Mojar las raíces en nuestra propia fuente

Leonardo Boff

No hay como negar que estamos en el centro de una formidable crisis planetaria. Nadie sabe hacia dónde vamos. Es aconsejable visitar a historiadores que normalmente tienen una visión holística y una sutil percepción de las principales tendencias de la historia. Cito uno que considero de los más inspiradores, Eric Hobsbawn, en su conocido libro-síntesis La Era de los Extremos (1994). Concluye sus reflexiones con esta consideración:

«El futuro no puede ser la continuación del pasado… Nuestro mundo corre el riesgo de explosión e implosión… No sabemos hacia dónde estamos yendo. Sin embargo una cosa está clara. Si la humanidad quiere tener un futuro que valga la pena, no puede ser mediante la prolongación del pasado o del presente. Si tratamos de construir el tercer milenio sobre esta base, vamos a fracasar. Y  el precio del fracaso, o sea la alternativa al cambio de la sociedad, es la  oscuridad» (p.562).

         La oscuridad puede representar el fin de especie homo. Algo parecido dijo Max Weber en su última conferencia pública en la cual (por fin!) se refiere al capitalismo, encerrado en una ”jaula de hierro” (Stahlhartes Gehäuse) que él mismo no consigue romper. Por eso nos puede llevar a una gran catástrofe: «Lo que nos aguarda no es el florecimiento del otoño, nos aguarda una noche polar, gélida, sombría y árdua» (Cf. M.Löwy, La jaula de hierro: Max Weber y el marxismo weberiano, México 2017). Finalmente el propio Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti (2020), advierte: «Estamos en el mismo barco o nos salvamos todos o no se salva nadie» (n.32).

         Hay una convicción bastante generalizada en el campo ecológico y en notables analistas de la geopolítica mundial: dentro del sistema capitalista, que destaca por la búsqueda ilimitada (sin la justa medida) de ingresos financieros, y crea dos injusticias, una social (creando inconmensurable pobreza) y otra ecológica (devastando  ecosistemas), no hay solución para la crisis actual. Se atribuye a Einstein la frase: «el pensamiento que creó la crisis no puede ser el mismo que nos saque de ella; tenemos que cambiar».

         Como las prometedoras narrativas del pasado sobre el futuro de la humanidad se han frustrado, no pueden ofrecernos rumbos nuevos, excepto tal vez el ecosocialismo planetario que no tiene nada que ver con el socialismo un día existente y fallido. O volver al modo de vida de los pueblos originarios, cuyo saber ancestral o el bien vivir y convivir de los andinos todavía podrían garantizarnos un futuro en este planeta. Pero me parece que estamos tan enredados dentro de nuestra burbuja sistémica que esta propuesta, por sugestiva que sea, se hace globalmente impracticable.

         Cuando llegamos al fin de los caminos viables y solo tenemos  el horizonte a la vista, me parece que no nos queda más que optar por nosotros mismos y desentrañar virtualidades no ensayadas todavía. Somos por naturaleza un proyecto infinito y un nudo de relaciones en todas las direcciones. Debemos sumergirnos dentro de nosotros mismos y mojar nuestras raíces en la fuente originante que brota siempre en nosotros en forma de inquebrantable esperanza, de grandes sueños, de mitos viables y de proyectos innovadores de otro rumbo por delante.

         Al tomar al ser humano como referencia estructuradora no pienso en la antropología de los antropólogos y antropólogas o en otras ramas del saber sobre lo humano, siempre enriquecedoras. Pienso en el ser humano en su radicalidad insondable que ronda la zona del misterio, que cuanto más nos acercamos de él más distante y profundo se presenta. Y sigue siendo misterio en cada conocimiento. Fue la percepción que san Agustín hizo de sí mismo: factus sum mysterium mihi: “me he vuelto un misterio para mí mismo”. Ese misterio es expresión de un misterio mayor que es el propio universo todavía en génesis y expansión. Por tanto, el ser humano-misterio nunca está desconectado de ese proceso del cual forma parte, lo que supera una visión meramente individualista del ser humano. Es importante no olvidar nunca que es un ser de relaciones ilimitadas, hasta con el Infinito. Enumeremos algunos datos que pertenecen  a nuestra esencia, a partir de los cuales se nos concede elaborar nuevas visiones de futuro.

