Ou as vacas de Bolsonaro na Amazônia, ou as uvas dos gaúchos no Sul.

Roberto Malvezzi (Gogó) é conhecido de nosso blog. Um especialista em água e nas tecnologias sociais e populares desenvolvidas no Nordeste onde é seu campo de ação. Aqui alerta sobre dramáticas consequência das decisões tresloucadas do atual presidente de permitir a liberação de terras indígenas para a mineração, pecuária e cultivo de soja. Se isso vier ocorrer, poderá implicar num desastre planetário, como se mostra neste pequeno artigo. A savanização da Amazônia e os consequentes e pesados prejuízos à produção de uva e de vinho na Serra gaúcha, atingida por prolongadas secas (já estão ocorrendo) poderão causar situações irreversíveis. Precisamos deter esta visão negacionista e ensandecida dos atuais ocupantes do Planalto, por amor a nós mesmo, ao nosso país e ao futuro da vida no planeta. Isso não é alarmismo. Como diz ativista ecológica Greta, a desconsideração dos dados científicos poderá colocar a humanidade, nos próximos anos, numa situação altamente perigosa e sem volta. Lboff

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O governo Bolsonaro vai enviar projeto para liberar a pecuária, extrativismo mineral e cultivo de soja em territórios indígenas. O pretexto é sempre o desenvolvimento, geração de renda e emprego, essa trilogia mortal que é a permanente bandeira do mundo capitalista, inclusive o mais predador.
Estudos comparativos já demonstram com absoluta solidez que a floresta amazônica em pé gera mais riqueza que as monoculturas empobrecedoras da população e da biodiversidade. O açaí gera mais riqueza que a soja por hectare, assim como no caso da pecuária.
Não, não são os indígenas que detêm a maior quantidade de terras nesse país. Os maiores magnatas em termos de terra são os bois e as vacas. São 210 milhões de cabeças de gado ocupando cerca de 210 milhões de hectares de terra. A patada ecológica dos bovinos faz com que cada boi ou vaca tenha quase um hectare de terra per capta. Além do mais, esses fantásticos animais precisam derrubar tudo ao seu redor para reinarem sozinhos. O problema nunca é aquele animal, aquele grão, aquele plantio, o problema é sempre a monocultura.
Acontece que é da Amazônia que vêm cinco dádivas da natureza para toda a humanidade e todo o planeta, particularmente na América do Sul: o ciclo das águas, o ciclo do carbono, a regulação do clima, a biodiversidade e a sociodiversidade. Sem a floresta em pé, não choverá de São Paulo até Buenos Aires, transformando toda essa área em deserto. É a lei da natureza.
Então, os vinicultores gaúchos não podem reclamar de Deus ou da natureza uma seca que já dizimou 30% de sua safra de uvas nesse ano. Eles têm que reclamar é com Bolsonaro, que incentiva o desmatamento na Amazônia, local de origem e adensamento das nuvens que vão levar chuva para grande parte de nosso território, inclusive o território gaúcho. A matemática é simples e direta: quanto menos floresta amazônica, mais secas no Sul e no Sudeste.
Enfim, pela milésima vez, podemos reafirmar: sem a Amazônia não existirá o Brasil tal e qual o conhecemos hoje. Ou as vacas de Bolsonaro na Amazônia, ou as uvas dos vinicultores gaúchos no Rio Grande do Sul.

 

“Dos Papas”: el encuentro personal derriba muros ideológicos y redescubre lo humano

“Dos Papas”: el encuentro personal derriba muros ideológicos y redescubre lo humano

Leonardo Boff*

Así como Brasil no es para novatos, de la misma forma, la película Dos Papas no es para principiantes. Demanda conocimientos de teología y del debate existente hace más de 50 años sobre qué modelo de Iglesia sería el más adecuado, considerando el destino común Tierra y Humanidad y las perversas desigualdades sociales a nivel mundial.

La película está siendo ampliamente discutida. Hay razones en pro, otras en contra, y varias de ellas suponen intereses ocultos de su productor Fernando Meirelles, lo que me parece prejuicioso. Muchas críticas a la película (la mayoría la ven con anteojos ideológicos sin limpiarlos antes) muestran lo que en filosofía se llama ignoratio elenchi (ignorancia del asunto), lo que dificulta un juicio serio y más justo de la película en cuestión. Aunque ya he escrito sobre ella, retomo el discurso para profundizar en algunas de las cuestiones subyacentes a Dos Papas y así apreciarla mejor.

Un lugar privilegiado de observación

Tengo que confesar, sin ninguna pretensión, que estoy en un lugar privilegiado de observación porque he podido conocer a ambos personajes, Joseph Raztinger y Jorge Mario Bergoglio. Esto me permite juzgar con otros criterios la película Dos Papas.

Con referencia al Papa Benedicto XVI por la amistad que tuvimos y por el hecho de que, como cardenal Presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Inquisición), tuvo la ingrata misión institucional de interrogarme en un proceso doctrinal ―por el cual pasaron personas notables como Galileo Galilei, Giordano Bruno y otros― sobre mi libro Iglesia: carisma y poder. Él actuó de acuerdo con el rito prescrito para el Gran Interrogador (anteriormente el Gran Inquisidor) con la seriedad y competencia requeridas. Y yo, como interrogado, debía responder a las acusaciones hechas al libro (no a mí como persona) de la manera más convincente posible. Cada uno estaba en su posición institucional, pero eso no significaba romper los lazos de aprecio mutuo y amistad. No los rompimos. Tanto él como yo supimos distinguir las diferentes esferas. Mi defensa, después del interrogatorio, no les pareció a los 13 cardenales votantes suficientemente convincente. Así que recibí varias sanciones, la mayor de ellas fue el “silencio obsequioso”.

Creo que Benedicto, al frente de la Iglesia, se comportó más como un teólogo académico alemán (escribió varios libros como Papa) que como Guía de una comunidad de más de mil millones de fieles. Esta misión era, a mi modo de ver, ajena a su carácter. Él realmente quería ser un teólogo, no un jefe del Estado Vaticano.

Con referencia al Papa Francisco, nos conocimos como teólogos en 1972 en una reunión organizada por la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) en el Colegio Máximo jesuita de San Miguel, en las afueras de Buenos Aires. Él guardó la foto de la reunión y, como Papa, tuvo la amabilidad de enviármela y recordarme que habíamos hablado de la hermenéutica francesa moderna, cosa que yo había olvidado por completo.

Al elaborar la encíclica ecológica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015), le ofrecí colaboración, prontamente aceptada, ya que él sabía que yo había estado escribiendo durante años sobre el tema, ampliando el horizonte de la Teología de la Liberación. El eje de este tipo de teología es “la opción no excluyente por los pobres contra su pobreza, a favor de la justicia social y su liberación”. Dentro de los diversos tipos de pobres ―pensaba y pienso yo― deberíamos incluir al Gran Pobre, el más explotado de todos, la Tierra viva, sin cuya preservación se invalidaría cualquier otro proyecto. De ahí nació una vigorosa eco-teología de la liberación. El Papa Francisco se dio cuenta de esta centralidad y atendió la solicitud de muchos teólogos que, junto conmigo, le hicimos este llamamiento.

