La falta de la justa medida: el ADN de nuestra cultura

Leonardo Boff*

A donde quiera que dirijamos nuestra mirada lo que más salta a la vista es la falta de medida, el exceso, la exageración, la ausencia del camino del medio, no lo de más ni lo de menos, el desequilibrio en prácticamente todos los campos.

La justa medida está atestiguada en todas las grandes tradiciones éticas de las culturas mundiales. En el pórtico del gran templo de Delfos estaba escrito en letras enormes: méden ágan, que quiere decir: “nada de exceso”. Lo mismo se veía en los pórticos de los templos romanos: ne quid nimis: “nada de menos ni de más”. La justa medida se opone a toda ambición exacerbada (hybris). Requiere autocontrol, el sentido de equilibrio dinámico y la capacidad de imponer límites a nuestros impulsos. Pues bien, eso es exactamente lo que nos falta a nivel mundial. La falta de la justa medida forma parte del ADN de nuestra cultura hoy planetizada.

Eso se nota claramente en el sistema económico-político-social-comunicacional dominante. La más flagrante muestra de falta de la justa medida es el capitalismo. Donde se instala surge inmediatamente la desigualdad entre los dueños del capital, que poseen todo y deciden, y los trabajadores que solo venden sus capacidades, es decir, se instala inmediatamente la ruptura de la justa medida. Los mantras del capitalismo en sus distintas versiones se mantienen inalterados: búsqueda de la acumulación ilimitada para beneficio individual o corporativo. Aun sabiendo los límites de nuestro planeta, su motor es la competencia sin la más mínima cooperación, el saqueo de los bienes y servicios de la naturaleza sin tener en cuenta la sostenibilidad necesaria, la flexibilización de todas las leyes para abrir de par en par todas las puertas al proceso de explotación y de enriquecimiento, la presión para crear un estado mínimo, pues este es visto como un impedimento para la dinámica de la expansión del capital.

El efecto de este proceso es lo que recoge el economista Eduardo Moreira, exbanquero, transformado en uno de los mayores formuladores de conciencia crítica de nuestro país y el principal ideador del Instituto Conhecimento Liberta (ICL) que ofrece cerca de 270 cursos de excelencia en las más variadas áreas del saber al precio de un sandwich, con una asistencia de cerca de 100 mil personas. Dice: “El 1% de los dueños de tierras concentran más del 50% de las tierras cultivables del país; cuando consideramos el volumen de dinero, el 1% más rico del mundo posee más reservas acumuladas que el 90% más pobre; una verdadera catástrofe social (Desigualdade,Rio 2024)”. Este es un ejemplo clamoroso de nuestra absoluta falta de medida.

Esa falta de medida caracteriza igualmente a los grandes medios de comunicación mundiales, sean escritos, digitales y la media docena de plataformas de internet (Google, Meta, Facebook, Instagram, TikTok, X, Youtube y otras) en manos de un puñado de personas poderosísimas.

La falta de medida se revela profundamente brutal en la relación con la naturaleza, explotada desde hace siglos y en las últimas décadas devastada hasta tal punto que algunos científicos han propuesto la inauguración de una nueva era geológica, el antropoceno (el ser humano como factor principal de la destrucción de la naturaleza), radicalizado en el necroceno (la biodeversidad es diezmada) y últimamente en el piroceno (el aumento creciente de los grandes incendios en casi todas partes del planeta).

Tal vez una de las mayores demostraciones de la falta de justa medida nos es dada por el cambio climático, ya instalado hasta el punto de ser  considerado por los grandes órganos mundiales como irreversible. La emisión de gases de efecto invernadero en vez de disminuir está aumentando. Debido a la crisis energética hemos vuelto al uso del carbón, petróleo y gas, altamente contaminantes, a ellos se añade la insuficiencia de energías alternativas. El cambio climático no frenado, agravado por el aumento poblacional, puede llevar el futuro de la vida humana a un impasse y volver el planeta inhabitable.

Entre las muchas causas que nos han llevado a este peligroso estadio está seguramente la ruptura de la Matriz Relacional. Olvidamos que todas las cosas están inter-relacionadas. En el lenguaje poético del Papa Francisco en su encíclica sobre ecología integral (Sobre el cuidado de la Casa Común) “el sol y la luna, el cedro y la florecilla, el águila y el gorrión… significan que ninguna criatura se basta a sí misma, que no existen sino en dependencia unas de otras, para  completarse y servirse mutuamente” (n.86). Aquí aparece la justa medida natural, rota por las ciencias y por los muchos saberes.