         Ante todo es importante entender al ser humano como Tierra que en un momento de su complejidad comenzó a sentir, a pensar, a amar, cuidar y venerar. Y he aquí que irrumpe en el proceso cosmogénico el ser humano, hombre y mujer. No sin razón es llamado homo o Adam, ambos significando “hecho de tierra, o tierra fértil y arable”.

         En el ser humano es central el amor cuya base biológica mostraron F.Maturana y J.Watson. Dice Watson en su famoso ADN:el secreto de la vida (2005): «el amor nos hace tener cuidado del otro; él hizo posible nuestra supervivencia y éxito en este planeta; ese impulso, creo, salvaguardará nuestro futuro; estoy seguro de que el amor está inscrito en nuestro ADN» (p.414). No habrá ninguna transformación o revolución humana que no vengan imbuidas de amor.

         Junto con el amor surge el cuidado, entendido –de larga tradición– como esencia del ser humano. Como no tiene ningún órgano especializado, es el cuidado de sí mismo, de los otros y de la naturaleza lo que nos asegurará la vida.

         Fue la solidaridad/cooperación de comer juntos, la que en otro tiempo nos permitió dar el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue verdadero ayer sigue siendo verdadero y esencial hoy, aunque carente. Como ser de relación, la solidaridad y la cooperación están en la base de cualquier convivencia.

         Junto a la inteligencia del cerebro neocortical, hay la emoción del cerebro límbico, surgido hace millones, sede del amor, de la empatía, de la compasión, de la ética y de todo el mundo de las excelencias. Somos seres de sentimientos. Sin un lazo afectivo entre nosotros los humanos y con la naturaleza, todo se degrada y desvanece.

         En nuestro interior prevalece la espiritualidad natural,expresión usada por la new science que goza del mismo reconocimiento que la inteligencia y la emoción. Es anterior a cualquier religión, pues es la fuente de la cual todas beben, cada cual a su manera. La espiritualidad es parte de nuestra esencia y se expresa por el amor incondicional, por la solidaridad, por la transparencia y por todo lo que nos hace más humanos, más relacionales y abiertos.

         La espiritualidad nos permite captar que por debajo de todos los seres hay una Energía poderosa y amorosa que los cosmólogos llaman Abismo generador y sustentador de todo lo que existe. El ser humano puede abrirse a esa Energía de Fondo, puede entrar en comunión con ella y tener una experiencia de encantamiento y veneración ante la grandeur del universo y de quien lo creó.

         Tales valores, siendo realistas, vienen acompañados de sus contrarios –somos sapiens y demens– que no pueden ser reprimidos sino mantenidos en sus límites. Mojando nuestras raíces en esa fuente originante positiva podemos definir otro futuro en el cual el amor, la solidaridad y el bien vivir serán sus fundamentos.

Molhar as raízes em nossa própria fonte

         Leonardo Boff

         Não há como  negar que estamos o centro de uma formidável crise planetária. Ninguém sabe para onde vamos.É aconselhável visitar historiadores que normalmente possuem uma visão holística e uma sutil percepção das principais tendências da história. Cito um que considero dos mais inspiradores, Eric Hobsbawn, em seu conhecido livro-síntese “Era dos Extremos”(1994). Concluindo suas reflexões pondera:

“O futuro não pode ser a continuação do passado…Nosso mundo corre o risco de explosão e implosão…Não sabemos para onde estamos indo. Contudo uma coisa é clara. Se a humanidade quer ter um futuro que vale a pena, não pode ser pelo prolongamento do passado ou do presente. Se tentarmos construir o terceiro milênio sobre esta base, vamos fracassar. E  preço do fracasso ou seja, a alternativa para a mudança da sociedade é a escuridão”(p.562). A escuridão pode representar o fim da espécie homo. Algo parecido disse Max Weber em sua última conferência pública na qual (en fin!)se refere ao capitalismo, encerrado numa”jaula de ferro”(Stahlhartes Gehäuse) que ele mesmo não consegue romper, Por isso, nos pode levar a uma grande catástrofe: “O que nos aguarda não é o florescimento do outono, nos aguarda uma noite polar, gélida, sombria e árdua”(Cf. M.Löwy, La jaula de hierro: Max Weber y el marxismo weberiano, México 2017). Por fim o próprio Papa Francisco na encíclica Fratelli tutti (2020), adverte:“Estamos no mesmo barco ou nos salvamos todos ou ninguém se salva”(n.32).