Ignorar este núcleo central de la Teología de la Liberación, la opción preferencial por los pobres, y atribuirlo al marxismo es incurrir en ignoratio elenchi referido arriba, y reproducir la narrativa de los dictadores militares de Chile, Argentina, Brasil y El Salvador. Esto se repite todavía hoy en grupos conservadores y reaccionarios, incluso ocupando altos cargos del gobierno actual de Brasil.

Bergoglio, sin ser profético, salvó a muchos perseguidos

No voy a abordar el tema de la relación del Papa Francisco con la dictadura militar argentina. El Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, quien también fue víctima de tortura, dio su testimonio cabal a los críticos más duros, presentando incluso la larga lista de los salvados por la acción del entonces superior jesuita y más tarde cardenal de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio. Lo máximo que podemos conceder es que él no era una figura profética, como lo fueron los obispos Novak, Angelleli, Esaine y otros. Pero nunca colaboró ni tuvo connivencia con el sistema de opresión y liquidación de los opositores del régimen, de los más crueles de América Latina. Su estilo era otro, actuar en silencio, pero valientemente.

Como Papa Francisco, recibí de él algunas cartas agradeciéndome los materiales que le había enviado. Y sigo enviándole otros a través de uno de sus secretarios (no vía la Curia porque existe el riesgo de que nunca se los entreguen). Casi siempre responde. La última me llenó de satisfacción, porque le había escrito que en el texto final del Sínodo Panamazónico de 2019 se estaba incurriendo en el cristomonismo (solo Cristo), olvidando en gran medida la figura del Espíritu Santo. Este, argumentaba yo, llega siempre antes que el misionero, pues encuentra en los pueblos a evangelizar el amor, la solidaridad, el perdón y otros valores humanos que forman el núcleo del mensaje de Jesús. Me dio las gracias por el comentario y dijo que lo usaría. Para mi sorpresa, en su discurso a los cardenales de la Navidad de 2019 afirmó que alguien le dijo que el misionero es esperado por el Espíritu Santo cuando llega al país de misión, porque Él ya estaba presente allí por el amor y por los demás valores humanos.

Dato curioso: un Papa no solo vive predicando; necesita cierta distensión, beber mate por la mañana y también cultivar el humor. Así que sigue y anima a su equipo de fútbol el San Lorenzo y adora la música folclórica argentina, que me parece excelente, especialmente Mercedes Sosa con la que trabajamos juntos para hacer la Carta de la Tierra. Le envié al Papa, para distraerlo un poco, un mensaje de texto de San Francisco en el que aconsejaba a los frailes que dejaran una parte del huerto sin cultivar para que crecieran las hierbas silvestres, porque a su modo también alaban a Dios. El Papa Francisco puso este punto de humor en la encíclica, en el número 12.

La gran pregunta subyacente en la película Dos Papas

¿Cuál es la gran pregunta detrás de la película Dos Papas? No entenderla significa no entender la película en profundidad. Se trata de presentar dos modelos de Iglesia: uno bien retratado por el Papa Benedicto XVI y el otro por el Cardenal Bergoglio, luego Papa Francisco. Además, perfilar dos formas diferentes de ser humano, de realizar cada uno su humanidad.

Cabe destacar que los diálogos no son meramente inventados. Quienes conocen la teología de ambos identifica pronto lo que escribieron o dijeron públicamente. Corresponden a su respectiva visión de la Iglesia. Es su punto de verdad.

El modelo de Iglesia de Benedicto XVI: Vuelta a la Gran Disciplina

El modelo de la Iglesia de Benedicto XVI es el de la Iglesia tradicional, cuya edad de oro fue la Edad Media, que culminó en el Concilio de Trento (1545-1563) y en el Concilio Vaticano I (1869-1870). Este modelo tiene como eje articulador el poder sagrado (sacra potestas), piramidal y desigualmente distribuido (los laicos abajo no participan en este poder), en cuya cabeza está el Papa, infalible en materia de doctrina y moral, con un poder “ordinario, supremo, pleno, inmediato y universal” (canon 331). Si tachamos la palabra Papa y ponemos Dios, vale ad litteram. ¿Puede un ser humano siempre limitado presentarse con un poder ilimitado, no siendo Dios? Los cristianos siguen se preguntando.

Este modelo fue esencial en la configuración de Europa, lo que resultó en la responsabilidad de las más altas autoridades de la Iglesia de defenderlo para preservar la identidad de Europa y la cultura europea, que se globalizó. Este modelo creó los instrumentos de su reproducción, la teología manualista, el estilo apologético, especialmente, el estatuto de los seminarios, que no existían antes. Allí se formaron los candidatos al sacerdocio, en una perspectiva agresiva y defensiva contra las Iglesias reformadas y contra los nuevos enemigos: los dos iluminismos. El primer iluminismo, más teórico, con su espíritu crítico contra todo autoritarismo, el contrato social y la introducción de las libertades civiles y los derechos de los ciudadanos. Y el segundo iluminismo, más práctico y transformador: el socialismo y el marxismo. Ante esta realidad cambiada, la reacción vino bajo el lema: “Vuelta a la Gran Disciplina“. En otras palabras, tratar de restaurar la síntesis medieval bajo la égida del factor religioso y orientado moralmente por la Iglesia.

Juan Pablo II vio que en Polonia (semper fidelis), ocupada por marxistas ateos, la Iglesia era la gran fuerza de oposición, resistencia y reafirmación de la identidad polaca, profundamente católica. Al ser elegido Papa, llevó esta misión a toda la Iglesia. Encuadró las diferentes tendencias para conseguir una Iglesia unida contra dos enemigos fuertes: el marxismo ateo, que conocía por experiencia personal, y la modernidad, que desplazó a Dios del centro de la sociedad y en su lugar colocó la sacralidad de la persona y sus derechos. La modernidad y la posmodernidad se presentan como seculares (no secularistas), defensoras de las libertades de conciencia, de religión, de cultura y de los derechos de todos.

Innegablemente carismático, hasta el punto de galvanizar multitudes, la visión de Iglesia del Papa Juan Pablo II fue, sin embargo, muy conservadora. Las innovaciones del Concilio Vaticano II (1962-1965) que ajustaron el ritmo de la Iglesia con el mundo moderno se relativizan y reinterpretan desde el poder sagrado, concentrado en él, el Papa, y en la jerarquía eclesiástica. Generó una mentalidad temerosa e incluso negativa frente a los avances del mundo moderno, una iglesia cual castillo asediado por enemigos que supuestamente quieren destruirla.

Sus seguidores (varios movimientos conservadores como el Opus Dei, Soldados de Cristo, Comunión y Liberación entre otros) constituyen la base eclesial y social que sustentó su proyecto de Iglesia. Encontró en el cardenal Joseph Ratzinger (en Alemania se mostraba progresista), un teólogo que se convirtió a la línea de Juan Pablo II y en un fervoroso guardián de la ortodoxia. A pesar de su finura, mostró posiciones severas contra los críticos de ese modelo conservador de Iglesia.

Se señaló especialmente a la Teología de la Liberación, que se interpretó como una especie de caballo de Troya, a través del cual el marxismo penetraría en América Latina. Es necesario defender al pueblo, manteniendo esta corriente teológica bajo estricta vigilancia, se argumentaba en el Vaticano, repercutiendo en muchos de sus seguidores, cardenales, obispos, teólogos, sacerdotes, religiosos e incluso laicos. Esta estrategia se mantuvo e incluso se reforzó cuando se convirtió en Papa Benedicto XVI.

