaridad entre todos. De ahí nace una cultura de paz.

– Del capital material siempre limitado y perecedero, al capital humano-espiritual que es ilimitado, hecho de cooperación, solidaridad, cuidado, compasión, reverencia y amor. El gran sueño es buscar una confraternización con todos los seres de la inmensa comunidad de vida, creando así una paz perenne con la Madre Tierra.

– De una sociedad antropocéntrica, separada de la naturaleza, a una sociedad biocentrada, que se siente parte del todo de la naturaleza y que busca ajustar sus hábitos a la lógica del proceso antropogénico, cuyas características son la sinergia, la interconectividad entre todos y la colaboración recíproca.

  1. La espiritualidad: el “sitio  Dios en el cerebro

Todo este proceso de reinvención de una nueva relación con la Tierra, conlleva una profunda espiritualidad. Se puede hablar de muchas formas sobre la espiritualidad, partiendo de las experiencias religiosas. En la perspectiva de nuestra reflexión he preferido seguir una línea que viene de la moderna neurología. Pero cabe ante todo decir que la espiritualidad no es monopolio de las religiones; es un dato antropológico de base, como lo es la inteligencia, la libido y otros. Se trata de lo profundo humano. Espiritualidad es un modo de ser, una actitud fundamental que confiere un sentido último a la vida. La espiritualidad tiene una base biológica. En investigaciones recientes hechas por neurólogos como Persinger, Ramachandran, Singer, Marsall, y otros observaron que siempre que alguien aborda temas que tienen que ver con la totalidad, con el sentido de la vida, con lo sagrado y con Dios se produce una alta excitación de las neuronas de los lóbulos frontales. Estos científicos lo denominaron el “sitio Dios en el cerebro” y otros “mystical mind”. Es como un órgano interno mediante el cual captamos el estabón misterioso y amoroso que liga y religa a todos los seres, haciendo que el cosmos predomine sobre el caos.

Cultivar hoy ese “sitio Dios”, liberado de las cenizas de materialismo y egocentrismo que lo cubren, hace surgir en la persona percepciones de bienaventuranza, de solidaridad, de compasión y de amor. En tiempos de travesía y de profundas crisis, la espiritualidad alimenta la esperanza y da un sentido a todos los padecimientos que sufrimos. De ahí se deriva una espiritualidad que puede ser desarrollada dentro del discurso ecológico, Dios como Aquella Energía vital, personal que todo anima, sustenta y orienta. Encontramos a Dios en acción dentro del proceso cosmogénico. Abrazando al mundo estamos abrazando a Dios.

  1. Un horizonte de esperanza

Estas son algunas de las configuraciones de lo que pueden ser los fundamentos necesarios para un nuevo ensayo civilizatorio, capaz de preservar la vitalidad de la Tierra para nosotros y para las futuras generaciones y garantizar un futuro para nuestra civilización. Ellas refuerzan el principio esperanza, de donde nos vienen nuevas visiones y utopías que fundan una nueva realidad viable.

Hago mías las palabras que cierran la Carta de la Tierra:

“Que nuestro tiempo se recuerde por el despertar a una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad, por la premura en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida” (final).

 

 Obras de Leonardo Boff sobre el tema

– con Mark Hathway, El Tao de la liberación: una ecología de la  transformación. Prefacio de Fritjof Capra, Trotta, Madrid 2014.

Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres, Trotta, Madrid 1996.

El evangelio del Cristo cósmico, Trotta, Madrid 2009.

La dignidad de la Tierra: ecología, mundialización y espiritualidad, Trotta, Madrid 2000.

El cuidado esencial: ética de lo humano y compasión por la Tierra, Trotta, Madrid 2002.

El cuidado necesario en la vida, en la economía, en la ecología y en la vida personal, Trotta, Madrid 2012.

La opción-Tierra: la solución para la Tierra  no cae del cielo, Sal Terrae, Santander 2008.

Del iceberg al Arca de Noé, Sal Terrae, Santander 2003.

Florecer en el yermo: de la crisis de civilización a una revolución radicalmente humana, Sal Terrae, Santander 2006.

El Planeta Tierra: crisis, falsas soluciones y alternativas, Nueva Utopía, Madrid, 2011.

