Por fin el Covid-19 nos hizo descubrir el planeta Tierra

Leonardo Boff*

Uno de los efectos positivos de la irrupción de la Covid-19 en nuestras vidas ha sido el descubrimiento del planeta Tierra por toda la humanidad. Nos hemos dado cuenta forzosamente de que existe una íntima conexión entre la vida humana, la naturaleza y el planeta Tierra. El virus no cayó del cielo; vino como contraataque de la Tierra, considerada como un supersistema vivo que siempre crea y se autocrea, y se organiza para mantenerse vivo y producir todo tipo de vida existente en este planeta. Particularmente los quintillones de quintillones de microorganismos que existen en los suelos y en nuestro propio cuerpo, verdadera galaxia (Antônio Nobre) habitada por un número incalculable de virus, bacterias y otros microorganismos. 

El contexto del virus, casi nunca citado por los analistas de las redes de comunicación, es el sistema capitalista anti-naturaleza y anti-vida. Él hizo que el virus perdiese su hábitat y avanzase sobre nosotros. Ese sistema de producción y de consumo asalta despiadadamente la naturaleza, saquea sus bienes y servicios y destruye el equilibrio de la Tierra. 

Esta responde con el calentamiento global, la erosión de la biodiversidad, la escasez de agua potable y otros eventos extremos. Todos de alguna forma participamos de este ecocidio, pero los actores principales –es forzoso decirlo y denunciarlo – son el sistema del capital y la cultura del consumo descontrolado, y especialmente los millonarios con su consumo suntuoso. Por lo tanto, retiremos la culpa de la humanidad pobre, que colabora mínimamente y es víctima del mencionado sistema.

El ser humano, siempre curioso por saber más y más, ha hecho descubrimientos sin número: de nuevas tierras como las de América, de pueblos, culturas, todo tipo de aparatos, desde el arado hasta el robot, el submundo de la materia, los átomos, los topquarks y el campo de Higgs, lo íntimo de la vida, el código genético. Y no paran los descubrimientos.

Pero ¿quién descubrió la Tierra? Fue preciso que enviásemos astronautas fuera de la Tierra o hasta la Luna para ver la Tierra desde fuera de la Tierra y finalmente, maravillados, descubrir la Tierra, nuestra Casa Común. Frank White escribió en 1987 un libro The Overview Effect (tengo un libro firmado por él el 29/5/1989) en el cual recoge los testimonios de los astronautas emocionados hasta las lágrimas. 

El astronauta Russel Scheickhart nos revela: “Vista desde afuera, la Tierra parece tan pequeña y frágil, una mancha pequeña preciosa que puedes tapar con tu dedo pulgar. Todo lo que significa algo para ti, toda la historia, el arte, el nacimiento y la muerte, el amor, la alegría y las lágrimas, todo está en aquel punto azul y blanco que puedes tapar con tu pulgar. Desde esa perspectiva entiendes que todo ha cambiado… que tu relación ya no es la misma que la de antes” (White, p.200).

Eugene Cernan confesó: «Fui el último hombre en pisar la Luna en diciembre de 1972. Desde la superficie lunar miraba con temblor reverencial hacia la Tierra, en un trasfondo muy oscuro. Lo que yo veía era demasiado hermoso para ser aprehendido, demasiado ordenado y lleno de propósito para ser un mero accidente cósmico. Uno se siente obligado interiormente a alabar a Dios. Dios debe existir por haber creado aquello que yo tenía el privilegio de contemplar. La veneración y la acción de gracias surgen espontáneamente. Para eso debe existir el universo» (White p. 205).

Acertadamente comenta Joseph P. Allen: «Se ha discutido mucho sobre los pros y los contras de los viajes a la Luna, pero nunca oí a nadie argumentar que debíamos ir a la Luna para poder ver la Tierra desde fuera de la Tierra. Después de todo, esta debe haber sido seguramente la verdadera razón de que hayamos ido a la Luna» (White, p. 233). 

Efectivamente esta es la razón secreta e inconsciente de los viajes espaciales: descubrir la Tierra, el tercer planeta de un sol de quinta categoría, dentro de nuestra galaxia. El sistema solar en el cual está nuestra Tierra dista 27 mil años-luz del centro de la galaxia, la Vía Láctea, en la cara interna del brazo espiral de Orión. Ese sistema con la Tierra alrededor es casi nada y nosotros une quantité négligeable, cercana a cero. Y, sin embargo, desde aquí la Tierra a través de nosotros contempla el universo entero, del cual forma parte. Y a través de nuestra inteligencia, que pertenece al propio universo, él se piensa a sí mismo. Lo que cuenta en nosotros no es la cantidad sino la calidad, única, capaz de pensar, de amar el universo y de venerar a Aquel que lo sustenta permanentemente.

No solo descubrimos la Tierra. Descubrimos que somos aquella parte de la Tierra que piensa, ama y cuida. Por eso ser humano (homo en latín) viene de húmus, tierra fértil, y Adán procede de Adamah, tierra fecunda.

A partir de ahora nunca desaparecerá de nuestra conciencia que hemos descubierto la Tierra, nuestro hogar cósmico, y que somos la parte consciente, inteligente y amorosa de ella. Porque somos portadores de estas cualidades, nuestra misión es cuidar de ella como nuestra Casa Común, y de todos los demás seres que en ella habitan y que tienen el mismo origen que nosotros, por tanto son nuestros parientes.

Si es así, ¿por qué la hemos maltratado, superexplotado y estamos destruyendo las bases que sustentan nuestra vida? Si hay una lección que la Madre Tierra a través de la Covid-19 nos quiere transmitir es seguramente esta: 

«Tenéis que cambiar vuestra relación con la naturaleza y conmigo, si queréis que yo siga ofreciéndoos todo lo que necesitáis para vivir con una sobriedad compartida, en fraternidad y sororidad universales y bajo el cuidado amoroso con todos vuestros hermanos y hermanas de la gran comunidad de vida, también mis hijos e hijas bien amados. En el pasado, en tiempos inmemoriales, os di a elegir entre “la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge la vida para que vivas tú y tu descendencia. Esta promesa la mantendré siempre”» (Deut 30,19).