La modernidad se funda sobre la atomización de los saberes, de las cosas consideradas sin un valor intrínseco y puestas al disfrute de los seres humanos o, en la peor tendencia, a la acumulación sin límites de bienes meramente materiales. Así surgió el mundo de las cosas; incluso las más sagradas, también los órganos humanos han sido transformados en mercancía a ser puesta en el mercado y conseguir su debido precio, cosa ya anunciada por Marx en 1847 en su Miseria de la filosofía y sistematizada en 1944 por Karl Polanyi en su obra La gran transformación.

¿Cómo salir de este enrocamiento de dimensiones trágicas? Si queremos continuar sobre este planeta no tenemos más salida que volver a la ética del cuidado de todas las cosas, de nuestras vidas y principalmente de la justa medida. Ella y el cuidado podrán salvar el futuro de nuestra civilización y de nuestra permanencia en la Tierra.

Preocupado con esta cuestión máxima de vida y de muerte, escribí  dos libros, fruto de una vasta investigación transcultural. El primero fue publicado en 2022 El pescador ambicioso y el pez encantado: la búsqueda de la justa medida. En él preferí el género narrativo usando  cuentos y mitos ligados a la justa medida. El segundo completa el primero, La búsqueda de la justa medida: cómo equilibrar el planeta Tierra, ambos publicados por la Editorial Vozes. En este segundo intenté de forma más científica ir a las causas que nos llevaron a olvidar la justa medida, exactamente la pérdida de la Matriz Relacional.  

Por más que nos esforcemos en creer que sólo la vuelta a la justa medida y a la ética del cuidado podrán salvarnos, permanece siempre esta angustiosa pregunta: dada la universalización de la grave crisis existencial, ¿tenemos aún tiempo y sabiduría suficientes para realizar esta conversión? La esperanza nunca muere y no deberá defraudarnos.

*Leonardo Boff ha escrito Habitar la Tierra, Vozes 2021 y El doloroso parto de la Madre Tierra, Vozes 2021.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Das Fehlen des rechten Maßes: die DNA unserer Kultur

Leonardo Boff

Wohin wir unseren Blick auch richten, was am meisten auffällt, ist das fehlende Maß, das Übermaß, die Übertreibung, das Fehlen des Mittelweges, das weder zu viel noch zu wenig, das Ungleichgewicht in praktisch allen Bereichen.

Das rechte Maß ist in allen großen ethischen Traditionen der Weltkulturen zu finden. Auf der Vorhalle des großen Tempels von Delphi stand in fetten Lettern geschrieben: méden ágan, was “nichts Übermäßiges” bedeutet. Dasselbe stand auf den Säulengängen der römischen Tempel: ne quid nimis: “nichts zu wenig oder zu viel” Ein angemessenes Maß steht jedem übertriebenen Ehrgeiz (hybris) entgegen. Es erfordert Selbstbeherrschung, einen Sinn für dynamisches Gleichgewicht und die Fähigkeit, unseren Impulsen Grenzen zu setzen. Genau daran mangelt es aber weltweit. Das Fehlen eines gerechten Maßes gehört zur DNA unserer heutigen globalisierten Kultur.

Dies zeigt sich deutlich in dem vorherrschenden wirtschaftlich-politisch-sozialen-kommunikativen System. Das offenkundigste Beispiel für das Fehlen eines gerechten Maßes ist der Kapitalismus. Wo immer Ungleichheit herrscht, entsteht Ungleichheit zwischen den Kapitaleignern, die alles besitzen und entscheiden, und den Arbeitnehmern, die nur ihre Fähigkeiten verkaufen, d.h. der Bruch des gerechten Maßes setzt sofort ein. Die Mantras des Kapitalismus in seinen verschiedenen Ausprägungen werden unverändert beibehalten: das Streben nach unbegrenzter Akkumulation zum individuellen oder unternehmerischen Nutzen, selbst wenn man die Grenzen unseres Planeten kennt, seine treibende Kraft ist der Wettbewerb ohne jeden Anflug von Kooperation, die Plünderung der Güter und Dienstleistungen der Natur ohne Rücksicht auf die notwendige Nachhaltigkeit, die Flexibilität aller Gesetze, um dem Prozess der Erkundung und Bereicherung alle Türen zu öffnen, der Druck, den Minimalstaat zu schaffen, da er als Hindernis für die Dynamik der Expansion des Kapitals angesehen wird.