En la película, el Papa Benedicto XVI representa este tipo de Iglesia que tiene su lógica y coherencia, pero que va en contra del curso global del mundo. No tenía ninguna posibilidad de prosperar porque la Iglesia era más una cisterna de aguas muertas que una fuente de aguas vivas. Decepcionaba a muchos creyentes hasta el punto de que muchos abandonaron la Iglesia. Cuando el Papa Benedicto XVI se dio cuenta de que la atmósfera interna de la iglesia en general y del Vaticano en particular había sido envenenada por los delitos de pedofilia, estafas financieras dentro del Banco del Vaticano e incluso la prostitución de altos prelados de la Curida Pontificia, sintió que su fuerza se debilitaba. “Hay que cambiar todo eso”, dice claramente en la película. Reafirmó que no merecía permanecer sentado en la catedra de Pedro sin la energía suficiente para los cambios necesarios. Y en un gesto noble y desprendido, renunció.

Papa Francisco: la Teología de la Liberación llega al centro de la Iglesia

Con el Papa Francisco comienza un nuevo estilo de ejercer el pontificado y se proyecta un modelo de la Iglesia muy diferente del tradicional. La Iglesia en América Latina ha sido siempre una Iglesia-espejo de la europea. Poco a poco, sin embargo, se fue liberando hasta convertirse en una Iglesia-fuente: con un estilo diferente de vivir la fe, encarnada en las culturas locales, indígenas, afrodescendientes y populares. Creó su perfil de una Iglesia pobre y despojada con su propia teología, bajo el nombre de Teología de la Liberación. Por supuesto, todavía hay partes de la Iglesia-espejo ligadas al estilo tradicional de ser sacerdote y de organizar las diócesis y las parroquias. Pero no es por ese estilo por el que el cristianismo latinoamericano ha atraído la atención del mundo, sino gracias a su compromiso con los pobres, contra los regímenes dictatoriales y contra las torturas sistemáticas a presos políticos y a presos comunes y defensa de los derechos humanos. Famoso se hizo el Cardinal de São Paulo, Paulo Evaristo Arns.

Con el Papa Francisco comienza un nuevo estilo de ejercer el pontificado.El Concilio Vaticano II trató de la Iglesia dentro del mundo moderno, del mundo desarrollado y se reconcilió con él. En América Latina, los obispos en las diversas asambleas continentales (Medellín, Puebla, Aparecida) se dieron cuenta de que este mundo desarrollado es la principal causa de opresión de las grandes mayorías de América Latina, indígenas humillados, masas abandonadas, clases oprimidas y mujeres sometidas.

La pregunta en América Latina es otra: ¿cuál es el lugar de la Iglesia dentro del submundo, del mundo subdesarrollado? Llegaron a la conclusión de que su misión es una evangelización liberadora. Liberar a los pobres que gritan es un gesto evangélico y al mismo tiempo político. La liberación debe hacer del pobre el protagonista de su propia liberación a partir del capital simbólico de su fe. Esto requiere un proceso de concientización y de organización al que Paulo Freire, quien siempre se entendió como uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, ayudó enormemente en la pastoral de las Iglesias. De esta manera surgió un cristiano consciente y simultáneamente un ciudadano crítico y participante.

La liberación exige un método por el cual el oprimido extroyecta al opresor que lleva dentro de sí, para ser libre y probar otro tipo de sociedad liberada, donde el amor y la convivencia fraterna no sean tan difíciles. No hay opción para los pobres y su liberación sin amar primero a estos pobres, su forma de ser, su cultura y finalmente asociarse como aliados secundarios con sus luchas. Esta opción costó la vida a muchos sacerdotes, religiosas, agentes pastorales laicos, e incluso a dos obispos, Angelleli de Argentina y Oscar Arnulfo Romero de El Salvador, hoy santificado. Es una iglesia que tiene muchos mártires.

El Papa Francisco fue educado cuando era estudiante de teología en el Colegio Máximo en San Miguel en este conjunto de visiones. Las incorporó. Como cardenal, renunció al palacio cardenalicio, al automóvil oficial, a los privilegios de su cargo. Usaba el autobús y el metro y caminaba mucho a pie por las “villas miseria” de Buenos Aires. Vivía en un pequeño apartamento y cocinaba su propia comida.

Cuando llegó a Roma y fue elegido Papa, introdujo esta revolución de hábitos en los antiguos edificios lujosos y renacentistas de la Ciudad del Vaticano. Decidió vivir en una casa de huéspedes y hace fila para comer, como todos los demás.

Su modelo de Iglesia es, como él mismo lo define: “una Iglesia en salida permanente” de sí misma hacia el mundo, los pobres, los refugiados y las periferias existenciales. Es equivalente a un hospital de campaña, abierto para atender a todos. Denuncia, como ninguno de los papas anteriores, a los productores de desigualdades y de injusticias en el mundo: los adoradores del dinero, los especuladores, los enemigos de la vida y de la Madre Tierra, a la que devastan debido a su afan de acumulación. No usa la palabra capitalismo, pero todos entienden a qué se refiere.

En su mensaje enfatiza: Jesús no vino a fundar una nueva religión, ya había muchas en el Imperio Romano. Él vino a crear el hombre nuevo y la mujer nueva . Él vino a enseñarnos a vivir el amor incondicional, la misericordia sin límites y la solidaridad a partir de los últimos En lugar de dogmas y doctrinas, que respeta, privilegia el encuentro vivo con Cristo, con las personas, especialmente las que son invisibles. Escandaliza a no pocos obispos al predicar, incluso exigiendo, una pastoral de la ternura en lugar del miedo al castigo eterno. La misericordia y su tonus rectus predicada siempre de nuevo viene acolitada por la empatía y el hambre y la sed de justicia. Se siente un hombre entre otros hombres.

Sospecho que creará una nueva genealogía de papas venidos del fin del mundo, donde vive la mayoría de los católicos. Solo el 25% se encuentra en Europa, el 52% en América y el resto en África y Oceanía. Hoy por hoy, el cristianismo es una “religión” de lo que una vez se llamó el “Tercer Mundo”, que un día tuvo su origen en el Primer Mundo. A través del “Tercer Mundo” pasa el futuro de la Iglesia Católica incluso en términos numéricos. Aquí es donde el cristianismo muestra sus virtualidades latentes, en la defensa de los pobres y el cuidado de la Casa Común. Un argumento más para que postulemos un Papa que venga desde donde la Iglesia se encarna en las culturas locales y despierta la esperanza en los condenados y ofendidos, desesperados por el hambre y la miseria.

Estos dos modelos de la Iglesia subyacen en los diálogos de la película Dos Papas. Se enfrentan entre sí. Pero lentamente se van alineando.