Escojamos la vida. Es el llamamiento de la Madre Tierra. Es el designio del Creador.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y ha escrito Covid-19: el contraataque de la Madre Tierra contra la humanidad, Vozes, 2ª edición 2021.

Traducción de M.ª José Gavito Milano

Em fim descubrimos o planeta Terra

                                     Leonardo Boff

Um dos efeitos positivos da intrusão co Covid-19 foi a descoberta do planeta Terra por toda a humanidade. Demo-nos forçosamente conta de que vigora uma íntima conexão entre a vida humana, a natureza e o planeta Terra. O vírus não caiu do céu. Ele veio como contra-ataque da Terra, tida como super-sistema vivo  que sempre se cria, autocria e se organiza para manter-se vivo e produzir todo tipo de vida existente neste planeta. Particularmente o quintilhões de quintilhão de micro-organismos que existem nos solos e mesmo em nosso própro corpo, verdadeira galáxia (Antônio Nobre) habitada por um número incalculável de vírus, bactéras,  fungos e outros micro-organismos.

O contexto do vírus, quase nunca citado pelos analistas das redes de comunicação, é o sistema capitalista anti-natereza e antivida. Ele fez com que o vírus perdesse seu habitat e avançasse sobre nós. Esse sistema de produção e de consumo impiedosamente assalta a natureza, depreda seus bens e serviços e destrói o equilíbrio da Terra.

Esta  nos responde com o aquecimento global, erosão da biodiversidade, a escassez de água potável e outros eventos extremos. Todos de alguma forma participamos deste ecocídio, mas os atores principais – é forçoso dizê-lo e denunciá-lo – são o sistema do capital e a cultura do consumo desbragado, especialmente os milionários com seu consumo suntuoso. Portanto, tiremos a culpa de cima da humanidade pobre que minimamente colabora e de forma como vitima do referido sistema.

O ser humano, sempre curioso por saber mais e mais, fez descobertas sem número: de novas terras como as Américas, de povos, culturas, todo tipo de aparatos desde o arado até o robot, o sub-mundo da matéria, os átomos,  toquarks e o campo Higgs, o íntimo da vida, o código genético. E não param as descobertas.

Mas quem descobriu a Terra? Foi preciso que enviássemos astronautas para fora da Terra ou ir até  à Lua para de lá ver a Terra de fora da Terra e finalmente, maravilhados, descobrir a Terra, nossa Casa  Comum. Frank White escreveu um livro The Overview Effect (tenho um livro autogrado por ele de 5/29/1989) no qual recolhe os testemunhos dos astronautas emocionados até às lágrimas.

O astronauta Russel Scheickhart  nos revela:” Vista a partir de fora, a Terra parece tão pequena e frágil, uma pequenina mancha preciosa que você pode cobrir com seu polegar.Tudo o que significa alguma coisa para você, toda a história, arte, o nascimento e a morte, o amor,  a alegria e as lágrimas, tudo está naquele ponto azul e branco que você  pode cobrir com seu polegar. E a partir daquela perspectiva você entende que tudo mudou… que a relação não é mais a mesma como fora antes”(White,p.200).

Eugene Cernan confessou:”Eu fui  o último homem a pisar na Lua em dezembro de 1972. Da superfície lunar olhava com um tremor reverencial para a Terra, num transfundo muito escuro.  O que eu via era demasiadamente belo para ser apreendido, demasiadamente ordenado e cheio de propósito para ser um mero acidente cósmico. A gente se sentira interiormente obrigado a louvar a Deus. Deus deve existir por  ter criado aquilo que eu tinha o privilégio de contemplar. Espontaneamente  surgem a veneração e a ação de graças. É para isso que existe o universo”(White p. 205).

De forma acertada  comenta Joseph P. Allen:”Discutiu-se muito os prós e contras das viagens à Lua. Não ouvi ninguém argumentar que devíamos ir à Lua para podermos ver de lá a Terra de fora da Terra. Depois de tudo, esta deve ter sido  seguramente a verdadeira  razão de termos ido à Lua (White, p. 233).

Efetivamente esta é a razão secreta e inconsciente das viagens siderais: descobri a Terra, o terceiro planeta de um sol de quinta categoria, dentro de nossa galáxia. O sistema solar no qual está a nossa Terra dista 27 mil anos-luz do centro da galáxia, a Via Láctea, na face interna do braço espiral de Orion. Esse sistema com a Terra ao redor é um quase nada e nós une quantité négligeable, perto do zero. E contudo é daqui que a Terra através de nós contempla  o inteiro universo, do qual é parte. É através de nossa inteligência que pertence ao próprio universo que ele se pensa a si mesmo.  O que conta em nós não é a quantidade mas a qualidade, única, capaz de pensar, amar o universo e venerar Aquele que permanentemente o sustenta.

Não apenas descobrimos a Terra. Descobrimos que somos Terra, Aquela porção da Terra que pensa, ama e cuida. Por isso ser humano (homo em latim) vem de húmus, terra fértil ou Adão que procede de Adamah, terra fecunda.

A partir de agora nunca sairá de nossa consciência de que temos descoberto, em fim, a Terra, nosso lar cósmico e que somos a parte consciente, inteligente e amorosa dela. Porque somos portadores destas qualidades, nossa missão é cuidar dela como Casa Comum e de todos os demais seres, que nela habitam e que têm a mesma origem que nós, portanto, são nossos parentes.