Die Wirkung dieses Prozesses ist das, was der Wirtschaftswissenschaftler Eduardo Moreira, ein ehemaliger Banker, der sich in einen der größten Sprecher des kritischen Bewusstseins in unserem Land verwandelt hat und der Hauptgründer des   Knowledge Institute Befreit (ICL) ist, das etwa 270 Exzellenzkurse in den verschiedensten Wissensbereichen zum Preis eines Sandwiches anbietet mit einer Frequenz von etwa 100 Tausend Anhängern formuliert: “Das eine Prozent der Grundbesitzer konzentriert mehr als 50 % der landwirtschaftlichen Nutzfläche des Landes; wenn wir das Geldvolumen betrachten, hat das reichste ein Prozent der Welt mehr akkumulierte Reserven als die ärmsten 90 %; eine wahre soziale Katastrophe (E.Moreira, Desigualdade,Rio,2024)“ Dies ist ein eklatantes Beispiel für unseren absoluten Mangel an Maß.

Dieser Mangel an Maß kennzeichnet auch die wichtigsten Medien der Welt, ob in schriftlicher oder digitaler Form und ein halbes Dutzend Internetplattformen (Google, Meta, Facebook, Instagram, TikTok, X, YouTube und andere), die sich in den Händen einer Handvoll sehr mächtiger Personen befinden.

Das fehlende Maß zeigt sich in einem zutiefst brutalen Umgang mit der Natur, die jahrhundertelang ausgebeutet und in den letzten Jahrzehnten so verwüstet wurde, dass einige Wissenschaftler den Beginn eines neuen geologischen Zeitalters ausrufen, des Anthropozäns (der Mensch ist der Hauptfaktor für die Zerstörung der Natur), radikalisiert durch das Nekrozän (Dezimierung der biologischen Vielfalt) und in letzter Zeit durch das Pyrozän (die zunehmende Zunahme von Großbränden) in fast allen Teilen des Planeten.

Der Klimawandel, der bereits so weit fortgeschritten ist, dass er von den großen Weltorganisationen als unumkehrbar angesehen wird, ist vielleicht einer der besten Beweise für das Fehlen eines gerechten Maßes. Der Ausstoß von Treibhausgasen nimmt nicht ab, sondern zu; aufgrund der Energiekrise hat man sich der Nutzung von Kohle, Öl und Gas zugewandt, die sehr umweltschädlich sind, und auch wegen des Mangels an alternativen Energien. Ein unkontrollierter Klimawandel, der durch das Bevölkerungswachstum noch verstärkt wird, könnte die Zukunft des menschlichen Lebens zum Erliegen bringen und den Planeten unbewohnbar machen.

Zu den vielen Ursachen, die uns in dieses gefährliche Stadium geführt haben, gehört sicherlich die Störung der Beziehungsmatrix. Wir vergessen, dass alle Dinge miteinander verbunden sind. In der poetischen Sprache von Papst Franziskus in seiner Enzyklika über eine integrale Ökologie (Über die Sorge für das gemeinsame Haus) “bedeuten die Sonne und der Mond, die Zeder und die kleine Blume, der Adler und der Sperling…, dass kein Geschöpf für sich selbst ausreichend ist; sie existieren nur in Abhängigkeit voneinander, um sich im Dienst aneinander zu ergänzen” (Nr. 85). Hier erscheint das gerechte natürliche Maß, das durch die Wissenschaften und viele Formen des Wissens durchbrochen wird.

Die Moderne beruht auf der Atomisierung des Wissens, der Dinge, die als ohne inneren Wert betrachtet und zum Genuss der Menschen eingesetzt werden, oder – im schlimmsten Fall – auf der unbegrenzten Anhäufung rein materieller Güter. So entstand die Welt der Dinge; auch die heiligsten menschlichen Organe wurden in Waren verwandelt, die auf den Markt gebracht werden, um einen entsprechenden Preis zu erzielen, was Marx bereits 1847 in seinem „Elend der Philosophie“ angedeutet und Karl Polanyi 1944 in seinem Werk „Die große Transformation“ thematisiert hat.