Monterrey, 23 de octubre de 2014.

RIFONDARE L’ETICA E LA MORALE

Una delle richieste attualmente più frequenti nei gruppi, nelle scuole, nelle università, nelle imprese, nei seminari è la questione dell’etica. Le sollecitazioni più frequenti che ricevo sono esattamente un invito ad abbordare questi temi.

Cosa particolarmente difficile oggi, dato che non possiamo imporre a tutta l’umanità l’etica elaborata in occidente sulla scia di grandi maestri, come Aristotele, Tommaso d’Aquino , Kant o Habermas. Nei contatti delle culture attraverso la globalizzazione ci troviamo a confronto con altri paradigmi di etica. Come trovare, al di là delle diversità, un consenso etico minimo valido per tutti?

Una possibilità è cercare nella stessa essenza umana, di cui tutti siamo portatori, il suo fondamento: come dobbiamo relazionarci tra noi esseri personali e sociali con la natura e con la Madre Terra? L’etica è di ordine pratico anche se basata su una visione teoricamente ben fondata.

Se non agiremo nei limiti di un consenso minimo in questioni etiche, potremmo causare catastrofi socio-ambientali di magnitudine mai vista prima.

Valida l’osservaziopne dello stimato psicanalista nordamericano Rollo May che scrive. “Nell’attuale confusione di episodi correlati con la ragione e con la tecnica, abbiamo perso di vista e non ci siamo preoccupati dell’essere umano; c’è bisogno di fare un’umile marcia indietro verso la cura ; credo che molte volte solo la cura ci permette di resistere al cinismo e all’apatia che sono malattie psicologiche del nostro tempo”. (Eros e repressao,Vozes,1973 p.318 e tutta la parte 318-340).

Mi sono dedicato intensamente al tema della cura (Saber Cuidar, 1999; O Cuidado necessaro,2013 per la Vozes). Secondo il famoso mito dello schiavo romano Higino sulla cura il dio “Cura” ebbe la felice idea di fare un pupazzo di dimensioni umane. Chiamò Giove perché gli desse la vita. Il che fu fatto. Quando questi volle imporgli il nome, la da Terra saltò su a dire che quel pupazzo era stato fatto con materiale preso da lei e così avrebbe lei la precedenza per dare il nome. Ma non riuscirono a mettersi d’accordo.

Saturno, padre degli dei venne chiamato e lui decise la questione chiamandolo “Homo” che deriva da “humus” , terra fertile e disse al dio “Cura” : “Tu che hai avuto l’idea, tu avrai cura dell’essere umano tutti i giorni della tua vita. Da quello che si vede, la concezione dell’essere umano composto di spirito e corpo non è originaria. Il mito dice:”Cura è stato il primo a formare l’essere umano”.

La cura pertanto è un “a priori” ontologico, mi spiego: “sta all’origine dell’essere umano. Questa origine non va intesa in senso cronologico ma in senso filosofico, come la fonte da cui sgorga in continuazione l’esistenza dell’essere umano”. Abbiamo a che fare con un’energia amorosa che sgorga in continuazione ad ogni istante e in qualsiasi circostanza. Senza la cura l’essere umano sarebbe ancora un pezzo di argilla come un qualsiasi altro pezzo sulla riva del fiume, o uno spirito angelico disincarnato e al di fuori del tempo storico.

Quando si dice che il dio Cura ha modellato per primo l’essere umano, s’intende sottolineare che egli impiegò in questo dedizione, amore, tenerezza, sentimento e cuore. Con ciò assunse la responsabilità di far sì che queste virtù costituissero la natura dell’essere umano, senza le quali perderebbe il suo status uman. La cura deve trasformarsi in sangue e carne della nostra esistenza.

L’universo stesso sta in piedi grazie alla cura. Se nei primi istanti dopo il big bang non avesse avuto una cura specialissima perché le energie fondamentali si equilibrassero adeguatamente non sarebbe nata la materia, le galassie, la Terra e noi stessi. Tutti noi siamo figli e figlie della cura. Se le nostre madri non avessero avuto una cura infinita nell’accoglierci e alimentarci noi non avremmo saputo come lasciare la culla per andare a cercare cibo. Noi saremmo morti in poco tempo.