Se assim é, por que a temos maltratado, superexplorado e estamos destruindo as bases que sustentam nossa vida? Se há uma lição que a Mãe Terra através do Covid-19 nos quer transmitir é seguramente esta:

“Mudem vossa relação para com a natureza e para comigo  se quiserdes que eu continue a vos oferecer tudo o que precisais para viver na sobriedade compartida, na fraternidade e sororidade universais e no cuidado amoroso para com todos vossos irmãos e irmãs da grande comunidade de vida, também meus filhos e filhas bem-amados. Em tempos muito antigos eu  vos propus “a vida e a morte, a bênção e a maldição. Escolhei  vida para que vivais com toda  a vossa descendência. Essa promessa eu sempre manterei”(Deut 30,28).

Escolhamos a vida. É o apelo da Mãe Terra. É o desígnio do Criador.

Leonardo Boff é ecoteólogo e escreveu O Covid-19: o contra-ataque da Mãe Terra contra a humanidade, Vozes,2ª.edição 2021.

Por que chegamos a Jair Bolsonaro? Uma disquisição histórico-filosófica

                                             Leonardo Boff

Há um sem número de excelentes análises do anti-fenômeno Jair Messias Bolsonaro, predominando as de ordem sociológica, histórica e econômica. Creio que devemos cavar mais a fundo para captar a irrupção deste Negativo em nossa história.

A reflexão ocidental, devido aos limites culturais de nosso arraigado individualismo, quase não desenvolveu categorias analíticas para analisar totalidades históricas. A de Hegel em sua Filosofia da História, vem eivada de preconceitos,inclusive sobre o Brasil e dispõem de poucas categorias aproveitáveis. Arnold Toynbee em seus 10 volumes sobre a história mundial trabalha com um esquema fecundo mas limitado: desafio e resposta (challenge and response) com o inconveniente de não conferir relevância aos conflitos de todo tipo, inerentes à história.A Escola francesa dos Annales,em suas variações (Lefbre,, Braudel, Le Goff) incluí várias ciências mas não nos ofefeceu uma leitura da história como totalidade.Não deixam de ser inspiradoras as categorias desenvolvidas por Ortga  Gasset no seu famoso estudo sobre Esquemas de las crisis y otros ensayos(1942).

Temos que tentar pensar por nós mesmos e nos perguntar numa atitude fillosofante, vale dizer, que busca causas mais profundas que aquelas meramente analíticas das ciências: por que o Brasil chegou a este sinistro personagem histórico, como chefe de estado, que desafia qualquer compreensão pssicológica,ética e política?

De antemão devemos dizer que todo existente não é fortuito, pois é fruto de um pré-existente, de larga duração, que cabe à razão desentranhar. Ademais há que pensá-lo sempre dialeticamente:junto ao negativo e sombrio acompanham sempre como acólitos, as dimensões  positivas e portadoras de alguma luz. Não nos é concedido ter apenas luz ou trevas. Todas as realidades são crepusculares, mesclando luz e sombras. Mas o nosso foco nesta reflexão se concentra nas sombras, pois são elas as que nos causam problemas.

Vou lança mão de algumas categorias: a das sombras recalcadas, a teoria do caos destrutivo e generativo, a compreensão transpssoal do karma no diálogo entre Toynbee e do filósofo japonês Daisaku Ikeda e os princípios do thánatos e do eros, associados à condition humaine de seres sapiens e simultaneamente demens.

            As quatro sombras reprimidas pela consciência coletiva

A consciência brasileira é dominada por quatro sombras que nunca até o presente foram reconhecidas e integradas. Entendo a categoria “sombra” no sentido psicanalítico da escola de C.G.Jung e discípulos,tornada categoria amplamente aceita pelas demais escolas. Sombra seriam os conteúdos sombrios e negativos que uma cultura com seu consciente/inconsciente coletivos se recusa a assimilar e assim os recalca e se esforça por afasta-los da memória coletiva. Tal repressão impede um processo de individuação nacional coerente e sustentado.  

A primeira comparece a sombra do genocídio indígena.Segundo Darcy Ribeiro haveria uma população de cerca 5-6 milhões de indígenas com centenas de línguas, fato único na história mundial. Eles foram praticamene dizimados.Restaram os 900 mil atuais. Lembremos o massacres de Mem de Sá em 31 de maio de 1580 que liquidou com  os Tupiniquim da Capitania de Ilhéus. Por um quilômetro e meio ao longo da  praia numa distância de alguns metros uns de outros, jaziam centenas de  corpos de indígenas assassinados, relatados como glória ao rei de Portugal.

Pior ainda foi a guerra declarada oficialmente por D.João VI, mal chegado ao Brasil, fugindo das tropas de Napoleão, que dizimou os Botocudos (Krenak) no vale do Rio Doce, por acharem que eram incivilizáveis e incatequisáveis. Essa guerra oficial manchará para sempre a memória nacional. Ailton Krenak, cujos antepassados sobreviveram, nos  lembra essa vergonhosa guerra oficial de um imperador impiedoso,tido por bom.

O atual governo de uma ignorância supina em antropologia, considera os povos indígenas originários como sub-humanos que devem ser forçados a entrar nos nossos códigos culturais para serem humanos e civilizados. O descuido que mostrou por   suas reservas invadidas e pelo abandono face à Covid-19 beira a um genocídio,passível de ser levado ao Tribunal Internacional Penal por crimes contra a humanidade.

A  segunda  sombra é nosso passado colonial. Não ocorreu uma descoberta do Brasil mas uma pura e simples invasão, destruindo o idílio inicial pacífico descrito por Pero Vaz de Caminha. Deu-se um encontrão profundamente desigual de civilizações. Logo se iniciou o processo de ocupação e violência em função das riquezas aqui existentes. Todo processo colonialista é violento. Implica invadir terras, submeter os povos, obriga-los a falar a língua do invasor, incorporar suas formas de organização social e a completa submissão desumanizadora dos dominados. Desse processo de submetimento surgiu o complexo do vira-lata, achar que é bom só o que vem de fora ou de cima, de abaixar sempre  a cabeça e abandonar qualquer veleidade de autonomia e de projeto próprio.