         Há uma convicção mais ou menos generalizada no campo ecológico e em notáveis analistas da geopolítica mundial: dentro do sistema capitalista que prima pela busca ilimitada (sem a justa medida) de renda financeira,criando duas injustiças, uma social (criação de incomensurável pobreza) e outra ecológica (devastação de ecossistemas) não há solução para a crise atual. Atribuiu-se a Einstein a frase:”o pensamento que criou a crise não pode ser o mesmo que nos vai tirar dela; temos que mudar”.

         Como as promissoras narrativas do passado sobre o futuro da humanidade se frustraram, não podem elas oferecer-nos rumos novos, exceto talvez, o ecosocialismo planetário que nada tem a ver com o socialismo um dia existente e fracassado.Ou voltar ao modo de vida dos povos originários, cujo saber  ancestral ou o  bien vivir y convivir dos andinos  nos garantiriam ainda um futuro neste planeta. Mas parece-me que nos enredamos tanto dentro de nossa bolha sistêmica que esta proposta, por sugestiva que seja,  se torna globalmente impraticável.

         Quando chegamos ao fim dos caminhos viáveis e só temos o horizonte à vista, a mim parece, que só nos resta optar por nós mesmos e desentranhar virtualidades ainda não ensaiadas. Somos por natureza um projeto infinito e um nó  de relações em todas as direções. Devemos mergulhar dentro de nós mesmos e molhar nossas  raízes na fonte originante que sempre jorra em nós na forma de inarredável de esperança, de grandes sonhos,de  mitos viáveis e de projetos inovadores de outro rumo à frente.

         Ao tomar o ser humano como referência estruturadora   não penso numa antropologia dos antropólogos e antropólogas ou nos ramos de saberes sobre o humano,  sempre enriquecedores. Penso no ser humano em sua radicalidade insondável que ronda a zona do mistério que quanto mais nos acercamos dele mais distante e profundo se apresenta. E continua mistério em cada  conhecimento. Foi a percepção que Santo Agostinho fez de si mesmo: factum sum mysterium mihi: “fiz-me um mistério para mim mesmo”.Esse mistério é expressão de um mistério maior que é o próprio universo ainda em gênese e expansão. Portanto, o ser humano-mistério nunca está desconectado desse processo do qual faz parte, o que supera uma visão meramente individualista do ser humano. Importa nunca esquecer que é um ser de relações ilimitadas, até com o Infinito. Elenquemos alguns dados que pertencem à nossa essência, a partir dos quais se nos concede elaborar novas visões de futuro.

         Antes de mais nada importa entender o ser humano como Terra que num momento de sua complexidade começou a sentir,pensar,amar,cuidar e venerar.Eis que irrompe no processo cosmogênico o ser humano, homem e mulher. Não é sem razão que é chamado de homo ou Adam, ambos significando “feito de terra, ou sendo terra fértil e arável.

         Central no ser humano é o amor que F. Maturana e J.Whatson mostraram sua base biológica. Diz Whatson em seu famoso DNA:o segredo da vida humana (2005:”o amor nos faz ter cuidado do outro;foi ele que permitiu nossa sobrevivência e êxito neste planeta;esse impulso, creio, salvaguardará nosso futuro; estou seguro de que o amor está inscrito em nosso DNA”(p.414). Não haverá nenhuma transformação ou revolução humana que não venham imbuídas de amor.

         Junto com o amor emerge o cuidado entendido de longa tradição, como essência do ser humano.Como ele não possui nenhum órgão especializado é o cuidado de si mesmo,dos outros e da  natureza que nos assegurará a vida.

         Foi a solidariedade/cooperação do comer juntos,que outrora nos permitiu dar o salto da animalidade para a humanidade. O que foi verdadeiro ontem continua verdadeiro e essencial hoje,embora carente. Como ser de relação é a solidariedade e a cooperação que estão na base de qualquer convivência.

         Junto à inteligência do cérebro neo-cortical, há emoção do cérebro límbico,surgido há milhões de anos, sede do amor, da empatia,da compaixão, da ética e de todo o mundo das excelências. Somos seres de sentimentos.Sem um laço afetivo entre nós humanos e para com a natureza tudo se degrada e desfalece.

         Em nosso profundo vige a espiritualidade natural que possui o mesmo reconhecimento que a inteligência e a emoção. Ela é anterior a qualquer religião, pois é a fonte da qual todas bebem,cada qual a sua maneira.A espiritualidade é da nossa essência e se expressa pelo amor incondicional, pela solidariedade,pela transparência e tudo o que nos faz mas humanos,mais relacionais e abertos.