Tutto quello di cui abbiamo cura noi lo amiamo e tutto quello che amiamo, ne abbiamo cura.

Insieme con la cura nasce la resposabilità, altro principio fondatore dell’etica universale. Essere responsabile è aver cura che le nostre azioni non facciano male né a noi né agli altri, al contrario siano benefiche e promuovano la vita.

Ogni cosa ha bisogno di cura. Caso contrario si deteriora e lentamente sparisce. La cura è la maggior forza che si oppone all’entropia universale: fa sì che le cose durino molto più a lungo.

Essendo noi esseri sociali, non viviamo ma conviviamo, abbiamo bisogno di collaborazione di tutti perché la cura e la responsabilità diventino forze plasmatrici dell’essere umano.

Quando i nostri antenati antropoidi andavano a caccia di cibo, non mangiavano subito come fanno generalmente gli animali. Raccoglievano e portavano al gruppo e condividevano solidarmente. Mangiavano insieme, cominciando dai più piccoli e i più vecchi e dopo tutti gli altri. E’ stata questa cooperaziopne che ci ha permesso di spiccare il salto dall’animalità all’umanità. Quello che era vero ieri è ancora vero oggi. E’ quello che più manca nel mondo che è regolato più dalla competizione che dalla cooperazione. Per questo siamo insensibili davanti alle sofferenze di milioni e milioni di persone e smettiamo di aver cura e di responsabilizzarci nei confronti di un futuro comune, della nostra specie e della vita sul pianeta Terra.

Occorre reinventare questo consenso minimo intorno a questi principi e valori, se vogliamo garantire la nostra soppravivenza e quella della nostra civiltà.

Traduzione di Romano Baraglia

La urgencia de refundar la ética y la moral

Actualmente una de las mayores demandas en los grupos, en las escuelas, en las universidades, en las empresas, en los seminarios de distinto orden es la cuestión de la ética. Las peticiones que más recibo son justamente para abordar este tema.

Hoy es especialmente difícil, pues no podemos imponer a toda la humanidad la ética elaborada por Occidente siguiendo a los grandes maestros como Aristóteles, Tomás de Aquino, Kant y Habermas. En el encuentro de las culturas por la globalización nos vemos confrontados con otros paradigmas de ética. ¿Cómo encontrar más allá de las diversidades un consenso ético mínimo, válido para todos? La salida es buscar en la propia esencia humana, de la cual todos son portadores, su fundamento: cómo nos debemos relacionar entre nosotros, seres personales y sociales, con la naturaleza y con la Madre Tierra. La ética es de orden práctico, aunque se base en una visión teórica. Si no actuamos en los límites de un consenso mínimo en cuestiones éticas, podemos producir catástrofes socioambientales de magnitud nunca antes vista.

Es valiosa la observación del apreciado psicoanalista norteamericano Rollo May, que escribió: «En la actual confusión de episodios racionalistas y técnicos perdemos de vista y nos despreocupamos del ser humano; ahora necesitamos volver humildemente al simple cuidado; muchas veces creo que solamente el cuidado nos permite resistir al cinismo y a la apatía que son las enfermedades psicológicas de nuestro tiempo» (Eros e Repressão, Vozes 1973 p. 318-340).

Me he dedicado intensamente al tema del cuidado (Saber Cuidar, 1999; El cuidado necesario, 2013). Según el famoso mito del esclavo romano Higinio sobre el cuidado, el dios Cuidado tuvo la feliz idea de hacer un muñeco con forma de ser humano. Llamó a Júpiter para que le infundiera el espíritu, y éste lo hizo. Pero cuando quiso ponerle un nombre, se levantó la diosa Tierra diciendo que tal figura estaba hecha de materia suya y por lo tanto ella tenía más derecho a darle un nombre. No llegaron a ningún acuerdo y llamaron a Saturno, padre de los dioses, quien decidió la cuestión llamándole hombre, que viene de humus, tierra fértil. Y ordenó al dios Cuidado: «tú que tuviste la idea cuidarás del ser humano todos los días de su vida». Por lo que se ve, la concepción del ser humano como compuesto de espíritu y cuerpo no es originaria. El mito dice: «El cuidado fue lo primero que modeló al ser humano».

