La resurrección en medio de un Viernes Santo prolongado

Leonardo Boff

Ni el más optimista puede negar que vivimos tiempos sombríos y amenazantes. Estamos dentro de un mundo sin reglas y en medio del caos, sin tener la certeza de que este caos pueda ser generativo y no solamente destructivo. Ahora estamos bajo la regencia del caos destructivo. Hay unos 18 lugares de guerra, muchos genocidios y amenazas de uso de armas de destrucción masiva. Tal vez ni siquiera ocurran en la Tierra, sino en el espacio por donde giran cientos de satélites, algunos cargados con armas mortíferas. Existe además la amenaza de una paralización cibernética mundial, realizada por alguna de las potencias beligerantes. Todo puede detenerse: celulares, aviones, automóviles, sistemas eléctricos y de comunicación. Todos quedaríamos de rodillas, reconociendo la derrota.

Estamos en manos de unas 4 o 5 personas que pueden desencadenar, en momentos de insania o bajo amenaza existencial —como es el caso del presidente designado de Estados Unidos—, una guerra nuclear con armas atómicas estratégicas (no tácticas) capaces de producir un invierno nuclear. Tal sería la densidad de partículas en la atmósfera que impediría la penetración de la luz solar. Los efectos letales sobre la humanidad y la naturaleza (las plantas ya no producirían oxígeno) son inimaginables, rozando la desaparición de la especie humana.

Nos preguntamos: ¿cómo celebrar la Pascua y la fiesta de la resurrección en este contexto? La mayoría de la humanidad vive ajena a estas amenazas, ya sea por la negación de información por parte de los medios de los países hegemónicos del gran sistema imperante, o por ignorancia o desinterés. De todos modos, con amenazas o sin ellas, la vida debe continuar con sus tareas y trabajos que garantizan el alimento en la mesa de las personas. Vivir sin desesperarse.

Antes que nada, necesitamos aclarar qué se entiende por resurrección. No debemos confundirla con la reanimación de un cadáver, como ocurrió con Lázaro (Juan 11,1-44), el hijo de la viuda de Naín (Lucas 7,15) o la hija de Jairo (Lucas 8,41). Ellos volvieron a la vida mortal que tenían antes y terminaron muriendo.  Resurrección significa otra cosa: una transformación radical de la existencia histórica de Jesús de Nazaret, crucificado, muerto y sepultado.

Tal vez San Pablo expresó mejor lo que significa la resurrección: la irrupción del novissimus Adam (1 Cor 15,45). Novissimus Adam significa que en ese Crucificado se mostró, anticipadamente, el hombre nuevo y cuál es el futuro de la vida: la plena realización de las posibilidades latentes dentro de cada uno, de modo que puede ser considerado “el nuevo ser humano en la plenitud de su humanidad”. Este ser nuevo asume la forma de existencia del propio Dios: omnipresencia, liberación de las ataduras del espacio-tiempo, con un tipo de vida inmortal y eterna, jamás amenazada por la muerte. Es pura vida en su expresión suprema, a semejanza del Dios vivo.

Moisés murió, Isaías murió, Sócrates murió, Buda murió, Zaratustra murió, Confucio murió, Lao-Tsé murió, Chuang-Tsé murió. Jesús resucitó y vive entre nosotros como el Cristo cósmico, presente en todos los espacios del cielo y de la Tierra. De Moisés provienen los diez mandamientos; de Buda, las cinco virtudes básicas; de Confucio, las virtudes del buen funcionario, y así con otros. Se piensa menos en las personas y más en las doctrinas que dejaron y que humanizan a sus seguidores. De Jesús se piensa en la persona que resucitó y vive entre nosotros. Más importante que los textos del Nuevo Testamento —recogidos 30 o 40 años después de su crucifixión y resurrección— es la persona de Jesús, con la cual entramos en comunión como con un ser vivo y presente. Comulgamos la totalidad de Jesús (en hebreo, cuerpo y sangre) en la Eucaristía e interiorizamos su presencia cósmica en todas las cosas.

Esta es la verdad fundamental del cristianismo: la resurrección del Crucificado. Muchos en la historia fueron crucificados, pero con Jesús ocurrió algo inaudito que Teilhard de Chardin, paleontólogo que supo articular la evolución con la fe, llamó un fenómeno cósmico “tremendo”. Otros dicen: la resurrección es una revolución dentro de la evolución, la emergencia anticipada, audaz y feliz del buen fin del ser humano y del universo del cual forma parte.

Nadie mejor que el apóstol Pablo testimonia la resurrección al decir: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación y vana es nuestra fe. Seríamos también mentirosos… Pero en verdad Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que mueren… En Cristo todos volverán a vivir” (1 Corintios 15,13-15; 20; 22).

Por último, me permito un testimonio personal. Cuando estuve en los lugares santos en Palestina, en 1976, ocurrió un hecho curioso. Sabemos que estos lugares están siempre llenos de gente de todo el mundo que viene a visitarlos; nunca se está solo. Estuve en el Santo Sepulcro, lugar de la resurrección, solo durante 18 minutos exactos. Para mí fue un premio por haber escrito cerca de mil páginas sobre Jesús y todo un libro sobre “La resurrección de Cristo y la nuestra en la muerte” (Vozes). En mis escritos siempre vuelvo al tema de la resurrección. Es lo que el cristianismo tiene para ofrecer, más que las bellas enseñanzas del Maestro.

Por más dramática que sea la actual situación de la humanidad, que ha creado para sí instrumentos de autodestrucción, no podemos vivir tristes. Después de que Cristo resucitó y mostró cuál es nuestro futuro bueno y bienaventurado, aún podemos sonreír, jugar y danzar, como los niños de la Franja de Gaza que escaparon del genocidio.

La Pascua de la resurrección de este año nos permite una alegría discreta y una confianza. La última página de nuestra historia no será escrita por la muerte, sino por la resurrección de la vida, hasta el momento en que nuestro hermano Jesús resucitado también nos transformará a su semejanza.

Leonardo Boff, teólogo y filósofo, escribe para la revista del ICL LIBERTA. También es autor de La resurrección de Cristo y la nuestra en la mue Vozes 1972 muchas ediciones.  Elões : El evangelio de Cristo cósmio, Record 1972 varias ediciones.(https://www.leonardoboff.org)

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