         A espiritualidade nos permite captar que por debaixo de todos os seres vigora uma Energia poderosa e amorosa que os cosmólogos chamam de Abismo gerador e sustentador de tudo o que existe. O ser humano pode abrir-se essa Energia de Fundo, pode entrar em comunhão com ela e ter uma experiência de encantamento e veneração face à grandeur do universo e de quem o criou. Tais valores,realisticamente, vem acompanhados por seus contrários -somos sapiens e demens – que não podem ser recalcados mas mantidos nos seus limites. Molhando nossas raízes nessa fonte originante podemos definir outro futuro no qual o amor, a solidariedade  e o bien vivir serão seus fundamentos.

Der Niedergang der amerikanischen und europäischen Arroganz

                        Leonardo Boff                                     

 Derzeit erleben wir einen erbitterten Wettstreit zwischen einer unipolaren Weltanschauung, die mit aller Härte durchgesetzt wird, mit Handels- und Hybridkriegen seitens der Vereinigten Staaten unter Donald Trump und der Europäischen Union, und einer multipolaren Weltanschauung, die von den beiden Großmächten Russland und China sowie einem Großteil der Länder des Globalen Südens gefordert wird.

 Was sich hinter diesem Streit verbirgt, ist unter anderem die immense Arroganz der USA und der europäischen Länder. Diese Arroganz ist die berühmte Hybris der Griechen, also der Verlust des Augenmaßes, die Behauptung extremer Selbstherrlichkeit, die übertriebene Überhöhung ihrer eigenen Qualitäten und die Verachtung aller, die nicht so sind wie sie oder sich ihnen unterwerfen. Dies zeigt sich darin, dass sie sich für die Besten der Welt halten, dass sie die beste Regierungsform, die Demokratie, haben, dass sie die Menschenrechte eingeführt haben, die beste Technologie, die mächtigste Wirtschaft, die zerstörerischste Militärmacht, die sich jetzt wieder aufrüstet, die offenbarten Heilswahrheiten, das Christentum. Nach Ansicht der Griechen wurde die Hybris von den Göttern bestraft. Und wie sieht es heute aus?

 Diese Arroganz führte weltweit zu Konflikten und Kriegen gegen alle anderen, angefangen bei der gewaltsamen Kolonialisierung der Welt durch Europa im 16. Jahrhundert bis hin zu den großen Kriegen des 20. Jahrhunderts. Zu Recht stellte Samuel P. Huntington in seinem umstrittenen Buch Der Kampf der Kulturen und die Neugestaltung der Weltordnung  (Objetiva 1997) fest: „Es ist wichtig zu erkennen, dass die Einmischung des Westens in die Angelegenheiten anderer Zivilisationen wahrscheinlich die gefährlichste Quelle für Instabilität und einen möglichen globalen Konflikt in einer multikulturellen Welt darstellt” (S. 397). Erwähnenswert ist auch der Historiker Arnold Toynbee, der in seinem zwölfbändigen Werk A Study of History die Entstehung, das Wachstum und den Untergang von Zivilisationen untersucht und dabei der Arroganz als Anzeichen für den Niedergang ganzer Zivilisationen eine zentrale Bedeutung beimisst.

 Kürzlich erklärte der bekannte Ökonom und Ökologe Jeffrey Sachs von der Columbia University gegenüber einem brasilianischen Journalisten (Leonardo Sobreira: Brasil 247 vom 6.9.25): „Die USA litten unter der Illusion, dass sie die Welt alleine anführen würden. Europa leidet unter derselben Arroganz… Nicht nur sind die USA allein, sondern sie haben auch nicht mehr das Sagen. Wir beobachten das Ende eines langen historischen Prozesses. Und diese Arroganz gibt es nicht nur in den USA, sondern auch in Europa… Die Mentalität ist von anhaltender Arroganz geprägt.”

Trump sieht sich selbst als „Kaiser der Welt“ (Lula) und tut, was ihm gefällt. Er zerstört traditionelle demokratische Gewohnheiten in den Vereinigten Staaten und hat mit seinem Handelskrieg (der einen echten, endgültigen Krieg ankündigt) fast die ganze Welt vor den Kopf gestoßen, selbst seine treuesten Verbündeten wie die Europäer und Südkoreaner. Arrogant verhandelt und diskutiert er nicht, sondern setzt seine Politik einfach durch, wie er es gegenüber Brasilien getan hat.