Wie findet man aus diesem Schlamassel tragischen Ausmaßes heraus? Wir haben keinen anderen Ausweg, wenn wir auf diesem Planeten weiterleben wollen, als zur Ethik der Fürsorge für alle Dinge, unser Leben und vor allem zum rechten Maß zurückzukehren. Dies und die Fürsorge können die Zukunft unserer Zivilisation und unseren Aufenthalt auf der Erde retten.

Über diese letzte Frage, nämlich der nach Leben und Tod, habe ich zwei Bücher geschrieben, die das Ergebnis umfangreicher kulturübergreifender Untersuchungen sind. Das erste wurde 2022 veröffentlicht: „Der ehrgeizige Fischer und der verzauberte Fisch: die Suche nach dem rechten Maß“. Darin bevorzugte ich das erzählende Genre mit Geschichten und Mythen, die mit dem rechten Maß verbunden sind. Das zweite Buch ergänzt das erste, „Die Suche nach dem rechten Maß: Wie man den Planeten Erde ins Gleichgewicht bringt“, beide bei Editora Vozes. In diesem zweiten Buch habe ich versucht, auf wissenschaftlichere Art und Weise den Ursachen auf den Grund zu gehen, die uns dazu gebracht haben, das rechte Maß zu vergessen, nämlich den Verlust der Beziehungsmatrix.  

So sehr wir uns auch bemühen zu glauben, dass nur eine Rückkehr zum rechten Maß und zur Ethik der Fürsorge uns retten kann, stellt sich doch immer wieder die beunruhigende Frage: Haben wir angesichts der Universalisierung der schweren existenziellen Krise noch genügend Zeit und Weisheit, diese Umkehr zu vollziehen? Die Hoffnung stirbt nie und sollte uns nicht enttäuschen.

Leonardo Boff  Autor von: Inhabiting the Earth, Vozes 2021 and The painful birth of Mother Earth, Vozes 2021.

The lack of fair measure: the DNA of our cultu

          Leonardo Boff

Wherever we direct our gaze, what stands out most is the lack of measure, the excess, the exaggeration, the absence of the middle path, the neither too much nor too little, the imbalance in practically all fields. .

Just measure is witnessed in all the great ethical traditions of world cultures. On the porch of the great temple at Delphi it was written in bold letters: méden ágan which means “nothing excessive”. The same was seen in the porticos of Roman temples: ne quid nimis: “nothing too little or too much” A fair measure is opposed to any exaggerated ambition (hybris). It demands self-control, a sense of dynamic balance and the ability to impose limits on our impulses. Now, this is exactly what we lack worldwide. The lack of fair measure belongs to the DNA of our today globalized culture.

This is clearly seen in the prevailing economic-political-social-communicational system. The most flagrant example of the lack of just measure is capitalism. Wherever inequality is established, inequality arises between the owners of capital who own and decide everything and the workers who only sell their capabilities, that is, the rupture of the just measure immediately sets in. The mantras of capitalism in its various versions are kept unchanged : the search for unlimited accumulation for individual or corporate benefit, even knowing the limits of our planet, its driving force is competition without any hint of cooperation, the plundering of nature’s goods and services without taking into account the necessary sustainability, the flexibility of all laws to open all doors to the process of exploration and enrichment, the pressure to create the minimum State, as it is seen as an obstacle to the dynamics of capital expansion.

The effect of this process is what economist Eduardo Moreira, a former banker transformed into one of the greatest formulators of critical consciousness in our country and the main creator of the Liberta Knowledge Institute (ICL), offering around 270 courses of excellence in the most varied areas of knowledge. at the cost of a sandwich, with a frequency of around 100 thousand followers: “The 1% of land owners concentrate more than 50% of the country's arable land; when we consider the volume of money, the richest 1% in the world have more accumulated reserves than the poorest 90%; a true social catastrophe” This is a glaring example of our absolute lack of measure.
This lack of measure also characterizes the world's major media, whether written, digital and half a dozen internet platforms (Google, Meta, Facebook, Instagram, TikTok, X, YouTube and others) in the hands of a handful of very powerful people.
 
The lack of measure reveals itself to be profoundly brutal in the relationship with nature, exploited for centuries and devastated in recent decades to the point that some scientists have proposed the inauguration of a new geological era, the anthropocene (human beings are the main factor of the destruction of nature), radicalized in the necrocene (decimation of biodiversity) and lately in the pyrocene (the increasing increase in large fires) in almost all parts of the planet.
 