El cuidado, por tanto, es un a priori ontológico, está en el origen de la existencia del ser humano. Ese origen no debe entenderse temporalmente, sino filosóficamente, como la fuente de donde brota permanentemente la existencia del ser humano. Estamos hablando de una energía amorosa que brota ininterrumpidamente en cada momento y en cada circunstancia. Sin el cuidado el ser humano seguiría siendo una porción de arcilla como cualquier otra a la orilla del río, o un espíritu angelical desencarnado y fuera del tiempo histórico.

Cuando se dice que el dios Cuidado moldeó, el primero, al ser humano, se pretende enfatizar que empeñó en ello dedicación, amor, ternura, sentimiento y corazón. Con eso asumió la responsabilidad de hacer que estas virtudes constituyesen la naturaleza del ser humano, sin las cuales perdería su estatura humana. El cuidado debe transformarse en carne y sangre de nuestra existencia.

El propio universo se rige por el cuidado. Si en los primeros momentos después del big bang no hubiese habido un sutilísimo cuidado para que las energías fundamentales se equilibrasen adecuadamente, no habrían surgido la materia, las galaxias, el Sol, la Tierra y nosotros mismos. Todos nosotros somos hijos e hijas del cuidado. Si nuestras madres no hubiesen tenido infinito cuidado al recibirnos y alimentarnos, no habríamos sabido cómo salir de la cuna a buscar nuestro alimento. Habríamos muerto en poco tiempo.

Todo lo que cuidamos también lo amamos y todo lo que amamos también lo cuidamos.

Junto con el cuidado nace naturalmente la responsabilidad, otro principio fundador de la ética universal. Ser responsable es cuidar de que nuestras accionen no hagan daño ni a nosotros ni a los demás, sino al contrario, que sean benéficas y promuevan la vida.

Todo necesita ser cuidado. En caso contrario se deteriora y lentamente desaparece. El cuidado es la mayor fuerza que se opone a la entropía universal: hace que las cosas duren mucho más tiempo.

Como somos seres sociales, no vivimos sino que convivimos, necesitamos la colaboración de todos para que el cuidado y la responsabilidad se conviertan en fuerzas plasmadoras del ser humano.

Cuando nuestros antepasados antropoides iban en busca de alimento, no lo comían al momento como hacen, en general, los animales. Lo recogían y lo llevaban a su grupo y cooperativa y solidariamente comían juntos, empezando por los más jóvenes y los mayores, y después todos los demás. Fue esta cooperación la que nos permitió dar el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue verdadero ayer, también sigue siendo verdadero hoy. Es lo que más falta hace en este mundo que se rige más por la competición que por la cooperación. Por eso somos insensibles ante el sufrimiento de millones y millones de personas y dejamos de cuidar y de responsabilizarnos del futuro común, el de nuestra especie y el de la vida en el planeta Tierra.

Es importante reinventar ese consenso mínimo alrededor de estos principios y valores si queremos garantizar nuestra supervivencia y la de nuestra de civilización.

Traducción de Mª José Gavito Milano

A urgência de refundar a ética e a moral

Uma das demandas maiores atualmente nos grupos, nas escolas, nas universidades, nas empresas, nos seminários de distinta ordem é a questão da ética. As solicitações que mais recebo são exatamente para abordar este tema.

Hoje ele é especialmente difícil, pois não podemos impor a toda a humanidade a ética elaborada pelo Ocidente na esteira dos grandes mestres como Aristóteles, Tomás de Aquino, Kant e Habermas. No encontro das culturas pela globalização somos confrontados com outros paradigmas de ética. Como encontrar para além das diversidades, um consenso ético mínimo, válido para todos? A saída é buscar na própria essência humana, da qual todos são portadores, o seu fundamento: como nos devemos nos relacionar entre nós seres pessoais e sociais, com a natureza e com a Mãe Terra. A ética é da ordem prática, embora se embase numa visão teoricamente bem fundada. Se não agirmos nos limites de um consenso mínimo em questões éticas, podemos produzir catástrofes sócio-ambientais de magnitude nunca antes vista.