A mentalidade de boa parte dos estratos dirigentes se consideram ainda de certa forma coloniais, por mimetizarem os estilos de vida e a assumiram os valores de seus  patrões que foram variando ao longo de nossa historia. Hoje se constituiu uma expressão humilhante para toda a nação, o fato do atual chefe de estado fazer uma viagem especial aos USA, saudar a bandeira norte-americana e prestar  um rito explícito  de vassalagem ao presidente Donad Trump, extravagante, ego-centrado e tido por notáveis analistas estadounidentes o mais estúpido da história política daquele país.

A terceira sombra, a mais perversa de todas, foi a da escravidão. O jorrnalista e historiador Laurntino Gomes em seus dois volumes sobre A Escravidão (2019/2020) nos narra o inferno desse processo de inumanidade. O Brasil foi campeão do escravagismo. Só ele importou, a partir de 1538, cerca de 4,9 milhões de africanos que foram escravizados aqui. Das 36 mil viagens transatlânticas, 14.910 destinavam-se aos portos brasileiros.

Estas pessoas escravizadas eram tratadas como mercadorias, chamadas “peças”. A primeira coisa que o comprador fazia para “traze-las bem domesticadas e disciplinadas” era castigá-las, “haja açoites, haja correntes e grilhões”. A história da escravidão foi escrita pela  mão branca, apresentando-a como branda, quando, na verdade, foi crudelíssima e vem prolongada hoje contra a população negra, mulata (54,4% da população) e pobre, como o tem mostrado irrefutavemente Jessé Souza em A Elite do Atraso:da escravidão a Bolsonaro (2020). Feita a abolição em 1888 não se lhes fez aos escravos nenhuma compensação,foram largados ao deus-dará e compõem hoje a maioria das favelas. Nunca se lhes reconheceu a mínima humanidade. A classe dominante, transferindo o ódio ao escravo z eles, se acostumou a humilhá-los, a ofendê-los até perderem o senso de sua dignidade.

Essa sombra pesa enormemente na consciência coletiva e é a mais recalcada, na afirmação mentirosa de aqui aqui não há racismo nem discriminação. No atual governo  isso foi desmascarado pela violência sistemática contra esta população estimulada pelo próprio chefe de estado que tem conduzido uma política necrófila. Esta sombra por sua desumanidade evocou pessoas sensíveis como o poeta Castro Alvez. Ressoarão para sempre seus versos em Vozes d’Africa:

         “Ó Deus, onde estás que não respondes? Em que mundo, em qu’estrela tu t’escondes/ Embuçado nos céus? Há dois mil anos te mandei meu grito/ Que esbalde, desde então, corre o infinito… /Onde estás, Senhor Deus” Esse grito continua hoje tão lancinante com outrora.

Jessé Souza, em sua obra já referida, mostrou de forma convincente como a classe dominante, para impedir qualquer avanço das maiorias marginalizadas, projetou sobre elas toda a carga de negatividades que acumulou face aos escravos, a essa “massa damnata” com requintes de exclusão, discriminação e verdadeiro ódio que nos espanta e nos revela níveis inacreditáveis de desumanização.

A quarta sombra é a constituição de um Brasil só para poucos. Raymundo Faoro (Os donos do poder) e o historiador e acadêmico José Honório Rodrigues (Conciliação e reforma no Brasil  1982) nos têm narrado a violência com que o povo foi tratado para estabelecer uma ordem, fruto da conciliação entre as classes opulentas sempre com a exclusão intencionada do povo.

Escreve José Honório Rodrigues:”A maioria dominante foi sempre alienada, anti-progressista, antinacional e não contemporânea. A liderança nunca se reconciliou com o povo; negou-lhes seus direitos, arrasou sua vida e tão logo a viu crescer ela lhe negou pouco a pouco sua aprovação, conspirou para colocá-la de novo na periferia no lugar que julga que lhe pertence”(Reconciliação e Reforma o Brasil, 1982, p.16). Não foi o que exatamente a maioria dominante e seus aliados fizeram com Dilma Rousseff primeiro e depois com o candidato Lula? Mudam as estratégias mas nunca seus propósitos de um Brasil só para eles.

Nunca houve um projeto nacional que incluisse a todos. Projetou-se um Brasil para poucos. Os outros que se lasquem. Assim surgiu não uma nação, mas como mostrou detalhadamente Luiz Gonzaga de Souza Lima, num livro que seguramente será um clássico, A Refundação do Brasil: rumo a uma civilização biocentrada ((2011) foi fundada  a Grande Empresa Brasil, desde os inícios internacionalizada em função de atender aos mercados mundiais ontem e até  os tempos atuais.Assim temos um Brasil profundamente cindido entre poucos ricos e as grandes maiorias pobres, um dos países mais desiguais do mundo, o que significa, um país violento e cheio de injustiças sociais. Machado de Assis já havia observado que há dois Brasis, o oficial (este de poucos) e o real (das grande maiorias excluídas).

Uma sociedade montada numa bifurcação, sobre uma injustiça social perversa nunca  criará uma coesão interna que lhe permitirá um salto rumo a formas mais civilizadas de convivência. Aqui imperou sempre um capitalismo selvagem que nunca conseguiu ser civilizado. E quando os filhos e filhas da pobreza conseguiram acumular uma força política de base suficiente para chegarem ao poder central e atenderem demandas básicas das populações  humilhadas e ofendidas, logo os descendentes da Casa Grande e a nova burguesia nacional se organizaram para impossibilitar este tipo de governo de inclusão social. Deram-lhe  um golpe vergonhoso, parlamentar, midiático e jurídico para desta forma garantirem os níveis de acumulação considerados dos mais altos do mundo e manterem os pobres ao lugar que lhes cabe, na periferia e na marginalidade pobre e miserável.