Perhaps one of the greatest demonstrations of the lack of fair measure is given to us by climate change, already established to the point of being considered by major world bodies as irreversible. The emission of greenhouse gases, instead of decreasing, is increasing; Due to the energy crisis, they turned to the use of coal, oil and gas, which are highly polluting, and also due to the insufficiency of alternative energies. Unchecked climate change, compounded by population growth, could bring the future of human life to a halt and make the planet uninhabitable.
 
Among the many causes that led us to this dangerous stage is certainly the disruption of the Relational Matrix. We forget that all things are interrelated. In the poetic language of Pope Francis in his encyclical on an integral ecology (On Care for the Common Home), “the sun and the moon, the cedar and the little flower, the eagle and the sparrow... mean that no creature is sufficient for itself same; they only exist in dependence on each other, to complement each other in the service of each other” (n.85). Here appears the fair natural measure, broken by the sciences and many forms of knowledge.
Modernity is based on the atomization of knowledge, of things considered without intrinsic value and placed for the enjoyment of human beings or, in the worst trend, the unlimited accumulation of merely material goods. This is how the world of things emerged; including the most sacred human organs were transformed into merchandise to be put on the market and earn their due price, something already foreshadowed by Marx in 1847 in his Misery of Philosophy and systematized in 1944 by Karl Polaniy in his work The Great Transformation.
 
How to get out of this mess of tragic dimensions? We have no other way out, if we want to continue on this planet, other than to return to the ethics of caring for all things, our lives and especially the right measure. It and care can save the future of our civilization and our stay on Earth.
Concerned with this ultimate question, of life and death, I wrote two books, the result of vast cross-cultural research. The first was published in 2022 The ambitious fisherman and the enchanted fish: the search for just measure. In it I preferred the narrative genre with the use of stories and myths linked to the right measure. The second completes the first, The search for fair measure: how to balance planet Earth, both by Editora Vozes. In this second, I tried in a more scientific way to go to the causes that led us to forget the right measure, exactly the loss of the Relational Matrix.  
 
As much as we try to believe that only a return to the right measure and the ethics of care can save us, there is always a distressing question: given the universalization of the serious existential crisis, do we still have enough time and wisdom to carry out this conversion? Hope never dies and should not disappoint us.
 
Leonardo Boff wrote Inhabiting the Earth, Vozes 2021 and The painful birth of Mother Earth, Vozes 2021.

A falta da justa medida: o DNA de nossa cultura

Leonardo Boff

Para onde quer que dirijamos nosso olhar o que mais salta aos olhos, é a falta de medida, o excesso,o exagero, a ausência do caminho do meio, o nem demais e o nem de menos, o desequilíbrio em praticamente em todos os campos.

A justa medida é testemunhada em todas as grandes tradições éticas das culturas mundiais. No pórtico do grande templo em Delfos estava escrito em letras garrafais: méden ágan o que quer dizer “nada de excesso”. O mesmo se via nos pórticos dos templos romanos: ne quid nimis: “nada de menos nem demais” A justa medida se opõe à toda ambição exacerbada (hybris). Demanda o autocontrole, o senso do equilíbrio dinâmico e a capacidade de impor limites a nossos impulsos. Ora, é exatamente o que nos falta a nível mundial. A falta da justa medida pertence ao DNA de nossa cultura hoje planetizada.

Isso se nota claramente no sistema econômico-político-social-comunicacional predominantes.A mais flagrante amostra da falta da justa medida é o capitalismo. Lá onde se instala surge imediatamente a desigualdade entre os donos do capital que tudo possuem e decidem e os trabalhadores que apenas vendem suas capacidades, quer dizer, se instala imediatamente a ruptura da justa medida.Os mantras do capitalismo em suas várias versões é mantido inalterado: a busca da ilimitada acumulação para benefício individual ou corporativo, mesmo sabendo dos limites de nosso planeta, seu motor é a concorrência sem qualquer laivo de cooperação, a pilhagem dos bens e serviços da natureza sem tomar em conta a sustentabilidade necessária, a flexibilização de todas as leis para escancarar todas as portas para o processo de exploração e de enriquecimento, a pressão para criar o Estado mínimo, pois é visto como empecilho à dinâmica da expansão do capital.