Fakt ist, wie die besten Analysten der globalen Geopolitik feststellen, dass die Ära der amerikanischen Dominanz rapide zu Ende geht. Schlimmer noch: Diese Tatsache zeigt sich in der Europäischen Union, die sich schämen sollte, gegen ihre gesamte zivilisatorische und humanistische Tradition zu handeln, indem sie den unerbittlichen Krieg unterstützt, den Netanjahus Israel gegen den Gazastreifen führt. Tausende sind tot, und Dutzende unschuldiger Kinder werden in einem regelrechten Völkermord unter freiem Himmel getötet. Die Europäer werden an den Rand gedrängt, weil Trump den beschleunigten Erosionsprozess dieser alternden und arroganten Zivilisation erkennt.

Die aufstrebende Macht, die wahrscheinlich die nahe Zukunft bestimmen wird, ist China mit einem keineswegs arroganten, sondern vernünftigen Vorschlag für eine Welt mit einem gemeinsamen Schicksal, die die Ordnung der Vereinten Nationen respektiert und auf Handelsöffnung und Nichteinmischung in die inneren Angelegenheiten anderer Länder basiert.

 In zwei Büchern habe ich mich mit diesem Thema der Arroganz befasst, das unter dem allgemeineren Begriff „Mangel an Augenmaß” zusammengefasst wird, einem Wert, der in allen uns bekannten Ethiken der Zivilisationen vorhanden ist. Maßlosigkeit und die Abkehr vom Augenmaß sind der Auslöser, der den Verfallsprozess einer Kultur, eines sozialen Projekts oder eines persönlichen Verhaltens in Gang setzt.

 Was in der Welt vorherrscht, nennen wir es beim Namen, ist das System des Kapitals – oder, wie manche es lieber nennen -, die Marktwirtschaft (die fast vollständig finanzialisiert ist), einen völligen Mangel an Maß zeigt, wie es die arroganten Big Techs exemplarisch zeigen, von denen einer bereits arrogant von einer persönlichen Anhäufung von einer Billion Dollar träumt.

 Auf diesem Weg der grenzenlosen Arroganz, verbunden mit einer abgrundtiefen Unmenschlichkeit und einem völligen Mangel an Sensibilität gegenüber anderen, nähern wir uns einem Abgrund. Wie Sigmunt Bauman kurz vor seinem Tod warnte: „Wir werden den Zug derer verstärken, die auf ihr eigenes Grab zusteuern.“ Das darf nicht passieren.

 Unser Vertrauen und unsere Hoffnung ermutigen uns, die Vorherrschaft des Geistes (mit seiner natürlichen Spiritualität) gegenüber der Barbarei zu bekräftigen. Er wird sich seiner Abwege und Irrwege bewusst werden. Er wird einen Weg finden können, der uns auf diesem schönen Planeten erhalten bleibt. Und uns eine Zukunft garantieren, in der Arroganz nicht mehr so häufig vorkommt, sondern die Sorge um unser gemeinsames Zuhause und die Liebe unter allen Menschen gedeihen.

Leonardo Boff Autor von:  Die Suche nach dem rechten Maß: Wie der Planet Erde wieder ins Gleichgewicht kommt, LIT Verlag 2023.

(Deutsche Übersetzung: Bettina Gold-Hartnack)

La rilevanza della compassione nella situazione attuale

Leonardo Boff

Attualmente stiamo assistendo a guerre in molti paesi, soprattutto nella Striscia di Gaza, dove è in corso uno dei più grandi genocidi della storia recente, nella guerra contro l’Ucraina dove migliaia di persone, specialmente giovani, sono uccise sotto l’incessante attacco della Russia e così in altri luoghi, in particolare in Africa.

Come non indignarci per il genocidio di migliaia di bambini innocenti che non hanno nulla a che fare con la guerra di Israele contro Hamas, che prende di mira indiscriminatamente l’intera popolazione della Striscia di Gaza, mirando a sterminare, specialmente bambini e giovani che in futuro potrebbero essere contro lo Stato di Israele.