Cada uno de los papas tiene un peso en su conciencia: Bergoglio podría haber encontrado otra manera distinta de la institucional que tomó para salvar a los dos jesuitas que trabajaban en los barrios pobres y liberarlos del secuestro anunciado. Ambos sufrieron fuertes torturas. Uno de ellos, el padre Yorio, a quien conocí en Quilmes, en las afueras de Buenos Aires, no conseguía librarse del sentimiento de que había sido abandonado por su superior religioso. Pero trataba sinceramente de comprender los impasses por los que había pasado su superior, pero en los que, con creatividad, podría haber actuado de manera diferente. Este fue el peso que el Papa Francisco llevaba en su biografía.

Al Papa Ratzinger le pesaba en la conciencia el haber enviado una carta a todos los obispos, bajo secreto pontificio, para que no entregase a los sacerdotes pedófilos a la justicia civil con el fin de no empañar el buen nombre de la institución de la Iglesia. Debían confesar su pecado y ser trasladados a otro lugar. ¿Y las víctimas, los niños inocentes y sus familias cómo quedarían? Esto no fue suficientemente tomado en cuenta por el Papa Benedicto XVI.La pedofilia nos es solamente un pecado, es también y mucho más un crímen.

El punto culminante de la película es cuando ambos revelan el peso que llevan. Se abren y se dan recíprocamente la absolución. Ambos se sienten aliviados y reconciliados consigo mismos.

La ideología divide, el diálogo aproxima.

Estimo que uno de los propósitos principales de la película fue revelar la verdadera condición humana de ambos Papas: su dimensión de sombra y su dimensión de luz. Esta es la verdadera condition humaine de todo ser humano: somos sapiens y demens, sim-bólicos y dia-bólicos, amables y groseros. Y esto simultáneamente. ¡Ay de nosotros si reprimimos la dimensión sombría! Ella volverá furiosa. Tenemos que integrarla humildemente mientras le damos primacía a la dimensión de la luz. De lo contrario, evitamos el desarrollo de nuestra humanidad plena que incluye luz y sombra.

Pero hay momentos en que el horizonte desaparece: es la “noche oscura y terrible” de la que habla el místico San Juan de la Cruz, que ni siquiera perdona a los papas. La sutileza de la película también muestra esta dimensión angustiante. Los dos Papas no tienen certezas totales. Están en el camino de buscar más luz para poder caminar.

La película revela maravillosamente cómo, paso a paso, emerge la humanidad de uno y del otro. Aprendieron a escuchar, a dialogar y a tratar de comprender las diferencias. Lentamente, las discusiones van desapareciendo, a medida que la ideología separa y el encuentro une. Es entonces cuando irrumpe la verdadera humanidad en cada uno de ellos. Uno toca el piano, el otro tararea una canción de los Beatles. Finalmente, ya no actúan como papas. Son humanos, el hombre Joseph Ratzinger y el hombre Jorge Mario Bergoglio. Ensayan unos pocos pasos de tango, posibles para dos personas mayores. Es inimaginable que un erudito alemán como el profesor Ratzinger se entregue a la libertad corporal y de unos pasos de baile argentino.

Lo que une a las personas no son los acuerdos doctrinales. Estos permanecen en los documentos pero no llegan al corazón. El encuentro de las personas, cara a cara, los ojos en los ojos, transforma la realidad conflictiva en una realidad, a pesar de las diferencias, realmente reconciliada.

Tal vez esta sea la gran lección que derivamos de la película Dos Papas. En un mundo de odio, de desgarro de las ideologías, lo que nos llevará en la dirección correcta y a superar las debilidades de la existencia humana es y será siempre el rescate de nuestra humanidad entera, compleja y ambigua, ayudándonos uno al otro a desentrañar lo que está escondido en él y de lo cual solo tal vez nunca podrá ser liberado. Mas vale la filosofía africana de Ubuntu: “Yo solo soy yo a través de ti”.

El cristianismo como religión y camino de Jesús

Finalmente, cabe una reflexión para aquellos que encuentran difícil vivir la fe cristiana hoy. El cristianismo no nació como una iglesia constituida, sino como “el movimiento de Jesús” o “el camino de Jesús”, así lo relatan las fuentes originarias del Nuevo Testamento. Curiosamente en los Hechos de los Apóstoles se llama el cristianismo, en griego: “hairesis tou Christou“: la “herejía de Cristo”, es decir, “el grupillo de Cristo”. Solo más tarde en Antioquía pasó a ser llamado cristianismo.

Brevemente yo diria: el cristianismo aparece como religión visible y como ética humanitaria. Utilizando una metáfora: el cristianismo es similar a una bicicleta. La rueda delantera representa el cristianismo como religión, con ritos, celebraciones, misas, sacramentos y devoción a los santos. No todos se identifican hoy con esta forma de expresar la fe. Felices los que lo logran, porque el contacto con lo sagrado alimenta las dimensiones profundas e ignotas de nuestra psique, tan bien estudiadas por la escuela de C. G. Jung y sus discípulos.

Pero el cristianismo también puede expresarse a través de la rueda trasera. Es el cristianismo como ética, como una forma de ser que se guía por el sueño y la propuesta humanitaria de Jesús: la centralidad del amor, la empatía con los que sufren, la fidelidad a la verdad, el desapego de la acumulación obsesiva de bienes materiales y la capacidad de perdonar y de mostrar misericordia.

Este camino es el más original y significa una propuesta de vida, seguida por muchos incluso sin afiliarse a una confesión cristiana o seguir un camino religioso. Viven el sueño del Nazareno en medio de la mundanalidad del mundo. Son cristianos, no por la práctica religiosa, sino por la práctica de la ética de la transparencia, del amor, de la solidaridad a partir de los últimos, de la alegría de vivir en este hermoso y radiante planeta y de convivir aceptando las diferencias sin hacerlas desigualdades. Podemos ser humanos de tantas formas.

Creo que la película Dos Papas apunta más en esta dirección humanitaria: escuchar atentamente a los demás, apertura al diálogo y disposición a aceptar críticas y el deseo de cambiar.

Salimos más humanizados y espiritualizados después de ver la película Dos Papas. Solo por este efecto beneficioso valió la pena el esfuerzo de sus productores y actores para concebirlo y producirlo. Merecería un Oscar, por su mensaje actual y esperanzador que irradia, sin mencionar la deslumbrante belleza de sus imágenes y la música siempre adecuada a las escenas. Vale la pena ver la película Dos Papas para dejarse cuestionar por ella, enriquecer la manera propia de vivir humanamente y no en ultimo lugar, alimentar la espiritualidad.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y ha escrito Francisco de Asís y Francisco de Roma, Mar de Ideias, Rio 2014 en español por  Dabar,México 2015.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Uma ética do respeito ilimitado

A produção de um programa humorístico pelo Grupo Porta dos Fundos que teria sugerido uma eventual relação homoafetiva de Jesus e as reações negativas de muitos e até  um atentado a bomba contra o local Porta dos Fundos, nos convidam a uma reflexão sobre o respeito. Este, o respeito, é um dos eixos básicos da ética de qualquer cultura e também necessário para a convivência pacífica das diferenças dentro de um Estado Democrático de Direito.

Para enriquecer a discussão que concerne também um Ministro STF que liberou o programa humorístico depois de ter sido proibido por outro juiz, convém propor as reflexões de um pensador que, mais do que ninguém, aprofundou a questão do respeito: Albert Schweitzer (1875-1965). Era oriundo da Alsácia, renomado exegeta bíblico e um reconhecido concertista de Bach.