O escritor Luiz Fernando Veríssimo num twitter de 6 de setembro de 2020 bem resumiu: “O ódio está no DNA da classe dominante brasileira,que historicamente derruba,pelas armas se for preciso,toda ameaça ao seu domínio, seja qual for sua sigla”.É esta classe de abastados que nem elite é, porque esta supõe certo cultivo de humanidade e de cultura, sustenta o atual governo  ultra-direitista e fascistóide por não lhes ameaçar a forma abusiva de acumulação, antes o ministro da Fazenda,Guedes, discípulo da escola de Viena e de Chicago comparece como o grande demolidor da soberania nacional. O presidente nada sabe e entende o que seja soberania nacional.

                      O caos destrutivo e generativo

Outra categoria que nos poderia fazer  entender melhor nossa atual situação sombria é aquela do caos em sua dupla função destrutiva e construtiva.

Tudo começou com a observação de fenômenos aleatórios como a formação das nuvens e particularmente o que se veio chamar de efeito borboleta (pequenas modificações iniciais, como farfalhar das asas de uma borboleta no Brasil que pode, no fim, provocar uma tempestade em Nova York em razão da inter dependência de todos os fatores. Além disso faz-se a constatação da crescente complexidade que está na raiz da emergência de formas de vida cada vez mais altas (cf.J.Gleick Caos: criação de uma nova ciência,1989). O universo se originou de um tremendo caos inicial o big bang. A evolução se fez e se faz para colocar ordem neste caos.

O sentido originário é o  seguinte: o caos possui uma dimensão  destrutiva: põe fim a um certo tipo de ordem que chegou ao seu climax. Mas por detrás do caos destrutivo se escondem dimensões construtivas de uma nova ordem. E vice-versa, por detrás da ordem se escondem dimensões de caos de tal forma que a realidade é dinâmica e flutuante sempre em busca de um  equilíbrio. Ilya Progrine (1917-2993), prêmio Nobel de Química em 1977, estudou particularmente as condições que permitem a emergência da vida. Segundo este grande cientista,  sempre que existir um sistema aberto, sempre que houver uma situação de caos, (longe do equilíbrio) e vigorar uma não-lineariedade dos fatores é a conectividade entre as partes que gera uma nova ordem (cf. Order out of Chaos,1984). Foi neste contexto que irrompeu a vida como um imperativo cósmico.

Inegavelmente vivemos no Brasil numa situação de gravíssimo caos.No contexto do Covid-19 que está dizimando quase 200 mil vidas,temos um Presidente totalmente omisso e sem qualquer preocupação com o destino cruel de seu povo,um negacionista com uma estupidez e arrogância, própia de pessoas autoritárias com sinais de insanidade mental. Um chefe de estado deve ser uma pessoa de síntese (sim-bólico) e não de divisão (dia-bólico) e viver pessoalmente as virtudes éticas e cívicas que quer ver nos cidadãos.Este faz exatamente o contrário, incentiva ódios, mente descaradamente e perde todo o sentido da dignidade do cargo que ocupa.

As autoridades que têm poder como o Congresso Nacional, o MPF,o STF e outras revelam-se  omissas, assistindo inertes e irresponsáveis o genocídio que está ocorrendo. Creio que a história  será implacável para com as omissões destas autoridades que nada fizeram face a tanto descaso do destino de milhões de famílias que choram seus mortos. O atual presidente cometeu tantos casos de grave irresponsabilidade que mereceria juridica e eticamente um impeachment ou uma pura simples destituição por um acerto de lideranças apoiadas por multidões nas ruas.

Consola-nos o fato de que há oculto  dentro desse caos humanitário uma ordem mais alta e melhor. Quem vai desentranhá-la e fazer superar o caos?

Precisamos constituir uma frente ampla de forças progressistas e opostas às pivatizações e da neo-colonização do país para desentranhar a nova ordem, abscôndita no caos atual mas que  quer nascer. Temos que fazer esse parto mesmo que doloroso. Caso contrario, continuaremos reféns e vítimas daqueles que sempre pensaram corporativamente só em si, de costas e, como agora, contra o povo.

                           A interpretação ocidental do Karma transpessoal

Por fim valho-me de uma categoria, oriunda do Oriente que relida à luz das novas ciências da Terra e da vida nos podem trazer elementos esclarecedores. Trata-se da categoria do Karma, objeto de um de um longo diálogo  de três dias entre o historiador Arnold Toynbee e o filósofo japonês Daisaku Ikeda (cf. (cf. Elige la vida, Emecé. Buenos Aires, 2005).

karma é um termo sânscrito originalmente significando força e movimento, concentrado na palavra “ação” que provoca sua correspondente “re-ação”. Uma interpretação transpessoal parece importante, porque, como já assinalei acima, não dispomos no ocidente de  categorias conceptuais que deem conta de um sentido de devir histórico, de toda uma comunidade e de suas instituições nas suas dimensões positivas e negativas.

Cada pessoa é marcada pelas ações que praticou em vida. Essa ação não se restringe à pessoa mas conota todo o seu ambiente. Trata-se de uma espécie de conta-corrente ética cujo saldo está em constante mutação consoante as ações boas ou más  feitas, vale dizer, os “debitos e os créditos”. Mesmo depois da morte, a pessoa, na crença budista, carrega esta conta para que com mais  renascimentos possa ter, até zerar a conta negativa.

O grande historiador e pensador Toynbee dá-lhe outra versão,nos quadros do paradigma ocidental, que me parece esclarecedora e nos ajuda entender um pouco também a nossa história. A história é feita de redes relacionais dentro das quais está inserida a cada pessoa, ligada com as que a precederam e com as presentes. Há um funcionamento kármico na história de um povo e de suas instituições consoante os níveis de bondade e justiça ou de maldade e injustiça que produziram ao largo do tempo. Assim refletiu Toynbee.