O efeito deste processo é aquilo que o economista Eduardo Moreira, ex-banqueiro transformado num dos maiores formuladores de consciência crítica de nosso país e o principal idealizador do Instituto Conhecimento Liberta (ICL) oferecendo cerca de 270 cursos de excelência na mais variadas áreas do saber à custo de um sanduíche, com frequência de cerca de 100 mil seguidores:”O 1% dos donos de terras concentram mais de 50% das terras cultiváveis do país; quando consideramos o volume de dinheiro, o 1% mais rico do mundo possui mais reservas acumuladas do que os 90% mais pobres; uma verdadeira catástrofe social” Este é um exemplo gritante de nossa absoluta falta de medida.

Essa falta de medida caracteriza igualmente as grandes mídias mundiais,seja escritas, digitais e a meia dúzia de plataformas da internet (Google,Meta,Facebook, Instagram, TikTok,X,Youtube e outras) nas mãos de um punhado de pessoas poderosíssimas.

A falta de medida revela-se profundamente brutal na relação para com a natureza, desde séculos explorada e nas últimas décadas devastada a tal ponto de alguns cientistas terem proposto a inauguração de uma nova era geológica, o antropoceno (o ser humano é o fator principal da destruição da natureza), radicalizado no necroceno (dizimação da biodiversidade) e ultimamente no piroceno (o aumento crescente dos grandes incêndios) por quase todas as partes do planeta.

Talvez uma das maiores demonstrações da falta da justa medida nos é dada pela mudança climática, já instalada a ponto de ser considerada pelos grandes órgãos mundiais como irreversível. A emissão de gases de efeito estufa ao invés de diminuir está aumentando; em razão da crise energética voltou-se ao uso de carvão, de petróleo e o gás, altamente poluentes e ainda devido à insuficiência das energias alternativas. A mudança climática não freada, acrescida com o aumento populacional, pode levar a um impasse o futuro da vida humana e tornar o planeta inabitável.

Entre as muitas causas que nos levaram a esse perigoso estágio é seguramente o rompimento da Matriz Relacional. Olvidamos que todas as coisas são inter-relacionadas . Na linguagem poética do Papa Francisco em sua encíclica de uma ecologia integral (Sobre o cuidado da Casa Comum) “o sol e a lua, o cedro e a florzinha, a águia e o pardal…significam que nenhuma criatura se basta a si mesma; elas só existem na dependência de umas das outras, para se completarem mutuamente no  serviço uma das outras”(n.85). Aqui aparece a justa medida natural rompida pelas ciências e os saberes.

A modernidade se funda sobre a atomização dos saberes, das coisas tidas sem um valor intrínseco e postas ao desfrute dos seres humanos ou, na pior tendência, à acumulação sem limites de bens meramente materiais.Assim surgiu o mundo das coisas; inclusive as mais sagradas também órgãos humanos foram transformados   em mercadoria a ser posta no mercado e ganhar o seu devido preço, coisa já prenunciada por Marx em 1847 em sua Miséria da filosofia e sistematizada em 1944 por Karl Polaniy em sua obra A grande transformação.

Como sair desta enroscada de dimensões trágicas? Não temos outra saída, se quisermos continuar sobre este planeta, senão voltar à ética do cuidado de todas as coisas, de nossas vidas e principalmente da justa medida. Ela e o cuidado poderão salvar o futuro de nossa civilização e de nossa permanência na Terra.

Preocupado com esta questão máxima, de vida e de morte, escrevi dois livros, fruto de vasta pesquisa transcultural. O primeiro foi publicado em 2022 O pescador ambicioso e o peixe encantado: a busca da justa medida. Nele preferi o gênero narrativo com o uso de contos e mitos ligados à justa medida. O segundo completa o primeiro, A busca da justa medida: como equilibrar o planeta Terra, ambos pela Editora Vozes. Neste segundo procurei de uma forma mais científica ir às causas que nos levaram a olvidar a justa medida, exatamente a perda da Matriz Relacional.  

Por mais que nos esforcemos em crer que só o retorno à justa medida e à ética do cuidado nos poderão salvar, sempre fica angustiante pergunta:dada a universalização da grave crise existencial, temos ainda tempo e sabedoria suficientes para operarmos esta conversão? A esperança nunca morre e não nos deverá defraudar.

Leonardo Boff escreveu Habitar a Terra, Vozes 2021 e O doloroso parto da Mãe Terra, Vozes 2021.