Em consequência de seus estudos sobre a mensagem e a ética de Jesus, especialmente o Sermão da Montanha, que dava centralidade ao pobre e ao oprimido resolveu abandonar tudo, estudar medicina em 1913 e ir para a África como médico em Lambarene (Togo), exatamente para aquelas regiões que foram dominadas e exploradas furiosamente pelos colonizadores europeus.

Diz explicitamente, numa carta, que “o que precisamos não é enviar para lá missionários que queiram converter os africanos, mas pessoas que se disponham a fazer para os pobres o que deve ser feito, caso o Sermão da Montanha e as palavras de Jesus possuam algum valor. Se o Cristianismo não realizar isso, perdeu seu sentido. Depois de ter refletido muito, isso ficou claro para mim: minha vida não é nem a ciência nem a arte, mas tornar-me um simples ser humano que, no espírito de Jesus, faz alguma coisa, por pequena que seja”(A. Schweitzer, Wie wir überleben können, eine Ethik für die Zukunft 1994,25-26).

Em seu hospital no interior da floresta tropical, entre um atendimento e outro de doentes, tinha tempo para refletir sobre os destinos da cultura e da humanidade. Considerava a falta de uma ética humanitária como a crise maior da cultura moderna. Dedicou anos no estudo das questões éticas que ganharam corpo em vários livros, sendo o principal deles “O respeito diante da vida”(Ehrfurcht vor dem Leben).

Tudo em sua ética gira ao redor do respeito, da veneração, da compaixão, da responsabilidade e do cuidado para com todos os seres, especialmente, para com aqueles que mais sofrem.

Ponto de partida para Schweitzer é o dado proto-primário de nossa existência, a vontade de viver que se expressa:”Eu sou vida que quer viver no meio de vidas que querem também viver”(Wie wir überleben können,73). À “vontade de poder” (Wille zur Macht) de Nietszche, Schweitzer contrapõe a “vontade de viver” (Wille zum Leben). E continua :”A idéia-chave do bem consiste em conservar a vida, desenvolvê-la e elevá-la ao seu máximo valor; o mal consiste em destruir a vida, prejudicá-la e impedi-la de se desenvolver. Este é o princípio necessário, universal e absoluto da ética”(Ehrfurcht .52 e 73).

Para Schweitzer, as éticas vigentes são incompletas porque tratam apenas dos comportamentos dos seres humanos face a outros seres humanos e esquecem de incluir todas as formas de vida. O respeito que devemos à vida “engloba tudo o que significa amor, doação, compaixão, solidariedade e partilha”(op. cit. 53).

Numa palavra: “a ética é a responsabilidade ilimitada por tudo que existe e vive” (Wie wir überleben,52 e Was sollen wir tun, 29).

Como a nossa vida é vida com outras vidas, a ética do respeito deverá ser sempre um con-viver e um con-sofrer (miterleben und miterleiden) com os outros. Numa formulação suscinta afirma :”Tu deves viver convivendo e conservando a vida, este é o maior dos mandamentos na sua forma mais elementar”(Was sollen wir tun, 26).

Disso deriva comportamentos de grande compaixão e cuidado. Interpelando seus ouvintes numa homilia conclama:” Mantenha teus olhos abertos para não perderes a ocasião de ser um salvador. Não passe ao largo, inconsciente, do pequeno inseto que se debate na água e corre risco de se afogar. Tome um pauzinho e retire-o da água, enxuge-lhe as asinhas e experimente a maravilha de ter salvo uma vida e a felicidade de ter agido a cargo e em nome do Todo Poderoso. O verme que se perdeu na estrada dura e seca e que não consegue fazer o seu buraquinho, retire-o e coloque-o no meio da grama. ‘O que fizerdes a um desses mais pequenos foi a mim que o fizestes’. Esta palavra de Jesus não vale apenas para nós humanos mas também para as mais pequenas das criaturas”(Was sollen wir tun, 55).

A ética do respeito de Albert Schweitzer une inteligência emocional com a inteligência racional. Tudo o que impede o respeito de uns para com os outros, enfraquece a convivência social. Ninguém tem o direito de constranger o outro com a falta de respeito. Todas as liberdades possuem seu limite: manter sempre o respeito.

O maior inimigo da ética do respeito é o embotamento da sensibilidade, a inconsciência do valor fundamental do respeito ilimitado. Incorporando o respeito, o ser humano alcança o mais alto grau  de sua humanidade.

Se não respeitarmos todo ser, acabamos não respeitando o ser mais complexo e misterioso da criação que é o ser humano, homem e mulher, particularmente o mais vulnerável, o pobre, o doente e o discriminado. Sem o respeito e a veneração perdemos também a memória do Sagrado e do Divino que perpassam o universo e que emergem, de algum modo, na consciência de cada um.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e escritor.

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“Dois Papas”: o encontro pessoal derruba muros ideológicos e redescobre o humano

Assim como o Brasil não é para iniciantes, da mesma forma, o filme “Dois Papas” não é para iniciantes. Ele demanda conhecimentos de teologia e do debate existente já há mais de 50 anos sobre qual modelo de Igreja seria o mais adequado, considerando o destino comum Terra e Humanidade e as perversas desigualdades sociais a nível mundial.

O filme está sendo amplamente discutido. Há razões pró outras contra e, várias delas, supõem interesses escusos de seu produtor Fernando Meirelles, o que acho preconceituoso. Muitas críticas feitas ao filme (a maioria o vê com óculos ideológicos sem limpá-los antes) e mostram o que em filosofia se chama de “ignoratio elenchi”(ignorância do assunto), o que dificulta um julgamento sério e mais justo do filme em tela. Não obstante ter já escrito sobre o filme, retomo o discurso para aprofundar algumas questões subjacentes ao Dois Papas e assim apreciá-lo melhor.

Um lugar privilegiado de observação

Devo, sem qualquer pretensão, confessar que me encontro num lugar de observação privilegiado pois pude conhecer a ambos os personagens, Joseph Razinger e Jorge Mario Bergoglio. Isso me permite ajuizar com outros critérios o filme Dois Papas.

Com referência ao Papa Bento XVI pela amizade que tínhamos e pelo fato de que, como Cardeal, Presidente da Congregação para a Doutrina da Fé (ex-Inquisição) teve a ingrata missão institucional de me interrogar num processo doutrinário, pelo qual passaram notáveis como Galileu Galilei, Giordano Bruno e outros, acerca de meu livro “Igreja: carisma e poder”. Ele agiu conforme o rito prescrito para o Grande Interrogador (outrora se dizia o Grande Inquisidor) com seriedade e competência exigidas. E eu como interrogado devia responder às acusações feitas ao livro (não a mim como pessoa), da forma mais convincente possível. Cada um estava em sua posição institucional mas isso não significava romper os laços de mútuo apreço e amizade. Não rompemos. Tanto ele quanto eu soubemos distinguir as distintas esferas. Minha defesa, após o interrogatório, pareceu aos 13 cardeais votantes, não o bastante convincente. Assim que recebi várias penalidades, a maior delas, o “silêncio obsequioso”.