Este seria uma espécie de campo mórfico que permaneceria impregnando tudo. Não se requer a hipótese dos muitos renascimentos, como na tradição oriental pressupõe, porque a rede de vínculos garante a continuidade do destino de um povo (p.384). As realidades kármicas impregnam as instituições, as paisagens, configuram as pessoas e deixam seus sinais na cultura de um povo. Esta força kármica atua nos processos socio-históricos, marcando os fatos benéficos ou maléficos. C.G.Jung em sua psicologia arquetípica notara, de alguma forma,  tal fato.

Apliquemos esta lei kármica à nossa situação sob a regência nefasta de Bolsonaro. Não será difícil reconhecer que somos portadores de um pesadíssimo karma, em grande escala, derivado do genocídio indígena, da super-exploração da força do trabalho escravo, pela colonização predatória, pelas injustiças perpretadas contra grande parte da população, negra, mestiça e pobre pela burguesia endinheirada e insensível, jogada na periferia, com famílias destruídas e corroídas pela fome e pelas doenças.

Tanto Toynbee quanto Ikeda concordam nisso:”a sociedade moderna (nós incluídos) só pode ser curada de sua carga kármica, através de uma revolução espiritual no coração e na mente (p.159), na linha da justiça compensatória e de políticas sanadoras com instituições justas como vem apregoando insistentemente o Papa Francisco em suas encíclicas sociais e ecológicas, Laudato Si e Fratelli tutti. Sem esta justiça mínima a carga kármica não se desfará.

Mas ela sozinha não é suficiente. Faz-se mister  o amor, a solidariedade e uma compaixão universal, especialmente  para com as vítimas. É a proposta central e paradigmática da Fratelli tutti. do Papa Francisco. O amor será o motor mais eficaz porque ele, no fundo “é a última realidade”(p.387). Uma sociedade incapaz de efetivamente amar e de ser menos malvada, jamais desconstruirá uma história tão marcada pelo karma negativo e desumano, realizado, estranhamente, dentro de uma cultura cunhada pelo cristianismo, diuturnamente traído. Eis o desafio que a atual crise sistêmica nos suscita.

Não apregoaram outra coisa os mestres da humanidade, como Jesus,Buda, Isaías, São Francisco, Dalai Lama, Gandhi, Luther King Jr e o Papa Francisco? Só o karma do bem redime a realidade da força kármica do mal. E se o Brasil não fizer essa reversão kármica permanecerá de crise em crise, destruindo seu próprio futuro como o está fazendo, entre mentiras, fake news, ironia e zombaria, o necrófilo e insano presidente deste país.

          A função iluminadora dos princípios thanatos e demens

Estas são expressões bem conhecidas no Ocidente e não se necessita de maiores explanações. Vale lembrar que se trata de princípios  e não simplesmente de dimensões acidentais. Princípio é aquilo que faz ser todos os seres ou sem o qual o seres não irrompem na realidade. Assim foi desenvolvido por Sigmund Freud o princípio do thánatos que acompanha o do eros que convivem em cada ser humano. O thánatos emerege como aquela pulsão que leva à violência, à destruição e, no termo, à morte. Temos a ver com o Negativo na condição humana ao lado do Positivo  e do Luminoso, estes assim o cremos, irão finalmente triunfar.

É conhecida a troca de cartas entre Freud e Einstein sobre a possibilidade da superação violência e da guerra, ainda nos idos de 1932. Freud respondeu que é impossível diretamente  superar   o thánatos, somente reforçando o princípio do eros através de laços emocionais e pelo trabalho humanizador da cultura. (cf.Obras completas III:3,215). Mas termina com uma frase desoladora:”esfaimados pensamos no moinho que tão lentamente mói que podemos morrer de fome antes de receber a farinha”.

Ambos os princípios para Freud possuem algo de eterno e deixa em aberto qual princípio escreverá a última  página da vida. Mas o princípio do thánatos pode em momentos da história impregnar todo um povo e  inundar a consciência de seus líderes produzindo tragédias político-sociais.

Estes comportamentos mostram igualmente o princípio demens  presente junto com o sapiens no ser humano. Vivemos numa civilização mundializada que está sob o domínio do demens. Basta lembrar os 200 milhões de mortos nas guerras dos últimos dois séculos e do princípio de auto-destruição já montado com armas nucleares, químicas e biológicas, capazes de pôr fm à vida humana e à nossa civilização, tornando tais armas ineficazes e ridículas pelo Covid-19.

Esse princípio de demência se mostra claro pelos assassinatos intencionados de negros, pobres e outros com outra opção sexual e um perverso feminicídio. Tudo isso é chancelado por um presidente com claros sintomas de psicopatia, vergonhosamente tolerado por aquelas autoridades que poderiam e deveriam por crimes de responsabilidade social, denunciá-lo, fazê-lo renunciar ou democraticamente submetê-lo a um impeachment jurídico. Talvez elas mesmas sejam já infectadas pelo vírus do demens, o que explicaria sua leniência e culposa omissão.

Conclusão: o oculto e o reprimido saíram dos  porões e uma luz se acendeu

O sentido de nossa disquisição possui este significado: tudo o que estava oculto e reprimido em nossa sociedade saiu dos porões onde por séculos se havia ocultado na vã tentativa de negá-lo ou torná-lo aceitável socialmente, até de pintá-lo roseamente, como o fazem vários ministros indignos que chegam ver um ganho na escravidão e no estado colonial. Mas basta um pouco de luz para desfazer esta densa escuridão. Agora se tornou visível e solar. Não há mais como escamoteá-la.

Somos uma sociedade contraditória onde encontramos, ao mesmo tempo  brilhantismo na ciência, na literatura, nas artes plásticas ,na música e na riquíssima cultura popular, geralmente feita à revelia de toda a opressão e do mainstream e em tantos outros campos. E ao mesmo tempo, somos uma sociedade que internalizou o opressor, se fez eco da voz dos donos, conservadora e até atrasada quando comparada com países semelhantes ao nosso. Num certo sentido somos cruéis e sem piedade para com nossos semelhantes atingidos pelas maldades perpetradas pelos estratos ultra-endinheirados e faltos de qualquer sentido de compaixão para com os milhões caídos na estrada sem que nenhum samaritano se compadeça deles. Passam ao largo sem vê-los e o que é pior, desprezando-os como se não fossem da mesma nação ou   da mesma família humana.