Vale a observação do apreciado psicanalista norte-americano Rollo May que escreveu:”Na atual confusão de episódios racionalistas e técnicos perdemos de vista e nos despreocupamos do ser humano; precisamos agora voltar humildemente ao simples cuidado; creio, muitas vezes, que somente o cuidado nos permite resistir ao cinismo e à apatia que são as doenças psicológicas do nosso tempo”(Eros e Repressão, Vozes 1973 p. 318, toda a parte 318-340).

Tenho me dedicado intensamente ao tema do cuidado (Saber Cuidar,1999; O cuidado necessáro, 2013 pela Vozes). Segundo o famoso mito do escravo romano Higino sobre o cuidado, o deus Cuidado teve a feliz ideia de fazer um boneco no formato de um ser humano. Chamou Jupiter para lhe infundir espírito, o que foi feito. Quando este quis impor-lhe um nome, se levantou a deusa Terra dizendo que a tal figura foi feita com o seu material e assim teria mais direito de dar-lhe um nome. Não se chegou a nenhum acordo. Saturno, o pais dos deuses, foi invocado e ele decidiu a questão chamando-o de homem que vem de húmus, terra fértil. E ordenou ao deus Cuidado: “você que teve a ideia, cuidará do ser humano por todos os dias de sua vida”. Pelo que se vê, a concepção do ser humano como composto de espírito e de corpo não é originária. O mito diz:”O cuidado foi o primeiro que moldou o ser humano”.

O cuidado, portanto, é um a priorii ontológico, explicando: está na origem da existência do ser humano. Essa origem não deve ser entendida temporalmente, mas filosoficamente, como a fonte de onde permanentemente brota a existência do ser humano. Temos a ver com uma energia amorosa que jorra ininterrruptamente, em cada momento e em cada circunstância. Sem o cuidado o ser humano continuaria uma porção de argila como qualquer outra à margem do rio, ou um espírito angelical desencarnado e fora do tempo histórico.

Quando se diz que o deus Cuidado moldou, por primero, o ser humano visa-se a enfatizar que ele empenhou nisso dedicação, amor, ternura, sentimento e coração. Com isso assumiu a responsabilidade de fazer com que estas virtudes constituissem a natureza do ser humano, sem as quais perderia sua estatura humana. O cuidado deve se transformar em carne e sangue de nossa existência.

O próprio universo se rege pelo cuidado. Se nos primeiros momentos após o big bang não tivesse havido um sutilíssimo cuidado de as energias fundamentais se equilibrararem adequadamente, não teriam surgido a matéria, as galáxias, o Sol, a Terra e nós mesmos. Todos nós somos filhos e filhas do cuidado. Se nossas mães não tivessem tido infinito cuidado em nos acolher e alimentar, não saberíamos como deixar o berço e buscar nosso alimento. Morreríamos em pouco tempo.

Tudo o que cuidamos também amamos e tudo o que amamos também cuidamos.

Junto com o cuidado nasce naturalmente a responsabilidade, outro princípio fundador da ética universal. Ser responsável é cuidar que nossas ações não sejam maléficas para nós e para os outros mas, ao contrário, sejam benéficas e promovam a vida.

Tudo precisa ser cuidado. Caso contrário se deteriora e lentamente desaparece. O cuidado é maior força que se opõe à entropia universal: faz as coisas durarem muito mais tempo.

Como somos seres sociais, não vivemos mas convivemos, precisamos da colaboração de todos para que o cuidado e a responsabilidade se tornem forças plasmadores do ser humano. Quando nossos ancestrais antropoides iam em busca de alimento, não o comiam logo como fazem, geralmente, os animais. Colhiam-no e o levavam ao grupo e cooperativa e solidariemanete comiam juntos, começando pelos mais jovens e os idosos e em seguida os demais. Foi essa cooperação que nos permitiu dar o salto da animalidade para a humanidade. O que foi verdadeiro ontem, continua sendo verdadeiro também hoje. É o que mais nos falta no mundo que se rege mais pela competição do que pela cooperação. Por isso somos insensíveis face ao sofrimento de milhões e mihões de pessoas e deixamos de cuidar e de nos responsabilizar pelo futuro comum, de nossa espécie e da vida no planeta Terra.

Importa reinventar esse consenso mínimo ao redor desses princípios e valores se quisermos garantir nossa sobrevivência e de nossa civilização.