Penso que Bento XVI, à frente da Igreja, se comportou mais como um teólogo acadêmico alemão (escreveu vários livros enquanto Papa) do que um Guia de uma comunidade de mais de um bilhão de fiéis. Essa missão era, a meu ver, alheia ao seu caráter. Ele queria mesmo era ser teólogo e não um Chefe do Estado do Vaticano.

Com referência ao Papa Francisco nos conhecemos como teólogos nos idos de 1972 num encontro organizado pela Confederação Latino-americana de Religiosos (CLAR) no Colegio Maximo dos jesuítas em San Miguel, nos arredores de Buenos Aires. Ele guardou a foto do encontro e teve a gentileza, como Papa, de mandar-me tal foto e recordar-me que havíamos discutido sobre hermenêutica moderna francesa, coisa que eu havia totalmente esquecido.

Ao elaborar a encíclica ecológica Laudato Si:sobre o cuidado da Cada Comum (2015) ofereci-lhe subsídios, prontamente aceitos, pois ele sabia que já há anos escrevia sobre o tema, alargando o horizonte da Teologia da Libertação. O eixo deste tipo de teologia é “a opção não excludente pelos pobres contra sua pobreza, em favor da justiça social e de sua libertação”. Dentro dos vários tipos de pobres deveríamos, pensava e penso eu, incluir o Grande Pobre, o mais explorado de todos, a Terra viva, sem cuja preservação invalidaria qualquer outro projeto. Daí nasceu uma vigorosa eco-teologia da libertação. O Papa Francisco conscientizou-se desta centralidade e atendeu ao pedido de muitos teólogos que junto comigo lhe fazemos este apelo.

Desconhecer esse núcleo central da Teologia da Libertação, a opção preferiencial pelos pobres, e tributá-lo ao marxismo é incorrer em “ignoratio elenchi”, e reproduzir a narrativa dos ditadores militares do Chile, da Argentina, do Brasil e de El Salvador. Isso é repetido ainda hoje em dia nos grupos conservadores e até reacionários mesmo ocupando altos cargos do atual governo.

Bergoglio sem ser profético, salvou a muitos perseguidos

Não vou abordar o tema da relação do Papa Francisco com a ditadura militar argentina. O prêmio Nobel da Paz, Adolfo Pérez Esquivel, também ele vítima de torturas, deu seu testemunho cabal aos mais duros críticos, apresentando até a longa lista de salvos pela ação do então superior jesuíta, padre Jorge Mario Bergoglio e depois Cardeal de Buenos Aires. No máximo que podemos conceder é que não se mostrou uma figura profética, como foram os bispos Novak, Angelleli, Esaine e outros. Mas nunca colaborou nem foi conivente com o sistema de opressão e liquidação dos opositores do regime, dos mais cruéis da América Latina. Seu estilo era outro, agir no silêncio, mas corajosamente.

Como Papa Francisco, recebi algumas cartas dele agradecendo os materiais que lhe havia enviado. E continuo lhe enviando outros através de um de seus secretários (não via Cúria, pois há o risco de nunca lhe ser entregue). Quase sempre responde. A última me encheu de satisfação, pois lhe havia escrito que no texto final do Sínodo Panamazônico de 2019 se incorria no Cristomonismo (só Cristo) esquecendo, em grande parte, a figura do Espírito Santo. Este, argumentava eu, chega sempre antes do missionário, pois encontra nos povos a evangelizar, o amor, a solidariedade, o perdão e outros valores humanos que constituem o núcleo da mensagem de Jesus. Agradeceu-me a observação e disse que iria usá-la. Por minha surpresa, na fala aos Cardeais pelo Natal de 2019 afirma que alguém lhe disse que o missionário é aguardado pelo Espírito Santo ao chegar ao país de missão, pois Ele já estava lá presente pelo amor e pelos demais valores humanos.

Fato curioso: um Papa não vive só pregando; precisa de certa distensão, tomar chimarrão pela manhã (mate) e também cultivar o humor. Assim que acompanha e torce pelo seu time de futebol San Lorenzo e adora música popular argentina que considero excelente, especialmente Mercedes Sosa com a qual juntos trabalhamos na confecção da Carta da Terra. Eu mandei ao Papa, para distraí-lo um pouco, um texto de São Francisco no qual este aconselhava os frades que em suas hortas deixassem um cantinho para as ervas selvagens (daninhas) crescerem porque, elas, do seu modo, também louvam a Deus. O Papa Francisco colocou este tópico de humor na encíclica no número 12.

A questão magna subjacente ao filme

Qual é a questão magna que subjaz ao filme Dois Papas? Não entendê-la, significa não entender o filme em sua profundidade. Trata-se de apresentar dois modelos de Igreja: um bem retratado pelo Papa Bento XVI e e o outro pelo Cardeal Bergoglio. depois Papa Francisco. Além disso, traçar o perfil de duas formas diferentes de ser humano, de realizar cada um a sua humanidade.

Cabe enfatizar que os diálogos não são meramente inventados. Quem conhece a teologia de ambos logo identifica o que escreveram ou publicamente disseram. Eles correspondem à sua respectiva visão de Igreja. É seu ponto de verdade.

O modelo de Igreja de Bento XVI: Volta à Grande Disciplina

O modelo de Igreja de Bento XVI é o da Igreja tradicional, cuja época áurea foi a Idade Media e que culminou com o Concílio de Trento (1545-1563) e com o Concílio Vaticano I (1869-1870). Esse modelo tem como eixo articulador o poder sagrado (sacra potestas), piramidal e desigualmente distribuído (os leigos, em baixo não participam desse poder), em cuja cabeça está o Papa, infalível em questões de doutrina e moral, com um poder “ordinário, supremo, pleno, imediato e universal”(cânon 331). Se riscarmos a palavra Papa e pusermos Deus, cabe ad litteram. Pode um ser humano, sempre limitado, apresentar-se com um poder ilimitado, não sendo Deus?

Esse modelo foi essencial na formação da Europa, o que resulta em responsabilidade às mais altas autoridades da Igreja de mantê-lo para preservar a identidade da Europa e a cultura europeia que se globalizou. Esse modelo criou os instrumentos de sua reprodução, a teologia manualística, o estilo apologético, especialmente, o estatuto dos seminários que não existia antes. Aí se formaram os candidatos ao sacerdócio, numa perspectiva agressiva e defensiva contra as Igrejas saídas da Reforma e contra os novos inimigos: os dois iluminismos. O primeiro iluminiamo, mais teórico, com seu espírito crítico, contra todo o autoritarismo, do contrato social e da introdução das liberdades civis e dos direitos do cidadão. E o segundo iluminismo, mais prático e transformador: o socialismo e o marxismo. Face à essa realidade mudada, a reação vinha sob o motto: “Volta à Grande Disciplina”. Vale dizer, tentar restaurar a síntese medieval sob a égide do fator religioso e orientada moralmente pela Igreja.

João Paulo II viu que na Polônia (semper fidelis) ocupada pelos marxistas ateus, a Igreja era a grande força de oposição, de resistência e de reafirmação da identidade polonesa, profundamente católica. Ao ser eleito Papa, levou essa missão para toda a Igreja. Enquadrou todas as tendências diferentes para ter uma Igreja unida contra dois fortes inimigos: o marxismo ateu que ele conheceu por experiência pessoal e contra a modernidade que deslocou Deus do centro da sociedade e em seu lugar colocou a sacralidade da pessoa e de seus direitos. A modernidade e pós-modernidade se apresenta como secular (não secularista), defensora das liberdades de consciência, de religião, das culturas e dos direitos de todos.