Esses ainda se confessam cristãos sem terem nada a ver com  a mensagem do Mestre de Nazaré. Os ateus éticos e humanitários estão maia próximos do Deus de Jesus, da ternura dos humildes e defensor dos humilhados e ofendidos, do que estes cristãos meramente culturais que usam o nome de Deus para defender suas nefastas políticas individualistas ou corporativas, de um Brasil só para eles. Eles estão longe de Deus por negarem os filhos e filhas de Deus, chamados pelo Juiz supremo de “meus irmãos e irmãs menores” sob os quais ele mesmo se escondia.

Tem muito  de verdade o que escreveu a filósofa Marilena Chaui:”A sociedade brasileira é uma sociedade autoritária,uma sociedade violenta, possui uma economia predatória de recursos humanos e naturais, convivendo com naturalidade com a injustiça, a desigualdade e a ausência de liberdade e com os espantosos índices das várias  formas institucionais – formais e informais – de extermínio físico e psíquico e de exclusão social e cultural”( 500 anos -cultura e política no Brasil n.38 p.32-33).  O sonho idílico de Darcy Ribeiro de o Brasil se tornar  a Roma tardia e tropical se esvanece nas “vastas sombras” como diz o Papa Francisco nas Fratelli tutti (cap.I). Celso Furtado, entristecido, no final  da vida escreveu todo um livro: Brasll: a construção interrompida (1993).

Todas estas nuvens escuras se condensaram nos últimos anos e ganharam seus sacerdotes e acólitos que as assumem conscientemente,querendo levar o Brasil aos tempos pré-modernos. Se os levassem pelo menos à Idade Média que tinha suas grandezas desde as majestosas catedrais às grandes sumas teológicas. O Brasil deste projeto retrógrado e irrealizável se tornou uma grotesca farsa e uma irrisão internacional.

O conjunto destas sombras vastas e o domínio do Negativo se adensaram na figura do atual chefe de estado e de seu governo, associado ao seu projeto. Ele é a consequência desta anti-história e sua mais perversa corporificação. Representa o que de pior ocorreu em nossa história e consciente o inconscientemente tenta dar-lhe o acabamento final. Mas não o conseguirá porque jamais na história os mecanismos de morte e de ódio lograram realizar seu intento, sequer Hitler com todo o seu poderia militar e científico conseguiu lançar ao fundamentos de um Reino de Mil Anos como sonhava.

Os processos históricos não são cegos e  sem destino. Eles guardam um Logos secreto que vai conduzindo o rumo das coisas em consonância com o processo da cosmogênese e gera, do meio do caos, ordens superiores com novas possibilidades e horizontes insuspeitados. Qual será nosso lugar, como povo e como nação, no conjunto de todos esses processos? Eles marcam a direção mas quem tem que percorrê-la e construi-la somos todos nós. Não nos é permitido preguiçosamente pisar nas pegadas já feitas, Temos que fazer as nossas pegadas. E também não podemos chegar tarde demais, porque desta vez o caminho não tem volta.

Oxalá estejamos atentos ao que a história, apesar do reacionarismo e protofascismo de Bolsonaro e de seus seguidores, nos exigirá. Como outrora dizia Platão:”todas as coisas grandes procedem do caos”.As nossas poderão ter  a mesma origem.

Leonardo Boff, filósofo, teólogo e escritor e escreveu:Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência, Vozes 2018.

O cotidiano, a fantasia e o carisma

                                             Leonardo Boff

Nós viemos do  útero comum donde vieram todas as coisas, da Energia de Fundo, daquele oceano sem margens, do big bang, do bóson Higgs que originou o top-quark, o tijolinho material mais primordial do edifício cósmico, passando por todas as fases da evolução até chegarmos ao computador atual e à inteligência artificial. E somos filhos e filhas da Terra. Melhor, somos a Terra que anda e dança, que freme de emoção e pensa,  que quer e ama, que se extasia e adora o Ser que faz ser todos os seres.

Todas estas coisas primeiro estiveram no universo, se condensaram em nossa galáxia, ganharam forma em nosso sistema solar e irromperam concretas na nossa Terra, grande mãe, geradora de vida.

O princípio cosmogênico, vale dizer, aquelas  energias diretoras que comandam, cheias de propósito, todo o processo evolucionário,  obedecem a seguinte dinâmica tão bem estuda por Ilya Prigogine e Edgar Morin: ordem, desordem, relação, nova ordem, nova desordem, novamente relação e assim sempre de novo.

Mediante essa lógica, criam-se sempre mais complexidades  e diferenciações; na mesma proporção vão se criando interioridade e subjetividade em todos os seres até alcançar a sua expressão lúcida e consciente na mente humana. Só pode estar em nós o que antes estava no universo, mesmo em gestação.

Simultaneamente e também na mesma proporção vai se gestando a teia de relações, de trocas e de interdepências de todos com todos (tese básica da física quântica de Bohr/Heisenberg) que funciona como um ritornello nas encíclicas do Papa Francisco Laudato si (2015) e Fratelli tutti (2020), Tudo está relacionado com tudo em todos os momentos e em todas as situações. Diferenciação/interioridade/relação: eis a trindade cósmica que preside o funcionamento do universo. O normal do universo não é a permanência mas a mudança.