L’etica per essere pienamente umana, deve incorporare la compassione. C’è tanta sofferenza nella storia, troppo sangue versato sul nostro cammino e l’infinita solitudine di milioni e milioni di persone, che si caricano da sole, nel loro cuore, la croce dell’ingiustizia, dell’incomprensione e dell’amarezza. L’ethos compassionevole vuole includere tutti questi nell’ethos planetario, cioè nella Casa Comune, nella quale c’è accoglienza e le lacrime possono essere versate senza vergogna o asciugate amorevolmente. La compassione è l’etica naturale degli operatori sanitari, soprattutto di coloro che hanno intrapreso servizi di cure palliative, ora approvate ed eseguibili attraverso il Sistema Sanitario Unificato (SUS)[1]. Il movimento nazionale Premier Cuidados Paliativos, promosso dal generoso Dr. Samir Salman, sovrintendente dell’Instituto Premier di San Paolo, coinvolge centinaia di medici, infermieri e infermiere che hanno intrapreso la pratica delle cure palliative.

Per Tommaso d’Aquino, “la compassione è la più alta di tutte le virtù perché non solo apre una persona all’altra, ma perché la apre anche ai più deboli e bisognosi di aiuto; in questo senso, costituisce una caratteristica essenziale della Divinità” (S. Theologica II.q.30 a.4 c).

Ma prima, dobbiamo impegnarci in una terapia del linguaggio, perché la compassione, nell’interpretazione comune, ha connotazioni peggiorative. Avere compassione significa provare pietà per un altro perché lo si considera indifeso, privo dell’energia interiore per rialzarsi. Presuppone l’atteggiamento di chi guarda dall’alto in basso, umiliandolo.

Nel cristianesimo primitivo, tuttavia, la com-passione era sinonimo di misericordia, quell’atteggiamento generoso che desidera condividere la propria passione con l’altro e non lasciarlo solo nel suo dolore. Questa non è fare “carità”, criticata dal poeta e cantautore argentino Atauhalpa Yupanqui: “io disprezzo la ‘carità’ per la vergogna che comporta. Sono come il leone di montagna che vive e muore in solitudine”. Diversamente gli esseri umani sono, in generale, accompagnati nel tramonto della loro vita da persone care che li circondano di cure palliative.

Nel buddismo, la compassione è considerata la virtù personale di Buddha. Pertanto, è centrale e si collega alla domanda che ha dato origine al buddismo come percorso spirituale: “qual è il modo migliore per liberarci dalla sofferenza?”. La risposta di Buddha fu: “attraverso la com-passione, attraverso l’infinita com-passione”.

Il Dalai Lama aggiorna questa risposta ancestrale in questo modo: “aiuta gli altri ogni volta che puoi e, se non puoi, non far loro mai del male e abbi sempre compassione”.

Due virtù realizzano la compassione: il distacco e la cura. Attraverso il distacco, rinunciamo a qualsiasi senso di superiorità verso gli altri e li rispettiamo così come sono. Attraverso la cura, ci avviciniamo a loro e ci facciamo carico del loro benessere, soccorrendoli nella sofferenza.

La compassione è forse il maggiore contributo etico e spirituale che l’Oriente abbia dato alla cultura mondiale. Ciò che rende penosa la sofferenza non è tanto la sofferenza in sé. Ma la solitudine nella sofferenza. Il buddismo, e anche il cristianesimo, invitano a stabilire una comunione nella sofferenza affinché nessuno sia lasciato solo e indifeso nel proprio dolore.

La grande vergogna è constatare che i paesi europei, con radici cristiane, creatori dei diritti umani e dell’idea di democrazia, abbiano sostenuto la guerra genocida di Netanyahu contro Hamas e il popolo palestinese.

Come l’amore e la cura, la compassione ha una portata illimitata di realizzazione. Non si restringe appena agli esseri umani. Ma a tutti gli esseri viventi e al cosmo. L’ideale buddista e francescano di compassione ci insegna come relazionarci adeguatamente con la comunità della vita: innanzitutto, rispettare ogni essere nella sua alterità, poi stabilire un legame affettivo con esso, prendercene cura e, soprattutto, rigenerare quegli esseri che soffrono o sono minacciati di estinzione. Solo allora potremo beneficiare dei loro doni, nella giusta misura e con responsabilità, in funzione ciò di cui abbiamo bisogno per vivere in modo sufficiente e dignitoso.

Di fronte a tante sofferenze nell’umanità e all’aggressione sistematica alla Madre Terra, la compassione è un imperativo umanistico ed etico.

Leonardo Boff, insieme a Werner Müller, ha scritto “O princípio de compaixão e de cuidado, Vozes 2000; “A justa medida: como equilibrar o planeta Terra, Vozes 2023.

(Traduzione dal portoghese di Gianni Alioti)


[1] È il sistema esistente in Brasile, analogo per molti aspetti al Servizio Sanitario Nazionale esistente in Italia.