Inegavelmente carismático, a ponto de galvanizar multidões, a visão de Igreja de Papa João Paulo II, entretanto, era muito conservadora. As inovações do Concílio Vaticano II (1962-1965) que acertou o passo da Igreja com o mundo moderno, são relativizadas e reinterpretadas a partir do poder sagrado, concentrado nele, o Papa e na hierarquia eclesiástica. Gerou uma mentalidade temerosa e até negativa face aos avanços do mundo moderno, uma Igreja qual castelo, sitiado por inimigos que pretensamente a querem destruir.

Seus seguidores (vários movimentos conservadores como Opus Dei, Cavaleiros de Cristo, Comunhão e Libertação entre outros) constituem a base eclesial e social que sustentaram seu projeto de Igreja. Encontrou no Cardeal Joseph Ratzinger (na Alemanha mostrava-se progressista), um teólogo que se converteu à linha de João Paulo II  e num fervoroso guardião da ortodoxia. Apesar de sua finura, mostrou posições severas contra os críticos desse modelo conservador de Igreja.

Especialmente foi visada a Teologia da Libertação, interpretada como uma espécie de cavalo de Troia, mediante o qual o marxismo penetraria na América Latina. Há que defender o povo, mantendo essa corrente teológica sob estrita vigilância, argumentava-se no Vaticano, atingindo a muitos de seus seguidores, cardeais, bispos, teólogos, padres, religiosos e religiosas e até leigos. Esta estratégia foi mantida e até reforçada quando se tornou Papa.

No filme o Papa Bento XVI representa este tipo de Igreja que possui sua lógica e coerência, mas na contramão do curso global do mundo. Não tinha chance de prosperar pois a Igreja se mostrava antes uma cisterna de águas mortas que uma fonte de águas vivas. Decepcionava muitos fiéis a ponto de muitos abandonarem a Igreja. Quando o Papa Bento XVI se deu conta de que a atmosfera interna da Igreja em geral e do Vaticano em particular fora envenenada pelos crimes de pedofilia, falcatruas financeiras dentro do Banco Vaticano e mesmo de prostituição de altos prelados da Cúria, sentiu suas forças se esmorecerem. “Precisa-se mudar tudo isso”, diz claramente no filme. Reafirmou que não merecia permanecer sentado na Cátedra de Pedro, sem a energia suficiente para as mudanças necessárias. Num gesto nobre e desprendido renunciou.

Fecha-se com ele, o ciclo do cristianismo central, enfraquecido pelos escândalos, para dar lugar a outro modelo de Igreja com outros propósitos e outra leitura do mundo.

Papa Francisco: a Teologia da Libertação chega ao centro da igreja

Com o Papa Francisco começa um novo estilo de exercer o pontificado e se projeta um modelo de Igreja muito diverso do tradicional. A Igreja na América Latina foi sempre uma Igreja-espelho daquela europeia. Lentamente, porém foi se libertando até tornar-se uma Igreja-fonte: com um estilo diferente de viver a fé, encarnado-se nas culturas locais, indígenas, afro-descendentes e populares. Criou seu perfil de uma Igreja pobre e despojada com sua própria teologia, sob o nome de Teologia da Libertação. Logicamente, subsiste ainda porções da Igreja-espelho, ligadas ao estilo tradicional de ser padre e de organizar as dioceses e as paróquia. Mas não é por ela que o Cristianismo latino-americano atraiu a atenção do mundo, graças ao seu compromisso com os pobres, contra os regimes ditatoriais e contra as torturas sistemáticas a presos políticos e a presos comuns.

O Concílio Vaticano II tratou da Igreja dentro do mundo moderno, do mundo desenvolvido e se reconciliou com ele. Na América Latina os bispos nas várias assembléias continentais (Medellin, Puebla, Aparecida) deram-se conta de que esse mundo desenvolvido constitui a causa principal da opressão das grandes maiorias da América Latina, indígenas humilhados, massas abandonadas, classes oprimidas e mulheres submetidas.

A questão na América Latina é outra: qual o lugar da Igreja dentro do submundo, do mundo subdesenvolvido? Chegaram à conclusão de que sua missão é de uma evangelização libertadora. Libertar o pobre que grita é um gesto evangélico e ao mesmo tempo político. Libertar importa fazer do pobre o protagonista de sua própia libertação a partir do capital simbólico de sua  fé. Isso exige um processo de conscientização e de organização para o qual Paulo Freire que sempre se tendeu como um dos fundadores da Teologia da Libertação, ajudou enormemente a pastoral das Igrejas.Desta forma surgia um cristão consciente e simultaneamente um cidadão crítico e participante.

A libertação demanda um método mediante o qual o oprimido extrojeta o opressor que carrega dentro de si, para ser livre e tentar um outro tipo de sociedade  libertada, onde o amor e a convivência fraterna não sejam tão difícies. Não há opção pelos pobres e por sua libertação sem primeiramente amar esses pobres, seu modo de ser, sua cultura e, finalmente, se associar, como aliados secundários, às suas lutas. Essa opção custou a vida de muitos padres, religiosas, agentes leigos de pastoral e até de dois bispos, Angelleli da Argentin e Oscar Arnulfo Romeno de El Salvador, hoje santificado. É uma Igreja que tem muitos mártires.

O Papa Francisco foi educado quando era estudante de Teologia no Colegio Maximo em San Miguelo nesse conjunto de visões. Incorporou-as. Como cardeal, renunciou ao palácio cardinalício, ao carro oficial, aos privilégios da função. Usava o ônibus e o metrô e andava muito a pé pelas “villas miseria” de Buenos Aires. Vivia num pequeno apartamento e cozinhava sua própria refeição.

Ao chegar a Roma e eleito já Papa, introduziu esta revolução dos hábitos nos vetustos edifícios luxuosos e renascentistas da cidade do Vaticano. Decidiu viver numa casa de hóspedes e toma a refeição, entrando na fila, como todos.

Seu modelo de Igreja é aquela, como ele mesmo o define: “uma Igreja em permanentemente saída” de si mesma em direção do mundo, dos pobres, dos refugiados e das periferias existenciais. Ela equivale a um hospital de campanha, aberta a atender a todos. Como ninguém antes dos Papas anteriores, denuncia os produtores das desigualdades e injustiças no mundo: os adoradores do dinheiro, os especuladores, os inimigos da vida e da Mãe Terra que a devastam em função de sua acumulação. Não usa a palavra capitalismo mas todos entendem ao que se refere.

Em sua mensagem enfatiza: Jesus não veio fundar uma nova religião, pois havia muitas no Império Romano. Veio criar o homem novo e a mulher nova. Veio nos ensinar a viver o amor incondicional, a misericórdia sem limites e a solidariedade a partir dos últimos. No lugar de dogmas e doutrinas que respeita, privilegia o encontro vivo com o Cristo, com as pessoas, especialmente com aquelas feitas invisíveis. Escandaliza não poucos bispos ao pregar, até exigir, uma pastoral da ternura e não do medo das penas eternas. A misericórdia e seu tonus retus sempre de nova pregada que vem acolitada pela empatia e pela fome e sede de justiça. Sente-se um homem entre outros homens.