Como fruto da teia de relações, reciprocidades e simbioses existentes em tudo, na Terra e em nós mesmos, emerge uma nova ordem que, por sua vez, vai seguir a mesma trajetória de desordem, relação e nova ordem.  Enquanto estivermos vivos estamos sempre numa situação de não-equilíbrio  em busca contínua de adaptações que geram um novo equilíbrio.   Quanto mais próximos estivermos do equilíbrio total mais próximos estamos da morte. A morte é a fixação do equilíbrio e o fim do processo cosmogênico. Ou a sua passagem para um outro nível que demanda um novo tipo de reflexão. 

Como se manifesta esta estrutura concretamente em nossa vida? Primeiramente no cotidiano e no prosaico. Cada qual os vive à sua maneira, que começa com a toilette pessoal, como se veste, como toma o seu café, como dá uma olhada no jornal ou escuta as primeiras notícias pela tv ou pelo rádio, como busca sua felicidade e como enfrenta a labuta da vida pelo trabalho.

O cotidiano é rotineiro,  cinzento e com raras novidades. A maioria da humanidade vive restrita ao cotidiano com o anonimato que ele envolve.  Alguns são conhecidos pela primeira vez quando morrem,  pois o anúncio pode aparecer no jornal, se aparecer. É o percurso normal das pessoas. 

Mas os seres humanos são também habitados pela imaginação,chamada por alguns de “a louca da casa”. Ela rompe as barreiras do cotidiano, permite o poético e dá saltos. A imaginação é, por essência, inventiva; é o reino das probabilidades e possibilidades, de si infinitas. Imaginamos nova vida, nova casa, novo trabalho, novos prazeres, novos relacionamentos, novo amor.

É da sabedoria de cada um articular o cotidiano com o imaginário e construir certo equilíbrio na vida. Se alguém se entrega só ao imaginário, pode estar fazendo uma viagem, voa como uma águia pelas nuvens esquecido da Terra e, no limite, pode acabar numa clínica psiquiátrica. 

Pode também se sepultar na rotina do cotidiano e do prosaico e ficar como uma galinha, ciscndo ou com voo rasteiro. Então se mostra pesado, desinteressante e aborrecido.

Quando alguém, entretanto, sabe abrir-se ao dinamismo do imaginário e às chances escondidas no cotidiano, vivificando-o com um toque do imaginário, sua vida se faz uma construção contínua e se  torna uma jornada interessante. O efeito se faz logo notar: começa, sem se dar conta, a irradiar uma rara energia interior. Dele sai uma misteriosa força que se comunica aos outros.

A esta força chamamos de carisma. Ela significa a energia cósmica que tudo vitaliza e rejuvenesce, força que faz atrair as pessoas e fascinar os espíritos.  

Quem são os carismáticos? Todos. A ninguém é negada a força cosmogênica que movimenta, na palavra de Dante,  o céu e todas as estrelas. Por isso a vida de cada um é chamada para brilhar e não permanecer apagado. Cada é desafiado a despertar o carisma escondido nele.        

Mas há carismáticos e carismáticos. Há alguns nos quais esta força de irradiação implode e explode. É como uma luz na noite escura. Pode ser fraca mas basta para mostrar o caminho.

Pode-se fazer desfilar todos os bispos e cardeais diante dos fiéis reunidos num salão.  Pode haver figuras notáveis em vários campos da vida. Mas o olhar de todos se fixa sobre Dom Helder Câmara. Porque ele é carismático. A figura é minúscula. Parece o servo sofredor sem beleza e ornamento.  Mas dele sai uma força de ternura unida ao vigor que  se impõe a todos.

 Muitos podem falar. E há bons oradores que atraem a atenção. Mas deixem Dom Helder falar.  A voz começa baixinha. De repente é tomado por  uma força maior que ele. Há tanta energia e tanto convencimento que as pessoas ficam boquiabertas. Ele, de pequeno, frágil e fraco comparece como um gigante.

Algo semelhante ocorre com Lula. Deixem-no subir ao palanque, diante das multidões. Começa baixinho, assume um tom narrativo, vai buscando a trilha melhor para a comunicação. E lentamente adquire força, as conexões surpreendentes irrompem, a argumentação ganha seu travejamento certo, o volume de voz se alça, os olhos se incendeiam, os gestos ondulam a fala, num momento o corpo inteiro é comunicação e comunhão com a multidão  que de barulhenta passa a silenciosa e num momento culminante, irromper em gritos e aplausos de aprovação.

É o carisma fazendo seu advento no político Luiz Inácio Lula da Silva, o retirante nordestino, o líder sindical, o fundador do Partido dos Trabalhadores, o presidente que inseriu milhões na sociedade e fez com que muitos que estiveram sempre alijados há 500 anos, sentirem o gosto de serem considerados gente. As oligarquias jamais admitiram, nem ontem nem hoje, que alguém do andar de baixo se alce ao andar de cima. De tudo fizeram até, com razões ridículas, o lançarem na prisão por mais de 500 dias. O carisma lhe deu forças para tudo suportar e sair maior do que entrou.Não se apaga uma estrela que um dia surgiu.

Não sem razão Max Weber, o grande estudioso do carisma, chamou-o de estado nascente. O carisma está sempre em estado de nascimento e suscita energia nas pessoas que o cercam. A função do carismático é de ser parteiro do carisma presente nas pessoas.  Sua missão não é dominá-las com seu brilho, nem seduzi-las para que o sigam cegamente. Mas despertá-las da letargia do cotidiano e descobrir a força criadora da fantasia. E, despertas, perceberem que o cotidiano em sua platitude guarda segredos, novidades, energias ocultas que sempre podem despertar e  conferir um renovado sentido e brilho à vida, à nossa curta passagem por esse planeta.

Somos tudo isso, seres complexos e contraditórios, históricos e utópicos, prosaicos e poéticos, enfim, ima expressão da Energia Criadora (Bergson) que em nós se faz consciente a ponto de identificar até Aquele Ser que subjaz a todas as coisas e que sustenta o inteiro universo e a nós mesmos.

Leonardo Boff é autor de O despertar da águia: o sim-bólico e o dia-bólico na construção da realidade, Vozes 2005.