Suspeito que criará uma nova genealogia de papas, vindos do fim do mundo, onde vive a maioria dos católicos. Só 25% encontram-se na Europa, 52% nas Américas e os restantes na África e na Oceania. Hoje por hoje, o cristianismo é uma “religião” do outrora chamado “Terceiro Mundo”, que um dia, teve sua origem no Primeiro Mundo. Pelo “Terceiro Mundo” passa o futuro da Igreja Católica até em termos numéricos. É aqui que o cristianismo mostra suas virtualidades latentes, na defesa dos pobres e no cuidado da Casa Comum. Um argumento a mais para postularmos um Papa que venha de onde a Igreja se incarna nas culturas locais e suscita esperança nos condenados e ofendidos, desesperados pela fome e pela miséria.

Estes dois modelos de Igreja subjazem aos diálogos do filme Dois Papas. Eles se confrontam. Mas lentamente vão se alinhando.

Cada um dos Papas carrega um peso na consciência: Bergoglio poderia  ter encontrado outra forma, para além daquela institucional que tomou, de salvar os dois jesuítas trabalhando nas favelas e liberá-los do sequestro anunciado. Ambos sofreram pesadas torturas. Um deles, o padre Yorio, a quem conheci em Quilmes, nos arredores de Buenos Aires, não conseguia livrar-se do sentimento de que tinha sido abandonado pelo seu superior religioso. Mas procurava sinceramente entender os impasses pelos quais seu superior passou, mas que, com criatividade, poderia ter agido diferentemente. Esse era o peso que o Papa Francisco carregava em sua biografia.

Ao Papa Ratzinger lhe pesou na consciência o fato de ter enviado uma carta a todos os bispos, sob sigilo pontifício, para que não entregassem os padres pedófilos à justiça civil para não macular o bom nome da instituição-Igreja. Deviam confessar seu pecado e ser transferidos para outro lugar. E as vítimas, as crianças inocentes e as famílias, como ficariam? Isso não foi suficientemente levado em conta pelo Papa Bento XVI.

Momento alto do filme é quando ambos revelam o peso que carregam. Abrem-se mutuamente e se dão reciprocamente a absolvição. Ambos se sentem aliviados e reconciliados consigo mesmos.

A ideologia divide, o diálogo aproxima.

Estimo que um dos propósitos principais do filme, foi revelar a real condição humana de ambos os Papas: sua dimensão de sombra e sua dimensão de luz. Essa é a real condition humaine de cada ser humano: somos sapientes e dementes sim-bólicos e dia-bólicos, gentis e rudes. E isso simultaneamente. Ai de nós se recalcamos a dimensão sombria. Ela voltará furiosa. Temos que integrá-la humildemente na medida em que damos primazia à dimensão de luz. Caso contrário, impedimos o desabrochar de nossa plena humanidade que inclui luz e sombra.

Mas há momentos em que o horizonte desaparece: é a “noche oscura y terrible” da qual fala o místico São Jão da Cruz não poupa sequer os papas. A sutileza do filme mostra também esta sua angustiante dimensão. Eles não têm certezas totais. Estão no caminho de busca de mais luz para poder caminhar.

O filme revela, de forma maravilhosa, como passo a passo, vai surgindo a humanidade de um de outro. Aprenderam a escutar, a dialogar, e a procurar entender as diferenças. Lentamente as discussões vão desaparecendo, pois a ideologia separa e o encontro une. É então que irrompe a verdadeira humanidade em cada um deles. Um toca piano, o outro cantarola uma cação dos Beatles. Por fim ambos não agem mais como Papas. São humanos, o homem Joseph Ratzinger e o homem Jorge Mario Bergoglio. Ensaiam uns passos de tango, possível a dois idosos. É inimaginável um acadêmico alemão como o professor Ratzinger entregar-se à liberdade do corpo e dar uns passos de dança argentina.

O que une as pessoas não são acordos doutrinários. Estes ficam nos documentos mas não chegam ao coração. O encontro das pessoas, cara a cara, olho a olho, coração a coração transforma a realidade conflitiva, numa realidade, apesar das diferenças, realmente reconcilia.

Esta seja talvez a grande lição que derivamos do filme Dois Papas. Num mundo de ódio, de dilaceração das ideologias, o que nos levará para a direção certa e para a superação das fragilidades da humana existência é e será sempre o resgate de nossa inteira, complexa e ambigua humanidade, um ajudando ao outro a desentranhar o que está escondido nele e que, sozinho, talvez nunca irá poder liberar. Mas vale a filosofia africana do Ubuntu: “eu sou eu somente através de você”.

O cristianismo como religião e caminho de Jesus

Por fim,  cabe uma reflexão para aqueles que sentem dificuldades de viver a fé cristã nos dias de hoje. O cristianismo não nasceu como Igreja constituída, mas como “o movimento de Jesus” ou “o caminho de Jesus” pois assim  nos relatam as fontes originárias do Novo Testamento. Curiosamente nos Atos dos Apóstolos se chama o cristianismo em grego de: “hairesis tou Christou”: a “heresia de Cristo”, vale dizer “o grupelho de Cristo”. So mais tarde, em Antioquia, passou a ser chamado de cristianismo.

Metaforicamente diria: o cristianismo é semelhante a uma bicicleta. A roda da frente representa o Cristianismo como religião, com ritos, celebrações, missas, sacramentos e devoção a santos e santas. Nem todos hoje se identificam com este modo de expressar a fé; felizes os que o conseguem pois o contacto com o sagrado alimenta as dimensões profundas e ignotas de nossa psiqué tão bem estudas pela escola de C. G. Jung e discípulos.

Mas o cristianismo pode se expressar também pela roda de trás. É o cristianismo como ética, como modo de ser que se orienta pelo sonho e a proposta humanitária de Jesus: a centralidade do amor, a empatia face aos que sofrem, a fidelidade à verdade, o desapego à acumulação obsessiva de bens materiais e a capacidade de perdoar. Esse caminho é o mais originário e significa uma proposta de vida, seguida por muitos mesmo sem se filiar a uma confissão cristã ou seguir um caminho religioso. Vivem o sonho do Nazareno no meio da mundanidade do mundo. São cristãos, não pela prática religiosa, mas pela prática da ética da transparência, do amor, da solidariedade a partir dos últimos e da alegria de viver neste belo e radiante planeta.

Creio que o filme aponta mais nesta direção humanitária: a escuta atenta do outro, a abertura ao diálogo e a disposição de aceitar a crítica e a vontade de mudar.

Saimos mais humanizados e espiritualizados após termos visto o filme Dois Papas. Só por este efeito benéfico, valeu a pena o esforço de seus produtores e atores de concebe-lo e de produzi-lo. Bem que mereceria um Oscar, pela mensagem tão atual e esperançadora que irradia e não em último lugar pela beleza deslumbrante de suas imagens e pela música sempre adequada às cenas. Vale ver o filme Dois Papas para deixar-se questionar por ele e enriquecer a maneira própria de viver humanamente.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo e escreveu Francisco de Assis e Francisco de Roma, Mar de Ideias, Rio 2014,